One Punch Man no me pertenece, y esto solo es un pobre intento de Fic (¬¬)

Advertencia: Este capitulo y el siguiente (cap 7) contendrán lemon explicito.

Volveré actualizar dentro de quince días. Gracias por todos los comentarios, favoritos y alertas. 2016 se viene con todo :)

Las invocaciones son a prueba de tontos

(...)

Ciudad A era enorme y populosa, solo por ser uno de los asentamientos más fortificados del reino. Las calles siempre estaban abarrotadas de personas que iban y venían, comerciantes que se peleaban por venderte sus hierbas, verduras y animales a precios risorios, y magos de poca monta que timaban a los incautos. A pesar de esto, el lugar tenía un cierto encanto, pero era difícil que alguien como Mumen llegue apreciarlo. Había crecido en un poblado mucho más reducido y tranquilo, por lo que este lugar se sentía demasiado asfixiante y abarrotado para su gusto.

Por otro lado, Mumen siempre se sintió incómodo de que la mayor parte de la población se concentrara tanto en un solo punto, con pocas rutas de escape ante cualquier eventualidad o desastre. Tal vez ciudad A estaba debidamente fortificada, pero seguía siendo una trampa mortal si uno era completamente realista. Un ataque directo por una poderosa fuerza, podría acabar con la vida de miles muy fácilmente.

Sabía que estaba siendo demasiado paranoico, pero ¿Cómo no estarlo? Estaban tras una secta de maníacos que buscaban invocar al rey de los demonios, y no tenían idea donde encontrarlos. A Mumen le tomó mucho autocontrol de su parte no empezar a gritar por la calle, para advertirles a todos del mal que se avecinaba.

Dentro de él, sabía que entrar en pánico no iba a servir de mucho. Lo tratarían de loco, y le meterían en la cárcel y no podría continuar con su investigación.

Además, Sonic estaba con él y por alguna razón, se comportaba de una forma muy sobreprotectora. Temía que fuera a lastimar seriamente a la siguiente persona que le empuje o intente acercársele. Era incómodo, pero ya discutieron hasta qué punto puede considerar ofensivo la acción de algunas personas. Eso aplicaba a todo, hasta las pobres ancianas que le pedían alivio a sus males.

—Sonic, si vas a seguirme, trata de no llamar tanto la atención— Dijo en voz baja Mumen, mientras curaba a una pequeña niña que estaba enferma de tuberculosis —Lo menos que quiero es tener que pasar la semana entera en la cárcel—

Al ver a la niña sentirse mejor e irse corriendo, Mumen sonrió levemente. Era fácil para él curar, pero era un verdadero inútil a la hora de atacar monstruos y magos tenebrosos. Por alguna razón, el demonio que le seguía parecía muy molesto.

—Son todas unas sanguijuelas, se sienten atraídos por ti porque no tienen la capacidad de cuidar de si mismos— Sonic chasqueó la lengua molesto al ver el llanto de las ancianas y enfermos tras ellos —No entiendo porque pierdes el tiempo ayudándolos ¿No dijiste que se va acabar el mundo?—

—Eso es probable, pero me siento un inútil por no estar capacitado para hacer frente algo así— Mumen estaba muy serio, mientras recorrían las calles —Me preocupa todo el daño que puedan causar estos sujetos antes de invocar al rey de los demonios, hay en juego la vida de miles—

—¿Como lo sabes?—

—El sacrificio para invocar a Garuo son vidas humanas, demasiadas como para considerarlo un genocidio— Mumen estaba un poco taciturno mirando el edificio donde yacía la joven Fubuki. Tan solo esperaba hallar a los seguidores de esta secta y pararlos antes de que más personas resulten damnificadas.

—¿Qué tipo de demonio necesita tanta energía para ser llevado a este plano? No puede ser tan poderoso— Dijo molesto Sonic, mientras Mumen tocaba la enorme puerta del edificio. Era posible que este envidioso de aquel poderoso demonio, pero no tenía tiempo de cuidar su falta de confianza.

—No sé si sea tan poderoso, las traducciones son confusas, pero lo mejor es evitar que le invoquen— Sonrió amargamente Mumen mientras llamaba a la puerta de la mansión de Fubuki. Una joven doncella, con el cabello recogido con un rodete salió a recibirlos. Era mucho más joven que él, pero se mantuvo firme delante de la puerta.

