Disclaimer: Los personajes pertenecen a Nico Tanigawa.


Y puedes arrastrarme por el infierno,

si eso significa que podré tomar tu mano.

—Follow you, BMTH


|Como no soy popular… seguiré adelante con esto.

Era él. Lo sentía. Su cuerpo, de alguna extraña manera, lo reconocía. Y no sabía qué era lo que él tenía que la hacía volverse loca. Su esencia la inundaba por completo. Su calor, la mantenía protegida.

Quería estar ahí el resto de su vida. Olvidarse de todo. Alejar todas sus frustraciones para entregarse a aquella sensación tan especial que solo Tomoki le hacía sentir.

Le quitaba el aliento.

Hacía que todo tuviera vida.

Su mundo solitario, lleno de cosas superficiales e intentos fallidos de una deseada popularidad, quedaba como un triste pasado sin sentido.

Cuando estaba con él, todo encajaba.

Siempre, desde pequeña, pensó que quería a alguien especial. Un príncipe con ojos de distinto color. No el típico chico que todas deseaban.

Se giró suavemente sobre la cama para quedar frente a él. Dormía plácidamente.

Sabía que Tomoki no era quién estuvo buscando. No era el tipo de príncipe exótico. Parecía alguien completamente normal. Por ello, supo que la persona ideal no será necesariamente la misma de quién te enamorarás. Puedes pasarte toda la vida imaginando a aquel que podría ser tu pareja perfecta. Alguien que siempre deseaste. Pero tal vez, cuando esa persona llegue, no sientas nada por ella. Porque no eres tú quién elige a el que querrás entregarle tu mundo por completo.

Es tan espontáneo.

—Tomoki…—susurró.

Un chico común. Alguien que no llamaba la atención. Sin embargo, amaba cada gesto, cada palabra, cada sentimiento que él expresaba. Era diferente a su modo. Especial en cosas que nadie veía.

—Tomoko…—correspondió él, aún con los ojos cerrados.

La mayor se estremeció. Un gran sonrojo se apoderó de su rostro y un nudo en su garganta le imposibilitó soltar cualquier palabra.

¿Por qué sentía tanto dolor?

—¿Desde hace cuánto estás despierta?

—Yo…—apretó los labios con fuerza.

Cuando sus ojos se llenaron de lágrimas, trató de levantarse de la cama y huir, pero Tomoki afirmó el agarre en su cintura, empujándola en su dirección. Nuevamente quedó acostada de espaldas a él.

—Por favor, solo un momento más.

Se quedó quieta, sintiendo como él pasaba la nariz por su cuello.

—Estúpido hermano menor—masculló.

—Cállate—soltó, sonriendo de medio lado.

Las manos de Tomoki se deslizaron con suavidad desde su vientre hasta el sector de los pechos, haciéndola soltar una risa tonta.

—Hermanito, no sabía que querías ir tan rápido.

—¿Eh?

Levantó un poco la cabeza para mirarla. Fue cuando se dio cuenta de lo que estaba tocando.

—Uh, no me di cuenta.

—¿Cómo no te vas a dar cuenta? —puso los ojos en blanco.

—Es que estás demasiado plana—se encogió de hombros, volviendo a recostarse.

—¡N-No me hables así, mocoso!

Tomoki bufó con desinterés, soltándola.

—No es mi culpa. Y si vas a gritar, ya vete, es sábado y quiero dormir.

Ella reparó en el ambiente por primera vez. Y, a juzgar por el sol, deberían ser aproximadamente las seis de la mañana. Miró hacia la puerta. Su madre no debería estar levantada aún. Sería mejor que se fuera de la habitación de Tomoki antes de que los encontrara.

—Me largo.

Se levantó de la cama con lentitud. No quería irse de ahí.

Deseaba estar pegada a la esencia de Tomoki por siempre.

Pero… las cosas no son tan fáciles.

—Pues vete—susurró él—. Olvida todo esto, solo estaba medio dormido. No te hagas ideas equivocadas.

