Aquí estoy con un nuevo capítulo de este fic. Este tema mafioso me ha gustado, el manejo de los personajes también y conforme leí las novelas de Date a Live vi más cosas que puedo usar como inspiración, así que por ahora, debido al tiempo y las obligaciones de la vida, este será el último capítulo de estén fic hasta que la cosa cambie.

Naruto y Date a Live no me pertenecen a mí, sino a Masashi Kishimoto y a Kōshi Tachibana respectivamente.

Avisos: UA, en negrita habla Zetsu negro, éste capítulo contiene spoilers de las novelas 10 y 11 de Date a Live.

Este capítulo es un regalo para Nikko Hyuga, que espero le guste n.n


Madara escribe una carta con el objetivo de forjar una alianza con el prófugo de la justicia Hiruko, antiguo científico de la ciudad de Kumogakure, con la intención de aumentar la tecnología existente y los terrenos de la mafia. Tres dias después de eliminar a Danzō y no poder secuestrar a nadie de la DEM para conocer sus cuentas y ampliar su territorio, el líder de la magia más importante de los bajos fondos todavía estaba algo enfurecido por ese caso. Pero más le extraña el hecho de que Kohta no pueda recordar nada de su obediencia a Danzō, como declaró la policía en los medios.

—"Parece que Danzō y Orochimaru usaron algún tipo de droga para controlarla... ¿Será la burundanga? No, no mostraba los síntomas de la droga, tal vez Orochimaru la manipuló. Debo enterarme de las posesiones ocultas de Orochimaru, necesito ver cómo consiguió manipularla" —piensa el líder de los Uchiha, es entonces cuando ve a uno de sus hombres aparecer por la puerta, con un sobre blanco en la mano—. ¿Si, qué quieres? —pregunta levantando levemente la vista de su carta.

—Señor, ha llegado una carta para usted —dice el hombre, dándole a Madara la carta. Éste ve solo dos palabras escritas: Para Madara. Abre el sobre y echa un vistazo a la nueva carta.

Adjunta a la carta, hay una foto de un joven de veintitrés años, ojos negros, pelo largo y atado en una pequeña coleta de caballo, y un collar de magatamas en el cuello. Está encadenado en una pared de piedra, y cuenta con dos balazos: uno en la cabeza y el otro en el corazón. Además tiene una gran S marcada en su pecho con un objeto afilado. Madara frunce el ceño: conocía a ese cadaver porque es Uchiha Itachi, fue mandado a eliminar a un pez gordo de Nueva Zelanda hace dos días y desde entonces no tuvo noticias suyas, y esa S... Hay un mensaje formado con recortes de periódicos que pone: "Mafia Uchiha, éste es un aviso. Deponed las armas y entregaos a la Policía, o ateneos a las consecuencias..." Madara abre un poco los ojos al leer la firma, y luego la letra en el cadáver, y finalmente el cadaver en sí.

—Es imposible... —se dice Madara, pero al ver las fotos y luego el mensaje, no le cabía duda de quién era el que estaba amenazando a su familia—. ¿Cómo ha llegado esto hasta aquí? —le pregunta al hombre que la trajo.

—Ni idea, estaba atado a un árbol cercano con órdenes precisas de dárselo a usted —dice el hombre, Madara frunce el ceño, notablemente enfadado.

—Quiero que organice una reunión de emergencia ahora mismo con todos los líderes. No me importa si alguno está divirtiéndose, tráelo a rastras si hace falta.

—A la orden, señor —dice el Uchiha abandonando la sala, Madara se llena la copa de vino y bebe, analizando de nuevo la carta. Chasquea la lengua de molestia y anda hasta la sala de reuniones, donde están los miembros más importantes sentados, salvo dos sillas que están vacías: la de Itachi; y la de Kisame, fallecido en la misión de la DEM y la Raíz. Se sienta tranquilamente mirando a todos sus miembros: líderes en cada uno de los asuntos de los que se encargan.

—¿Alguien me puede decir por qué cojones estamos todos aquí? —pregunta un albino con rostro serio, echado de mala manera en su asiento tercero a la izquierda y cruzado de brazos: el traficante de drogas y amante en la religión de Jashin Hidan.

—¿Quieres callarte de una vez? —pregunta con molestia el anciano que parece un hombre joven, de ojos verdes y la parte inferior de su rostro tapado: el tesorero de la mafia y ex-cazarecompensas Kakuzu, que lamentablemente para él está sentado frente a Hidan—. Das dolor de cabeza cada vez que lo haces.

—Oh, ¿y qué me vas a hacer, vejestorio de mierda? —pregunta con una sonrisa Hidan cuando Kurumi, sentada en el primer asiento a la derecha de Madara juega con una pistola antigua y de cañón corto entre sus dedos.

—Arara, entre la familia no hay que pelearse —Kurumi con una pequeña sonrisa, mirando a Hidan y a Kakuzu—. A menos que yo esté presente —dice ya transformando su dulce sonrisa por una sonrisa psicótica.

—Kurumi, ya los matarás otro día, ahora lo importante es saber qué nos quiere decir Madara —dice con algo de desgana un pelirrojo de ojos café ceniza que está sentado en el asiento final del lado izquierdo: el falsificador y amante del arte eterno Sasori—. Que todos nosotros estemos aquí reunidos da mucho que pensar.

