Ni has notado mi nuevo peinado -rompieron de pronto el silencio.

Greg que se mantenía concentrado en los guisantes de su plato, levantó la vista, por un largo rato se quedó meditando: ¿Será que se lo tiñó?...No no, se lo cortó. Hummm..piensa Greg, piensa.
Esa podía ser la pregunta más tortuosa que podían hacerle, podían hablarle de Letras Inglesas, de la posible doble o quintuple identidad de Shakespeare, pero no del jodido peinado. Ese tema podía hacer una guerra campal, donde la destrucción de Troya sería mínima.

Oh sí, sí -sonrió esplendido- Te has...hemmm..sí sí..humm -señaló con el cuchillo- Te has peinado de lado. Sí, te ves muy guapa -asintió con solemnidad-.

Dios Santo, no me he hecho absolutamente nada Gregory, eres igual que tu padre, fácil de engañar y mentiroso -negó la mujer frente a él- ¿Pero que más da, adivina a quien vi hoy? Recuerdas a Mary Alice, bueno pues hoy...

A pesar de que su madre hablaba, Greg ya estaba distante, intentaba entender ¿por qué su madre siempre insistía en sacar lo peor de él? Por qué siempre había comparaciones y nada lindo por decir. Siempre se burlaba de su soltería y reprochaba sus costumbres solitarias. "¿No serás mariconcito no? Porque recuerdo a mi primo Albert, oh sí que lo recuerdo, ser homosexual le trajo muchos muchos problemas. Mi tía murió de tristeza y vergüenza porque...bla bla bla" La interminable perorata de su madre le agobiaba, le asfixiaba.

Y entonces se quedó sorprendida por mi edad -sonrió mamá-...

¿Ah sí y cuantos se supone que tenías esta vez? -replicó con naturalidad-

La mujer le obsequió una mirada amarga, larga y recriminante.

Lo..lo siento mamá -suspiró- No quise...lo siento si? -bajó la mirada y continuó picando su comida-.

La cena transcurrió como siempre, incómoda, pronto la conversación se apagó y comieron en silencio, siendo el televisor el único que se animaba a amenizar la noche.

Pronto cada quien se fue a su habitación, Greg había quedado profundamente dormido con su libro entre las manos y el televisor encendido. Sin embargo cuando el reloj ya marcaban las 11 pm una llamada rompió el silencio, pronto Greg salió de su estupor y exaltado contestó, pero tan pronto lo hizo colgaron "Seguramente debe ser un imbécil" pensó y volvió a acurrucarse, quizá pasaron otro par de minutos cuando el teléfono volvió timbrar.

-¿Si diga?- gruñó Greg.

-¿Ho..Hola..se encontrará el Profesor Mycroft Holmes?

-¿Quién?

- Perdón- carraspeó nervioso – ¿Digo, es decir, habla el Profesor Mycroft Holmes, se encontrará Gregory Lestrade?

-Él habla- sonrió con amplitud y se acomodó en su cama.

-Si hemm..ah..perfecto, verá...hoy asistí a su clase y la verdad es que...

Greg intentaba reconocer la voz, parecía que él le conocía, así que inquieto se removió en su lugar, pero sin percatarse, el volumen de la tv subió a su máxima capacidad, lo cuál le sobresaltó. Intentó encontrar el control correcto pero entonces oprimió otro botón y el estéreo también se encendió. "Y entonces quedé muy impresionado..." no encontraba el maldito botón para apagar los aparatos "Y me preguntaba si...". Listo! Presionó el botón adecuado y la tv se apagó "No me lo tome a mal...solo" con otro movimiento ágil encontró el segundo control y por fin se hizo el silencio.

-Y pues espero no le parezca atrevido- concluyó Mycroft.

-¿Cómo?- rió Greg -Discúlpeme, no le he escuchado bien, intentaba apagar éstas cosas.

