Título: La Divina Comedia

Autora: Clumsykitty

Fandom: MCU

Pareja: Stony

Derechos: Nada me pertenece, salvo esta idea.

Advertencias: Se me atravesó de nuevo ese tráiler de Civil War, se me atravesaron muchos sentimientos, he aquí un cuento corto de nuevo para salir a la superficie y vivir.

Gracias por leerme.


LA DIVINA COMEDIA

Acto I. El Infierno.

"Cada uno somos nuestro propio demonio y hacemos de este mundo nuestro infierno." Oscar Wilde.


Era como un vacío, un hueco que no puede ser llenado, una ausencia tan profunda en su alma tirando de su cordura con la misma fuerza que un agujero negro devorando a una estrella. No era culpa, remordimiento o en todo caso, arrepentimiento, porque dichos sentimientos los tenía claros desde un inicio, mucho antes de volver a ser el equipo de Vengadores bajo el comando de Nicholas Fury luego de una aparente reunión de reconciliación entre ambas partes. La verdad sea dicha, Anthony Stark no se sentía ni remotamente en paz. Y aquello en su interior no ayudaba en nada, solo iba creciendo con cada mirada, cada gesto de sus amigos -¿lo seguían siendo?- que le recordaban quien había sido el de la mayor equivocación. Las razones ya no importaban, porque ahora solo quedaban los recuentos de los daños cuyas heridas no eran del todo físicas. Lo sentía y no era un engaño de su mente, claro que no. Ahí estaba como espina clavada sin desaparecer o permitir ser extraída para dejar ir aquel dolor con su nombre impreso. Stark era culpable, el mayor de todos, el peor de todos.

Las cosas jamás volverían a ser iguales porque el fantasma de la duda siempre se pasearía en esos pesados e incómodos silencios entre ellos y era todo responsabilidad –o al menos así lo percibía- del Hombre de Hierro gracias a su necedad, orgullo y vanidad por demostrar la razón en sus argumentos, por el ansia de querer probarle al Capitán Amércia lo ingenuo de sus principios, lo absurdo de sus acciones al tratar de proteger a su mejor amigo conocido como el Soldado de Invierno. El millonario llegó a creer que él era su mejor amigo, o al menos un amigo. Pero al mundo no le agradaban los héroes porque le recordaban las mentiras en que vivía plácidamente evadiendo las verdad cuya aceptación involucraba cambios no deseados. Ahí no había cabida para lo correcto ni mucho menos para cualquier debate entre Steve y Tony cuya amistad se había esfumado con unas simples palaras que borraron con todo lo que el castaño dio para el súper soldado porque un día creyó en él lo suficiente para tirar sus muros y darse el atrevimiento a creer en pie juntillas en sus promesas ahora olvidadas.

Y aquel vacío crecía y crecía sin poder detenerlo, abriendo sus fauces para vomitar en su interior todo lo espantoso que su alma tenía acaso como castigo por su soberbia, no podía asegurarlo. Solo podía apretar sus dientes como puños al verlos a todos ajenos a él, indiferentes a él. Las charlas bromistas, las miradas de soporte, sonrisas… ya no era digno de ellas porque la Guerra Civil había sido en primer lugar su culpa. El daño colateral llevaba inscrito su nombre como alguna vez lo hicieran las armas que construyera en viejos tiempos. Hoy solo le quedaba la imagen del Capitán Rogers dándole la espalda, sonriendo como una vez lo hiciera para él a su Bucky, alguien más digno. Steve había terminado en el hospital y todos se lo reclamaron. Los Vengadores ya no peleaban igual y las miradas acusadoras caían sobre él. Cosa graciosa que nadie preguntara como se sentía. Más era su especialidad, echar a perder cuanta relación intentara tener con el resto de la Humanidad. Simplemente no era suficiente, no era lo que esperaban o lo que querían que fuese. No tenía nada de valor. Por eso siempre terminaba solo, el Mercader de la Muerte solo sabía destruir. Quizá por eso lo único que jamás le abandonaría serán las pesadillas, la soledad y la certeza del rechazo de Steve Rogers.

Pero ya estaba cansado, ya no quería pelear más. No quería otra noche despertando entre gritos con lágrimas en los ojos ni pasearse en aquellos pisos vacíos sin esa voz segura que ahuyentaba todo mal recuerdo, esos ojos azules que un día le hicieron creer que era especial. Nunca lo fue. Nunca lo sería. El mundo era más horrible gracias a él y su afán de hacer lo que debía hacerse aunque eso bien pudiera costarle algo más caro que la vida. Tenía algo por sentado, James Buchanan Barnes, con todo y lo que había sucedido era mil veces mejor que él, mil veces más valioso. Anthony Stark solamente estorbaba.

Se suponía que los suicidas dejaban notas para que alguien se enterara de sus motivos para abandonar este mundo, más ¿qué caso tenía hacer una? ¿Quién siquiera iba a leerla? ¿Pepper? Estaba demasiado ocupada tratando de salvar su infame apellido. ¿Rhodey? Tenía un enorme peso encima al tratar de quitarse la mala imagen de haber sido su mano derecha… ¿Steve? Él ya le había olvidado. Así era mejor, a solas, sin perturbar ya a nadie, dejando que ese vacío le tragara al fin mientras se desangraba tirado en el piso de su taller, viendo por última vez a Dummy entre los trozos de vidrio de botellas de alcohol que se mezclaba lentamente con su sangre.