FLORES DE CEREZO

Capítulo 5: Pétalos rosas

Por Okashira Janet

Aoshi sabía, porque la inteligencia era una de sus cualidades, que una mujer apasionada y entregada como Misao tendría problemas con alguien tan seco en sus afectos y parco en sus palabras como él. Aquella era una de las razones por las que en un inicio no había querido que aquella relación llegara a alguna parte, por más empeño que pusiera ella en el asunto.

La situación, sin embargo, había tomado rumbos que nunca hubiera imaginado y si bien la declaración de sus afectos había sido pobre —siendo benévolos— Misao era la clase de persona que lo amaba suficiente para aceptarlo.

Por eso aquella mañana Misao tenía las mejillas rojas y los ojos tan brillantes que era sospechosa en todos los sentidos y aunque Kenshin era lo suficientemente sensible para no preguntar el resto de los integrantes del dojo Kamiya aún no llegaban a semejante grado de sabiduría.

—¿Qué diablos?, —Yahiko gruñó pegándole con el codo de mala manera—, ¿tienes enfermedad bipolar o algo así?

—No sé de qué hablas. —La joven agachó la cabeza comiendo de su plato más rápido, signo inequívoco de que quería desviar la conversación.

—Misao… —Kaoru titubeó, seguramente pensando que ese no era el lugar ni el momento para cuestionar a su amiga.

—Un día lloras, otro día pareces muerto en vida y luego andas por ahí tan sonriente que espantas. —Yahiko hizo cara de asco—. A lo mejor es contagioso. —En una situación normal Sanosuke se hubiera unido a la pulla, pero el joven guerrero estaba comiendo como si no hubiera un mañana y Aoshi no estaba seguro si quería evitar una confrontación temprana o su apetito seguía siendo más importante que cualquier otra cosa.

—Soy libre de reírme si quiero. —Misao gruñó, Kenji se le arrojó sobre las rodillas gimoteando algo acerca de mariposas, al instante Misao se olvidó de pelear con Yahiko y le hizo cosquillas con la nariz.

—Parece que Misao-dono y mi hijo son inseparables. —Kenshin sonrió amable—. Kenji va a estar inconsolable cuando se vaya.

—Ella será la que estará inconsolable. —Yahiko se burló con una sonrisa de medio lado, Aoshi no dijo nada, pero la observó de reojo, ciertamente parecía hecha para que un niño jugara sobre sus rodillas, resistió el impulso de soltar un suspiro y en acto reflejo giró la mirada, por alguna razón Sanosuke lo estaba mirando fijamente aun con el tazón a medio comer, la mirada que intercambiaron no era hostil, pero —definitivamente— tampoco era amistosa.

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—Así que Sanosuke lamenta mucho haber molestado a Misao-dono. —Si bien Aoshi había esperado intercambiar algunas frases con Sanosuke y reprocharle su comportamiento la presente situación era un poco menos que ridícula. Kenshin estaba ahí, arrodillado frente a él y bajándole la cabeza a Sanosuke como un padre avergonzado del comportamiento de su hijo (un hijo muy rebelde que aceptaba a regañadientes).

—Me parece que las disculpas debería dárselas a ella. —Aoshi solo recalcó lo obvio, aunque vivían en un ambiente en que lo correcto era hablar de aquellos asuntos entre hombres él siempre le había dado su libertad a Misao.

—Y va a hacerlo. —Kenshin bajó aún más la cabeza de Sanosuke y si seguía así muy pronto tocaría el suelo.

—Por mi parte lo pasare por alto en esta ocasión, pero no seré tan complaciente en caso de que haya una repetición.

—Bueno, —Sanosuke levantó la mirada y aun con la cabeza inclinada se leía bastante de desafío en él—, para poder hacer algo como eso tendrías que estar con la Comadreja por siempre.

—¡Sano! —Kenshin terminó estampándolo contra el suelo y Aoshi abrió sorprendido los ojos, realmente había ciertas actitudes de su esposa que estaba empezando a imitar.

—¡Au! —El guerrero se sobó la adolorida frente—. Es cierto. Deja que ella vaya detrás de él sin explicarle las cosas, si la quiere debería decírselo.

—Aoshi tiene sus maneras y nosotros no tenemos por qué… —Kenshin empezó a alegar, pero su voz se fue apagando, Aoshi supuso que ni siquiera el pelirrojo tenía muchos argumentos para defenderlo. De cualquier manera la relación entre Misao y él era solamente suya, los demás no tenían que dar sus opiniones ni él dar explicaciones.

—Somos sus amigos. —Sanosuke se soltó del agarre del pelirrojo, se levantó muy digno y se sacudió el polvo de las rodillas—. Si nosotros no nos preocupamos por ella no veo mucha gente que lo haga. —Luego se dio la vuelta y se fue, tanto Aoshi como Kenshin fueron conscientes de que les había ganado esa vez.

