\O/ ¡SORPRESA! \O/

Beta: Pajarito Azul


04. Medianoche del Halloween.

Yahiko quedó paralizado mirando a aquella niña que no dejaba de sonreírle, sin embargo, no era una sonrisa común, había algo extraño y lleno de intenciones desconocidas, aquello hizo que el miedo recorriera su columna vertebral.

La joven era pocos centímetros más baja que él, tenía el pelo negro y liso en un corte recto justo sobre los hombros, su cuerpo delgado y pequeño le otorgaba una sensación de vulnerabilidad, pero esa mirada fuerte y fija en él, junto con la sonrisa tan amplia y siniestra, hizo que él supiera que no se debía relajar.

Se sentía desprotegido y por primera vez deseo ayuda.

— Quién… ¿Quién es usted? - su voz falló y salió más baja de lo que inicialmente hubiese deseado, pero se forzó a demostrar una valentía que realmente no sentía, casi imponiéndosela.

Ella inclinó la cabeza hacia un lado y estrecho los ojos que hasta entonces estaban muy abiertos, sin haber pestañeado ni una sola vez.

— ¿No tiene miedo? - investigó curiosa.

— ¿Por qué debería?

Si Aoshi lo viera se sentiría orgulloso de él. Trató de pensar en cómo cumplir con sus hermanos mostrando su valor en lugar de detenerse a pensar demasiado en lo que estaba ocurriendo en ese momento.

Antes de que ella pudiera responder, la puerta de la habitación se abrió abruptamente y el chico volteó a ver quién era. Notó como el mayordomo ingresaba con el ceño fruncido y miraba de un lado al otro, inspeccionando, antes de dirigir la palabra a su pequeño huésped.

— ¿Está bien aquí? - preguntó con recelo.

— A pesar de que no sé quién es esta chica… - se sentía seguro y su coraje aumentó.

Okina dio un paso en dirección al interior de la habitación y miró alrededor, para entonces contestar.

— ¿Que chica? - preguntó en seco.

— ¿Como qué chica? Esa… - volteó en la dirección de ella. - ...acá… - y ella había desaparecido.

Se arrodilló en el suelo y buscó bajo la cama, luego en el guardarropa, entre las cortinas y hasta bajo el sillón, a pesar de que era humanamente imposible que alguien pudiera esconderse debajo de el. Mareado, pestañeo continuamente mientras se ponía de pie.

— Estoy seguro de que la vi… - habló más para sí mismo que para el hombre frente a él.

— Te creo.

Se sorprendió por la respuesta segura que recibió del mayordomo y empezó a mirarlo con asombro. El mayor, dio una última inspección en el sitio para luego dar media vuelta con la intención de salir de la recámara, aunque no se fue antes de una última advertencia.

— Pase lo que pase, cuando el reloj suene a la medianoche, no salga del cuarto.

Él abrió la boca para replicar y vio la puerta cerrase sonoramente.

Se quedó unos segundos en medio de la habitación, sólo sus ojos se movían de un lado a otro, consideró la idea de ir corriendo al cuarto de Kaoru, podría inventar la excusa de que quería protegerla, pero sabía que su hermana no era tan tonta y podría empezar a reírse de él. Entonces, consideró a Aoshi… Dos hombres en la misma cama no se vería muy bien, sin decir que no podría probarle a su hermano que ya era un hombre, si en el primer lío salía corriendo en busca de su auxilio.

Por lo tanto, su última opción era… Miró la cama y en dos pestañeos ya se encontraba acostado en medio de ella, cubierto hasta la nariz. Pensó en cómo le hubiera gustado tener sal para poder rodear la cama, como aprendió en la serie de televisión llamada Supernatural, para protegerse de los fantasmas. La única cosa que podía hacer era desear que el día esclareciera pronto. Cerró los ojos y pasó a concentrarse en su respiración, recordando lo que su hermano le enseñó acerca de la meditación, tal vez aprendería a controlar sus emociones en ese momento o sencillamente caería dormido en un sueño profundo, como siempre lo hacía cuando intentaba meditar.

-/-/-

Las campanadas del antiguo reloj de péndulo que estaba situado en medio del pasillo entre las habitaciones, despertó a la muchacha, sobresaltada. Kaoru se sentó en la cama con el corazón latiendo fuertemente por el espanto y cuando entendió de dónde venía el ruido, rió con nerviosismo.

Puso su atención en las campanadas… — Medianoche… - rió sola. - Feliz Halloween, Yahiko. - completó en un murmuró.

— ¿Qué le gusta de Halloween?

Una voz ronca y profunda la sacó de su ensimismamiento. Alzó la cabeza y se sintió completamente sorprendida por lo que veía. A los pies de su cama, apoyado en el dosel de la derecha estaba el mismo hombre del cuadro, con su pelo color de fuego, suelto y cayendo hasta la mitad de su espalda y sus ojos dorados penetrantes observándola con intensidad. Las ropas que vestía eran finas, sin embargo, a diferencia de la pintura, él llevaba una camisa blanca abierta en el pecho, pantalón negro y en la mano derecha sostenía una copa de vino que tomaba poco a poco.

En su mente, ella había dado un salto tan alto que se cayó de la cama y fue parar contra la pared en el lado opuesto, no obstante en la realidad, estaba tan nerviosa que lo único que hizo fue quedarse inmóvil, observándolo fijamente con la boca ligeramente abierta y sus ojos azules temblando de ansiedad.

