"Acepto"

El suelo de mármol relucía como para reflejar el rostro.

El arreglo floral en las esquinas. Las mesas con manteles dorados, que con la caída del sol de la mañana entrando por las largas ventanas, las hacían brillar iluminando naturalmente el lugar.

-Mantente así, más vale que te mantengas así- decía Rarity entre el sonar del timbre, bajando las escaleras de su casa mirando el cielo desde la ventana, deseando que el clima templado y fresco permaneciera perfecto. Lucía un largo vestido strapple color malva que el caminar hacía que la falda danzara con el más mínimo movimiento. De sus orejas brillaban unos largos aretes de cristal. -. ¡Sweetie Belle, no!- retó a su hermana al divisarla en el puesto de bocadillos con Applebloom y Scootaloo también arregladas para la ocasión, embardunando frutas a la fuente de chocolate. -. ¡Ya no son unas niñas! ¡Les dije que no tocaran nada hasta que llegaran los invitados!- regañaba en el insistente sonar del timbre y las tres amigas se iban corriendo con la boca llena y embarrada de chocolate, riendo entre sí -. ¡Y límpiense las caras!- ordenó llegando a la puerta, para suspirar y levantar una preparada sonrisa de bienvenida pasándose las manos a lo largo del vestido.

Entonces abrió la puerta y desplomó toda la pose al ver a Mistery Mint. Ella venía con un vestido al cuerpo de color morado, botines de tacón negro y gargantilla negra.

-Holaaaaaaa- se le salió exclamar Mistery al ser jalada hacia dentro.

-¡Llegas tarde!- acusó abultando sus labios en reproche.

-¡¿Qué?! Dijiste que venga a las nueve y media.

-¡Son nueve y treinta y dos!- le acercó el celular muy cerca de su rostro cuando empezó a sonar. Se lo llevó rápidamente a la oreja -. ¿Hola?- saludó para crispar el rostro -. ¡No! ¡No blanco! ¡Color hueso!- arrugó más su rostro -. ¡No! ¡Claro que no es lo mismo!

-Uuuh- murmuró la rockera viendo la larga mesa de postres y bebidas -. ¡Bocadillos!- se movió hacia allá.

-¡Mistery!- la atajó y ella frenó a raya congelando su expresión -. ¡Instálate de una vez! ¡Y llama a Cherry! ¡Llega sumamente tarde! ¡Son nueve y treinta y tres!

-Oh, demonios. Relájate- sonrió alzando una cajita -. ¿Mentas?- ofreció y Rarity tomó la caja y se aventó todos los caramelos a la boca, devolviéndosela vacía -. Ouh- emitió para encogerse de hombros -. En mi bolsa tengo tres más- volteó hacia la puerta mientras Rarity seguía discutiendo por teléfono con la boca llena -. ¡Brawley!

-Aquí estoy- se asomó al ras, vestido en un traje azul eléctrico con un amplificador y la guitarra que tomó Mistery -. Iré por la batería.

-¡Espera! Se te olvidó algo.

-¿Eh?- se giró distraído y ella le robó un beso. Él sonrió mientras ella misma le quitaba la mancha de labial en los labios con una larga sonrisa.

Al cabo de un rato, entre ambos se acomodaban en un espacio del salón instalando los instrumentos que al escuchar los precipitados tacones de Rarity dirigirse hacia ellos, gesticularon tensionados por la energía alocada que emanaba.

-¡Esa cosa tiene que estar instalada antes de que vengan los invitados!- recordó Rarity sin desprender su mirada del celular atendiendo el arreglo que se haría para la ceremonia -. La invitación es a las once. Tienen hasta las doce para llegar y ser trasladados directo al prado. Zecora es la única que nos puede guiar hasta él sin dar vueltas en círculos. ¡¿Y por qué no llega…?!- decía siendo golpeada la puerta -. ¡Más vale que sea ella!- se dio vuelta directo a la entrada.

-Creo que prefiero a Pinkie Pie como organizadora- comentó Brawley.

-Pienso igual. Al menos ella es la que se encarga de la recepción- contestó con media sonrisa para bajarla un poco -. Ringo no vendrá, ¿Cierto?- preguntó por su amigo tecladista.

-No…- respondió levantando la mirada hacia ella -. Con lo que pasó en el último baile, no quiere involucrarse en nada de la magia, como otros chicos. Ya ves que tuvo roces con Flash y ya no se hablan como antes. Eso y que Flash quiere enfocarse más en otras cosas que la música, es por eso la banda ya no existe.

-Lo sé- le pasó una mano por los cabellos -. Lo siento…

-Está bien- sonrió de vuelta -. Era por diversión y por mis amigos, pero si ninguno va estar cómodo, mejor que sea así. Igual, no me veía como músico toda la vida.

-¿Y qué quieres hacer entonces?

-Mmm- lo pensó -. Sonará loco pero…siempre me llamó la atención ser terapista físico.

-…- se lo quedó viendo dejando de hacer lo que hacía, en un flashback en su día de spa con las chicas. Terapista físico, igual, a masajes. Sonrió enormemente entre la confusión de él por su reacción -. ¡Hazlo, Brawley, hazlo, y seré tuya toda la vida!- se le abalanzó encima rodeándolo entre sus brazos, haciéndolo reír.

-¡Al fin!- exclamó Rarity mientras tanto recibiendo a Cherry, que llevaba un vestido rojo de falda bajo las rodillas con bordes puntiagudos que apuntaban hacia abajo, pero llevaba encima un saco que le doblaba de tamaño, de hombre -. ¿Por qué llegas tarde? ¡Y así!

-¡Por esto!- dijo dando la espalda y quitándose el saco, mostrando la parte de atrás en un cruzado de tiras sin ajustar, todas mal puestas y enmarañadas entre sí -. ¡Mi papá más de lo que enredó esta cosa que amarrarme bien! Me robé su saco en el proceso a cubrir el desastre.

-Agh- se quejó cerrando la puerta -. Vamos arriba.

-Pero no hay nadie aquí.

-Hay un chico.

-Es sólo Brawley.

-¡Oye!- se quejó mirándola mientras ella le sonrió saludando con la mano y Rarity no objetó por las prisas para acomodarle el vestido.

-¡Alguien que me diga la hora!- exclamó la modista mientras desenredaba en tiempo récord.

-Diez y quince- avisó Mistery.

-Oh, rayos, debo ir a ver cómo se van arreglando Moon White y Twilight. Al menos la dejé maquillada y peinada- se apresuró liberando las tiras del enredo y de un solo halón, ajustó el vestido, cortándole de hecho la respiración a Cherry.

-Creo que escuché una costilla romperse- exclamó con voz ahogada. Volvió apretarse el vestido -. Más bien dos…

-Debo correr- anunció haciéndole el nudo -. Brawley recibe los invitados si aún no llego. Mistery y Cherry, van a tocar música de ambiente- enfatizó y tanto Cherry como Mistery se lanzaron una mirada entre la distancia.

-Ah, sí, sobre eso…- dijo la peliverde.

-No somos así de así de…ambiente- agregó Mistery acercándose.

-¡Pues ahora lo son!- aclaró con presión y ambas se rejuntaron entre sí.

-Creí que la godzilla debía ser la novia- farfulló Cherry pero Rarity la alcanzó a oír. Suspiró.

-Lo siento si soy muy intensa. Pero esta boda tiene que salir perfecta- se disculpó relajando de a poco la expresión para pensar, si en realidad estaba canalizando cierta tensionada energía en la organización de la boda. Podría ser ambas.

-Rarity, ve con Twilight- le sonrió Mistery tomándola de los hombros y sacudírselos para que se suelte -. Te prometemos que todo saldrá bien aquí. Somos mejores amigas de siempre, pero es la primera vez que tocamos juntas- dijo posando un codo sobre Cherry y ambas intercambiaron una sonrisa -. Pero algo bueno surgirá de nuestro dúo. Prometido- alzó un meñique.

-Prometido- asintió Cherry alzando también un meñique y Rarity les sonrió más relajada levantando su meñique también y enredaron los tres entre sí -. Un momento…- achicó los ojos y le apartó el cabello a la modista para ver que tenía un piercing en el arco de la oreja -. Olvidaste sacarte un arete falso del cambio de look que te hizo Mistery ayer.

-Ah, sí- se sonrojó tapándose ese oído -. Claro, yo…olvidé…sí, se me fue por alto…- dijo no tan convincente. Mistery y Cherry la acusaron con la mirada. Rarity soltó una sonrisa. -. De acuerdo. Me lo dejé- aceptó alzando las manos abiertas -. Es que se siente…poderoso- dijo fascinada.

-Lo sabemos- corearon ambas, y las tres rieron.

...

Unas patadas en la espalda empezaron a despertarla.

Sweetie Drops frunció el ceño con un mal gesto, mientras seguía recibiendo el continuo golpe pero a la vez, escuchaba que golpeaban la puerta del departamento.

-Están golpeando- se quejó Golden empujandola con los pies, abrazada a una almohada sin quebrar su pose de la que estaba dormida a su lado.

-Ya voy- exclamó con voz quejosa incorporándose perezosamente.

No había dormido tan pesadamente desde...nunca. Siempre se levantaba como un reloj despertador, en alarma y activa para empezar el día. Pero esta vez el cuerpo estaba desparramado a la cama y adormitada que arrastraba los pies al caminar. Se había quitado tanto peso de encima de muchas cosas, que por primera vez podía sentir que podía despertar y ser... una persona.

Se echó encima una bata a juego a su vestido corto de seda, acomodando su cabello con las manos y se dirigió hacia la puerta de entrada, no antes pasar por la habitación cerrada de su madre.

No dejó que Golden pasara la noche ahí. Ni siquiera ella lo insinuó, pues al salir de bañarse, Golden ya estaba instalada en un lado de su cama.

Los golpes continuaron. Sweetie quedó viendo por un momento la habitación, casi con la sensación que sería Floral la que saliera atender, para llevar la mano sobre la puerta y dar una sonrisa gentil. Como si dijera, que ella podría encargarse a partir de ahora, y que estuviese tranquila. Que todo edtaba bien entre ellas.

Llegó hasta la entrada y vio desde el agujero quién golpeaba.

Sweetie entonces fue despertando mejor para abrir enseguida la puerta y ser atacada por un abrazo.

-¡Bonbon!-exclamó la rubia que la abrazaba.

-¡Derpy!- la nombró devolviéndole el abrazo con una sonrisa animada. -. Derpy…- repitió con alivio al verla.

-Ooops- exclamó apartandose con una sonrisa -. ¿Dije Bonbon? Quise decir, ¡Sweetie Drops!- volvió a abrazarla con el gesto congelado de su amiga, viendo que entraba también Lyra con una pequeña maleta y dos armadores forrados.

-Sí...le dije todo sobre ti- se adelantó en decir Lyra al ver su expresión -. Lo siento, debías decírselo tú, pero te fuiste y Derpy…

-Descuida- le dijo mientras Derpy se separaba para verla.

-Tranquila, Bon Drops. ¡Digo! Sweetie Bon, ¡Digo! ¡Sweetie Drops!- se corrigió agitando la cabeza mientras su amiga se sonreía-. Sigues siendo mi amiga de siempre. ¡Nada va a cambiar! Bueno...sólo tu nombre…¡El cual es muy lindo por cierto!

-Derpy…- sonrió más para abrazarla ella esta vez, sorprendiendo a la rubia, ya que sabía que normalmente cuando se dan un abrazo, es porque ella los daba, no viceversa. Lo que la puso feliz y la abrazó de nuevo, para sentir que se unía al abrazo Lyra, para reír juntas en un abrazo grupal.

-¿Acaso se vienen a vivir aquí también o qué? -exclamó una voz integrándose.

Las tres se separaron para ver hacia Golden, que miraba hacia la maleta y ropa colgada que trajo Lyra.

-¡Madre mía! - exclamó Lyra tomándole con la guardia baja al ver a Golden con su cabello completamente hecho bola, enredado y despinado por todos lados, propio de su cabello ondulado recién levantado, usando una de las batas de dormir de Sweetie.

-Parece una montaña de zanahoria rayada masticada- exclamó Derpy con una sonrisa inocente. Golden la vio formando un ceño y abrió la boca.

-¡Golden! - la retuvo Sweetie antes que lanzará alguna grosería. Ella la miró aburrida sacándole la lengua.

-¿Golden?- exclamó Lyra en sorpresa. -. ¿Le dijiste...Golden?

-Recuperó la memoria ayer- avisó para llevarse Golden la atención.

-Sí, sí. Mi vejiga está como un globo. Voy a orinar- se limitó en decir antes de que alguna se pusiera sentimental, para caminar hacia el baño rascándose el trasero en el trayecto.

-Sí...es ella- reafirmó Lyra con una sonrisa aliviada -. Se la ve... bien- dijo entrando en duda- . Digo, ¿Está bien?

-Está bien- exclamó -. Dentro de lo que se puede decir que lo está, claro. Aún está en ello.

-¿Va a ir a la boda?

-No tiene opción.

-Y tú tampoco- dijo con una compartida sonrisa con Derpy para levantar la pequeña maleta mientras Derpy lo abría y exponía todo un set para maquillaje y peinado.

-¡Vinimos a que nos arreglaramos para la boda juntas!- exclamó Derpy para reír -. Fue mi idea- susurró con orgullo.

-De haber sabido que Golden tenía un monstruo por cabello habría traído artillería pesada- hizo reír Lyra.

-¡Puedo escucharte, Heartstrings!- gritó Golden desde el baño. -. ¡Drops habrá prometido no hacer daño pero yo no!

-Opino que trabajemos primero en arreglar a Golden- retó Sweetie con una bufona sonrisa que compartió con sus dos amigas.

Golden abrió la puerta del baño para encontrarse con las tres chicas obstaculizando la puerta. Miró la maligna mirada de Sweetie y apretó el ceño.

-¡No! ¡No no no no no!

-Uy, tenías razón, Sweetie- le dijo Lyra-. No le tiene miedo a nada más a que toquen su cabello.

-...- despreció Golden con la mirada a su compañera-. Vas a pagarlo- habló con voz tajante y hosca que incomodó a Lyra y Derpy pero Sweetie se mantenía con una relajada sonrisa burlona.

-Sólo demuestra lo contrario, Golden.

-¡Traidora!

-Andando- la arrastró hacia la sala -. ¡¿Qué esperan?!- avisó a las otras, que vieron como Golden volvía su cabeza hacia a ellas y les lanzó una feroz mordida al aire que las hizo mirar una a la otra.

-No nos hará nada- le aseguró Lyra a Derpy pero su expresión decía todo lo contrario.

-¿Puedes ser normal cinco minutos?- resopló Sweetie mientras Golden volvía a ver hacia adelante dejándose arrastrar con una sonrisa, divirtiéndose.

-Sabes que nada en esta vida es normal, Drops- contestó para verla girarse y sonreír.

-Algunas cosas lo son- la hizo sentar en un mueble -Trata de disfrutar una de ellas sin tener el cerebro revuelto.

-Drops…- se hastió.

-Hazlo por mí- declaró y ella le lanzó una mirada.

-¿Hablas en serio?

-Bromeo poco contigo.

-Y por eso soy la más carismática de las dos.

-Deja que te arreglen- sonrió-. No lo lamentarás.

-Lo lamento ahora.

-Míralo como un reto más que debas superar.

-No me dejarás en paz, ¿cierto?

-Eres como una hermana-exclamó divertida-. Así que jamás te dejaré en paz.

-...- entiesó la barbilla mirándola con incomodidad por sus palabras y la sensación extraña en su interior -. Si me haces el desayuno…- propusó desviando la mirada con vacilación.

Sweetie sonrió ante su pose tiesa en resignación, volteándose hacia la cocina pasando largo de Lyra y Derpy.

-Es toda suya- anunció y ambas vieron a Golden, que las miró cruzada de brazos.

-¡No sé qué decir sólo vengan y ya!

-¡Yo peinaré su cabello! - sonrió Derpy llegando en brincos.

Y se escuchó el primer grito de Golden al halarle los nudos mientras Sweetie se sonreía con una divertida malicia volteando los huevos.

...

"-Si se elige una corbata de lazo para atar uno mismo, generalmente existen dos formas disponibles: El ala de murciélago y el cardo- el unicornio cerúleo sonrió frente al espejo del baño con una tira de seda alrededor de su cuello con los extremos sostenidos a cada uno de sus cascos -. Aunque éste último es conocido como mariposa por sus extremos anchos. Atar un moño tiene su toque personal una vez que domines las técni…- se interrumpió al deslizar sus ojos a un lado, para ver el aburrido y desinteresado semblante de un corcel más joven -. Moon White, ¿Me estás escuchando?- interrogó con un ceño. El unicornio pestañeó lento.