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—¿Qué hacen noviecitos? —Aoshi estaba sentado en el corredor del dojo, Misao y Yahiko se habían subido a un tronco caído y estaban muy cerca el uno del otro, a veces Misao movía los pies en el aire de manera nerviosa y se retorcía los dedos, Yahiko parecía sorprendido y de vez en cuando le lanzaba miradas de reojo, algo le decía a Aoshi que Misao no había soportado la tensión de no decírselo a nadie y al final le había contado todo a Yahiko —era tan poco paciente que no había podido esperar que Kaoru terminara sus clases de kendo en un dojo vecino. Al final Sanosuke los había interrumpido y por la expresión de ambos aquello les fastidiaba en alto grado.

Misao ni siquiera le contestó, lo vio fijo a los ojos con todo el rencor que podía acumular un cuerpo y un alma que nunca había sentido odio de verdad y se bajó muy digna del tronco sin que Yahiko hiciera por retenerla

—Ey, ey, ey. —Sanosuke la sujetó de la muñeca y para mayor enfado de la muchacha la volvió a sentar sobre el tronco, casi con la facilidad con la que movería a un niño—. No puedes estar enojada conmigo toda la vida.

—Si puedo. —Misao apretó las cejas.

—Bueno, la cagaste. —Yahiko se pasó las manos tras la nuca y le lanzó una mirada que dejaba bien a las claras que su concepto de él había caído hasta el punto de considerarlo casi una cucaracha.

—Sí, cualquiera tiene errores. —Sanosuke meneó una mano en el aire como si aquello no tuviera importancia—. En mi defensa no pensé que fueras a llorar. —Misao se paró de golpe, por lo sorpresivo Sanosuke la sujetó de la cintura para retenerla—. ¿Acaso vas a escucharme?

—No. —En sus ojos verdes hubo un breve destello de guerra.

—¿No puedes decirle a tu noviecita que se calme? —Hastiado Sanosuke giró hacía Yahiko—. Sobre que es la primera vez que se me ocurre disculparme.

—Pues lo estás haciendo pésimo. —El joven enarcó ambas cejas.

—Ok. Escucha. Tuve un plan que evidentemente salió mal. —Misao entrecerró los ojos, en su rostro una mirada feroz, Sanosuke la sujetó más fuerte de la cintura, como para evitar patadas violentas a su persona o intentos de asesinato a su yugular—. Pero lo que dije no era cierto, bueno, la mayoría no era cierto.

—¿Qué era cierto? —Misao apretó los puños y para Aoshi fue evidente que Sanosuke estaba parado sobre la cuerda floja.

—Si valoras tu vida no vas a contestar eso. —Yahiko empezaba a lucir vagamente divertido.

—Eres atractiva a tu modo. —Sanosuke apretó el ceño, como si expresar sus palabras le provocara intensa actividad mental—. Y aunque el Cubo de Hielo aparentemente nunca te va a ver… —Misao se sonrojó, Sanosuke la soltó al instante—. ¿Me estoy perdiendo algo?

—Más o menos. —Yahiko se pasó las manos tras la nuca.

—¿Entonces el Cubo de Hielo…?, ¡y yo pidiendo disculpas!, ¡sabía que mis planes nunca fallaban!

—¡Voy a matarte! —Misao rechinó los dientes, Yahiko se hizo a un lado cuando los kunais empezaron a volar y Sanosuke se río, alto, fuerte y ronco —como Aoshi sabía que le gustaba a Misao— sin preocuparle en lo más mínimo su vida. Aquel era, definitivamente, el dojo Kamiya, y Aoshi aún no estaba muy seguro de por qué habían acabado aceptándolo también, pero por primera vez en su vida se daba cuenta que no estaba solo y Misao tampoco, no importaba lo que pasara en el futuro.

Y hablando del futuro…

Sinceramente Aoshi no hubiera esperado alguna vez ver a Sanosuke Sagara, conocido en el bajo mundo como Sanza y perseguido por la justicia, postrado a cuatro patas mientras Kenji lo montaba al más puro estilo de los jinetes.

Castigo por decir idioteces, según palabras de Yahiko.

Kenshin tenía una sonrisa en la cara mientras veía a su amigo avanzar penosamente por el patio a cuatro patas mientras Kenji tiraba de la cinta roja en torno a su frente y Misao le lanzaba piedritas.

—Más rápido caballo. —Y Kaoru entraba gustosa al juego aunque aún no se sabía toda la historia de lo que había pasado, Aoshi estaba seguro que en cuanto lo supiera dejaría de sonreírle tan amablemente a Sanosuke Sagara. De cualquier manera el castigo estaba siendo cumplido debidamente y a pesar de todo Sagara no se había quejado. Misao evitaba verlo y solo le lanzaba piedritas sin fuerza de vez en cuando, Aoshi la conocía, Sanosuke Sagara, de apariencia sensual y ruda con un niño tierno encima haciéndole de caballito la conmovía cuando se suponía que aquello era contra él y no contra ella.

De cualquier manera Aoshi empezaba a percatarse de que todo lo que tuviera que ver con Kenji conmovía a Misao, ciertamente le sería difícil dejar al niño.

