Han pasado dos semanas y en serio jamás pensé dejarlo así de abandonado faltando tan poco ;w; estuve trabajando una semana y la siguiente sin internet, pero ahora pude traerlo u.u el disclaimer de siempre, disfruten~


¿Dejar la agencia de sexo telefónico? ¿Por qué? Las ganancias eran buenas, lo mantenía en secreto de sus amigos, ¡no interfería absolutamente en nada con su vida cotidiana! Tenía un horario flexible, una guía de ayuda de sus senpais para hablar con fluidez, y hasta un móvil especial para el trabajo para que en serio no interviniera ni se mezclara con su normalidad diaria.

— ¿Por qué diablos haría eso nanodayo? —Tal vez se oyó demasiado a la defensiva por la expresión ofendida que puso Kazunari, mas no se arrepentía en absoluto de hacerlo notar. Y es que, de alguna forma Takao tenía que comprender que sólo un loco dejaba ir una oportunidad como esta. Y ok, él podía ser un poco excéntrico, pero no estaba tan demente como para abandonar el seguimiento de los designios de Oha-asa por no tener dinero, que conste.

—D-Dijiste que lo que sea, ¿verdad? —Ese leve temblor en su voz bastó para que Midorima entendiera que no estaba cómodo con esto. La firmeza de su mirada parecía contradecir el resto de sus inseguridades, pero claro que debió haber imaginado que Kazunari lo juzgaría… no tenía por qué aceptar todas sus decisiones sólo por ser su sombra, después de todo. — Pues entonces deja de cuestionarme y hazlo, Shin-chan… Te pondré el móvil al oído para que renuncies, así que dame el nombre del contacto.

Shintarou frunció los labios, inevitablemente evidenciando su duda y su reticencia al respecto, mas en realidad no tenía mucho de qué preocuparse: el celular que su amigo tenía en mano era el de siempre. Al parecer no había reparado –durante ese encuentro telefónico de ayer o después- que el número era diferente o algo así. O quizá pensó que no importaba, porque era probable que en ambos tuviese el número de su primo, el responsable de llevarlo allí, sin tener en cuenta que él no tenía el poder para sacarlo así sin más antes de consultarlo con su jefe.

Era bueno que no lo supiera.

—Kyouya —respondió, fingiendo hallarse muy afectado por tener que contestar. Y en parte así era, porque se vería obligado a actuar algo ridículo.

El pelinegro buscó el contacto y apretó para llamar. Si él pudiese escoger lo que quisiera, habría bloqueado y denunciado ese número del mal, que por más familiar de Shin-chan que fuera no hacía más que arrastrar a su adorado escolta hacia el pecado, y de paso conseguir una orden de alejamiento. Pero no, no le convenía verse tan autoritario frente a Shin-chan, si quería que cumpliese con mejor disposición el resto de sus demandas. Por otra parte, hubiese preferido enviarle por su cuenta un simple mensaje, algo como "así que renuncio, y no te vuelvas a aparecer por mi casa para ofrecerme empleos dudosos nanodayo" acompañados de mil y un insultos de su propia cosecha… Por suerte, alcanzó a suponer que Shin-chan no apreciaría que se hiciera pasar por él de tan burda manera. Eso y acabó por convencerse de que una llamada era mucho más directa y realista.

Directa, ¿eh? Pues entonces, si se atreve a aparecer de nuevo deberé hacer algo directo y extremista… como citarlo personalmente, obligar a Shin-chan a alejarlo, y me paseo enfrente suyo con una motosierra. De seguro eso le parece muy convincente, a este explotador de tsunderes… Ugh, ¿es que no entiende que hacerle decir a un tsundere como Shin-chan líneas tan vergonzosas le hace salir de su personaje o algo así? Se nota que tiene mal gusto… Me desagrada profundamente.

Por fin, conteniendo una mueca, ubicó el celular junto a la oreja del mayor, y poco después se oyó una voz masculina.

¿Shintarou? —…Mierda, suspiró Kazunari, apenas puso el altavoz y pudo escuchar aquella voz tan parecida a la de su escolta favorito. Quizá ese sujeto fuera una mala influencia para su Shin-chan, pero vaya que tenía un tono hipnotizador… Ugh, no, no era el momento de simpatizar con el enemigo. — ¿Ocurre algo? ¿Por qué llamas tan tarde?

Takao le dio un codazo al peliverde para que respondiera, y tras un suspiro este habló:

—Quería hablar sobre la agencia contigo nanodayo…

¿Hm? Oh, ¿será que vas a aceptar mi propuesta? ¿Vas a renunciar?

¿Qué?

Aturdido como estaba, el base parpadeó y apartó el celular del más alto, para mirar confundido la pantalla. Sí, el contacto era el malvado Kyouya, y debajo de su nombre se veía una favorecedora foto de un peliverde muy apuesto y sonriente. Antes le había parecido una sonrisa oscura y peligrosa, pero tras escuchar la palabra "renuncia" esa curvatura de labios casi se veía angelical. ¿Sería que su primo estaba arrepentido de traer a alguien tan adorable como Shin-chan a un lugar como ese? ¿Y por ello le pedía renunciar y apartarse del mal camino al que él mismo le había llevado?

Tal vez no era una mala persona, se dijo conmovido. Aunque al parecer fue muy rápido para saltar a las conclusiones, pues su luz contestó:

—No aceptaré una propuesta tan ridícula nanodayo.

¿Oh?

Por lo visto alguien estaba buscando reemplazar a su primo a la cita con su motosierra. Takao le dedicó la mirada más amenazante de su repertorio, obteniendo hasta un temblor por parte de su posible víctima, que le hizo soltar una amarga risita baja.

Shintarou, ¿qué fue eso? Hombre, ¡casi se oía como los criminales seriales de televisión! Estás mejorando con tu voz, ¿eh? Ah~ Si puedes hacer estas cosas no entiendo por qué rechazas mi propuesta…

—Va a aceptarla —dijo en su lugar el ojiazul, sorprendiendo a ambos Midorima, aunque por distintas razones. — Cualquier cosa con tal de que dejes de trabajar ahí, Shin-chan, no te conviene

—Takao, no es lo que crees, yo sólo…

¡Hazle caso a tu amigo, Shintarou! Me alegra escuchar que al menos él sí sabe de negocios, mi propuesta te conviene más

— ¡Claro que no nanodayo! Él no entiende absolutamente nada de esto.

—Shin-chan…

— ¡Y tú no te lo tomes tan a pecho! —bufó ante el tono compungido de Kazunari. Por fin, carraspeó y exigió—: ¿Por qué no le hablas más a Takao sobre tu propuesta? Para que entienda de verdad las cosas nanodayo.

Oh… pensé que ya le habías contado y por eso me apoyaba —comentó el chico, ligeramente sorprendido mas sin negarse. — Pues le dije a Shintarou que renunciara, porque le encontré algo mejor.

¿Mejor?, se repitió el pelinegro, un poco desconfiado a su pesar. Y es que, era normal tener dudas ante el hombre responsable de llevar a su Shin-chan al mundo de la lujuria. A sus ojos, este trabajo estaba a la misma altura de un burdel, de que Shin-chan fuese un stripper o algo así. Era normal dudar sobre cuál era el concepto de "mejor" de ese individuo tan distinto a los otros Midorima que conocía, en vista de que casi no se notaban los genes en su actitud.

— ¿Algo como qué? —Se atrevió a preguntar, al percatarse del rojo que bañaba el rostro de Shin-chan.

¡Algo como ser seiyuu! Una amiga hace juegos eroge y…

— ¿Qué? —interrumpió casi sin darse cuenta. — P-Pero también tendría que decir cosas v-vergonzosas y…

Pero Shintarou no tiene vergüenza de esas cosas —rió como si nada aquel sujeto— Incluso él mismo me dijo que no sentía nada, que era sólo cosa de práctica. Tal vez sea asexual…—meditó.

— ¡Shin-chan no es asexual! Llamaré después —añadió resoplando, y colgando de inmediato la llamada. ¡Vaya hombre más desencaminado! Ok, él mismo no era ningún santo, pero conocía sus límites: podría fastidiar mil y un veces la inocencia de Shin-chan, mas nunca atreverse a llevarle cerca de algo que pudiese profanarla. Podría hacer mil y un chistes sucios, burlarse –para sus adentros o no- de la ingenuidad del más alto, y quizá incluso explicárselos, pero jamás sugerirle ponerlos en práctica; ni chistes ni consejos. Él debía proteger su pureza tsundere, claro que sí, para eso era su sombra.