Todo su cuerpo se paralizó en ese instante. Estuvo a punto de abrir la puerta, pero su mano se quedó congelada sobre el pomo.

Las lágrimas le nublaron la vista.

De cierta forma, sentía que había llorado mucho.

—¡Estúpido! —chilló.

Tomoki no se movió.

—Ya vete, molestas.

Tenía ganas de ir a pegarle un puñetazo en plan One Punch con el fin de derrotarlo, pero en ese momento, sus rodillas temblaban y estaba segura de que no podría dar un solo paso sin caerse.

¿Cómo podía ser tan cruel?

¿Y es que acaso había dejado de quererla por el simple hecho de ser ella? Sentía que para su hermano siempre fue una peste. Tal vez… sólo tal vez, si fuese más atractiva, él no se hubiese rendido aunque el lazo familiar los separara.

Pero era plana, y pequeña. Las ojeras resaltaban en su rostro. También, por el lado sentimental, era una basura. No sabía de emociones y vivía bajo sus propias opiniones, catalogando todo con calificativos superficiales y poco justos. Además, no sabía cómo reaccionar a ciertas situaciones; solía ponerse a llorar o a quedarse completamente en blanco. ¡Por Dios, aún no podía establecer una conversación normal con alguien que no fuese Yume!

—Tú… prefieres a alguien como Megumi, ¿cierto? Ella es sociable y bonita. ¡Pues vete con esa perra!

Lo vio apretar los puños. Con lentitud, bajó la cabeza y ella ya no fue capaz de ver su rostro.

—¿Por qué siempre la mencionas?

—Yo…

—Tú no entiendes nada.

Tomoko empezó a sentir miedo. Su tono de voz era tan potente, tan lleno de rabia; repleto de una impotencia que nunca pensó que viviera en él. Siempre parecía tan despreocupado, completamente indiferente.

Lo vio levantarse de la cama, aun con el flequillo cubriendo su cara. Se sintió diminuta frente a las fuertes emociones que Tomoki desbordaba.

—¡No entiendes nada!

Pateó con fuerza la pequeña estantería a su derecha. Los libros y los mangas se desplomaron ruidosamente por el suelo. Pero no fue suficiente. Golpeó la madera hasta que esta empezó a crujir.

Tomoko, temblando, apoyó la espalda en la puerta y lo miró con ese rostro tan característico de ella; una mezcla de lágrimas, vergüenza, frustración y pequeñas risas perturbadas.

No sabía qué hacer.

Se sentía tan angustiada.

¿Ella lo había provocado? ¿Todo era su culpa? ¿Era la responsable de que Tomoki guardara todo eso en su interior?

Se mordió el labio inferior.

—Hermanito…

—¡No me llames así!

Subió el rostro y la miró a los ojos. Cuando empezó a avanzar en su dirección, Tomoko se aplastó aún más contra la puerta, como si quisiese fundirse en ella. Pero no tenía escapatoria.

Sus ojos grises la miraban con tanta intensidad. No podía dejar de hundirse en ellos. Era como si la consumiera.

Sintió las manos de Tomoki en los hombros. Su dedo pulgar encajaba perfectamente en el hueco de la clavícula, como si estuviese hecho para estar allí.

Él respiraba con dificultad.

Ella cerró los ojos y sintió la calidez de su aliento.

Estaba tan cerca…

Pero no tenía miedo de que le hiciera daño.

—Mierda—masculló—. No sé qué me pasa.

Tomoko abrió los ojos y se quedó mirando sus labios. Luego, se perdió en la oscuridad de su mirada. Al parecer, se había calmado. Pero la tristeza que le transmitía seguía allí.

—Es que estoy tan malditamente enamorado de ti…

Ella se estremeció al oírlo. Lo dijo de forma dolorosa, como si cada palabra pronunciada fuese una tortura. Sin embargo, algo en su tono le hizo pensar que no tenía intención de rendirse.