—¿Quién quiere un onigiri? —Kenshin finalmente decidió que era suficiente tortura.

—¡Yo!

—¡Yo!

—¡Primero bájate! —Uno a uno los miembros del dojo entraron a la cocina, Aoshi observó que Misao se quedaba atrás a propósito, ambas manos tras la espalda y mejillas muy sonrojadas.

—Hum… Aoshi-sama.

—¿Sí?

—Es que… no habíamos hablado en todo el día… digo, desde la mañana. —Y sin embargo él no la había perdido de vista.

—¿Deseas comunicarme algo?

—No en realidad. —Sus ojos verdes lo observaron fugazmente, luego apretó sus manos—. Estaba pensando… me enoje mucho con él, pero, ¿si Sanosuke no hubiera hecho lo que hizo usted me hubiera dicho alguna vez algo?

—Probablemente no. —Porque ante todo era sincero. Misao echó una mirada de reojo dentro del dojo, luego suspiró.

—Voy a dejar de molestarlo entonces. —La parte racional de Aoshi estaba de acuerdo con su decisión, pero por alguna razón frunció ligeramente el ceño, perdida en sus cavilaciones Misao no lo notó.

—¿No quiere un onigiri Aoshi-sama?

—No, gracias.

—Bueno… —Ella titubeó un momento pero luego se fue, Aoshi supuso que era más atractivo para una joven un ruidoso grupo de amigos que una pareja a la que tenía que exprimirle cada palabra. Cerró los ojos, luego miró el cielo, era un despejado y bello día.

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Para la noche y dado el poder comunicativo de Misao Aoshi supuso que todo el dojo sabía de su relación, pero nada cambió en su rutina, las bromas de siempre, los empujones de siempre, él que se dormía sentado contra la pared, el matrimonio Himura que murmuraba antes de dormirse y Sanosuke y Misao que hacían un sándwich de Yahiko. A ser sincero, por más que buscaba dentro de su cuerpo Aoshi no sentía ninguna clase de animadversión hacía Yahiko, verlo dormir junto a Misao —incluso cuando se abrazaban o alguno le subía una pierna o un brazo al otro— no le causaba malestar de ningún tipo, aquello, obviamente, le preocupaba, suponía que un hombre enamorado no soportaría ver a la mujer que amaba en brazos de otro, pero no podía inventar sentimientos que simplemente no estaban.

—Me estas apachurrando. —Escuchó a su protegida gimotear a media noche y desembarazarse de mala manera del cuerpo de Yahiko que se le había ido enterrando en las costillas, luego se quedó tendida con los brazos extendidos hacía arriba y la boca abierta como un niño pequeño. Ni rastro de sensualidad. Aoshi casi pudo compararla con la Misao de cinco años que le decía que algún día iba a cazar una estrella.

Más tarde Sanosuke se paró para ir al baño, pero se tardó tanto que tanto Yahiko como Misao se giraron a su lado del futón y cuando llegó ya no había espacio para él.

—Mocosos. —Sanosuke gruñó y haciendo gala de su fuerza —que superaba posiblemente a la de todos ellos— se acostó en medio y empujó a ambos fuera del futón, Yahiko simplemente se rodó al piso, pero Misao pataleó furiosa—. Ey, ey, despierta. —Sanosuke le dio palmaditas bruscas en la cara luego de recibir dos dolorosas patadas en las costillas.

—No me saques al piso estúpido. —Misao refunfuño medio dormida.

—Pues tú no me robes mi lugar. —Sanosuke le hizo espacio—. Seré benévolo soló porque ya mande a Yahiko al piso. —Misao se asomó por encima de su hombro y luego soltó una risita al ver a su amigo en el piso.

—Seguro se levanta torcido.

—Eso les pasa por ladrones.

—Lo que sea. —Misao se ovilló debajo de su brazo, ni siquiera se estaban rozando y de hecho casi al instante Sanosuke se puso a roncar, pero Aoshi no pudo evitar notar que el cuerpo de Sanosuke era grande y Misao parecía una muñeca suave cobijada bajo su presencia. Por alguna razón el resto de la noche no pudo dormir.

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Esa mañana Misao se levantó temprano, se bañó, se colocó ropa bonita, se pintó los labios tan rojos como una manzana madura y le solicitó a Kaoru que le prestara a su hijo, Aoshi la observó sin decir nada, había esperado que una vez que correspondiera los sentimientos de Misao ella fuera más efusiva de lo que ya era, muchas veces se la había imaginado colgada de él y rondando alrededor como una mariposita inquieta, para su desconcierto las cosas seguían tal y como antes de su criptica confesión y empezaba a creer que en realidad Misao no se había enterado de nada.

—Uh… —Ella se paró delante de él, ojos muy verdes y decididos, porque siempre había sido una chica valiente—. Aoshi-sama, ¿quiere venir con nosotros? —Todos lo estaban viendo, Kaoru sonrojada, como si sintiera en carne propia los pormenores de su amiga, Kenshin intentando ser discreto, Sanosuke descarado y hasta insolente y Yahiko con una tos bastante fingida que escondía una sonrisa. Asintió con la cabeza en respuesta sabedor de que las risitas disimuladas eran por él, que en el dojo proteger los sentimientos nunca había sido prioridad.

