Flores de cerezo

Capítulo 1: Reunión

Por Okashira Janet

Como bien saben Rurouni Kenshin es propiedad de Nobuhiro Watsuki, yo solo uso sus personajes para entretener. Este fanfic está basado en Rurouni Kenshin Gaiden "Flores de cerezo en primavera", espero lo disfruten.

En primavera el Kenshin-gumi se reúne para ver las flores de cerezo, Aoshi asiste con Misao, todos han cambiado dando pasos adelante, puede que la relación que tiene con su protegida también lo haga. MisAoshi.

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Si era sincero Aoshi no era la clase de persona que asistía a ver las flores de cerezo caer en compañía de buenos amigos, no porque el espectáculo no mereciera la pena, sino porque en el pasado no había logrado ser cercano a nadie en realidad. Aoshi era un buen líder y todos podían dar buena fe de ello, pero nadie lo había llamado amigo anteriormente, eso hasta que Kenshin se abrió paso a golpe de espada y le tendió una mano agradable y trabajada que no había podido rechazar.

Aoshi no se engañaba, sabía que su personalidad antisocial e introvertida no le granjeaban buenas relaciones e incluso Kenshin hubiera podido darse por vencido con él, el caso es que cuando Misao lloraba pidiéndole algo no podía decirle que no y aún recordaba al pelirrojo diciéndole que su protegida había llorado lágrimas tan grandes como la luna por él. Así que su amistad con Kenshin era más bien un agradecimiento por revivir la conexión con Misao y el Oniwabanshu. Aoshi era un hombre de lealtades y honor, por eso cuando poco después Kenshin había estado en problemas había puesto todo de su parte para serle de utilidad.

Deuda saldada.

Pero al parecer la amistad iba más lejos que eso, Kenshin le ofrecía té, le daba consejos de vida e incluso lo comprendía sin necesidad de palabras. Perturbador si se lo preguntaban, porque en un inicio eran enemigos y por lo menos en su muy particular punto de vista había intentado matar al pelirrojo y no es que aquello fuera fácil de perdonar.

Fuera de Kenshin Aoshi no creía que pudiera llamar amigo a ningún otro de los presentes, nunca había sido particularmente bueno con las mujeres, su comunicación con ellas era solo para decir lo indispensable y siempre con cierto aire cortante, así había sido desde que era un adolescente que no se podía permitir flirteos en medio de una guerra, además —no era tonto—, sabía que las mujeres solían encontrarlo atractivo y alimentar falsas esperanzas con amabilidad no era algo que deseara. Por tal motivo no era cercano a Kamiya Kaoru ni a Takani Megumi, la primera porque no tenía nada importante que decirle y la segunda porque había sido rehén de Kanryu y no es como si él le hubiera puesto las cosas fáciles.

Sanosuke era un compañero tonto de armas, pero alguien en quien se podía confiar, de cualquier manera sus únicos contactos con él habían sido cuando lo veía conversar con Misao, usualmente Aoshi aceptaba a cualquier persona que Misao aceptara, así había sido su manera de relacionarse desde largo tiempo atrás.

Si tuviera que decirlo su favorito de aquel grupo era Yahiko, aquel guerrero que había conocido siendo un niño gamberro se había convertido en un prometedor joven de quince años, inteligente, leal y con cierto aire de arrogancia admitía que Yahiko era el guerrero por excelencia de todo aquel grupo, además —no podía negarlo— siempre se había llevado bien con su protegida y era bastante común que los dos se enzarzaran en charlas kilométricas donde las risas estaban aseguradas. Aoshi nunca había hecho reír a Misao, pero le gustaba que otros lo lograran.

—¿Entonces Sanosuke está en Mongolia? —Misao preguntó exaltada, Yahiko le contestó con la misma pasión, Aoshi se quedó prudentemente en un plano secundario, todos lucían relajados y felices, incluso el niño de Kenshin, Kenji, parecía bastante apacible en brazos de su madre, para Aoshi era la primera vez que lo veía, pero Misao ya se lo había contado con pelos y señas.

—"¡Es igualito a Himura Aoshi-sama!" —Si que lo era, el pequeño de tres años era una calcomanía de su padre a excepción de los ojos, azules como los de su madre. A pesar de que Aoshi también tenía los ojos azules la tonalidad de sus orbes diferían bastante, los ojos de Kaoru y de su hijo eran como un cielo que despertaba, los de él eran oscuros como un mar embravecido.

