Bueno, como milagro de año nuevo les presento un nuevo proyecto. Es una idea mejorada, corregida y releída como diez mil veces, la cual estuvo en mi mente desde hace meses pero no sabía si concretarla. Ahora bien, advierto que no es como mi estilo usual! La comedia aquí es casi inexistente por lo que no se sorprendan, es como un tipo de graduación personal (?) xD

Espero disfruten.

Advertencia(?): La historia está basada en un doujin Akagi x Kaga, el que lo ha leído tendrá una vaga idea de su comienzo, todo lo demás no será igual... especialmente porque la dibujante no lo continuó QwQ asdasdasd como sea, no está demás decir que tendrá DRAMA! así que bueno, advertidas/os!

MSLN no me pertenece. Sus personajes tienen dueño y yo... yo soy alma libre :B ejem. DIGO!... olvídenlo :P


Cuando la calma llegue

Capítulo I - Comienzo


Alguien alguna vez siempre te advierte.

"Nada es para siempre"

"Aprecia lo que tienes"

"No sabes lo que tienes hasta que lo pierdes"

Palabras, frases… extraordinariamente reales. Yo de imbécil pensé que nunca me llegarían, no después de todo lo que había pasado, no me lo merecía… o eso pensaba.

Ella llegó como mi ángel. Después de tanta oscuridad, algo de luz había llegado al fin a mi vacía existencia y me convenció de que me lo merecía.

Que todo aquello que llegara con ella me lo merecía.

La tranquilidad.

El amor.

La felicidad.

Su sonrisa.

Sus besos.

Su calor.

Todo. Todo aquello que se me había negado en un principio y que ella me lo había dado, quizás sin ella mismo saberlo ni pensarlo.

Se supone que lo que te regalan no te lo quitan ¿verdad? Eso pensé…

Todo el tiempo que tendría con ella, lo valoré y no lo hice. Y cuando no lo hacía me decía "Tranquila, habrá más."

Cuando regresaba a casa ella siempre estaba ahí, sonriendo, para mí… sólo para mí.

Cuando el trabajo me consumía. Pasaba tantas noches sin verla y sin embargo cuando este acababa, regresaba y ahí estaba, abierta de brazos para mí.

Prometimos estar juntas siempre…contra quien sea, cuando sea y donde sea… siempre juntas…

Sin embargo, yo falté a ese juramento…

Yo tuve la culpa.

Yo no hice nada para no perderla…

Fate-chan… ¿qué…? —Su cara de incredulidad era inmensa…

Lo siento, Nanoha. No podré ir contigo. —Dije sin apartar mi mirada de los papeles que tenía enfrente.

Pero, habíamos acordado… —Intentó de nuevo pero suspiré interrumpiéndola.

Sé lo que habíamos prometido, pero el Teniente me tiene atada de manos. En la próxima haré todo lo posible por acompañarte, ¿sí? —Me levanté del escritorio donde hacía papeleo y caminé hasta estar frente a ella, la tomé de las manos y besé su frente.

Fate-chan —Dijo mi nombre con pesar y suspiró. — ¿Lo prometes? —Preguntó mirándome a los ojos.

Lo prometo, Nanoha. —Le sonreí.

Vil mentirosa fuiste siempre, Testarossa.

Tu simple existencia es una mentira. Algo artificial. Una mentira de la naturaleza. Una mentira por la demencia.

Es por todas esas mentiras que tanto acumulas que ahora estás aquí.

Tal y como estás.

Empapada en la lluvia.

Así es como estoy…

Todo mi ser totalmente helado por la misma, con las manos empuñadas mirando un altar lleno de flores y fotografías.

Su fotografía entre todas ellas. Aquella en la que está sonriendo como siempre. Tan radiante, tan hermosa. Pero al fin y al cabo una fotografía simplemente.