Aquella confesión fue como una explosión de felicidad. Lo esperó tanto que no sabía si era algo real o no. Sintiendo la emoción corriendo por sus venas, se atrevió a sonreír.

Presa de sus impulsos, se inclinó en su dirección, acortando la distancia. Y aunque sus labios se rozaron tan levemente, a ambos los hizo temblar.

—¿Tú… sientes algo por mí por más mínimo que sea?

El pánico la invadió. Era algo que quería callar por siempre, pero sentía que si no lo soltaba el nudo en su garganta se quedaría ahí permanentemente.

Inspiró profundo para llenarse de valor. Era momento de aclarar las cosas.

—Y-Yo… es que—balbuceó. Empezaba a sudar—. N-Nai, y tú… um, los qu-quiero a ambos. Esas dos facetas de ti… verlas, me…

Lo vio alzar las cejas. Estaba sorprendido de que no intentara escapar.

—M-Me hace feliz. Yo… quiero conocer… cada parte de ti. Y a-amarlas a todas.

No fue capaz de decir nada más. Tomoki la abrazó con fuerza, deslizando las manos por su espalda. Ella se sintió mucho más segura al ocultar el rostro en su pecho. Fue tranquilizador. Su olor… la mareaba.

Se sintió llena con su calor.

Y una mirada repleta de felicidad que le dedicó, iluminó el día de Tomoki.

•••

Sentía que iba a explotar.

Quería llamar a Yume para contarle, pero cuando entró a su cuarto supo que no era necesario.

Ahí estaba, echada en la cama.

Fijándose en ella, notó que llevaba un vestido estilo gótico con encaje negro y morado, creando un lindo contraste con su piel extremadamente blanca. Calcetas altas y unos preciosos zapatos con plataforma.

—Te ves muy dark.

—Hoy me creo hardcore.

Tomoko sonrío. Fue cuando un pequeño gatito salió de entre el revoltijo de sábanas que era su cama en esos momentos. Maulló agudamente. Ella se echó para atrás cuando Yume lo tomó y se lo extendió.

—Los animales me odian—afirmó, negándose.

Siempre que se acercaba a los gatos en la calle solían arañarla. Le gustaban los animales, pero al parecer ella tenía algo que los espantaba.

—Pero este es muy indefenso.

—¿Para qué trajiste un gato? ¿Quieres tener tu propio Happy?

—Ves mucho anime.

—Eh…

—Bueno, lo traje porque se parece a ti y a Tomoki. Pueden cuidarlo entre los dos.

Tomoko se sonrojó cuando pensó que sería como un hijo. Luego, procedió a imaginarse a Tomoki con orejas de gato, en plan InuYasha, Ikuto, Tomoe… y bueno, muchos más.

—Aunque será raro que tengan un hijo gato. Podrían imaginarse que es mitad gato, pero uno de ustedes tendría que ser un gato… espera, ¿un humano puede tener sexo con un gato?

Por Dios, que rara era Yume.

—Ya sé que es biológica y físicamente imposible, pero tal vez por una inseminación artificial…—continuó.

—Eso es perturbador.

—¿Enserio? No me lo parece.

Bueno, para una chica así nada puede ser más morboso que ella misma.

Lo peor de todo es que su rostro inexpresivo la hacía dudar de sus palabras. A veces, simplemente Yume resulta ser chica incomprensible.

Pero, de cierto modo, aunque luzca tan fría, tiene cierta llama atrayente que te hace querer conocerla.

—De cualquier forma, ¿tiene nombre? —preguntó, sentándose en la cama junto al gato. Este se alejó, corriendo a las piernas de Yume. Trató de no mostrar su decepción—. Estúpido gato.

—Ñeñepo.

—¿Ñeñepo?

—Sí. Le queda.

Pasó la mano por el pelaje negro y el animalito empezó a ronronear instantáneamente.

—Suena raro.