-Decías algo de murciélagos…mariposas…y bla…bla…mmm, ¿qué más? Ah, blá- hizo un gesto mientras recibía un leve empujón de lado.

-Pon atención- le exclamó -. Atarse un moño es... como un hito en mi familia cuando te estás convirtiendo en semental. Mi bisabuelo le enseñó a mi abuelo, que le enseñó a mi padre. Él me enseñó a mí, y ahora yo te enseño a ti.

-Papá- resopló tedioso -. Creo que no te has dado cuenta- agregó con tono sarcástico -así que te lo informaré: Primero, tengo un estilo de vida muy diferente a la que esos señores y tú tenían a mi edad. No tengo que usar traje sólo para desayunar- dijo para murmurar -. Gracias a Celestia. Y segundo , no soy sastre.

-Primero, "Abuelos"- le corrigió -. No "señores". Y no usábamos traje para desayunar- se quedó pensando-. No siempre. Y segundo, eso no es excusa para no saber vestirse bien-contradijo paciente mientras su hijo resoplaba -. Sé que parecerá tonto, pero aprender a hacer tu propio lazo es una representación de esos momentos importantes de tu vida que se presenten y debas estar listo cuando suceden- le miró fijo -. No eres un potrillo para que alguien más te vista ni te presentes mal vestido a donde vayas. Es estar listo con lo mejor que tienes de ti- entrecerró los ojos -. ¿Entiendes lo que digo?

-Suerte para mí- dijo sin cambiar su gesto aburrido -dudo mucho que me toque asistir alguna vez en una gala-exclamó y su padre hizo un mohin en la boca.

-Estoy usando metáforas.

-Ya sé. Sólo trato de no hacerlo más raro.

-Por Celestia, qué amargado te has puesto desde…

-No la nombres.

High Line volvió a verlo con más atención y ver su expresión impenetrable.

-Iba a decir desde que cumpliste catorce- se explicó, sabiendo a quien no quería nombrar. Suspiró para sonreír -. Vas a ser un hechicero y maestro, ¿no es cierto? Debes exteriorizar tu disciplina y madurez con un buen traje que refleje todo eso de ti. Además- dijo para sonreír más -, no querrás verte mal el día de tu boda.

-Ppfff- resopló agrandando una repentina gran sonrisa con una risa jocosa. High Line le enarcó una ceja.

-¿Qué? ¿Acaso no quieres casarte?

-Si funciona para ti, no quiere decir que funcione para todos- meneó la cabeza devolviéndole la mirada -. Eso no sucederá.

-¿No quieres conocer una yegua?

-El que no quiera casarme no significa que no quiera conocer a una. No se volverá mi esposa sólo por eso.

-¿De dónde sacas todas esas contestaciones?- se quejó con un ceño.

-De mi cerebro- contestó y su padre resopló con cejas rectas, aspirando en paciencia.

-Entonces, así que serás un rompecorazones, ¿eh?

-No. Sólo no caeré en serio- exclamó ladeando la cabeza a un lado -. No de nuevo…- farfulló.

-Moon White…- lo llamó apacible -...no todas son Sunset Shimmer…

-Lo sé- contestó cortante para tomar una cinta de tela y estirarsela -. Si tanto quieres enseñarme, acabemos de una vez.

-Lo que dices, lo piensas ahora- comentó con una segura sonrisa volteándolo a él y le rodeó la cinta en el cuello -. Cambiarás de opinión al crecer- aseguró mirándolo a los ojos -entonces la conocerás a "Ella". Y cuando ese gran día llegue, te haré el mejor traje que haya hecho y te harás tu lazo- levantó la mirada con una ladina sonrisa -. Y pasaré toda la velada diciéndote "te lo dije"- le desarregló la larga melena que se había dejado crecer aunque lo regañara por eso.

-Buena suerte con eso- se rodó de ojos molesto, soplando la melena que le cayó al rostro con la taimada sonrisa de su padre expandida en su rostro, sin sospechar que un par de semanas después, tuviera el accidente que le hiciera perder la vida".

Ahora, mirándose frente a un espejo de cuerpo completo en casa de Fluttershy, Moon White se miraba la cinta desatada rodeando su cuello, tragándose las palabras de ese entonces.

-"Te lo dije"- se dijo él mismo, mientras se ataba el moño, cerrando los ojos pensando, en si estaba listo de cuando las cosas sucedieran. De que a partir de ahora todo iba a ser una cámara lenta sin control a pausas. Todo debía caer bajo su mismo peso. Se vestía para más de un momento en si.

-¡¿Puedo pasar?!- se oyó una afanada voz tras la puerta. Moon White estiraba los extremos del lazo mientras volvía abrir sus ojos hacia su reflejo enseriado.

-Pasa, Rarity.

La modista se apareció en el cuarto y Moon White se dio la vuelta terminando de acomodar el lazo. Usaba un pantalón gris y un chaleco del mismo color pero un tono más brilloso, metálico. El saco era negro con solapas anchas y el moño gris.

Rarity expandió enorme sus ojos y sonrisa, saltando en su propio espacio mientras aplaudía, no muy lejos de parecerse a Pinkie Pie.

-¡Te ves fabuloso! ¿Te gusta el traje? ¡Debe de gustarte!

-Me gusta- le sonrió tenuemente. Ella frenó su festejo viendo su apagado rostro que desaparecía la sonrisa.

-No te gusta.

-No, sí. Me gusta-exclamó mientras ella torció la boca acercándose.

-Es que no te ves feliz.

Él frunció ligeramente el ceño para verse de nuevo en el reflejo, viendo su rostro carente de emoción.

-Oh Dios…- se atragantó Rarity con su propia saliva, acercándose a su reflejo -. No estás feliz el día de tu boda. Estás dudando.

-No- se apresuró en contradecir volviéndose a ella que lo miraba inquisitivamente. -. Yo amo a Twilight.

-Entonces... -exclamó bajando un poco la cabeza sin desprender la mirada. -. ¿Es...sobre Sunset?- interrogó con el semblante apagado. -. ¿Quieres hablar de ello?-exclamó, aunque pareciera que era algo que quisiera que le preguntasen.

-Nada- sacudió la cabeza. Rarity era muy intuitiva. Demasiado para su gusto. -. Está bien. Yo ya estoy listo-exclamó pero al decirlo, sintió el peso del mundo en sus espaldas.

Rarity volvió a verlo inquisitiva.

-De acuerdo- sonrió un poco. -. Sólo no salgas de aquí. No hasta que te toque avanzar hasta dónde será la boda. Sólo me aseguraré que Twilight permanezca en el cuarto cuando salgas.

Moon White pestañeó mirando hacia un muro, como si pudiera mirar a través de él y alcanzar a ver a Twilight. No la había visto desde que se despidieron para (intentar) dormir anoche. No se verían hasta encontrarse en el altar, por orden de Rarity. Según ella era tradición del mundo humano. Si él la veía usando el vestido de novia tendrían la mala suerte sobre ellos.

Rarity salió de la habitación con el ánimo completamente diferente con el que entró. Había una extraña energía dentro del cuarto. En Moon White. Era una boda. ¿No debían estar todos explotando de nervios pero a su vez, de alegría? Pero sabía que no podría ser así por la razón de la boda apresurada. Incluso tuvo que pasarle polvo en su rostro, para darle más vida a la marcada piel afectada de trasnoches. Rarity empezaba a deducir, que algo más molestaba a Moon White.

Rarity pasó hacia otra habitación y tocó.

-Adelante- avisó Twilight y la modista se apareció para contemplar igualmente a ella de pie frente al espejo.

Twilight lucía un largo vestido blanco, estrecho en su torso con un corte que resaltaba su figura de una forma elegante. Era sencillo. Sin tantos detalles. En la parte de atrás era de encaje. Tenía una hilera de varios pequeños botones que pacientemente se debía abrochar. Enfrente tenía un corte corazón con encaje de flores que cubría su pecho y se ataba a su cuello, desnudando sus hombros. La falda del vestido era acampanada y forrado con tela transparente tan suave como mantequilla. Tenía un peinado alto, con mechones sueltos a los lados de su rostro. Un maquillaje natural, de pestañas gruesas y largas que parecían enmarcar sus ojos como paisajes pintados al lienzo, un ligero rubor le daba un nuevo semblante y los labios brillosos, que hacían una gran diferencia a su apariencia habitual en resaltar su feminidad. Y un velo caía en una larga y transparente cascada hasta el piso.

-Twilight...te ves preciosa- sonrió Rarity conmovida, llevando su mano a la altura de su corazón, viendola por primera vez con el vestido puesto.

Twilight apenas alzó las comisuras de sus labios en una perezosa sonrisa, sin dejarse de mirar al espejo y volver a optar esa expresión ausente, mirando en su reflejo un cuerpo diferente. Su cuerpo como pony, usando el vestido de novia, con sus padres a los lados de ella, emotivos, así como su hermano y cuñada sonrientes desde atrás, acompañándola en su día importante, con spike sobre el lomo del unicornio y sus cinco amigas rodeándola, felices por ella. Dos de ellos ya no estaban. Y del resto...sólo esperaba lo mejor...

Twilight separó ligeramente los labios mientras sus ojos vidriaban. De nuevo.

-Twilight…- se encaminó Rarity a su lado y eso hizo que la imagen de su familia y amigas desapareciera para verse humana con Rarity a un lado.

-Lo siento…- exclamó mirándose arreglada como novia y descompuso el rostro-. Pero no siento que esto esté bien.

-¡Trajimos las flores!-anunció Pinkie con Rainbow, Fluttershy y Applejack tras ella entrando al cuarto, todas usando el mismo vestido que Rarity al ser damas de honor.

La fiestera se unió enseguida hacia Twilight y la modista para pasarle las flores, que era un ramillete de rosas blancas y lilas. Twilight lo tomó con los labios sellados mientras la aludían por su vestido, sintiendo su sinceridad pero también el esfuerzo de ignorar el gran elefante en la sala, en un tenso silencio de su parte.

-¿Está todo bien?-exclamó Fluttershy viendo el tensado ambiente, aunque sintiera que estaba de más preguntar aquello dadas a muchas circunstancias.

Twilight se dio la vuelta para verlas y sintió un ardor en su corazón.

-Se supone que tiene que ser el día más feliz de mi vida- sacudió la cabeza-. Pero no me siento así. Esto está mal- se llevó una mano a la altura del pecho -. Lo siento aquí. Algo terrible...me estruje por dentro- se ansió, apretando el tallo de las flores. -. La angustia se apoderó de mí esta mañana. Como si algo horrible ha pasado, yo...yo…- se ahogaba del tumulto de palabras que se le acumulaban, en ansiedad.

-Twilight, siéntate- le dijo Applejack tomándole los brazos y la guió a una silla cerca, siguiendole las demás. -. Escucha- exclamó acuclillandose a su nivel para que la vea aún si tuviera la mirada inquieta -. ¿Lo amas?- preguntó mirándola a los ojos. -. ¿Amas a Moon White?

-Sí- no dudó en contestar.

-¿Amas a Equestria?

-Sí- respondió igual.

-Entonces no está mal- puntualizó-. Te casas hoy, enamorada de Moon White y comprometida por tu mundo. Yo no le veo un error en eso- levantó una mano a pasarle por los bordes de los ojos para apartar el residuo de lágrimas. Le sonrió amable -. Tal vez no es como lo soñaste…pero sigue siendo tu día especial- dijo e hizo que soltara una corta risa.

-Ni siquiera soñé en este día…

-Eso lo hace aún más especial- le hizo dar en cuenta. Twilight asintió, pero de vuelta angustiada.

-Es que casarme, significa algo horrible para alguien que también quiero- confesó con pesar, recorriendo la mirada hacia sus amigas, que dejaron salir sus propios dilemas.

-Casarte también significa regresar la paz a ambos mundos- exclamó Rainbow Dash mirándola-. Eso incluso, incluye a Sunset.

-Darle paz del sufrimiento que está pasando…- expresó Fluttershy abrazandose a sí misma. -. Aunque eso signifique…- se interrumpió.

-Lo sé…- suspiró Twilight, con impotencia. -. Por eso la culpa, hace que sienta que no se haga la boda. Que no me sienta feliz- dejó caer sus cejas -. Que Trixie tenga razón de odiarme- lamentó con tristeza.

-¿Vas a dejarlo plantado?- arqueó las cejas Pinkie mientras Rarity se echó una mano a la frente en drama. Twilight la miró por un momento, y luego hacia el muro que los separaba.

Twilight pensó en la calamidad que estuviera enfrentando su mundo. El sufrimiento de Sunset. La inquietud en el mundo humano. Y salvar a Moon White de su propia alma. Casarse no la hacía egoísta ni indiferente. Seguía representando un acto de amor que empezaba por Moon White y se regara por todo lo demás. Su amor era la llave a traer la armonía de vuelta. No lo hacía menos. Al contrario, lo agigantaba aún más.

-No- aseguró recuperando la fuerza de a poco hasta que sus ojos dejaron de vidriar-. No lo plantaré. Ni a él. Ni a Equestria. Y ni a Sunset- se levantó de la silla acomodando el ramo a la altura de su vientre, dispuesta a amurallar esas malas sensaciones para concentrarse en la importancia de este día, no sólo de su corazón, sino para el destino de los dos mundos -. Todo sigue en marcha- se volvió a ver en el espejo -. Me voy a casar-exclamó, sin que pueda lograr una auténtica sonrisa aun así.

En casa de Rarity, el salón se empezó a llegar los invitados.

Además de la familia de Applejack, se habían aparecido también la de Pinkie Pie. Las hermanas Pie estaban ahí, cada una con su expresión que las caracterizaba. Pero esta vez Limestone estaba más huraña de lo normal, pues Maud no había ido sola a la boda. De quién sabe aburrida convención de rocas o ramas, o lo que sea, conoció a un joven llamado Mudbriar.

-¿Puedes creerlo?- refunfuñaba Limestone con un ponche en mano al lado de su hermana menor Marble Pie, que la escuchaba con un gesto cansado -. Lo trajo a la fiesta. Se supone que venimos las tres siempre. ¡No es que esté celosa, no!- aclaró enseguida con tensión -. ¿Por qué lo estaría? No es que haya desperdiciado noches pidiéndole a la roca sagrada que me emparejara este año y haya hecho su trabajo con la hermana que menos indicaba sentir una emoción que no sea algo duro e inmutable- dijo y entonces lanzaron una mirada hacia donde estaba Maud y Mudbriar, ambos quietos e inexpresivos como viejas estatuas. -. Demonios…son el uno para el otro. Si no hubiera sido yo, me alegra que haya sido ella… ¡Pero ojalá hubiera sido yo!

Marble suspiró aburrida por las quejas de su hermana para mirar hacia el otro lado, en donde estaba Bicmac sentado con su abuela hablando con Time Turner. La joven apretó los labios entre sí escudándose con el ponche para esconder el sonrojo.

No habían muchos invitados, de todos modos era una pequeña reunión la que se organizaría. Photo Finish había llegado para sorpresa, con sus dos siempre patiños, tomando foto a lo más mínimo. Berry, Vinyl y Octavia, hicieron acto de presencia votml de aquella mitad de alumnado que aún apoyaban a las rainbooms.

-Estaría bien si empezamos a tocar- exclamó Cherry hacia Mistery, que le asintió un poco dudosa.

Cherry se sentó frente a la batería y Mistery se colocó delante del micrófono con la guitarra cruzando su pecho. Fue todo lo que tuvieron que hacer para que las miradas se enfocaran hacia ellas. La pelimorada sintió que se le ponían rojas las orejas.

-Mistery, ¿Estás bien?- le preguntó Cherry desde atrás.

-Sí, sí. Empecemos- apresuró con movimiento acelerado que le hizo golpear la boca con el micrófono y se escuchara un estridente ruido que Brawley menguó desde los controles.

Ella tragó saliva forzosamente tratando de ignorar que eso pasó, viendo al pequeño público esperando la actuación y ella acomodó las manos a la guitarra, equivocándose apenas en la primera nota, escuchándose un ruido que hizo tapar los oídos.

-¿Mistery?- insistió Cherry.

-No puedo- se lamentó volteándose a ella.

-¿Pero de qué hablas?- se confundió -. Has actuado antes. ¡Con multitudes más grandes!
-Lo sé pero estaba en una banda. Con Ringo, Brawley y Flash- sacudió la cabeza -. Ahora soy vocalista principal y estoy sola.

