Buenas a todos y todas!

Hace décadas que no he escrito nada en fanfiction, tal vez por todo el trabajo que tengo o simplemente porque mis ganas no habían encontrado otro "fandom" en el que echar raíces. A pesar de tener otras historias, creo que queda claro que mi preferencia son las historias con animales o anthros, y es por esa razón que me he lanzado a la piscina con Zootopia.

La ví hace un par de días y me conmovió. Historia, personajes, gráficos, todo en ella la convierten en una pieza indispensable para mí, casi como la sensación que sentí la primera vez que vi Basil, el Ratón Superdetective.

Dicho esto, os traigo mi nueva obra, esperando que os guste. No puedo actualizarla regularmente, por ello os aconsejo que la añadáis a vuestra lista de alertas para cuando suba un nuevo capítulo. Desconozco cuántos tendrá pero, conociéndome, seguro que llegaré a los 10 o más.

Una nota importante antes de dejaros ya leerla.

Tened en cuenta que el oficio de Veterinaria, equivale aquí al de Doctor/a. Y también que un año para los conejos equivale a 12 para los humanos. En otras palabras, un conejo con un año de edad, es un adolescente. (El promedio de vida de un conejo es entre 9 a 12 años. El de un humano actualmente estaría en los 70-80 más o menos).

Y ahora sí. Sin más dilación, voilà la historia...

***¡Un asunto conejudo! - Zootopia***

Capítulo 1: El favor

Judy Hopps caminaba de arriba abajo de la sala, esquivando los escritorios de los demás agentes mientras murmuraba maldiciones entre dientes.

Nick Wilde, se la miraba con un buen café doble entre sus peludas patas, siguiéndola con los ojos de un lado a otro, en calma total. No obstante, ver a su compañera de fatigas en dicho estado de estrés no era lo habitual. Es cierto que a veces necesitaba un poco de adrenalina cuando no había casos que resolver, justo como esa mañana… pero esta vez era por un motivo muy diferente.

—Por muchas "vueltas" que le des a este asunto, no va a cambiar.

—¡Ya lo sé! —Judy se dio la vuelta para encararlo con una naricilla inquieta. —Pero no puedo evitarlo.

—Viéndote así diría que no estás contenta de que venga.

—¡Bobadas! ¡Claro que estoy contenta! Es sólo que… —la conejita suspiró con cansancio y se dejó caer en la butaca giratoria detrás de su mesa. —Bastante me costó convencer a mis padres de que era una buena idea convertirme en policía. Ahora probablemente me estarán echando las culpas de todo.

—Pues es más bien una tontería. —Comentó el zorro. —No entiendo qué tiene de malo que tu hermana pequeña quiera parecerse a tí. Además, ¿no eras tú la que decía que cualquiera puede ser lo que quiera en Zootopia? —Su expresión de listillo consiguió fruncir el ceño de "Zanahorias", mote que le había puesto cuando se habían conocido.

—No me molesta que quiera parecerse a mí. Pero Karin es demasiado… entusiasta. Y a veces no ve los límites. Se lo toma todo con demasiada seriedad y… —Nick la miraba con una ceja arqueada y una cómplice sonrisa que delataba lo que estaba pensando.

Judy no era precisamente lo contrario de cuanto estaba describiendo. Si bien su hermanita era más joven e inexperta, ella no había demostrado ser más madura al llegar a Zootopia. Ya desde su primer día en los parquímetros, su bondad e inocencia la habían conducido a dejarse manipular, y no precisamente por el "malo" de la película. Es más, su energía había conseguido arrastrarlo a él hasta el puesto que ocupaba ahora en el distrito, pero a un precio que casi les cuesta la vida a ambos.

—¡Argh! —apretó sus manitas, convertidas en puños diminutos a ambos lados de su silla. —¡Vale, tienes razón, yo también era así! Pero es precisamente por ello que tengo que hacerle ver la realidad. Además, se ha empeñado en que quiere ver el lugar donde trabajo. ¡Como si este fuera un lugar para una cría!

—Esto… —Nich se acercó el café a los labios —¿no estás actuando un poco como tus padres ahora mismo?

Judy abrió unos ojos como platos y se dio cuenta de que, efectivamente, estaba sobreactuando un poco.

Suspiró y se llevó una pata a la frente, intentando serenarse del dolor que cabeza que comenzaba a desarrollarse.

—Tienes razón. Yo… —terminó por hundir el rostro en los brazos, anclados en la superficie del escritorio —ya me parezco a mi madre.

El silencio restó unos segundos mientras el zorro bebía otro sorbo de su café. Con intención de animarla un poco, atrapó la bolsa que había traído consigo de Zookin donuts y se la ofreció.

—¿Una rosquilla para pasar el mal trago?

La conejita levantó la vista con una sonrisa débil, algo más tranquila, y alargó su pata para atrapar su favorito, mermerlada de zanahoria y chocolate glaseado. La mágia del azúcar consiguió cambiar un poco su estado de ánimo.