Yume negó la cabeza. Iba a decir algo, pero a ambas les llamó la atención la repentina posición del gato.

—Creo que quiere hacer popo.

Tomoko la miró con los ojos muy abiertos.

—¡Aquí no!

Yume le extendió el gatito.

—Te dejo esto a ti.

—¡Oye! Argh, maldición.

Tomó al gato y empezó a correr en círculos por su cuarto. Y, como momentos desesperados requieren medidas desesperadas, recurrió a la única opción que tenía.

Dando fuertes pasos, con la adrenalina a todo dar, salió al pasillo y entró a la habitación de al lado. Ni siquiera se detuvo a mirar si es que Tomoki se encontraba allí, simplemente soltó a Ñeñepo y permitió que ensuciara la alfombra.

Suspiró con alivio. Había alcanzado a llegar.

—¿Qué es ese olor? —dijo Tomoki, todavía acostado sobre su cama. Abrió los ojos y vislumbró a su hermana parada cerca de la puerta.

—No vengas a tirarte pedos en mi habitación.

No había pensado en como enfrentaría a Tomoki. Estaba muy claro que él se enojaría y la mandaría a volar de una patada en el trasero.

—No fue ella—susurró Yume, entrando a la habitación con una máscara de gas.

—¿De dónde diablos sacaste eso? Necesito una—gruñó Tomoki.

—Venía en la cajita junto al gato, cuando lo recogí. Ya entiendo por qué. Los que lo abandonaron son realmente amables.

El chico se levantó de la cama y se quedó mirando al pequeño animal. No entendió como es que algo tan adorable había desechado semejante monstruosidad. Suspiró con mal humor, lo tomó entre sus brazos e intentó pasárselo a Tomoko, pero esta no lo recibió.

—Si lo bañas pensaré en tomarlo.

—Los gatos no se bañan, Tomoko.

—Se limpian ellos mismos con su lengua—dijo Yume.

—Ya sólo toma esto y vete.

—Pero…

—Vete.

El gatito maulló.

Yume decidió intervenir.

—Es tu hijo. No puedes abandonarlo con su madre así como así. Tienes que pagar pensión alimenticia.

—A-Así es—apoyó Tomoko.

Él se quedó paralizado por semejante estupidez.

El gatito empezó a temblar. Acto seguido, escupió una bola de pelo sobre el pijama del chico.

Lo soltó con un quejido y se echó para atrás, pero apenas este aterrizó se volvió a acercar a él. Ronroneando, se frotó contra las piernas de Tomoki.

—Le agradas—dijo Yume, subiendo el dedo pulgar.

Estuvo a punto de mandarlas al diablo, pero miró por primera vez los ojos de Ñeñepo y se quedó sin palabras. Se parecía mucho a Tomoko. Era como su versión animal.

De pronto, quería conservarlo.

Estaba pensando en las posibilidades cuando la puerta se abrió de golpe y alguien más se introdujo en la habitación.

—Hola—dijo Haru con alegría. Luego miró a su alrededor y se dio cuenta de la inusual situación—… eh, ¿qué tipo de pijamada es esta?

Yume se quitó la máscara de gas y abrazó a Tomoko, como si quisiese protegerla del recién llegado. La chica sintió perfectamente como los pechos de su amiga se aplastaban contra ella, y tuvo la imperiosa necesidad de tocarlos. Le recordaba mucho a aquellos momentos en los que Yuu-chan usaba ropa escotada y ella se la pasaba imaginando como sería palparlos. Pero estaba segura de que sería diferente. El busto de Yume era más pequeño, aunque lo suficientemente grande como para que desbordara levemente de sus manos.

Empezó a babear.

No era que le gustaran las chicas… simplemente, se sentía atraída a esas dos esponjosas montañitas.

—Haru es malo—susurró Yume.

Tomoko subió las manos disimuladamente, con la intención de tocarla. Un poquito. Eso no tiene nada de malo, ¿no?

—Tú eres una loca—se defendió el otro con tono infantil, apuntándola con el dedo.

