Aquí viene otra historia para Nikko Hyuga n.n Espero os guste n.n

Naruto y Date a Live no me pertenecen a mí, sino a Masashi Kishimoto y a Kōshi Tachibana respectivamente.

Avisos: UA, en negrita habla Zetsu negro

"Este Fic es un Regalo para Nikko Hyuga por su cumpleaños, el cual Celebramos los Miembros del Foro "Grandes Juegos Mágicos"


Sentado en un oscuro despacho, alumbrado únicamente por una vela, un hombre de larga melena y costoso traje rojo escribe una carta y los ruidos que hace la pluma al escribir son los únicos que inundan la sala. El hombre que escribe la carta es un hombre poderoso, odiado, buscado por las autoridades, el gran Uchiha Madara... Más, ¿qué iba a hacer la policía, si consiguió sumir a la ciudad de Konoha en el miedo y el terror, y hasta ahora nadie ha podido capturarlo?

Los recuerdos importantes de antes de que Madara sea como es ahora fluyen por su mente: primero fue su niñez que empezó con su amistad con un chico del colegio, Hashirama Senju. Se habían vuelto amigos muy cercanos rápidamente a pesar de que sus familias se odiasen, todo porque unos antepasado de la familia Uchiha acabaron de forma horrible con varios Senju en la Primera Guerra Mundial, e intentasen separarles. Hashirama y Madara se ayudaban como realmente podían, ya sea para los exámenes o en las peleas en las que el Uchiha se metía. Pero en su adultez, cuando Madara llegó al camino de convertirse en el Presidente del Gobierno y estaba a un paso de conseguirlo, hubo un gran escándalo que salpicó a Madara, con varios delitos relacionados con los robos a múltiples edificios bancarios e incluso intentos de asesinatos a Hashirama. El propio Hashirama quiso negarlos pero fue tarde, la luz del odio hacia Madara ya estaba encendida y no tenía pinta de apagarse.

Claro, todas las pruebas apuntaban al gran Uchiha, y la opinión pública jamás le escuchó aunque dijese la verdad sólo por ser como es. Incluso hubo un grupo que, con pintadas amenazantes hacia su persona como primeros delitos, incendiaron la casa de Izuna mientras éste dormía, acabando con su vida y empeorando la personalidad de Madara. Por esas razones, y por no tener ni siquiera la confianza de su propia familia para ayudarle, se ha convertido en el enemigo público número uno de la ciudad de Konoha, abandonando su antiguo sueño de ser el Presidente del Gobierno y exiliándose de la ciudad. ¿Quién le destrozaría la vida, se pregunta Madara? Ahora esas preguntas no importan.

No, ya sólo importa el tener el mundo en su momento ideal, en la paz infinita aunque tenga que matar en el proceso. Por eso había ido a un antiguo santuario abandonado llamado Montaña cementerio y ha fundado en las profundidades del lugar la mafia que controlará el mundo: Akatsuki. Se abre la puerta principal y dos sombras avanzan hacia Madara, hasta ponerse frente a él.

—¿Ara ara, ocurre algo Madara-san? —pregunta la sensual voz de una de las sombras. El Uchiha mira a la joven chica de pelo negro y largo, su ropa consiste en un traje no muy revelador aunque realza sus curvas, y una ancha falda, haciéndola bastante elegante.

Su nombre es Tokisaki Kurumi, o Nightmare como la conoce el mundo entero. En su primer año de exilio, Madara conoció a esa mujer después de que Kurumi escapase de la cárcel de la Ciudad Tengu, y el Uchiha supo inmediatamente que ella sería una de sus mejores adquisiciones a la futura mafia. Su capacidad de asesinar con facilidad, manipular de miles de maneras posibles a los objetivos e incluso de seducirles con su labia aprendida en Francia son sus más características señas de identidad. Esas, y que su ojo izquierdo tiene la forma de un reloj, pues en un momento anterior a ser reclutada por Madara ella le pagó ingentes cantidades de dinero a un científico para que lo cree, para así sustituir el ojo que perdió en una pelea.