Nunca pensé llegar a esto…

Sentir que el pecho se me cierra de a poco. Ahogarme más en cada segundo que pasa. Que el desespero me escale lentamente, dejándome un escalofrío que recorre completamente mi cuerpo. Tener la mandíbula apretada y la mirada perdida en tu fotografía, mientras que el sonido de la lluvia amortigua el llanto cruel de quienes no soportaron más la situación.

Esa de perder a un ser querido.

Esta de perder a quien amas.

Tan solo perder…

— Fate-san… —Escucho una voz rota y llena de culpa. Sé quién es y por lo mismo… ahora no quiero verlo, sé que mi cobardía le echará toda la culpa.

— Vice… por favor, vete. —Pedí con la voz contenida debido a las lágrimas que me estoy tragando en este instante.

— No, ¡Por favor escúcheme! —Me ruega totalmente devastado, así lo demuestran las terribles ojeras bajo sus ojos. — ¡Le pido perdón, Fate-san! ¡Por favor, perdóneme por no-! —Y es aquí donde lo interrumpo.

— ¡No tienes que disculparte! —Exclamo, ya importándome poco si los demás nos ven y nos toman por indiscretos al pelear en una situación así. Pero tengo que decirlo. — ¡No fue tu culpa, Vice! ¡FUE MI CULPA! —Grité ya liberando todo lo que tenía dentro, provocando que mis lágrimas se confundan con las gotas de lluvia que caían en mi rostro. — Yo debí estar con ella… yo debí cuidarla, no tú… no es tu culpa… —Terminé bajando la voz y bajando la mirada. El dolor en mi pecho se acrecentaba mientras el aire me faltaba. —Debí estar con ella… pero no estuve… ¡No estuve! —Mi voz se quebró al momento de ver como Hayate se acercaba inmediatamente hacia mí con aquella cara de tristeza tan profunda. — ¡Rompí nuestra promesa! No estuve con ella y por eso la perdí… la perdí por romper nuestra promesa… —Sentí mis piernas fallar y la humedad del campo recibirlas segundos después.

El peso del mundo en mis hombros ante aquella cruda realidad.

Fue mi culpa, yo no la cuide… yo no supe valorarla.

Yo no debí romper esa promesa…

Aquellas extensas noches de charla. Sólo con ella podía pasar de estar hablando de una riesgosa misión, a evaluar la idea de extender la familia. Pasar de palabras a caricias. Caricias en las cuales su calor y el mío se convertían en uno… se acabaron. Se acabaron por un fallo mío.

Ya no podré sentir su mano acariciando con ternura mi mejilla, cada mañana… todas las mañanas.

Su voz tan dulce y llena de amor tan solo al decir un "Buenos días, Fate-chan"

Sus ojos lavandas, tan llenos de ternura. Ya no me verán, nunca más.

Su sonrisa tan sincera. Esa que me regaló desde el primer día y que me enganchó a ella. Aquella sonrisa que me hizo amarla desde el mismo inicio.

Amarla…

Amarla tanto y de tal manera que me duele y me mata lentamente todo esto.

— Lo siento, mi amor… perdóname, por favor —Susurré al viento y la lluvia mientras mis ojos enfocaban de nuevo su retrato y mi corazón se partía.

Me duele tanto mi propia estupidez…

El perderte me es insoportable.

¿Cómo…?

Dime, amor, ¿Cómo podré seguir si no estás aquí a mi lado?


Fate-chan… —Esta voz. Su voz.

¿Dónde…?

Fate-chan, mi amor. —No tengo duda. Esta dulzura.

Es ella. Pero, ¿dónde…? ¿Dónde estás?

¿Por qué no puedo verte?

Nanoha —Mi voz sale lastimera. La escucho y me escucho, pero una densa oscuridad lo cubre todo.

No llores, mi amor. — ¿Por qué? — Ya no llores. —Siento una pequeña calidez en mi mejilla. Es como si estuviese su mano sobre ella.

