Ok segundo intento porque hace años no uso FF(?

Sigo viva, claro, hierba mala nunca muere :'v y esto es para terminar bien el año (3 años después(?))

Gracias por leerlo :3

Felices fiestas!


Cuando la calma llegue

Capítulo IV - Regalo


Todos sabemos que las verdades son relativas. Lo que un día es verdadero, mañana puede ser la peor mentira que al universo se le pudo ocurrir. No es nada nuevo.

Es parte de la vida.

Es parte de mi vida.

Después de todo, ¿quién se entera en un solo día que es tan solo un clon de una persona muerta?

—Fate-san… Supongo que Fate-san me odia. —Comenté al aire mirando la puerta por la había ella hace tan solo unos minutos.

Puedo entenderla. Le hicieron creer que su pareja había vuelto de los muertos, llevándola alto y ahora la dejan caer sin más.

Negué despacio mientras caminaba hacia la cocina en busca de comida. Miré alrededor tan sólo por un impulso más y noté algo que ni el primer día estando en esa casa se me pasó por alto.

Calidez.

Toda esa casa desprendía una calidez inigualable.

Cada color utilizado, la posición de cada mueble, la luz que entraba por cada ventana. Todo era un conjunto al que llamaría hogar.

Sí, aunque sea tan solo una vida artificial, sentía aquella casa como mi hogar y eso no pude explicarme.

Sacudí mi cabeza buscando ya no pensar más y fui a la cocina, finalmente, encontrando solo una pulcra calma.

No dejó una porción de comida para mí, no me sorprendo, solo… solo algo dentro de mí empieza a doler y de nuevo no puedo explicarme.

— Instructora, buenos días. ¿Se encuentra mejor esta mañana?

Miro al muchacho que me saluda con entusiasmo y preocupación. Parece un buen chico y algo de culpa entra en mi ser. ¿Cómo se tomará el hecho de que su instructora es solo una copia barata del As que admiraba?

Seguro también se decepciona.

¿Y quién no?

Si todo el mundo vive feliz ignorante de esta mentira.

— Buenos días — Saludo con una tranquila sonrisa que hace ladear el rostro del muchacho. Algo dentro de mí se alarma. Tal parece que no sirvo para actuar de la misma manera, y ahora quien se preocupa soy yo. Debo mantener su ilusión, de algún modo, después de todo, el mundo parece en equilibrio de esta forma. Pero, ¿cómo puedo? — Disculpa, ¿sabes dónde puedo encontrar a la instructora Vita? — Mi mente enfoca a la pequeña guerrera que parece ser la única que me ha tratado de manera sincera. Ruda, pero verdadera a fin de cuentas.

— ¡Oh! ¡Claro! Debe estar en la oficina de la Coronel Yagami. — Informa algo pensativo.

— Gracias, iré a encontrarme con ella. Por favor, avisa a los demás que el entrenamiento de esta mañana va a demorar. — Lo pensé un momento por su cara de extrema sorpresa y añadí. — Eso no quiere decir que estarán dispersados sin hacer nada. Estarás a cargo del calentamiento hasta que yo llegue. — Viendo que asintió firme y se dirigió sin chistar hasta el campo me di cuenta de que fue una decisión acertada.

Suspiré ya algo más tranquila y traté de recordar en qué dirección se encontraba la oficina de la Coronel. Miré a los costados y empecé a caminar por puro instinto.

Sorpresa para mí fue encontrarme poco después frente a la puerta cuya placa recitaba el nombre de la persona que buscaba.

Me acerqué dispuesta a tocar la puerta pero escuché exclamaciones ahogadas en la privacidad que brindaba aquella habitación. Dudé tan solo unos instantes y después toqué dos veces.

Las voces adentro callaron de inmediato y miré atenta. Suaves murmullos resonaron poco después y un "Pase" para finalizar.

Tomé la perilla de la puerta y la giré despacio, preparándome mentalmente para cualquier mirada que me sea dirigida. La abrí, y caminé aún mirando al suelo hasta que un resoplido me hizo levantar el rostro.

La genuinamente curiosa mirada de la Coronel junto a la mirada casi fastidiada de la guerrera me recibieron y una corta risa afloró inevitable junto a una sensación de familiaridad.

— ¿Y bien? ¿Qué se te hace gracioso? — Preguntó Vita al borde de la molestia, provocando que me encoja de hombros.

— Muchas cosas no me puedo explicar. — Respondí inmutable. Giré mi mirada hasta la castaña que me miraba con total atención e incliné mi cabeza suavemente a manera de saludo. — Quisiera hablar.