Enfadado, guardó en su bolsillo el celular del escolta y se revolvió el cabello con furia. También le enojaba que su Shin-chan no le diera la importancia suficiente a esos trabajos, que recién viniese a abochornarse delante suyo.

—T-Takao…

—Tienes muchas cosas que explicarme, Shin-chan —bufó, cruzándose de brazos enfrente de él. — Con que "no sientes nada" cuando haces eso, ¿eh?

—Son sólo desconocidos nanodayo. No es como si estuviera…

—Pero eres capaz de soltar cosas que no hablarías ni con tu pareja, ¿verdad? Entiendo —lo cortó, evidentemente decepcionado por tal respuesta. ¿Es que acaso no era peor tratándose de desconocidos? ¿Fue porque él lo reconoció que comenzó a avergonzarse ayer?

—No quise decir eso, idiota. Yo… no me importa porque sé que es una mentira, sino no lo diría nanodayo.

—Y… y si era mentira, ¿por qué actuaste tan raro después? —Consiguió preguntar, levemente cabizbajo. Y es que en serio estaba desilusionado de su Shin-chan. Siempre tuvo la impresión de que él se tomaba todo muy en serio, de que era alguien muy sensible por dentro, y por ende se reservaba hasta que alguien llegase a moverle el mundo… Ahh… después de todo, no fue así ni de lejos. —Entiendo que debió ser raro porque me conoces, pero tratándose de mí no tendrías por qué tener vergüenza… digo, he visto casi todo de ti… creí haber visto todo de ti…

—No lo compares nanodayo —replicó como pudo, en secreto preocupado por aquella mueca del más bajo. Precisamente por esa preocupación se le escapó lo siguiente—: Sólo contigo nada de lo que diga podría ser mentira…

Apenas lo dijo sintió una corriente helada por el respingo que dio Takao. Y es que, debió haber dicho algo realmente terrible para que Kazunari le viera con los ojos como platos, pálido por el posible susto que le causó con tanta sinceridad espontánea y ridícula quizás.

— ¿Qué? —atinó a pronunciar apenas, demasiado afectado por el shock en realidad. Pero ¿cómo culparlo por hallarse así? Habiendo tantas formas de interpretar sus palabras, era normal estar confundido. Bueno, en realidad el base sólo se estaba centrando en la posibilidad más desgarradora para su pobre corazón: Shin-chan, como no podía mentirle, apenas supo que era él sintió náuseas de continuar con su farsa de galán necesitado, y abandonó su actuación porque se le hacía impensable siquiera fingir tratándose de él, su amigo…

Ah. Estaba en la friendzone hasta el cuello. Y debía ser masoquista o algo parecido. Pudo haberse centrado en otra idea más benévola para su autoestima, pero no, tenía que pensar en la que más indefenso le dejaba.

—Yo… si me desatas prometo decirlo.

—Oh —se limitó a murmurar como vago asentimiento, demasiado desanimado para fingir siquiera. Y bueno, al menos a él eso de fingir no se le daba, a diferencia del desconsiderado inconsecuente de Midorima, que no medía sus palabras y lo hacía sufrir. Sin embargo, precisamente por ese motivo se apresuró a quitar las cuerdas, lo único que quería era echarlo de allí por el enfado, aunque esa fuera la habitación del otro y demás. Podría mentir alegando que su deseo era quedarse allí, solo, y mientras estuviese dentro rompería todos los objetos de la suerte como venganza por no ser correspondido. Le valía una mierda ser inmaduro ahora, consideraría hoy su "día límite" de la inmadurez; que se fijara ese límite haría que mañana –ojalá- se esfumaran muchas cosas: esos berrinches desastrosos (como el que planeaba hacer apenas sacara al mayor de aquí), sus peticiones inútiles (¿qué le importaba a él que Midorima trabajara en cualquier cosa si jamás iba a gustarle?) y ¿por qué no? Sus sentimientos. Se obligaría a madurar por la fuerza.

Por eso, sólo por última vez… quería esperar con ilusión que al menos una de esas tres cosas desapareciera para siempre mañana.

Aquello fue lo último que pensó antes de que la última soga cayera al piso, y Midorima se levantara apresurado para después frotar sus muñecas, no sin cierta expresión de disgusto, como si le hubiera lastimado con el amarre –cosa bastante improbable porque Takao había cuidado de no herir a su Ace-sama, así que debía tratarse sólo de una escenita.

—Al fin —farfulló el peliverde, sin dejar de frotar sus muñecas mientras lo miraba con evidente acusación. — Tú y tus cosas innecesarias… no tenías por qué llegar a este punto nanodayo —hizo notar con evidente disgusto.

—Sí, sí, sí, como sea.

—Basta con decir "sí" una vez, Takao.

—En lugar de decirme eso podrías ir soltando la gran explicación, Shin-chan —replicó, repentinamente sintiendo el derecho de poner las manos en las caderas y por ende haciéndolo. Oh, vamos. Una última vez para jugar a la novia celosa tampoco estaba mal.

—P-Pues…—Takao en serio amaba ese jueguito. ¡Si casi parecía que su Shin-chan se intimidaba! — Tu sabes… no puedo mentirte nanodayo.

—Eso ya lo dijiste —señaló rodando los ojos. Para darle más dramatismo al asunto, soltó un suspiro exagerado y fue a sentarse a la cama, para luego poner su pierna sobre la otra con gesto contrariado. — Pero sigo sin entender a qué viene tanta crueldad, Shin-chan.

— ¿Crueldad? —repitió, obviamente extrañado por tal incoherencia. — ¿Es malo no poder mentirte acaso nanodayo?

—No exactamente —Ugh, Midorima odiaba estos juegos. Porque en serio a Takao se le daba demasiado bien eso de mirarlo con pena, cosa que no le hacía absolutamente nada de gracia. — Es malo sentir asco de haber "hecho tu trabajo" conmigo. —enfatizó con total intencionalidad, apenas pudiendo contener la mueca burlona.

—N-No lo digas de esa manera, idiota…

— ¿No? ¿Y por qué no? —preguntó haciéndose el desentendido— Somos luz y sombra, ¿verdad? Brothers, deberíamos saber todo sobre el otro, ¿cierto? O al menos no ocultarnos a propósito cosas tan importantes. Y aun cuando te diste cuenta de que era yo… si soy tu amigo, al menos pudimos, no sé, ¿reírnos y dejarlo pasar? Oh, pero no, porque preferiste ahogarte en la repugnancia y después tratar de opacar mi diversión durante todo el día, ¿no? Pero pese a todo no te consideras cruel tras tantos hechos que exponen lo contrario… interesante, Shin-chan, interesante…

—Tsk, te estás tomando demasiado literal lo de luz y sombra nanodayo. Y no me imagino riéndome de algo que planeaba mantener en secreto, Bakao.

— ¡Ahí está el punto! "Secretos", ¡planeabas ocultarlo de mí hasta quién sabe cuándo! No es que me lo tome literal, sino estaría pegado a ti todo el día, es que quiero que seamos como Kuroko y Kagami…

—… ¿Fastidiosos?

—Eso ya lo somos, Shin-chan, al menos según varios —suspiró de nuevo— Hablo de que siempre son honestos entre ellos. Eso es lindo, ¿verdad? Eso es sinceridad, y tú no sabes nada sobre ello. Porque ¿acaso crees que se ocultan cosas como tú lo haces conmigo? Siempre pensé que si algún día no tenías dinero para tus Lucky ítems, me pedirías ayuda… porque me tendrías confianza, así que recurrirías a mí y juntos encontraríamos algún trabajo de medio tiempo o algo parecido… Pero no, resulta que no has aprendido a olvidar esa individualidad tuya, y estás metido en asuntos casi ilegales. Bien hecho, Shin-chan, bien hecho. ¿Qué dirían tus padres?

—No irás a decirles… —jadeó nervioso, interiormente turbado por el cambio de roles. ¿Takao sermoneándolo a él? Ah, el fin del mundo se acercaba y nadie predijo esto en la fecha correcta.