No puedo… no puedo verte. Quiero verte. —En este punto, mi voz está totalmente quebrada por la angustia de no poder verla. — ¿Dónde estás?

Estoy aquí. —Dijo y como si se prendieran todas las luces de un tirón, todo se aclaró dejándome momentáneamente ciega y perdida, hasta que unos mechones cobrizos aparecieron frente a mí. — Estoy aquí, contigo. —La vi extender su mano y tomar mi mejilla mientras sonreía. Como siempre.

Se veía tan hermosa. Su cabello suelto y su expresión relajada. Vestía un hermoso y sencillo vestido blanco. Y sus ojos… de nuevo me miraban, pero había un toque de tristeza.

Nanoha… —Sentía que era lo único que podía decir.

Por favor ya no llores. —Dijo. — Nunca me gustó verte llorar. Por favor, no lo hagas ahora.

Te extraño… te extraño tanto. —Solté enseguida, justificando mi llanto. Intenté tomar su mejilla pero no pude. Sentía que no podía moverme.

Y me angustié. Me angustié mucho más cuando vi que ella retiraba su mano de mi mejilla y sonreía tristemente.

Siempre estaré contigo, ¿recuerdas? Te lo prometí. —Dicho esto, besó mi mejilla delicadamente y se alejó. — Siempre contigo, mi amor. —No de nuevo. No quiero que se vaya. ¡No de nuevo, por favor!

No… ¡No! —Grité a pesar del nudo en mi garganta. Ella se iba de nuevo. Se estaba alejando y yo ya no podía alcanzarla. — ¡No te vayas! ¡Nanoha!

La vi darse la vuelta, así como antaño, su cabello bailaba con el movimiento y sus manos se entrelazaban detrás de su espalda, giró su rostro apenas y sonrió. Sonrió como si se despidiera. Sonrió como si me agradeciera algo de lo que no tengo ni idea.

Te amo, Fate-chan. —Cerró sus ojos al sonreír y dio media vuelta otra vez rumbo hacia un lugar donde ya no podría alcanzarla.

Nanoha… ¡Nanoha!

— ¡NANOHA! —Desperté agitada. Lágrimas bañaban mi rostro y el sudor perlaba mi frente.

Un sueño.

Un maldito y al mismo tiempo bendito sueño.

Ya perdí la cuenta de las veces en que despierto así por uno de estos sueños donde la veo. Ella me sonríe de nuevo y me dice que estará conmigo, pero después siempre se desvanece.

Mis manos ya no pueden alcanzarla.

Nunca lo logran.

Estas dos semanas han sido el mismísimo infierno.

Ya no le veo ningún sentido a la vida.

El color, la forma, los olores, los sonidos. Todos y cada uno de estos se desvanecieron junto a ella.

Y mi vida se volvió tan solo una rutina.

Levantarme. Comer. Trabajar. Comer. Volver a casa. Mirar el techo mientras pienso en tantas cosas y al mismo tiempo no quisiera pensar en nada. Dormir. Y de nuevo desde el inicio.

No se me pasa por alto el intento de mis amigas por animarme. Y tampoco es que no lo aprecie, pero no veo como podrían ayudarme. ¿Pesimista? Quizás. Quizás en eso me he vuelto en su ausencia.

Mi verdadera naturaleza volvió a surgir.

Cerrada a la vida.

Cerrada al mundo.

Cerrada a mis amigos.

Sólo con una borrosa meta por delante. Vivir. Tal vez. Esta misma segunda oportunidad que me regaló ella, cuidarla, aunque las energías para hacerlo se hayan ido.

Sir, incoming call from Coronel Yagami. —Un nuevo intento.

— Atiéndela. —Paso mi mano por mi rostro intentando aligerar toda señal de extrema miseria que esté a simple vista. Es entonces cuando la cara llena de seriedad de mi castaña amiga aparece en una pantalla justo frente a mí. — Coronel. —Saludo formalmente y no se me pasa desapercibido la momentánea mueca en su rostro ante mi frío saludo.