—Sólo estoy intentando crear una alianza para que nos ayuden un poco en el futuro —dice Madara mirando a Kurumi.

—Una alianza, en este caso no lo necesitamos —dice el otro acompañante haciendo que Madara se fije en él: un hombre de treinta y dos años, pelo negro con tintes azulados, un traje muy similar al de Madara, y con la parte derecha de su rostro con cicatrices.

Esa persona es Uchiha Obito, un familiar muy lejano de Madara que se unió a él poco después del asesinato de su esposa, Nohara Rin, y el intento de asesinato de Obito, del que salió con medio rostro desfigurado y odio a todo lo que se le ponga por delante. Su habilidad para actuar con sigilo, su manía de ser completamente concienzudo con las pruebas burlando así a los policías e investigadores, y la de usar armas con silenciador para no llamar la atención le han valido el apodo del Fantasma. Obito sigue hablando.

—Tenemos ojos por todas partes gracias a Nagato y Konan, la tesorería es una gran virtud de nuestra organización gracias a Kakuzu, tenemos a Itachi y a Kisame para asesinar con sigilo a los objetivos, y también nuestro agente secreto Zetsu hackea sin dejar huellas sobre los edificios gubernamentales... No necesitamos a más gente que pueda ser un estorbo en nuestros objetivos.

—Obito-san, tiene razón al decir que no necesitamos alianzas —dice Kurumi rozándole con su mano la nuca de Obito con suavidad, quien impasible mira a la Tokisaki—. Pero también es cierto que cuantos más seamos más podré divertirme —susurra a su oído con sensualidad, sacando de su falda una pistola de cañón largo y colocándola bajo la barbilla de Obito, mientras éste había sacado un cuchillo curvado y lo había colocado apuntando a los ojos a Kurumi—. Tan rápido como siempre, pero ya estarías muerto —sonríe de forma psicótica. Madara conocía los frecuentes cambios de personalidad de la chica, y también conocía el sadismo con el que en pocas ocasiones Obito actuaba. Así que como consecuencia dos asesinos en potencia estaban frente a él, el uno queriendo matar al otro. Kurumi como un juego del que puede disfrutar, Obito porque nunca ha confiado en ella.

—No creas que si me mataras saldrías viva de aquí, Kurumi...

—¿Quieres que lo compruebe, Obito-san?

—Basta, Kurumi, Obito —dice Madara levantándose y mirando a los dos asesinos antes de que la cosa vaya a mayores—. De hecho, tengo una misión para los dos y por eso os llamé antes.

—¿En serio? —pregunta la chica mirando a Madara y luego dando saltitos de alegría, cuál colegiala feliz—. Qué bien que bien...

—Es extraño que nos mandes a nosotros dos a la misma misión, así que debe de ser realmente importante. ¿Y de qué es?

—Debéis acabar con el presidente de la industria armamentistica DEM que visitará la ciudad de Konoha: Sir Isaac Ray Peram Westcott. Nos han dado el chivatazo de que va a intentar vender armas en su mansión.

—Isaac... Desconocía que ahora trabajásemos para los buenos —dice Obito cruzado de brazos.

Era conocido que DEM tenía cuentas en distintos paraísos fiscales, también se decía que suministró a los terroristas de Oriente Medio las armas para realizar atentados en

Irak e Irán. Pero ninguna de esas acciones fue probada por falta de pruebas. Tampoco conocían que la agencia de seguridad AST no veía con buenos ojos lo que DEM estaba haciendo, y querían capturarlo. Pero Kurumi era especial, era única. Podía conseguir lo que ella quisiera.

—También quiero que se traiga viva a Ellen Mira Mathers, la secretaria de DEM. Es de vital importancia que pueda hablar.

—¿Qué pueda ver es necesario? —pregunta Obito, a lo que Madara responde.

—No, solo el oído y el habla son necesarios —sentencia Madara con frialdad, provocando que Kurumi se lama los labios, iba a divertirse mucho—. También llevaros a Zetsu y a Kisame, la prioridad de conseguir hacer la misión es máxima así que necesitaré a los mejores en su campo.