—Quería llevar a Kenji una última vez al parque antes de que regresáramos a Kyoto. —Misao le sonrió al niño quien puso mala cara en respuesta, tal parecía que la noticia de su partida no le había caído muy bien. Para Aoshi también era la primera vez que oía que regresarían al Aoiya, pero la decisión era de ella.

—Vamos a extrañarlos. —Kaoru habló en plural y aunque lo cierto es que nunca habían llegado a un entendimiento le agradecía el gesto.

—¿Mi-sa-o-chan se va? —Kenji preguntó jalándola de la ropa.

—Sí. —Misao lo alzó y rozó su nariz con la suya—. Pero hoy no. —Aoshi fue consciente del amor y la ternura que desprendía esa escena y aunque no era hombre de sonrisas tuvo un tenue destello de las sonrisas de los demás.

—¿No quieres que te acompañe yo? —Sanosuke sonrió indolente—. A lo mejor te ayudo de nuevo. —Misao lo observó con el ceño ligeramente fruncido y es que nadie era capaz de parar las bromas de Sanosuke.

—Preferiría que no lo hicieras. —Aoshi habló con voz seca y todos giraron a verlo con tanta sorpresa que casi parecía que le hubiera salido otro brazo.

—¡Jo! —Sanosuke tenía toda la pinta de ir a burlarse, pero Kaoru le metió tal codazo que se dobló en dos preocupándose solamente por meter aire en sus pulmones.

—Estoy seguro que pasaran un agradable día. —Kenshin se puso de pie como para ayudarlos a despedirse antes de que a alguien se le ocurriera abrir la boca de nuevo, Aoshi captó la indirecta y también se levantó, Kenji y Misao lo siguieron obedientes.

—¡Pasen lindo día! —Kaoru los despidió efusivamente sin preocuparse de Sanosuke que seguía intentando recuperarse del golpe recibido.

—¡Adiós! —Misao agitó una mano en el aire, tomó a Kenji con la mano libre y echó a andar. Por varios minutos simplemente caminaron sin decirse nada, Kenji emocionado y saltarín y Misao prestándole más atención de la debida, como si así no fuera a caer presa del nerviosismo, Aoshi decidió respetar su silencio, aún a sabiendas de que no era precisamente una chica callada.

—Aoshi-sama… —Exactamente diez minutos sin hablarle, que en sus estándares era un tiempo record.

—¿Sí?

—Hum… solo me preguntaba… —La joven miró al frente, ojos verdes muy brillantes que no se atrevían a verlo—. Lo que dijo el otro día…

—¿Acerca de qué? —Aoshi la miró de reojo.

—Me preguntaba, tal vez no entendí bien del todo, pero… —Sus mejillas enrojecieron escandalosamente y se vio obligada a cerrar los ojos—. ¿So-somos novios ahora? —Aoshi asintió secamente.

—Es una manera de decirlo.

—Ah. —Misao abrió los ojos avergonzada—. No sabía si estaba malinterpretando sus palabras.

—¿Mi-sao-chan? —Kenji la observó atento, con aquellos ojos azules como el mar.

—No es nada. —Misao agitó una mano para tranquilizar al niño, Kenji la observó atento y luego giró a ver a Aoshi, pareció hacerse una idea de que algo estaba pasando ahí pero no lo considero tan importante y siguió caminando sin preocupaciones.

—Hum… —Misao volvió a la carga y a Aoshi le pareció que nunca la había visto más tímida que en esos momentos—. ¿Esto es una cita?

—Si tú lo deseas. —Después de todo los únicos que consideraban si una salida era una cita o no eran los implicados.

—Lo deseo. —Misao bajó la vista—. Si a usted no le molesta. —Estaba siendo increíblemente considerada y tomando en cuenta lo cabezota que era la mayoría del tiempo resultaba un poco inquietante.

—De acuerdo. —De cualquier manera estaban empezando una relación y lo mejor sería no presionarla, si bien el amor de ella hacía él era patente en cada uno de sus actos él veía altamente difícil la demostración de sus sentimientos que eran bastante tibios en comparación con los de ella.

—¡Parque! —Kenji soltó con un grito de guerra cuando llegaron al sitio indicado y se soltó de la mano de Misao quien lo siguió corriendo casi al instante.

—¡Kenji espera! —En menos de un segundo Aoshi se quedó solo mientras su recién adquirida novia corría detrás del hijo de Himura, no se quejaba, encontraba relajante verlos jugar entre los pétalos de cerezo y perseguirse entre los árboles.

—¡Un, dos, tres por Kenji!

—¡To, tes por Mi-chan! —Aunque era más o menos habitual ver a Kenshin reír la risa de su hijo era completamente diferente, era fresca y libre, más parecida a la risa de Kaoru que a la del ex Battousai.