—Gracias por poner orden, Sasori —dice Madara, les pasa la carta a todos los miembros—. Esto es una carta que me llegó hace escasos minutos, han asesinado a Itachi y parece que puede ser obra de Satanás —todos se paran para mirar, y tras unos segundos se la pasan a su compañero de su lado. Durante un minuto todos guardan silencio por la muerte de Itachi.

—¿Oye oye, esto es en serio? —pregunta un rubio de pelo largo y atado en una coleta tras el minuto de silencio, que está sentado en frente de Sasori: el terrorista y maestro de explosivos Deidara—. Jum, no supimos de Satanás desde hace tres años.

—Además, ¿estamos seguros de que no es un imitador? —pregunta Kakuzu mirando a Madara—. La S es algo que fácilmente puede realizarse, y también el dar un mensaje usando recortes de periódico.

—Kurumi...

—El asesinato de Itachi es exactamente igual al que sufrió uno de mis informantes hará tres años y dos meses, tanto en la posición de las balas como en la posición exacta de cómo está el cuerpo —dice Kurumi mirando a Kakuzu—. Como no se encontró nunca el cuerpo, y la única prueba es la amenaza que me mandó, los detalles no pasaron a los medios así que se descarta la posibilidad de que sea un imitador —mira a Madara con una sonrisa, como si esperase un premio de buena chica.

—¿Y qué importa ese tal Satanás? —pregunta Hidan mostrando una pistola y una sonrisa sádica—. Sólo es una molestia a la que eliminar, le meto un balazo en la cabeza y punto —es en ese momento cuando carraspea Obito, el sentado en el asiento a la izquierda más cercano a Madara, llamando su atención.

—Hidan, se nota que tú no sabes nada —dice Obito con el rostro serio—. Hace cinco años se empezó a conocer el nombre de una persona por todo el mundo. Satanás es considerado el mejor asesino a sueldo de las Industrias DEM, y se rumorea que fue entrenado en campos especiales de diferentes categorías: sigilo, armas blancas, armas cortas, armas de largo alcance, explosivos, tácticas cuerpo a cuerpo...

—Además, es también conocido porque siempre deja su firma con una S echa con un cuchillo en uno de los cuerpos, y sobretodo por su capacidad de acabar con todo aquel que suponga un peligro para sus planes —dice un hombre de pelo naranja y varios piercings negros en su rostro: el ex-militar y experto en las técnicas cuerpo a cuerpo Pain, quien está sentado entre Kakuzu y Kurumi—. Si un terrorista es su objetivo, lo investigará y acabará con su familia si es preciso para asegurarse la victoria.

—Vamos, que es una verdadera joya de la DEM —dice un moreno de ojos azules, tres marcas que simulan bigotes en cada mejilla y con una pequeña sonrisa zorruna: el segundo hijo de la familia Uzumaki y prófugo de la justicia, el traficante de armas Menma está sentado al lado de Deidara—. Pero hace tres años desapareció en Costa Rica, en un atentado contra los terroristas de Arabia Saudí que había instalados ahí y se le dio por muerto en ese entonces.

—Entonces, ¿por qué apareció ahora? —pregunta Zetsu, cuyo asiento está enfrente de Menma—. Tres días después de las muertes de Isaac y Danzō... ¿Coincidencia? No lo creo.

—Es posible que sea un pedido, hay más gente de DEM que no está contenta con nosotros, y debieron haberle encontrado y pagado —dice Kurumi con una sonrisa, mirando a Madara—. Claro que la Raíz también sería un objetivo porque por ellos murió Isaac pero eligió avisarnos a nosotros.

—De hecho, el dejar la carta y luego irse indica que se está burlando de nosotros y sabe dónde estamos. La duda es por qué lo hace.

—Lo que sí es cierto, por lo poco que sabemos sobre Satanás, es que no creo que planee luchar contra la AST para liberar a Ellen —dice la hermosa mujer de pelo azul y una flor de origami en el pelo: la novia de Nagato y asesina del Origami Konan, sentada enfrente del pelirrojo—. Satanás siempre ha sido de ir por libre, si un miembro de la DEM es encarcelado, no va a mover un dedo para liberarlo.

—Pero es extraño —dice Obito con la mano rascándose la barbilla—. ¿Cómo supo a donde enviar la carta?

—Eso es lo que hay que averiguar, si debemos protegernos de él —dice Madara tomándose una copa—. Necesitamos toda la información posible para acabar rápido con Satanás antes de que él acabe con nosotros.

—No sabemos nada, pero estaremos alerta jum —dice Deidara, Sasori se muestra pensativo causando que su pupilo le mire extrañado—. ¿Maestro?

—¿Sasori, en qué piensas? —pregunta Madara, Sasori le mira.

—Algunas cosas no encajan, al menos a primera vista —dice Sasori, mirando fijamente la imagen—. Tengo que hablar con Kabuto e investigar esto, puede que así sepamos cómo Satanás sabe dónde estamos —coge la foto y la guarda en un bolsillo de su ropa—. Además, debe haber algo más porque podría habernos eliminado o denunciado a la policía, pero decidió no hacerlo.

—Bueno, yo tengo que prepararme —dice Menma estirándose un poco—. En siete horas tengo un negocio entre manos y podremos contar con un poderoso aliado en el futuro si todo sale bien —sonríe de forma para nada amable.

—Yo tengo que irme a mostrarle mis respetos —dice Obito, cuando Hidan suelta carcajadas.

—¿A un trozo de piedra con un cadaver putrefacto le prestas tus respetos, Obito? —se burla Hidan, Kakuzu niega con la cabeza.