—Te has cortado el cabello. —Megumi comentó viendo a Misao, su protegida se había cortado la larga melena hacía poco, ese día Aoshi no le había dicho nada y ni siquiera había dado muestras de haberlo notado, pero le extraño no ver su larga trenza de siempre rebotándole contra las caderas.

—Ah, sí. —Misao sujetó su cabello, que le llegaba por debajo de los hombros, y lo enredó y desenredó en uno de sus dedos—. Se estaba haciendo peligroso tenerlo tan largo. —Por un momento Aoshi no supo que quería decir, a ser sincero había creído que cortarse el cabello le había venido de algún capricho, de hecho ni siquiera le había pedido su opinión al respecto como solía hacerlo para prácticamente todo.

—¿Peligroso? —Kaoru arqueó las cejas, Kenji en sus rodillas ladeó la cabeza.

—Bueno, —Misao miró el cielo y se le escapo una risita—, en una de mis últimas misiones un hombre me sujetó de la trenza, no me pude soltar y… —con su aire distraído y alegre de siempre negó con una mano—. Como sea, tuve que cortarlo.

—No debería hacer cosas tan peligrosas. —Con su aire paternal de siempre Kenshin la observó de frente, como reprendiéndola con la mirada.

—Soy la Okashira Himura. —La joven colocó ambas manos en el suelo, al lado de su cintura—. Tú también te has cortado el cabello, con lo que me gustaba. —Kenshin se sonrojó ante el halago tan directo y todos se burlaron ruidosamente de él.

—Últimamente le daba mucha pereza cepillarlo. —Kaoru le acarició la nuca a su esposo, ahí donde ahora sus mechones rojos se acababan.

—Todos han cambiado mucho. —Misao se encogió de hombros—. Himura se ha cortado el cabello, Kaoru es mamá, Megumi está más guapa y Yahiko ya es un hombre.

—Tú también has cambiado. —Yahiko le dio un golpecito con el hombro, ahora que ambos habían crecido el joven era un poco más alto que ella—. Ahora sí que pareces una mujercita.

—¿Lo crees? —Los ojos verdes de Misao se iluminaron como antaño, llevaba puesto un traje japonés informal, el gi con estampado de flores rosas y la hakama rojo oscuro, el atuendo hacía juego con unas lindas botas de diseño extranjero.

—Pareces alguna clase de señorita rica. —Yahiko se burló—. ¿Quieres engañar a los hombres?

—Sí, —Misao juntó las manos soñadora—, de ser posible. —Todos se rieron, Aoshi simplemente cerró momentáneamente los ojos, en el Aoiya las cosas habían cambiado, si bien seguían siendo un restaurante y posada habían subido de categoría y en sus aposentos se discutía política y tretas con influyentes personajes nacionales y extranjeros, Misao era algo así como la hija rica del lugar, se le había acomodado bien esa existencia de niña ingenua que podía obtener información sin levantar demasiadas sospechas.

—Aoshi también ha cambiado. —Como siempre fue Kenshin quien volvió a poner la atención en él—. Te queda bien la moda europea.

—Ah. —No había mucho que pudiera decir al respecto, llevaba un terno occidental y encima su usual gabardina, la había llevado por si a Misao le daba frío, pero no parecía ser el caso.

—Aoshi-sama se ve muy bien, ¿cierto? —Misao palmoteó divertida—. A veces también se pone kimonos tradicionales, pero creo que se ve mejor así y es más fácil moverse con la ropa occidental.

—Pues a mí me gusta más mi ropa samurái. —Yahiko giró a ver de reojo a Tsubame que llevaba un uniforme con estilo occidental—. Aunque solo aplique en mí, claro. —Todos volvieron a reírse ante aquel amor juvenil que había nacido cuando eran niños.

—Ojala Sanosuke estuviera aquí. —Kaoru se acomodó en los brazos a Kenji que empezaba a adormilarse—. Se hubiera quejado todo el tiempo, pero sería divertido estar todos juntos de nuevo.

—Dijo que probablemente vendría pronto. —Yahiko sonrió mordaz—. Que le tuviéramos listo un tazón de arroz blanco y sopa de miso, así que Busu, tu no cocinas.

—¿A quién llamas Busu? —Kaoru frunció el ceño, ni siquiera convertirse en la esposa de quien anteriormente había sido Battousai había logrado que Yahiko dejara de meterse con ella.

