Deep Inside

Parte III

El martes al medio día Siger llevó de regreso a Sherlock y a John casa, no tenía caso que estuvieran con él en el hospital, los signos vitales de su esposa se habían estabilizado pero aún no salía del coma y los doctores no sabían decirle cuanto tiempo más podría estar en ese estado. Apenas llegaron Siger les preparó algo de comer y se fue a dormir un rato pues tendría que regresar más tarde al hospital, pero antes de hacerlo le pidió a Sherlock que le hablara a su hermano y le explicara lo que había sucedido.

Siger subía las escaleras sujetando su cabeza con ambas manos, el dolor era cada vez más intenso, ya se había terminado una caja de advil migraña y otra de bio electro, estaba sudando y empezaba a escuchar algunos ruidos en su cabeza, como si hubiera gente que le hablara al oido en voz muy baja y no alcanzara a entender lo que dicen.

Sherlock se comunicó con su hermano y le contó lo sucedido, ambos coincidían en que era bastante probable que los niños que se aparecen tuvieran algo que ver con el accidente, Mycroft estaba muy impactado por la noticia y sumamente preocupado, le angustiaba mucho el estado de salud de su madre, pero también temía que pudieran atacar a John, pues si esa casa tenía algo que ver con el cambio en el comportamiento de su padre, era obvio que a él ya lo habían alejado de Sherlock y por lo tanto el único que le quedaba era John. No podía entender que podrían querer esos seres con su hermano, porque lo lastimaban y que más eran capaces de hacer.

—¿Cuándo regresan los papás de John?

—Hasta el sábado.

—¿Sabes si tiene llaves de su casa?

—No –Sherlock se había volteado a preguntarle a John- pero dice que el seguro de la ventana del cuarto de sus padres no sirve y por lo tanto se puede abrir desde afuera.

—Perfecto, si papá no los lleva al hospital con él vayanse a casa de John, no pasen la noche en esa casa, el jueves nos van a dejar salir temprano de trabajar para poder ver el eclipse en familia, así que en cuanto salga iré a Waterloo y tomaré el tren para Yeovil, tengan sus cosas arregladas porque ese día tú y John se vienen conmigo, hablame en la noche desde casa su casa para poder registrar el número y saber que están bien.

Tres horas más tarde en cuanto Siger salió rumbo al hospital Sherlock y John se encaminaron a casa del segundo, Sherlock se las arregló con un pasador tomado del cuarto de su madre para abrir el candado de la bodega que estaba atrás de la casa de John, necesitaban abrirla para poder sacar la escalera y usarla para tener acceso a la ventana de la habitación de los Señores Watson. Una vez que lograron entrar bajaron a la sala y dejaron ligeramente abierta una de las ventanas para que fuera más rápida la entrada a la casa por la noche, una vez que lo hicieron salieron y guardaron nuevamente la escalera en la bodega.

Cuando empezaba a oscurecer el Señor Holmes regresó a casa para llevarles algo de cenar y darles indicaciones sobre lo que quería que hicieran al día siguiente, ya que él debía regresar al hospital y pasar la noche ahí.

—Ya perdieron el día de hoy de clases así que mañana se levantan temprano y van a la escuela, no deben perder un día más, al salir van directo al hospital para que comamos juntos y luego yo los traigo de regreso.

En cuanto Siger salió Sherlock y John tomaron un par de mochilas previamente preparadas y escondidas en la sala, en donde llevaban sus útiles escolares, pijama y la ropa que se pondrían al día siguiente, saliendo de forma inmediata rumbo a la casa del rubio.