Yume estaba distraída y era la ocasión perfecta. Estaba a punto…

—Tomoko, ¿qué haces? —dijo Tomoki, sonriendo de medio lado.

Oh.

Diablos.

Sus manos estaban sobre el pecho de Yume y no tenía escusa.

¿Qué debería hacer? ¿Un baile improvisado para eliminar la tensión?

Haru apareció por detrás y tomó a Yume de los hombros para alejarla de ella, como si Tomoko se tratase de un violador.

—¿Qué pasa?

—Yume, ¿no te incomoda lo que acaba de hacer? —Haru frunció el ceño.

—Eh… ¿por qué habría de incomodarme? Sólo tocó una parte de mi cuerpo.

—No es lo mismo que te toque una mano a que te toque…eso.

Yume realmente no parecía entender.

—Es imposible que tengas diecisiete años y seas tan inocente—dijo con incredulidad.

—Tengo quince años.

Los hermanos asintieron al mismo tiempo. Al parecer, Haru era el único que no lo sabía.

—Es imposible… vas en tercero, un año arriba de Tomoko.

—Mis calificaciones siempre eran perfectas y me aburría mucho. Decidieron adelantarme dos años. Y bueno, aún todo me parece muy fácil.

El chico no pudo controlar un repentino tic en el ojo. Se pasó una mano por la cabeza, desordenando su cabello café dorado.

—¿Entonces tienes mi edad?

—Sí.

—¿No eres la mayor de la habitación?

—Tomoko lo es.

De cierta forma, a Haru le perturbaba que Yume tuviera la misma edad que él. Era como si fuese mucho menos inalcanzable de lo que había creído.

—Es verdad que siempre te viste más pequeña.

—Es una loli—dijo Tomoko.

—Una loli gótica—agregó Tomoki.

Yume asintió.

—Soy ruda.

—Tienes cara de niña, eres bajita y tu cuerpo luce delgado y frágil. No eres una chica ruda—bufó Haru—. Las chicas rudas son atractivas y tú no eres para nada atractiva.

La chica hizo un puchero.

—Tonto Haru.

Qué tierna.

No se aguantó las ganas de apretarle las mejillas y jugar con ellas. La verdad, tenían una relación bastante contradictoria. Pero de cierta forma, le agradaba que todo fuese así. Cuando estaba con ella, nada tenía sentido. Nada seguía el orden de las cosas. Y eso le encantaba.

—Se gusssstan—susurró Tomoko con rostro pervertido.

Ñeñepo maulló y se acurrucó en la esquina de la habitación.

—¿Qué tal si salimos… los cuatro?

Se quedaron mirando a Tomoki por la repentina sugerencia. ¿Ellos cuatro, juntos? Estaban seguros de que no era una buena idea. Yume y Haru no hacen más que pelear; Tomoki y Tomoko tenían una relación realmente complicada… pero aun así, nadie se negó. Porque todos sintieron que era lo correcto.

Como si desde un principio, los cuatro estuviesen hechos para estar juntos.

—Comamos helado—sugirió Yume.

—Hace mucho frío—refutó Haru.

La chica sacó su billetera de un bolsillo oculto entre los pliegues del vestido.

—Yo invito. Realmente quiero helado. Y muchos dulces.

Los demás se limitaron a mirarla, sonriendo al mismo tiempo.

•••

Estaba acostumbrada a que todos voltearan a verla cuando caminaba por la calle. Pero en esos momentos, resultaba doloroso.

—Necesito comprar más agua y más frutas…—se dijo.

Siempre preocupada de lo mismo.

El rostro. El maquillaje. Las cremas. Los aceites para el cabello. El peso.

No comía prácticamente nada. De hecho, había olvidado la última vez que consumió un alimento grasoso o con altos niveles de azúcar. Los mareos por falta de energía se hacían cada vez más constantes. Todo por ser delgada y bonita. Todo para no ser criticada.