—¿Y Kurumi?

—Sasori ya está ideando la manera de que pueda entrar, confío en que tu contacto nos sea de ayuda —dice Madara mirando a Kurumi.

—Tuvimos nuestros roces pero cree que ahora estoy con los buenos, no se huele nada de mi —dice Kurumi con una sonrisa.

—Ya veo, tengo que prepararme —dice Obito, Kurumi al verle irse se sienta en la mesa de forma que sus largas piernas rodean a Madara.

—¿Qué haces, Kurumi?

—Nada, sólo quería estar así. ¿Te molesta? —pregunta Kurumi. El tono de voz se vuelve, si cabe, más sensual y provocativo a cada segundo que pasa. Para nadie pasa desapercibido que la Tokisaki siente algo por Madara, aunque todos dudaban si el Uchiha correspondería a Kurumi.

—Realmente no —dice Madara sin interés, la chica se inclina y se desabrocha el primer botón dejando ver mejor su escote.

Oh, ce sera amusant —susurra Kurumi en francés ante el rostro de Madara, quien sabe que lo que dijo Kurumi es que será divertido—. Tenemos un buen rato antes de ir, así que... ¿Qué te parece si acabamos con esta tensión que a ambos nos aborda? —sonriendo con deseo, los labios se rozan unos segundos, para luego la Tokisaki alejarse unos milímetros—. ¿Qué me dices?

—Que sería divertido estar contigo, Tokisaki —dice Madara agarrando a Kurumi por los hombros y poniéndola sobre la mesa, tirando los papeles al suelo.

—Vaya, lo que dicen de que a los Uchiha les gusta dominar ha demostrado ser cierto —dice la Tokisaki con una dulce y sensual risa—. Adelante Madara-san. Soy completamente suya —Madara sonríe de medio lado y con un soplido apaga la vela que alumbraba la sala, quedando en completa oscuridad.

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Después del momento íntimo que ha vivido con su jefe, Kurumi está vestida con un hermoso traje rojo con adornos negros al estilo Lolita gótica, y su pelo está atado en twintails largas, preparada para la misión de infiltración en la mansión de Isaac. Recuerda lo que le ha dicho su informadora de la AST.

"Él es un hombre alto, vestido con un traje negro azabache, con el pelo rubio ceniza oscuro, y él tiene un par de ojos penetrantes, como si un cuchillo se utilizase para cortar una ranura en la cara. Su edad debe ser alrededor de treinta años de edad, sin embargo, es un hombre misterioso que desprende la sensación de que es un veterano con experiencia en el campo", según lo descrito por la agente de seguridad Origami.

—¿Estás preparado, Obito-san? —pregunta Kurumi por un micrófono en su oreja. Obito apunta, echado desde cientos de metros y en el tejado de un edificio, cerca de Kurumi y observando los guardias por su mira. El arma que usa es una pequeña adquisición del mercado negro: un M107 Barrett semi-automatico con silenciador.

—Estoy listo —dice Obito con la respiración tranquila—. Menma hizo un buen trabajo consiguiendo tal arma mejorada de esta forma —quita el seguro—. No hay nada de viento así que el tiro va a ser perfecto.

—¿Y la bala?

— No te preocupes, para cuando la policia venga la bala habrá desaparecido. Zetsu...

—Dadme unos minutos y me colaré dentro del sistema eléctrico —dice el hombre de máscara blanca y negra tecleando en un portátil, escondido cerca de la mansión—. Apagaré las luces y la confusión servirá para que Kurumi acabe con Isaac. Kisame...

—Estoy listo —dice uno de los mafiosos, Hoshigaki Kisame. Es un hombre realmente grande, de pelo azul en punta hacia arriba, y vestido de negro aprovechando la noche estrellada—. Dadme los objetivos que estén solos y me encargaré de que desaparezcan.

—Bien, debemos ser discretos todos —dice Kurumi, andando por la sala durante unos segundos hasta encontrar a Isaac, charlando con varios de sus accionistas, entre las que se incluyen la secretaria Ellen. Se acerca a ellos gracias a la acreditación que han inventado gracias a Sasori—. Monsieur Isaac, es un honor conocerlo en persona.