—No lo haré —reconoció con benevolencia— Sólo daba un triste ejemplo que probaba que no me tienes confianza, que no puedes tomarte a la ligera una situación "x" como esa para salvar nuestra comodidad diaria, y que de paso no te importa arruinarme mi cumpleaños por no permitirme olvidar lo de ayer… y me refiero a que con tantos "cuidados" no haces más que recordarlo.

Midorima soltó una carcajada seca, demasiado incrédulo como para dar crédito a lo poco que lo valoraba su sombra. Porque pese a que Takao estaba lanzando todo aquello a broma, con el mismo tono jocoso de siempre y una que otra mueca ridícula, supuso que al menos algo de esas palabras habían rondado su mente en algún momento entre la desgracia de ayer y el desastre de hoy. Habían rondado, cuando durante ese tiempo todo lo que hizo fue preocuparse por él, y esta vez demostrándolo.

Pobre de este imbécil si vuelve a reírse cuando le diga "no es como si me preocupara por ti ni nada parecido" a la próxima nanodayo. Ni siquiera sé qué gracia le encuentra, pero si así se toma mis atenciones…

—Ya veo. Entonces no volveré a hacerlo nanodayo.

—Sí, eso es lo que busco —apoyó la idea, aunque ahora tuvo que bajar la pierna por el esfuerzo de mantenerla como señorita. — Es raro verte así, Shin-chan. Lo mínimo que puedes hacer para compensarme tu desconfianza es dejar el trabajo que hizo que descubriera todo esto.

—Iba a dejarlo en diciembre de todos modos —señaló, ligeramente ofuscado por haberse esperado quejas y más quejas, que demostrarían que el menor de hecho amaba que se preocupara por él… Pero en serio no parecía ser el caso. — Voy a trabajar en alguna tienda aprovechando la época y eso nanodayo. Pero… ¿exactamente qué te molesta? Ya fuese esto, o trabajar como mayordomo en un café o lo que sea… habría sido vergonzoso decírtelo, Takao.

Oh, ¡cuánto costaba ser sincero! Esperaba que Kazunari al menos lo apreciara en lugar de seguirse quejando. Porque acababa de revelar como quien no quiere la cosa algo que podía malinterpretarse incluso de esa manera… La correcta, en todo caso.

— ¿Dices que te da vergüenza confiar en mí? —jadeó incrédulo, haciéndole pensar que quizá había bebido incluso más que lo que su descontrol dictaba. Aunque qué suerte, para que no le creyera loco de remate por esta escenita de telenovela. — ¿O piensas que iría a molestarte a tu trabajo? Bueno, iría a toda costa y tomaría fotos —comentó para sí, aunque sabiendo que no únicamente para "molestar" sino para deleitarse con la imagen y ya. — Iría, y quizá con mi presencia se te haría más normal en medio de eso, porque sé que eres malo hablando con desconocidos… O tal vez no. Digo, como puedes soltar cosas tan "vergonzosas" a cualquier extraño. — acusó entrecerrando los ojos.

—Has vuelto a tergiversar todo —gruñó, desesperado ante la fingida ebriedad del otro. — Admito que se me hace difícil pero ¿por qué tendría que serlo por teléfono y cuando no me pueden juzgar más que quejándose con la empresa nanodayo?

—Entonces, aunque me conoces y deberías saber que jamás te traicionaría ¿se te hizo difícil hablar conmigo y por eso colgaste? —Joder, Midorima debería saber que aunque se burlase de él mil y un veces en el fondo era más leal que un cachorrito, y más o menos igual de inofensivo cuando lo atacaban las feromonas de chico prodigio. O al menos debería suponerlo, para evitar shocks y traumas similares al de anoche, cuando cortó la llamada y le empujó a pensar que toda su amistad había acabado…

Por oha-asa, le vino un escalofrío al recordar tal cosa. ¿Y desde cuándo exclamaba pensando en el jodido horóscopo? Por lo visto habían supersticiones contagiosas. Tal vez se contagiaban sexualmente –y quizá ni siquiera sexo directo, bastaba el telefónico. Ahh… si llegara a ser amigo de alguien que estudiara ¿psicología? Le iba a proponer su brillante idea para la tesis: "¿La estupidez puede transmitirse sexualmente?" o para darle más dramatismo "¿La idiotez es una ETS mental?" y todos serían felices y millonarios… Bueno, probablemente él mismo no fuese muy feliz, a menos que siguiera siendo amigo de Shin-chan por entonces. Pero si no lo seguía siendo, preferiría limpiarse las lágrimas en el hombro de algún amigo mientras pasean en un yate de lujo o algo así. Para relajarse, claro.

Se estaba desviando del tema. Pero vamos, que no hubiese tomado alcohol no significaba nada con todo el sueño que le provocaba la condenada pastilla que tomó para el dolor. Porque en serio, su cerebro adormecido no filtraba bien las estupideces… También lo mencionaría en su tesis, tenía que anotarlo.

De repente recordó que una tesis de psicología era lo que menos podía importarle ahora. Y apenas se acordó, dirigió su mirada hacia el escolta, hacia su expresión culpable y abochornada. Ah… ¿sería raro considerarlo "adorable" aunque tuviese ese tamaño y esa actitud? Oh, pero eso también se le hacía lindo…pero odiaba verlo culpable… Eso significaba que le daba la razón a sus palabras. ¿Qué palabras? Pues nada relacionado con la estupidez ni su contagio, sino con la devastadora verdad: Se le hace difícil hablar conmigo.

¿Siempre fue así? ¿Shin-chan siempre estuvo incómodo con él? Francamente lo dudaba, no cuando de la nada su mente era asaltada por tantos recuerdos, ninguno realmente lejano, en los que se sincronizaban sin forzar nada, donde todo fluía con completa naturalidad… Nada de eso fue nunca incómodo. Así que ¿cuándo cambió? ¿Ayer en el teléfono? ¿La semana pasada por culpa de su propia impertinencia? ¿O incluso antes de que todo eso empezara, antes de esa tarde que recibió la tarjeta a manos de Aomine?

Wow. Eso último sí que le parecía lejano, mucho más que sus buenos momentos con el peliverde. Aunque… esa tarde Midorima no lo acompañó al doctor, si mal no recordaba. Estuvo ocupado ese día. Trabajando en algo que no quiso revelarle. Porque no algún momento las cosas dejaron de ser fáciles a su lado.

—No pongas esa cara nanodayo. El difícil no eres tú, Takao. Yo… claro que esperaba que te burlaras, pero es lo normal, casi costumbre, idiota. No te lo ocultaba por eso.

—Oh, ¿y entonces por qué?

—Porque… Bueno, en realidad ayer sí fue complicado por tratarse de ti —acabó por interrumpirse, alarmando al menor. Takao abandonó su posición demandante sentado en la cama, y descruzó las piernas con evidente sorpresa. ¿No acababa de decir que él no era difícil? — No pensé que tú...frecuentaras estos sitios nanodayo.

El pelinegro enrojeció por aquella acusación tan vil, mas no pensó en quedarse atrás ni por un instante.

—Yo tampoco lo esperaba de ti, Shin-chan, pero ya ves. —devolvió con una sonrisita rencorosa. Si Shintarou pretendía jugar sucio, le enseñaría que no había aprendido suficiente de su ejemplo. — Aunque bueno, nuestras situaciones eran muy distintas, ¿verdad? —añadió en un tono más sosegado, esperando… esperando para agregar la bofetada verbal—: Después de todo esa fue mi primera vez ahí y tú estabas lleno de experiencia. Quién lo diría.

Ahora fue el turno de Midorima para enrojecer de golpe. Ahh, no debió subestimar la tenacidad oscura de un escorpio. ¿Era este el momento de la guerra o de decir la verdad? O tal vez la verdad causaría la guerra. Pero fuese como fuese, él no debía dar marcha atrás.

—Era distinto. Yo sólo fingía con el resto de los clientes nanodayo. —farfulló, más desesperado por ganar el duelo de la venganza verbal que por preocuparse en serio por sus palabras.

— ¿Con el resto? —Por supuesto, al moreno no iba a pasársele por alto una caída tan evidente. Aunque de cierta forma, era Midorima quien acababa de ganar la batalla: ahora Takao ni podía pensar en cualquier tipo de ataque verbal, cuando su mente no podía hacer más que repetir una pregunta, que penosamente ni demoró en soltar—: ¿Entonces conmigo…?