—No voy a perder mi tiempo preparándole algo a ese cabezota. —Megumi sentenció acariciando su cabello como si aquello le llamara mucho la atención.

—Yo puedo hacerlo. —Misao sonrió y se dio un golpecito en el pecho—. Tengo la mejor sazón de todo Kyoto.

—Había olvidado que eras femenina para algunas cosas. —Yahiko le dio un puño suave en el hombro.

—Acabas de decir que ya parezco una mujercita. —Misao le regresó el golpe, con más ganas de molestar que de herir.

—¿Cuánto tiempo se van a quedar? —Kaoru le pasó el niño a Kenshin quien se cuidó de no despertarlo, usualmente su hijo no estaba de muy buen talante con su presencia—. Pueden quedarse en el dojo el tiempo que lo deseen.

—Solo unos días. —Misao entrelazó los tobillos, Yahiko vio el gesto de reojo pero no dijo nada, Aoshi sabía que su protegida no era la clase de mujer japonesa tradicional, no había nada que pudiera hacer o decir al respecto—. ¿Creen que llegue el cabeza de gallo?

—Tal vez. —Megumi sonrió con aquel gesto zorruno que le había ganado su sobrenombre hace años—. Si no se pierde. —Todos se rieron recordando viejas aventuras, vieron los cerezos caer, comieron, bebieron y luego se pusieron en marcha hacía el dojo, mientras caminaba con paso relajado en la retaguardia Aoshi vio a Misao caminar al lado de Kaoru con expresión alegre, el cabello le revoloteó con el aire, algo que no era posible cuando lo llevaba trenzado. Aoshi volvió a pensar que hasta ese momento no había tenido idea —y tampoco se había preocupado— por la razón por la cual se lo había cortado.

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—¡Buenas noches! —Una de las costumbres más raras que tenían en el dojo Kamiya es que cuando todos estaban juntos dormían en un mismo salón, casi siempre en un enredo de cobijas, brazos y niños aventándose por la noche. Aoshi lo había notado hace años cuando habían regresado luego de rescatar a Kaoru Kamiya de la isla donde Enishi la había tenido prisionera. En aquel entonces todos estaban malheridos y la mayoría de ellos eran niños, por lo que Aoshi no había tenido ningún reparo en que se acomodaran en el piso como pudieran y se quedaran dormidos. Pero ahora la atmosfera era ligeramente diferente.

—Fui a llevar a Tsubame a su casa. —Yahiko tendió su futón en el suelo, pegado a la pared, Misao tendió el suyo a su lado, siempre habían sido muy amigos, desde que se habían conocido.

—¿Llevaste a tu amada a su casa, uh? —Con diversión le pico el pecho y él le soltó algún improperio entre dientes.

—No hagan escándalo. —Megumi se acostó junto a Misao—. Van a despertar a Kenji. —El niño estaba tendido entre sus padres, Aoshi recordó tiempo atrás, cuando Kenshin dormía sentado con la espalda recargada en la pared, sin importar si había o no un futon esperando por él.

—Kenshin, ¿podrías apagar la luz?

—Claro. —Se hizo la oscuridad, Aoshi se quedó sentado en dónde estaba, en su clásica posición de loto, escuchó un par de susurros que intercambió el matrimonio Himura antes de dormirse, la respiración acompasada de la doctora y a Yahiko y Misao murmurarse aventuras tontas y risitas escondidas recordando cuando ambos habían sido más niños y se habían disfrazado de vendedores de soba para infiltrarse en la oficina de Saito.

Yahiko era, según las leyes de la espada, un hombre ahora, pero eso no dejaba de lado que fuera un hombre joven, apenas un adolescente a ser sincero, Misao tenía veinte años y según muchas reglas debía estar casada, incluso con algún niño tirando de sus faldas, cada que Aoshi pensaba en eso se decía a sí mismo que debía hablar con ella. Nunca lo hacía.

—Ya hay que dormirnos. —Misao le riñó al muchacho dándole la espalda, Yahiko la molestó llamándola Comadreja hasta que finalmente se quedó dormido.