— Ya veo. — Asintió ella y miró a Vita, quien aún parecía querer saltarme encima.

— Con ambas. — Añadí y la pelirroja parpadeó varias veces antes de mirarme con el ceño fruncido.

— Dejaste a los reclutas solos. — Afirmó más que preguntó.

— Encargué el calentamiento hasta que llegue. La verdad no deseo demorarme demasiado. — Vi a la guerrera abrir la boca para añadir algo más pero la Coronel interrumpió de manera oportuna.

— Entonces no demoremos más. ¿Qué deseas saber? — Preguntó, amable como siempre.

— Quisiera saber quién fue Nanoha. — Resumí en aquella frase la lluvia de ideas que cruzaban por mi cabeza.

Para mi sorpresa, Vita no salió resoplando de la habitación, ni mucho menos insultó de inmediato mi osadía. Ella tan solo me miró, como analizando lo que había dicho y esperando.

— ¿Para qué quieres saber? — Preguntó a cambio y dudé. Parecía esperar una respuesta concreta en donde o bien ganaría su favor, o me ganaría el insulto que no explotó minutos antes.

— ¿No es normal querer saber a quién me tengo que parecer? — La miré atenta y el ceño fruncido que me recibió fue suficiente para darme cuenta de que mi respuesta no es satisfactoria para ella.

— Explícate. ¿Eso no es todo verdad? — Escuché decir a la castaña y la encontré mirándome como si quisiera leer mi mente.

— Uhm… — Medité mis palabras y suspirando respondí — Sé muy bien que yo no soy ella. — Y con eso el ceño de la guerrera se relajó ligeramente, lo que me dio más confianza para continuar. — Pero eso muy pocas personas lo saben. ¿No fue acaso, para mantener cierto equilibrio, que fui creada? — La castaña me miró sorprendida mientras que la pelirroja miró de soslayo a su Coronel, esperando a saber que me respondería.

— Puede ser… — Fue su vaga respuesta.

— Sabemos que sí. — Corregí, sin ser brusca pero tenía una clara idea del objetivo de mi existencia. Aún no llega a molestarme. — Tengo un rol, por eso quiero saber de Nanoha. ¿Cómo debo actuar? ¿Cómo debo sonreír? ¿Qué cosas debo decir y cómo lo hago? Parece mi única responsabilidad llevar ese papel. Aunque sea solo en el Bureau.

— ¿Crees que contándolo vas a poder ser ella? — Acató la guerrera del martillo, con su tono de seriedad imperando en la habitación. No sentí enojo en sus palabras, sin embargo, sí cierta preocupación, algo que la castaña notó.

Un suspiro se escuchó. Pesado, largo, casi doloroso.

— Entiendo… — Salió con duda de los labios de la Coronel. — Entiendo la magnitud de las acciones que permití, y entiendo el impacto que eso genera en ti — Fijó sus ojos azules en los míos. Se veían dolidos y cansados. — En todas. — Añadió mirando a Vita y luego a la ventana. Entiendo quién era la persona que cruzaba sus pensamientos mientras sus ojos se dedicaban a descifrar el vacío. — La primera vez que topamos el tema quise ser lo más seria que debía por mi cargo. Lo más objetiva posible por el bien de la unidad bajo mi mando, pero son solo excusas. — Suspiró una vez más, mientras llevaba una mano a su nuca y la acariciaba con pesadez. — Yo misma no soportaba la idea de perder a una de mis mejores amigas… Y ver a Fate-chan cada día intentar continuar con su vida… — Negó, apretando los labios. — Sus ojos volvieron a ser los mismos que cuando vivía bajo la tutela de Precia. — Alcé mi ceja ante el nombre. Un extraño frío se cernía en mi pecho ante su mención, como si odiara aquella persona, aunque no tuviese recuerdo sobre ella. Hayate, al ver mi expresión realizó un ligero movimiento de su muñeca hasta desplegar una pantalla a su lado en la que se veía a una pequeña niña rubia, con los ojos rubíes más hermosos y al mismo tiempo, más tristes y vacíos que jamás había visto antes. A lado de ella, yacía la imagen de una mujer de largos cabellos morados y una mirada fría como el hielo. — Sin darme cuenta, por egoísmo, encarné a Precia en esta triste historia ya contada.

Imágenes pasaban con rapidez frente a mis ojos.

Imágenes crueles.

Imágenes que, a quien las vea, harían dudar de la existencia de humanidad en la persona que sin pesar lastimaba de diversas formas a un ser tan dulce como lo afirmaba con seguridad aquella parte de mí que aún no descubría.