Oh, y ni siquiera la reveló incompleta. Era que incluso en su mente no podía terminar de formularla, por culpa de los condenados nervios que tenía. Sin embargo, aun con eso, ahora parecía que Midorima tras ganar huyó del campo de batalla. O al menos huyó su raciocinio, porque se le quedó la mente en blanco.

—C-Cállate —resopló sonrojado— N-No sabía que eras tú pero sonabas como tú y… ugh, digo, yo nunca te he escuchado de esa forma… Bueno, ahora sí pero… Oportunidades como esa no… Aght, te odio nanodayo.

Lo amo, se dijo Takao, sonriendo estúpidamente encantado de los arranques del más alto. ¡Era tan adorable cuando se trababa con las palabras! Bueno, él también estaba así, pero es que Shin-chan –a diferencia suya- lo demostraba mucho más gracias a la gracia tsundere que lo obligaba a intentar explicarse. ¡Y vaya delicia a la vista resultaba ser este rostro avergonzado! Ah, sus ojos ya lo tenían desde todos los ángulos para consérvalo por siempre en su memoria. Esto sí que era un gran regalo de cumpleaños.

Gracias, oha-asa.

—Con que de esto se trataba~ —murmuró, sin perder su sonrisa ni por un instante.

—Confundes las cosas, Bakao. ¿De qué rayos hablas nanodayo? —consiguió replicar.

—Pues… ¿podría ser que desde que comenzaste a trabajar allí te dio curiosidad qué se sentiría conmigo? —se atrevió a preguntar, echándose hacia atrás con descaro sobre la cama del peliverde y apoyándose con los codos, sin apartar su mirada del otro. — Digo, debe ser normal tener esa clase de dudas, tratándose de mí. —Apenas ayer creía que tras el incidente Midorima no tendría reparos en lanzarlo con un triple directo a la basura, pero ahora ya tenía renovada su confianza –o más bien, sus esperanzas. — Sé que tengo una linda voz así que de seguro fui una experiencia interesante~ Aunque según yo, empezaste a pensarlo demasiado tarde, teniéndome a tu lado por tanto tiempo —rió, acostándose definitivamente y esta vez mirando el techo de la habitación. Cerró los ojos e inspiró profundo, por primera vez relajado en mucho tiempo. Se sentía en paz, aunque nada a su alrededor lo estaba precisamente: la música seguía oyéndose con estrépito y retumbaba las paredes, llegando incluso a hacer vibrar ligeramente la cama, las luces de colores que provenían del jardín se proyectaban como recordatorio de que no estaban solos a través de las cortinas, y para colmo su mejor amigo estaba enfrente de él quizá a punto de tener un paro cardíaco por el bochorno, la pena o quizá la ira de ser descubierto pensando indecencias con él.

Y mientras, él en serio estaba en paz. Sentía toda la exaltación del ambiente, el entusiasmo de afuera y la torpeza de Midorima, mas no le preocupaba en absoluto nada de eso. Estaba sonando su canción favorita todo vibraba con esta, y aunque no estuvieran solos él dudaba de que viniesen a buscarlos o de que Hanamiya fuera a delatarles. Es más, apostaba que el otro base estaba más que a gusto sin la amargada presencia de su Shin-chan cerca. Y las luces se veían bonitas desde aquí, más suaves y no tan potentes como en el jardín. Estaba tan en paz que el ambiente retumbante lo relajaba. Incluso Midorima parecía haberse vuelto parte del ambiente, quizás una estatua o algo así. Una linda y adorable estatua torpe.

De repente se preguntó cómo lo vería Shin-chan ahora. Quizás como un imbécil, por alegrarse de ser considerado por él para tener sexo telefónico. Aunque de seguro si ataba cabos comenzaría a comprender por qué se alegraba.

Con eso en mente, sonrió de nuevo y miró burlón a su Shin-chan… mas al instante se le borró la sonrisa. A cualquiera se le habría borrado: Shintarou tenía una expresión más homicida que la de miles de asesinos seriales que Takao había visto en la tv, que lo hacía jurar que en cualquier momento se le escapaba ácido de los ojos directo a su persona. A ese extremo, joder.

Así que, como pasó de la tranquilidad del ingenuo al pánico del realista, la torpeza salió a flote. Tragó intimidado, para después preguntar con cierto aire acobardado—: ¿Shin-chan, p-pasa algo? No me digas que t-te enojaste por eso… ¡Vaya mecha más corta de paciencia tienes! —rió nervioso, a pesar de que la risa parecía más atorarse en su garganta que salir.

Midorima no contestó. Sin abandonar esos ojos de miedo, avanzó hacia la cama, consiguiendo que se le acelerara el corazón a su posible víctima. Víctima que, con la estupidez a flote por el susto, continuó soltando idioteces—: ¿No me digas que se te antojó más que por teléfono? Espero que no cobres, hombre, que la tarjeta no me da para cubrir todo el gasto y-

El peliverde no le permitió decir más. Antes de que Takao consiguiera asimilar que no se estaba abalanzando sobre él para matarlo, cayó entre sus piernas temblorosas y atrapó su cabeza para plantarle un beso. Takao jadeó en medio de este, demasiado aturdido como para apartarle –más confundido por las ganas de que dejara de tirarle del cabello que por que abandonara su boca. Es decir, ¿por qué rayos querría que soltara sus labios si era esto lo que quería desde hace tanto? Sería un estúpido si lo alejaba sólo porque se estaba comportando como bestia y no confesaba que a fin de cuentas igual debía gustarle…

Y yo ya tuve bastante de estupideces por hoy, concluyó, aunque terminando por romper el beso por culpa de su sonrisa. Una boba sonrisa que Shintarou miró de mala manera, rojo por tan dulce interrupción y algo avergonzado por no estar siendo delicado con su convaleciente favorito. Aunque visto de otra manera, era Takao quien se había comportado como imbécil y obtenía que se precipitara así –eso o ambos actuaron todo este tiempo como dos imbéciles. Y no es que fuera a reconocer esta última posibilidad en voz alta. No cuando ahora estaba más preocupado por volcarse en atender al menor, y esta vez de una forma más placentera. Adiós a todas las restricciones que impuso durante el día. Ahh, ¿la idiotez sería contagiosa? Porque de repente la opinión irresponsable de Kazunari se había colado por sus labios, había llegado hasta su cerebro e implantado la ridícula idea de que podrían decirle mañana al entrenador que la imposibilidad de entrenar que tenía Takao se debía únicamente a la resaca…

Definitivamente, la estupidez era muy contagiosa, incluso sólo por vía oral. De seguro sexualmente hablando acabaría tan mal como el otro, pero eso poco importaba ahora.

—Me parece que no lo estás entendiendo nanodayo. No debes pagar por esto, Bakao. Este es el pago que necesito tras toda esta semana —Como siempre, Kazunari entendía todo al revés. Qué remedio; él tendría que enseñarle quién disfrutaría más de todo esto. Aunque era probable que ambos fueran a disputar muy parejamente aquello.

—M-Mira nada más qué tontería dices —sonrió, ligeramente tenso por la vergüenza incluso a estas alturas. Suponía que este pago lo disfrutaría más él, quien creía llevar esperando más tiempo que el otro, pero nada se sabía con precisión a falta de palabras de Shintarou sobre sus sentimientos. Y es que, joder, básicamente tuvo que adivinar que le gustaba. Benditos tsunderes. — Eres tú el que no comprende nada de lo que siento, Shin-chan. Así que esto en serio es como un premio~ —explicó juguetón mientras acariciaba su mejilla, y retiraba con cuidado las gafas. Se incorporó para darle un suave beso en la frente y después dejó los lentes en su mesita de noche, con cuidado para que no se rompieran por las futuras actividades pecaminosas de su dueño.

Shintarou relajó los hombros apenas Takao se apoyó semi-sentado en sus manos sobre la cama, mirándolo fijo. Era una suerte no ser completamente ciego sin esas gafas, sino se estaría perdiendo esa dulce sonrisa que le dedicaba el base. Verla –aunque fuera un poco borrosa- en serio ayudaba a calmar sus ansias. Y bien podía agradecer Takao lograr tranquilizarlo cuando estaba excitado, que los analgésicos poco funcionan con un desgarre de verdad como el que a punto estuvo de hacer si no hubiese sido por aquella intervención.

