¡No es posible resistirse! Ha pasado un tiempito, y sí, sé que había amenazado con que "Cacofonía Silente" sería lo último que sabrían de esta Brigada SOS, pero no pude soportar más el no escribir esta historia que lucha por salir de mi sistema… Así que trabajaré intensamente en este nuevo proyecto, un nuevo crossover que alimentará las fantasías de muchos, yo el primero… espero lo disfruten, y créanme, este inicio sólo es una pequeña parte de todo lo que pretendo.

¡Espero sus comentarios!


Prólogo.

Así es el sueño para alguien que ha peleado muchas batallas en la vida, y de pronto se encuentra en una idílica calma de la que no se cree merecedor. Las imágenes que se muestran entre las respiraciones profundas y los eventuales ronquidos son confusas y por tanto más inquietantes, aun cuando no se queden en la memoria para el día siguiente, dejando un gusto acre en la boca, invadiendo con ese extraño sabor que acompaña con sus preocupaciones los primeros minutos de la vigilia.

El sueño de hoy, sin embargo, no es precisamente malo, aunque sí combina muchos elementos de las cosas que he visto a lo largo de mi vida. Tengo dieciséis en el sueño, y manejo mi bicicleta metido en el saco azul que usaba en la preparatoria, mis espadas cuelgan de mi cintura y estoy recorriendo una calle de un pueblito fantasma norteamericano sin iluminación a la mitad de la noche, con el único acompañamiento de luces de colores (tal vez OVNIs) en el cielo nocturno sin estrellas. Tengo la premura de llegar a casa, mi familia espera y yo debo cazar y llevar la cena, algún pequeño monstruo quizás, por algún motivo sé que a Ryoko le gustaría una araña frita, de Haruhi no hay problema, ella se comerá lo que le lleve, incluso si sigue vivo cuando se lo presente, y el bebé puede comer una papilla que compraré a mi regreso en una tienda de conveniencia. La noche caduca y un sol abrazador hiere mi piel mientras pedaleo entre matorrales y cactus en una brecha del desierto de Sonora, reviso la botella de agua en el portavasos de la bicicleta, vigilando que tenga suficiente agua con sangre de ángel para el camino… si continúo con esa dieta, voy a tener que volver a consulta con House antes de lo que esperaba.

Y todas esas historias enredadas que parecen tan cercanas y reales pierden sentido cuando bajo finalmente de la bicicleta y me veo nuevamente como un adulto, llegando a una pequeña playa rocosa que nunca había visto, pero cuyo horizonte me regala con plata y oro de un atardecer marino entre nubes y un océano color acero incandescente a efectos del sol crepuscular. Hay una mujer sentada sobre una roca, su cabellera azulada se menea al capricho de la brisa marina y yo avanzo hasta ella. Ni la miro ni me mira cuando quedo de pie a su lado, pero puedo sentir que sonríe sin quitar los ojos del panorama.

—¿Qué tal las vacaciones?— Pregunta con su voz melódica, aunque suena distinta a como la recuerdo, un poco más grave, quizás.

—Reconstituyentes, por decir lo menos. —Respondo modestamente. —Luces distinta, Asakura.

—¿Mucho? —Se pone de pie y al fin nos miramos. —Así es como luciría a mis treinta, ¿te gusta lo que ves?, ¿o sigues prefiriendo a las adolescentes…? No tienes remedio.

—Ni tú… no es que no me alegre de verte, pero siempre que te apareces en mis sueños, algo está por ocurrir… este es el caso, ¿verdad?

—Siempre tan directo… pero tienes razón. Y esta vez… bueno, sólo quiero pedirte que… —pensó y eligió con mucho cuidado las palabras, como si esta vez no tuviera un mensaje alentador al final de su discurso. —esta vez no puedo pedirte que no te rindas. Llega un momento en la vida de una persona en la cual debe renunciar, y tal vez ese momento haya llegado para nosotros.

Al volverme a verla, su gesto era serio y distante como nunca había visto en ella.

—¿Volveremos a vernos?— Pregunté para confirmar lo que mis entrañas me gritaban desde que la conversación comenzó.

—No. —Dijo y comenzó a alejarse al margen de donde las olas rompían. —Al menos no en lo que queda de tu vida terrenal.

—¿Y de verdad me espera algo más cuando ese día llegue? Porque últimamente ya no me siento tan seguro…

—¿Tú que crees?

—Quiero creer que sí.

