Aquí con una nueva colección de drabbles, pero lo bueno es que esta está prácticamente terminada, así que no tendrán que esperar actualizaciones... mucho. Los drabbles no tienen conexión entre sí a menos que se indique lo contrario.

Disclaimer: Lo usual.


"donde se bifurca el camino"

(Lo primero siempre es elegir.)


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1. no se puede negar

Lo extrañaba.

Sus ojos azules siguiendo cada uno de sus movimientos―penetrantes. La forma en que su cabello destellaba bajo la luz de ese sol de atardecer―una distracción. Su cuerpo relajado mientras tocaba unos acordes en su bajo, ahí sentado en las gradas.

Una tentación.

Dios, pero lo extrañaba.

Había comenzado como algo inocente. A su entrada en el club de tenis, ella había invitado a ambos, Taichi y Yamato, a ver sus prácticas las tardes que tuvieran libres. Y ellos cumplieron, cuando podían, ambos estaban ahí unas dos o tres veces por semana.

Y así empezó.

No pasó mucho tiempo, y Sora se dio cuenta que cuando Taichi no estaba conversando con Yamato, o jugando con su celular, estaba muy mesmerizado con sus compañeras de equipo. Lo confirmó, de hecho, cuando un día luego de terminar la practica él le preguntó sobre una de las chicas, mientras Yamato giraba los ojos a su lado.

Eso fue raro.

Pero más raro fue el sentimiento de agonía que tuvo al pensar que Yamato caería en lo mismo. Y lo esperó, por meses, luego al año siguiente, y al siguiente, pero él nunca se acercó con esas intenciones. Y al principio Sora soltó un respiro de alivio, pero luego se dijo que eso no significaba nada. Quizás no se lo pidió a ella, pero ahora que Taichi se había hecho muy popular entre sus compañeras del club... no.

No.

Sora agitó su cabeza, dio un paso al lado, y con fuerza golpeó la pelota que iba hacia ella, enviándola hacia el otro lado de la cancha.

La entrenadora, por eso, les había prohibido a los chicos a pasearse por las canchas de tenis durante las prácticas; causaban mucho alboroto, y Sora sonrió, porque el alboroto parecía seguir a esos dos ahora que habían crecido. Pero Yamato en especial...

Dios que había crecido.

Y ahora que había pasado una semana sin verlo asomarse por ahí, sin sentir su presencia mientras entrenaba, sin sentir sus ojos siguiendo cada movimiento, sin ver su cabellos destellar bajo la luz del sol... lo extrañaba. Mucho. Y ella no lo entendía.

¿Por qué?

Yamato era... Yamato. Solo un amigo. Como Taichi, pero... no.

Rio un poco, corriendo a un extremo de su lado de la cancha para golpear la pelota nuevamente.

Claro que no.

Taichi no la hacía desvelarse pensando en él, no. Ese honor se lo llevaba su rubio amigo. Su muy atractivo, muy gentil, muy... divino rubio amigo. Y Sora no sabía... bueno, si sabía, pero era inconcebible...

La práctica se vio interrumpida cuando sus compañeras comenzaron a cuchichear, incluso la que estaba practicando con ella. Por la cara de la entrenadora, Sora dio su turno por terminado y se giró para ir a las bancas.

Se congeló.

Porque Yamato estaba ahí, sentado de forma muy relajada, con su bajo sobre su regazo y mirándola fijamente. Él le sonrió, y Sora sintió sus pies moverse por su cuenta. Hacia él. El rubor le subió de golpe por el cuello y agradeció haber practicado tanto porque así Yamato no pensaría... ¿Pensaría qué? ¿Qué el rubor era por él? ¿Qué el centenar de mariposas revoloteando en su estómago eran por él?

Sonrió también.

―Hola, Sora.

Se preguntó si sería mucho de su parte hundirse en la negación. Pretender que lo que sentía por Yamato era solo amistad, que nada había cambiado. Se preguntó. Pero la respuesta era clara.

―Hola, Yamato...

Ya no podía negarlo.

.


fin.


Eso es, por ahora.

Debería actualizar esto dentro de los próximos días. Let's hope? :D