Deep Inside

Nota 1: Ninguno de los personajes me pertenecen, estos son obra de Sir Arthur Conan Doyle y en su maravillosa versión moderna de Steven Moffat, Mark Gatiss y la BBC, yo solo me divierto con ellos sin animo de lucro.

Nota 2: El siguiente fic es un Crossover de Sherlock con la película de terror Darkness (del 2002, porque hay otras con el mismo nombre) que en México llevó el nombre de "La séptima víctima" intenta ser un fic de terror pues es escrito para Halloween, pero he de decir que es bastante complicado eso de querer asustar a la gente, si eres susceptible a éste tipo de temas y no eres aficionado a los finales trágicos ésta historia no es para ti, aunque posteriormente pretendo hacer otro fic en el cual arregle las cosas de momento no es un fic con final feliz.

Nota 3: Terror, mención de muertes, ritual satánico, violencia, fantasmas, inicios de Johnlock y Mystrade establecido.


Parte I

Sherlock detestaba ese lugar, no había estado de acuerdo en lo más mínimo con el cambio de casa, pero tampoco era algo que pudiera evitar, su padre era arquitecto y Yeovil un pueblo en vías de desarrollo, estaba programada la construcción de un centro comercial, algunos edificios y un fraccionamiento, y su padre trabajaba para un reconocido despacho de arquitectos que había sido el elegido para hacerlo posible.

Tenían apenas dos días de haber llegado y ya extrañaba Londres, él era un chico de Ciudad, quien además amaba el lugar en el que había nacido, le encantaba la vista que tenía en su antigua recámara, desde ahí podía ver el Támesis, la Catedral de San Pablo y el City of London School, que era la escuela a la que asistía, bastaba con cruzar el puente del milenio, el cual le quedaba a escasos 100 metros del edificio en el que vivía, para poder llegar a ella, aquí en cambio su papá tendría que llevarlo en carro por la mañana y regresarse caminando por la tarde, pero tardaría casi media hora en llegar, pues además de todo su casa se encontraba a las afueras del centro de Yeovil, ahí todo era campo y la casa más cercana estaba a 150 metros.

Sherlock acostumbraba bajar al támesis y tomar muestras del río, también le agradaba sentarse en alguna de las bancas que estaban frente a su edificio y observar a la gente, le gustaba deducirla mientras pasaba, eso le ayudaba a relajarse cuando se encontraba aburrido o frustrado, su madre le había prometido que en Yeovil podría encontrar varios insectos y diferentes tipos de plantas, sin embargo lo único que había visto eran hormigas, arañas y gusanos que bien podría encontrarlos en cualquier parque de Londres, el pequeño Holmes estaba frustrado y enojado.

Su papá lo vio sentado en el pasto en la parte trasera de su casa con cara de pocos amigos y abrazándose las piernas.

—Deberías darle una oportunidad –le dijo Siger a su hijo mientras se acercaba y se sentaba a su lado.

—Aquí no hay nada ni remotamente interesante.

—Vamos Sherlock, apenas llevamos aquí dos días y casi no has salido de tu habitación –Sherlock lanzó un bufido y recargó su cabeza en las piernas viendo al lado contrario al que se encontraba su padre.

—¿Por qué Mycroft si pudo quedarse? y ¿por qué yo no me pude quedar con él? Estoy muy adelantado para mi edad y en Oxford dijeron que en un año más podían ponerme un tutor y recibirme.

—Mycroft acaba de entrar a trabajar al gobierno y hay muchas expectativas puestas en él, así que debe estar completamente concentrado y el que tú te quedaras con él lo distraería, apenas tienes 13 años.

—Pero sé cuidarme solo.

—Si, pero también eres muy impulsivo e imprudente –contestó Siger con un ligero tono de reproche- tu madre y yo no estaríamos tranquilos.

Sherlock bufó y enterró el rostro entre sus piernas.