—Si no te bastan las creencias de la gente, apégate a la ciencia y confía… después de todo, eres el resultado de una combinación prodigiosa entre materia y energía, y según Lavoisier…

—La materia y la energía no se crean ni se destruyen…

—Sólo cambian de forma. —Detuvo su marcha y sujetó su cabello agitado por el viento marino para evitar que cubriera su rostro. —Si hay una vida o no luego de que concluya la que estás viviendo es una incógnita, yo podría de verdad ser yo y entrar en tus sueños y decirte que sí, pero igualmente yo podría ser una parte de tu psique en un intento desesperado por alimentarte con la idea de que hay un más allá para evitar el miedo al vacío y el final… en cualquier panorama, sólo hay una inferencia lógica que asumir: ¿qué es lo más importante, Kyon?

—El presente.

—Exactamente. Protege el presente, ama intensamente y si tienes que hacer un gran sacrificio, hazlo en aras de este presente, pues de él dependerá el futuro de aquello que amas.

—Gracias.

—Gracias a ti. Y adiós. Deberías ir a ver a Musashi.


La despedida definitiva de Asakura me despierta, y sé que su advertencia no es vacía. Los comunes ruidos de la noche son raros hoy, pero sólo podría dar cuenta alguien que ha vivido con ansiedad demasiado tiempo. Los grillos cantan, el viento mece con gentileza las ramas de los árboles y muy lejos puede escucharse algún eventual automóvil de algún desvelado.

—Kyon…— Susurra Haruhi sin moverse un milímetro y fingiendo que aún duerme.

—Dime. —Le respondo fingiendo un ronquido.

—Alguien entró a la casa.

—Vamos a ver a los niños, nos levantamos en tres… uno…

Y es entonces, en este punto del relato, cuando actualizo nuestra situación: luego de la accidentada vuelta de la Brigada SOS de Silent Hill a casa, nuestras vidas se volvieron bastante comunes. Casi tres años y medio han pasado desde entonces, Haruhi tomó trabajo administrativo en Interpol que luego se volvió un año sabático por maternidad, plazo que estaba (sin nosotros saberlo) muy próximo a concluir. Yo fui a la Universidad para solicitar trabajo cerca de casa y me asignaron las clases de literatura contemporánea en la Preparatoria del Norte de Nishinomiya (donde, como sabrán, yo estudié) por la mañana, y por la tarde doy el mismo curso en la Academia Kouyouen… eso de verdad que puede mantener ocupado a cualquiera. Ryoko ha comenzado el sexto grado de educación básica con calificaciones promedio para mantener las apariencias, aunque está por concluir el segundo semestre de un ambicioso programa de doble licenciatura para la Universidad de Tokyo en línea: Matemáticas e Historia. Sí, yo tampoco encuentro la relación de la una con la otra. Y en medio de tanta cosas, y luego de experimentar todo lo malo y tedioso, la felicidad tocó nuestra puerta una vez más: Musashi Suzumiya nació pesando casi tres kilos y midiendo medio metro, yo estuve presente cuando nació, y recuerdo que sólo dio un pequeño lamento… abrió los ojos y escrutó con la mirada a todos los presentes. No volvió a llorar sino hasta que tuvo hambre, y ahora está cerca de los dos años y medio. Ignoro que tipo de talentos tiene, pero algo me dice que será algo equiparable con Ryoko, aunque su carácter es si bien no opuesto, si muy diferente al de su hermana mayor. La batería de apellidos que la Brigada SOS ostentaba en años anteriores ha reducido bastante, mi apellido de soltero se fue junto con el de Nagato y Asahina, ahora sólo somos los Suzumiya, los Robles y los Koizumi, cosa a la que aún no me acostumbro, sigo diciéndole Nagato a nuestra vieja amiga por descuido siendo que ahora su apellido es el del ésper. Pero divago.

—Dos… tres.

Como fantasmas nos levantamos de la cama sin hacer el mínimo ruido y caminamos con pies ligeros sobre la duela del pasillo. La habitación que Ryoko comparte provisionalmente con Musashi está al otro extremo del pasillo, hay una mesa de ornato a medio camino donde Haruhi oculta la pequeña arma de repuesto que en sus años de aventuras llevaba al tobillo, y junto a ella mi espada corta.

—No están… —Me dice con el mismo sigilo e indiferencia, y aun cuando seguimos comportándonos como si no nos importara, un escalofrío baja desde mi nuca como una descarga eléctrica.

Seguimos avanzando mientras me preparo para cualquier cosa. Deben ser cerca de las tres de la madrugada, la pobrísima luz en el pasillo es sólo lo que sobra de las escaleras y la duela omite prácticamente cualquier ruido.