En un mundo lleno de gente superficial, aquellos sacrificios eran reglas de supervivencia.

No podía hacer otra cosa. Sólo… no quería que volvieran a molestarla otra vez. Ya no soportaría volver a ser rechazada.

Estaba oscureciendo.

Miró el cielo en busca de estrellas, pero sólo se encontró con pequeños copos de nieve descendiendo con suavidad desde las nubes.

Le gustaba la nieve. Era tan fría… igual que ella.

Recordaba que de pequeña siempre le decían que sus ojos son como el mar y que su cabello se asemeja a la nieve.

Tomoki siempre estuvo de acuerdo. Incluso, mencionó muchas veces que le gustaba el invierno precisamente porque los días nevados le recordaban a Megumi.

Retomó la caminata mientras trataba de reprimir el nudo en su garganta. Pero esta vez, se desvió de la acera y se detuvo en un pequeño parque desierto, oculto por la oscuridad de la noche.

Avanzó. Lentamente, su figura se perdió en la oscuridad. Fue cuando sus piernas no soportaron más y cayó sentada sobre el césped.

Temblaba.

Se llevó las manos a la cabeza mientras dejaba huir los sollozos que tanto tiempo estuvo negándose a soltar. Con fuerza se jaló el cabello y trató de ahogar su angustia en aquel desesperante dolor físico.

Estaba tan harta.

¿De qué le sirvió todo ese esfuerzo? No tenía amigos reales y la persona que siempre amó no se interesa para nada en su persona.

Sólo había conseguido estar aún más sola de lo que siempre estuvo.

Sin familia a quien saludar por las mañanas. Sin una madre que de consejos amorosos. Sin un padre sobreprotector. Sin hermanos con quienes pelear.

Su departamento por la noche seguía igual a como lo había dejado por la mañana. Oscuro. Desordenado. Sin el calor de nadie más.

Las lágrimas humedecieron su rostro. Una tras otra.

—Quiero… desaparecer.

Los copos de nieve caían sobre ella, impregnándose en su ropa y en su piel.

Se preguntó si alguien se preocuparía por ella si la viera llorar. Si es que alguien se detendría para ayudarla a levantarse.

Negó con la cabeza para sí misma.

¿Quién querría ayudar a una chica tan superficial, tan falsa?

—Um… oye, ¿estás bien?

Un inquietante escalofrío recorrió su cuerpo. Aquella voz, tan cálida y dulce la obligó a subir la mirada. Las lágrimas le nublaban la vista, pero pudo percibir como una chica le extendía la mano para que se levantara.

Negó con la cabeza. No, no estaba bien.

Algo insegura tomó su mano con delicadeza. Ella jaló para ayudarla a ponerse de pie.

—¿Qué sucede? ¿Estás herida?

Volvió a negar con la cabeza. Si hablaba, dejaría ir todo el llanto acumulado.

—¿Estás triste?

Por un segundo, no hizo nada.

Luego la miró a los ojos y vio en ellos la intención tan pura de ayudar. La preocupación irracional.

Asintió.

—Tranquila—susurró, inclinándose para abrazarla—. Yo estoy aquí ahora, ¿bien? Me llamo Naruse Yuu, pero puedes llamarme Yuu-chan si quieres.

Megumi se desarmó en ese momento. Aferrándose a ella, se echó a llorar. Desgarradoramente.

Yuu se limitó a acariciarla y susurrarle palabras de consuelo.

•••

Yume y Tomoki, apoyados en la pared, miraban como Haru y Tomoko se peleaban un peluche de Gon en medio de la calle. Al parecer, ambos eran fanáticos de Hunter x Hunter.

—Tomoko está feliz—dijo Yume, sin ninguna emoción en particular—. Ahora se atreve a hablar con Haru.

—¿Sí? —murmuró Tomoki sin gran interés.

—Sí. Estuvo triste desde que supo que tú eres Nai.

Ese tema sí que le hizo poner toda su atención en las palabras de Yume.