-¿Yo que soy? ¿Parte del arreglo floral?

-Me refiero que estoy adelante sola.

-Entonces ven junto a mí- ofreció. Mistery se movió cerca de la batería. -. ¿Mejor?

-Algo- confesó aún con gesto dudoso.

-¿Recuerdas el juego que inventamos en una tarde aburrida?- comentó -. De improvisar una y una estrofa hasta formar una canción- Mistery asintió y la peliverde sonrió -. Entonces juguemos.

-¿Ahora?

-Somos buenas en eso- animó con confianza -. Estamos en la boda de Twilight y Moon White. Al pensar en ellos y todo lo que pasan, ¿Qué inspira?

-Inspira…- habló -…a que los pobres necesitan unas vacaciones en una isla remota, lejos de todo- pensó un momento -, en el sol- exclamó y Cherry tiró una risa con un asentimiento.

-Cierto. Entonces cantemos una canción que describa todo lo que eso representa. Tú dame una entrada.

Mistery la miró un momento, para volver a ver hacia a todos. Suspiró y cerró los ojos llevando los dedos entre las cuerdas. Entonces empezó a dar forma unas notas, al principio sin sentido, pero que fue armonizandose hasta que empezaron a componer una melodía.

Cherry movía la cabeza delante y atrás rítmicamente, y acompañó esas notas al compás de los tambores, seguido de los platillos. Mistery sonrió al percibir cómo se encajaban la improvisación de ambas, sintiendo el ritmo paseándose por sus venas y formándose palabras que le recorrían de la cabeza al corazón. Abrió los ojos y acercó los labios al micrófono.

-Cuando estás de vacaciones, no encuentras las palabras para decir- entonó pausada y suavemente -, todas las cosas que vienen a ti y quieres sentirlas también- cambió las notas para llegar a un coro que le siguió enseguida su amiga -. En una isla en el sol, estaremos jugando y divirtiéndonos, y eso me hace sentir tan bien y no puedo controlar mi cabeza.

-Cuando estás en un mar dorado- le llegó el turno de Cherry -, no necesitas de los recuerdos, sólo un lugar para ser tú mismo. Mientras flotamos en la zona. En una isla en el sol- corearon- estaremos jugando y divirtiéndonos, y eso me hace sentir tan bien pero no puedo controlar mi cabeza.

-Escaparemos juntos- puso más fuerza en su voz -. Derrocharemos el tiempo por siempre. Nunca más nos sentiremos mal- alargó la última nota y tocaron una parte instrumental en una pequeña pausa de voces.

-En una isla en el sol-coreó Cherry seguido de Mistery -. Estaremos jugando y divirtiéndonos, y eso me hace sentir tan bien y no puedo controlar mi cabeza.

-Y nunca más nos sentiremos mal.

-No, nunca.

-En una isla en el sol…

Dejaron de tocar, aún con aquella sensación recorriéndoles el cuerpo de lo que habían creado, hasta llegar a quemar en sus pechos. Habían tocado antes, pero siempre con diferentes personas, pero nunca habían sentido tanta conexión musical como en ese momento, tocando juntas como dúo por primera vez, para ser eufóricamente aplaudidas por todos precipitadamente. Ambas miraron impresionadas los emocionados rostros de todos, algunos con una mano a la altura de su pecho con una sonrisa conmovida. Tenían que tocar la canción para la pareja en la recepción.

-Siento el corazón ardiente- le dijo Mistery hacia Cherry.

-Yo también- le exclamó, para sonreír -. Somos Heart on Fire- sonrió en alto a la par de Mistery, que se dio vuelta y volvió a improvisar nuevas notas,en un riff más rápido y cargado, seguidos del continuo golpeteo de las baquetas de Cherry contra los tambores, y empezar una nueva canción con la emoción de los demás, en oír otra canción más, esta vez ya no una balada sino más movida.

No importaba el pequeño público. La emoción que se compartía era genuina.

Atravesando la puerta, llegaron Lyra, Derpy, Golden y Sweetie Drops, encontrando a los invitados aglomerados en donde se oía la música.

-¿Son Mistery y Cherry?- interrogó Lyra divisándolas. Sweetie sonrió con la mirada fija en la entusiasmada tocada de Cherry.

-Sí, lo son- contestó sin apartarle la mirada.

Lyra recorrió la mirada entre los invitados, y pudo identificar a Marble. Pensó un momento y miró a Bicmac, mirandola de lejos y apartar la mirada de nuevo hacia la banda cuando Pie levantaba los ojos hacia él. Desde el baile andaban en esa danza de mirarse sin hacer nada. A este paso, ninguno iba a ceder.

Lyra se alejó de sus amigas con una sonrisa y se dirigió hacia Marble.

-Tocan bien, ¿no? - le dijo pero la chica se sobresaltó a un lado por tomarle en sorpresa su acercamiento, que se limitó en asentirle con una cohibida sonrisa. -. ¿Sabes algo?- le dijo -. Cuando termine el verano, Bicmac se irá a la universidad a otra ciudad- miró con atención la congelada parada de la joven, que dejó caer sus cejas, obviamente entristecida, instintivamente echando su vista a él, sintiéndose aún más apesadumbrada . Aún no es tarde-exclamó y ella la miró atenta para encontrarse con la amable sonrisa de Lyra -. Si lo quieres en serio...eso no será impedimento. Por eso, da tu primer paso, antes que en verdad lo sea. Tú puedes hacerlo- alentó con una mano en su hombro -, y cuando lo hagas...procura que pueda verte a los ojos- aconsejó mirando el largo mechón que le cubría media cara, sin que Marble la dejé de mirar ensimismada. Lyra la dejó con lo que pensar, y volvió con sus amigas sin deshacer su sonrisa.

El que no haya funcionado su relación, no quería decir que no quisiera verlo feliz.

...

-¡Hoooolaaaa!

-¡Hoooolaaaa!

-¡Hoooolaaaa!

-¡Hoooolaaaa!

Cantaron ascendiendo una nota cada uno asomando la cabeza a la habitación, como si fuese un grupo de acapella.

Eran Caramel, Soarin, Flash y Thunderlane, todos usando un formal terno negro con un decorado de flor color lavanda en el bolsillo del saco. Moon White los vio con sorpresa mientras se adentraban.

-¿Nervioso hasta vomitar? Yo lo estaría- sonrió Soarin. Él pestañeó.

-No quiero ser grosero…

-Neh. Ya nos acostumbramos a eso-exclamó Thunderlane relajado.

-Quiero decir, ¿Por qué están aquí?

-Somos caballeros de la corte y nosotros nos encargamos de escoltarte hasta la boda- respondió Caramel hacia él para desviar su atención al espejo y erguir su parada a cerciorar a que todo todo estuviera en su lugar en su traje.

-Además, ¿no somos amigos? - acusó Flash con una ladeada sonrisa.

-Y esta vez no te nos escaparás como en el centro comercial, ¿cierto?- comentó Soarin para reír todos. -Jejeje. No. En serio. Hablaba en serio- aclaró -. si te escapas esta vez no viviremos para contarlo. Y lo digo por Rarity- miró a todos -. Se ha tomado demasiado en serio los detalles de la boda. Escogió incluso el color de nuestra ropa interior...eso es extremista…- y todos se estremecieron. Moon White dejó relajar su expresión.

-No. No me voy a escapar- se prestó en sonreír, más cómodo con su presencia. Era diferente a esa vez que salieron al centro comercial. Se había acostumbrado a sus personalidades y sí, peculiaridades.

-Sí, sí. Todo genial- se asomó Thunderlane por fuera de la puerta con demasiada atención. -. ¿Alguien podría…?

-¿...hacer salir a Applejack? - adivinó Caramel -. Hazlo tú mismo. Ni que sea la primera vez que la veas bien arreglada.

-¡Pero no como dama de honor!- se defendió volteando el rostro -. ¡Es diferente! ¡Es...es...dama! ¡Y de honor! ¡Dama de honor!- volvió a ver hacia fuera -. Si chocamos por "accidente" todo se vuelve natural. Pero si voy, tocó la puerta y le digo "hey, Applejack, asoma tu linda presencia que Thunderlane te guarda mucho amor que tiene que dar ", será forzado.

-Claro...porque ese es el problema de tu plan- exclamó Flash sarcástico.

-Applejack tiene mi total admiración si aguanta a este loco- rió Soarin en comentario.

-Yo le tengo mi total pésame- exclamó Caramel para risa del resto.

-Ja ja ja- entonó sin ganas Thunderlane cruzando de brazos hacia ellos-. Ustedes qué han de entender- exclamó para apoyarse en Moon White, que le echó un movimiento de cejas -. Sólo él puede estar peor que yo de impaciente. Es decir, verá a la chica de sus sueños vestida de blanco, a punto de caminar hacia ti, entregando el resto de sus días a pasarlo a su lado, con todo el mundo mirando su compromiso de amor, para convertirse en su compañera de toda la vida, la que será la madre de sus hijos y verá el mismo rostro cada mañana al despertar y podrá entrar al baño aunque ella esté adentro y se mezclará sus ropas con la suya, y pasarán cada fiesta juntos, y…

-Thunderlane- lo calló Flash repentinamente.

-¿Qué?- exclamó desentendido-. Yo…- decía para recién pasar la mirada al rostro de Moon White, que había quedado con la mirada absorta y vidriosa a punto de caérsele una lágrima que rodó rozando por su rostro y caer sobre su pecho. Entonces reaccionó mirando a todos para dar la espalda dando unos pasos.

-Oye- sonrió Soarin comprensivo -. No te preocupes…

-Sí, yo lloraría como un niño ese día- exclamó Thunderlane.

-Estás emocionado- agregó Caramel -. No hay que avergonzarse, ¿cierto?- dijo para todos, quienes asistieron dándole la razón.

Moon White siguió dando la espalda en el silencio que se cierne, con la mirada retraída y melancólica, para darse la vuelta precipitadamente y pasar de largo entre ellos y salir de la habitación.

Golpeó seguido a la puerta que se oía el mezclado ruido y habladuría de las chicas, que al segundo abrió Rainbow.

-¡Hey! -reclamó dejando la puerta muy entreabierta que sólo se vea su ojo -. No puedes ver a la novia aún.

-¿Es Moon White? - alzó la cabeza Twilight enseguida.

-¡No, no, no, no salgas!- la retuvo Rarity alarmada colocando las manos sobre los hombros -. Si te ve en vestido de novia…¡Será de mala suerte!-exclamó con dramatismo y Twilight la quedó mirando para afirmar su expresión.

-Nosotros creamos nuestra propia suerte-exclamó con confianza y se apartó caminando de prisa hacia la puerta.

Rainbow se hizo a un lado y entonces ella abrió toda la puerta.

La mirada de Moon White se abrió, suavizándose por completo dando pasos atrás del propio impacto al contemplarla vestida de novia.

La miró con los ojos dilatados, de arriba abajo, cada detalle del vestido, la caída de su velo, cada pizca de piel expuesta, cada parte de su rostro, hasta mirarle profundamente a los ojos, como broche de oro. Sus ojos firmes, feroces y sensibles. Todo un mundo a su vez. Y en ese momento estaban grandes, cálidos y muy dulces, mirándolo, igual de maravillada.

Twilight no se había quedado atrás, deslumbrada por el traje que modelaba. La forma en que se acomodaba su cabello negro azabache. Sus hombros se veían más grandes. Un porte que le desconocía estaba ahí. Sentía que no podía mirar a nadie más como lo hacía con él. Tan devota y fielmente. Nunca le había importado realmente lo que usara o dejara de usar. Sentía que era irrelevante. Pero verlo en ese elegante traje de colores que hacían irradiar brillantes el grisáceo de sus ojos, sentía que era y será la ropa preferida que le vería puesta en toda su vida. Se procurará de recordárselo. Verlo vestido para casarse, para aceptarlo como su eterno complemento, será su ropa, momento, pensamiento, recuerdo, y tesoro favorito de él que despilfarrará todo un mar de sentimientos y emociones.

Moon White no podía mover ni un músculo. Era demasiado hermosa. Perfecta. Que por un momento le pareció irreal, que era el "Ella" que le había asegurado su padre que encontraría. Ella era de quien se había enamorado con absoluta entrega. Sobre muchas cosas. Por eso cuando la vio moverse enfrente con pausados pasos, él empezó recién a recordar cómo moverse, atraído como un imán hacia ella.

Twilight alzó las manos hacia adelante y él sus brazos. Ella deslizó sus palmas delicadamente a lo largo de ellos. Moon White hizo lo mismo, rozando sus manos en su piel, hasta alcanzar sus codos y despacio, la atrajo a él. Twilight desapareció la distancia en flotantes pasos y encajó su silueta con la suya, aferrados de entre sus brazos con la mirada encima del otro.

Ella pestañeó despacio y él cerró sus ojos, para rozarle los labios y abarcar lento su boca en un delicado beso, suave y terso, por primera vez en toda lo que iba la mañana, llenándoles de una profunda paz interna, que cuadraba todas las piezas y que viniera todo lo que debía de venir. Sellar todo lo que habían decidido.

Twilight alzó sus manos abarcando sus hombros mientras sentía que la rodeaba por completo desde la cintura, ligeramente inclinandola hacia atrás, sosteniendola en equilibrio. La forma en que la sostenía, tan firme y protectora, le hizo sentir como nunca caería así estuviese al borde de un precipicio. El beso era un analgésico. Un anestésico que adormeció todo el dolor previo y hacer llegar una calma, para hinchar su corazón de sólo amor, para poder finalmente sentir esa ilusión de que estaban por jurarse amor por siempre.

Por fin se sentía como una novia a punto de casarse.

Ligeramente se fueron separando. Él la vio aún sosteniéndola y ella se sintiera con el exclusivo derecho de que permanecía ahí, entre sus brazos.

-A partir de ahora- exclamó él- todo lo que haga, siempre será pensando en ti.

-Moon White- alzó una mano a su rostro mirándolo con fijeza. Él se la tomó y la besó, juntándola con la suya con una sutileza que le hacía lucir su lado más blando, sólo para ella-. Jamás dudaría lo contrario-le exclamó con la mirada prendida a la suya, que quedó en una quietud difícil de descifrar, perdiendo de a poco su blandeza.

Él la sostuvo un momento más y la incorporó despacito para dejarla en pie.

-Lamento haberte visto antes de tiempo.

-No lo lamentas- acusó alzando la comisura derecha de su labio, que Moon White se deleitó en mirarle y deslizó el dedo índice en él, haciéndola ruborizar.

-Es verdad- sonrió abiertamente, divertido -. No lo hago.

Twilight sonrió también para abrazarlo tirando una risa que le contagió a él, riéndose suavemente juntos hasta apoyarse en el cuerpo del otro, y él la sujetaba como solía hacerlo desde la cintura y la levantaba a pocos centímetros del suelo, de un lado a otro en un amortiguado grito juguetón que se mezclaba en risas por parte de ella, aferrandose más a él mientras la falda del vestido se soplaba por el movimiento.

-¡Me mareas!

-¡No te escucho!

-¡Claro que sí!

-¡¿Dijiste algo?!- se hizo el sordo.

-¡Moon White!- se quejaba ahogada en risa escuchando la suya enredada a la de ella, como una linda música para bailar. Él hundía su rostro al cuello sabiendo que le provocaría cosquillas, y Twilight lanzó un alarido bullicioso buscando provocarle lo mismo, sonriendo hasta que le doliera el rostro.

A su alrededor, se reunían saliendo de los cuartos tanto el grupo de damas como de caballeros, para verlos jugando entre ellos sin importarles si tenían público presente.

-Se ven...felices-exclamó Fluttershy con una delicada sonrisa conmovida que se contagiaba en los demás.

-¿Alguien sabe con qué se combate la mala suerte?- exclamó Rarity completamente preocupada.

-No creerás en eso en serio, ¿no?- comentó Applejack para mirar hacia los chicos y ver a Thunderlane desde lejos, que al chocarse la mirada de ambos, ella alzó una sonrisa con atenta mirada hacia él, pasando su vista a su traje.

Lo que lo hizo sonrojar por completo a la vez que la veía arreglada con el vestido de dama, el cual hacía lucir del pecho hacia arriba al intemperie, lo más descubierto que le había visto hasta ahora casi oyendo un coro celestial alumbrándola desde arriba, provocando que el rostro se le pusiera completamente colorado y se entorpeciera al punto de retroceder precipitadamente e ir pisando los pies de Soarin, provocando que perdiera el equilibrio y se tropezara con Caramel, que cayó de lado contra Flash y éste se tambaleara hasta caerse quedando todos en el suelo a excepción de Thunderlane, aún más expuesto más de lo que estaba entre la invocada miradas de todos, incluyendo la de Moon White y Twilight.