—Hidan-san, Rin es muy importante para Obito-chan, así que no te burles de él —dice Kurumi cuando Obito suspira, principalmente por las ganas de matar a Hidan y el sufijo femenino que Kurumi ha empezado a usar con él para burlarse.

—Uuuuh, que miedo —dice Hidan temblando de falso miedo.

—Hidan, cállate —dice Kakuzu seriamente, Madara carraspea llamando la atención de todos.

—Bien, estaremos todos atentos, no podemos dejar pasar la posibilidad de que Satanás conozca nuestros puntos débiles así que cada uno llevará una escolta de dos personas, no importa a donde sea que vaya, ¿de acuerdo?

—Si —dicen todos, Zetsu afirma hablando como dos personas.

OoooOoooO

Horas después de la reunión, Obito limpia su pistola con un trapo blanco mientras un hombre conduce el coche en el que está y otro está de copiloto. El coche es negro y alargado dando la apariencia de una limusina; tiene los cristales blindados y están tintados de negro evitando que desde fuera se pueda ver el interior.

—Satanás no puede vigilarnos a todos al mismo tiempo, además vamos de incógnito —dice Obito mirando el paisaje por la ventana subida. Luego el coche se para, Obito abre la puerta y el par de agentes se colocan gafas de visión nocturna de parte de Menma—. Voy solo, esto va a ser una conversación privada.

—Pero señor, Madara nos dijo que usted necesita... —dice el hombre que conducía cuando Obito se pone también unas gafas de visión nocturna.

—La existencia de Satanás no va a cambiar el que deba rendirle respetos —dice Obito en un tono que no admite réplicas—. Podéis vigilar por la distancia —dicho esto, el Uchiha se marcha entrando en el cementerio, llevando un ramo de flores en las manos.

Obito vigila los alrededores, asegurándose de que nadie extraño está mirando, y enciende las gafas de visión nocturna. Luego coloca las flores en la tumba de su mujer Nohara Rin, junta las manos y agacha la cabeza, rezando. Luego de rezar, mira la tumba.

—Rin, han pasado exactamente cinco años desde tu muerte, y no he podido encontrar a tu asesino pero no descansaré hasta dar con él. Creí que era Danzō porque la Raíz estaba detrás de todo, pero al parecer hay otra persona que mandó al asesino...

Luego escucha un pequeño ruido a sus espaldas, Obito baja la mano hasta la parte derecha de su cuerpo sacando su pistola nueve milímetros con silenciador. Se gira y apunta pero no hay nada, de repente algo golpea la barbilla de Obito y le quita las gafas de visión nocturna, para luego agarrar el brazo de Obito desarmando con rapidez la pistola y realizando una llave elevándolo como si alguien lo hiciese por encima de su espalda y tirando al Uchiha al suelo, haciéndole soltar el arma destrozada. Obito gira sobre sí mismo poniendo a su contrincante debajo suyo, empezando a sentir a alguien por el tacto, saca un cuchillo curvado escondido en su torso usando la otra mano y va a clavárselo al extraño confiando siguiendo su instinto, pero éste agarra el cuchillo y le retuerce el brazo. Luego ese extraño se vuelve visible de repente.

—¿Quien eres?

—Vaya, eres bueno, poca gente podía actuar rápidamente cuando golpeo estando con el camuflaje óptico activado —dice el enmascarado con la voz distorsionada, mirando a Obito. Su máscara es completamente negra dejando solo los agujeros de ojos, nariz y boca. Toda su ropa es completamente negra, incluyendo unos guantes, impidiendo cualquier tipo de identificación visual.

—¿Sátanas? —pregunta el Uchiha mirando mejor al extraño.

— Fallaste —dice el extraño, y luego dirá las palabras que harán sorprender al Uchiha—. Mi nombre es Phantom, Uchiha Obito

Phantom. Es un alias que oculta su desconocido nombre, pero lleva casi treinta años oyéndose por todas las regiones del globo. Unas historias lo pintan como un soldado del gobierno de Hashirama que se volvió corrupto y huyó del país, otras que es un mercenario de la ciudad Tengu que se vende al mejor postor... Nadie sabe su pasado, sus habilidades, ni siquiera su aspecto físico. En resumen: es un completo desconocido para el mundo, incluyendo los contactos de Kurumi.

—¿Cómo sabes tú de mi?

—Vamos, puedo saber algo de todos si me lo propongo.

—¿Y a qué has venido si puede saberse?

—A pedirte perdón —dice Phantom ladeando la cabeza a un lado, como si fuera un niño pequeño. Obito frunce el ceño, y ambos se alejan el uno del otro.

—¿De qué estás hablando? —pregunta Obito, cuando Phantom saca un dossier y lo tira al suelo—. ¿Qué es esto? —le mira preparado para lanzarle el cuchillo que tiene escondido en el otro lado de su pecho. Sabía que no fallaría.

—Al principio me odiarás, pero luego entenderás que... Hay otra persona a la que debes odiar primero —dice Phantom saltando hacia atrás y desapareciendo en el aire.

—"¿Tiene una tecnología así oculta? Sea lo que sea, explica cómo antes no pude notarle y por qué las gafas de visión nocturna no pudieron verle" —piensa el Uchiha levantándose y tomando el dossier con las manos, andando hasta la limusina—. "Fue un encuentro breve, pero tenía amplios conocimientos sobre desarme de armas y técnicas cuerpo a cuerpo, incluso yo sólo podría tener problemas si hubiese querido matarme"

—¡Señor! ¿Qué ha ocurrido? —quiso saber uno de los agentes cuando Obito le mira—. Hemos visto algo pero las gafas de visión nocturna no consiguen verlo bien, solo hierbas chafadas por pisadas.