—Permítenos disfrutarte al menos dos años más –Siger veía a Sherlock con cariño- Mira Sherlock, Sé que Oxford dijo que estarían encantados de recibirte el próximo año, pero me gustaría esperar un poco más, en dos años Mycroft será mayor de edad, así que si en año y medio demuestras ser responsable comenzaremos los trámites para que te vayas a estudiar a Oxford, pero debes estar consiente de que estarás al cuidado de un tutor al que deberás obedecer en todo y cuando tengas días libres podrás ir a Londres con Mycroft, pero cuando sean vacaciones te quedarás con nosotros –dijo Siger con advertencia- al menos la mayor parte de ellas –mencionó dulcificando el tono y acariciando la cabeza de su hijo.

Sherlock volteó a ver a su padre con mucha ilusión.

—¿En dos años?

—En dos años, tienes mi palabra, pero antes debes demostrar que podemos confiar en ti y dejarte en manos de un tutor….dos años pasan volando –Sherlock esbozó una ligera sonrisa en los labios- ¿por qué no vas a explorar un poco?

—Mamá me dijo que ahora si debía guardar mi ropa.

—Lo haré yo por ti –contestó Siger en un susurro- tu madre no tiene porque enterarse.

—¿Estas seguro? –respondió Sherlock en un susurro también.

—Por supuesto, además mamá esta muy entretenida en la cocina, estoy seguro de que no se dará cuenta.

Sherlock se puso de pie dándole una sonrisa a su padre.

—Gracias.

Sherlock estuvo fuera cerca de dos horas y lo único interesante que había encontrado era una libélula azúl, nunca había visto una de ese color, al regresar a casa su madre lo mando a bañar y a arreglar sus cosas de la escuela antes de bajar a cenar, ya que al día siguiente comenzaría clases en ese nuevo lugar, a Sherlock no le causaba mucha emoción, venía de una escuela reconocida por ser muy estricta y tener un alto nivel académico, que sumado a su alto coeficiente intelectual hacia que viera a su nueva escuela con muy poco aprecio.

Al cabo de un rato Sherlock bajó a cenar, odiaba pensar que extrañaba a su hermano, aunque solo fuera para pelear y molestarlo, todo estaba demasiado callado, y la casa se sentía muy fría.

—¿Cariño guardaste tu ropa como te lo pedí? –pregunto Violet a su hijo.

—Por supuesto –contestó Sherlock viendo de reojo a su padre que le hacía un asentamiento de cabeza en señal de que la ropa ya estaba guardada.

—¿Y la guardaste tú? Porque no te vi hacerlo y luego tu padre solo vino y me dijo que habías salido a caminar.

—Si, la guarde antes de salir.

—Sin ayuda de nadie –dijo su madre viéndolo a los ojos y luego volteando a ver a su padre.

Sherlock no sabía que responder y su padre salió a su rescate hablando sobre el próximo eclipse solar que ocurriría en unas semanas, su madre solo sonrió, sabía la complicidad que había siempre entre Sherlock y su padre.

Al día siguiente tal y como Sherlock sabía que ocurriría la escuela fue un fastidio, lo habían adelantado a un nivel medio superior, los maestros no eran malos, al menos no la mayoría de ellos, pero todo lo que estaban viendo eran cosas que él ya sabía y que consideraba básicas, sin ningún nivel de dificultad, en su otra escuela lo metían a materias de niveles más avanzados y además tomaba algunas clases especiales que le significaran un reto, que estuvieran más a la altura de su intelecto, por lo tanto su primer encuentro en la escuela nueva había sido muy aburrido, tal vez dos años no pasarían tan rápido como él había pensado.

Mientras iba caminando a su casa un chico rubio mayor que él se le acercó.

—Hola.

—Hola –Sherlock contestó con un gruñido, no se encontraba de muy buen humor.

—Ayer te vi explorando cerca de mi casa, te acabas de mudar ¿verdad?

—Sí.

—Yo vivo en la casa junto a la tuya, ¿sabías que son los primeros en vivir ahí?

—Es una casa nueva ¿que tiene eso de raro?

—Es que la construyeron hace como 10 años y nadie la había comprado y eso que es una casa muy linda.

Sherlock continuó caminando sin hacer caso del chico que iba a su lado con la esperanza de que se cansara y lo dejara en paz.