El pelirrojo se quedó perplejo, lo suyo no era invitar a salir, de por si había sido difícil decirlo la primera vez sin parecer un acosador y ahora debía decirlo por segunda vez.

-¿Hola, sigue ahí?

-Hemm..si sí, aquí sigo. Verá, soy el Profesor Mycroft Holmes, colega suyo en la universidad, soy profesor de Matemáticas. Hoy por casualidad fui a visitar a un compañero de Letras Hispanas y por casualidad entré a su asignatura, quedé completamente impresionado y quisiera saber si le interesaría salir a tomar un café o cenar el sábado conmigo. Por favor, no me lo tome a mal, es solo que...

-Si de acuerdo- asintió y amplió una sonrisa.

-Oh genial, estamos en contacto...

Tras haber colgado una sensación extraña se instaló en Gregory, si bien él no aceptaba de buenas a primeras una cita, tampoco lo haría con un desconocido. ¿Por qué le había bastado saber que eran compañeros? ¿Por qué no solo rechazarlo como hacía con todas sus citas? lo cierto era que no tenía respuesta lógica para ninguna de sus preguntas, solo era consciente de que la voz al otro lado le resultaba agradable y que si se había tomado la molestia de entrar a su clase y después de eso buscar su número telefónico, quizá sería una persona interesante.

A la mañana siguiente después de haber tomado el desayuno con Sally, Greg decidió investigar más sobre ese tal Mycroft Holmes. Llegó al departamento de Matemáticas e indagó sobre el aula que le correspondía, tardó un poco en encontrarla pero al final llegó.

-Y entonces, si despejamos las derivadas, después factorizamos y así encontramos los puntos primarios, alguien desea pasar?

No se veía tan mal, era alto y esbelto, cabello rojizo y ondulado, una hermosa barba igual de un rojo intenso, se movía como gato a través del aula, elegante, soberbio. Llevaba un traje color ocre, hacía un contraste hermoso con el azul/verdoso de sus ojos, sin mencionar ese adorable blanco en su piel, casi tan puro como la inmaculada nieve y sus mejillas llevaban esas lindas pecas, sí...no era un mal prospecto.

Greg miraba con discreción por la ventanilla de la puerta, se pasó de un lado y después del otro, sació su curiosidad hasta que se saturó de la imagen de Mycroft, se disponía a marcharse cuando la puerta entonces se abrió.

-Hola- sonrió Mycroft -Te vi desde hace rato, soy Mycroft...

-Oh, hola hemm...hola. Pasaba por aquí y entonces- se sonrojó por completo y estrechó su mano- Soy Gregory Lestrade, bueno eso ya lo sabías, hemm...Hola.

-Nos veremos el sábado entonces?- sonrió aún más el pelirrojo.

-Claro, sí.

-Bien, entonces hasta el sábado, muero de ansiedad- torció una sonrisa ladina y cerró lentamente la puerta -Adiós...

Finalmente había llegado el día, era la 5ta corbata que Greg se cambiaba y aún se sentía inconforme, ninguna conjugaba perfecto con el traje. "Pero que diablos, tú ni siquiera usas traje" se burló su consciencia. Y eso era cierto, no había nada más cómodo que usar unos vaqueros, una camisa de vestir (para no perder formalidad) y un saco o un chaleco a juego, ¿por qué cambiar su estilo?.

-Esa chica debe ser especial eh?- lo miró su madre desde la puerta, con esa sonrisa incrédula -Déjame ayudarte, esa corbata no te va bien. Cambia la camisa y ponte ésta, resaltará tu color...

-No es nadie especial, no es una cita tampoco, solo hemos acordado tomar los alimentos en la misma mesa- se acercó y dejó que le ayudaran -¿Nada especial correcto? Además, es una cena de colegas, trabajamos en el mismo lugar y es por eso que no puedo cancelar, sería descortés.