— Pasaré por alto tu formalismo tan solo porque no me siento con las ganas de rebatirlo. —Suspiró cansada y me miró a los ojos. — Te doy una hora para estar en mi oficina. No me hagas esperar. Tengo que hablar contigo. —Dicho esto colgó la llamada. Suspiré. No tengo más opción.

Una ducha rápida. Ajusto mi uniforme de Enforcer y salgo sin prisa hacia la oficina de Hayate. Saludos vienen y van pero no se me pasa por alto las miradas de pena que se posan en mí. Me molesta. Pero lo oculto lo mejor que puedo mientras contesto con fríos saludos. Una vez frente a la puerta de su despacho me dispongo a tocar. Uno, dos, tres moderados golpes y escucho un "pase".

— Coronel. —Saludé de nuevo. La ligera sonrisa que tenía preparada para mí al entrar, se esfumó al escuchar tal saludo. Suspiró de nueva cuenta y señaló los sillones dispuestos en su oficina.

— Siéntate, Fate-chan. —Hice caso sin más y la miré. — Cuando te llamé esta mañana lo hice con el propósito de saber tu estado de ánimo, antes de entrar a una reunión con el concejo. —Alcé mi ceja, pidiendo que vaya al punto. — Quieren que salgas a una misión. Alegan necesitar de su mejor Enforcer en estos momentos. Sin embargo. —Me miró con cuidado y siguió. — Como tu amiga y como tu Coronel, me preocupo por ti. Es por esto que pedí un lapso de dos horas para hablar contigo y evaluar tu condición, antes de que decidan encomendarte aquella tarea. —Dicho eso, tomó mi mano mientras en sus ojos podía ver preocupación. En parte me sentí mal. En otra parte sentí cierta molestia. — Por esto. Dime, Fate-chan, ¿te sientes preparada para salir a una misión?

— Ciertamente, no es que esté inválida, Hayate. —Comencé con cierta dureza en mis palabras, cosa que sin duda sorprendió a la castaña. Me arrepentí dos segundos después de hacerlo. Suspiré y suavicé mi voz. — Puedo hacerlo. Déjame hacerlo. —Rogué mirándola a los ojos.

— Quizás necesitas distraer tu mente. —Dijo, pero apretó mi mano mientras alzaba la mirada con tristeza. — Quizás… pero no necesariamente necesitas distraerte con algo que te cueste la vida en un descuido.

— Déjame hacerlo. —Pedí de nuevo, intentando que no salga a flote mi desespero. Ella soltó mi mano para juntar las suyas en su regazo. Bajó la mirada y dijo:

— Está bien. —Se levantó de su lugar y puso la expresión más seria que podía mientras me miraba. — Enforcer Testarossa, se le ha asignado una misión de alto riesgo en el planeta administrado #00397. Debe entender que el éxito en esta misión es de suma importancia para el Bureau y sus intereses. ¿Está preparada?

— Sí. —Respondí mientras me ponía de pie y realizaba un estricto saludo militar. Giré sobre mis talones con dirección a la puerta y momentos antes regresé la vista hacia Hayate.

El temblor de sus manos empuñadas no me fue indiferente.

Entonces salí, cerrando la puerta detrás de mí.


Sir, an enemy is approaching from the left.

— Gracias, Bardiche. —Le susurré a mi compañero y bajé todas las barreras bajo la mirada de pánico que puso Vita.

Miré al hombre que se me acercaba frenético mientras concentraba poder en los filos de su arma.

Entonces esperé paciente. Estática y firme.

— ¡Testarossa! —Escuché el grito de Signum, sin embargo no la miré. Nunca quité mi mirada de aquel hombre que me miraba con locura.

Ya cuando estuvo lo suficientemente cerca, él giró con el arma intentando perforar mi pecho.