—Me llamo John Watson, estamos juntos en varias clases –dijo con una sonrisa el niño y le extendió la mano.

Sherlock volteó un instante y lo barrió con la mirada, con solo darle una ojeada se dio cuenta de la vida y milagros del muchacho.

—Sherlock Holmes –Se presento y le dio la mano.

—¿Que tanto hacías? vi que tomabas muestras de la tierra y el pasto.

—Tomo muestras para analizarlos, la tierra puede ser diferente dependiendo de la zona en la que se encuentre, en algunas partes puede ser más sulfurosa, o contener más fósforo, contiene también partículas vegetales y heces de animales que por supuesto dependen de la zona y obviamente del clima.

John lo observaba con los ojos muy abiertos.

—¿Y para que quieres saber todo eso?

—De grande voy a ser detective y si encuentran alguna víctima o atrapan a algún sospechoso podré saber de donde viene con solo analizar la tierra que se encuentre es sus zapatos.

—¿No sería más fácil preguntarles?

—¿Y si la víctima está muerta? O ¿si el sospechoso se niega a hablar o no sabes si está diciendo la verdad?

—En eso tienes razón.

De pronto John se empezó a reír, "ahí está", pensó Sherlock, a ese chico le había tomado menos de 10 minutos para empezar a burlarse de él.

—¿Qué? –contestó Sherlock a la defensiva.

—Nada, es solo que creo que eres la primer persona que encuentra algo interesante en éste pueblo.

—Bueno, yo no diría exactamente interesante –contestó el pequeño Holmes sin poder evitar corresponder a la hermosa sonrisa del rubio.

El resto del camino Sherlock le contó sobre algunos de los experimentos que llegó a hacer en Londres, mientras John lo observaba con admiración, cosa que para Sherlock no pasó inadvertida, el camino a casa se les hizo muy corto y quedaron de regresarse juntos todos los días al salir de clases, tal vez esos dos años que lo separaban de Oxford no fueran a estar del todo mal.

Los padres de Sherlock estaban sorprendidos por el cambio en la actitud de su hijo, la escuela le seguía aburriendo pero al menos llegaba de buen humor y al parecer todo era debido a que ahora tenía un amigo. El primer día que Sherlock llegó diciendo que había invitado a un amigo suyo a estudiar su mamá casi escupe el agua que estaba tomando, nunca antes Sherlock se había referido a alguien como "un amigo" ni mucho menos había mostrado interés por relacionarse con alguna persona.

Con tan solo dos semanas de conocerse Sherlock y John ya se habían vuelto inseparables, pasaban casi todas las tardes en casa de alguno de ellos o explorando, incluso habían hecho planes para trabajar juntos en un futuro, el pequeño Holmes había mencionado que debían vivir juntos para así estar completamente concentrados en los casos que tuvieran que resolver.

—No seas tonto John, tú vas a vivir conmigo, así no perderás el tiempo en ir y venir y podremos continuar con las investigaciones en casa, viviremos en mi departamento en South Bank.

—¿Pero que no vive ahí tu hermano?

—Si, pero estoy seguro de que en unos dos o tres años más se irá a vivir con su novio.

—¿Y que tal si se lleva a su novio a vivir ahí?

—No, Mycroft va a ser alguien muy importante y se irá a vivir a Chelsea o Kensington, es más su estilo.

John le sonrió feliz a Sherlock, la verdad era que le hacía mucha ilusión el pensar en vivir en Londres y más aún si era con Sherlock.

El fin de semana los Watson invitaron a los padres de Sherlock a cenar a su casa, llevaban ya unas semanas como vecinos y no habían tenido la oportunidad de conocerlos apropiadamente.

—Es un placer conocer al fin a los padres del famoso Sherlock –dijo la mamá de John.

—El placer es todo mio créeme, es la primera vez que mi hijo tiene un amigo y su humor a mejorado muchísimo –contestó Violet- además John es un chico muy amable y educado.

—Muchas gracias, John no deja de hablar de Sherlock le tiene mucho aprecio.

—Siger ¿te sientes bien amor? –preguntó Violet cuando vio que su esposo llevaba una de sus manos a la sien.