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—¡Buenos días Aoshi! —Apenas regresar de su paseo matutino Aoshi se encontró con Kenshin barriendo la banqueta, tenía un aire muy relajado—. Misao-dono está haciendo el almuerzo. —Aoshi asintió con la cabeza, en silencio—. Siempre ha sido efusiva y amable, pero creo que ahora realmente se ha convertido en una mujer bella. —Aoshi no contestó nada, usualmente Kenshin hacía esa clase de comentarios, desde que Kenshin y Misao se habían conocido le parecía que se apoyaban mutuamente para alcanzar su objetivo amoroso, Kenshin ya lo había conseguido y él tenía que ser muy tonto para no darse cuenta de que su protegida llevaba enamorada de él por largo tiempo.

—Es una mujer bella. —Al final terminó reconociéndolo porque no es cómo si no lo hubiera pensado antes, aunque eso no cambiaba nada lo que eran.

—Y esta en edad de casarse. —Kenshin lo observó sereno, con aquellos ojos violetas que parecían ver más allá de lo que era evidente—. Aoshi, siempre pensé que no eras como yo, que entendías que la vida da regalos de vez en cuando.

—No estoy hecho para esa vida. —Aoshi le regresó la mirada sincera.

—A mí me parece que sí. —Kenshin miró el cielo que empezaba a despejar—. Y también me parece que la quieres.

—Querer a alguien no es suficiente para un matrimonio. —Aoshi no hubiera esperado tener una conversación tan densa a esas horas de la mañana.

—Si no eres tú será otra persona. —Kenshin le palmeó un hombro—. No esperes a que alguien te quite lo que quieres como me sucedió a mí para que puedas valorar lo que estás perdiendo. —Aoshi quiso decirle que sus situaciones no eran, ni de lejos, parecidas, Kaoru y Kenshin se habían gustado al poco de conocerse y habían desarrollado un amor profundo por el otro con el paso del tiempo, su situación con Misao era diferente, él la había cuidado siendo niña, la había protegido como se protege a un hijo, el amor que le tenía no rozaba lo pasional siquiera, el amor de ella era más difícil de explicar, se había enamorado de él con un candor infantil y ahora que se había convertido en una mujer seguía creyendo en una ilusión que solamente era eso, fantasmas de un amor de niña.

Aoshi tenía la seguridad de que un día, quizás mañana, quizás la siguiente semana, Misao simplemente despertaría y se daría cuenta que lo que sentía hacía él era un amor puro y fraternal que nada tenía que ver con la pasión desbordada de los amantes. Estaba listo para cuando eso ocurriera, se lo había planteado muchas veces y había decidido que lo aceptaría con la imparcialidad que siempre había gobernado su vida. Dolería un poco verla alejarse, no lo negaba, y tal vez después de que ella se hubiera ido sentiría que lenta e inexorablemente las razones por las que había vivido hasta ahora se irían, pero siempre podía fijarse una nueva meta, lo sabía, así había sido su vida siempre.

—¡Vengan a almorzar! —Misao gritó y Kenshin dejo la escoba para pasar a lavarse las manos, luego sonrió.

—Es agradable no ser el que cocina de vez en cuando. —Los dos hombres entraron a la estancia donde los demás ya daban buena cuenta de los cuencos.

—Ey Misao, —Yahiko silbó apreciativo—, sí que cocinas bien, ya te puedes casar.

—Deja de hablar de matrimonio, no planeo casarme aun. —Misao le arrojó una cuchara, volátil como siempre lo había sido, Yahiko la esquivo y echó a reír. Aoshi se sentó y tomó su porción mirando al muchacho de reojo, a pesar de la diferencia de edad le hubiera resultado placentero que su protegida tuviera una relación con aquel joven guerrero, por desgracia él mismo había sido testigo del amor que le profería a Tsubame, aquella niña que había estado con él desde su infancia.

—Casarse es una decisión personal. —Megumi bebió de su bol con elegancia, Misao se sonrió sabedora de que lo decía por ella misma, a ser sincera no esperaba que Megumi, con lo bella y capaz que era, llegara a casarse, siempre le había parecido que su corazón se había quedado preso, sin posibilidad de escape, por cierto hombre que viajaba por el mundo sin dar señales de notar aquel descalabro amoroso. Todos los hombres eran bastante lentos, a decir verdad.

—Ya-hiko… —El pequeño Kenji caminó torpemente hasta Yahiko y se le colgó feliz de un brazo.

—¡Oye, oye! —El espadachín meneó su brazo para soltarse—. No soy una almohada.

—Deja en paz a mi hijo. —Kaoru gruñó.