—Señorita Leblack, he oído sus historias pero nunca había escuchado que tuviese una belleza comparable a la de los dioses —dice Isaac con una sonrisa mientras besa el dorso de la mano de Kurumi. Mientras la chica se pregunta cómo Sasori ha conseguido una acreditación real, y que tiene muchas ganas de que se lo explique.

—Gracias por el halago. He oído también historias de usted, señor Isaac —dice Kurumi con una sonrisa dulce, ocultando sus verdaderas intenciones.

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—Objetivo localizado —dice Obito apuntando a Isaac, quien habla cordialmente con Kurumi—. Kurumi, espera el mejor momento para estar a solas y acaba con él.

—Las armas de Kurumi no son silenciosas, ¿sabes? —pregunta Kisame moviéndose con sigilo cual soldado del ejército, arrastrándose por los arbustos.

—No te preocupes, no debe haber supervivientes así que cuando ella mate a Isaac, nosotros abatimos a todos. Sólo Ellen debe sobrevivir pero... No es necesario que le dejes las piernas intactas.

—Esta es de las misiones que Madara-san le encanta darme —dice Kisame mostrando una sonrisa.

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—Me gustaría enseñarle una cosa. Sígame.

Isaac le hace un gesto de caballero para que Kurumi la siga. La Tokisaki sonríe, el plan iba perfecto, y así Madara sería más poderoso controlando todas las empresas DEM que tuviesen a su disposición. Sigue a Isaac mientras Ellen, en la sala de actos, habla por el móvil, para segundos después colgar.

—Obito-san, voy al despacho de Isaac, avisaré a Origami cuando Isaac no me vea para que lo detenga junto con las pruebas —dice Kurumi en un susurro que sólo el Uchiha escucharía.

Llegan a su despacho y Kurumi, antes siquiera de entrar, siente una pistola en la sien.

—No te muevas, Nightmare —dice una fría voz detrás suya.

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Obito ve a uno de los guardias alejarse para peinar la zona y avisa al Hoshigaki. Kisame asiente, se coloca cerca del soldado en un arbusto, sale, le tapa la boca al guardia mientras atraviesa su corazón con un kunai japonés y esconde el cuerpo en unos arbustos, todo en cuestión de segundos y en completo silencio. Como se esperaba de un experto en el asesinato, piensa el Uchiha. Obito sigue mirando por la mira de su arma a los guardias cuando le llega la información de Kisame.

—Tenemos un problema.

—¿Qué clase de problema?

—El hombre que acabo de matar tenía escondido en su muela superior derecha una pastilla de cianuro. No esperaba salir vivo de aquí. También... Tiene un tatuaje en el cuello.

—¿Y?

—Es el mismo tatuaje que el del hombre que asesinó a Rin.

—¿Qué?—se pregunta Obito mirando a los guardias unos segundos, para finalmente abrir los ojos al comprender la gravedad de la situación. Tres meses tras el asesinato de Rin encontró, con ayuda de Kisame, al asesino pero se suicidó con cianuro antes de que le puedan interrogar—. Mierda, Kurumi, sal de ahí —intenta contactar con ella pero no se oye nada—. Maldición, ¿qué demonios está haciendo?

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Kurumi no dice nada aunque tampoco deja su característica sonrisa, sólo levanta las manos en señal de rendición. Ella y su captora entran en el despacho seguidas de otra sombra.

—¿Creíste que íbamos a caer fácilmente en tus trucos Tokisaki? —pregunta Isaac, cuando se revela a las dos sombras. Una: un anciano en un bastón, de marcadas arrugas y vendas en la mitad de su cuerpo. La segunda, y quien lleva la pistola que apunta a Kurumi: una mujer de un esbelto cuerpo a pesar de que el traje no invita a la imaginación, pelo largo y púrpura, y ojos fríos como el hielo.