— ¿Dices que no entiendo tus sentimientos? Eso sí que es una tontería nanodayo —replicó con un gruñido, inclinándose más sobre el otro. Oh, sí, tenía todo el descaro de decir eso pese a que antes de este momento de verdad no tenía idea de nada. Pero viéndolo desde su mismo punto de vista, Takao tampoco tenía derecho de soltar lo anterior sin comprender los suyos, ¿no? Los suyos, que todavía no declaraba oficialmente. Ja. — ¿Acaso perdería tanto tiempo con alguien que no me gustara? —repuso bufando— Eres quien más pasa tiempo conmigo, Bakao. Deberías suponer que eres la persona que más me gusta en el mundo… s-sino ya te habría sacado de mi vida a patas nanodayo.

El pelinegro rió bajito al escuchar tal confesión, y como castigo al instante ya caía a la cama con un gigante encima para que no escapara. Ahí empezaba su delicioso castigo, esta vez más delicado que el que los instintos de Midorima querían darle. Pero como tampoco quería ser tan suave con un idiota, aunque fuera un idiota malherido, volvió a gruñir antes de apoderarse de sus labios y empezar a devorarlos, a la vez que trataba de desabotonar su camiseta lo más rápido posible, aunque no tan veloz como le hubiera gustado por culpa de las vendas. Impaciente, se separó del más bajo y las retiró rápido, dejando con la boca abierta y jadeante al base, quien había imaginado una erótica y lenta escena para quitarlas, mas estaba igual de encantado con esta agitación.

—Oh~ y creí que era yo quien no aguantaba más —comentó con cierto aire burlón el moreno, desabrochándose los pantalones antes que los botones que faltaban de su camiseta. Sonreía provocador mientras tanteaba por encima de la ropa interior su propio miembro semi-erecto, como trazando líneas perezosas por sobre este, demostrando mucho más control que el peliverde, que sólo conseguía forcejear con las vendas hasta arrancarlas sin cuidado.

Por alguna razón, ego probablemente, a Midorima no le gustó ser el único impaciente. Así que, como venganza, apartó de un manotazo la mano de un sorprendido Takao, y tiró de sus pantalones de golpe. Kazunari ahogó una exclamación al deslizarse un poco por la cama junto con sus pantalones, mas volvió a afirmarse a mirar atónito como estos se le removían con saña, y después su fastidiosa camiseta. Incrédulo, observó como los resentimientos de Midorima parecieron calmarse un poco, y daban paso a la seguridad tranquila que el escolta solía cargar. El más alto se irguió un poco, según Kazunari para presumir mientras quitaba con lentitud su propia camiseta, y se inclinó para robarle más besos mientras se sacaba los pantalones. Comía su boca como si jamás fuera a saciarse de ella, y él tenía la misma impresión de la suya. Takao se fue recostando más, de a poco, hasta que estuvo simplemente acostado y sin apoyarse en nada, con el maravilloso cuerpo de Shintarou aprisionándole. Y, ¿para qué mentir?, esta sería su celda favorita desde entonces.

—Sigues siendo tú quien no puede contenerse para nada, Bakao. — devolvió, sonriendo un poco encima de él, aunque poco rencor por lo anterior quedaba tras ver la necesitada expresión del moreno. De hecho, estaba más que satisfecho con estas nuevas reacciones, que Kazunari parecía tener muchas ganas de ocultar por la forma en que cubrió su rostro con el antebrazo.

—Qué va, s-si el desesperado eres tú —logró replicar, mas lamentándose de cierto jadeo que no le permitía decir todo de corrido. Qué patético, no poder sostener una batalla de lenguas con su Shin-chan… Bueno, ¿quién podría si una pierna de éste se hallaba entre las suyas e impedía cerrarlas? ¡Cualquiera con un trasero adolorido se pondría algo nervioso en esta situación! Ah, y cada vez que Shin-chan se inclinaba más para besarlo, su rodilla frotaba por sobre la última prenda que le quedaba… Oh, claro que un inexperto nivel me-hice-daño-con-un-consolador estaría más que sofocado con la calentura que escapaba de golpe por cada uno de sus poros. Pero al diablo con demostrarle debilidad a Shin-chan, aun con eso. Era mejor jamás mostrar la (de seguro) vergonzosa cara que estaba haciendo ahora.

—Tsk. Aparta —No le importó confirmarle que en realidad sí estaba desesperado pero lo disimulaba bien con tal de recuperar la visión de su rostro. Lo que no escondía tan bien como sus nervios, era cuánto le gustaba verle así, más abochornado que él y con ese sonrojo, intentando torpemente detener aquella pierna que continuaba frotándose contra su erección y haciéndole ruborizarse. Pero no era un secreto que planeaba llevarse a la tumba ni nada, todo lo contrario: planeaba plasmarlo en cada una de las cosas que planeaba hacerle esta noche.

Detuvo la angustiosa tortura de Takao con su rodilla, mas no por eso dejó respirar bien al base. Sin darle descanso alguno para recuperarse de la impresión, sus manos sujetaron sus caderas y, mientras una la inmovilizaba, la otra quitaba su ropa interior, dejándolo por fin expuesto enfrente de él. Ayer lo había visto, pero no de la misma manera. La noche anterior todo lo que se vio fue timidez y pánico por hallarse así en medio de tal casualidad fatídica, mas ahora finalmente se encontraba como Shintarou lo quería: sólo envuelto en el aire caliente y ansioso de sus cuerpos, despejado de dudas y del temor de antes. Se prometió no volverle a hacerse sentir inseguro, a abrigarlo con este calor de cualquier incertidumbre desde esta noche. Y esto sí que quería dejarlo en claro desde el comienzo.

Esta vez con delicadeza, lo besó despacio, delineando sus labios con su lengua. Kazunari, en alguna especie de rencor juguetón absurdo, se negaba a abrir sus labios como antes, así que tras unos cuantos intentos infructuosos de su parte acabó por abandonar su boca mas no su cuerpo, empezando a repartir besos y bajando con ellos lentamente, apreciando los ojos cerrados de su compañero a la vez que retiraba la única prenda que quedaba entre ellos. Hizo una pausa de besos para volver a admirar el cuerpo del contrario, con lo que consiguió que este volviera a abrir los ojos por la impaciencia de tener sus labios de vuelta, mas él no planeaba darle eso de regreso: conteniendo una sonrisa de victoria, se posicionó por completo sobre él y frotó su miembro contra el del otro. Claro que por la diferencia de altura entre ambos debía encorvarse un poco para poder ver su rostro, así que lamentaba no poder tocarse pecho contra pecho, no poder apoyar por completo su peso encima suyo para que le diera la bienvenida en un abrazo… Oh, pero el gemido de Takao y la expresión que puso al primer roce entre ambas erecciones compensaba aquello.

—S-Shin-chan, s-se siente tan…—Joder, ni palabras necesitaba para demostrar que amaba esa dureza que empujaba contra la propia. Deliraba y tenía un amor-odio con lo cerca que estaba de gritar y de querer poner sus gritos por sobre la música que acompañaba este ambiente, pero no tenía ni una gana de gritar solo. No iba a permitir que Midorima disfrutara tan campante su venganza sin devolverle esta jugada sucia. Por eso no dudó en envolver la cintura del peliverde con sus piernas, siendo envuelto también por el peso de su Shin-chan, que apenas consiguió aferrarse a las sábanas al lado de sus hombros para no aplastarlo. — Vamos a sentirnos como en el cielo —se corrigió con aquella promesa, esbozando una leve sonrisa al hacerlo jadear. Aunque bien pudo haberle mentido un poco siendo fiel a la realidad, porque en vista de que ambas pieles se sentían en llamas bien podrían estar yendo directo al infierno con cuánto ardían. Pero ¿qué importaba hacia qué extremo iban si lo importante era llegar a un límite? De todas formas sus palabras jamás conseguirían explicar el placer instintivo que los arrastraba directo hacia aquel límite desconocido.

Shintarou asintió febrilmente antes de tomar ambos miembros y comenzar a jalar levemente al ritmo de los balanceos que hacía para no aplastar a Takao. Grababa en su mente tanto sus expresiones como sus gemidos, lo desesperaba haciendo pausas que también le dolían para succionar su cuello y marcarlo… total, si mañana ponían como excusa la resaca, nadie podría apreciar ningún chupón en los vestuarios. Lo divertido no era sólo marcar propiedad para él. Amaba esta tortura aunque también necesitara desesperadamente correrse, aun si fuera sólo con su mano mientras fuese pronto. Pero su idea no tenía nada que ver con un goce efímero que le hiciera buscar otra ronda: no podía darse el lujo de repetir en el estado de Takao y lo sabía. Quería cuidarlo por sobre el instinto que le instaba a olvidarse con tal de satisfacerse primero. Al final, como siempre aunque costara reconocerlo, Takao estaba en la cima de sus prioridades. Aunque era una prioridad incluso más bella que lo usual cuando se le atormentaba un poco.