Una vez que estuvieron adentro de la casa de los Watson Sherlock sintió como si le hubieran quitado un peso de encima, se respiraba una atmósfera tranquila y agradable, extrañaba ese ambiente en su casa, aquellos días en los que apenas llegaba su padre de trabajar y lo primero que hacía era preguntar por él, y en cuanto lo veía le alborotaba el cabello y le decía; "¿Cómo está mi genio favorito?" "¿Cómo estuvo tu día?" en respuesta Sherlock siempre bufaba y ponía los ojos en blanco, pero por dentro sonreía, le encantaban esas muestras de afecto por parte de su padre y Siger lo sabía, extrañaba incluso cuando su padre lo chantajeaba para que lo acompañara a algún partido de rugby, aunque se llevara su libro de química avanzada y no prestara atención alguna al partido, extrañaba a su padre, lo extrañaba mucho, Sherlock se permitió dejar correr una lágrima por su mejilla antes de limpiarla, cuando se sintió más tanquilo le hablo a su hermano para que supiera que estaba bien y que tal y como le había pedido pasaría la noche en casa de su amigo.

John preparó palomitas y las subieron a su cuarto, se pusieron la pijama, y prendieron la televisión con la esperanza de encontrar algo divertido, necesitaban algo que los distrajera, pero en todos lados habían programas y documentales sobre el eclipse, el cual tendría lugar en un par de días y al parecer era lo único de lo que todo el mundo hablaba, finalmente pararon en un canal donde estaban transmitiendo una película de Simon Pegg, Hot Fuzz que resultó ser una de las películas cómicas favoritas de John, la película le resultó bastante predecible a Sherlock pero aún así la disfrutó mucho, aunque lo que más le gustaba era escuchar reír a John.

Fue una noche tranquila, sin sustos, sin maltratos, solo Sherlock y John recostados en la cama viendo la tele, cuando termino la película John abrazó a Sherlock, aunque se encontraban a salvo en su casa no podía evitar sentise protector con el pelinegro, quedando dormidos casi inmediatamente después de haber apagado la luz.

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Saliendo del trabajo Greg fue directamente a casa de Mycroft, éste le contó lo sucedido con su madre y sus inquietudes con respecto a la seguridad de Sherlock, Greg estaba muy sorprendido por lo ocurrido y le contó algunas de las cosas que había encontrado mientras investigaba en su tiempo libre.

—No encontré tanta información como me hubiera gustado pero al menos ya sé lo que pasó hace 40 años durante el último eclipse solar, un científico que investigaba algo así como una esencia oscura que vive en lo más profundo de la mente humana, pasó de la investigación a la locura, o al menos yo así lo llamaría, porque terminó juntando a un grupo de personas lo suficientemente mal de la cabeza como para llevar a cabo un ritual en el cual debían matar a 7 niños con la finalidad de liberar dicha oscuridad y sumir en ella al mundo.

—¡¿Qué!?

—Así, tal y como lo escuchas.

—Pero eso es una locura.

- Ah, pero hay más, el ritual se llevó a cabo en el terreno en donde está construida la casa de tus padres, pero éste no se llego a concluir debido a que la policía llegó antes de que mataran al último niño y al parecer actualmente solo quedan con vida quien en aquel entonces fuera un pequeño de seis años y David Wells.

—El padre del niño, me imagino.

—No, el científico, al padre del niño le dispararon en la cabeza antes de que degollara a su pequeño, no encontré el nombre del niño pero al parecer fue enviado a un orfanato.

—¿Que ocurrió con los otros padres?

—Todos muertos, por lo que dice en el expediente lograron detener a cuatro, dos eran mujeres, los otros huyeron pero todos se suicidaron una vez que cayeron en la cuenta de lo que habían hecho.

—Esos niños deben ser los que se aparecen en la casa, tal vez por eso atormentan tanto a Sherlock, deben estar molestos.

—Lo mismo creo yo, lo que temo es que si fueron ellos quienes tuvieron algo que ver con el accidente de tu madre pueden atentar contra la vida de Sherlock, creo que es posible que estén celosos de que alguien tan joven como Sherlock permanezca con vida mientras la suya fue robada.

Mycroft se llevo ambas manos al rostro mientras suspiraba audiblemente.