-Sí, ya veo- asintió mamá -Bien, como sea, debes dar una buena impresión- apretó el nudo de la corbata y alisó el cuello- Listo, así me gustaría verte siempre, no con ese atuendo de solterón, quizá así encontrarías pareja pronto y...

-Basta mamá, por favor- suspiró- Hoy no, por favor...

Ningún taxi se compadecía para hacerle parada, ya iba tarde y aún se sentía como una especie de maniquí, el cuello le asfixiaba y la camisa! Odiaba esa camisa, para variar había empezado a llover y llegaría empapado, asfixiado y quizá con urticaria. Mal día para tener una cita.."cena Greg, cena".

-Te ves bien Greg- sonrió una mujer anciana -Tienes una cita ah? Quedará impresionada, si yo tuviera unos años menos te invitaría a salir...

-Gracias Señora Padmore, pero aún así puedo invitarla- bromeó y suspiró -Hasta luego.

Finalmente un taxi se había compadecido y se detuvo frente al chico.

-Estás seguro que era para mi la parada?- entornó los ojos desde la ventana del copiloto.

-Seguro, ande suba, la lluvia ya arreció.

Aliviado subió a la parte trasera y suspiró -No arranque hasta que haya subido las ventanas, de lo contrario...- pero el auto ya había arrancado -Momento, no tiene ventanas!

-Cierto- sonrió el conductor -Ya las voy a cambiar, pero no se queje conmigo, hágalo con la compañía.

Con media hora de atraso finalmente llegó, su camisa estaba húmeda y la corbata la llevaba encima del hombro, el cabello alborotado y sin mencionar que los zapatos le apretaban. Intentó acomodar un poco el desastre cuando llegó al recibidor, pero justo cuando terminaba de deshacer el nudo de la corbata, alguien se posó detrás suyo.

-Hola- sonrió Mycroft.

-Ah..hola- volteó a verlo mientras sostenía la corbata entre sus dedos -Siento haber llegado tarde pero ningún taxi pasaba y bueno- volteó al espejo para inspeccionar su aspecto -Dios...

-Cómo? Pero si has llegado a tiempo- miró su reloj.

-Oh no, bueno...es que luzco como si hubiera sido atacado por lobos o algo así.

-Ammm...luces perfecto- sonrió el matemático -Ven, entremos por favor- abrió la puerta e invitó a pasar a su invitado.

Una vez dentro, el mesero encargado los llevó a su mesa. Se trataba de un lugar lujoso, mesas de caoba, luces discretas y piso de madera, candelabros con cristales que emulaban ser piedras preciosas ( probablemente lo eran), un pianista amenizaba el ambiente. Era como uno de esos sitios de película, lujoso y demasiado costoso.

-Y te gusta bailar?- dijo de pronto el pelirrojo mientras observaba a una pareja al centro de la pista.

-Ah? Ajám...con mamá, a veces lo hacía con ella, y a ti?

-Sí también, bueno solo me gusta ver a las parejas, ya sabes los números pares, en las matemáticas los números pares son muy importantes.

-Ah cierto, me estabas contando algo al respecto.

-Sí verás, existe el teorema de los binomios y trinomios. Por ejemplo, el binomio es el cuadrado del primer término más el doble producto del primero por el segundo, más el cuadrado del segundo, todo eso resulta en un trinomio, pero también se puede reducir a un binomio. No sé si me explico, pero resuelva como lo resuelva, el resultado siempre llevará a pares...

-Claro- asintió Greg -Pero también es curioso que una raíz cuadrada con valor negativo siempre va a resultar un valor inexistente, sin embargo, si se hace una raíz impar, el resultado será positivo o en todo caso existente...

Quizá no era la conversación más normal para una primera cita, quizá no era la cita más perfecta del mundo, pero en ese instante Mycroft sintió interés por Greg, ambos compartían pasión por el conocimiento. No importaba el físico ni tampoco había prejuicios. Eran tan puros y verdaderos como los números, tan perfectos y sin complejos...Quizá él era el indicado.