-¡Debí decirle sobre el amor que tenía que dar!- se quejó muerto en vergüenza.

-¡¿Qué?!- torció el gesto Rainbow para escuchar una divertida risa que venía de Applejack.

-Debes ver tu cara- seguía riéndose la vaquera lanzándole una tierna mirada que lo hizo sentirse a gusto de nuevo.

-Definitivamente, esa chica tiene toda mi admiración- exclamó Soarin desde el suelo y todos asintieron dándole la razón, para empezar a reír con los demás.

-Sí jajajaja es gracioso porque es verdad jajajaja- comenzó a reír alguien más que hizo a todos interrumpirse. En especial Pinkie Pie.

Repentinamente, entre todos, estaba vestido para la ocasión, Cheese Sandwich, que al invocarse un silencio escuchándose sólo su risa, él se detuvo mirándolos.

-¿Qué? ¿Tengo queso entre los dientes?

-¡Cheese!- chilló Pinkie Pie -.¿Eres tú? ¿Realmente eres tú? ¡¿O eres una copia barata?!- tiró en sospecha con un entrecejo.

-Oh, cielos- se preocupó -. ¡No lo sé! ¿Cómo sabré que soy yo?

-¡Di algo que sólo el verdadero Cheese puede decir!

-Eh...que… ¿en realidad soy intolerante a la lactosa?

-¡Eres Cheese! - se le tiró encima robandole un beso haciéndolo caer y ella no dejara de abrazarlo haciendo que flotaran corazones, mientras el resto aún reaccionaban de su presencia.

-Cheese…¡¿Cómo rayos llegaste hasta aquí?!- reaccionó Flash como el resto de sus amigos , con una desprevenida sonrisa alegre que cuando él se incorporó, con Pinkie aún abrazandolo aferrada como un monito a un árbol sin que pudiera borrar su enorme sonrisa.

-Anoche alguien me envió boletos de ida y vuelta para que pueda llegar a la boda a tiempo y visitar a mi pastelito-exclamó pasando su mirada a Pinkie que estaba euforicamente feliz al igual que él y se restregaron la nariz en un beso esquimal.

-¡Esa soy yo!- rió ella.

-¿Pero quién?- preguntó Rarity.

-El remitente era desconocido.

-¿Entonces...aceptaste boletos de avión de un desconocido? - arqueó una ceja Caramel.

-¿Qué es un desconocido que solo un amigo por conocer?- exclamó entre la no tan segura mirada de sus amigos. Entrecerró los ojos -. Además, estoy 99.99% seguro que fue…¡Deshuesado!- levantó el índice en alto con acusación.

-...- se lo quedaron mirando sus amigos. -. ¡Cheese!- exclamaron al unísono echando risas para esta vez ser ellos que lo rodearan en bienvenida.

-Ya hacía falta esas locas ocurrencias- rió Soarin.

-¡Sí, sólo teníamos las tonterías de Thunderlane y no es lo mismo! -exclamó Caramel.

-Sí, es cierto- daba la razón el propio Thunderlane para caer en cuenta -. ¡Oye!- se quejó para risa de los chicos, animados de volverse a ver el grupo completo, enredando sus voces y risas, entre la entretenida mirada de los demás.

-¡Suficiente!- interrumpió Rarity mirando el reloj-. ¡Faltan quince minutos para el mediodía y hay que estar antes que los invitados en el prado, así que andando!- apresuró con continuas palmadas hacia los chicos que se movieron enseguida a lo largo del pasillo, mientras sacaba su celular-. Yo debo volver para movilizar a todos hasta el prado. El que se quedó, se quedó.

-Nos vemos en el altar- le dijo Moon White a Twilight besando sobre su pómulo.

Ella sonrió y el rostro le resplandeció. Con haberse visto, ahora no podía esperar por llegar al altar.

-Sí. Nos vemos. ¡Yo seré la de blanco!-exclamó con voz acelerada de la propia emoción y se sonrojó de su tonto comentario, que hizo que la mirara -. Olvida lo último…¿sí?

-Jamás- le guiñó el ojo y ella ladeó la sonrisa para volverlo abrazar. Él le devolvió el abrazo.

-Todo estará bien- le prometió con un tono diferente de voz para alzar la mirada con una asegurada mirada -. Tú estarás bien.

-Yo lo sé- le dio la razón abrazándola por un instante más, recordar el olor suave de su perfume y tomar distancia para lanzarle una última mirada, como si algo lo retuviera realmente a separarse de ella, hasta forzarse a darse vuelta del todo y desaparecer del pasillo.

Twilight quedó parada mirando por donde se iba, con las manos juntas entre sí.

-Te lo prometo- volvió a decir en un hecho, con más seriedad y tono de voz más profundo.

...

¿Cómo es, no volver a sentir? ¿Haber perdido, después de intentarlo? ¿Perder la esperanza en todos y sentir que en quienes confiabas, eran tus enemigos? ¿Así es como se siente encapsular el corazón, para que nadie pueda volverte a lastimar, ilusionar y traicionar? ¿Por qué le sabía tan familiar, esta desilusión?

Eran preguntas que daban vueltas como carrusel por la mente de Trixie, echada de lado en la cama que solía ser de Sunset Shimmer. Desde que escapó de la fiesta de Fluttershy y se recluyó allí, no se había levantado para nada. Ni siquiera se dio cuenta en qué momento su padre se había ido y dejado ahí tras echarlo. Pero no se sorprendía. En la últimas horas, ni había sentido la presencia de Zephyr. Era como si nunca haya existido. Que nunca estuvo ahí. ¿Tal vez ya no estaba ahí? Y le parecía lo mejor. Porque era otra traidora que se volvió su enemiga.

El sonido de la puerta se abrió y un olor a perfume se filtró por la habitación. Trixie presionó sus puños, endureciendo más el rostro y la mirada.

-No puedo creerlo…- farfulló, irguiéndose para ver a Celestia y Luna bien arregladas y vestidas-. ¿Van a ir? ¿Irán a la boda?

-Trixie…- decía Luna.

-¡Van a matarla!- gruñó -. ¡Van a matar a quien acogieron como su propia familia! ¿Y ustedes van a apoyar a sus verdugos?

-Trixie- repitió Celestia, tratando de mantener esa calma que tanto la representaba -. No estás siendo justa.

-¿Yo soy la injusta?- reprochó -. ¡Trixie no es la que forma parte de una verdadera injusticia contra un inocente!

-No es fácil para nadie. No lo es para mí- admitió con un gesto de dolor que aspiró para mantener el semblante mientras su hermana le tomaba de la mano en empático apoyo -. Sunset fue…es…- agitó la cabeza, no sabiendo bien cómo referirse -…alguien que protegí como si tuviera mi sangre pero…- parpadeó, sumida en su interior, se le quebró la voz bajando la mirada mientras Luna la rejuntaba con mismo sentido rostro, como si no hallaran palabras.

Entonces Celestia se movió hacia el escritorio y sacó un cuaderno de tapa dura. Lo miró dando la espalda un momento para darse la vuelta y ver a Trixie.

-Sunset siempre le escribía a Twilight, pero incluso ella tenía su propio cuaderno para escribirse a sí misma- caminó hacia ella pasando las manos por sus ojos -. Un día como tú, simplemente entré a la habitación y ver sus cosas. Tratar de recordar como era sentirla cerca…- meneó la cabeza-. Entonces encontré este cuaderno- lo levantó en alto con media sonrisa -. Es un especie de diario. Tiene pensamientos, canciones, reflexiones sobre el mundo. No me atreví a leerla toda, me salté a ver la última página y…-le estiró el cuaderno-...creo que le hubiese gustado que lo tuvieras tú.

Trixie la quedó mirando con los ojos vidriosos, para luego ver el cuaderno entre sus manos. Lo tomó y sintió una electricidad invadir el cuerpo. Fue casi como si le estuviese tocando su mano. Firme, suave y cálida. El agujero de su pecho se expandió y se le desbordaron las lágrimas.

-Por favor- suplicó Trixie con la mirada aguada, apartándose de la cama -. Por favor, estén de mi lado- rogó con desesperación -. Por favor, ella nos necesita. Lo sé. ¡Lo siento!- llevó una mano contra su pecho con las lágrimas desbordándose de sus ojos -. Por favor, por favor…por ella. No lo hagan por mí, sino por ella…

Celestia no pudo más y se echó a abrazarla con fuerza. Se dejó llorar con ella, aún si arruinaría el sencillo arreglo de maquillaje de su rostro. Luna se quedó en su lugar con la mirada gacha, compartiendo unas mismas lágrimas, en silencio.

-Me da tanto gusto, que se hayan querido mucho- expresó Celestia entre lágrimas, para separarse y sonreírle con melancolía -. Sunset fue muy feliz en descubrir en ti algo que le hacía falta- le pasó las manos por las mejillas húmedas -. Sunset quiso mucho y fue muy querida…es lo que me puede reconfortar…que conoció la felicidad conmigo y Luna, con las rainbooms, y contigo….

Trixie no dijo nada, quedándosela viendo con una horrible sensación de frustración, que la hizo apartar desviando la mirada abrazando el cuaderno contra su pecho. No podía seguirla viendo. No quería que viera la rabia con la que la vería.

-No estás sola Trixie- comentó Luna mientras Celestia retrocedía hacia ella en su encuentro calmando su llanto -. Mucho menos en estos momentos.

Por la forma en que lo dijo, hizo que Trixie la mirara con sospecha, más aún con la expresión que ellas le entregaron y se retiraron de la habitación.

Trixie se quedó ahí de pie, escuchando la puerta de entrada cerrarse. Se habían ido, pero aún así, no sentía que fuera la única dentro de la casa. Trixie caminó así sintiera que sus piernas estuvieran de cemento, para salir hacia la sala y aferrarse en el muro, al ver a sus padres sentados en un mismo mueble.

Magical y Serverus se levantaron al mismo tiempo del asiento, con los ojos tan abiertos como faroles sobre su hija. Por un lapso de tiempo, los tres se quedaron parados mirándose, como si el piso fuese de cristal y un paso, se rompería y caerían al vacío.

-Trixie…- fue Magical la primera en romper ese tensionado ambiente -. Querida. Lo de tu amiga…lo siento mucho- murmuró con semblante triste -. Ven con nosotros. Hablemos- sonrió tenuamente -. Como familia que somos.

Trixie clavó su mirada sobre ella, y secamente pasó la vista a la de su padre, mudo, pero a la expectativa.

-¿Familia?- masculló ella con amonestación -. ¿Ahora sí, somos familia?- replicó con una desagradable mueca en su rostro que se endurecía -. ¿Ahora sí quieren darme una familia?- acusó, cada vez su voz más brusca -. ¡Pues yo no quiero ser su familia!-exclamó con resentimiento-. ¡No pueden sólo venir aquí, soportándose, para decir que somos una familia cuando apenas recuerdo cuando lo fuimos alguna vez! ¡Tú no sabes nada!- acusó sobre Magical -. ¡Crees que puedes actuar como si lo supieras todo y que nunca nada ha pasado! ¡Como si siempre estuviste ahí cuando tenemos toda una década que nos separa!- lanzó la mirada sobre Serverus -. ¡Y tú, estoy cansada que siempre me hagas ilusionar de que todo será distinto pero siempre terminas siendo el mismo hombre egoísta que le pesa ser un padre para mí!- tembló cerrando fuerte los ojos lanzando la mano -. ¡Los odio!- se desahogó y la palabra cayó tan pesada tanto sobre ella, haciéndose daño de sus propias palabras, sin pensar el daño que podría hacerle a quienes le fue dirigido.

Serverus y Magical no pronunciaron palabra, afligidos ante sus reclamos, siendo contemplados por la agitada respiración de Trixie que sin que ella misma supiera, esperaba una reacción de alguno. Algo. No sabía qué sentir, ni decir, mucho peor qué hacer. Tenía ganas de transformarse y lanzar una esfera para huir de ahí, pero no se atrevía. No quería verlos, pero tampoco quería irse. Estaba muy confundida, resentida y adolorida. Muy inmadura. No era justo que ahora tenga la atención que tanto quiso de los dos. Que estuvieran juntos para estar con ella en lugar de peleas y hablarle cada uno por su lado. Quería rechazarlos para hacerlos sentir mal, para que sean ellos lo que se sientan a un lado en lugar de ella. No era justo…nada era justo…

Su interior era una marea incontrolable.

-Tenía una gabardina púrpura- quebró el incómodo y tensado silencio la voz de Serverus. Trixie enfocó su mirada en él, que se mantenía con la mirada distanciada. No la miraba. Trixie no sabía de lo que estaba hablando, pero en cuanto pronunció palabras, Magical sintió como si desaparecía -. Sobresalía entre toda la calle. La miré y dado un momento, ella me miró. Dijo ser una ilusionista- sus ojos pasaron mecánicamente a los de Trixie -. Fanfarroneaba ser la mejor de Las Vegas. Yo había ido a apartarme de responsabilidades, familia, obligaciones. Y Era una chica linda diciendo que era ilusionista. Creí que estaría vestida como esas despampanantes asistentes de magos. Por eso fui.

Magical frunció el ceño desencajando la boca, realmente incómoda. Ese detalle no lo sabía.

-¿Por qué no me extraña?- comentó con un movimiento de cabeza mirando hacia arriba, como si allá flotando había algo mejor que ver. Era raro ver a tu ex a los ojos después de un comentario como ese.

-Era Las Vegas- contestó, igual mirando hacia otro lado -. ¿Qué esperabas que pensara?

-Supongo que decepcioné tus expectativas.

-El traje aun así tenía mucho brillo. Demasiado. Y tu cabello…

-Eran los noventas- se justificó.

-Y estabas tan inquieta en el escenario. Movías muchos los brazos. Eras coqueta, presumida y te creías la gran cosa cuando estabas allá arriba.

-Era la ilusionista mejor pagada del resort. ¡Podía darme ese lujo!

-¿Y sólo yo era el petulante?

-Supongo que sólo un petulante puede aguantar a otro hasta que explotan.

A esas alturas, ya se habían visto a la cara que al darse cuenta, se la volvieron a apartar.

-Cuando terminó el show pensé "qué mujer tan irritante".

-Salí al público a buscarte. Te habías ido.

Empatados. Ese dato tampoco lo sabía Serverus por su parte.

-Pasé la hora más incómoda de mi vida- se quejó él.

-Pensé que eras demasiado estirado para mi- se quejó ella.

-Y tú muy extravagante- dijo para mascullar-Pero no dejé de pensar en ti.

-Yo tampoco- se cubrió la cara con la mano, fallándole la voz.

Serverus levantó los ojos hacia Trixie, que se había quedado completamente desorientada en el flujo de la conversación con una incomprensible mirada. ¿De qué hablaban? Se suponía que se conocieron en un picnic de beneficencia…¿no?

-Tu madre era la mujer más feliz que haya visto- continuó hablando, ignorando que a solos unos centímetros estaba Magical cubriendo más el rostro y agachándolo. -. Un par de noches siguiente, le envié una tarjeta a su camerino.

-Me la enviaste con un gran ramo de flores- corrigió sin destapar la cara -. Eran claveles…

-La invité a desayunar- la siguió ignorando, sólo mirando a Trixie -. Esperaba esa mañana en una mesa cuando escuché un ruido- se interrumpió al escuchar una entrecortada risa de Magical, que se apartaba la mano alzando el rostro completamente contorsionado y emotivo -. Se había caído.

-Me rompí un tacón- apostilló.

-Se dobló el tobillo.

-Me negué irme a recostar.

-Y desayunamos en la mesa…

-…con mi pie alzado a una silla con hielo.

-Hablamos.

-Tu padre había ido a Las Vegas sin querer apostar- arrugó el ceño entre parpadeos aún mirando a la nada -. ¿Quién hace eso? ¡Ni los abuelos se pierden de apostar!

-Esa noche nos volvimos a ver para ir a los casinos.

-Fue divertido.

-Magical- acusó, aun sin mirarla -. Perdí 15.000 dólares ese día- exclamó y ella se carcajeó echándose hacia adelante, colocando los brazos sobre sus piernas y quedarse inclinada mientras reía.

-¡Yo no fui la que quiso apostar grandes sumas la primera vez, Lulamoon!

-Esa sal que llevaste para disque la suerte sólo lo empeoró.