—Ara ara, no esperaba veros aquí, Tokha, Danzō... —dice Kurumi sin dejar de sonreír.

Kurumi conocía a esas personas: Tokha fue una alumna modelo en su escuela aunque estuviera enferma del corazón a tan temprana edad, y sus padres la enviaron a un médico muy reputado, de nombre Orochimaru, para curarla. Cabe decir que tras descubrir el oscuro pasado de Orochimaru, en el que mató y jugó a ser Dios con más de un centenar de víctimas de todas las edades durante décadas, todo el mundo fue a por Tokha pero ya no estaba ella ni Orochimaru. A día de hoy su novio Shido la sigue buscando, debe admitir que es terco ese chico.

En cuanto al anciano, Danzō fue agente de seguridad de la familia Senju, aunque admiraba más a Tobirama que al propio y actual presidente Hashirama, debido a que ambos tenían una vista más realista de las cosas, aunque en el caso de Danzō tiraba más pesimista. Todos conocían y a la vez no conocían al grupo Raíz, son como la CÍA de Estados Unidos. Y el que estuviera Tokha con él confirma las sospechas de Kurumi: Danzō tuvo que ver con Orochimaru y la desaparición de Tokha, y por las declaraciones de sus padres a las noticias, esa Tokha de ahora no es la personalidad normal así que supone que Danzō le hizo algo en la mente.

—¿En serio? Muy mal por tu parte —dice el anciano Danzō, le hace un gesto a Tokha y la agente golpea en la nuca a Kurumi haciéndola tirar al suelo—. Tenemos a Nightmare con nosotros.

—Bien bien, como se esperaba de alguien como Danzō —dice Isaac sonriendo—. Aunque hacer que la Yatogami le obedeciera es una gran hazaña.

—Tengo mis trucos para ello —dice Danzō mientras se acerca a Kurumi.

—Me apuesto lo que quieras a que tus lavados de cerebro tienen que ver, ¿no Danzō-san?

—Una mente tan dañada por su locura, tanta muerte causada por diversión —dice el anciano con desagrado—. Alguien así no debe existir... Ah sí, me olvidaba de una cosa —se lleva un par de dedos a la oreja derecha— Hazlo, Torune.

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Obito ve algo en el tejado de la mansión y apunta ahí. Es Origami, la confidente de Kurumi, golpeada salvajemente a juzgar por sus heridas. Un agente encapuchado la agarra del pelo con violencia y dispara a su cabeza acabando con su vida, para después tirarla al vacío.

—Sabían del chivatazo, todo fue una trampa —dice Obito apretando los dientes, ve que Torune se aleja, y que también tiene el tatuaje en el cuello—. Es como el del asesino de Rin y el guardia.

—¡Aj! Esto está muy protegido, tiene defensas que nunca he visto —grita Zetsu tecleando con rapidez—. Me va a sacar del servidor en unos segundos, entonces sólo valdrá la violencia. Veré de qué me puedo enterar.

—Tsk —chasquea los dientes Obito. Todo se ha salido de control incluso antes de empezar, y ellos como luciérnagas cayeron a la trampa con mucha facilidad.

Pero luego sonríe. No contaban con alguien como él que pudiese interponerse en sus planes.

—La familia por delante de todo...

—Obito, esa frase —dice Kisame sorprendido.

—Si, es la clave para que venga así que llámale —dice Obito apuntando al despacho de Isaac.

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—Y dime, Danzō, ¿qué clase de armas quiere? ¿Unos rifles Dragunov, rifles FA-MAS, ametralladoras...?

—Mmmm, como esperaba de usted Isaac, son unas armas de extrema calidad —dice Danzō mientras Kurumi es apresada por Tokha. La peli-morada ata a Kurumi con bastante fuerza para evitar que se escape.

—No importa lo que hagáis, la mafia de los Uchiha acabará con vosotros...

—Niña, tus locuras empeoran día a día —dice Danzō mirando a Kurumi—. Si hubieses permanecido en la cárcel habrías vivido sin miedo, pero ahora... ¿Qué se le va a hacer? Tendrás que morir.