La castaña repasaba todos los hechos que habían quedado registrados en las bibliotecas del Bureau como uno de los casos más peligrosos.

Y con cada imagen mi corazón se partía un poco más.

Sin darme cuenta, lágrimas de angustia recorrían mi rostro.

— Te estoy haciendo exactamente lo mismo que Precia hizo con Fate-chan. — Con el mismo movimiento sutil de su mano, hizo que la pantalla desapareciera. — Te estoy obligando a ser lo que no eres. — La miré mientras intentaba detener las lágrimas que fluían sin control de mis ojos. — Sé muy bien que no eres la Nanoha que hace 10 años arriesgó todo por salvar mi vida. — Miró a la pelirroja que había bajado la mirada. — Nuestra vida. — Se corrigió. — Y lo más seguro es que, aún si no hubiese fallado la implantación de recuerdos, demostrarías que eres alguien nuevo. — A mi lado, sentí como Vita apretaba los puños. — Mereces la oportunidad de ser tú, aunque lleves su nombre, su rostro y sus ojos. Mereces sentir lo que quieras sentir. — Añadió, causando un cosquilleo en mi estómago y la imagen de ciertos ojos rubí llegaron a mi mente. — Mereces vivir a tu manera.

Asentí a sus palabras, entendiendo lo que de manera implícita quería decir. Tomé aire e intenté buscar las palabras correctas para el momento.

— Entiendo… Gracias — Fue lo único que se me vino a la mente mientras el peso que no sabía que llevaba en mis hombros se liberaba. — Para quienes han sido el círculo más cercano quiero que sepan y tengan el derecho de actuar como sientan que deben hacerlo. Para el resto del Bureau, lo mejor es conservar la milagrosa aparición de uno de sus soldados más antiguos. — Dije, ladeando una sonrisa, aceptando la situación, poniéndome un momento en los zapatos de la joven Coronel, quien me miró con sorpresa y gratitud.

A mi lado se escuchó un refunfuño malhumorado y poco después, un moderado golpe en el brazo terminó por atraer toda mi atención a Vita.

— La vas a tener muy difícil, Junior. —Acotó, de brazos cruzados y cejas fruncidas. — Vamos, nos esperan. — Dio media vuelta y salió sin más de la oficina, dejándome atónita y confundida. Regresé a ver a Hayate y ella se encontraba igual de sorprendida, pero con una sonrisa discreta en el rostro. — ¿Esperas una invitación o algo? ¡Recuerda que dejaste a los reclutas solos! — Me apuró volviendo a abrir la puerta.

Sonreí.

Y está bien.

Todo estará bien.

Acepto que será difícil, así como lo ha dicho la guerrera.

¿Pero no es esto parte de aquello que llaman vida?

— ¡Testarossa!

Escuché la advertencia antes de que un golpe sordo en el abdomen me quitara el aire.

Si mi mente no estaba aquí, en este momento acaba de regresar para poder fijar mi atención en los profundamente serios ojos de Signum.

— Si no vas a estar concentrada en el entrenamiento te sugiero que te retires antes de que te rompa un hueso. — Bramó.

Tomé aire mientras buscaba enfocarme en el hoy.

¿Qué sentía antes de este momento?

Confusión, rechazo, negación.

No, no quiero volver a sentirlo, por ello busqué a Signum y propuse una sesión de sparring. No quiero que me gane la oscuridad.

No quiero volver al frío enojo.

Así que niego, inhalo, buscando impulso y al exhalar me dispongo a devolver el golpe que la pelirrosa me acaba de proporcionar. Que se suelten entre golpes y patadas las frustraciones que carga mi corazón.

Que sea entre sudor y no lágrimas, la manera en que deje ir este dolor y confusión.

— Sé más contundente, Testarossa. — Comenta la guerrera de la espada, como leyendo mis pensamientos, provocando que refuerce la soltura de mis movimientos. No me guardaré nada. Sé que tengo que sacarlo todo, quitar esta niebla que no me deja ver la salida.

La respuesta a esta situación.

¿Qué debo hacer? Yo fui la engañada.

¿Debería estar enojada con Hayate? Por supuesto. ¿Con Signum? Igual, pero eso no quita que sea por el momento la persona con la que más fácilmente puedo comunicarme sin palabras.

¿Por qué lo hicieron? Quiero saberlo. Y golpeo con rabia las defensas de mi compañera, recibiendo, con asombro, una posición estoica, segura de recibir toda la carga de mis pensamientos.

Ella sabe que estoy sufriendo por lo que han hecho y acepta mi respuesta.