Aoshi se ocupó de seguirlos a pocos pasos sin molestarse porque lo hubieran excluido por completo, era por todos sabido que no era la clase de hombre que jugara a las escondidas con un niño, él no cantaba canciones ni rodaba por el suelo a modo de cachorro juguetón, eso se lo dejaba a Misao.

—¡Te atrape!

—¡Ah! —El cabello rojo como el fuego se confundía con el cabello negro de ella mientras jugaban a darse besitos por toda la cara y luego echaban a reír. Aoshi se recargó contra el tronco de un árbol como un padre que vigilara a sus hijos, eso hasta que de pronto notó algo extraño, si bien había bastantes personas en el parque —no tan ruidosas como Misao y Kenji— la mayoría estaban sentados bajo un árbol viendo el paisaje, un muchacho, sin embargo, estaba solo junto a un monumento de piedra, aparentemente jugando con una especie de baraja que se pasaba entre los dedos.

—¡Otra vez vamos a jugar a las escondidas! —Misao aleccionó a Kenji con el dedo—. Voy a contar junto a aquel árbol y tú vas a esconderte.

—¡Sí! —Kenji asintió con la cabeza.

—¡Voy! —Misao corrió al árbol que estaba en la misma dirección del muchacho, fue un parpadeo, pero justo cuando ella pasó al lado de él el joven lanzó una de las barajas, Misao la sujetó en el aire y con una fluidez que daba años de práctica la guardó en su manga sin dejar de correr.

—¿Listo Kenji-kun? ¡Uno, dos, tres…! —El muchacho siguió jugando con las cartas de baraja un rato y finalmente se dio la vuelta y se fue, tenía un aire de maleante y Aoshi nunca se hubiera imaginado que era uno de los infiltrados del Oniwabanshu porque ni su modo de caminar ni sus ojos lo delataban. Misao estaba cambiando las artes ninja sin que él lo hubiera notado, la líder que se hacía pasar por una niña inocente jugando en el parque con un bebe engañaba a cualquiera.

—¡Listo o no allá voy! —Misao todavía siguió jugando a las escondidas con Kenji por mucho rato y Aoshi empezó a hacerse a la idea de que realmente le gustaba hacerlo y no estaba fingiendo para una misión en realidad. Pasó cerca de una hora y mientras esperaba recargado en el árbol Aoshi fue consciente de que estaba siendo observado.

Si hubiese sido otra clase de hombre quizás le hubiera causado gracia o tal vez un poco de molestia o fastidio, como era él simplemente giró hacía su perseguidor y lo quedo viendo fijo.

—¿No puedes fingir que no te has dado cuenta? —Detrás de un matorral Sanosuke chasqueó la lengua—. Es lo que hace la gente comúnmente.

—¿Esto es una cita? —Sin la menor vergüenza o consideración por haber estado espiando hasta ese momento Yahiko torció la boca—. No lo parece por ningún lado.

—Lo es si ella quiere que lo sea. —Aoshi volvió la vista al frente con los brazos cruzados, algo le decía que si Misao se enteraba de que estaban siendo espiados iba a enojarse en grande.

—Aoshi, amigo. —La melena roja de Kenshin se alzó cubierta de pasto y Aoshi estuvo genuinamente sorprendido de que se dejara embaucar por esos dos—. ¿No crees que deberías poner algo de tu parte?

—Desconozco todo acerca de una cita convencional. —Aoshi entrecerró ligeramente los ojos—. Pero sé que la experiencia no es algo que los acompañe precisamente.

—¡Ey!, —Kenshin saltó—, yo estoy casado.

—Merito por completo de Kamiya Kaoru. —Aoshi volvió a fijar la vista en Misao y Kenji que parecían muy emocionados observando un saltamontes.

—Estos dos no saben nada. —Yahiko apartó a Sanosuke y a Kenshin de un golpe—. Pero si alguien ha escuchado mujeres toda la vida ese soy yo. —Tenía un punto y era cierto que las chicas solían desahogarse con él desde que era un niño, quizás por considerarlo el hermano menor que no habían tenido.

—¿Entonces genio? —Sanosuke le frotó los nudillos en la cabeza.

—Para empezar deberías involucrarte un poco. —Yahiko arqueó una ceja—. No parece que nada en su relación haya cambiado.

—No veo a Shinomori jugando con Kenji. —Sanosuke se encogió de hombros, Aoshi estaba seguro de que había sido él y solo él quien había convencido a los otros de seguirlos.

—Puede hacer cosas que vayan con él, explicarles cosas difíciles de la naturaleza y eso muy de ninjas. —Yahiko señaló a todos lados, era un buen consejo, aunque Aoshi se sentía un tanto idiota de tener que escuchar consejos de un hombre quince años menor.

—¡Oh, Misao-dono viene para acá! —Al instante los tres desaparecieron entre los matorrales, Aoshi apenas les lanzó una mirada antes de girar la vista nuevamente al frente.