Precisamente por esto último, lo angustió más con otra pausa para descansar su cabeza en el hueco de su cuello, mas esta vez alejó su miembro del otro, consiguiendo miles de quejidos lamentables y débiles.

—Al final eres tú el ansioso nanodayo. —comentó con fingida calma, cubriendo la punta del miembro desbordante del menor y tratando de no venirse sólo con los hermosos sonidos de su dulce martirio. Ahh… si no podía repetir, la lógica solución era hacer durar el momento lo más posible, ¿verdad? Tenía sentido sufrir un poquito con esto si valía tanto la pena.

Volvió a bajar por su pecho y empezó a mordisquear su pezón, obligándolo a arquearse al tirar de él con los dientes, y luego lo bajó lento, haciéndole estremecerse por el éxtasis.

—Ah… ¡Shin-chan, dios! —Tenía problemas con respirar bien entre tantos jadeos agitados y el peso de Shintarou, pero en definitiva se volvería un mártir si podía tener ese goce que le hacía lloriquear por una pronta liberación.

—Te mueves mucho, Takao —señaló, manteniéndole sujeto a la cama con fuerza por el torso. Veía auténtico abandono en los ojos del más bajo, así que dudaba que fuera a cobrar venganza por este trato. Hizo una nota mental de grabar estas caras para la próxima.

—Pero es que… ¡Shin-chan, eres tan bueno en esto! —alabó, confirmando sus sospechas sobre que no podía hacer mucho más que delirar ahora. Eso daba paso al siguiente nivel.

Todavía firme en su agarre, se inclinó sin romper su mirada y besó tentativamente alrededor de la punta de su erección, arrebatándole al aliento al instante. Mas no por eso dejó de hacerlo, lamiendo de vez en cuando el líquido que salpicaba un poco incluso a través del impedimento de su dedo. — Joder, Shin-chan…

A cada momento se desvanecía más en gemidos, jadeos cuando faltaba el aire, y suspiros cuando se olvidaba de darle importancia a este por el placer. Nada coherente venía a él cuando lo único que podía hacer su cabeza era echarse hacia atrás por las imprevistas lamidas e imaginar a esa dulce boca succionando de una buena vez. Imaginaba lo caliente que sería, la presión de ir fuera y dentro, y entonces sólo se retorcía entre las sábanas como un desastre de gemidos y súplicas ignoradas. No debía de verse muy viril ahora, y quizás ni ego tuviera para alguna futura venganza, pero le importaba nada si conseguía una mamada de este tipo sólo viéndose como perra en celo. No le habría importado comenzar a lucir como una, pero entonces Midorima se levantó y acabaron los motivos para ello. Por un instante.

Shintarou volvía a alzarse con su magnífico miembro palpitante enfrente de él y Takao casi jadea por la expectación. Quería lamerlo. No, más que eso, quería darle la mamada que Midorima ni le había dado, y ahora. Pero la mano que estaba sobre él se lo impedía, y apenas conseguía retorcerse debajo de esta.

Todo este trato era muy injusto. — Por favor, Shin-chan…

—Pero nada —lo cortó agitadamente, separándole las piernas con la otra mano. Kazunari batallaba inconscientemente por la impaciencia de su erección, que chorreaba incontenible ahora que el dedo de antes no estaba…

¿Dónde está su otra mano?, fue lo que apenas alcanzó a preguntarse antes de tener los preciados dedos de Midorima dentro de su boca. Incluso en medio de su delirio pudo prevenir cualquier peligro por sus dientes, y pese al calor que lo sofocaba logró ir con cuidado con aquella anhelada mano, raspando delicadamente con estos y enviando dulces escalofríos al otro. La dejó ir por un momento, donde fue girado y hecho arrodillarse dándole la espalda, para después sentir al escolta posicionarse detrás, empujando lentamente su erección por sobre su trasero. Al ir hacia adelante para volver a ofrecerle sus dedos chocaban, y más estremecimientos viajaban por ambos. Takao chupaba impaciente por sentirle dentro, temeroso por lo de ayer pero envalentonado por lo bien que iban hasta ahora, pero cuando tuvo que dejar ir otra vez esa mano acabó por sorprenderse de algo más. Dos abandonos: sus dedos y… que Midorima ya no frotaba nada cerca de su ansiosa entrada.

Sin embargo, antes de llegar a girarse a reclamar tal cosa, algo entró hacia ella. Algo suave, húmedo, y que en definitiva no estaba ni duro como una roca ni eran dedos. Lamía, simulaba embestidas dentro suyo y enviaba miles de escalofríos mientras el peliverde separaba más sus piernas para seguir empujando con su lengua, haciéndole hundir el rostro en la almohada para no llorar de placer. Por experiencia, podía notar que esto era algo más delicado de los dedos. Probablemente mucho más que los firmes dedos del mayor. Y deliciosamente más flexible. — Dios, Shin-chan, no es…justo —susurró, aplastando cualquier palabra sin embargo. Se arqueaba sin poder evitarlo, no tenía control de sus caderas y resultaba imposible no empujar su apertura hacia atrás. Pero poco le duró este goce, cuando Midorima abandonó su entrada para ordenar:

—Afírmate.

Takao tarareó por lo bajo mientras se afirmaba más a las sábanas, hundiendo su rostro de nuevo. Amaba que esta cama oliese a Shin-chan, y amaba aún más pensar que pronto él también estaría cubierto de toda su esencia. Oyó como un sobre era rasgado y de repente otra dolorosa pausa que le hizo lloriquear por la ausencia de esa lengua que ya extrañaba tanto. Por suerte, la advertencia anterior fue obedecida justo a tiempo antes de que Shintarou cediese a su impaciencia y empujara tentativamente dentro del otro, obteniendo una exclamación ahogada al instante, en la que casi ni reparó por el húmedo calor que le dio la bienvenida. Pese a lo de ayer y lo de recién, sentía que no había aflojado lo suficiente por lo apretado que estaba. Jadeó pesadamente, cuidándose de no apoyarse mucho sobre el más bajo, y sujetó su cadera con la mano izquierda, mientras que con la derecha comenzaba a acariciarle el torso para relajarlo un poco.

Takao gemía descontrolado, sintiendo un ardor en su parte baja pero negándose a dejar ir ese dolor, que no era ni de lejos suficiente para opacar la excitación que sentía. Su Shin-chan no se estaba moviendo –al parecer por consideración a él o algo similar- pero con ello más que conseguir relajarle estaba poniendo a prueba su paciencia. Se empujó hacia atrás para tenerle rápido, pero sólo logró que Midorima se pusiera rígido de todo su cuerpo en lugar de sólo su miembro, quizás por haber creído que era un espasmo de dolor involuntario o alguna tontería responsable que Kazunari sólo quería olvidar en estos momentos. No le quedó más remedio que apartar su rostro de la confiable almohada que había mordido en los peores (mejores) instantes, y exigir entre resuellos feroces lo que de verdad quería.

—S-Shin-chan… olvídate de lo demás y muévete, ¿sí? S-Sino voy a molestarme contigo —amenazó con una sonrisa agotada y medio ausente por tanta delicia llenándole. Casi ni podía mantener abiertos sus ojos por estar seguro de que tras sus párpados vería las estrellas, así que ni se fijó en la sorpresa que inundaba el rostro de Midorima, como tampoco en el alivio que poco después lo dominó, justo antes de iniciar con sus embestidas.