—Si, estoy bien, no te preocupes –contestó forzando una sonrisa.

—¿Sucede algo? –preguntó Henry, el padre de John.

—No es nada, es solo que desde hace unos días me ha estado doliendo mucho la cabeza, tal vez es por la presión del cambio de casa y el trabajo.

—Puede ser, pero si te sigues sintiendo mal me dices y con todo gusto te reviso –el padre de John era medico.

—Gracias, eres muy amable.

Ella le comentó a Violet que planeaban hacer un viaje a Edimburgo justo la semana del eclipse pues era su aniversario, pero su mamá se había lastimado la cadera y por lo tanto no podría ir a cuidar a John y su hermana estaba estudiando en Bristol, por lo que tendrían que cancelarlo, la pareja Holmes se ofreció a cuidar del chico, en un principio tanto Ella como Henry se habían negado pero ante la insistencia de los papás de Sherlock terminaron por aceptar, lo cierto era que ambos tenían mucha ilusión de hacer ese viaje.

-O-O-O-O-O-

Sherlock estaba sentado en su cama leyendo una revista de medicina forense, sus papás se habían ido a cenar a la casa de los Watson, Sherlock solía disfrutar de esos momentos de soledad.

Estaba leyendo un artículo muy interesante cuando las luces comenzaron a parpadear, después de unos segundos la habitación quedo en total oscuridad, iluminada solo por la poca luz que entraba desde su ventana, supuso que se trataba de un fusible, él no sabía nada de fusibles por lo que tendría que esperar a que sus padres regresaran, se paró de la cama y fue a la habitación de sus padres donde sabía que había una linterna, cuando salió de su habitación sintió como si alguien pasara atrás de él, Sherlock no le temía a la oscuridad pero de pronto sentía como si no estuviera solo y eso le asustó, aceleró el paso hacia la recamara de sus padres y escuchó como si un niño pasara corriendo a sus espaldas nuevamente, cuando llegó al cuarto de sus padres la puerta de éste que estaba abierta se cerró como si alguien la hubiera azotado, intentó abrirla pero no pudo, por más que trataba de girar el pomo de la puerta esta no se abría, Sherlock comenzó a sentir que un sudor frío le recorría, al girarse vio el rostro de una niña de larga cabellera frente al suyo, con ojos fríos, sin vida, lo observaba fijamente y él no era capaz de gritar, "tu no eres" le escuchó decir, la niña golpeo la cabeza de Sherlock contra la puerta y éste calló desmayado, tal vez más por la impresión que por el golpe.

Cuando los padres de Sherlock llegaron encontraron a su hijo afuera de la casa, sentado en el piso, envuelto en una cobija, temblando de frío y con una linterna en la mano, la luz ya se había restablecido en toda la casa pero el pequeño Holmes no quería estar adentro.

—Sherlock ¿por qué estás aquí afuera? –preguntó Violet.

—No me gusta esta casa, no quiero estar en ésta casa –contestó Sherlock con la voz quebrada y a punto de llorar.

—Sherlock por favor no empieces otra vez con eso –contestó su madre- pensé que ya habías acabado con eso.

—No me gusta esta casa, hay algo malo con ella, la luz se fue y vi una niña…..

—¿se metió una niña a la casa?

—Bueno no era exactamente una niña, no la pude ver bien porque no había luz, solo por lo que la luz de la ventana del pasillo me dejó ver, pero no me gustó su mirada.

—¿Cómo que no era exactamente una niña? Y ¿a que hora se fue la luz?, en casa de los Watson no tuvimos ningún problema con la luz.

—No sé, hace como dos horas, pensé que habían sido los fusibles, pero esa niña apareció y era como, como –a Sherlock le costaba decir lo que pensaba porque él era un niño de ciencia, él no creía en fantasmas- como una aparición.

La mamá de Sherlock volteó a ver a la casa y vio que todas las luces estaban prendidas.

—Perfecto, así que ahora resulta que hay fantasmas –contestó Siger con fastidio apretándose el puente de la nariz.

—Papá de verdad hay algo malo con ésta casa, escuché pasos y luego esa niña…..