—Aoshi-sama, nos hemos encontrado muchos bichos. —Por tanto jugar con Kenji era evidente que Misao había olvidado su embarazo hacía él y quizás porque él estaba ahí no se encontraba demasiado atenta a su alrededor y no percibió a los tres hombres escondidos a pocos metros.

—¡Bichos! —Kenji adelantó las manos, tenía una hormiga ahí y también un escarabajo, Aoshi se agachó, le sujetó la mano y luego hizo contacto visual con él.

—Es un escarabajo que solo nace en estas regiones, ¿ves esta parte roja de aquí? —El niño asintió con fuerza y Misao se acercó curiosa—. Los de Kyoto suelen tener esa parte negra.

—¡Oh! —Tanto Kenji como Misao parecían muy impresionados y Aoshi supuso que Sanosuke se estaría riendo, pero él era la clase de hombre que escuchaba un buen consejo sin importar quién se lo diera, su orgullo era de otro tipo y casi siempre en el ámbito guerrero, como una persona normal y como pareja de alguien se declaraba bastante incompetente.

—Aoshi-sama, ¿podemos ir hacia aquellos arboles? —Misao señaló al frente—. Hay unos columpios y quiero subir a Kenji.

—De acuerdo. —En cuanto dio su consentimiento Kenji echó a correr, Misao lo siguió trotando y Aoshi caminó varios pasos por detrás, notó tres figuras que se arrastraban entre los arbustos y luego corrían entre los árboles y deseó de todo corazón que ningún policía les prestara atención a tres hombres sospechosos en un parque lleno de niños, seguramente cierta tigresa del kendo les dejaría marcas de lo muy fuerte que los golpearía.

En cuanto llegaron al nuevo sitio Misao subió a Kenji al columpio y empezó a darle vuelo, Aoshi se recargó en un árbol y dentro de nada tres cabezas sobresalieron detrás de él.

—Lo del escarabajo estuvo bien.

—De todas maneras a esta cita le falta profundidad, ¿es que nunca se va a estar quieto tu hijo Kenshin?

—Es un niño, tiene energía.

—¿Qué tal si les compras algo?, a los niños les da sueño después de comer.

—¿Para qué quieren que se duerma mi hijo?

—¿Tú normalmente por qué quieres que se duerma tu hijo?

—¡Oro!, ¡pero estamos en un parque! —Aoshi pasó del resto de sus divagaciones y fue a la tienda a comprar comida, al final compró un onigiri relleno para cada quien y le dio al trio espía el suyo a pesar de que Kenshin como que sintió un poco de culpabilidad.

—Ahora háblales y dales la comida. —Los tres se desaparecieron y a Aoshi le quedo la idea de que serían buenos ninjas —en el remoto caso que alguno se quedara definitivamente sin trabajo.

—Misao, —de cualquier manera si no les daba la comida se iba a enfriar—, vengan a comer. —Los dos llegaron a él sonrojados y sudados por el ejercicio.

—¡Gracias Aoshi-sama! —Los tres se sentaron sobre el pasto bajo la sombra de un cerezo y se pusieron a comer, luego Aoshi les pasó té y luego de unos cuantos minutos fue evidente que una vez más Yahiko había tenido razón, Kenji empezó a frotarse un ojo soñoliento.

—¿Tienes sueño? —Misao le abrió los brazos y Kenji se hizo un ovillo en su regazo—. Qué bonito eres. —Los ojos de la joven se llenaron de ternura y giró a ver a Aoshi con una sonrisa suave en el rostro—. Se parece un montón a Himura.

—¿Quieres un hijo? —No supo por qué lo dijo, simplemente se le escapó y estaba seguro que la presente cuestión no estaba en la lista que Yahiko le hubiera dado para llevar a cabo una cita de calidad.

—¿Un hijo? —Misao se sonrojó tenuemente, pero luego pasó a peinar el cabello rojo de Kenji con los dedos—. Tal vez me gustaría… pero es algo que simplemente no puedo tener ahora. —De cierto modo fue sorprendente saber que ya lo había pensado, que lo había considerado.

—¿Por qué? —Kenji dormía apacible sobre sus piernas.

—Justo ahora soy la Okashira del Oniwabanshu. —Misao suspiró—. Y las misiones a las que me enfrento son cada vez más peligrosas, no solo no podría hacer nada si me llegara a embarazar si no que… —Guardó silencio un momento y luego sonrió cerrando los ojos—. Crecer sin familia es algo muy triste, ¿no es cierto? —Ciertamente ambos eran huérfanos, sin un solo pariente en el mundo que viera por ellos, tal vez por eso se habían aferrado con tanta fuerza al Oniwabanshu, solo que aquella era una situación que Aoshi nunca se había cuestionado.

Las mujeres sí que eran excepcionales, alguien tan joven como Misao se preguntaba si estaría bien de su parte llevar al mundo una nueva vida si a fin de cuentas tal vez no pudiera cuidar de él, Sanosuke en cambio estaría muy contento del procedimiento para que tal hijo naciera —sin ver más allá de eso.

—¿Pero lo deseas?