—Hablé con Dimmock y me dijo que me conseguiría para mañana el expediente del caso, pues se lo tienen que mandar desde Somerset.

—¿Le contaste lo que esta pasando?

—No, no exactamente, no sé si me creería, le dije que tu familia estaba por comprar una casa construida en ese terreno, pero que habían escuchado algunas aterradoras historias con respecto a ese lugar y que por lo tanto tu padre estaba interesado en saber lo que había ocurrido ahí.

Mycroft estaba muy intranquilo, no dejaba de caminar de un lugar a otro con una mano en la frente haciendo movimientos circulares.

—¿Por qué no le hablas a Sherlock? Solo para asegurarte de que está bien.

—Me habló hace una hora, esta en casa de John, eso me deja más tranquilo pero aún así me angustia lo que está pasando, no puedo creer que haya gente tan estúpida como para llevar a cabo un ritual y sacrificar vidas de niños, en que cabeza cabe creer en algo como la oscuridad y peor aún, desear ver al mundo sumido en ella.

Mycroft sentía una mezcla de emociones, estaba preocupado por su familia, triste por aquellos pobres niños que habían sido sacrificados, coraje contra ellos mismos por atacar a su hermano y presuntamente a su madre y odio hacia aquellos que les quitaron la vida. Greg lo abrazo por la espalda y apoyó su cabeza contra ésta, después de unos minutos lo convenció de ir a la cama, aunque Mycroft dudaba que pudiera llegar a conciliar el sueño.

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Por la mañana Sherlock y John fueron a la escuela, pasaron al hospital al salir de clases y comieron con Siger quien apenas si hablaba, y cuando lo hacía era para regañar a Sherlock hasta por la cosa más absurda, como el hecho de que la lechuga se hubiera caído del tenedor cuando la llevaba a la boca por no agarrarla de forma adecuada, pasaron prácticamente toda la tarde en la cafetería en donde hicieron su tarea, a las ocho de la noche Siger los llevó a la casa y le dio dinero a Sherlock para que pidieran algo de cenar, se dio una ducha e inmediatamente después regresó al lado de su esposa.

—Voy a subir para cambiar la ropa de la mochila y nos vamos.

—Espera voy contigo –dijo John, pero Sherlock ya iba unos cinco pasos adelante.

En cuanto Sherlock atravesó la puerta de su recámara esta se cerró de golpe dejando a John afuera, las luces comenzaron a parpadear y John trataba de abrir la puerta con impaciencia pero ésta no cedía, el rubio escuchaba los quejidos y sollozos de Sherlock del otro lado y eso lo hacía sentirse más angustiado e inútil al mismo tiempo, pateaba y golpeaba con los puños mientras gritaba desesperado hasta que el pomo de la misma finalmente cedió, John encontró a Sherlock tirado en el piso echo un ovillo, corrió a abrazarlo y cuando éste volteo vio que tenía el ojo izquierdo morado, John lo abrazó aún con más fuerza.

—Vámonos John, por favor vámonos.

—Si Sherlock, por supuesto.

John le ayudó al pequeño Holmes a ponerse de pie, lo abrazó muy fuerte de la cintura y salieron de ahí.

Al llegar a casa del rubio John trató de curar al pequeño Holmes lo mejor posible, limpiando y poniendo un poco de la pomada de tea tree que su madre siempre usaba cuando se daba algún golpe, ella decía que ayudaba a la cicatrización y que era un buen analgésico también.

—¿Estás más tranquilo?

—Ese niño estaba furioso John –contestó Sherlock ignorando la pregunta del rubio, había tenido el rostro del niño muy cerca del suyo y aún estaba impresionado por su mirada- Cuando escuché que la puerta se azotó y las luces comenzaron a parpadear volteé a buscarte, pero lo primero que vi fue la mirada de un niño apenas un par de años más chico que Yo, se veía realmente furioso.

—Lo siento Sherlock, la puerta se cerro antes de que pudiera entrar, lo siento.