—¿Que desean caballeros?— Dijo la chica con voz aguda. Mumen la saludó con amabilidad y rápidamente pidió audiencia con Fubuki. Por su parte, Sonic entró furtivamente a la casa, husmeando los rincones. Actuaba como un paranoico, tal así que al mago le recordaba a una raza de guerreros famosos por matar en completo sigilo ¿Cómo se llamaban? ¿Ninjas?

—La señorita Fubuki los atenderá de inmediato— Dijo la jovencita inclinándose hacia delante, realizando una pequeña caravana.

Al entrar a la sala de estar de la casa, la cual estaba amueblada de forma suntuosa y extravagante, Mumen tuvo un mal presentimiento. Sonic apareció de repente a su lado, tirando con fuerza de su brazo para sacarlo de allí. La sensación de malestar por aquel contacto fue visible, pero el demonio le ignoró.

—Han muerto magos aquí— Reveló con cierta molestia Sonic, después de revisar el lugar, encontrando rastros de magia latentes. Mumen supuso que los magos murieron debido a que el drenaje de sus poderes fue demasiado. Tal vez le esperaba un destino similar, pero necesitaba arriesgarse.

—Sonic, si llego a perder el conocimiento, no intentes atacar a Fubuki— Estaba seguro de que había algo que no encajaba en aquellas muertes. No quería arriesgar al demonio, él no tenía la culpa de que tenga que lidiar con personas tan poderosas.

—¿Qué?—

—Solo sácame de aquí y llévame a casa…— Replicó de inmediato Mumen. Sonic estaba furioso, no le gustaba para nada aquella situación.

—No, es…—

—Caballeros, bienvenidos a mi humilde morada— No pudieron seguir discutiendo porque la presencia de una hermosa joven, los desconcertó. No se habían dado cuenta cuando entró a la sala, por lo que podía estar siendo asistida por un poderoso hechicero. La mujer miró con desdén a Sonic, de seguro consciente de su verdadera naturaleza. El demonio le dedicó una macabra sonrisa que se podía interpretar como un: "No jodas con nosotros".

—Señorita Fubuki, espero que mi amigo King le haya informado de lo que busco— Dijo Mumen, observando con cuidado como Sonic se apartaba de su lado para que pudiera concentrarse mejor. El demonio parecía estar controlando su temperamento, y se quedó mirando a Fubuki desde lejos.

—Sí, estoy consciente de tu búsqueda— Fubuki miró con recelo a Sonic. De seguro no se fiaba nada del demonio, pero sonrió con cierta vehemencia. Debía haber alguien muy poderoso protegiéndola en la sombras, pero Mumen no podía detectar a otro mago allí —¿Está seguro de que desea una de mis predicciones?—

Era peligroso, pero estaba seguro que podía abusar un poco de su suerte.

—Si es tan amable en ayudarme— Mumen trató de sonar lo más calmado posible —Dame un nombre, un lugar y una fecha, y yo me encargaré del resto-

(…)

Saitama se sentía muy caliente en ese momento. Genos apenas se había separado de él cuando atravesaron el portal, y cuando consiguieron llegar a su hogar, volvió a besarlo con ferocidad. Era extraño que aquel demonio se sintiera tan apegado a él, pero la sensación que transmitía cada toque, caricia y beso, era de puro anhelo.

El silencio y la oscuridad de su hogar fueron invadidos por un suave resplandor naranja, y gemidos de parte de los dos. El cuerpo de Genos estaba dibujado por completo con patrones, que apenas Saitama podía identificar. El color semejaba a las brazas encendidas y al hierro fundiéndose por el calor.

—Genos…— Murmuró Saitama mientras el demonio besaba su cuello con insistencia. Sus garras suavizaron aquellas invasivas caricias, y la ropa parecía estorbar al momento de sentir aquel delicioso tacto.

—Cama, ahora— Ordenó Saitama sintiendo que su mente se nublaba mientras los calientes labios de Genos le robaban el aliento. No era la primera vez que experimentaba aquella sensación con el demonio, pero había algo notablemente diferente en ese instante.

Al parecer, Genos deseaba poseerlo de una forma muy física, y Saitama deseaba que lo hiciera.

Le resultó extraño ser cargado estilo nupcial a través de la casa, pero Genos era más alto y grande que Saitama. El mago prácticamente se perdía entre sus brazos, que cuidaban de no hacerle daño a medida que le llevaban a través de aquel oscuro recinto.

Saitama no sabía si prefería la forma más juvenil y humana de Genos, o esta, que prácticamente era lo más cercano a una criatura del inframundo. En ese momento, solo quería que esto fuera real, que esta sensación de estar vivo no termine nunca.