—Supongo… Tal vez…—. Le lanzó una mirada de reojo y enrojeció. Aoshi cerró los ojos, no amaba a Misao como ella lo amaba, pero ahora se daba cuenta que eso no era importante en realidad, cada quien tenía su particular forma de amar.

Sin que Kenji se despertara se lo quito a Misao y se lo acomodó contra el pecho, recostado en su brazo, él era tan grande y Kenji tan chiquito que cabía perfectamente ahí, Misao lo observó sorprendida.

—No soy cálido ni agradable. —Aoshi miró al frente—. He cometido muchos errores y me resulta difícil expresar mis sentimientos. Pero quisiera protegerte, una vez alguien dijo que para poder cuidarte tenía que estar constantemente a tu lado, pero eso es algo que puedo hacer, que quiero hacer.

—Aoshi-sama… —Lo cierto es que le gustaba ver la sonrisa en su rostro cuando jugaba con Kenji, sus mejillas sonrojadas por el esfuerzo y su cintura pequeña apretada por las cintas de su ropa. Ahora entendía que no es que no la amara lo suficiente y que por eso no pudiera sentir celos o pasión al tenerla cerca, años de entrenamiento habían aplastado esa clase de sentimientos, pero era obvio que su cercanía con Sanosuke le molestaba, su cuerpo y su alma estaban sintiendo por primera vez, aprender a sentir celos, aprender a desearla, aprender a amarla eran cosas que tenía que hacer por su cuenta, despacio, quebrando las barreras que habían taladrado en su mente desde que era niño en su entrenamiento como ninja. Y si bien sus sentimientos eran calmos y no eran consumidos por las prisas eso solo se debía a que su personalidad era y siempre había sido así.

—Podemos avanzar a nuestro ritmo. —Aoshi la observó de reojo—. No hay prisas. —Por un momento Misao se quedó ahí, con la boca ligeramente entreabierta, pero luego —y para su desconcierto— dio media vuelta lo sujetó de los hombros con ambas manos y lo besó, por un momento Aoshi no reaccionó, tenía a Kenji en un brazo y no podía moverse, quizás Misao lo había hecho justamente por eso. Sintió sus labios dulces moverse sobre los suyos y su lengua tímida sin atreverse a inmiscuirse más allá. Esperó que el trío espía no lo estuviera viendo, aunque eso era pedir demasiado, y con la mano libre la sujetó de la nuca para profundizar el beso, aquello, evidentemente, era algo que ella no esperaba y que la sobresalto, pero Aoshi le dio tiempo de acostumbrarse a él, tiempo para que le diera acceso a su boca y tiempo para arrancarle suspiros tenues, tan débiles como los maullidos de un gatito. Cuando finalmente la soltó ella se hizo un ovillo en su pecho y Aoshi le pasó una mano por la cintura sin comentar nada, se preguntó cómo se vería sentado sobre una alfombra de pétalos rosas con un niño abrazado de un lado y una encantadora jovencita abrazada del otro.

Cerró los ojos y luego los abrió y miró al cielo, por encima de su cabeza vio volar un pájaro de grandes alas. Quizás es que le había llegado el momento de avanzar.

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La última noche antes de que Misao y Aoshi se fueran fue especial, por un lado Yahiko, Sanosuke y Kenshin habían estado inusualmente tímidos y a Aoshi le daba la impresión de que cuando lo veían se ponían colorados —quizás es que se habían traumado un poco ante su primer muestra de afecto en público— pero Aoshi era de la idea de que ellos se lo habían buscado por cuenta propia.

Kaoru por otro lado se había vuelto el doble de amable y agradable, lo cual era decir mucho porque usualmente era una joven bastante simpática.

Kenji era, quizás, el que más había sorprendido a todos porque se había pegado a Aoshi como garrapata y entre él y Misao lo seguían con la devoción de los fieles, aquello preocupaba un poco a Kenshin que intuía se avecinaba un berrinche de los buenos cuando sus amigos se fueran, pero al final Kaoru había salvado la situación.

—Escucha Kenji, ¿Qué te parece si duermes hoy con Aoshi-san y Misao-chan y después, cuando ellos se vayan, yo te llevo a visitarlos a Kyoto? —El niño había estado de acuerdo y no iba a ser Aoshi quien destruyera sus infantiles esperanzas aun a pesar de que nunca en la vida había dormido en un futón como la gente común.

Así que esa noche les prestaron un futón matrimonial (Misao se debatía entre la emoción y la vergüenza) y mandaron a Yahiko y a Sanosuke a dormir en otro futón, como siempre las luces se apagaron, hubo un montón de bromas y finalmente se hizo el silencio. Aoshi estaba acostado boca arriba con su yukata de dormir y tan tenso como podía estar alguien acostumbrado a vigilar su alrededor en toda hora y momento. Kenji estaba en medio durmiendo a pierna suelta y finalmente Misao que de tan nerviosa parecía una tabla, Aoshi no sabía si aquel experimento tendría buen o mal resultado, pero trató de no poner más presión de su parte.