—No fue tu culpa, yo me había adelantado…me empujo tres veces hasta que tropecé y caí de espaldas, fue cuando me golpeó en el rostro, por reflejo me cubrí poniéndome de lado y me empezó a golpear en la espalda.

—Mañana viene Mycroft y nos iremos con él, todo va a estar bien Sherlock, ya lo verás.

Sherlock se había quedado con la cabeza baja y la mirada perdida.

—Voy a ser honesto Sherlock, no quiero que te quedes en Londres, no quiero, te voy a extrañar muchísimo, pero estoy consciente de que es lo mejor, no quiero que te sigan lastimando, no quiero que te pase nada malo, así que por mucho que me duela sé que el estar lejos de aquí es lo mejor para ti.

—Vas a olvidarme, en una semana ya ni siquiera pensaras en mi –contestó Sherlock con tristeza.

—¿Por qué dices eso? No hay forma de que yo te olvide.

—Vamos John eres atractivo, agradable, amable e inteligente, seguro habrán muchos interesados en ti.

- Sherlock, tengo 16 años y nunca nadie había llamado mi atención como lo haz hecho tú, se supone que para mi edad debería estar bastante inquiero por tener citas y sin embargo eso jamás me había pasado hasta que te conocí –el pequeño Holmes esbozó una pequeña sonrisa, lo que hizo que John sonriera aún más- Convenceré a mis padres para que me permitan irte a visitar algunos fines de semana y durante las vacaciones…..bueno, eso claro si tú quieres.

—¡Claro que quiero! La estación de Waterloo esta bastante cerca de donde vivo, así que yo puedo ir a recogerte, también le pediré a Mycroft que hable con tus padres para que te dejen venir con él cuando vaya a visitar a mis papás.

—Voy a estudiar muy duro para poder obtener una beca e irme a estudiar a Londres.

—Y no tendrías que pagar hospedaje porque te podrías quedar en mi departamento.

—¿Crees que tus papás acepten que viva en su departamento?

—¡Por supuesto! Estoy seguro de que aceptarán encantados.

-O-O-O-O-O-

Mycroft estaba a punto de salir de trabajar cuando recibió un mensaje a su celular de parte de Greg.

Dimmock acaba de pasarme el expediente del caso de Yeovil, Myc tienes que ver esto.

Cuando Mycroft amplió la imagen que su novio le había enviado quedó frío, era la foto de la nota de un periódico en el que se comentaba la noticia sobre aquel macabro ritual y una foto del niño que había sobrevivido a él, ese niño era su padre, Mycroft sabía que su padre había sido adoptado cuando estaba a punto de cumplir 7 años, pero él jamás pudo recordar lo sucedido antes de llegar al orfanato, las monjas le decían que su familia había tenido un terrible accidente automovilístico en el que sus padres habían perdido la vida y que seguro debido al trauma había perdido la memoria, él nunca hizo el intento por recordar pues pensaba que el hacerlo podría ser doloroso.

Había otra imagen que era la foto de un expediente en el que mencionaban que el chico de nombre Siger Loncart, el nombre de su padre antes de ser adoptado por la familia Holmes, había salido corriendo una vez que su padre recibiera el balazo por parte de la policía para evitar que lo degollara y que no había parado hasta caer desmayado tres kilómetros más adelante, pero que al volver en si había entrado en un estado de shock en el que no hablaba, casi no se movía, apenas si comía y dormía, manténiendose la mayor parte del tiempo sentado con la mirada perdida.

Siger había sido enviado a una especie de hospital psiquiátrico en Londres para ayudarle a superar el trauma, evitando hacerle recordar lo que había ocurrido, pues les parecía mucho más cruel que el niño recordara que había sido su propio padre quien había intentado matarlo, mandándolo poco tiempo después al orfanato Thomas Coram.