—¡Ya basta Sherlock! –gritó Siger- ¡Estoy harto de ti, de esta actitud! ¡Metete a la casa y vete a dormir! ¡No voy a seguir tolerando este comportamiento tuyo! –continuó gritando, tanto Violet como Sherlock se quedaron paralizados y lo veían como si se tratara de un desconocido, Siger jamás le había gritado a Sherlock, era quien más paciencia le tenía, si no estaba de acuerdo en algo con su hijo simplemente se sentaba a hablar con él, habían ocasiones en la que incluso llegaba a negociar con él, pero jamás le gritaba, para Sherlock su padre era su adoración, por lo tanto el que le estuviera gritado le dolía mucho- Y será mejor que empieces a mostrar una actitud más madura –continuó con un tono amenazador.

—Cariño será mejor que te vayas a dormir, papá no se ha sentido bien –Violet trato de suavizar la situación, ayudando a su hijo a ponerse de pie y viendo con extrañeza a su esposo.

Sherlock no pudo dormir bien esa noche, no podía quitar de su mente los ojos de esa niña y no podía olvidar los gritos de su padre, pese a que se quedó toda la madrugada con la luz prendida seguía teniendo miedo, si tan solo Mycroft estuviera en la casa se iría a dormir con él, lo más seguro era que lo corriera, le gritara y hasta se burlara de él, pero sabía que terminaría cediendo.

Al día siguiente su padre apenas si había salido de su recamara, la cabeza le seguía doliendo y se encontraba de muy mal humor, Sherlock esperaba que fuera a verlo a su recamara, las pocas veces que llegaba a regañarlo siempre iba a verlo después para saber que estaba bien, en ésta ocasión su padre no se había acercado a él para nada.

Siger era el encargado de llevar a Sherlock a la escuela, pero el lunes siguiente fue su madre quien comenzó a hacerlo, Sherlock se sentía muy triste por la lejanía de su padre.

Cuando su madre se despidió de él le tocó la cabeza con cariño, pero al hacerlo sintió una contusión en la misma.

—Sherlock ¿qué te paso? Tienes un golpe en la cabeza –pregunto con preocupación.

—No es nada, es solo que el otro día me caí.

—¿Por qué no me dijiste nada? Los golpes en la cabeza pueden ser muy peligrosos –Sherlock se encogió de hombros.

—No es nada –Se despidió y salió del auto, su madre lo veía con preocupación, sabía que su hijo estaba triste por el distanciamiento de su padre.

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Era ya miércoles y John había notado que Sherlock estaba muy serio en clase, no participaba, ni hacía gala de sus amplios conocimientos, cosa que John sabía Sherlock disfrutaba, y apenas si le dirigió la palabra durante su trayecto a casa. John le había preguntado si se encontraba bien, a lo que Sherlock había contestado con un "si" de manera cortante, por lo que no volvió a preguntar, no quería molestar a su amigo.

Cuando su padre llegó por la noche vio que Sherlock estaba sentado en el sillón de la sala leyendo una de las revistas de medicina forense que tanto le gustaban.

—¿Otra vez leyendo esas revistas? –dijo levantando la voz- luego por eso no puedes dormir y te da por inventar historias, deja de leer esas tonterías que nada más te meten cosas en la cabeza –Siger le arrebató la revista y la tiro a la basura, Sherlock se paró del sillón y fue a su cuarto sintiendo un nudo en la garganta.

Al poco rato Siger entró en el cuarto de su hijo.

—Lo siento Sherlock, de verdad perdóname, no me he sentido bien y me he desquitado contigo, de verdad lo siento mucho hijo –Siger se acercó a su hijo que estaba sentado en la cama y lo abrazó, Sherlock apretó muy fuerte a su padre y por un momento pensó que las cosas podrían volver a ser como antes.

Cuando se separaron las luces comenzaron a parpadear y Sherlock sintió como el miedo volvía a invadirlo.

—Vaya pues parece que si hay un problema con los fusibles, aunque tal vez sea más bien con la instalación eléctrica –comentó Siger mientras volteaba a ver el foco.