—He tenido... Una visita inesperada —dice Obito, entra en el coche—. Volvamos a la Montaña Cementerio. Hay algo que Madara debe conocer.

OoooOoooO

Pasan casi cuarenta minutos desde la pequeña reunión entre Phantom y Obito, y Madara tenía con Kurumi una de sus inusuales y particulares conversaciones en su despacho.

—¿Venga, por qué no? —pregunta suavemente la voz de Kurumi.

—Ya te he dicho el por qué, Kurumi —dice Madara cruzado de brazos cruzados. A pesar de que Kurumi está sentada en la mesa, con sus rostros con unos pocos centímetros de distancia entre si, y cada pierna de la mujer a cada lado de la cintura del hombre.

—Venga, solo va a ser un momento que ambos disfrutaremos, ¿o no le gustaría repetir? —pregunta Kurumi, acerca sus labios al oído del líder—. No vas a dormir, Madara-san —llaman a la puerta, para molestia de Kurumi.

—Voy a mirar, luego debatiremos quién no va a dormir —dice Madara en tono serio y abriendo la puerta, Obito está enfrente de él.

—Madara, he venido a enseñarle algo.

—Como no, interrumpiendo desde siempre —dice burlona la Tokisaki, Obito entra y enseña el dossier—. Obito-chan, ¿y esto?

—Un dossier que Phantom me dió en el cementerio —dice el Uchiha asombrando un poco a Kurumi, quien luego sonríe; y a Madara, que sólo alza una ceja.

—Oh, el desconocido soldado —dice la chica para luego mirar al Uchiha agitando sus piernas como una niña pequeña—. ¡Ábrelo, ábrelo! Tengo ganas de leerlo—Obito ladea los ojos y abre el dossier lleno de hojas.

Notas sobre la muerte de Rin, fotos de su cuerpo en la morgue y los resúmenes de los policías y bomberos que estuvieron en el caso. Eso era lo que contiene.

—¡¿Qué diablos...?! —grita de repentina sorpresa e ira Obito, mira la foto de la espalda de Rin, las señales de quemaduras por la explosión... Para de mirar un segundo y revisa la foto de la espalda un poco más—. Kurumi, ¿tienes una lupa? —coge la lupa que Kurumi le da, y mira un punto en la espalda de Rin: una pequeña S en la parte inferior de su hombro derecho. Madara también mira esa marca y alza de nuevo una ceja.

—Oh... Satanás, eh —dice Madara, luego mira a Obito—. Creí que un Raíz fue el que acabó con su vida.

—Y así fue porque Kisame y yo le interrogamos, aquí hay algo extraño y quiero averiguarlo —dice Obito, al recoger la imagen puede ver un folio blanco doblado de forma que si uno no se fijase, la obviaría. Abre el folio y lo lee, entonces siente un ligero escalofrío en su espalda al notar el aliento de Kurumi en su oreja.

—600628538... Esto parece un número de cuenta —dice Kurumi con voz sensual y susurrando al oído del Uchiha, molestándole.

—Cualquiera caería a tus encantos Kurumi, pero debo recordarte que yo tengo a Rin. Y esto no va a cambiar.

—Y yo tengo a Madara-san pero me encanta ver tu rostro al molestarte —contesta la Tokisaki contenta y pellizcando la mejilla del Uchiha como si este fuera un niño pequeño. Quien estaba enfadándose cada vez más y se aguantaba las ganas de querer matarla.

—Yo mandaré a Zetsu a que venga a investigar eso —dice Madara levantándose y llamando al hacker. En cuestión de segundos Zetsu está enfrente de Madara, quien le explica la situación.

—Yo me encargo de ello —dice Zetsu quitando de las manos de Obito el portátil, y tecleando a una gran velocidad—. Banco de Konoha, Banco de Konoha... Bien, si escribo esto aquí, aquí y aquí podré hacerme pasar por el director del banco. ¡Bingo! —teclea el número de la cuenta y demás datos, al momento puede leer a quién pertenece—. La cuenta pertenece al señor Narakami, el Raíz culpable de la muerte de Rin.

—Es extraño que me atacase, porque no había hecho nada malo. Además, ¿qué tiene que ver Satanás en todo esto?

—Esto... ¿Fue el veintisiete de diciembre de hace cinco años la muerte de Rin, no?

—Si, ¿por qué? —pregunta Obito mirando a Zetsu, sospechando porque explique la total fecha de su muerte.

—Porque aquí hay un número en la cuenta por la cantidad de sesenta millones, recibido tres días antes. Parece que fue un encargo, posiblemente de Satanás.

—Entonces esa marca encontrada en el cuerpo de Rin es un aviso de que también iría a por mí, aunque Satanás no suele hacer nada de eso —se dice Obito, Madara mira a Zetsu.

—¿A dónde lleva la cuenta?

—A varios paraísos fiscales de todo el globo... Es muy listo, me va a ser complicado de investigar.

—Te doy cinco minutos para descubrirlo —dice Madara seriamente.

—Lo tendrás en cuatro —dice el hacker tecleando con rapidez, mirando la pantalla. Tras cuatro minutos exactos, mira la pantalla—. Oh...