Por la noche Greg había llegado con algunas fotos del expediente y un pequeño historial sobre la infancia de Siger, Mycroft se enteró de lo triste que había sido su vida antes de ser adoptado, su madre había muerto al momento de su nacimiento y su padre había caído en el alcoholismo hasta que un sacerdote lo ayudo llevándolo a un albergue en donde tendría techo, comida y le ayudarían a salir adelante con su hijo, consiguiéndole trabajo como intendente en el laboratorio del Científico David Wells, el mismo que lo había convencido de llevar a cabo tan terrible ritual.

Mycroft estaba sorprendido y aterrado por todo lo que estaba leyendo, le dolía mucho todo lo que había sufrido su padre, aunque agradecía que jamás lo hubiera recordado, para su padre su vida había comenzado el día en que la familia Holmes lo adoptara, y era mucho mejor así, los Señores Holmes fueron una pareja amorosa que le brindaron a Siger una buena educación, amandolo desde el primer intastante en que lo vieron.

Para Mycroft el hecho de que la casa en la que vivían sus padres no se hubiera vendido anteriormente tenía sentido, parecería ridículo, tal vez absurdo, pero para el mayor de los Holmes era obvio que la casa estaba esperando a que su padre regresara a ella, al punto en el que todo había empezado.

—Dimmock me consiguió una entrevista con David Wells el día de mañana.

—¿Sigue vivo?

- Le dieron cadena perpetua, debe tener como unos 75 años y está encerrado en la prisión de Wandsworth, tengo entrevista con él a las 11 de la mañana, después puedo pasar por ti y vamos por Sherlock y John.

—¿No tendrás problemas por no ir a trabajar?

—Dimmock me dio el día, pero eso si, tendré que olvidarme de descansar los siguiente dos fines de semana, con todo lo que me ha ayudado ni como negarme.

—Iré contigo, me reportaré enfermo por la mañana e iré contigo –Mycroft se acercó a Greg y lo abrazó por la cintura mientras éste lo tomaba por los hombros- Gracias Gregory de verdad creo que nunca podré terminar de agradecértelo.

—No tienes nada que agradecer, te amo, sé que tu también harías lo mismo por mi, además quiero tanto a tu familia como a la mía, incluso a ese pequeño hermano tuyo que a veces puede ser un verdadero dolor de cabeza –dijo Greg con una sonrisa en los labios haciendo que Mycroft sonriera también- ya en serio, de verdad quiero mucho a Sherlock y haría lo que fuera por ti y tu familia.

Mycroft y Greg se besaron apasionadamente e intercambiaron algunas caricias, posteriormente el mayor de los Holmes habló a casa de John para saber como se encontraban, el rubio le contó lo que había sucedido en casa de sus padres haciendo que Mycroft, que ya estaba un poco más tranquilo, volviera a tensarse, al colgar Greg lo abrazó y llevó a la cama en donde a través de besos y caricias logró calmarlo aunque fuera un poco.

—Tranquilo Myc mañana hablaremos con ese pseudocinentífico y tal vez sepamos si se puede hacer algo para evitar que esos niños sigan molestando a tu familia, de cualquier forma nos traemos a Sherlock y a John, le parezca a tu padre o no.

—No me importa si tengo que secuestrarlo, Sherlock no puede pasar un día más en esa casa –dijo Mycroft con determinación.

Greg llegó puntual a la cita que tenía en la prisión de wandsworth para hablar con David Wells, iba acompañado de Mycroft quien no había tenido ningún problema para que le dieran el día libre y Greg le había conseguido un pase de entrada para que pudiera estar con él durante la entrevista.

David sonreía de forma misteriosa al ver a los dos chicos que lo esperaban sentados en una mesa, no era una sonrisa cálida, era más bien una sonrisa inquietante.

—Supongo que vienen por lo del eclipse –dijo el hombre sin siquiera saludar antes.

—¿El eclipse? –preguntó Greg- …..venimos por lo sucedido en Yeovil hace 40 años.

El hombre se rió por lo bajo dándose cuenta de que no estaban al tanto de toda la situación.

—¿Qué es lo que quieren saber?