Nunca estuvo seguro, pero sabía que había cosas más allá de la magia y la fuerza en su mundo, y que él seguía siendo de carne y hueso. No estaba vacío ni en otro lugar, estaba aquí, junto a Genos, y podía sentir aquello que más de una vez pensó que jamás experimentaría.

—Maestro Saitama, confíe en mi, le haré sentir bien—

Saitama se preguntó porque Genos le decía esto, hasta que consiguió concentrarse en su alrededor. Su habitación estaba extraña, su magia se había disparado e inconscientemente estaba manipulando la realidad. Por suerte el demonio que le acompañaba era bastante poderoso, porque un ser ordinario no hubiese sobrevivido aquella inesperada fuga de magia.

—Confío en ti, Genos…— Saitama cerró los ojos, y alrededor, el tiempo y el espacio dejo de fluctuar. A veces olvidaba que podía destruir aquel plano con tanta facilidad como respirar, pero tenía que hacer el esfuerzo de recordarlo. Era estresante pasearse por el mundo, como si este fuera tan frágil como cristal, pero no imposible.

—Quiero sentirte y saber que eres real, que no estoy vacío y sigo con vida— Tener tanto poder a veces le hacía sentir que no formaba más parte de aquel sitio, que no tenía un solo objetivo en su vida. Pero ahora, Genos le hizo recordar que no era nada más que su terrible magia, capaz de destruir todo lo que conocía.

—Usted está vivo, y no está vacío— Genos se inclinó para besarlo en la barbilla, mientras sus dedos contaban las costillas de Saitama, llegando hasta los pezones, que se volvieron erectos a medida que los masajeaba. El mago gimió, tal vez demasiado fuerte, sin poder contenerse ante aquellas deliciosas caricias.

Con cuidado, el demonio apoyó todo el peso de su cuerpo sobre Saitama y la cama, mientras que su lengua y labios acariciaban el pecho, pasando suavemente hacia el plano abdomen del mago.

Genos besó suavemente la parte baja de la cadera de Saitama, recorriendo con su lengua el hueso que sobresalía de su pelvis. El mago se atrevió a mirar, al notar que su miembro dolía mucho. Estaba erecto, y demasiado estimulado, tal así que le incómodo al principio. No recordaba cuando fue la última vez que había tenido la imperiosa necesidad de masturbarse, y eso le preocupaba un poco.

Para su sorpresa, el demonio tomó entre sus grandes manos el miembro de Saitama, presionando con sus dedos cálidos cada pliegue de aquel miembro, disparando agradables descargas de placer al resto de su cuerpo. El mago hizo un esfuerzo por ver a Genos mientras le acariciaba, y notó que acercaba su boca con el fin de succionar la piel de su escroto, usando su hábil lengua para acariciar aquella zona tan sensible.

—Es muy… caliente…— Saitama gimió con fuerza, sintiendo que su cara se encendía de la vergüenza por no conseguir controlarse. Cerró sus ojos, mientras Genos engullía su pene, succionándolo con tanta gula que comenzó a creer que no tenía reflejo nauseo en su garganta.

Por alguna extraña razón eso le hizo sentir un poco mareado y excitado al mismo tiempo. Genos era demasiado para él, e iba a terminar volviéndole loco.

—No pienses en eso— Dijo Genos, acariciando la zona entre sus muslos con suavidad, mientras se preparaba para continuar con aquella felación —Usted se merece esto y más—

—¿Puedes leer mi mente?— Saitama parecía molesto, pero Genos le sonrió con malicia, mientras usaba sus mejillas para acariciar los muslos de Saitama.

—Creo que solo necesitaba más contacto contigo, es una sensación agradable— Dijo el demonio con tono soñador.

Saitama no pudo evitar reírse, aunque las caricias invasivas volvieron de inmediato, para cortar su aliento y hacerlo retorcer por el placer. Genos estaba haciendo algo extraño con su lengua justo en la entrada de su ano, mientras sus dedos surcaban por su miembro erecto.

Saitama no lo soportó más y un quejido gutural salió de su garganta, a la vez que eyaculaba en el rostro de Genos. Fue un verdadero desastre, pero el demonio sonreía muy satisfecho de sí mismo, limpiando y lamiendo el semen caliente que se escurría en sus mejillas.

—Lo siento… apenas pude aguantarme— El mago no sabía si debía disculparse, realmente creía que había ofendido a su amante, a pesar de que este parecía estar radiante.