— Sonic move. —En un rápido movimiento esquivé el ataque ante la cara de incredulidad del hombre y preparé el siguiente ataque.

Thunder Bullet. —Una esfera dorada se encargó de él mientras con la mirada rastreaba por más enemigos en el campo.

Pero polvo, cenizas y humo es lo único que me recibió. Mis ojos vagaron lentamente repasando de nuevo la zona con total tranquilidad en busca de sobrevivientes, pero la voz mortalmente alterada de Vita me interrumpió.

— ¿¡Acaso estás demente rubia!? ¿¡Y si resultaba que el tipo era más rápido que tú!? ¡Pudiste haber muerto! —A cada exclamación, la pequeña pelirroja golpeaba mi pecho con frustración, no solo por la escena anterior sino también por la frialdad de mis gestos.

Dos semanas han pasado desde que la perdí. Y así como ella me dio el brillo de vida en mis ojos, cuando ella partió se los llevó consigo. Poco o nada me interesa si resulto lastimada en campos de batalla, ya no tengo nada que perder. Los regaños de la pequeña no llegan a oídos sordos.

Alzo mi mirada por un momento y me topo con los cerúleos ojos de Signum quien me miraba con una mezcla de decepción, enojo y preocupación. Asiento para hacerle saber que estoy bien y entonces regreso mi mirada hacia la pequeña que sigue despotricando en mi pecho.

— Sí, pero no pasó. Lo tenía todo calculado. —Dije pero ella deformó su rostro en ira para tomar mi brazo y apretarlo con fuerza. Dolor recorrió mi extremidad con rapidez.

— No me digas, ¿estaba en tus cálculos el romperte el brazo? —Gruñó. — ¿Tanta prisa tienes por reunirte con Nanoha? —Aquello fue un dolor aun más grande que el de mi brazo. La miré enseguida, mis facciones perdiendo todo el hielo para develar el dolor de mi ser al escuchar ser nombrada al amor que perdí.

— ¡Vita! —La regañó Signum pero negué con dolor para mirarla.

— ¿¡Y si así fuera!? —Exclamé con resignación. La pequeña pelirroja me miró sorprendida por un momento y después negó con la cabeza.

— Entonces no mereces la segunda oportunidad que ella te brindó. —Estaba enojada. Realmente enojada. Cuando eso pasa, Vita se vuelve mortalmente sincera, no importa si sus palabras son peores que diez mil cuchillas clavadas sin piedad en tu pecho. Como en este momento. — Si tanto quieres morirte, entonces ve. No te detendré. ¡Haz lo que te dé la gana! —Entonces dejó caer con brusquedad mi brazo roto. Aguanté una mueca y giré enseguida en busca de cualquier otro enemigo que falte por eliminar.

Paseé mi mirada frenéticamente por las ruinas de lo que antes era una ciudad. La ira controlaba mi ser. Los impulsos eran inevitables.

Por el rabillo del ojo pude apreciar cierta destrozada localidad cercana y sin pensarlo dos veces giré en esa dirección.

— ¡Testarossa, ahí no! —Escuché el grito de Signum demasiado tarde. Ya me había adentrado a los escombros del edificio. Estaba totalmente a oscuras pero eso no me detuvo.

Mi primer error. Pensar que en aquel lugar sólo estaba yo, la oscuridad y mis turbulentos pensamientos.

Después del grito de Signum, estuvo más que claro que mi idea era errónea y lo confirmé con unas amargas risas haciendo eco en las destruidas paredes.

Mi segundo error. No haber reaccionado con la suficiente rapidez. Aquellas amargas voces, después de reír, soltaron una frase en su idioma dos segundos antes de que grandes explosiones se dieran lugar.

Lo último que recuerdo fue haber ordenado a Bardiche ejecutar el Sonic Move. Un horrible ardor en mis piernas y después la oscuridad.


Fate-chan. —Escuché. De nuevo su voz me llama.