—¿Qué fue exactamente lo que sucedió? Sabemos que se llevó a cabo un ridículo ritual a las afueras del pueblo, en el cual 7 personas estaban dispuestas a sacrificar a sus propios hijos para atraer algo así como la oscuridad, pero que éste fracasó debido a que a una de ellas le dispararon antes de que pudiera degollar a su pequeño.

—oh chico –contestó con una risa el científico- perdón, me parece que me dijeron que tu nombre es ¿Gregory? –Lestrade asintió con la cabeza- bien, mira Greg, el ritual no es ni ridículo, ni fracasó o de lo contrario no estarías aquí.

—¿Qué quieres decir?

—¿Por qué estás aquí? ¿por qué te interesa saber lo que ocurrió hace 40 años? No creo que fuera porque hayas escuchado un simple rumor y te haya entrado la curiosidad, si estas aquí es por algo más ¿qué ha ocurrido?

—Construyeron una casa en el terreno en el que se llevó a cabo el ritual y la familia que la habíta está siendo molestada por unos niños que se apare en ahí.

—¿Es tu familia?

—Es la mía –contestó Mycroft.

—Bien –el hombre continuaba sonriendo- toda mi vida me ha apasionado el estudio del cerebro humano, no existe, ni jamás podrá existir una computadora más perfecta, es también en donde se generan las emociones, por lo que decidí profundizar más en aquellos neurotransmisores descubriendo que en lo más profundo de nuestro cerebro esta encerrado una parte oscura, algo con lo que nacemos pero que nunca desarrollamos ni lo dejamos salir debido a los contratos sociales, investigando un poco más sobre algunos cultos a la oscuridad encontré un ritual que debía ser llevado a cabo durante un eclipse solar, éste finalizaba con la muerte de siete niños por parte de alguien que los amara, porque ¿qué podría ser más oscuro y grotesco que matar a una criatura inocente por parte de un ser amado?

—Eso es enfermizo –dijo Mycroft con incredulidad y temblando de coraje.

—¿Para que quería hacer algo así? ¿Qué pretendía ganar con eso? –pregunto Greg.

—Al concluir el ritual el mundo quedaría encerrado en una especie de infierno, en un mundo lleno de oscuridad y no, no hablo de la ausencia de luz, hablo de maldad.

—Pero ¿por qué? No lo entiendo, ¿por qué querría hacer algo así? –preguntó Greg.

—Porque podía hacerlo, me pareció interesante.

—Esta completamente loco –Greg no podía creer lo que escuchaba.

—El ritual no fracasó, solo tomó un receso, lo que comenzó hace 40 años debe terminar…Contéstame… -David volteó a ver a Mycroft.

—Mycroft –contestó al notar que el hombre quería saber su nombre.

—Mycroft, el chico que escapó del ritual ¿es alguien de tu familia?

—Es mi padre.

David comenzó a reír y eso hizo que tanto a Mycroft como a Greg se les erizara la piel.

—Lo ven, no ha fracasado, en unas horas más el eclipse comenzará y el ritual concluirá.

—Por eso esos niños querían dejar solo a mi hermano, por eso el cambio en mi padre, quieren hacer que él lo mate –dijo Mycroft angustiado.

—¿A tu hermano?

—Dijiste que tenían que ser niños, no puedo decir que Sherlock aún sea un niño pero es bastante joven.

—No Mycroft, el ritual empezó con tu padre y debe terminar con tu padre.

—Bueno pues no lograrán nada porque mi madre está en coma en el hospital y no creo que se levante exclusivamente para matarlo, menos cuando está rodeada de doctores.

—Yo no dije que tuviera que ser su esposa, dije alguien que lo ame, tal vez…¿su hijo menor?, dime ¿tu hermano y tu padre suelen ser muy unidos?

—Demonios –Mycroft se puso pálido.

—Tampoco tiene que ser a propósito, bien puede ser un accidente –la inquietante sonrisa de David se hizo aun más ancha.