¿Qué debo hacer? No lo sé.

Esto se siente horrorosamente familiar.

Familiar…

— ¡Diablos, Testarossa! Harás que te rompa en serio un hueso. — Exclama, pero entiendo su preocupación ya que recibí con todo una de sus patadas más potentes. El dolor en mi brazo no me distrae de lo que se me vino a la mente.

Familiar…

Precia… Alicia…

Sus nombres golpean mi mente junto a todos los recuerdos, los sentimientos.

—Buenos días. —Escuché su saludo cuando caminaba hacia la puerta.

—Buenos días. —Saludé cordial pero no detuve mi camino.

— ¿No vas a…? —Paró, negó y se corrigió. — ¿No va a desayunar?

—Ya lo hice. —Respondí mirándola de reojo. —Ya me voy. —Informé y sin esperar respuesta salí de la casa con rumbo a mi oficina.

¿Qué estoy haciendo? ¿Por qué tuve que reaccionar así con ella?

Miedo. Tuve miedo al verme como ella, hace años, rota, intentando ganar el amor de mi madre, no entendiendo por qué, a pesar de todo, ganaba su desprecio.

— Soy una idiota… — Murmuré, regresando a ver desde el suelo a mi compañera, quien quedó sorprendida al verme desplomarme de la nada.

— Tes-

— Soy una idiota, Signum. Le estoy haciendo exactamente lo que me hicieron a mí. — Terminé, levantándome deprisa, importándome poco todo el polvo sobre mi ropa o el dolor punzante en mi brazo. — Debo hablar con ella.

Y sin más salí del campo de entrenamiento. Mis pies llevándome por los pasillos a velocidad moderada hacia donde estaba segura la encontraría.

Me importaba poco las miradas, los murmullos.

No demoraría más en decir lo que tenía que decir. En arreglar mi estúpido comportamiento de la mañana.

Solo quiero verla. Quiero decirle… Apenas pueda encontrarla.

Y en mi apuro un manchón cobrizo acaba de interceptar mi camino.

No es la cobriza que yo esperaba.

— Oh… disculpe- ¡Capitana! — Exclama con sorpresa Teana, yo solo muevo con desespero mi mano como restando importancia, lanzando lejos el persistente dolor punzante que iba en aumento.

— ¿Dónde está Nanoha? — Espero no sonar grosera, pero necesito saberlo.

— Se fue hace unos dos minutos, seguramente ya iba a su casa. — Asiento en agradecimiento y vuelvo a acelerar mis pasos camino a la salida.

Si me apresuro la alcanzo, debo alcanzarla.

Esta vez no se me irá de las manos.

Cada vez más cerca de la salida y el corazón desbocado.

Puedo verla, mirando el cielo.

Su cabello, el perfil de su rostro… Todo es el mismo del amor de mi vida.

Mis ojos se llenan de lágrimas al verla bajo la cálida luz de la tarde.

La amo tanto, la amé tanto… Pero a quien tengo en frente no es la misma persona.

— Es hora de dejarme ir…

A quien tengo en frente es un nuevo universo. Una nueva oportunidad.

— Déjame volar, mi amor…

Tengo que dejarte volar…

Tengo que dejar ir tu recuerdo para poder seguir en el ahora.

Para poder apreciar ese nuevo universo frente a mí.

Y por un momento siento que mi respiración se detiene. La veo, vestida con su traje de combate. Blanco… divinamente blanco poluto. Y en el aire danzan con el viento plumas que se desprenden de sus alas.

Camina con delicadeza hasta ponerse a lado de ella y le sonríe. Me sonríe.

Siempre amaste el cielo…

Y es hora de que te deje ir…

— Siempre te cuidaré.

Hasta siempre, amor…

— ¡Fate-chan! – Escucho su voz terriblemente preocupada y luego sus cálidas manos sobre mi rostro, secando mis lágrimas. — ¿Qué pasó? ¿Por qué lloras? ¡Tienes el brazo morado!

— Lo siento… — Murmuré tomando una de sus manos que acunaba mi rostro y fijé mis ojos en los suyos. — Perdóname por haber sido una tonta. Por favor… — Apreté su mano y finalicé. — Quiero conocerte.

Porque cuando la calma llegue, quiero ser posible de ver el bello regalo que tengo enfrente.

El hoy.

FIN.


Ok si me costó un ojo de la cara esto jaja

Consejo sano: Jamás, jamás, jamás, escriban con la depre encima porque luego van a terapia y alto bloqueo que les queda :'v

Gracias enormes a todos quienes se dieron el tiempo para leer esta historia :3