—¿Oh? —pregunta Madara, luego mira a Zetsu—. Danos un nombre.

Zetsu enseña la cuenta inicial que efectuó el pago al Raiz. Y distintas reacciones podían verse en la sala.

—¿Eso no es...? —dice Madara algo sorprendido.

—Una cuenta de Isaac... así que Satanás usó el dinero para pagar al Raíz. ¿Pero por qué?

En cuanto Obito termina esas palabras, su teléfono móvil suena. Mira el número, descuelga y se lo pone en la oreja.

—Sasori.

—Obito, escucha con atención —dice Sasori saliendo de un edificio oscuro y hablando por el móvil—. Kabuto me contó que esa casa de la foto es de las afueras de Sídney, lo supo después de comparar mapas con la imagen de la foto, con el trozo de pared y las vistas que la ventana muestra.

—¿Y?

—Esto es lo más extraño. Me contó que hace cinco años una rama del FBI estuvo en Australia, concretamente en la zona, en base a una información sobre que el desconocido agente llamado Phantom estaba ahí.

—¿Phantom? ¿Cómo supieron eso?

—Un informante anónimo les dió la información, llevaré las grabaciones e investigaremos por si nos sirven de algo. Lo que quiero decir, el veintitrés de diciembre fue cuando Phantom apareció ahí, y hubo víctimas debido a una explosión a esa casa en donde ataron y mataron a Itachi. He mirado más información y... no vas a creerte a quién pertenecía esa casa.

—¿A la DEM?

—Si... pero no —dice Sasori, causando que Obito oiga algo extrañado—. Es decir, no era de la DEM sino de la AST —Obito abre los ojos un segundo.

—¿Sabes a quienes pertenecen esa casa o no? —pregunta Obito cansado ya de las vueltas.

—A dos militares de la AST, pero tras su muerte en ese ataque de hace cinco años la casa pasó a nombre de su hija... Tobiichi Origami.

Las palabras de Sasori inundan la sala, al poder oírse por todos. Zetsu mira asombrado a Obito, Madara alza una ceja y Kurumi... parecía que iba a morir de las carcajadas que realiza.

—¡Jajajajajaja, me parto de la risa! —se ríe Kurumi llevándose las manos al estómago—. Esto si no lo esperaba.

—Le voy a volar la cabeza en cuanto la vea —dice Obito con seriedad, y un rostro lleno de ira contenida—. Gracias, ahora tenemos una pista.

—Cuando sepa algo más, lo mandaré —dice Sasori, Obito le cuelga y mira a Zetsu.

—Tobiichi Origami.

—Voy a intentar hackear su móvil para tener constancia de su localización —dice Zetsu tecleando a gran velocidad el ordenador.

—Dame también todo sobre ella, no me importa si tienes que entrar en la página del presidente para ello.

Un pitido se oye en el ordenador tras unos segundos de pulsar teclas. La pantalla muestra dónde está Origami ahora mismo.

—Vaya, ahora está cerca del hotel Royal de Konoha —dice Kurumi, sonriendo notablemente—. Dicen que está en construcción por un fallo eléctrico hace tres semana que quemó varias plantas del hotel y está desierto.

—Un lugar perfecto para la compra-venta de armas —dice Madara, y mira a Obito—. Menma nos dijo hace seis horas que cerraría un trato. Puede ser en ese lugar.

—Maldición, no sé cómo pero ella también lo sabe —dice Obito, mas luego el Uchiha solo sonríe de medio lado—. Es hora de liberar a Nightmare un día más —Kurumi se lame los labios en referencia a lo mucho que va a divertirse.

—En este caso puedo dejar esto en vuestras manos, pero más vale no me falléis —dice Madara serio.

—No se preocupe, Madara-san.

—Somos dos de los más influyentes integrantes de la mafia, no puede ir el asunto peor que lo de Danzō —dice Obito cuando suena una señal desde el ordenador.

—Oh, Sasori ha enviado algo... —dice Zetsu, luego mira a Obito y luego el mensaje—. Antes de irte, Obito, cuéntame qué te dijo exactamente Phantom.

OoooOoooO

Pasan cincuenta minutos desde ese momento, y en el parking del Hotel Royal de Konoha un hombre está sentado en el capó de un coche negro y fumando un puro, mientras seis hombres están recogiendo y mirando las armas que les entrega la séptima persona. El que está sentado en el coche tiene el cabello de color marrón claro, su cabello se muestra muy esponjado y poco peinado, y siempre llevaba unos lentes oscuros. De su bigote sobresalían dos puntas marrones un poco amarillentas. Su atuendo es el típico de un hombre de negocios: una chaqueta negra, una camisa amarillenta con una corbata violeta, un pantalón negro y unos zapatos negros puntiagudos.

—Así que estos son tus nuevos cargamentos de rifles de asalto que usted me vende —dice Gatō, sonriendo y mirando al Akatsuki Menma.

—Así es, esperemos que le sean de su agrado —dice Menma, Gatō coge el arma y apunta a una columna.

—Fácil de usar, y también cuenta con una mira para ayudar al apuntado —dice Gatō, mira el cargador del arma—. Todo está en órden, por lo que veo.