Mycroft y Greg salieron corriendo del lugar, Greg hizo una llamada a su padre para pedirle prestado el carro, no podían perder más tiempo, faltaban 3 horas para el eclipse que era más o menos el tiempo que hacían de Londres a Yeovil y no tenían ni idea de a que hora salía el siguiente tren.

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Ni Sherlock ni John se sentían con ánimos de ir a la escuela por lo que se levantaron tarde, se ducharon y tomaron camino a la casa del pelinegro para cambiarse de ropa, ya que si Siger los veía con la misma sospecharía que no fueron a clases, aún no sabía como le explicaría lo del ojo morado.

Al llegar a casa sacaron algunos platos y cubiertos y comieron algunas sobras que habían en el refrigerador, Sherlock escuchó el teléfono sonar pero al contestar no pudo entender muy bien lo que Mycroft le decía, se oía angustiado y solo pudo captar algunas cuantas palabras como; casa, cuidado, eclipse, en camino, la conexión no era buena y de pronto la llamada se cortó y el teléfono se quedó sin línea.

—Era Mycroft, no entendí nada de lo que decía, pero creo que ya vienen en camino.

Justo cuando estaban a punto de salir rumbo al hospital Siger llegó, estaba furioso pues los había ido a buscar a la escuela ya que Violet acababa de volver del coma, Sherlock mintió diciendo que se había caído de las escaleras poco antes de ir a clases y que por eso habían faltado, explicando así los golpes que tenía en el ojo y la espalda, pero Siger no parecía escuchar, continuaba gritando y comenzaba a acercarse de forma amenazadora, Sherlock lo veía con terror, pues jamás había visto a su padre en semejante estado, además no dejaba de agarrarse la cabeza con ambas manos y gritaba cosas como "cállense, dejenme en paz" como si hablara con alguien más.

El eclipse estaba empezando y Siger se ponía cada vez más violento, aventando cuanta cosa se le ponía enfrente mientras Sherlock caminaba hacía atrás sin quitarle la mirada de encima, éste le dio con el puño en el estómago, Sherlock se dobló de dolor y cuando su padre estaba a punto de darle otro golpe John se le trepó a la espalda tratando de detenerlo, el Señor Holmes logró quitarse al chico de encima y lo aventó contra la mesa de la cocina tirando así los platos y cubiertos que habían en ella, el pelinegro se dio cuenta de que su padre iba en dirección a John con la intención de golpearlo cosa que por supuesto no iba a permitir por lo que corrió al lado del rubio protegiéndolo con su cuerpo, vio un palo en el piso y lo tomó levantando la mano con la intención de golpear a su padre en cuanto sintió que éste estaba cerca, pero al hacerlo volteo hacia el lado contrario, pues no soportaba la idea de atacar al hombre que tanto amaba.

En cuanto sintió que el golpe había sido certero escuchó el grito de su hermano "Sherlock" y sintió como algo tibio resbalaba por su mano, volteó y vio a Mycroft y a Greg parados en la puerta de la cocina y el cuerpo inerte de su padre tirado en el suelo, tardó unos segundos en entender lo que había sucedido, vio lo que tenía en la mano y de forma inmediata lo soltó, era un cuchillo, lo que había agarrado del suelo no había sido un palo como él creía había sido un cuchillo y sin darse cuenta acababa de degollar a su padre.

Sherlock veía a su hermano pálido, con el terror reflejado en sus ojos, John lo abrazó muy fuerte y Sherlock escondió el rostro en su pecho llorando sin parar.

La casa quedó en total oscuridad, el eclipse estaba completo y las voces de unos niños se escucharon por las escaleras, se oían felices, cuando los cuatro voltearon vieron a siete niños parados en la sala, uno de ellos no había estado ahí antes, ese niño era su padre.

—Vengan vamos a jugar, ahora podemos jugar todos juntos, sus sonrisas eran macabras y sus ojos fríos.