—Yo no quiero mancharme de sangre, Danzō, así que hazlo usted mismo —dice Isaac con total tranquilidad revisando el maletín que Tokha le dio, con el dinero acordado por las armas. Danzō coge el arma que Tokha le pasa, y apunta a Kurumi a los ojos.

—Adiós Kurumi. El Infierno es un mejor lugar que el hospital —dice Danzō a punto de disparar. Para luego girarse y disparar a Isaac atravesando su cabeza—. No puedo creer que hayas creído que saldrías impune —le pasa a Tokha la pistola.

—Aviso a toda la Raíz, el objetivo ha sido eliminado —dice Tokha por un micrófono en su oreja izquierda—. Repito, el objetivo ha sido eliminado. Eliminad a todos los DEM y Uchiha que haya por los alrededores...

Ese momento en el que no miraban le sirvió a Kurumi para empujar a Danzō y tirar su pistola al suelo. Tokha apunta a Kurumi cuando otra bala que Obito dispara acierta en la pistola, tanta es la fuerza que tiene la bala del Barrett que la pistola explota literalmente de la mano de Tokha. Kurumi luego salta hacia atrás tirando a Tokha contra la pared y así poder soltarse al romperse la silla. Torune entra y saca el arma, la lluvia de disparos de Obito le hace ganar a Kurumi unos valiosos segundos para esconderse. Tokha coge una segunda pistola que tiene escondida en el tobillo y se prepara junto con unos pocos Raíz más de disparar donde Kurumi.

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Madara estaba realmente enfadado, Isaac le había burlado, y cuando Kisame le habló del tatuaje supo rápidamente que la Raíz esta en la escena. ¿Cómo sabe de ellos? Gracias al informante de Sasori, Kabuto. Montado en su limusina negra, prepara sus armas junto con cuatro hombres para eliminar a Danzō de una vez por todas. Recibe una llamada.

—Zetsu, ahora voy allá, necesito que Kisame y Obito eliminen a todos los hombres que no sean nosotros.

—Algo complicado, la Raíz ha empezado a matar a todos los de la DEM, y también han descubierto y asesinado a Kisame, y al ver mejor al cuerpo de Origami he observado pequeñas suturas en su cuello, al parecer estamos ante una doble —dice Zetsu seriamente, Madara chasquea la lengua. Todo era una trampa de Danzō... Usar a Origami como agente doble, fingir su muerte... Ese anciano resultaba ser un gran dolor de trasero—. También... he encontrado algo —canturreando un poco. Madara lo recuerda bien, Zetsu es un hacker informático con doble personalidad: una más seria y otra más bromista. Pero ambas centradas en lo que hacen, eso le ha demostrado durante mucho tiempo—. Antes de que los servidores de la DEM me echasen he fisgado en sus archivos secretos. Y escucha...

Madara escucha lo que Zetsu dice hasta que su rostro serio y con algo de ira cambia mostrando un odio indescriptible, como si un monstruo se hubiese apoderado de Madara.

—¡Zetsu, prepara el furgón para la huida con Ellen! ¡Dile a Obito que si la ve, que le vuele las piernas si es preciso! —dice Madara colgando y dejando con fuerza el móvil en su bolsillo, asombrando a los Uchiha—. Vosotros, eliminad a todos los que veáis, no importa lo inferiores a ellos que seáis numéricamente, no lo esperarán porque Obito nos apoyará.

Nada más llegar a la mansión, Obito le vuela la cabeza a un Raiz. La lluvia de disparos se produce, con Madara acabando con algún que otro agente Raíz hasta entrar dentro de la mansión, junto con la escolta Uchiha. Origami apunta a los Uchiha y dispara, acertando a un Uchiha en el hombro. Otro Uchiha dispara a Origami aunque ésta se esconde.