—A-Aoshi-sama… —La escuchó susurrar y giró la mirada a ella aunque no podía verla con demasiada claridad—. Kenji ya se durmió así que no tiene que forzarse si no lo desea.

—No. —Aoshi sabía que los niños usualmente sentían cuando la persona a su lado intentaba pararse e irse, Misao se ponía a llorar todo el tiempo cuando era pequeña y él quería dejarla durmiendo sola—. Está bien.

—Hum… —En la oscuridad sus ojos verdes parecían desprender chispas de luz—. De acuerdo.

—Deberías intentar dormir.

—Sí. —Pasó cerca de una hora antes de que Misao finalmente se durmiera y luego Kenji empezó a revolverse, primero le subió encima una pierna, luego un brazo y finalmente se le echó encima como si fuera una almohada, Aoshi se lo acomodó sobre el pecho de tal manera que no se le torciera el cuello y lo observó fijo por unos segundos, hacía años que no cuidaba de un niño pequeño y había olvidado el sentimiento de bienestar que proporcionaban.

En acto reflejo giró a ver a Misao que dormía con una pierna doblada y la otra extendida, la yukata de dormir desacomodada por tanto movimiento dejando ver buena parte de sus muslos y el inicio de sus senos. A Aoshi se le había pasado decirle que aquella no era una prenda apropiada para ir a dormir a casas ajenas.

Extendió un brazo y lo metió por debajo de la cabeza de Misao como cuando era niña, como si recordara lo que debía hacer Misao se rodó en el futón y se pegó a él usando su brazo de almohada y apretujándose contra su cuerpo, cuando era niña Aoshi dejaba que hiciera eso porque hacía frío y aquella criatura nunca de los jamases se dejaba tapar con las cobijas, pero en la presente situación Aoshi fue consciente que solo quería sentir su cuerpo tibio junto al suyo. Con la mano libre le recorrió la espalda y en un acto puramente masculino que nunca se había permitido delineo con delicadeza su trasero, ella tuvo un leve estremecimiento así que simplemente dejo su mano estar sobre su cintura.

Quizás cuando tuviera a su propio hijo conocería la perfección completa, pero por ahora, con el hijo de su mejor amigo en el pecho y la mujer que amaba pegada a su cuerpo, aquel era el momento más precioso de su vida.

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Kaoru pasó cerca de un minuto observándolos, finalmente Kenshin se le unió, mirando de reojo al hombre que, por una vez en la vida, dormía sin preocupaciones abrazando a un niño pelirrojo y una joven de cabello desordenado contra su pecho.

—Se ve muy tierno. —Kaoru suspiró.

—Sí. —Kenshin sonaba un tanto triste—. Pero Kenji nunca quiere dormir así conmigo.

—Es porque tú lo hostigas. —Kaoru vio a su esposo con cara de circunstancias.

—No es cierto. —Kenshin saltó, Kaoru volvió a suspirar.

—Nuestro hijo es bueno uniendo a la gente, ¿ah?

—Nos unió a ti y a mí. —Kenshin le besó una oreja, ella se río—. Aunque espero que no llore mucho cuando se vayan.

—Haciendo énfasis en mucho, ¿barro y tú haces el almuerzo?, no quiero envenenar a la audiencia.

—Kaoru-dono ha mejorado mucho su sazón.

—Sí claro. —Los pasos de la joven mujer se perdieron en el pasillo y luego de un breve instante soltó un grito—. ¡Oigan! —Misao se levantó desorientada frotándose los ojos, Sanosuke se puso una almohada contra la cabeza, Yahiko se empezó a levantar bostezando y Aoshi se puso de pie aun con Kenji en brazos y la breve sensación de que había estado siendo observado.

—¿Ahora qué Busu?

—¡Vengan!, ¡el patio está lleno de pétalos rosas! —Aun medio dormidos todos caminaron hacia la salida, Aoshi observó a Misao que se estiraba para terminar de despertarse y como los pétalos rosas hacían resplandecer su rostro.

Bajó a Kenji al suelo para que pudiera jugar con ella y luego observó como el sol iba iluminando el patio, como haciéndole un guiño por lo que estaba por venir.

Definitivamente era un hermoso día.

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FIN

Notas de Okashira Janet: Y bien, llegamos al final de esta historia que fue simplemente el nacimiento de los sentimientos de Aoshi —sí que me ha hecho batallar. Me ha gustado mucho trabajar con Kenji y me ha recordado ese tiempo cuando andaba día tras día detrás de un niño, son adorables pero la cosa más cansada que pueda existir.

Agradezco a:

Integra Van Hellsing

Gaby L

Serena tsukino Chiba

Pajarito Azul

Blankaoru

MT77

Maytelu

FlorItachiUchiha

Mita89

Hysh

A todos muchas gracias por leer esta historia, fue diferente porque estaba narrada desde el punto de vista de Aoshi y por Dios que no lo vuelvo a hacer —risas. Un beso.

08 de Mayo del 2016 Domingo.