-Tu orgullo estaba herido-exclamó-. Querías impresionarme, lo sé. Pero lo que me impresionó fue que no te dabas por vencido. Por eso aún así fuimos a celebrar y salimos a bailar.

-El fin de semana terminó y tenía que volver al mundo real. Me fui a despedir y…- se cortó en decir. Ella carraspeó.

-Nos besamos- escupió rápidamente.

-Nos escribíamos cartas.

-Pasaron un par de meses para que volvieras otro fin de semana, y otro más para volver a vernos- agitó la cabeza-. Esa vez te quedaste una semana.

-Esa vez bebimos de más.

-...

-...

No había que ser genio para saber qué significaban esas palabras. Tampoco para que la incomodidad sea palpable en ese momento.

-Seguimos escribiéndonos- continuó ella, abrazándose para sentir su vientre, como si le fuera sensorial el bebé primogénito que había crecido dentro de ella -. Empecé a marearme mucho en las mañanas y tenía un retraso…

-Cuando me escribiste para vernos cuanto antes, ya me lo intuía- confesó y ella volvió a verlo con sorpresa-. No me preguntes, pero ya lo sabía.

-Por eso estabas tan calmado cuando te lo dije. Estiraste la mano hasta mí y te arrodillaste…

-Te pedí el matrimonio ese mismo día.

-Y yo dije "sí" -exclamó para entrecerrar los ojos, saltando malos recuerdos del recibimiento de su familia. Estaban salvando los buenos momentos -. Y luego Trixie nació- sonrió al borde del llanto -. Era tan chiquita.

-Calva- alzó las cejas con media sonrisa -. Pero nació con los ojos muy abiertos.

-No recuerdo haber visto un recién nacido con ojos tan vivos, queriendo mirarlo todo.

-Descubrirlo todo- comentó y Magical asintió.

Un corto silencio cayó sobre ellos, pero ya no era incomodo, costando un poco menos mirarse.

-Hablar sobre esto...- dijo ella -...se siente como si hayan sido otras personas.

-Porque eran otras personas- concordó.

-Y esas personas, alguna vez, desearon estar juntas por siempre- alzó la mirada hacia Trixie, ambos -. Pero lo que serán siempre, aún si también fallaron en el intento, son padres.

-Así sus hijos, digan odiarlos.

-...

Trixie enmudeció, mirándolos con los ojos cargados de lágrimas, tratando de reconocer quiénes eran los que estaban ahí, pareciéndose a sus padres, pero al mismo tiempo no siendo ellos. El gigantesco muro invisible que los separaba, no estaba. Aún si les costara verse por largo tiempo sin que sea por enojo y reproche, nada los dividía, al haberle contado su extraño romance como si habrían aventado todas las armas que quedaran, para decirle que alguna vez estuvieron locos el uno por el otro, que no siempre se detestaron y era muy joven para recordar esa época, hizo que empezara a verlos como una unidad por primera vez, aun si no estuvieran juntos. Sus padres se habían dado por vencidos de su guerra fría y dado la mano en paz, por ella. ¿Y qué hacía a cambio? Iniciar una nueva.

Y sintió vergüenza. Mucha.

Trixie se puso a llorar tapándose el rostro.

No sabía en qué momento, su madre la había hecho sentar. No en cualquier mueble. Fue en el que estaba sentado Serverus. Magical la arrimó a él mientras lloraba. Alzó sus ojos rosados hacia los de Serverus, y él la miró de vuelta, para acercarse y enredar su mano con la de Trixie, que pudiera sentir que podía apoyarse hacia ese lado.

-Nos amas, y nosotros te amamos-exclamó Magical -. No vas a echarnos como hiciste con tu padre anoche. Aún si te atreves, no nos iremos porque te guste o no, somos la familia que te tocó y vamos ayudarte, a superar lo que te lastima tanto.

La apretaron entre ellos en dos abrazos que se hizo uno, que se sintió atrapada de los muros más cálidos y reconfortantes que pudiesen existir.

Y Trixie se sintió en hogar por primera vez en mucho tiempo en su vida, que podía sentir de verdad, que todo sería diferente después de tanto.

-Lo siento…- sollozaba descorazonada abrazando a su padre y él la recibió tranquilamente -...lo siento mucho. Lamento haberte echado. Y no los odio.

-Lo sé, Beatrix- exclamó calmado. -. Lo sabemos.

-Es que Trixie no entiende- hipaba entrecortadamente apartandose - . Cómo pueden...simplemente dejarla ir…- azotó la cabeza de lado a lado, temblando por completo en un caos en su interior -...yo...no puedo...no quiero…es… - se ahogó sosteniendo su pecho como si se le saliera el corazón. -. No entiendo...no entiendo cómo…- quebró más en llanto-...no entiendo...por qué me cuesta más…por qué me duele más…

-Yo entiendo- exclamó de pronto la voz de Serverus, sorprendiéndola que hizo verlo con sus ojos hinchados de lágrimas. Él intercambió miradas con Magical, que ya deducía lo que diría y no mostró oposición. Serverus volvió a ver a su hija, inmutable - . Te duele así porque estás enamorada de ella.

Los ojos de Trixie se agigantaron, petrificada. Se puso de pie en un salto.

-No… ¡no! - negó palideciendo, pero sólo provocó que el rubor de sus mejillas se vieran aún más encendidos, confundiéndola aún más -. No. Yo no...yo no soy…¡no!- jadeó mirando a su madre para que contradijera también, pero ella se mantenía con serenidad. -. Lo sabría, esas cosas lo sabes, ¿verdad? ¡¿Cómo no saberlo?!

-Porque nunca antes te habías enamorado- contestó su madre. -. Medítalo, Trixie. La forma en la que te expresas y sufres por Sunset, siempre fue exclusivamente diferente que alguien más…

-Nunca mostraste interés por alguien- exclamó Serverus con pesada resignación -. Pero da la casualidad que cuando al fin mostraste interés, fue en...Sunset- costó pronunciar.

-Pero…- titubeó a punto de estallarle la cabeza y principalmente el corazón.

-No es fácil para mí admitirlo- confesó llevando la barbilla al frente-. Yo me daba cuenta como la veías, hablabas y defendías. Se te iluminaba el rostro. Te conozco, aunque creas que no-exclamó para confesar- . Quise separarlas, incluso que no hicieras nada por ella en el…"problema" en el que está, pero sólo te hice miserable y que te fueras de tu casa- meneó la cabeza -. No me agrada Sunset. No me siento cómodo y creo que es la peor persona, o lo que sea que sea, en la que pudiste fijarte, porque te ha puesto en este embrollo peligroso- se desahogó pronunciar con voz tosca. Suspiró -. Pero ella hizo algo en lo que yo fallé, y fue hacerte sentir bien contigo misma, aceptarte por lo que eres y, hacerte feliz- la miró detenidamente, como si le pesara los ojos. Trixie tenía la mirada clavada en la de él, con los ojos aún llorosos, muda -. Yo estaba equivocado...yo lo siento, lo siento Beatrix- le costó pronunciar pero al decirlo, evidenció alivio de haberlo sacado, incluso desplomandose sus hombros como si se quitara un peso. Magical lo miraba todo el tiempo, viendo como sus capas iban siendo más livianas y transparentes. Todo con tal de no perder a su hija -. No le deseo el mal- continuó, refiriéndose a Sunset- pero me importas más tú. Porque temo que tus decisiones hagan que te pase algo que...te pierda- hizo una breve pausa mirándola a los ojos, en una constante lucha de mantener esa típica rigidez, pero era muy notorio la angustia reflejada en su rostro.

Quiso seguir hablando. Sentía ganas de seguir confesando. Pero se le trataba las palabras. Ya no salían. Levantó las manos al aire, tratando de llenar el espacio, sin éxito. Como si había hecho cortocircuito.

Cuando sintió una mano posandose a su hombro, y vio a Magical como si lanzara la toalla al ring para que recordara que no estaba allá arriba solo. Que era una pelea en equipo. De los dos. Gesto que no fue dado por alto por Trixie.

-Trixie, puedes decir lo que quieras de nosotros-exclamó Magical con un tono de voz sentido -. Incluso tener razón de nuestras fallas. Pero por nuestros propios errores sabemos lo que te decimos ahora que lo asumimos. Hay cosas en las que podemos guiarte, hacerte ver y entender, pero tú eres la que debe vivir con el peso de tus decisiones. No puedes volver al mundo tu enemigo y desquitarte con él. La ira no te llevará a ningún lado. No la salvará. Ahora estás pensando en cómo te sientes porque no entendías lo que sentías. Pero ahora te toca pensar en ella, como hacen tus amigas. Eso es amor en cualquiera de sus formas. Pensar sobre lo que esa persona necesita. Incluso sobre tus propios sentimientos.

Trixie permaneció en silencio, pero al menos había dejado de llorar. Los había oído, pero sólo podía pensar en los buenos momentos compartidos con el resto de sus amigas, y que ninguno era tan especiales y brillantes como los que tenía con Sunset.

No sabía si ellos tenían razón de sus verdaderos sentimientos, aunque admitía que sin duda, sentía algo mucho más fuerte que la palabra amistad parecía quedar corta. Pensar en Sunset siempre era pensar en cómo girar su vida entorno a ella. Tenerla tan presente y cerca, incluso proponiendo vivir con ella. La quería. De más. Y quería ser la persona que le asegurara hacerla feliz cuando volviera. Y la idea que no lo hiciera, era una enorme herida ardiente en el alma. Pensó incluso en la historia de sus padres, y que no sería muy diferente a su entusiasmo de su idea de pasar tiempo con ella.

Tal vez tenían razón...tal vez no...pero sea como sea, era inimaginable concebir que Sunset tuviera un injusto final trágico sin intentar salvarla.

De pronto Trixie se acordó del cuaderno que tenía entre sus manos y deslizó sus manos por su tapa.

Necesitaba ir dónde todo empezó, para pensar en una decisión final.

Cuando los invitados llegaron a la pradera, fueron recibidos por su belleza natural llena de flores y el color verde brillante. Los árboles altos que lo rodeaba estaban cubiertos de luces blancas y flores pequeñas. Habían dos grupos de sillas cubiertas de satén blanco, o más bien, color hueso, que tenían cintas doradas amarradas en grandes lazos que decoraba el espaldar. Había guirnaldas y flores blancas colgadas por encima de las sillas. Un camino largo blanco con bordes dorados dividia los asientos y que dirigía hacia un arco que se desborda un montón de flores enmarañadas de colores lilas y blancas, que tras el arco, relucía flotando el Corazón de Cristal, para que estuviera lo más cerca donde se prometería su amor eternamente.

Sin duda, Rarity había hechos milagros para traer la boda hasta aquí.

Era una decoración sencilla, rústica y elegante que encajaba perfecto para resaltar la belleza natural del lugar.

A unos metros tras las sillas, había una carpa blanca en donde era custodiada por las damas, pues ahí era donde se encontraba Twilight y no saldría de ahí hasta por dar inicio su entrada.

Las aves cantaban y se paseaban por el aire, como mariposas revoloteando por las flores, envolviendo a todos de una armoniosa y pacífica energía, que el sólo grato ambiente de la celebración, hacia que el Corazón de Cristal destilara más brillo de vez en cuando.

Moon White estaba con los caballeros recibiendo a los invitados. Dado que había estado con Twilight cuando fue por primera vez a Canterlot High, algunos jóvenes lo reconocieron. Él no los conocía pero recibió amablemente su presencia.

-¡Oh, con que eres el novio!-exclamó la abuela Smith cuando le llegó su turno. Moon White estaba por hablarle pero no pudo decir palabra cuando la anciana lo agarró de los cachetes -. ¡Pero si te ves como un adorno de pastel!- rió encantada.

-Ella no me pellizcó los cachetes- refunfuñó Thunderlane cruzandose de brazos, celoso.

-¡Y eres un niño!- agregaba la mujer soltandolo mientras Moon White se acariciaba el rostro enrojecido.

-En realidad tengo…

-Me recuerdas a mi hijo- lo interrumpió sonriente - ¡ja! Pero al menos me invitaron en esta- continuó hablando dándole codazos a Bicmac-. No como tu padre. Ese cabeza de manzana sin madurar me echó tierra para casarse en secreto. ¡Estaba por enterrarlo como un manzano más!- exclamó riendo para quedarse sonriendo nostálgica y suspirar -. Como sea. Espero seas muy feliz por todo el tiempo que la vida te permita compartir junto a quien ha sabido escoger su compañero de vida- deseó con una dulce bondad que lo hizo sonreír conmovido.

-Muchas gracias-exclamó y se retiraron de ahí para buscar donde ubicarse en los asientos.

Jugando con las puntas de su cabello, Marble estaba sentada con Limestone, Maud y su pareja, hasta que vio pasar a Bicmac con su abuela. Ella encerró sus manos en sus hebras cortando el aire, con las palabras de Lyra recorriendo su cabeza. Si nunca le hablaría, alguien más podría hacerlo sin ni siquiera haberlo intentado. Al menos debía intentarlo.

Cuando lo vio sentarse, ella se levantó de un salto, sin hacer caso a las interrogantes de su hermana cuando se empezó a alejar de ellas, caminando directo hacia Bicmac. Caminaba como si fuera apagar un incendio, con todo el cuerpo entumecido y robótico. Como si se evaporaría si no fuera rápida. Y entonces llegó a pararse frente a él. Bicmac alzó la mirada sorprendido mientras ella se esforzaba por emitir una palabra, lo que sea. Se llevó ambas manos entre sí, con un gesto de lucha de lo que le costaba mover los labios. Hasta que cerró los ojos con fuerza.

-¡HOLA!- gritó tan fuerte, que incluso las aves salieron volando en grupos de las copas de los árboles.

Aún tenía sus ojos cerrados con fuerza, con el rostro hecho puño. Bicmac tenía los ojos muy abiertos ante su grito, para sonreír suavizando la expresión.

-Hola- devolvió el saludo, y ella abrió los ojos de repente, mirando su sonrisa, que le hizo sonreír también de la misma manera.

-Hola- repitió esta vez más calmada, pero aún muy bajito, agachando la mirada con timidez y le estiró un pequeño papel doblado. Él lo tomó enseguida y lo abrió. Era un correo electrónico. Su correo electrónico. Y un número de celular. Su número. -. Aún…- murmuró como si se le acumularan las palabras -… ¿Aún no es tarde…?-exclamó con una dócil y delicada voz que al volver a verla, ella se apartó el cabello que le cubría medio rostro, para dejar ver por completo su delicada y muy dulces facciones que se cubrían de un rosado rubor en sus pequeñas mejillas.

Levantó sus ojos violetas claros, ligeramente temblando de los nervios y enredó sus dedos de vergüenza de ver la fija mirada de Bicmac contemplando todo su rostro con mucha admiración y sonreír ampliamente.

-Nop. No es tarde- aseguró y ambos rostros se iluminaron.

-¿Qué esperas, Bicmac? - reclamó la abuela dándole un codazo -. No dejes a una linda jovencita de pie por tanto tiempo.

Bicmac volvió en sí e hizo un gesto para que se sentara, incluso moviendo la silla para ella. Marble sonrió muy feliz y se sentó a su lado, sin que los dos pudieran dejar de verse y sonreír con una tonta risita tímida y alegre en un nuevo silencio que en vez de imposibilitar una comunicación, lo compartían abiertamente.

-¡¿Es en serio?!- se quejó Limestone habiendo contemplado todo como Maud -. ¡Se suponía que la próxima era yo!- gruñó -. ¡Al menos el ramo será mío!

-Técnicamente- exclamó de pronto Mudbriar con un lento parpadeo mientras Maud sonreía hacia él -se llama ramillete, no ramo- reparó en decir con el resignado rodar de ojos de Limestone.

Siguieron pasando invitados, y Moon White los recibía, para que el siguiente en pasar sea Time Turner junto a Derpy. Ambos al encontrarse, se vieron con cierta vacilación.

-Hola…- saludó Moon White.

-Hola…- contestó igual.

-¡Hola!- agitó la mano Derpy con emoción-. ¡Felicidades! -exclamó estirando un sobre cerrado, que Moon White lo tomó entregando una rápida sonrisa -. ¡Ábrelo!

-Ah, claro- siguió la corriente y abrió el sobre para ver una tarjeta de un unicornio rechoncho de melena de arcoiris con ojos en forma de corazones, muy afeminado, que al abrirlo, se escuchó un relincho -"Estoy relinchando de gusto por ti, felicidades"- leyó el impreso de la tarjeta con la voz más apaciguada que pudo de la incomodidad.