—¡Es él quien se me está colgando encima!

—Ah. —Misao lo sujetó por debajo de las axilas y lo elevó en el aire—. ¡Qué lindo eres! —Kenji pareció aceptar de buen grado el cambio porque se echó a reír estirando las manos hacía el rostro de la joven—. ¡Creo que le gusto!

—Todos le gustan menos yo. —Kenshin susurró fatalista, pero nadie le prestó atención, Misao se lo acomodó contra la cadera y frotó la nariz contra la suya.

—¿Quién es lindo?, ¿quién es lindo?

—Haberse visto antes. —Yahiko se burló—. Una muñeca cargando un muñeco, me pregunto quién cuida de quien.

—¡Oye! —Misao le atinó una dolorosa patada entre las costillas.

—¡Eso duele! —Kenji soltó una carcajada. Aoshi observó todo en silencio, ciertamente Misao tenía rasgos infantiles, ojos grandes, nariz respingona y cuerpo menudo, pero cargando al niño de Himura tenía un aire a mujer que era innegable, como una fruta madura a punto de caer.

—¿Quieres ir al parque? —Misao cuestionó al niño quien asintió felizmente con la cabeza—. Kaoru, ¿puedo llevarlo al parque?

—Seguro. —La joven sonrió de medio lado.

—Ya veo, —Yahiko se levantó terminando de comerse un trozo de pescado—, Megumi lo mejor será que tú también salgas a pasear, seguro que estos dos están esperando por un momento a solas ahora que alguien se lleva a su niño.

—¡¿Oro?! —Kenshin saltó y todos se rieron, pero al final y pese a sus quejas, terminaron dejándolos solos, Megumi se fue a visitar al doctor Genzai, Yahiko a un dojo vecino donde practicaba de vez en cuando y Aoshi terminó acompañando a su protegida nuevamente al parque Ueno.

Misao llevaba al niño de la mano, aunque para hacerlo debía inclinarse un poco, el cabello liso y negro le jugueteaba con la brisa dándole vida a sus rojas mejillas y sus botitas de tacón repiqueteaban contra el suelo empedrado.

—Que muchacha encantadora. —Un par de mujeres intercambiaron con risas al verla, Aoshi estaba acostumbrado a que expresiones como esa surgieran cuando Misao estaba cerca, desde niña había sido simpática.

—¿Quieres ir a atrapar pétalos? —Misao soltó a Kenji y lo instó a correr tras ella, Aoshi pasó de decirlo que seguramente el niño se caería, estaba seguro de que a Misao le tenía sin cuidado regresar al hijo de Himura con las rodillas raspadas—. ¡Corre! —El niño lo hizo chillando y agitando las manos, Misao se río bailando con los pétalos que caían al suelo y se convertían en alfombras para sus menudos pies. La recordó de cuando era niña y le rogaba que jugara con él, ojos brillosos, pies inquietos, pero él nunca corría tras ella, la entretenía con grullas para no sufrir la fatiga de seguir su alocado paso.

—¡Ven Kenji! —Si tuviera una cámara fotográfica congelaría aquel momento para llevárselo a Okina, sabía lo mucho que lo apreciaría un hombre cuyo único consuelo en la vida era su terrón de azúcar—. ¡Oh, atrápalo! —El niño se cayó, pero se puso de pie sin dejar de chillar tratando de alcanzar a Misao—. ¡Bien! —Misao se tendió en el suelo, sobre los pétalos y se colocó al niño en el estómago dándole besitos tiernos por la cara—. ¿Quién es lindo?, ¿quién es lindo? —Se había olvidado por completo de él, inmersa como estaba en un niño que no era suyo, mejillas rojas y ojos verdes como luciérnagas.

—¿Tienen sed? —Aoshi se sentó a su lado y destapó un envase con té frío, tanto Misao como el niño respiraban agitadamente.

—¡Oh sí, Aoshi-sama! —Acostada en el suelo Misao le sonrió, una sonrisa grande y sincera, como lo era ella siempre, pero fue diferente, con un niño abrazado sobre su pecho, el cuello húmedo de sudor y el cabello regado a su alrededor… fue diferente.

—Levántense o se van a atragantar. —Aoshi les ordenó y obedientes los dos se sentaron, Kenji observándolo curioso con sus grandes ojos azules, como si solo hasta ese instante hubiese reparado en él.