Sherlock vio a una niña de larga cabellera rubia, posiblemente la misma de la vez pasada, parada en la entrada de su recámara tomando de la mano a un niño más pequeño, cada vez que la luz parpadeaba los niños se acercaban más a él ladeando la cabeza y mostrando una sonrisa tetrica en los labios, Sherlock comenzó a encogerse hacia atrás, su padre volteo a verlo y al notar que éste estaba prácticamente pegado a la pared con la mirada llena de miedo soltó un bufido.

—¿Qué? –preguntó Siger de manera brusca y el rostro endurecido, Sherlock vio a los niños justo atrás de su padre sonriendo, la niña se llevo el dedo indice a los labios en señal de que guardara silencio- ¿ahora que? –levanto aún más la voz, no, las cosas no volverían a ser igual que antes.

—No, nada es….es solo que….sentí un calambre, eso es todo.

—Ah –su padre se relajó- bueno, ya duermete que mañana tienes que ir la escuela.

En cuanto su padre salió de la habitación las luces comenzaron a parpadear de nueva cuenta y escuchó como su padre maldecía del otro lado de la puerta, vio seis niños de diferentes edades parados frente a los pies de su cama, Sherlock quería salir corriendo pero no podía moverse, estaba paralizado, escuchó como el trenecito que tenía en su repisa se encendió y comenzó a moverse hasta caer de ella, trató de gritar pero la voz no le salía, un niño de unos 3 años se subió a su cama y comenzó a gatear acercándose poco a poco al pequeño Holmes quien lo veía aterrorizado, cuando llegó hasta él comenzó a pellizcarlo en los brazos, soltaba una risita infantil ante cada sollozo del pequeño Holmes, el corazón de Sherlock latía muy rápido y con fuerza y unas lagrimas empezaron a brotar de sus ojos.

La luz finalmente se normalizó y los niños desaparecieron, Sherlock se acostó en la cama abrazando sus piernas, temblando y cerrando los ojos con fuerza.

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Al día siguiente durante el trayecto a casa John ya no pudo más y volvió a preguntarle a Sherlock si todo estaba bien, el pequeño Holmes seguía callado, se veía triste, preocupado y juraría que en más de una ocasión le había visto lágrimas en los ojos, extrañaba esa mirada llena de brillo que siempre tenía.

—Si, ya te dije que todo esta bien John.

—¿Sabes que somos amigos verdad? Y por lo tanto puedes contar conmigo para lo que sea.

Sherlock continuó caminando sin responder al rubio.

—¿Te dijeron tus padres que mañana iré a tu casa y me quedaré unos días?

Sherlock asintió con la cabeza.

John puso una mano en el hombro de su amigo y delicadamente lo fue acercando a él mientras caminaban, Sherlock sin pensarlo se abrazó de lado a la cintura de John y enterró su rostro en el pecho del rubio dejando que fuera él quien lo guiara, las lágrimas comenzaron a caer sin que pudiera hacer nada para detenerlas.

John acompaño a Sherlock hasta la puerta de su casa, y antes de que éste lo soltara el rubio se giró hacia él y lo abrazó con fuerza, no sabía que le ocurría a su amigo, pero sentía que Sherlock necesitaba de ese abrazo, sentía unas ganas enormes de protegerlo, de cuidarlo, de estar siempre a su lado, el pequeño Holmes se sostenía de la cintura de John mientras aspiraba su aroma, el aroma del rubio le daba tranquilidad y se sentía seguro, si hubiera sido por él se quedaría así toda la vida, poco a poco se fueron separando quedando sus rostros muy cerca el uno del otro, ninguno de los dos podía apartar la vista de los ojos del otro, John bajo la mirada a los labios de Sherlock, sabía lo que quería hacer, pero no se atrevió, termino por alejarse y con una sonrisa triste se despidió de su amigo quien lo veía con anhelo.

Por la tarde Sherlock y John salieron a caminar por el campo, Siger insistía que había un nido de larvas cerca de ahí y Sherlock salió a ver si encontraba algo.

—John ¿crees en fantasmas? –preguntó Sherlock un poco avergonzado.