-Oh por Dios…-reaccionó Time.

-¿No es lindo?- preguntó Derpy con suma inocencia emocionada por su respuesta y Moon White movió sus ojos hacia ella para volver a ver la tarjeta.

-Yo...no he recibido algo como esto nunca…- arqueó una ceja -. Jamás- enfatizó.

-¡Sabía que le gustaría! - celebró sacudiendo el hombro a Time -. ¿Dónde está Twilight? ¡Tengo uno para ella! - levantó otra tarjeta.

-¡Yo se la daré! - se la arranchó.

-¡Okey!- asintió despreocupada.

-Ditzy, ¿Puedes darnos un minuto?- le pidió Turner.

-Claro- sonrió para besarle la mejilla e irse hacia las sillas.

-Me han humillado algunas veces en mi vida-exclamó Moon White volviendo a abrir la tarjeta y se escuche el relincho -. Pero debo admitir que tu novia, ha sido la más creativa de hacerlo…- exclamó para sonreír meneando la cabeza.

-Lo siento- sonrió con gracia.

-Lo siento por no entregarle la suya a Twilight- avisó sacudiendo el sobre cerrado.

-Lo entiendo- se despreocupó para ir amortiguando la sonrisa -. Entonces…

-No necesitas decir lo que ya sé- se adelantó en decir.

-Supongo que Twilight…

-No.

Time asintió con un mohín en la boca.

-Lo siento de nuevo-exclamó con un gesto. Moon White sintió pena de que aún sintiera responsabilidad por ese viaje al pasado.

-No es culpa de nadie- sonrió un poco -. Sólo pasará lo que tenga que pasar.

-Estás demasiado calmado.

-Es el día de mi boda-exclamó sonriendo con más sinceridad -. No puedo estar mejor para este día.

Se lo quedó mirando Time, para inclinarse a dar un abrazo con un solo brazo, que Moon White devolvió.

-El tiempo es efímero.

-Por eso deja disfrutar mi día.

Time dio un apretón más y se apartó para darse la vuelta a buscar a Derpy.

Moon White volteó para encontrarse con la fija mirada de Flash.

-Espero mantengas tu promesa-exclamó él y el peliazul titubeó. Moon White sólo volvió con los demás a recibir los invitados.

-¿Podrías fingir que estás feliz de estar aquí?- exclamó Sweetie Drops a Golden, que se hallaba de brazos cruzados con un tatuado ceño entre sus cejas.

-Blah- refunfuñó mirando cómo corrían las crussaders con muchas flores recolectadas del arbusto que estaba cerca de ellas, cuando de un salto se aparece Pinkie en él.

-¡Aquí estabas, Sweetie Drops!- chilló y Golden hizo un gesto, pasandose hacia otro lado.

Pinkie salió por completo del arbusto y sin decir nada, la abrazó con una enorme sonrisa.

-Eh…- decía Sweetie sin corresponder el abrazo -. ¿Por qué estás violando mi espacio personal...esta vez?

-¡Es un súper duper abrazo, tontita!

-Sí, ya sé que es un abrazo pero por qué- levantó la ceja, entonces Pinkie se apartó para acusarla con la mirada.

-Ya sé que fuiste tú- movió el índice en círculos cerca de su rostro.

-¿Fui… de qué?

-De que Cheese pudiera venir a visitarnos.

-...- frunció el ceño -. ¿Por qué crees que fui yo?

-Porque soy adivina, ¡dah!- tocó un par de veces su cabeza como si fuera una puerta. -. Además, eres la única que puede hacer eso posible. Ya sabes, con tus cosas de espías puedes hacerlo todo -exclamó retorciendo sus dedos con misterio y Sweetie parpadeó, para sonreír lentamente con una siniestra sonrisa. Pinkie hizo un gesto-. Nadie...salió herido, ¿cierto?

-No, claro que no- exclamó despreocupada para llenar de una opaca mirada su expresión-. Porque todos están muertos .

-¡Sweetie!- aspiró profundamente en pánico y ella lanzó un resoplido.

-¡Estoy bromeando!- se divirtió en decir sin que Pinkie le viera el chiste. Sweetie se rodó de ojos -. Sí, Pinkie. Fui yo. Y lo único que hice fue comprar boletos del vuelo más próximo hacia aquí y se lo envié por correo. No tiene nada que ver con métodos de la agencia.

-Ah…- parpadeó un par de veces -. ¿E hiciste eso...por hacerme feliz?- dedujo volviendo a sonreír mucho. Sweetie le miró el brillante semblante y ladeó una sonrisa.

-Me ayudaste...Queria ayudarte a ti.

-Aaaawww- volvió a abrazarla sin que le respondiera, después de todo le tenía presionado los brazos -. ¡Me hiciste muy feliz!- chilló para decir más tranquila -. Gracias.

-De nada , Pinkie- sonrió devuelta hacia ella.

-Oye-exclamó Rainbow Dash hacia Cherry, pescandola en que miraba a unos metros de distancia a las otras dos chicas -. No te has saludado con Bon...Sweetie Drops, ¿verdad?

Cherry torció la boca y se movió de lado para ver de reojo hacia dónde miraba la peliarcoiris, viendo a la mencionada con un largo vestido beige con mangas caídas a los lados de sus hombros y un sombrero a juego, en un modelo que juraría verselo en alguien como Rarity por su sofisticado, femenino y perfecto diseño para la ocasión al aire libre. Pero Sweetie siempre ha sido así de meticulosa a la hora de vestirse. Femenina y elegante. Una lady…

Cherry sintió como se le enrojecía el rostro sin querer dejar de mirarla, pero regresó la mirada en Dash que esperaba una respuesta.

-Aún no pero…- jugó con sus dedos -...es que está muy linda y…¡Solo somos amigas! - se apresuró en recalcar y Rainbow le levantó una ceja, escuchandola-. Si la saludo, bien. Y sino, tan bien. ¿Cierto? je je je- forzó una risa que sonó nerviosa pero su amiga seguía mirándola con cara de "No trago tu tontería". Suspiró-. De acuerdo. Aún siento algo por ella que sólo amistad.

-Nooooooo- se burló fingiendo sorpresa y Cherry le dio un empujón sonriendo un poco.

-Aun asi, no estoy segura si está bien para ambas dejar de ser solo eso…- confesó-.Sólo quiero tomarlo con calma, ¿entiendes? No quiero aventarme, sólo...ir despacio, y ver si las cosas se dan o no, más importante es que estemos bien…¿tiene sentido?

-Claro que tiene sentido- le sonrió colocando una mano en su hombro y Cherry le sonrió de vuelta. -. ¡HOLA, SWEETIE!- gritó de pronto en dirección a ella y Pinkie, que se voltearon a ver el grito, no sólo ellas sino medio invitados.

-¡¿Pero qué haces?!- se quejó Cherry tapándole la boca con ojos desorbitados y el rostro colorado.

-Doy un empujón- respondió apartandole la mano -. No te acercaste. Yo la saludé. Si viene, es porque le da la gana, no porque tú hiciste algo- le guiñó el ojo. Cherry no dejaba de apuñalarla con la mirada.

-¡Eres una perra!

-¡¿Y tú qué?! Lo mismo me hiciste con Quibble Pants, entrometida, ahora si estamos parejas- se rió para avisar -. Ahí viene.

-Te odio, te odio, te odio…- no dejaba de repetirle hasta callar cuando Sweetie llegó hasta ella con un tranquilo andar.

-Hola, Rainbow Dash- saludó con calma para pasar a ver a Cherry y aflorar una sonrisa mucho más encantadora-. Hola, Crash. Lindo vestido- sus ojos se entornaron maliciosamente entretenidos -. Tiene el color de tus labios- rió al verla sonrojar -. Y de tu rubor.

Rainbow se aguantó una risa para ver la pose de Cherry, muerta en vergüenza. Le tuvo quedar unos codazos para hacerla reaccionar.

-Ho-hola- murmuró levantando una mano sobre un brazo tratando de no desboronarse y que la fragancia que usaba le hacía suspirar internamente.

-Iré a saludar por allá- avisó Rainbow como excusa para dejarlas solas y se fue sintiendo la ardiente mirada de Cherry suplicando que no la dejara sola.

-Tú y Mistery- le dijo Sweetie llamando su atención-hacen un gran dúo musical.

-Gracias- respondió automáticamente mirando hacia su mejor amiga, que hablaba con Lyra y Fluttershy quién sabe de qué. Respiró hondo para poder seguir hablando -. Se...se sintió bien fusionar nuestra música- sonrió.

-¿Y van oficializar una banda?

-Nos ilusiona mucho la idea- confesó, más tranquila -. Queremos empezar a ensayar a la de ya. Incluso imponer una imagen. Tal vez viajar cuando concluyamos la escuela.

-Eso ya suena como planes para el futuro- suavizó un ceño -. ¿Eso quiere decir que no irán a la universidad?

-Creo que eso es lo mejor de todo- se rió con ganas para luego ver la mirada regañona característica de ella con un entrecejo. Cherry sonrió más relajada. -. Algunas cosas no cambian, ¿no?- dijo señalando su ceño y Sweetie se lo tapó volviendo a sonreír. Cherry miró hacia la pelinaranja, aún con mala cara -. ¿Qué le pasa?- la apuntó con la barbilla.

-No le hagas caso- exclamó-. Está enojada porque le confisqué cualquier cosa que usara como arma.

-Ah…- hizo un gesto para caer en cuenta -. Espera. Eso quiere decir…

-Que la perra volvió, sí- se divirtió en decir.

Applejack salió de la carpa a dar una vuelta por el lugar al ver quienes estaban presentes, cuando se encontró a Golden que tenía sus brazos cruzados y el rostro amargado, lo cual contrastaba el vestido color rosa pálido de falda pomposa que usaba con una joyería delicada de flores y el cabello recogido a un lado, cayendo sus ondas sobre su hombro. La rubia sonrió, pensando que parecía disfrazada o perdedora de una apuesta. Estaba segura que no era algo que ella había escogido, y caminó hacia ella.

-No te dio tiempo buscar un vestido para ti, ¿no?-comentó colocándose a su lado. La pelinaranja amargó más el rostro.

-No. Tuve que usar los de Drops-exclamó con desaprobación -. Son muy cursis. Me siento como un pastel.

-Para ser uno tienes que ser dulce.

-Un pastel envenenado sigue siendo dulce- ladeó la sonrisa para ver como se le formaba una sonrisa. -. ¿Qué?

-Nada, sólo…- rió-...me alegra que quien esté aquí, seas tú. No ese personaje que te inventaste para andar en público.

-Pues ya no tengo razones…- sonrió, ladina -...por ahora.

-Oh, Golden- se quejó-. No lo arruines.

Golden hizo un movimiento de cejas, cambiando un poco el semblante.

-Hablando de arruinar. Ya me contó Drops lo que planean hacer con Sunset-exclamó sin preámbulo, viendo como el rostro de la rubia cambiaba de color súbitamente. -. Veo que se han esforzado en camuflar ese "finísimo" detalle hoy. Está todo muy alegre. Buen trabajo- dio un asentimiento de cabeza. Applejack cerró los ojos.

-Nosotras…- dijo perdiendo cualquier luminosidad anímica, como si se haya desprendido de una máscara y Golden hizo un movimiento de lado en su barbilla mientras la oía -...nos prometimos no pensar en ello por este día. Sigue siendo el día especial de Twilight y Moon White y después de lo que Trixie dijo ayer…

-Manzanas- interrumpió, mirando su rostro -. No tienes idea de lo que eso significa- exclamó con un tono en el que la rubia la hizo mirarla fijamente.

-No. Sé lo que significa- aseguró con su mirada contrariada -. Todas. Sólo tratamos de ser buenas amigas hoy, y cada día, en especial cuando ese momento suceda.

Golden asintió lentamente, pero Applejack sabía que estaba lejos de estarle dando la razón.

-Fuiste testigo del tiroteo de tus padres, superaste un trauma, criaste a tu hermana menor, ayudas a la economía de la casa despertando cada mañana antes que el sol y que todos a atender una granja, y enfrentaste enemigos de otro mundo- deslizó los ojos a su alrededor-. Eres fuerte, sí, lo sabemos, pero todo eso no equivale a lo que deberás hacer- puntualizó en un hecho volviéndose a verla -. No sabes lo que significa tener que arrancar una vida. En especial si se trata de alguien con quien tienes una conexión emocional. Es otro nivel.

-¿Estás diciendo que no podré hacerlo?

-Puedes. Todos podemos. Somos susceptibles a matar. ¿Pero a un amigo? ¿Podrás vivir con eso?

Applejack se la quedó mirando fijamente.

-¿Has matado a alguien que te importe?- preguntó y Golden le frunció el ceño -. Dime, ¿Lo has hecho?- la vio muda, aún con ese entrecejo entre su incógnita mirada, de algo de lo que acaba darse cuenta. Applejack dejó salir una vaga sonrisa -. Entonces tú tampoco tienes idea de lo que eso significa. También está a otro nivel para ti. Entonces, si estuvieras en mi lugar, ¿Lo harías?

Golden deslizó sus ojos a su alrededor como si no hubiese dicho gran cosa, cuando sus ojos se quedaron quietos mirando a un punto fijo. Applejack se dio cuenta y miró hacia donde ella miraba.

Hacia Devious Black.

Estaba en traje. Aunque siempre lo estaba. Sentado en la última silla del final de la fila. No hacía contacto visual con nadie ni hacía el menor movimiento como para llamar la atención. Más bien, parecía nadie notar su presencia.

Pero Golden sí.

-Él está aquí para vigilar el estado de Moon White- se le adelantó en decir Applejack antes de que preguntara -. Es la condición que puso para llevar a cabo la boda.

Golden la escuchó pero no pronunció palabra, solo empezó a caminar hacia él.

-Golden- la llamó tomandola de la muñeca con una firmeza suave para atajarla -. No provoques una escena. Esta boda es…- decía para sentir como ella se zafaba de su agarre con fuerza.

-Lo sé- se limitó en decir sin voltearse y seguir caminando.

Applejack quiso ir tras ella pero se detuvo. Algo en su tono, le hizo sentir que en serio, lo sabía.

Golden se volteó colocando la mirada hacia donde él estaba ubicado, sólo para encontrarse con sus ojos directos hacia donde ella, como si la esperara. Golden endureció la expresión y caminó hasta al asiento desocupado junto a él, sin desprenderle la punzada mirada que él devolvía con calma.

-Con ese vestido- dijo Devious -pareces una tonta.

-Auch- fingió afectarle con voz monótona y vacía-. ¿Qué haces aquí?

-Lo que todos. Ser testigo de un matrimonio.

-¿Qué haces aquí?- repitió con el mismo tono. Devious la miró mejor. Tenía el semblante relajado, pero a la vez acusatorio.

-Tienes mejores cosas que preguntar que eso.

-Yo no tengo ningún asunto pendiente contigo.

-¿Entonces sabes por qué no te desconecté cuando estabas frágil e indefensa en coma en un cuarto de hospital? ¡Oh, espera!- sonrió -. Humanidad, ¿cierto? Es lo que dijiste ayer- volvió a desaparecer el buen humor -. Humanidad- repitió.

-Me dejaste vivir porque ya no me veías como lo hacías cuando me torturaste- dijo de pronto -. Frágil e indefensa- dijo con un tono más pesado -dejé de verme como una herramienta. Como un proyecto- aclaró y levantó un hombro y ladeó la cabeza, que se chocaran entre sí, con una mueca -. Sí, maldita humanidad. Por eso también sigues vivo porque créeme, te habría cortado la verga y metido a la boca apenas volviera en sí.

-Pero volviste en sí por mi y no he escuchado ni un "gracias"- sonrió sagaz por apuntar su cabeza pero Golden se levantó en ese momento, de manera que pareció echarsele encima, pero él no rompió su pose, muy seguro de que cualquier movimiento que haga, no sería algo de lo que preocuparse. La conocía como la palma de su mano. Había estado dentro de su cabeza. Le era fácil meterse en la mente de la gente y pronosticar variables. Era el talento que desarrolló con la astuta genialidad de Ingenious Force. No haría un movimiento arriesgado, no con tanta gente que le importase aunque lo negara, reunida en el mismo lugar. Aún así, ella sabía con quien lidiaba. Por eso estaba ahí. Él pestañeó con mesura -. ¿Tienes algo qué decirme, Harvest?

-Déjalos- exclamó con sequedad -. Déjalos casar.

-¿Abogando por tus…"amigos"?