—Tú primero Kenji. —Misao le cuido la boca para que no fuera a mancharse la ropa, le limpió las mejillas con un pañuelo y lo observó alejarse corriendo hasta un gato que paseaba sin bulla cercano al camino—. ¡Es muy inquieto! —Hacía tiempo que no veía tan animada a su protegida, Aoshi recibió el termo con el té, lo cerró y luego se inclinó hacía ella.

—¿Aoshi-sama? —Misao se quedó helada cuando él sujetó su gi y lo acomodó para que le cerrara correctamente de la parte del cuello.

—Se ha abierto. —Aoshi le aclaró ante su rostro pudoroso.

—Oh. —Ella desvió la mirada—. Por jugar tanto con Kenji.

—Seguramente. —El ninja la dejo irse, aun inquieta, a reunirse con el niño, lo había hecho sin pensar, como cuando siendo pequeña se desacomodaba la ropa, pero ahora no era pequeña y demostraba demasiada familiaridad acomodarle el atuendo, cuanto más porque estaban en público.

Los dejo jugar otro rato más, escondidillas tras los árboles y caminar sobre la vereda de piedras y aunque todo era infantil y agradable no pudo evitar notar que todos observaban a Misao como si fuera una señorita noble que acababa de tener su primer hijo, incluso le preguntaron si el padre tenía el cabello rojo y ella, con su ingenuidad de siempre, había dicho que sí sin pensar que aquello la situaba a ella como a la madre.

De cualquier manera ambos, Misao y Kenji, habían pasado una tarde encantadora y ya empezaba a caer la tarde cuando Misao regresó a él con el niño dormido en brazos.

—¿Nos vamos ya Aoshi-sama? —Caminaron lado a lado, usualmente el hombre caminaba delante en su rígida sociedad, pero hacía tiempo que Aoshi había pasado de convencionalismos en el mundo ninja, además, había descubierto una apacible calma cada que desviaba ligeramente la vista y la veía caminando a su lado, por otra parte Misao siempre estaba hablando y cuando caminaba por detrás era difícil entenderla.

—¿Te has cansado? —Le preguntó al notar sus brazos rodeando la espalda del niño contra su pecho.

—No en realidad. —Misao desvió la mirada al suelo, mejillas rojas—. No sabía que tener un niño era tan agradable. —Aoshi perdió ligeramente el paso que estaba dando, pero lo recupero sin problema, luego extendió los brazos para que le pasara al niño, sorprendida Misao lo hizo, sin ningún problema el ninja se lo acomodó sobre el hombro con una sola mano.

—¡Usted sí que puede hacer lo que sea Aoshi-sama! —Misao lo vio con admiración, Aoshi recordó cuando siendo niña se dormía y él se la tenía que acomodar contra el pecho usando las dos manos. Caminaron sin decirse nada más, vigilados por el sol que empezaba a irse.

—Himura, ya volvimos. —Misao se anunció despacio para no despertar a Kenji.

—Oh. —Con expresión atolondrada Kenshin apareció frente a ellos, las mejillas ligeramente sonrojadas.

—Hemos jugado todo el día. —Misao empezó a contarle los pormenores con felicidad, Kenshin asintió torpemente y extendió los brazos para sostener a su hijo, pero Aoshi lo observó sin entregárselo.

—Himura, te has puesto las sandalias al revés.

—Oh. —Kenshin se sonrojó aún más y le lanzó una mirada asustada a Misao, pero la ninja parecía más ensimismada contándole sus aventuras que en prestar atención en su calzado. Finalmente Aoshi le entregó al niño sin hacer comentarios del cabello desordenado de su anfitrión y el gi colocado a las volandas, parecía que ese joven Yahiko los conocía más que cualquiera de ellos.

—¿Y Kaoru? —Misao dio un paso adelante, pero Aoshi colocó un brazo enfrente, Misao giró a verlo con sorpresa, normalmente aquel era un gesto que Aoshi tenía para con ella cuando estaban en alguna clase de peligro y era mala idea moverse—. ¿Aoshi-sama?

—Es un lindo cielo.

—¡Lo es! —Misao miró arriba—. Están saliendo las estrellas. —Agradecido Kenshin se metió a la casa con su hijo en brazos, Aoshi lo miró de reojo y luego contempló a la ingenua mujer que hablaba de hijos siendo agradables sin tener idea de los pasos que se llevaban a cabo para obtenerlos —o en todo caso siendo muy mala para notarlo.