—No, claro que no, bueno al menos nunca he visto uno, pero me parece difícil creer en ellos…¿tú si?

—Yo solo creo en lo que veo, siento y escucho.

Después de eso, hablaron muy poco mientras continuaban con su búsqueda, sin encontrar nada, Sherlock se sentía completamente solo, no podía contarle nada a John.

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Eran casi las once de la noche cuando Sherlock se metió a bañar, no quería seguir escuchando a sus papás pelear, llevaban más de media hora discutiendo y por más que su madre le pedía a su padre que bajara la voz éste no lo hacía, agradecía que no tuvieran vecinos pegados a su casa o escucharían los gritos de Siger, sus padres nunca peleaban, su padre nunca gritaba, pero desde que habían llegado a esa maldita casa las cosas habían cambiado, no solo estaba plagada de almas de niños que lo asustaban y lastimaban cada que tenían oportunidad, sino que además había influenciado en el carácter de su padre. Salía del baño cuando las luces comenzaron a parpadear, el pequeño Holmes se tensó, sentía que el aire se le iba y le costaba respirar, dejo de escuchar las voces de sus padres, no era que se hubieran callado, era que simplemente el miedo hacía que dejara de escucharlas, volteaba a todos lados no sabía a donde correr, sabía lo que ocurriría a continuación, sabía que no podía esconderse, como sea lo encontrarían, y ahí estaban, frente a él, parados en las escaleras se dibujaba las sombras de cinco niños, uno más pasó corriendo empujándolo a un lado, esta vez eso fue todo, la luz regresó, sus padres seguían gritando y en esos momento agradeció el poder escucharlos.

Estaba cansado, estaba harto de tener miedo, ¿es que acaso así sería su vida de ahora en adelante? ¿O al menos por los dos años que viviría ahí?, Esperaba su padre no hubiera cambiado de opinión, le había dado su palabra pero ahora él parecía otra persona.

Sherlock tomó el teléfono del cuarto de sus padres y lo llevó a su recamara, esperaba que no lo escucharan.

—¿Si? –contestó Mycroft medio dormido.

—Mycroft tienes que venir –la voz de Sherlock temblaba y hablaba muy rápido y un poco más bajo de lo normal.

—¿Sherlock?

—Mycroft de verdad tienes que venir, las cosas aquí están muy mal, tienes que convencer a papá de irnos de aquí, no quiero estar aquí.

—Sherlock papá tiene un proyecto muy importante allá, no puede solo dejarlo y regresarse nada más porque a ti no te gusta, le costaría el trabajo –contestó Mycroft con tono cansado- mira ya hemos hablado sobre esto, no será toda la vida…..

—Mycroft no tiene nada que ver con eso, de verdad las cosas están muy mal, mamá y papá no dejan de pelear y papá está muy raro, de mal humor y grita todo el tiempo….

—Sherlock tampoco es fácil para ellos este cambio, toda su vida la han pasado en Londres y ahora se van a un pueblo al suroeste de Inglaterra, alejados de todo lo que conocen y tú no se los estas haciendo fácil.

—¡No me estás escuchando! ¡No es eso! –Sherlock levando la voz un poco pero sin llegar a gritar- es ésta maldita casa y esos malditos niños que se aparecen cuando la luz empieza a parpadear o se va, y me lastiman…...tengo miedo Mycroft, por favor ven –la voz de Sherlock se había quebrado.

—Sherlock ¿es en serio? ¿ahora ves fantasmas? Mira yo creo que tu mente te esta haciendo pasar una mala jugada, estas enojado por el cambio de casa, papá seguramente esta estresado y de forma inconsciente te has inventado una historia para poder regresar a Londres, no digo que lo hagas de forma consciente, siempre has sido un niño con mucha imaginación, solo que ahora se te está yendo de las manos.

—¡No estoy loco Mycroft! ¡No sé porque pensé que me creerías! ¡No sé porque te hable! –Sherlock había vuelto a levantar la voz y no pudo evitar llorar, al colgar el teléfono se abrazó a su almohada y lloró hasta quedarse dormido.