-El que no quiera matarte no significa que no pueda hacerte daño- amenazó con esa dureza expandiéndose en sus ojos -. Y el que no me provoques razones para ejecutarte -aclaró sin rodeos -. Déjalos casar- ordenó y se volteó empezando a caminar.

-Eso no lo decido yo- alcanzó a escuchar con voz airada pero ella continuó caminando-. No lo decido yo- repitió para sí mismo, mirando hacia el flotante corazón de cristal.

Rarity empezó a organizar la entrada para empezar la ceremonia.

Celestia era licenciada como ministro para efectuar una unión matrimonial de validez, por lo que podía oficializar la boda.

Cuando Rarity anunció que todos se acomodaran en sus asientos para dar inicio la ceremonia, fue cuando los nervios volvieron aflorar. Moon White caminó hacia el arco en el que estaba flotando el Corazón de Cristal. Lo miraba fijamente, brillante, puro y emanando una poderosa energía entre sus constantes giros que era notable que aun sin que iniciara la ceremonia, el ambiente de la ocasión la hacía funcionar con mayor fuerza. Cuando estuvo cerca, su propio corazón se doblegó de manera extraña que no podía recordar si alguna vez se haya expresado así. Sus manos se volvieron muy frías y los músculos se contrajeron. Tuvo que reafirmar su parada al sentir la cabeza repentinamente pesada.

-Tranquilo- exclamó Celestia a medio metro frente a él, también en su posición. Moon White le alzó la mirada -. Estás donde debes estar- sonrió con esa gentileza que enmascaraba todo ese océano de emociones.

Y Moon White sabía muy bien como se sentía eso. Pero era su día. Quería ser verdaderamente feliz sin importar nada más. Y así se propuso.

-Lo sé- aseguró volviendo a ver el corazón brillando, con el cuerpo tan sensorial y sensible que pareció que el viento le iba raspando la piel.

Dentro de la carpa, había mucho movimiento. Las chicas eran revisadas por Rarity que acomodaba cualquier cosa fuera de su lugar, así sea una hebra de cabello. Pasaba sus manos por el largo de la falda del vestido de Twilight y expandía el velo cubriendo todo el cuerpo del lado de atrás.

-Rarity- la llamó en medio de su trabajo y la modista se colocó frente a ella aprovechando en mirar de nuevo que su maquillaje y peinado estuviera impecable, para ver los ojos de Twilight contemplándola-. Gracias...por todo…-exclamó con la voz muy suave. Rarity la miró sonriendo como si acababa de ser coronada.

-Eres mi amiga...ha sido un placer,no tienes nada que agradecer.

-Por supuesto que sí- exclamó abarcando la mirada a las demás-. A todas- agitó la cabeza-. Sé que no he podido ayudarlas como esperaban...que las he podido defraudar porque no tenga respuestas para todo pero…

-Somos amigas-exclamó Pinkie Pie dando pasos hacia adelante -. Estamos juntas en esto.

-En las buenas y en las malas- completó Rainbow Dash.

-Nunca te recriminaríamos nada- exclamó Fluttershy. -. somos las que más te entendemos porque tampoco supimos que hacer.

-Solo queremos que seas feliz- concluyó Applejack con una compartida mirada entre todas.

-Y yo que los sean ustedes-exclamó Twilight emotiva -. Todas- enfatizó con la mirada cargada y ellas sabían a quien más se lo decía, entonces se reunieron en un abrazo grupal, sin evitar que las lágrimas cubrieran sus ojos. -. Las quiero.

-Y nosotras a ti- correspondió Fluttershy por un lapso de tiempo abrazadas.

Al cabo de un rato, los caballeros entraron a la carpa para preparar sus posiciones.

Dama y caballero se emparejaron haciendo una fila a la entrada de la carpa que pronto se dejaría abrir para empezar a salir, dejando a Twilight para al final.

-¿Estoy bien?- preguntó Thunderlane hacia Applejack, cuartos en la fila. Ella despertó de sus pensamientos y lo miró para sonreír tenuemente.

-La corbata está un poco chueca- avisó y se acercó levantando las manos para acomodarsela.

Thunderlane dejó que le sujetara la corbata, con sus ojos verdes concentrados en su labor, cuando él se inclinó y le robó un beso, tomándola desprevenida. Ella pegó un ligero brinco y lo miró, aún con sus manos a lo largo de su corbata.

-Estás muy hermosa- le dijo él con los ojos cautivos a los de ella -. Aún hay cielos que no has visto- le apartó unas hebras del rostro-. Te llevaré a uno después de la ceremonia.

Ella lo contempló por un momento, hasta deslizar los dedos a lo largo de su corbata y dejar su frente contra su pecho, sintiendo que le cubría los hombros.

-Te quiero, Applejack- exclamó y sintió la palabra muy corta y vacía. -. En realidad, creo…

-¡Todos en sus posiciones!- anunció Rarity pasando a lo largo de la fila -. Sin amonestaciones ni excusas, ¡Listos! - apresuró para ir inspeccionando cada posición de las parejas, dando el visto bueno con un movimiento de cabeza hasta llegar al último y ver a Caramel, solo -. ¿Y tu pareja? ¿Dónde está? - se exasperó-. ¡Fui muy clara que…!

-Rarity- la llamó Caramel con acusación divertida-. Tú eres la dama que falta.

La modista dejó a medio talle su queja, para reírse ligeramente, avergonzada.

-Ah. Claro. Sí- decía colocándose a su lado, en posición.

Esperaron su señal para empezar. Twilight apretaba su ramo, tratando de recordar como se respiraba con normalidad, llegando a hiperventilar con ligeros inhalaciones. Sentía que las piernas le estaban por fallar. Tal vez apenas dado un paso iba a caer. Cerró sus ojos con fuerza cuando se oyó la música de entrada.

No era una marcha nupcial, sino una canción lenta a piano que a la espera de la señal, cada pareja fue saliendo en unos cortos pasos de baile con la que se dirigían hacia adelante, en la que quedarian cada uno enfrente del otro cada lado del camino hacia el altar.

Twilight hacía ejercicios de respiración viendo como iban avanzando Pinkie y Cheese, los terceros en entrar y que parecían acróbatas de circo por sus giros e incluso el lanzamiento de Cheese a Pinkie Pie por los aires y agarrarla sin problema en sus brazos entre más vueltas sin que se les borrará la sonrisa del rostro. Los siguientes fueron Applejack y Thunderlane, que ingresaron de frente con las manos agarradas en alto para verse el uno al otro y juntarse para levantar la otra mano y entrelazar sus dedos que al hacerlo, se dieron una fija mirada para bailar al ritmo de la balada lenta.

La siguiente fue Fluttershy que danzaba con Flash Sentry con las manos en alto entre pasos largos. Y la última fue Rarity, que mucho más grácil y teatral al bailar, para risa de Caramel, que también le gustaba lucirse. La hizo hacia atrás y Rarity levantó una pierna en alto, se irguió y se dejó alzar entre giros con una divertida risa compartida con el chico, entre el disimulado rodar de ojos de sus respectivos amigos.

Los invitados veían con una sellada sonrisa en el rostro la creativa entrada de la corte, que una vez llegaron los últimos, se acomodaron en sus respectivas filas de entre damas y caballeros, y de una bolsita de tela, empezaron a lanzar pétalos.

Ahí, fue el anuncio de la llegada de la novia.

Todos se pusieron en pie echando la vista hacia atrás, para ver el despacio caminar de la novia llegar.

Twilight tenía los ojos muy abiertos, como si caminara a través de un bucle desconocido. El corazón palpitaba golpeando su pecho. Veía todos esos rostros emocionados con sonrisas tan altas al verla pasar entre las lluvias de pétalos que caía sobre ella. Ya las lágrimas se asomaron en algunos ojos, como los de la abuela Smith y por supuesto, Cherry, que no dejaba de cubrirse la boca para no arruinar el momento con uno de sus escandalosos llantos, pasándole Sweetie lista a su lado un pañuelo que tenía otros guardados cuando tenga que Finish no paraba de fotografiar moviéndose de un lado a otro en extravagantes poses y Golden no prestaba atención por tenerla toda en la de Devious, que no hacía nada más que ver la ceremonia, impasible.

El camino era corto, pero para Twilight se le hizo eterno. Miró su alrededor de manera distraída e incluso incómoda por ser el centro de atención, cuando no pudo resistir más el levantar los ojos hacia quien caminaba, hacia quien se entregaba, hacia quien la esperaba.

Ya lo había visto, es cierto. Y él hasta incluso también la vio. Aun así, sus ojos irradiaron como joyas con propio fulgor al verlo ahí de pie, aguardándola, mirándola con repentino destello que hizo que sus ojos se asemejaran a un par de brillantes lunas plateadas. Su sonrisa le cubrió medio rostro, mostrando toda su dentadura. Una sonrisa que sólo la tendría un inocente potrillo porque no sabrían fingir sonrisas. Lo que quería decir, que la sonrisa que la recibió era la más genuina y pura que alguien le había obsequiado.

A Twilight no le cabía en el pecho espacio alguno para soportar esa sonrisa y sintió que el corazón creció de tamaño en ese preciso instante. Se hizo enorme. Le abarcaba todo el pecho. Era una sensación que le hizo acelerar los pasos. Incluso Moon White caminó unos pasos hacia adelante, como para acortar el camino, cayéndole también pétalos blancos encima, que parecían estrellas en el oscuro cielo nocturno al caer sobre el azabache de su cabello.

Él le estiró la mano y Twilight llegó levantando la suya. Sus manos se fundieron en una plácida calidez que le recorrió entera, como si se convertía una mitad de él y él de ella. Se sentía ya su esposa y apenas era el principio de la ceremonia. Al llegar a su encuentro, con el inevitable aplauso de los asistentes por ese adorable recibimiento de ambos, el corazón de cristal giró enérgicamente fulgido sobre sus cabezas en un resplandor que dejó sin palabras a los presentes. Twilight miró hacia aquel elemento embriagada de algarabía, observando el reluciente y potente resplandor del corazón llenándose aún más de esa corriente mágica, como si saltara de gusto por la unión. Podía sentir ola tras ola de la energía contenida y emanaba, convirtiéndose lo que sería el elemento mágico más poderoso de los dos mundos.

Entonces Twilight sintió muy helada la mano de Moon White. Ella lo miró y lo vio pálido, pero la sonrisa no se borraba de su rostro, incluso ganando un brillo en sus ojos que se agacharon a mirarla con esa genuina emoción entusiasta de encontrarse ahí. Ella devolvió la sonrisa, suponiendo que sus nervios no traicionaba la felicidad que sentía, y se reunieron frente a Celestia sin soltarse las manos, sonriendo magníficamente entusiastas.

Celestia les sonrió con mucha dulzura y alzó la vista a los presentes.

-Estamos aquí reunidos, para celebrar la unión de Twilight Sparkle y Moon White, que han decido, jurarse amor por el resto de sus vidas, en matrimonio. Si hay alguien que se oponga a esta unión, que hable ahora o calle para siempre.

Sólo se escuchó a lo lejos el piar de las aves del bosque. Celestia sonrió para proseguir.

Era triste, muy triste, ver lo que quedó de Canterlot High. Restos destruidos y devorados por el fuego. No en cualquier incendio que se le conozca. Sino el principio de toda la pesadilla.

Trixie contemplaba la fachada de la que fue su escuela. Le dolía hasta los huesos verla desecha y de no volver a pisar sus pasillos con el alborotado andar de sus compañeros. Incluso el hermoso césped verde de la ancha entrada estaba amarillento, con muchas zonas de tierra descuidada entre botellas plásticas y otras basuras.

Era como un escupitajo a todos esos bonitos recuerdos que habían en él, aun si no siempre haya sido así. Como si todo lo que iba de mal a peor se reflejara en el abandonado edificio echado a perder.

Estar ahí dejaba un golpe en el corazón.

Trixie mantuvo la calma y caminó pisando la seca hierba amarillenta. Pero entonces escuchó otras. Ella se giró en redondo y vio que sus padres la seguían, como sombras.

Trixie se detuvo, y ellos se detuvieron. Estaba casi segura que si levantaba la mano, ellos también lo harían, como reflejos de sí misma. Y es lo que eran.

-Quédense aquí- les pidió pasando una mirada al otro -. Necesito hacer esto sola...ya vuelvo-exclamó, como si dara instrucciones a sus hijos.

-Claro.

-Seguro.

Sus tonos de voz eran hasta extrañamente diferente. Trixie los miró una vez más para cerciorarse y volvió a dar la espalda e irse caminando recto.

Ambos la vieron irse sin mover un dedo. Como si abandonaron el cuerpo para que sus almas las estuviesen siguiendo.

Los dos estaban paralizados de lo aterrorizados que estaban de lo que decidiría.

Trixie llegó hasta a un lado de edificio, en donde se formaba un mediano callejón.

Sus pasos hicieron eco mientras se adentraba, deteniéndose en cierta parte como estuviera marcada. Miró hacia el suelo por un largo momento, rememorando aquel día y entonces se dio vuelta, para recibir el abrazo protector de Sunset mientras se abrían sus enormes alas de fuego, cubriéndola con ellas.

Si Sunset no hubiera aparecido en ese momento aquel día para defenderla de Adagio Dazzle, Trixie jamás se hubiera involucrado en nada de todo esta complicada situación de amenaza de los dos mundos, porque nunca habría sido descubierta su farsa de ser alguien que no necesitaba nada más que a sí misma.

Entonces, la pregunta era, conociendo todos los riesgos y sufrimientos que conllevarían ser parte de la vida de Sunset Shimmer, ¿La habría aceptado? La respuesta no existía. Porque nunca fue algo que aceptó o decidió. Simplemente sucedió.

Trixie abrió los ojos, para ver a Sunset apartarse de ella, mirándola compasiva, con esa luz que irradiaba su piel y levantaba sus cabellos simulando llamas. ¿Por qué algo tan hermoso que se había manifestado en ella, había destruido su vida hasta literalmente, robarle el alma?

-Sunset…- la nombró con voz quebrada y la imagen del recuerdo se desvaneció como humo.

Trixie aspiró repelando el llanto y buscó sentarse, abriendo el cuaderno de par en par para leer el puño y letra de Sunset. Pasó sus dedos entre la marca del escrito en el papel mientras leía.

Frases, pensamientos, recordatorios, canciones e inclusos bonitos bosquejos de soles dorados, llamas de un rojo encendido, los símbolos que representaban las rainbooms. Todos dibujados con muy buenos detalles que impresionó en descubrir el talento oculto que tenía como artista, viendo que también había dibujado una varita con una estrella en la punta con un arco de estela mágica. Cuando empezó a leer páginas que buscaba.

"¿Alguna vez despertaré sin temer volver a sentirme como la villana otra vez? Es la sensación que siempre me deja cada que despierto de esas pesadillas. No recuerdo nada al despertar. No sé si quiera hacerlo. No quiero ser lo que sucede conmigo en las pesadillas".

"No quiero preocupar a Applejack pero pregunta demasiado. No quiero decirle que me acosa mi propia sombra".

"No me siento a salvo de mí misma".

"No quiero ser dominada por esos sentimientos de nuevo. No quiero perder a mis amigas como lo perdí a él. No puedo repetir la historia. No quiero repetir la historia. No quiero perder de nuevo…".

Trixie apartó el libro un momento. Tomó aire. Mucho. Sentía tan palpable el dolor con el que se habían escrito esas palabras.

Era algunas de las oraciones que se iba encontrando en las páginas hasta encontrar algunas que le llamaron personalmente la atención. Porque empezaron a mencionarla.

"Todo se siente mejor cuando estoy con Trixie. Ayudarla a ser amigos, hacerle entender que no solo importa ella, me recuerda el inicio de mi amistad con las rainbooms, pero a la vez es diferente. Trixie es diferente. Y soy diferente cuando estoy con ella. Dejo de temer".

"Después de Moon White, jamás me había sentido tan conectada a alguien. Aún no desenredo como me he llegado a sentir así por Trixie Lulamoon. Esa irritable chica que se la pasaba gritando egocentricidades por donde vaya, ahora se ha vuelto mi oxígeno cuando siento que me pierdo y me ahogo en mí misma".

"Con los últimos días de pesadillas y cambios mágicos sin control, Trixie dice querer salvarme, pero honestamente, no creo que ella pueda hacerlo. Todo está y depende mí. Lo que sí creo que pueda hacer, es volver mi realidad cada vez más controlable, de tener esperanza, de que pueda ser feliz, ser libre. Eso es Trixie para mi. Libertad".