Pero esta vez es diferente. La dulzura se ha transformado a ligera seriedad. Como quisiera que la oscuridad que me cubre se fuera. Quisiera ver que la perturba. Quise responderle, pero mi voz no salía. Esto es tres veces más desesperante.

Fate-chan. —Me llama. Pero ¿Cómo puedo responderte si mi voz me falla? Dime, Nanoha, ¿qué sucede? — Fate-chan. —Volvió a repetir, pero esta vez había tristeza en su voz. — Fate-chan. —Nombró con la voz más lastimera que nunca pude llegar a escucharle. — No vuelvas hacer eso. —Sentí mi corazón encogerse. ¿Hacer qué cosa? ¿Qué ha pasado? — ¡Por favor! —… ¿Qué?...

Mmm… —Fue lo único que pude decir ya que algo atenazaba mi pecho. Ardía. Dolía.

¡Despejen!

Por favor. No lo vuelvas hacer. —Repetía mientras escuchaba su voz quebrarse. —Tienes mucho que dar. Mi amor, todavía tienes tanto…

¡Vamos! ¡Otra vez!... Demonios…

Agh… —De nuevo aquel dolor. Jala mi pecho y comprime mi voz. —Nano…ha… —Quiero verte…

¡Tenemos pulso!… Vamos, Enforcer. ¡No se rinda!

No te rindas. Yo siempre estoy contigo, recuérdalo. —Sentí la calidez desbordarme. Lágrimas cayeron de mis ojos.

La oscuridad se desvanecía de a poco…

Esta vez, no me rendiré.

—Está abriendo los ojos. —Escuché una voz lejana.

Me removí con pesadez, todo mi cuerpo reclamando aquella acción. El dolor de vivir cayendo de golpe en modo de escarmiento por mi estupidez.

— ¡Fate-chan! —Shamal…

—Due…le… —Es lo único que pude decir ya que la resequedad en mi boca hizo inevitable que estalle en un ataque de tos.

—No te sobre esfuerces. Ten. —Dijo pasándome un vaso lleno de agua y ayudándome a beber de él.

En todo ese tiempo no me atreví a mirarla a la cara, ni mucho menos alcé mi rostro cuando escuché como entraban más personas a la habitación.

—Pero que tenemos aquí. Parece que la rubia cobarde decidió quedarse con nosotros más tiempo.

— ¡Vita! —Regaña Signum pero solo niego imperceptiblemente. Me lo merezco.

Y el regaño de parte de ambas a cargo no se hizo esperar. Ni para Vita ni para mi, aunque siento que midieron sus palabras conmigo ya que Shamal tenía más noticias que dar.

—Hubo daños severos en tus miembros inferiores. Ruptura en el cúbito y radio derecho. Dislocamiento del hombro. Cuatro costillas rotas, con suerte sin perforación en el pulmón. Sin contar las quemaduras de segundo grado, casi tercero, en el 60% de tu cuerpo. —La escuché suspirar mientras que el par de guerreras yacían mudas en su lugar. ¿Suenan muchas lesiones? Bueno… —Sé que has sufrido lesiones peores. —No es ninguna novedad. —Pero por alguna razón te estábamos perdiendo rápido, demasiado rápido. Fate… —Seguro sabe bien la razón. —Sufriste un paro cardíaco. Casi te perdemos. —Y por primera vez en el día, la gran doctora Shamal rompe su imagen de diligente profesionalidad para dejar al descubierto su sentir. Una gran tristeza ahora marca las tonadas de su voz. Mis ojos siguen sin atreverse a mirarla.

—Bueno, ¿qué? ¡Podrías decir algo por lo menos! —Explotó la guerrera portadora de Graf Eisen.

—Lo siento. —Dije sin más.

Un bufido, un insulto y un azote de puerta después, Vita salía de la habitación envuelta en ira y decepción.

Una mueca deformó mi rostro y la voz de Shamal se escuchó.