No hay aviso alguno, y quizás nada nos hubiera preparado para la siguiente sorpresa. Nos faltarían unos cinco metros para llegar a las escaleras cuando una silueta se dibujó entre las sombras, y detrás de ella otras dos. Haruhi reaccionó lanzándose contra la más cercana, tratando de inmovilizarla, pero haciendo aún más grande el estupor, el desconocido la interceptó y sólo un instante más tarde la tenía pecho a tierra, hazaña que nunca antes había visto a nadie conseguir con tanta rapidez… debemos estarnos oxidando. Cuando hago mi intento por asistirla, un par de manos me toman por la espalda, haciendo que me pregunté de donde salió ese segundo agresor, cuya rodilla se hundió en mi espina dorsal y sus brazos se anudaron a mis hombros, con tanta fuerza que caí pesado cual yunque sobre la duela, incapaz de moverme un milímetro.

¿Antiguos enemigos de Haruhi? Quizás. Trabajar en cosas como las que trabajábamos tiende a hacerte impopular en algunos círculos, pero se supone que tenemos montones de conexiones y amigos que harían prácticamente imposible rastrearnos o permitir que cualquier agresor se acercara siquiera a nuestro vecindario. A estas alturas comienzo a inquietarme de verdad. Desde mi posición en el suelo veo la puerta de la habitación de mis hijos, y las intenciones de estos individuos me perturban, ese miedo hace que comience a forcejear, escucho a unos centímetros de mí que mi esposa hace lo mismo.

—Perdonen por llegar a ustedes de esta forma tan poco decorosa, no es necesaria tanta violencia, pero no se me ocurrió otro modo de abordarlos… —Dijo la primera sombra en una melódica voz femenina. —Ryoko y Musashi están bien, han sido llevados a una ubicación segura y en breve podrán hablar con ellos. Los vamos a soltar, pero les suplico que estén calmados. Necesitamos hablar.

Como pudimos, mi esposa y yo nos miramos y luego de unos segundos, nos quedamos quietos, ante cualquier panorama, no sería una buena idea tratar de pelear contra esos sujetos, no sólo éramos superados en número, sino que al parecer esta gente estaba más que bien informada sobre nosotros, quién sabe qué tanto más podrían saber y como podrían usar esa información para perjudicarnos.

—¿Y acerca de qué querrías hablar con nosotros?— Dijo mi esposa con un apenas perceptible acento desafiante en la voz. —¿Quién eres tú en primer lugar?

Aún entre las penumbras noté que la joven que nos habló dio una indicación con la cabeza a su acompañante más cercano, esta persona caminó hasta el muro y encendió las luces, sólo entonces noté que las cuatro personas que nos emboscaron estaban encapuchadas, que tres de ellas eran mujeres y la que encendió la luz tenía un emblema el hombro izquierdo que no pude reconocer de inmediato, pero se me hacía familiar, los otros tres, aunque también con uniformes de milicia, no llevaban insignias.

Con precaución, nuestros captores nos soltaron e incluso nos ayudaron a levantarnos.

La primera mujer que se desenmascaró no superaría los treinta años, de piel negra como el ébano y cabello crespo acomodado en varias decenas de trenzas debajo de su capucha, con un rifle de asalto colgado en la espalda y una pistola automática en el cinturón, y no sólo su indumentaria era ruda, su postura, tono de voz y actitud eran muy dominantes, como las de un guerrillero veterano.

—Los señores Suzumiya. Si la mitad de lo que nuestro informante nos contó sobre ustedes es verdad, me siento honrada de estar en su presencia. —Dijo, y parecían palabras sinceras.

—Pues gracias… ¿usted es…?

—Capitán Sheva Alomar, BSAA África. —Hizo una pausa esperando a que los otros tres se quitaran las capuchas, y presentó al sujeto delgado a su derecha y la rubia su izquierda: —Y ellos son Resse Wilkerson y Samantha Puckett, de TerraSave… y bueno, supongo que a ella la conocen mejor que yo… —Dijo señalando a la chica detrás de nosotros.

Ambos nos volvimos a verla y poco me faltó para caer desmayado.

—Hola de nuevo… papá y mamá… —A pesar de que no era la primera vez que veía a Ryoko en una edad distinta a la que tenía en la actualidad, esa ocasión era diferente. Tendría mi edad y la de su madre, cerca de treinta, y mucho del brillo en sus ojos se había ido. —Sé que tienen muchas preguntas que hacerme, y estaré encantada de responder todas, pero tendrá que ser en el camino… porque no tenemos mucho tiempo.

Era un hecho: nuestro retiro había terminado.

Prólogo.

Fin.


¡Arrancamos! No se olviden de dejar un comentario, y hasta la actualización (vaya… extrañaba escribir esa frase de nuevo).