Una sombra se infiltra hasta colocarse detrás de una columna mientras se produce la reunión, saca una granada y la lanza, rebotando un par de veces por el suelo. Menma y los demás se dan cuenta de ello pero ya tarde, pues son cegados momentáneamente por un destello de la granada, y entonces empieza una lluvia de disparos que viene de la columna y alcanza a todos los que se puede. Cuerpos, sangre y destrozos son las pruebas del ataque. Origami con un chaleco antibalasy un par de Uzi se acerca lentamente hasta Menma, quien está sangrando por el hombro. Al chaleco le han puesto de forma casera unas placas de acero para proteger espalda, brazos y piernas.

—Tsk... —se queja Menma viendo acercarse a quien les atacó, apoyado en una columna, y los demás mafiosos están muertos, dejándole en una muy mala situación—. Dejar lo mejor para el final, eh Origami.

—¿Últimas palabras, Akatsuki? —pregunta la extraña apuntando a Menma a la cabeza con ambas Uzi, el traficante de armas sonríe.

—Que nos veremos en el infierno —dice Menma riéndose levemente, cuando la extraña escucha un par de pistolas quitarse los seguros, lentamente se gira a ver a Obito y Kurumi, apuntándoles con una de las Uzi mientras sigue apuntando a Menma con la otra, Kurumi la apunta con ambas armas y Obito está aparentemente desarmado. Analiza la situación, si le dispara a uno, los otros dos podrían acabar con ella

—Te tenemos, Origami —dice Obito simplemente, Origami mira al Uchiha y luego a la Tokisaki. Menma aprovecha para sacar de su chaqueta una USP usando la mano buena, y la apunta. Se aleja lentamente de ella pero la mirada vigilante de Origami le sigue haga lo que haga.

—Ya me diréis de qué diablos va esto —les dice Menma a sus compañeros apuntando a Origami, sin disparar.

—Vaya, ¿cómo sabías que estaría aquí?

—No es de tu incumbencia, Origami... También sé cosas de tu pasado: padres militares y entrenada como una niña soldado para ser la mejor y con el sueño de acabar con los villanos, tu encuentro fortuito con Phantom... y tu nacimiento como Satanás el veintitrés de diciembre de hace cinco años, para un día después pagar a un Raiz y hacer que Rin muera el veintisiete de diciembre.

—¿¡Eh!? —grita Menma, con los ojos como platos mientras que Kurumi sonríe divertida por los acontecimientos. Origami sonríe un poco.

—Veo que me descubriste, Obito. No importa, ahora vas a morir.

—Te mataré pero antes quiero saber por qué mataste a Rin.

—¿Te haces el tonto? Práctico pero inútil ante mi. Sé que fue cosa tuya el matar a mis padres, y quiero abrev por qué lo hiciste.

—No fui yo —dice tajantemente Obito, causando el ligero enojo de Origami.

—Te repito que no te hagas el tonto —dice la chica de pelo blanco, apuntándole—. Estaba practicando con el cuerpo a cuerpo, yo sola, cuando vi algo extraño. Ese algo eras tú, con un arma en la mano. Yo ataque por sorpresa, intentando quitarte la pistola cuando en la confusión lanzaste una granada adentro de la casa. Y tras ver la explosión huiste corriendo como una rata.

—Oh, ¿en serio Origami-san? —pregunta Kurumi con una amplia sonrisa—. Realmente, y a juzgar por lo que sabemos, Phantom los mató accidentalmente —Origami abre los ojos y ladea varias veces la cabeza, negando.

—No... No es cierto, yo te vi...

—¿Quieres saber cómo lo sabemos? —pregunta Kurumi sonriendo—. Fue Phantom quien nos dió pruebas de tu implicación en la muerte de Rin. Fueron nuestros contactos quienes nos contaron el caso de Sídney.

—Los agentes del FBI encontraron restos de una granada en la casa pero no obtuvieron huellas —dice Obito, temblando un poco—. No creyeron tu testimonio porque yo no estaba ni de lejos cerca de Australia, pero no quisiste escucharlos y cuando la DEM te metió en la AST, planeaste una venganza personal.

—Mientes, yo...

—Además luchabas contra Phantom, un maestro en el disfraz y el engaño. Utilizó un dispositivo revolucionario que robó en Tengu hace treinta años para cambiar su figura con la de una persona durante un par de minutos: y eligió la mía. Te aferraste a que fue un asesinato de Phantom... mejor dicho, de mi.

—Así que una historia de venganza... algo que siempre se ve pero que jamás me imaginaría que fuese de esta manera —se dice Menma mirando a Obito.

—Phantom sigue en paradero desconocido, pero tú buscaste a Obito-chan creyendo que él fue el verdadero culpable. Le pediste a Isaac dinero, pagaste a un Raíz para que le matase, y cómo él sobrevivió le dejaste un mensaje en el cuerpo de su amada.

—¡Mentiras, todo mentiras! —niega todo Origami—. He esperado tanto tiempo en acabar contigo, Uchiha, que ninguna mentira podrá hacerme cambiar de opinión.

—¿Quieres pruebas? —pregunta Obito tirando fotos, se le ve enojado—. El día de la muerte de tus padres estaba planificando una cena romántica con Rin-chan en Konoha, mientras tú peleabas en Australia. ¡¿No se te ocurrió pensar en esto en vez de ir a matarme sin más?! —grita perdiendo los nervios y apuntando rápidamente con una pistola USP con silenciador a su cabeza—. Rin-chan murió por tu culpa, has usado a un agente de Danzō para ello... Debería volarte la tapa de los sesos...

—Ya sabes los rumores... cuando Satanás tiene a alguien como objetivo, acabará con todo ser querido que sea necesario para ello —dice Origami con frialdad, sin dejar de mirar a Obito.