—Tendremos una larga sesión de rehabilitación. Empezaremos mañana, por ahora descansa. —Dijo con su inagotable dulzura y asentí, dispuesta a cerrar mis ojos, pero la profunda voz de la guerrera de la espada interrumpió el silencio por última vez.

—Hayate ya lo sabe.

Sin más, se retiró junto a la doctora.

La culpa carcomía sin piedad mi alma.


Los pasillos de aquel inmenso edificio se me hacían interminables. Con la dificultad, ya mínima, al caminar, mi destino se me hacia insoportablemente lejano. Y es que esas miradas de pena de nuevo invadían mi espacio. Y de nuevo me molesta. Me molesta sobremanera el que me tengan pena.

Es noticia más reciente: La Enforcer Testarossa, líder del que fuera el equipo relámpago, sigue acumulando sus desgracias. No le bastó con perder a su compañera de batalla, ahora es herida de gravedad en servicio.

Más y más murmullos.

"Que pena", suelen decir.

"Pobre mujer", suelo escuchar.

"Lo perdió todo otra vez", sé que no se lo saben guardar.

Sus susurros indiscretos no son nada nuevos para mí, y eso es lo que detesto. Detesto pasar por esto nuevamente.

El interminable pasillo parece querer llegar a su fin mientras la puerta de cierto despacho aparece frente a mí. Toco tres veces con suavidad y un nuevo "pase" es dado.

Entro con cuidado, paso por paso, como he estado practicando en estos largos cuatro meses. La vista de la Coronel de la sección, metida de lleno en sus tareas y papeleo es lo que me recibe. No regresa a verme, por supuesto, hasta que yo hable y me identifique.

Ella no esperaba mi visita.

—Coronel. —Saludo simplemente y veo como su incesante tecleo para abruptamente. Sus ojos azules giran incrédulos para verme mientras el brillo de lágrimas contenidas se hace presente.

—Fate-chan… —Dijo en un murmullo torpe, para después saltar de su escritorio y correr a abrazarme. Le correspondí con suavidad mientras una ligera sonrisa adornaba mi rostro. —Has vuelto.

—Así es. —Respondo pero después de un momento su abrazo cambia. Ya no rodea con suavidad mi espalda, ahora sus manos se posan en la solapa de mi chaqueta. Se aferra. Tiembla. Su rostro se pega a mi pecho. Se esconde. Solloza…

—Eres una idiota. —Dijo con el tono más triste que he podido escucharle hasta el momento. — ¡Una completa idiota! ¿¡Es que acaso ya no querías vivir!? —Exclama con lágrimas en los ojos. —Dime, ¿es eso? —Completa ya más suavemente. —Dime que no piensas echarte a morir por perder a Nanoha-chan. Por favor, no salgas con esas cosas.

—Hayate. —Dije pero ella me interrumpió negando vehemente. Una inconmensurable tristeza tomando posesión de sus ojos, de sus gestos.

Fue en ese preciso instante en que me di cuenta de que no era la única que sufría por perder a Nanoha. Hayate también fue nuestra amiga desde que éramos pequeñas y ahora, al ver sus ojos cristalizados en lágrimas contenidas, me doy cuenta de todo lo que ella guarda en sí pero que no ha dejado salir.

— No porque no me hayas visto llorar no significa que no me haya afectado la pérdida de Nanoha-chan. Fue horrible, ambas lo sabemos, pero si me permito caer no seré solo yo la afectada. Hay toda una unidad en mis hombros. Puedo ser fuerte pero… —Su voz se quebró mientras una pequeña lágrima bajaba por su mejilla. — Por favor, no lo tientes. No lo soportaría. Primero ella y después perderte a ti. No podría… —Y al romper en llanto, me sorprendí abrazándola.

No la dejaré cargar con todo eso sola.

He sido realmente ignorante en todo este tiempo, pero ya no más.

No es lo que ella hubiese querido.