"Dentro de unos meses Trixie cumple dieciocho. Es un cumpleaños especial. Es un hito de madurez y adultez. Tal vez deba obsequiarle este diario. Siento que ella merece saber realmente lo que siento. Aunque me nerviosea hacerlo, porque significa regarle mi alma. Creo que no importa. Para ese entonces, creo que será más que obvio que no tengo problemas de entregársela. Así que...feliz cumpleaños, Trix. Cuando se acabe la escuela, no sé qué caminos tendremos. Pero donde sea que vaya o vayas, siempre serás una parte de mí".

Y esa fue la última página.

Un par de gotas aterrizaron en las páginas, agigantado unas letras al alterarse la tinta.

Trixie pasó sus dedos a la orilla de sus ojos y abrazó el cuaderno sobre su pecho.

-No ha acabo, Sunset- aseguró con la voz aligerada, pero completamente segura. -. Y no subestimes a Trixie.

Se levantó enseguida, parpadeando para que las lágrimas acumuladas cedieran y pueda enjuagarselas hasta que no quedaran ni un rastro. Porque eran las últimas que derramaría. Basta de llorar. Ya fue suficiente. Hasta aquí había llegado la Trixie indecisa y agobiada. Porque tenía todo claro.

Trixie caminaba, corría por la entrada, cosa que hizo que sus padres se incorporaran de lo que estaban recostados del auto de Serverus para recibirla.

Pero justo en ese momento, un extraño sonido y parpadeable luz robó el protagonismo.

-¡Whooves!

Trixie se detuvo en raya, mirando a unos metros de distancia una figura que se lanzaba contra la base de la estatua del caballo. Gritaba y lloraba, como si tratara de atravesar el concreto. Trixie tensó el rostro, vio a sus padres que se acercaban y ella tuvo que darles una señal de que no se acercaran, pero estaban lejos de querer obedecerla, continuando el andar, por lo que Trixie empezó a acercarse primero hacia la base, escuchándose aún el lamentable lloriqueo doloroso de lo que podía darse cuenta era una chica. Y cada vez que se acercaba, iba reconociendo el largo cabello rubio y la tonalidad gris de su piel.

-¿Derpy?- exclamó, confundida llegando tras ella y efectivamente, la aludida se volteó a verla con los ojos cuajados de lágrimas -. Derpy…¿No debes estar en la boda de Twilight?- apenas logró preguntar cuando la vio expandir sus ojos enormemente.

-¿La reina? ¿Sabes dónde está la reina?- se aceleró en preguntar incorporándose en cuatro y alzando un brazo con la mano cerrada. Trixie separó sus labios ligeramente, empezando a aclararse su mente, que no trataba con la Derpy que conocía -. ¡Por favor!- insistió con desesperación caminando de rodillas hacia ella -. ¡Si sabes donde está la reina Twilight Sparkle tienes que llevarme con ella!- presionó sus labios entre sí, sin evitar que se le acumularan las lágrimas -. ¡Ella ha destruido Equestria! ¡Mató a todos, a todos!- volvió a quebrarse en llanto, temblando -. ¡Llévame ante la reina para que destruya a esa malvada!

Trixie no le apartaba la mirada con el rostro tan tensado, que pareció quererle dar un calambre, hasta resagarse y romperse a pedazos. Alzó los ojos para ver a sus padres, de pie habiendo escuchado lo que esa joven decía, extrañamente aún cubierta con rastros de nieve, en pleno verano.

-¿Beatrix…?- exclamó Serverus, no exactamente en una pregunta, sino en un tono de advertencia, porque era obvio que lo que veía y escuchaba, tenía que ver con lo que tanto temía.

Trixie lo miró, luego a su madre.

-Ya decidí…- exclamó, mirándolos -…y de verdad, no sé qué pasará al final. Porque acepto el reto.

-Trixie…- murmuró su madre dando un paso adelante con la mano alzada, como si quiera agarrarla. Trixie sonrió, con los ojos llenos de amor.

-Me hace feliz que se lleven bien. Al final, fueron los padres que Trixie necesitaba.

-¡Beatrix!/ ¡Trixie!- gritaron los dos cuando literalmente, les echó humo a los ojos.

Ambos tosieron con el brazo sobre sus narices, entrando en la cortina de humo tanteando por el alrededor, pero no encontraron a nadie, o eso creyeron cuando a la par, sintieron unas manos encontrarse. Los dos se aferraron a ella pero al halarla, Serverus y Magical se encontraron con ellos mismos mientras el humo desaparecía, evidenciado que sólo los dos estaban.

Sólo con el estallido de la esfera de humo, pareció haber escuchado un "los amo".

Magical se echó de rodillas rompiendo en llanto, para misma novedad en ella. Respetar su decisión no significaba que la detestaria y rompería por dentro. Mientras, Serverus miraba con ojos desorbitados el espacio vacío, con las manos a la cabeza, como si iba a volver aparecer, cosa que nunca sucedió, sólo ver las manos de Magical arrancar la hierba en donde había estado parada su hija.

A quien no sabían si volverían a ver.

La ceremonia marchaba perfectamente bien. Podía sentirse un aire armonioso en el ambiente. Celestia daba un hermoso discurso. Los invitados no dejaban de sonreír. Las rainbooms estaban en su posición con una mirada cariñosa hacia la pareja al igual una preciada mirada de los caballeros. Mistery, Cherry, Sweetie y Lyra en la misma fila de sillas no dejaban de murmurar contentas, como por otro lado Golden miraba de soslayo la actitud serena de Devious.

Twilight había ganado una belleza propia que se obtiene para ese día exclusivo. Su rostro se veía terso y suave con una tonalidad de su piel muy cálido. Sus ojos saltaban de brillo al igual que la sellada sonrisa. habia puesto del todo de su parte para que en este momento, no pensara en nada más que en Moon White. Miraba a cada tanto a él que devolvía la mirada y sonrisa.

Por fuera él reflejaba una misma expresión de alegría y entusiasmo. No había que dudar que estaba feliz y seguro de estar ahí con ella por aceptar ser su esposo. Era una realidad.

La otra realidad de la que absolutamente nadie contaba, era el como sentía el cuerpo contraído que no podía moverlo en absoluto a causa del dolor.

Tenía esa firme parada, porque le dolía cada músculo de su cuerpo. Si moviera un dedo, estaba seguro que perdería el equilibrio.

Moon White se había propuesto lo mismo. No pensar en nada que no fuera esta unión. En Twilight. Por eso no quiso pensar que tenía razón en una teoría en la que había estado dando vuelta los días en el que estuvo en la agencia. El día en que Devious le enseñó el video de la formación del corazón de cristal entre los pedazos del collar de Pinkie Pie. Cuando escuchó el plan de Twilight de qué hacer con ese elemento. De que él mismo fue al prado a inspeccionar el corazón a sus espaldas y darse cuenta de un extraño síntoma cuando estaba muy cerca.

La magia del corazón, le hacía daño como siempre la magia le causó gran parte de su vida. Era magia de energía neutra. Ni positiva ni negativa. inestable y adaptable a cualquier manifestación de su poder. Era el único tipo de magia que lo lastimaba.

No sólo a él.

Disimuló el malestar cuando se encontró con Twilight en el prado en su reencuentro.

Aún, sabiendo ello, iba estar parado a medio metro del corazón en su punto de poder más alto. Porque un acto de amor iba activarlo en todo su potencial. Podía ser una boda…

...o un sacrificio…

Mientras todos disfrutaban de esas ondas que emanaba, para Moon White era una radiación que le quemaba por dentro.

"De los dos, siempre fuiste el más fuerte" le había dicho Sunset. Esa debía ser la razón por la que había tomado fuerza de la que aferrarse para que no se le escapara ni un quejido del insoportable dolor.

Vio el corazón, brillante girando sin parar, cada vez más fuerte, por lo que cada vez era afectado en un tiempo que a él mismo le sorprendió. Se veía reflejado con Twilight a su lado mientras sentía ardor en toda su persona.

La miró y pidió mentalmente, que entendiera. Que le advirtio que tofo lo haria pensando en ella y esto era prueba de ello.

Y que lo sentía.

Tenía palpitaciones ir y venir en varias zonas. Sentía frío pero sudaba. Los oídos le zumbaban hasta no poder oír más a Celestia, hasta que progresivamente la vista le empezó a fallar para mezclar todos los colores. Trató de mantenerse en pie, pero las piernas empezaron a flaquear.

Recordó el miedo de sus padres cuando empeoraba a inicios de su "extraña" enfermedad. Pensó el miedo en el rostro de Twilight. Sólo quería alcanzar el "sí, acepto". Se esforzaba en llegar a ese momento. Era realmente lo único que quería en esta vida. Nada más que eso. No importaba si no logró ser un reconocido hechicero, si dejó o no de ser maestro. Sólo quería vivir esta experiencia, cumplirle la promesa. Aún si no tendría la vida que Thunderlane describió junto a ella.

Pero aceptaba todo lo bueno...

...y lo inevitable.

Cuando oyó lo que tanto esperaba.

-Twilight sparkle, ¿Aceptas a Moon White como…?- debió seguir hablando, pero él ya no podía escucharla con claridad. Sólo puso mejor máscara recuperando a ratos la vista y vio la sonrisa y el brillo de los ojos de Twilight al borde del llanto moviendo las labios, leyéndole su "sí, acepto", que pudo disfrutar poco al sentir las nuevas ondas propagadas por el nuevo torrente de energía succionado del corazón después de esa aceptación.

-Y tú, Moon White…- decía Celestia.

-¡Sí, acepto!-exclamó con prisa en interrupción, consiguiendo que todos lo interpretara con gracia escuchandose risas. Pero a su vez le provocó un nuevo golpe de esa radiación, sacudiendo el cuerpo esta vez, para extrañeza ya de Twilight, que iba a preguntarle qué había sido eso pero Celestia habló sobre la suya

-No lo dudo…- sonrió Celestia ante su apresurada reacción -. Entonces, los declaro, marido y mujer- sonrió más -. Puedes besar a la novia.

Entre los ya apresurados aplausos de festejo, él tuvo que ladear el cuerpo, y fue como romperselo. Su rostro se crispó tanto rompiendo su perfecta máscara, que deformó su rostro en dolor que antes de darle tiempo a Twilight al verla que había notado esa mueca de dolor y que su semblante hermoso que tenía se destrozaba, él la besó con quebrada exhalación a la vez que el corazón de cristal se detenía en seco y un torrente de luz lo rodeara hasta impulsarla a todo su alrededor, como si fuese un pequeño sol esparciendo sus rayos en la Tierra.

Y fue cuando colapsó.

Cuando la armadura para resistir su irradiación dañina, lo destrozó.

Era como desintegrarse.

No hubo tiempo para gritar, es más, tuvo la única voluntad de conciencia para no hacerlo, porque aún tenía sus labios en los de Twilight.

Cortado por el dolor tan feroz, el peso de su propio cuerpo lo arrojó al suelo.

Pero ya no tenía contacto con su alrededor, que no era consciente cuando Twilight gritó su nombre y lo rodeó cuando su cuerpo se desplomó.

Todos los presentes se levantaron de los asientos viendo como Moon White caía entre los brazos de Twilight, que terminó por caerse junto a él saliéndosele un grito.

-¡Moon White, Moon White!- gritaba tratando de hacer que la mire al ver sus ojos como daban vueltas hasta llegar ponerse blancos. Twilight tembló de pavor.

-¡Hazte a un lado, Twilight, dale espacio!

Sweetie Drops había salido de su lugar para atender la emergencia, volando su sombrero por donde se lo llevara el viento. Tras ella fueron Lyra, Cherry y Mistery, como las rainbooms y los chicos al estar más cerca, se reunieron con los rostros impávidos de lo que ocurría mientras entre los chicos se gritaban que llamaran a Emergencias.

Sweetie veía el cuerpo de Moon White entumecido y la forma del movimiento ocular involuntario y rápido la hacía pensar que algún ataque cerebral estaba sufriendo.

-Está sufriendo un derrame o, un infarto o una aneurisma- dictaba probabilidades con inquietud.

-¡Dime qué hago, dime cómo lo ayudo!- suplicaba Twilight.

Sweetie la miró y le dolió ver el sufrimiento de su rostro, más aún, el que no se podía hacer mucho hasta que llegara la ayuda, muy difícil a tiempo al estar en el bosque en un prado desconocido. Incluso era peligroso moverlo de donde estaba sin previo cuidado.

-Hay que despejar las vías respiratorias- anunció en darle esperanza y Twilight se echó de rodillas para quitarle el moño del cuello y desabotonó los primeros botones para que no oprimiera la respiración mientras Sweetie se colocaba tras de él para levantar ligeramente la parte superior de su cuerpo para facilitar el aire y si vomitara no se ahogara con su vómito.

Mientras Golden no perdió tiempo en llegar hacia Devious que él volteó a verla sin ni siquiera inmutarse algo, ni siquiera en sorpresa de lo que sucedía.

-Te dije que no dependía de mí- exclamó.

Golden se enfureció, porque a quién debía tener vigilado todo el tiempo era a Moon White. Ahora se daba cuenta que Devious sólo estaba aquí, para ver cumplir el cometido de lo que ya estaba al tanto. Y lo estaría ella.

Twilight estaba fuera de sí, sólo podía recordar con tortura su rostro transformándose, del beso ahogado y sobresaltado, para después que cayera en sus brazos cuando el corazón alcanzó su punto máximo.

El corazón…

Twilight abrió enormemente los ojos. Miró el irradiar palpitante de aquel elemento y que haya deteniendo sus eternos giros, al encontrarse lleno. Y después miró a Moon White, maquinando a mil por hora su cabeza.

Y como si una flecha le atravesara el cuerpo, entendió.

Sin quedarse a dar explicaciones, Twilight invocó su transformación para tomar a Moon White y elevarse, alejándolo todo lo posible del corazón.

Devious la vio irse, sin rastro de sentirse frustrado. Sólo bajó la cabeza a ver como las cosas solamente sucedían.

-Pero ¿Cómo ha podido suceder esto…?- trataba Lyra de entender entre la confusión.

-Moon White se sacrificó- exclamó Golden tras ellos y la miraron inmediatamente. Ella tenía el semblante apagado en su seriedad -. Se sacrificó para potenciar el corazón...y eliminarse con el enemigo que se oculta en él- anunció entre la perplejidad impactante de los demás.

Twilight forzó un aterrizaje tras sentir que había volado lo suficientemente lejos del prado. Echó a Moon White a la hierba hiperventilando, mirando su rostro inanimado y los ojos que habían brillado hace poco, estaban vacíos y opacos.

-¡¿Por qué?!- le gritó con gruesas gotas de lágrimas rodando por la cara -. ¡¿Por qué no me dijiste que esto te mataría?!- reclamó aunque supiera las respuestas -. ¡Teníamos un plan! ¡Lo teníamos!- reprochó temblando -. ¡Íbamos a salir de esta! ¡Podías ser salvado! ¡¿Por qué no querías ser salvado?! ¡¿Por qué hiciste esto?!- reclamó entre gruñidos histéricos hasta que ella misma los calló, con la barbilla temblando -. Me mentiste…- con las manos temblantes le tomó el rostro y su cabeza se venció pesadamente entre sus palmas. -¿Moon White…?- jadeó carraspeando -. ¿Dónde estás? - murmuró tocándole el rostro. Estaba ahí. Su cuerpo estaba ahí. Pero él, no estaba -. No…- negó rotundamente -. No, tú no...no has...no…¡No, no, no!- gritó con el rostro contorsionado, en un sollozo largo que se volvió un grito que rebotó entre los árboles en un eco expandiéndose al aire.

Desde el prado, se pudo oír el quebrantoso y desgarrador lamento a lo lejos, penetrando el dolor en ellos.

Devious supo que todo había salido como se lo esperaba. Una amenaza menos de la que preocuparse. Pero su rostro estaba vacío de esa satisfacción.

Maldita humanidad...

Se detuvo a ver detenidamente los rostros impactados y desentendidos de las chicas, el como la tristeza ensombreció su semblante hasta amenazar en un llanto como si el dolor les había clavado por las espaldas. Y es que fue así.

Cuando se esparció una cortina de humo.

No tengo mucho más qué decir que, ¿Qué les pareció? Twilight tenía sus planes, pero Moon White tenía los suyos. Y no son los únicos.

Ya saben quién falta de presentarse en el siguiente capítulo.

Calculo al menos unos tres capítulos para el final así que, atentos.

So, gracias por leer, dejen review y…

¡Sunny Honey, fuera!