One Punch Man no me pertenece, y esto solo es un pobre intento de Fic (¬¬)

Este es el tercer fic de OPM que voy a escribir. Será GenoSai, tendrá pocos capítulos y un par de escenas subidas de tono. Si llega a ser MA, censuraré esta versión, mientras que la que publique en Tumblr será sin censura. Todo para no ir en contra de fanfiction. Saludos :)

Las invocaciones son a prueba de tontos

(...)

Dejando de lado la poca practicidad que encontraba en asistir aquella reunión de magos y hechiceros, Saitama se debatía que podía cocinar para su cena de esa noche. No había conseguido mucho dinero en su último trabajo, por lo que tendría que conformarse con cazar un jabalí y curtir su carne para guardarla en los próximos días.

A veces le resultaba molesto ser pobre, pero se las arreglaba.

Aparentemente lo habían ascendido a mago clase B, lo cual era relativamente bueno, no tendría que cumplir con la cuota semanal de perseguir ladrones y matar monstruos débiles, que estallaban ante el menor hechizo que les lanzaba. Ya era frustrante no encontrar un mago oscuro poderoso o a un ser ancestral, que no muera ante el mínimo ataque mágico que realice. Tuvo que sumirse en la apatía y perder algunas emociones al darse cuenta que su entrenamiento de mago de tres años, el cual le dejó calvo, no sólo le hizo ridículamente poderoso sino que le quito emoción a su vida.

No más batallas de épica, de las que había leído en libros desde pequeño, solo un hechizo y puf, todo terminaba en nada. Ser el mago más poderoso es terriblemente aburrido.

Mirando el pergamino que le habían dado, Saitama suspiró con algo de resignación. Mumen fue muy amable en invitarlo a la asociación, pero él no creía que servir al rey y matar en su nombre sea lo que buscaba en su vida. Sus enemigos eran débiles y daba pena verlos intentar invadir aquel reino, lleno de hechiceras y magos con ansías de mostrar su valía ante la corona.

Caminó a su casa, la cual se encontraba escondida en la parte mas tétrica y oscura del bosque maldito. Los monstruos abundaban en aquella zona y los aventureros más valientes, no se atrevían a poner un pie allí. El lugar iba con él, incomprendido y poderoso, la tierra maldita donde se arraigaban los árboles l oscuros, poseían un magia muy antigua.

Allí se sentía en casa.

(…)

El jabalí no presentó mucha pelea cuando lo capturó, y Saitama estaba conforme de que el animal no sufriera mucho cuando le quitó la vida. Con cuidado, cortó la carne que iba a curtir, y la guardó en su morral. El resto decidió asarlo al aire libre.

Mientras el fuego lamía suavemente la carne del cerdo, Saitama comenzó a trazar garabatos en el suelo. Había visto algunos de esos signos en sueños, pero solo estaba entreteniéndose un poco. Hubiese traído uno de esos libros de aventuras y leyendas que tanto le gustaban, sabiendo que iba a comer fuera de su casa.

La vida real no era tan divertida, hasta el dragón del volcán Pentagron era un chiste. Lo sabía porque ya lo había matado.

Saitama cerró los símbolos en un círculo y sonrió satisfecho. Colocó un pequeño símbolo que había visto en la cubierta de un viejo libro, y de repente el cielo oscureció. El hombre pasó furiosamente su mano por su cabeza calva, al ver como los símbolos comenzaron a brillar de una intensa luz doradas, y chispas comenzaron a saltar del interior. Ya le había pasado hace tiempo, posiblemente eso explote y destruya el bosque por completo.

Se preparó para apaciguar los daños que pudiera ocasionar aquel hechizo fallido, pero de repente, un rayo cayó del cielo y del símbolo en la tierra comenzó alzarse una figura. El mago calvo suspiró aliviado, al menos no había explotado como la última vez.

La figura era una cabeza mas alta que él, de hombros anchos, piel metálica con brillates grabados de color naranja, que asemejaban al metal fundido. El cabello de la criatura era rubio. Entre esas hebras erguían un par de cuernos negros. Su rostro pálido carecía de imperfecciones, y sus ojos eran esclerotidas negras y con iris color dorado, que parecían brillar al clavarse en Saitama. El mago rascó su mejilla confundido y saludó con amabilidad a demonio.

-Hola-

-Saludos invocador, soy Genos, demonio del fuego y el metal a su servicio- El enorme sujeto se inclinó ante Saitama -Estoy aquí para servirle, maestro-

Saitama hizo un sonido de plop con su boca, haciendo un vacío con sus labios. Miró en todas direcciones, buscando una vía de escape. Él no iba acarrear con un demonio tan grande, en ese momento prefería la explosión.