—Vamos Obito-chan, dispara —susurra Kurumi detrás del Uchiha, su voz suave penetra el oído del hombre—. Se sintió bien volarle la mano a Danzō, lo sé muy bien, y ahora que tienes a la asesina de tu queridísima Rin-chan enfrente... ¿A qué esperas para sumirte en la oscuridad completa?

—No sobrevivirás a esto, Uchiha —dice Origami apuntando con una ametralladora Uzi al pecho del Uchiha—. Si creías que un chaleco antibalas podría salvarte, estás equivocado, son balas de punta hueca —y dispara. Pero nada ocurre, Menma sonríe al ver que su disruptor usado cuando no miraba ha funcionado y va a disparar, cuando una granada atada a un temporizador, que a su vez están pegados a una pared, explota llenando todo de luz, afectando hasta a la propia Origami.

—¡Justo en este momento! —grita Menma, todos con dificultad se parapetan tras unas columnas.

—Una granada luminosa con temporizador... Vaya, muy inteligente Origami.

—Esto te trae recuerdos de cuando luchaste junto con Madara contra Danzō, ¿no, Kurumi? —pregunta Origami parapetada y preparando su Uzi.

—Te recuerdo, Origami-san, que le metí seis balas en el pecho a ese hombre, así que en ti serán seis por ser mi enemiga, y cuatro por traicionarme —dice Kurumi riéndose—. Además tengo una bala más reservada para ti, porque no voy a matarte tan fácilmente.

—¿Por qué los intercambios de armas terminan siempre con estos tiroteos? —se pregunta Menma rodando los ojos.

—Kurumi —dice Obito con un peligroso brillo de maldad en los ojos—. ¿Una apuesta para ver quién la mata primero? —como respuesta la Tokisaki sonríe todavía más.

—Trato hecho. ¿El que pierda muere por el ganador?

—Dejémoslo en gravemente herido, mientras pueda vivir.

—¡Si, eso me divierte! —grita contenta Kurumi y dispara rápido a la columna donde se esconde Origami, Obito se cambia de posición mientras Origami le dispara una ráfaga cuando se cambia de posición pero ninguna da en el blanco. Menma dispara a ciegas con el brazo bueno y se esconde evitando los balazos de Origami. Con rapidez la chica saca las balas de la Uzi afectada con el distiptor, la tira al aire y dispara desperdigando los fragmentos del arma, cegando a Kurumi que justo salió para disparar. Origami ve su oportunidad y sale, pero retrocede ante la lluvia de balas de Obito.

—Aun si es Satanás, somos tres contra una —dice Menma disparando a Origami, Obito rápidamente le dispara a la de pelo blanco en una pierna, produciendo un quejido de dolor en la chica—. Acabaremos con ella.

—Pero la bala letal saldrá de mi pistola —dice Obito, Kurumi dispara a la columna donde se parapeta Origami.

—Lo siento, Obito-chan, pero seré yo quien la elimine —dice Kurumi disparando a Origami, quien se cambia de columna para volver a disparar. Sin saber que Menma tenía ahora buena visión sobre ella al haberse cambiado de columna de nuevo.

—Te tengo —dice Menma, alcanzando en el pecho a Origami, haciéndola escupir sangre—. ¡Toma! —Origami se esconde rápido en otra columna, y entonces las balas de Obito y Kurumi le dan al suelo, concretamente a poca distancia de los pies de Menma, haciéndole bailar—. ¡¿Que hacéis?!

—Tú no te metas, ella es mía —dicen al unísono Kurumi y Obito, van a la columna donde Origami se ha parapetado.

—¡Dejad la maldita apuesta y acabemos con ella! —grita Menma, adelantándose también.

Pueden ver un rastro de sangre en la columna hasta el cuerpo, los ojos de Origami están medió abiertos y su pecho no sube ni baja. Kurumi coloca los dedos en el cuello para tomar el pulso.

No hay pulso.

—Muerta... ¡Menma-san, prometí que la mataría! —se queja Kurumi como una niña pequeña.

—Ella fue la causante de que Rin muriese, yo debía haberla matado.

—Ni en sueños podrías superarme Obito-chan. Si digo que yo mataré a alguien, te aguantas y te sientas como un buen perrito.

—¿Quieres que volvamos a lo de hace días? —pregunta Obito serio, recordando cuando intentaban matarse y Madara los paró.

—Adelante, con gusto te destrozaré —dice Kurumi con voz tétrica y mostrando su ojo amarillo con la forma de un reloj.

—Ejem, no es por molestar pero tenemos cuerpos por doquier así que debemos irnos —dice Menma mirando todas las armas que Origami había destruido con sus disparos.

—Dejemos una sorpresa para los policías —dice Kurumi mientras coge el cuerpo de la chica y por unos segundos se queda quieta.

—¿Kurumi? —pregunta Obito, Kurumi niega y sonríe.

—Creí que había visto algo —dice Kurumi sonriendo—. Vamos, yo te ayudo a crear la trampa.

Obito coge al cadáver de Origami y lo coloca en la entrada del parking que había para subir por las escaleras a la planta baja, al tiempo que Kurumi coloca un hilo fino en la entrada. Luego Obito coge uno de los cordeles y lo ata a la anilla de una granada de fragmentación, Menma pega esa granada con celo en la mano derecha de Origami.

—¿En serio debo colocar estas granadas?