—Así que finalmente la AST se ha revelado contra DEM, era cuestión de tiempo de que toda la corrupción explote —dice Madara, haciéndoles señas a los Uchiha—. Nuestro objetivo está arriba, vámonos e ignoremos a Origami —dice mientras carga su pistola y los demás le siguen al despacho de Isaac, sin darse cuenta de que dejan atrás a Ellen, quien estaba agazapada bajo una mesa. Coge una pistola de uno de los Raiz muertos por la lluvia de balas de la mafia Uchiha, con un plan en mente. Acabaría con Madara, ése era su plan. Ella moriría pero se llevaría al líder con ella. Sale de la mesa cuando una bala atraviesa su hombro.

—¡Maldita sea, mi hombro! —grita Ellen cogiendose el hombro herido, ve a Origami acercarse—. AST... ¿Vais a acabar conmigo?

—No, te llevaré hasta el furgón para que pagues tus crímenes. La DEM caerá finalmente.

—¿¡Y qué será de la AST sin nosotros!?

—Podemos sobrevivir sin vosotros —dice Origami poniéndole unas esposas a Ellen y llevándola a la puerta trasera de la mansión para evitar a posibles hombres Uchiha agazapados.

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Kurumi se agacha en su escondite, varios Raíz junto con Danzō y Tokha disparan indiscriminadamente al lugar donde la Tokisaki se está escondiendo. La Tokisaki saca de su falda una pistola de cañón largo y otra de cañón corto y dispara a Torune, quien por suerte esquiva el disparo. Otro Raíz de pelo naranja llamado Fū dispara sin éxito.

—Esto es una buena dificultad —dice Kurumi, coge una bala del suelo y la lanza hacia la derecha. Al escuchar disparos sabe que uno ha caido en su trampa, sale y dispara a un Raíz acabando con su vida al instante. Otro Raíz se prepara para disparar cuando más disparos se oyen en los pasillos.

—¿Refuerzos? —se pregunta Danzō cuando la puerta se abre y una bala acierta en el costado a Tokha, haciéndola gritar de dolor. El causante de la herida: Uchiha Madara—. Tú... El gran Uchiha por fín sale de su escondite, ¿eh? —su rostro no muestra emociones aunque se notaba la ira de su cuerpo. Entonces la Raíz y los Uchiha intercambian disparos. Mientras una llamada entrante llama la atención de Kurumi, es su micrófono.

—¿Si?

—Soy yo, Origami —dice la chica de la AST para sorpresa de la Tokisaki—. Fue un placer contar contigo para que atrapemos a la DEM.

—¡Me dijiste que sólo ellos vendrían, no nombraste a la Raíz en ningún momento!

—Oh, disculpa si no he seguido tu pequeño juego de manipulación, Nightmare —dice Origami, poniendo por primera vez furiosa a Kurumi. Furiosa pero con una sonrisa en su rostro.

—Te mataré a tí y a toda la AST, ¿me escuchas Origami?

—Quiero verlo si es antes o después de que el resto de la AST venga a por vosotros —dice Origami cortando la llamada, y Kurumi tras ello carga su pistola de cañón largo. Tenía un nuevo objetivo: acabar con Origami un día de éstos.

Los disparos entre Madara y Danzō, junto con sus respectivos aliados, se producen llenando la habitación de casquillos de bala.

—Shimura Danzō... ¿Por qué no me ha sorprendido el descubrir al cabecilla de la conspiración? —dispara Madara acabando con un agente Raíz, mientras Torune dispara acertando en el cuello a un Uchiha, éste se lleva la mano al cuello y cae desangrado—. Fuiste tú el que hizo que me exiliaran de la ciudad, no tienes que ocultarlo.

—¿Y tenía que dejar que semejante hombre como usted llegase al Gobierno? —pregunta Danzō cargando su pistola con la mano sana—. No, de ninguna manera iba a aceptar eso. Por eso tuve que incriminarte con pruebas falsas —disparando a Madara, quien se esconde. Kurumi también dispara y Danzō se esconde debajo—. Es ruin para la sociedad pero es necesario para evitar males mayores.

—Y has usado a los asesinos de la DEM contra Izuna para que no puedan relacionarte y así empeorar a Madara-san con la esperanza de que la turba lo mate. Muy listo, Danzō. Más no lo suficiente para salir vivo de aquí.