Dejé que Hayate sacara todo lo que tenía guardado. Me contó desde como la pasó al enterarse por una simple llamada de parte de los altos mandos hasta como vivió el funeral. Sin guardar detalles. Sin medir sus lágrimas. Dejando fluir en un mar de lamentos todo aquello que no pudo exteriorizar en su momento.

Y la entendí.

Mientras la sostenía en mis brazos, compartiendo su dolor. Mi dolor.

La noche pasó ligera, a pesar de todo.

Así como las semanas después de aquella noche.

Un acuerdo tácito surgió entre ambas. La de no volver a hablarlo. No volver a desfallecer y seguir adelante como mi amada cobriza quisiera.

Pero no es fácil.

Nunca es fácil.

Porque nunca es fácil regresar al que llamabas tu hogar y ser recibido por un oscuro y frío silencio, donde antes abundaba la calidez y la alegría de sus risas.

Y es que no podía.

No podía simplemente apartar como si nada esta soledad.

Sir, incoming call.

—Atiéndela. —Digo con pesadez.

Una pantalla con un rostro muy familiar aparece frente a mí.

—Testarossa. —Saluda Signum y sólo asiento atenta a lo que vaya a decir. —Necesitamos que vengas al área 45-K, del Bureau. Es urgente. —Algo en mi pecho salta alarmado.

—Estaré ahí en quince minutos. —Informo, finalizando la llamada y partiendo enseguida al lugar.

Mi pecho sigue inquieto.

Es como si supiera que algo va a pasar.

¿Bueno? ¿Malo?

No tengo ni la más mínima idea.

Al llegar, diviso la característica cabellera rosada de la caballero de la espada. Nuestros ojos se encuentran en un saludo pero ella enseguida aparta la vista para adentrarse en la sección.

De nuevo algo en mi pecho me da una advertencia.

Necesito saber que pasa.

—Signum, ¿qué está pasando?

—A Nanoha. —Empieza con su nombre y la sensación en mi pecho se esparce por mí ser en un segundo. —A Nanoha… bueno… —La veo enredarse en sus propias palabras y mi desespero sale a flote.

Paro mi caminata y la tomo por los hombros para enfrentarla.

— ¿Qué pasa con Nanoha? —La miro seriamente a los ojos pero ella no me devuelve la mirada. Mi desespero no hace más que crecer hasta que su voz rompe el silencio.

—El día de su… muerte… —Duda y mi ceño se frunce. —Se liberaron varias brigadas de búsqueda para su cadáver… Nunca la hallaron. —Lo sé, diablos. ¡Lo sé! —Ahora sabemos por qué… —… ¿qué?

La plática terminó al momento que el sonido de las puertas abriéndose interrumpieron.

Pasos resonaron en la vacía sección.

Pasos fuertes, seguidos de unos más ligeros.

Mi pecho dolió.

—Enforcer Testarossa, le encomendamos una nueva misión a plazo indefinido. —Mi mundo colapsó en el mismo instante en que cobrizos mechones aparecieron en mi campo de visión. —SU deber es, cuidar y guiar a la instructora… —Sin pensarlo dos veces me abalancé para sentir su calidez pero… —Takamachi Nanoha, quien presenta un cuadro de amnesia severa.

Ya no era lo mismo.

—Lo siento… —Escuché el murmullo de Signum. Y no lo entendí. ¿Por qué…?


Personalmente no creo que lleve mas de 5-6 capítulos, sin embargo, siempre pasa lo contrario a lo que planeo así que bueh :v sean más o sean menos, la historia sigue.

En cuanto a actualizaciones, considero que serán en dos opciones:

1.- si el tiempo me lo permite, los miércoles o jueves de cada semana.

2.- los mismos días pero pasando dos semanas, esto en caso de que las cosas se acumulen en mis estudios xD jaja!

Si en el futuro cambio los días de actualización se los haré saber n_n

Así que sin más,

Hasta la próxima!