—Si, le gustará mucho a Deidara-chan —dice Kurumi sonriendo.

—Sólo queda que alguien abra este cordel y la granada hará el resto —dice Obito, Menma se apoya en Kurumi y los tres salen por la puerta trasera, andando poco a poco. Al salir todos entran en la limusina que está aparcada cerca.

—¡Aj, mierda! —se queja Menma ya en el coche, Kurumi mira al joven y sonríe.

—He visto escenas mucho, mucho peores y provocadas por mi, esto es un simple rasguño —dice Kurumi, Obito entra en el puesto del piloto y teclea unos números en un teléfono robado.

—¿Policía? —pregunta Obito por teléfono cuando contestan, pero con una voz ridículamente aguda—. ¡Si, he oído disparos en las obras del hotel Royal de Konoha! ¡Dense prisa, tengo mucho miedo! —tras unos segundos cuelga—. Bien, ahora unos cuantos policías se unirán a los muertos del futuro Royal —tira el móvil al asfalto, rompiéndose en el momento.

OoooOoooO

Minutos después de que la mafia abandonase el lugar, alguien sale de la puerta trasera. El muñón de su otro brazo no para de gotear sangre, y al salir salta por la fuerza de la explosión causada dentro del hotel en obras. Después de levantarse con un poco de dificultad, avanza hasta un coche negro aparcado en una esquina. Una extraña mujer sale del coche, se acerca al segundo desconocido, le hace un torniquete en el brazo cortado usando un cinturón, y le tapa la herida con vendas. Ambos entran en el coche, la mujer al volante y el otro desconocido se sienta en la parte trasera del coche, junto a una tercera persona.

—¿Qué tal la misión, Origami? —pregunta la piloto, una mujer joven con el pelo largo y negro, y brillante que se ata en una coleta; y ojos negros. Va vestida con un uniforme militar cian oscuro y con un sombrero en la parte superior de la cabeza.

—No fue lo que esperaba, y fui obligada a tener que llamaros... a los dos —dice Origami, mirándose el muñón que tuvo que cortarse usando un cuchillo de uno de los hombres de Gatō muertos para librarse de la granada mortal.

—¿Obito mató a tus padres? —pregunta Ryoko

—No, le tendieron una trampa.

—Fue Phantom, entonces —dice el hombre en el asiento del copiloto, sonriendo de manera que a su compañera le da escalofrios. El joven es de ojos negros, con el cabello de color blanco que se mantiene en una cola de caballo y que usa gafas finas.

—Así es.

—Kabuto, eres igual de escalofriante que Orochimaru —dice la mujer que conduce, el agente de Sasori sonríe.

—Alguien me tiene algo de miedo, Ryoko.

—Miedo no, solo que me das repelús —dice la capitana de la AST Kusakabe Ryoko, mirándole seriamente—. A pesar de que hiciste un trato para que la DEM caiga.

Kabuto recuerda perfectamente que Orochimaru le pidió ponerse en contacto con la Raíz para vender a la DEM en pleno acto. Según le contó Orochimaru, iba a ayudar a Danzō a alcanzar la presidencia del país, y capturó a Tokha para que sea una agente a sangre fría. Investigaba el cadáver de un niño hasta que la AST lo capturó seis días antes de que Isaac viniese a Konoha. De modo que, bajo la promesa de hacer ellos caso omiso a los crímenes descubiertos, Orochimaru tendría libertad para pasar información de Isaac a la Raíz y la AST, mientras Origami le daba la información a Kurumi, matando así a dos pájaros en un tiro. Si no lo hacía, revelarían cualquier trapo sucio de su vida a todo el mundo: había mucho que el antiguo médico perdería si no aceptaba. Kabuto fue quien le pasó información a la Raíz.

El hombre mira a Origami, sonriendo.

—¿Te arrepientes de haber pagado a ese Raíz para matar a Rin? —pregunta Kabuto con una sonrisa.

—Me gustaría cambiarlo pero lo único que puedo hacer ahora por él es acabar con su vida —dice Origami, recordando como Kabuto consiguió que un Raíz le debiera un favor y ella lo uso para su venganza personal.

—¿Ahora a donde nos dirigimos?

—Tú a ningún lado —dice Origami seria, el coche se para en una esquina y Kabuto se baja tapándose el rostro con el abrigo—. No vamos a dejar que una serpiente como tú conozca nuestra base, y matarte delataría la mentira.

—Que mala, te recuerdo que te di la droga del Sueño Temporal —se dice Kabuto sonriendo ante la creación de su droga como pedido de la propia Origami, quien lo ha escuchado.

—Si, con ella pude hacerme la muerta bajando el ritmo de mi corazón hasta casi la muerte, y ninguno se dio cuenta —dice Origami, Kabuto la mira mientras se pone el sombrero.

—Ahora me debes tú un favor a mi, Satanás —dice Kabuto marchándose, Origami frunce el ceño dando a entender que no le gustaba tener que hacer eso, pero asumió la responsabilidad de ese acto por ser éste un caso personal y quería ir lo más preparada posible. Ryoko cierra la puerta.

—Arranca —dice Origami con seriedad—. Ya cayó parte de la DEM, y es tiempo de que la mafia y el resto de la DEM caigan de una vez por todas.

Ryoko asiente conduce el coche hasta la oculta base de la AST que existe en el país, donde planearían su movimiento.

—Nadie se va a salvar de Satanás. Y la AST será la que acabe con la oscuridad de todo.