Torune recibe un balazo en el corazón, fallándole el disparo al Uchiha por muy poco. Kurumi dispara y casi le da a Fū, pero el Raiz coge una ametralladora de la caja de armas de Isaac y dispara a la Tokisaki pero esta se había puesto a cubierto aunque una bala le atravesó el hombro. Madara dispara a Fū atravesando su costado aprovechando que estaba con otro objetivo, luego Kurumi dispara y se agacha esquivando las balas de Danzō. Sólo han quedado ellos tres vivos, y Danzō aguantaba el momento.

Salvo que había una cosa que no contaba Danzō. Y ese era Obito.

Cuando se cambia de posición para flanquear a Madara y a Kurumi aprovechando que ambos se quedaron sin municion, le dio a Obito la mejor vista para disparar, y cuando Danzō apuntó a Madara, la bala del Barrett atraviesa el brazo del anciano, desgarrándolo por la fuerza de la bala. Danzō grita y al poco recibe en el pecho tres disparos del nuevo cargador de Madara, tirándolo al suelo en un charco de sangre.

—Madara-san, ¿podría dejarme a mí esto?

Kurumi se acerca a paso lento hasta el anciano, quien respira entrecortadamente, la chica se agacha y susurra algo a su oido, y luego Danzō dice algo que sólo la Tokisaki escucha. Entonces la chica dispara a quemarropa a Danzō, mientras se ríe cada vez más alto con cada disparo que produce en el cuerpo del anciano.

—Se te acabó el tiempo, Danzō —dice Kurumi guardando sus armas.

—Ahora vámonos —dice Madara mientras Kurumi le coge del brazo.

—Hai, Madara-san —dice Kurumi, el Uchiha la mira. Kurumi se relame los labios al ver esa mirada que esconde deseo detrás de ese aire frío y sin sentimientos—. ¿Mmmm, puedo devorarte ahora?

El Uchiha no contesta, solo puede ver cómo la Tokisaki se acerca más a él. Ahora ambos brazos están en el fuerte torso del Uchiha, mostrando una sensual sonrisa que derretiría a cualquier hombre. Los labios de ambos están a punto de rozarse.

Cuando Obito abre la puerta interrumpiendo el momento.

—Madara, tenemos que... —dice Obito cuando una bala se estrella cerca de su cabeza.

—¡¿Te quieres largar Obito?! Estábamos en un precioso momento —grita Kurumi con un rostro lleno de ira.

—Ya tendréis tiempo para ello en la mansión, siempre que nuestro amigo Guruguru no moleste —dice Obito serio, se gira y Kurumi, con gran rapidez, se coloca a su espalda y susurra en su oído. Iba a molestar otro rato más al Uchiha.

—¿Acaso estás celoso de Madara-san, Obito-san? —pregunta Kurumi riendo suavemente—. Bueno, cualquiera puede estarlo con una chica como yo. Pero yo ya elegí a Madara-san.

—Y yo elegiré a Rin sobre todas las cosas, hasta que descubra quienes la mataron, pues solo así su alma podrá estar en paz y el mundo será más seguro para las generaciones venideras. Esas fueron mis palabras ese día.

—¿Y entonces, qué harás cuando descubras quién mandó matarla? Porque no fue Danzō quien dió la órden de ir a por Rin, ni siquiera estaba en sus planes.

—Quien sabe, tal vez ayude a nuevos reclutas de la mafia a entrenarse.

—Tan "bueno" como eras de niño...

—¿Cómo puedes saber eso?

—Es un secreto —dice Kurumi poniendo un dedo en sus labios. Entonces se escuchan sirenas—. La AST es muy rápida en estos casos.

—Vámonos, Kurumi, Obito. Zetsu nos espera.

La Tokisaki sigue feliz a Madara, con Obito mirando a Danzō unos segundos. Para después largarse dejando las armas, el dinero y a Tokha gravemente herida. Hoy fallaron en expandir su territorio, pero Akatsuki... Akatsuki no está muerta, y el mundo sufrirá nuevamente.