—¿Quiere sentarse Aoshi-sama? —Ya que él la había retenido para que no entraran no tenía sentido negarse. Ambos se dirigieron al corredor y se sentaron lado a lado, los pies de Misao enfundados en sus delicadas botas colgaron en el aire—. Me gusta Kyoto, pero Tokio también tiene lo suyo. —Aoshi asintió dándole la razón—. Me pregunto si los demás tardaran mucho. —La joven se tendió sobre el suelo de madera, aun con los pies colgando, los brazos extendidos hacía arriba—. Me ha dado sueño. —Aoshi esperó que dijera algo más, pero a los pocos minutos solo percibió su respiración acompasada, giró a verla de reojo, su cuerpo suave y el aroma a cerezos que se le había quedado en el cabello por jugar con ellos toda la tarde.

—Oh. —Unos pasos le hicieron girarse, Yahiko caminaba por el corredor comiendo una manzana, al ver a Misao se puso en cuclillas al lado de ella y le pegó un gran mordisco a su fruta sin dejar de observarla—. Una vez cuando éramos niños se durmió así como está ahora. —Yahiko tragó grueso y luego río malvado—. No paraba de decir "Aoshi-sama", perdida en su mundo. —Aoshi en realidad no tenía nada que aportar a esa información y cada quien era libre de soñar lo que quisiera—. Me pregunto que sueña ahora. —Le colocó un dedo sobre la frente y entrecerró los ojos, como si así pudiera ver sus pensamientos.

—Ah… —Misao abrió los ojos lo sujetó del brazo dio una vuelta cual tigre y terminó sentada encima de su muy sorprendido amigo—. ¿Ya-Yahiko?

—¿Qué-qué haces? —Muy a su pesar el joven se sonrojó, completamente dominado por aquella joven delgada y frágil en apariencia.

—¿Tu qué haces? —Sin atinar a quitarse de encima Misao parpadeó tratando de despertar por completo—. ¿Por qué me atacas cuando duermo?

—No era un ataque, ¿y por qué diablos reaccionas así?, no tenía idea de que estuvieras tan a la defensiva. —Yahiko se sentó e inexorablemente Misao resbaló hasta el suelo—. ¿Estás haciendo cosas peligrosas?

—Soy la Okashira. —Misao contestó con firmeza. Yahiko frunció el ceño y giró a Aoshi, como si le debiera una explicación.

—Misao, —Aoshi se acercó, la tomó de la mano y la puso de pie, casi con la facilidad con que levantaría una muñeca—, es peligroso que reacciones de esa manera, pudiste lastimar a alguien.

—No lo hice a propósito. —Misao desvió la mirada, Aoshi soltó su mano. También él reaccionaba así cuando era Okashira, de hecho él siempre terminaba con su espada en el cuello de alguien, pero aquellos habían sido tiempos violentos y ahora…

¿Estás haciendo cosas peligrosas? Que se cortara el cabello porque alguien le había jalado la trenza, que no quisiera casarse ni tener hijos cuando era obvio que los niños le gustaban, tal vez había algo ahí que él no había querido ver.

—Misao. —Kaoru la llamó a lo lejos, Misao los miró a los dos y luego hizo una muy pequeña reverencia—. Perdón Yahiko. —Luego se fue.

—Siempre pensé, —Yahiko habló despacio cuando ella se perdió de vista—, que ella lograría que la vieras. —Le sorprendió que aquel niño que acababa de volverse hombre le hablara como su igual, pero aquella mirada en sus ojos era la de un guerrero—. Pero si me equivoque y ese no es el caso es el momento de que le digas que no debe hacerse más ilusiones, entiendo que somos un grupo que siempre ha vivido con el peligro, no podría ser de otra manera, pero a pesar de todo me gustaría que encuentre a alguien que cuide de ella. —Sin saber cómo continuar Yahiko se rascó la cabeza—. Maldición, es mi amiga después de todo. —Sin volver a verlo se fue camino al dojo, Aoshi se quedó ahí, preguntándose si quizás es que todos habían avanzado menos él.

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Notas de Okashira Janet: Hola, como lo había prometido vuelvo con un fanfic de esta pareja que tanto adoro, en esta ocasión espero que sea algo corto y que les agrade, besos.

28 de diciembre del 2015 Lunes