A pesar del total consentimiento del pelinegro, Midorima no quería ceder por completo a la intensidad que de a poco se rebelaba en sus movimientos. Trató de mantener un ritmo suave, de controlarse, de mantenerse firme en la realidad responsable que se imponía mordiéndose el labio para permanecer "despierto" ante la lujuria, mas pronto el deseo pudo con él y fue cediendo cada vez más rápido ante este, ahora afirmándose con ambas manos de las caderas del moreno. — ¡Ah, Shin-chan! S-sí, así me gusta, maldición…

Kazunari gimoteaba con descaro dándole la espalda, enloqueciendo sus sentidos, haciéndole lamentarse de haber escogido esta posición que no le permitía ver su rostro y a la vez alabando su gran idea de usar esta posición para llegar más profundo. Quería acostumbrarse a esto, a verlo deshacerse en gemidos y gritos que sólo él podía causarle. A marcarlo por completo y ojalá después ser marcado. A seguir viendo cada una de sus facetas, a descubrir nuevas juntos y a darle la bienvenida a este delirio caliente que los abrumaba hasta sentir que su raciocinio se desvanecía.

El vaivén continuaba infinito e implacable, tan duro que los sellos que cubrían el cuerpo de Takao ya no se limitaban a chupones ni mordidas, habiéndosele incluido también el fino contorno de las poderosas manos del peliverde por sobre su cadera. A Takao no le importaba tatuarse de esta noche inolvidable. Sus propias manos parecían intentar fundirse con las sábanas por la forma en que las retorcía debajo de los dedos, y él intentaba distraerse de uno de sus dolores con otro, el de sus nudillos, mas entonces algo mucho más dulce que otro malestar interrumpió su dolencia por unos instantes: las bellas, consideradas manos de su Shin-chan se cernían sobre las suyas, las apretaban casi con tanta intensidad a como él lo hacía con la tela abajo suyo, de alguna manera tranquilizándole. Calmando alguna parte de él que distaba mucho de la otra que se encendía y consumía de placer junto con Shintarou. —Shin-chan… ¿serás… sólo mío? —gimió, ya abandonando la almohada para poder preguntar. La visión del peliverde embistiéndole le dejó sin aliento por unos instantes, y de paso se añadió a la lista de cosas que jamás olvidaría de este día.

—Tsk. ¿Ya estás preguntando idioteces nanodayo? —bufó, adentrándose con más fuerza. Se detuvo una vez dentro hasta lo más hondo, complacido al sentirle retorcerse debajo suyo, desesperado por continuar. Pero él no planeaba darle eso pese a cuánto palpitaba su miembro por ello, así que tomó el olvidado celular que estaba cerca y se lo lanzó justo al lado de su mano. Takao lo tomó un poco dudoso, sin entender muy bien qué significaba, hasta que Midorima se dignó a explicar—: Apenas puedas hablar normalmente, llamas a por mi renuncia. Y si tanto te molesta tampoco trabajaré donde dice mi primo, ¿entendido? Así que…olvídate de estupideces por ahora, Kazunari —ordenó, volviendo a sus movimientos con una intensa estocada que pareció mover el universo entero a su ritmo según Takao.

Shintarou no volvió a contenerse. Su vaivén no fue ralentizado en absoluto por consideración ahora, y al momento siguiente ambos se deshacían en gemidos de éxtasis. El pelinegro sólo podía suplicarle, tararear su nombre una y otra vez como perdido entre tantas sensaciones, y Midorima ya estaba extraviado entre estas por su culpa. Dudaba que algo llegara a sentirse tan real como este momento, y tan urgente como hacerle el amor, así que no se detuvo. Todo parecía estar escapando de él: su razón, sus latidos, su misma esencia… Y entonces todo acabó por salir, cuando Takao con un grito se corrió, apretándole todavía más. Se movió aún más frenético durante ese instante, hasta que terminó dentro del condón, sintiéndose por fin liberado, y en un brumoso aturdimiento dulce.

Cuando estaba con Takao sentía que tocaba el cielo, que lo rebosaba, que reventaban galaxias donde estaban y que después caían directo al infierno como estrellas fugaces porque ¿era posible ser tanto al mismo tiempo cuando estaban unidos? Podía verlo como un ángel, un diablillo o en serio alguien de otro mundo porque –suponía- tanto placer jamás se podría hallar tan cerca y a fácil alcance en nuestro planeta.

Se dejó caer sobre el menor tras salir de él, y permaneció agitado sobre su espalda. Lo abrazó mientras ambos intentaban recuperar el aliento y la cordura, y de a poco volvieron a ser conscientes de su alrededor; la música, las luces, la forma en que retumbaba todo contra la casa. Seguían sintiéndose como en una burbuja, como si no estuvieran sólo lejos de los de afuera sino que completamente apartados tras haber descubierto una realidad aparte, únicamente completa entre ellos. Despacio, con pequeñas sonrisas agotadas, fueron capaces de regresar a respirar con normalidad.

Y fue entonces cuando lo oyeron. Una respiración pesada interrumpiendo su segundo de paz, que en definitiva no le pertenecía a ninguno de ellos pero que se sentía más que cercana.

— ¿S-Shin-chan? Eres tú, ¿verdad? —se atrevió a preguntar el moreno, aunque suponiendo tan bien la verdad que ya comenzaba a entrar en pánico. El peliverde tragó nervioso, y esta vez con todos sus sentidos alerta se levantó de la cama, examinando cuidadosamente su alrededor, mientras tanteaba la mesita de noche en busca de sus gafas. Cuando las tuvo puestas volvió a observar, mas era obvio que no encontraría nada, pues ni una figura había divisado ni borrosamente antes.

Takao tragó duro, y aunque ahora sí que le dolía la parte baja consiguió sentarse en la cama, apoyándose contra ella y haciéndose un ovillo contra las sábanas sucias. De cierta manera, lo que más incómodo le ponía era que ni con su ojo de halcón podía detectar otra presencia. ¡¿Cómo no estar tenso con eso?! Dudaba que hubiera algún hombre invisible, pero es que nada explicaba esto… ¿Se fusionaba con la oscuridad, tal vez? ¿Era un hombre-cortina? ¡¿Dónde rayos estaba la lógica?!

—Cálmate —siseó el escolta, recuperando sus bóxers y empezando a calcular cuál de sus Lucky ítems sería más conveniente para destruir al sujeto que intervino y se atrevía a romper su burbuja de amor. Quizás todos. Y maldición incluida. — Voy a encontrarlo, no te muevas de aquí nanodayo.

—P-Pero…

—Quieto. No quiero que te vea —confesó, tanto para el base como para sí mismo. Y es que de repente no le importaba ni insinuar ni admitir que estaba lleno de celos.

De haber tenido buena vista habría podido apreciar el bello sonrojo que adornó las mejillas de Takao por unos segundos, eso o haber visto cómo palidecía de golpe después tras notar algo.

—S-Shin-chan…

—No digas nada, estoy concentrado. No puedo permitir que te toque, idiota. Lo mataré en cuanto lo vea —declaró, yendo hacia su repisa y tomando sin dudar un bate de béisbol. — He visto lo que se hace en estas situaciones nanodayo. No te preocupes.

—P-Pero… esa persona… no está aquí —musitó abochornado.

Sólo entonces Midorima volteó para mirarle con extrañeza, ya reparando en sus avergonzadas expresiones.

— ¿Cómo lo sabes? —Interrogó confundido— ¡¿Se fue mientras no veía?!

—N-No… de hecho…—Incapaz de explicar más, reveló algo que se había ocultado entre las sábanas junto a ellos hasta ahora: el móvil de Midorima. Que sostenía una llamada con alguien en altavoz. Y ese alguien era su primo.

—… Hey, chicos —rió nervioso este al notarse descubierto— Parece que presionaron por error mientras… eh… hacían sus cosas.

Tanto luz como sombra quisieron ser tragados por la tierra en ese momento. Por un segundo casi les pareció que el destino se apiadaba de ellos y abría un agujero directo al infierno, de hecho. Pero no, la vida no solía ser tan amable pudiéndoles poner en ridículo, sino no tendría gracia, duh.

Kazunari le tendió el celular cabizbajo y con la mano temblorosa, y Shintarou se lo recibió de la misma manera, todavía aturdido por su torpeza y demasiado concentrado culpándose por haber puesto el móvil de una forma tan descuidada entre las manos de ambos. Claro que no pudieron haber previsto algo así en medio de –eso, pero de todas formas resultaba horrible.