El hombre sonrió pícaro y se aproximó despacio, sentándose a un costado de ella, que sólo le seguía con los ojos.

— Creo que este va a ser el mejor Halloween de todos. - rió discreto.

La fragancia masculina, así como el dulce aliento a vino, tocó su rostro debido a la proximidad y su cuerpo reaccionó de manera inesperada para ella, despertando sus deseos más profundos, se obligó entonces a poner distancia entre ellos. Contra todas las reacciones carnales que empezaba a sentir, tiró la manta a un lado y se levantó de la cama, saliendo del cuarto con premura.

Kenshin sonrió hecho un predador, terminó su copa de vino de un trago y salió en busca de su presa.

-/-/-

Aoshi estaba profundamente dormido, ignorante de todo lo que pasaba con sus hermanos y envuelto por un olor dulce que ocupaba todo el lugar, rendido a esos encantos de los que él desconocía el origen. Se sentía cada vez más acogido y se regocijaba con las caricias que recibía de la mujer semi-acostada a su lado, quién acariciaba su pelo y rozaba su rostro con sus manos suaves y ligeras.

Las orbes verdes de la joven, la misma que lo encantó a través del retrato, estaban fijas en él, contorneo las facciones del hermoso hombre con las puntas de sus delgados dedos, dibujando los labios de él con esmero y guardando ese momento en su mente.

— Espere tanto… tiempo para encontrarte… - susurro bajito en su oído, pero él estaba tan profundamente dormido que no despertó, ella sonrió. - Recuérdame. - pidió.

Aoshi se encontraba en medio de un prado amplio y verde, sin embargo en el lugar todo era cubierto por una neblina azul, pese a ello, a lo lejos pudo ver a una pareja tener un picnic, ambos entretenidos en la mirada del otro, completamente enamorados. Se sintió atraído por saber más, llegó a paso lento y notó que nada los distraía.

Pudo reconocerla de inmediato, jamás sería capaz de olvidarse de aquel delicado rostro y ojos de esmeralda, aunque era diferente al cuadro, allí ella sonreía, feliz y aquello la iluminaba de forma asombrosa. Sin embargo, sorprendido quedó él al mirar al acompañante de la muchacha. Era él, vistiendo ropas extrañas de siglos atrás, cortejándola.

Tragó en seco y paseó los ojos de uno al otro y volvió, confuso. Entonces, todo se volvió negro y luego Aoshi ya se encontraba en otro lugar, parecía un despacho. Su yo del pasado estaba sólo, sentado detrás de la mesa, en la silla principal mirando una carta en su mano con la mirada triste. Levantó la cabeza y pensó haber sido visto por su antiguo doble, pero no, otro personaje estaba a sus espadas. Era un tipo tan alto como él, con una mirada peligrosa, tenía el pelo negro todo peinado hacia atrás con excepción de algunas hebras del flequillo y en la boca un cigarrillo.

— ¿Lo estás haciendo a propósito? - cuestionó su otro yo al hombre de pie, con una mirada de hielo.

— La verdad es que no. Aún así, no te preocupes… Voy cuidar de la señorita Himura mientras estés en la guerra. - sonrió de forma ladina el tipo, cosa que irritó a ambas versiones de Aoshi.

El que estaba sentado se levantó bruscamente y gruñó. — ¡Manténgase lejos de mi mujer!

Una vez más la oscuridad se hizo cargo del ambiente y cuando volvió la claridad, estaba de vuelta al cuarto que le dieron para pasar la noche, y ella estaba ahí, sentada en el suelo, llorando desesperada, abrazada a una carta toda arrugada en sus manos. El mismo tipo de antes, él que habló con su otro yo, se encontraba en la habitación, observándola y pudo ver en su mirada un pesar y un sentimiento de impotencia al verla en ese estado.

Aoshi intentó acercarse a la joven y abrazarla, descubriendo que ella era intangible para él.

— Saito… Por favor… Dime que él no murió. - irguió los ojos verdes inundados por las lágrimas hacia el hombre delante suyo y él sólo bajó la cabeza. Y volvió a llorar, desesperada.

— Misao… - empezó y no pudo terminar porque ella lo interrumpió.

— Por favor… Déjame sola.

No fue un pedido y si una súplica. Disgustado, el militar se retiró del cuarto cerrando la puerta al salir. Se volteó a verla, bien a tiempo para escuchar su última frase antes de que todo se volviera a oscurecer.

Continúa...


No... Nadie está teniendo una alucinación. ¡Volví! \o/

Y no pretendo parar, voy actualizar todo les prometo.

¿Cómo están todos mis amores? No hacen idea de cómo los extrañé... i-i

Mucha cosa me pasó, lástima que ni todas fueron buenas. Pero... Creo que ya están mejorando.

Bueno. Sé que el capítulo és un poco corto, sin embargo también es el segundo mayor de esa fic, que tiene por característica capítulos más cortos.

Sean gentiles y dejenme sus reviews con detalles, se sintieron un clima interesante, que les gustó, su opinión de cada situación... Todo. Por favor. ~.o

Desde ya, besitos y hasta pronto en las reviews. :D

PD: Por favor, se alguien no recibió respuesta en la review pasada, dime en su comentario que tendré todo el placer en arreglar eso. Ok? ¡Les quiero y Fue!

Brasil - 17/12/2016