-Estoy listo para acabar con sus enemigos, solo deme una orden y conseguiré fraguar su victoria- Exclamó el demonio con solemnidad.

-Espera, yo no necesito que hagas algo por mi- Saitama miró incómodo al demonio, pensando que decirle para que no se ofenda. Optó por ser franco -Esta invocación fue un accidente, yo solo estaba garabateando-

-Pero sentí su magia, es tan poderosa y devastadora que quedé extasiado, su llamado fue claro para mí…-

-Seh, no importa ¿Puedes desinvocarte? Tengo hambre y he tenido un día muy largo- Saitama le interrumpió mientras señalaba su jabalí asándose lentamente en el fuego. El demonio por su parte parecía estar horrorizado.

-No lo sé- Genos cambió a una expresión de urgencia, la cual se veía extraña en su imponente figura -¿Está seguro que no me necesita? Soy un demonio de clase S, puedo hacer muchas cosas-

Saitama se estaba preguntando porque aquel ser mágico no se esfumaba como cualquiera lo hubiera hecho en su lugar. Subió los hombros, y señaló a su carne que se estaba cociendo.

-Si puedes cocinar en su punto exacto esta carne, te lo agradecería mucho- Saitama estaba famélico, y el fuego que había hecho tardaba mucho en cocinar su comida.

-De inmediato, maestro- El demonio terminó cocinando la comida de Saitama. Cuando este le agradeció con su estómago lleno, Genos le sonrió de forma extraña.

Saitama no tenía idea que sus problemas apenas comenzaban.

(…)

La casa de Saitama estaba tan vacía como la había dejado aquella mañana y durante la noche, el frío corriendo entre sus oscuros recovecos, le daba un toque desolador. El mago miró un poco molesto a Genos, que al parecer había decidido seguirlo. El demonio tuvo que encorvarse un poco para poder entrar a su hogar.

-¿No podrías tomar una forma que no ocupe tanto espacio? Eres demasiado grande- Se quejó abiertamente Saitama. Genos parecía sorprendido por su petición.

-¿No quiere que parezca amenazador ante sus enemigos?-

De nuevo eso de los enemigos, aquel demonio parecía ser monotemático. Saitama estaba seguro de no tenerlos. Y si los tuvo, se resignaron hace mucho tiempo.

-No hay nadie aquí para amenazar, exceptuando mi colección de pociones y mis libros, así que reduce tu tamaño por favor-

Genos le sonrió de forma extraña y tomó la apariencia de un adolescente que no pasaba de los diecinueve años. Saitama le dedicó una mirada de hastío, porque no estaba seguro de lo que tramaba aquel demonio. Era un poco más pequeño, pero su cuerpo parecía estar bien definido. Su nueva piel era muy pálida, pero aun así, se veía demasiado atractivo.

Él estaba seguro que no le interesaban los hombres, pero debía admitir que varías mujeres caerían enamoradas de aquella apariencia. Aunque si es un demonio clase S, Genos seguía siendo tan peligroso como un desastre sobrenatural.

Pero eso ya no importaba. Para Saitama, las clases no significaban nada. Para él ya no había diferencias, todos eran demasiado débiles.

-Si quieres puedes tomar el sofá, deberías limpiarlo un poco antes de acostarte-

-¿No quiere que duerma con usted, maestro?- El demonio le sonrió de nuevo, pero Saitama no se dio cuenta.

-Nah, sería demasiado peligroso para ti- Comentó Saitama con un tono lacónico, recordando cuantas veces había despertado rodeado de escombros y fuego. Su magia no era difícil de controlar, pero cuando soñaba, era otra historia -Ya veré mañana como devolverte a tu mundo, descansa Genos-

Saitama se arrastró hacía su habitación, y se arrojó a su desordenada cama, durmiendose al instante. Ignoraba por completo que el demonio se había quedado en el umbral, mirándolo con intensidad durante toda la noche.

(…)

Saitama despertó al otro día, con el aroma de comida recién preparada. Genos estaba en su cocina, presentándole un suculento desayuno. El lugar se veía bastante limpio y ordenado ¿Ese demonio había echo los quehaceres de su casa? Esperaba no deberle nada, no quería pelear con él, no le parecía desagradable. Tal vez un poco molesto.

-Maestro, el desayuno esta servido, puedes tomar asiento- Expresó Genos con vehemencia.

-Ya, no me digas maestro, es raro- Protestó Saitama.