El problema fue que lo horrible no acababa allí. Hubiese podido acabar, pero resultaba que Kyouya tenía la incapacidad de callarse la boca que a Shintarou le sobraba—: He estado escuchando desde hace poco, pero… Wow, Shintarou, creí que tú tenías una gran voz pero tu amigo no se queda atrás, ¿sabes? —… El muy maldito lo comentaba hasta con entusiasmo, incomodidad olvidada por lo visto. — ¡Debería de trabajar con nosotros también! Hey, chico, ¿estás ahí? ¿Estás escuchando? Estás excelente y la paga es muy buena, deberías-

Por suerte para la vida del cuasi- infartado Takao, su Shin-chan se encargó de interrumpir la infinidad de embarazosos y perturbadores halagos que pudieron seguir a eso.

—Una palabra más y no necesitaré de la ayuda de Akashi para castrarte con tijeras nanodayo —gruñó, en un tono tan amenazante que hasta al inocente de su sombra le recorrieron escalofríos de arrepentimiento. Arrepentimiento, tal vez, por haberse oído tan sensual para un Midorima que no era el que le gustaba. — Takao no va a trabajar ahí —Jamás permitiré que alguien más lo escuche de esa manera— ni yo tampoco. Renuncio. A eso y a todo lo que tenga que ver contigo, no le agrada mucho a mi novio —enfatizó, haciendo tragar a ambos por distintas emociones— Y si te atreves a decir de nuevo algo como eso…

Ni siquiera necesitó terminar con su advertencia. Kyouya se acobardó mucho hasta para escucharla y colgó con un quejido lamentable que sonaba a un adiós, así que bloqueó su móvil y lo dejó con parsimonia sobre la mesita de noche, aun sin mirar al moreno, que se removía nervioso entre las sábanas hacia él.

— ¿Shin-chan? V-Vaya desastre más extraño, ¿no? —comentó, todavía sin creerse la inaudita tragedia a su ego. Quería ocultarse hasta de sí mismo en lo que tardaba en recuperar su autoestima. — Haha… creo que no es bueno permanecer juntos hasta el último momento, después de todo —exhaló con una sonrisita tensa. Y al recibir sólo una mirada sombría, prácticamente se le escapó lo siguiente—: Lo… lo siento, Shin-chan, no me di cuenta. S-Sé que fue mi culpa por no fijarme, pero estaba muy… huh, distraído —acabó por decir ruborizándose— En serio no quería que tu primo te escuchara, pero-

—Estás confundiendo las cosas nanodayo —lo interrumpió, volviéndose a sentar en la cama, muy cerca suyo y poniéndole más tenso. — No me importa que me haya escuchado, Bakao. Es cierto que esto sí fue real, a diferencia de las actuaciones anteriores…—Prefirió omitir que de hecho ayer no tuvo que fingir nada, que se había arriesgado nada más oír su voz— Pero lo que de verdad me molesta es que te haya escuchado a ti.

Ah, joder, creía que el destino le estaba enseñando a ser empático con una lección demasiado desagradable. ¿Era esto lo que había sentido Takao al saber que él regalaba algo tan privado a desconocidos? ¿Cómo se habría sentido si ni se enteró de sus labios sino que por accidente? Midorima no quería imaginárselo. Ahora, sólo su primo había oído eso, y por muy poco tiempo además pero… Ugh, no, no quería pensar en eso. Era mejor ni reflexionar en qué hubiese hecho si él estando en el lugar de Kazunari. Porque si tratándose de una sola persona y se ponía así de rabioso mejor ni imaginar cuánto se elevarían sus celos con una cantidad indefinida de ellas…

—O-Oh, así que era eso —Una boba sonrisa se esparció por su cara, al igual que el rojo por sus pómulos. — Y-Ya irá a olvidarlo, no te preocupes~ Lo que más me importa es que renunciaste por tu cuenta —añadió, rodeándole el cuello con sus brazos y apoyando su cabeza contra la suya. — Te viste genial —ronroneó antes de darle un beso en la mejilla, que al instante se tiñó de rojo.

—Realmente no me importa cómo te parezca nanodayo. —bufó acomodándose las gafas— Y quítate de encima, más me vale vigilar que los demás se vayan a sus casas.

— ¿Eh? Qué aguafiestas~

— ¡Son las tres de la mañana! —Señaló, apartándolo de él para mostrar la pantalla de su móvil— Es peligroso para la casa, quién sabe qué cosas pueden estar haciendo por ahí.

—Tal vez cosas indecentes como nosotros, en el baño o algo así —sugirió con fingida inocencia como venganza por ser alejado, disfrutando cómo la adorable imperturbabilidad de Midorima se esfumaba para dar paso a la palidez aterrorizada de imaginar tal cosa.

— ¡Takao! No digas eso, ellos no se atreverían nanodayo.

—Oh~ ¿Crees que no? Porque incluso antes de traerte a este cuarto yo ya había perdido la cuenta de varios invitados que misteriosamente desaparecían en parejas hacia no sé dónde~ Si recalco lo del baño fue porque vi a Dai-chan y Tai-chan yendo hacia allá. Qué raro, ¿no? Y según la tradición popular sólo las chicas van juntas al baño, ¿será que los gays también? Ah, no te molestes en responder mis filosóficos pensamientos, sé que son demasiado intensos como para contestarlos enseguida… Wait, ¿a dónde vas? —resopló cruzándose de brazos, al ser abandonado por Midorima y que este comenzara a vestirse. Con demasiada rapidez para su gusto.

— ¡A sacarlos a patadas, evidentemente! —hizo notar la obviedad, tratando de alisar su ropa con los dedos. Misión imposible, desistió al poco rato de perder el tiempo en ella.

— ¿Qué? Hombre, el karma va a pagártelo mal, si tu disfrutas dejas disfrutar ¡es simple!

— ¿A dónde quieres llegar con esas estupideces? —murmuró acomodándose el cabello. Takao rodó los ojos.

—A que si interrumpes… te interrumpirán —susurró con tono lúgubre, haciéndole pensar que Kyouya tenía razón y era muy bueno con su voz. Pero pensar en Kyouya le hacía enfadar. Y porque era un imbécil, iba a enfadarse con Takao.

—Son sólo tonterías nanodayo. Ya regreso.

Estuvo a punto de largarse sin más, pero nada más abrir la puerta se le ocurrió algo mejor: se devolvió en sus pasos hasta la cama, y tomándolo suavemente por su nuca le plantó un casto beso. Al separarse acabó por dedicarle una pequeña sonrisa desganada de separarse de él, mas tras un último beso en su frente le revolvió los cabellos y salió deprisa, dispuesto a evitar más desorden –que probablemente él tendría que limpiar, ya que sus padres habían catalogado desde el inicio toda la fiesta como un "asunto de adolescentes".

El pelinegro apartó las sábanas, y tras limpiarse con los pañuelos que había dejado Shintarou en la mesita de noche antes de ponerse la ropa acabó por hacer lo mismo, aunque tomando prestada una sudadera de éste. Mientras cambiaba las sábanas con una adorable sonrisita feliz la música dejó de sonar, y miles de protestas inconformes que llegaron desde el jardín fueron las que anunciaron que Midorima había logrado su cometido. Era una suerte, considerando lo cansado que estaba y cuánto quería dormir para olvidarse un poco de aquellas punzadas que se extendían desde debajo de su cadera.

Bostezó, pensando que aunque hacía horas que había terminado su cumpleaños recién desde hace poquito que podía decir que este había sido completamente feliz. Y es que claro, aunque quizás su mejor regalo ni lo había recibido en la fecha correcta, lo mejor quedaba para el final y eso obtuvo. Si pronto regresaba Shin-chan y dormían abrazados sería aún mejor, aunque siendo sinceros ya estaba más que satisfecho con todo. Lo mejor era que aun quedaban muchos cumpleaños, los de ambos, al lado del otro.

Fin.


Ok... siendo sincera, no planeaba hacer esto :s en la idea original (aunque también de último momento) había apenas un poquito de lime y lo del primo se veía en el típico "al día siguiente" y en mensajes, pero lo cambié porque...porque ¿pensé que querrían lemon? o algo así, fue improvisación. Fue mi primer lemon y creo que quedó raro...y cursi...¿y largo? este capítulo tenía más palabras que cualquier otro o:

¿Les gustó de esta manera? ¿El fin fue muy raro? ughhh en serio me pongo nerviosa por ser mi primer... no-oneshot(?) -se mata- pero igual fue genial escribirlo, así que espero que les haya gustado Cx cualquier comentario es bien recibido, y si de paso me aconsejan para mejorar con el lemon mejor x´D gracias por todo, saludos!