—Espero que no haya sido porque te superó. Yo realmente quiero que ustedes estén juntos.

—Ese no es tu asunto.

—No te hagas el tsundere.

—No me hago el tsundere.

—Me preocupa su cambio de ánimo.

Tomoki suspiró, mirándola. Sabía que para esa chica Tomoko era importante, y, además, aunque no quiera admitirlo, él también confiaba en ella. Yume era una persona realmente auténtica y especial. Tenía algo que te hacía querer estar con ella, a pesar de todos los desastres que causa a su alrededor.

—Digamos que se me salió algo.

La chica ladeó la cabeza.

—¿Una bubi?

—Serás tonta—masculló, con una pequeña sonrisa de medio lado—. Le dije que… hum, bueno, eso.

—Creo que entiendo—susurró la chica bajando la mirada—. ¿Y qué te respondió?

—Creí que le daría asco. Pensaba que me diría que todo fue una broma para molestarme. Pero sabes, creo que fueron las palabras más hermosas que oí en toda mi vida.

Yume alzó la cabeza para mirarlo y le dedicó una sonrisa realmente preciosa. Sus ojos azules brillaban con intensidad. Para él, que estaba acostumbrado a ver su rostro limpio de emociones, resultaba muy fuerte que ella se mostrara de esa forma.

—Estoy muy feliz—dijo con dulzura.

Tomoki miró el cielo. La nieve se había intensificado, haciendo que varios recuerdos de Megumi pasaran por su cabeza. Ese tipo de días siempre le recordaban a ella. Se preguntó qué estaría haciendo en esos momentos.

Le gustaría poder compartir su actual felicidad con ella. Contarle lo que había pasado, como lo hubiera hecho si todo esto hubiese sucedido muchos años atrás.

Por fin había conseguido gustarle a Tomoko, aunque sea un poco.

Eso lo llenaba de energías para seguir. Y no detenerse jamás.


|•Notita:

Hola, gente bonita n_n ya vine con un nuevo caramelito nwn. ¿Qué opinan de que llegó Yuu-chan a esta historia? Yo ya la extrañaba ñwñ.

Oh NECESITO COMPARTIR MI FELICIDAD CON USTEDES. ¡DogyKy o SekaiNoMizu en Deviantart, me hizo un hermoso fanart de Yume! Búsquenlo en Google como "Yume oc no me pertenece" y pasen a verlo que está muy bonito nwn.

Gracias por leer hasta aquí, díganme qué les pareció porque adoro leer sus opiniones. Son mi droguita uwu.

Saluditos n_n/ come rico, vive al máximo, y nos vemos en el próximo caramelito.

Frikezas varias:

One Punch: One punch man. Estoy segura de haberlo mencionado en capítulos anteriores, pero es una serie de acción en el que el protagonista se caracteriza por vencer a sus enemigos de un solo puñetazo, y con bastante facilidad.

Dark, hardcore…: Es como el estilo gótico-rudo. Hardcore generalmente se usa para la música pesada como el metal, pero las personas hardcore podrían catalogarse como emos o punks. Pero, generalmente, alguien hardcore, es alguien rudo.

Happy: El gatito parlante y volador de Natsu (Fairy Tail). Creo que también ya lo mencioné antes n_n.

InuYasha, Ikuto, Tomoe: Chicos del anime con orejitas de gato ñwñ. InuYasha, de la serie InuYasha (? Ikuto, de Shugo Chara y Tomoe de Kamisama Hajimemashita.

Loli: Una chica tierna, con aspecto de niña pequeña, generalmente con pechos pequeños y ojos grandes. Pequeñitas y delgadas. Una lolita.

Gon y Hunter x Hunter: Gon es el protagonista de esta serie. Seguro la mayoría aquí la conozca por su nombre en español "Cazador X".

Tsundere: Personalidad que parece agresiva y fría, malhumorada; pero que por dentro esconde sentimientos dulces y sensibles.