-¿Le parece mejor amo?-

-Qué no, solo dime Saitama- Exclamó irritado el mago.

-Espero que la comida sea de su agrado, maestro Saitama- Insistió el demonio con seriedad.

El mago trató de no enfadarse y comenzó a comer, sin hacerle caso a la mirada intensa del adolescente. Este parecía estar interesado en su cabeza, tal vez por su calvicie prematura. Trató de ignorar ese detalle también, concentrándose en la comida.

Realmente estaba muy buena, hacía mucho que no comía algo tan delicioso. Notó que la mayoría de aquellos ingredientes no pertenecían siquiera a esa parte del mundo. Genos debió usar sus poderes pars conseguirlos. Que desperdicio, solo era un desayuno.

-Gracias por la comida, estuvo deliciosa- Saitama volvió a ser franco ¿por qué le mentiría a Genos? Todos los demonios tenían fama de leer la mente de los humanos.

-No tiene que agradecer- Genos parecía estar ofuscado, aunque sus mejillas seguían pálidas -Quiero servirle en todo lo que necesite, maestro-

-¿Y eso por qué? No te entiendo, explicate-

-Usted pudo invocarme y no murió en el intento, todos los que habían realizado mi ritual se quedaron sin magia y fuerza vital al final- Genos no tomó aire para seguir hablando, y solo continúo con un discurso que Saitama apenas podía seguir. Que su sello de invocación era una trampa mortal, que otro demonio le había encerrado para evitar que vuelva a este mundo, y pura palabrería sin sentido.

Aquel largo discurso continuaba, y no parecía terminar nunca. Saitama perdió la paciencia, no lo soportó más y golpeó la mesa furioso.

-¡Basta ya! Redúcelo a veinte palabras o menos- Exclamó irritado el mago. Genos se veía un poco confundido, pero asintió levemente.

-En pocas palabras, quiero que me enseñe a ser tan poderoso como usted- Dijo de repente Genos.

Saitama lo pensó por un momento. No sonaba tan descabellado, pero era una petición rara, viniendo de un demonio. El plano en el que estaban era distinto al suyo, y posiblemente Genos pueda hacerse más fuerte con el paso de los siglos. Sin embargo, él mago seguía siendo un simple mortal, y aunque le revele su método, es posible que no vea resultados muchos años después de su muerte.

-No lo sé Genos, los demonios adquieren poder de forma distinta a los humanos ¿estás seguro que es lo que quieres?-

Genos trató de no parecer muy entusiasmado, pero sus ojos se encendieron con una tenue luz dorada y las marcas rojas de su cuerpo, brillaron como si estuviera ardiendo. Era un demonio tenaz, debía admitir Saitama.

-No importa que tan duro sea, voy hacer todo lo que me diga- dijo con convicción Genos.

Saitama parecía convencido, pero solo esperaba que Genos no estuviera imaginando cosas extrañas. Su entrenamiento era difícil, pero no una sesión de tortura. Por otro lado, el demonio podía entrenar todo lo que quisiera, pero le pediría a cambio que lo deje solo. Era un buen trato, y podría volver a su rutina.

-Bien, entonces te revelaré el entrenamiento que realicé para adquirir mis poderes en los últimos tres años-

Cuando Saitama iba hablar, todo a su alrededor comenzó a temblar. El mago miró molesto hacía el exterior de su casa y vio un grupo de quimeras intentando destruir bosque maldito. Al parecer, construían un altar para invocar algún tipo de dios, o algo parecido.

¿Por qué no destruyen el patio de su propia casa? De seguro planeaban sacrificar vírgenes o animales allí. Eso era demasiado desagradable para tener que soportarlo.

-Tendré que ocuparme de esto…-

-Déjemelos a mi, maestro- Genos se teletransportó y comenzó a cargar con las quimeras por su cuenta. Saitama se limitó a proteger su hogar y reducir los daños por el fuego que invocaba el demonio. Genos tenía demasiada energía, o tal vez solo intentaba impresionarlo.

La idea se le pasó por la cabeza cuando el demonio destrozó a las quimeras de forma elegante y bastante limpia, sin dejar de sonreírle. Era raro y le hacía sentir un poco de vergüenza.

Al final, Saitama tuvo que proteger de Genos a una de estas criaturas para interrogarla. A simple vista parecía un gorila, pero tenía partes humanas y de león incorporadas. Nunca le había gustado la fabricación de quimeras, era un campo de la magia bastante inútil en su opinión.

Esperaba pronto descubrir que se traían entre manos.

(…)

TBC