—¿Quiere que pare?— Preguntó ansioso Genos, con un dejo de temor en su voz. De seguro que no deseaba detenerse, y por suerte, Saitama estaba interesado en continuar.

—En realidad no, pero ¿Puedo intentar algo?— El mago estaba curioso, con el asunto del contacto, y aquella habilidad de leer la mente que poseía el demonio. Genos buscaba unirse a él de una forma demasiado íntima, más allá de lo físico, y aquel concepto le pareció interesante.

—Puede hacer conmigo lo que quiera, maestro Saitama— Genos sonrió levemente mientras el mago pellizcaba su mejilla, rechinando sus dientes con algo de molestia. Era curioso como algo tan frívolo como la intimidad, le provocara tanta vergüenza. Si lo pensaba, era posible que la falta de contacto y afecto a lo largo de su vida, le hiciera difícil asimilar el hecho de que no había nada de malo en ser amado y demostrarlo.

Sin embargo, con Genos todo era tan sencillo y se sentía tan natural, que dudar de aquellas muestras de afecto le parecía ridículo ¿Será que él ya no soportaba a los humanos? Era difícil admitir que los días pasaban, y se sentía menos atado a este plano. Si su poder aumentaba aún más, estaba seguro que no iba a poder seguir subsistiendo en este mundo.

Si decidiera irse y dejar atrás el mundo entero ¿Genos le acompañaría?...

Saitama se percató lo fácil que fue cambiar la posición, ya que Genos era más habilidoso de lo que su enorme cuerpo aparentaba. Estando encima del cuerpo de aquel demonio, se dio cuenta de algunos detalles que a veces obviaba por su apatía. Un demonio clase S incapaz de regenerarse era raro, más cuando su cuerpo parecía estar diseñado para ser un arma de destrucción masiva. Recorrió los pectorales con la punta de sus dedos. Al ver que no había reacción, se preguntaba qué otra cosa podría hacer para estimular aquel ser sobrenatural.

Una idea se formó en su cabeza, y le sonrió de manera afectuosa.

—Creo que no siento lo mismo que usted con este cuerpo… yo creo que…— Genos quería disculparse, pero de inmediato Saitama le interrumpió.

—Tranquilo, tengo una idea, pero no vayas asustarte—

Saitama concentró su magia justo en el pecho de Genos. Allí el core del demonio, el lugar en que residía su alma, reaccionó y comenzó a brillar desde su interior. Con suavidad, pequeños hilos de magia que salieron del cuerpo del mago, comenzaron a rozar el brillante objeto.

La habitación a su alrededor comenzó a calentarse drásticamente, por lo que Saitama supuso que estaba consiguiendo lo que buscaba.

Genos se estremeció, como si le sorprendiera aquella sensación, y al parecer no le era desagradable, porque comenzó a gemir sonoramente. Las sabanas se incineraron a sus espaldas, pero Saitama estaba tan concentrado en provocarle sensaciones agradables al demonio, que no le importó.

El estado de excitación de Genos era tal, que comenzó a suplicar por más, pidiendo por favor que le haga acabar. Al parecer estaba perdiendo la cordura y sollozaba con demasiada fuerza, mientras la iris dorada de sus ojos, brillaban por la excitación. Saitama fue atraído por aquel demonio para besar su boca, que ardía como el fuego y su saliva se escurría por la comisura de sus labios.

—¡Aaw! Maestro Saitama, no lo soportaré… yo… lo…— Genos no consiguió decir nada coherente cuando su orgasmo llegó. Saitama se sintió feliz de ver como el demonio le abrazaba, mientras separaba su conexión. El mago se sintió un poco solo al no sentir el alma de Genos ligada a su magia, pero este le besó apenas recuperó el aliento, haciéndole olvidar aquella sensación de desapego.

—Siempre estaré con usted, maestro Saitama— La boca de Genos atacó el cuello del mago, dejando que este disfrute del contacto físico. Mientras cubría de besos aquella blanca piel, no dudo en agregar —Mi alma es completamente suya, para siempre—

—No digas esas cosas…— Saitama esconde su cara roja en el amplio pecho del demonio, escapando de aquellos besos sugerentes. Tocó con cuidado las marcas de Genos, que brillaban como brasas ardientes, y suspiró mientras agregaba con aire ausente —Yo solo quería hacerte sentir bien, pero me he dado cuenta de algo…—

Saitama le sonrió con cierto nerviosismo antes de volver hablar, tratando de mirar al demonio directo a los ojos.

—Genos… Yo… Creo que te amo—

TBC