—Bueno… al menos podré pasar el fin de semana con ella. No me habría gustado tener que dejarla en el piso para venir a trabajar.

—Sí, tienes suerte de que el jefe te haya dado el sábado libre. —Nick bajó las orejas, escondiendo una mueca tras su vaso humeante. —No todos podemos permitirnos ese lujo.

Ella sonrió un poco más.

—Si te sirve de consuelo, habría preferido venir en tu lugar en vez de… —de pronto, la cabeza se le iluminó. —¡Oh, es cierto! ¡Tú vienes a trabajar el sábado!

—Eso, regodéate en mi miseria. —Le espetó él poniéndose de morros.

—¡No, no, no, no, no! —Ella se impulsó hacia delante con las patas para quedar frente a frente con él. —¡Me refiero a que estarás aquí cuando Karin venga! Lo que significa que puedes echarme un cable.

Nick arqueó una ceja, desconfiado.

—Especifica… lo que entiendes por "echarte un cable".

Judy regresó a su posición y entrelazó las patas delanteras mientras apoyaba la barbilla en sus delicados dedos.

—Karin está convencida de que ser policía es lo más. —Comenzó a decir. —Si le demuestro que mi trabajo es intenso y peligroso, puede que pierda el interés.

—En otras palabras… quieres chafarle las esperanzas a tu inocente e indefensa hermanita.

—¡No quiero…! ¡Argh! —Se pasó una pata por el rostro. —No se trata de chafarle nada. Lo único que pretendo es que entienda que el camino para ser policía es muy duro y que piense bien lo que quiere. Siempre me decía que le habría gustado ser veterinaria. De pequeña se dedicaba incluso a diseccionar zanahorias. —Nick abrió unos ojos como platos con las orejas gachas. —Sí, ya lo sé, es… especial. Sólo tiene un año pero… a veces pienso que… en efecto es culpa mía. —Se permitió una pausa. —Mis otros hermanos y hermanas no han pensado jamás en seguir mis pasos. Y no es que sean miedosos, precisamente. —Miró de lnuevo al zorro. —Sé que es mucho pedir, pero de verdad necesito que me eches una mano.

Nick se mantuvo en silencio unos segundos, sopesando la respuesta.

—En resumen… quieres que convenza a tu hermana de que es mala idea ser poli.

—No, lo que quiero es que acudas en mi ayuda con tus argumentos cuando la traiga aquí el sábado. Tienes un pico de oro, Nick, te costará poco resultar convincente. Y además, mis padres no saben todavía que trabajo con un… zorro. Es muy probable que incluso a ella le choque.

La expresión que se mostró en sus ojos distaba mucho de ser complaciente.

—Deduzco que tu família debe ser bastante… tradicional.

—Lo son. —Asintió ella. —Pero en su defensa, debo decir que han tenido una vida bastante dura como granjeros. Y tener que cuidar a toda la camada no es tarea fácil, créeme. Además, cuando fui a visitarlos aquella vez habían cambiado un poco su forma de pensar. Incluso estaban trabajando con otro zorro.

Ahora fue él quien se sorpendió.

—¿Entonces… dónde está el problema? Si tienen asuntos con zorros no veo por qué les chocaría que tú y yo fuéramos un equipo.

—Bueno, son animales de campo… tienen sus propias ideas en lo referente a la ciudad y… digamos que… a Gideon lo conocen de toda la vida. No es lo mismo que…

—¿Un desconocido que antes era timador? ¿Es eso? —Completó su compañero, molesto.

—No te lo tomes así. —Ella bajó sus orejas. —Es que… —Nick agarró la bolsa de donuts y atrapó uno con sabor a fresas, mascándolo para evadir la rabia. —Oye, yo sé cómo eres y que jamás les harías daño. Sólo necesito un poco de tiempo para hacerles entender que… los zorros sois también buena gente.

Él la miró de reojo, tragando el trozo de rosquilla que le quedaba en a boca y se relamió para limpiar el azúcar de sus labios. El silencio se abrió paso en una pausa tensa mientras sus miradas se mantenían fijas una en la otra.

Finalmente, Judy se arriesgó.

—Sé que puedo confiar en tí, así que… ¿me ayudarás con mi hermana? ¿Por favor? —Sus ojitos suplicantes atravesaron el muro en los sentimientos de Nick, que acabó cediendo a su súplica, dejando escapar el aire de los pulmones mientras su rostro regresaba a su docilidad.

—Me debes una por esta, zanahorias. —La señaló con el dedo. —Y no creas que me conformaré con cualquier cosa.

Las orejas de Judy se levantaron al mismo tiempo que sus ojos adquirían una brillante luz de alegría a juego con su mejor sonrisa. Se levantó, dando un salto por encima de la mesa y se abalanzó sobre el zorro con un abrazo tremendamente fuerte.

—¡Gracias!

Nick suspiro para sus adentros. Judy no era la única que se dejaba… manipular.