Introducción.

Y así de entrometida es la vida, que apuesta frente a ti imágenes de momentos que creías olvidados con el simple afán de ponerte a prueba.

Supongo que ya no me duele tanto esa herida. Creo que cicatrizó tiempo atrás, pero no puedo negar que aun siento la aguda melancolía de su ausencia.

Es innegable: la fotografía es hermosa. La iluminación es buena, la composición es aún mejor. En blanco y negro. Tomada al azar. Con un par de personas en primer plano, un andén casi vacío rodeándolos, y un tren de fondo que enmarca el espacio de un adiós.

Para el fotógrafo, seguramente fue uno de esos momentos en los que el destino te pone en el lugar y tiempo justos; pero para mí, bueno, para mí fue el instante exacto en el que puse punto final a una de las experiencias más maravillosas de mi existencia.

Pocas son las personas que entienden lo que sucedió, menos aún son aquellos que lo aceptan, pero ocurrió y fue intenso, e inesperado y, a falta de una mejor palabra: mágico.

Todo comenzó como un juego o quizá como una forma de escape de la realidad, o como…, en realidad no sé bien cómo fue que inició. Lo que sí sé es que pasando ya de los veinticinco años, con una hermana a punto de casarse y casi todos mis amigos y conocidos formando familias propias, aun había algo en mí que me impedía imaginarme en una situación similar: cambiando pañales, administrando una casa y atendiendo maridos. Sabía que todos ellos eran felices con la vida que habían decidido vivir, pero la suya era un tipo de felicidad que no tenía ganas de descubrir. No aún. Porque voy a ser muy honesta, me daba pánico el compromiso y no pretendía hacer a un lado mi poca libertad para dejar que mi tiempo dependiera o se acompañara del tiempo de alguien más. Me sentía bien siendo yo, o mejor dicho, intentando descubrir quién era yo. Un compromiso no me ayudaba en mi proceso de autodescubrimiento, a menos que fuera uno conmigo misma.

Así que sí, huí de una responsabilidad, me refugié en una aventura y terminé contemplándome retratada en blanco y negro, con un tren de fondo, mientras besaba a un maravilloso hombre para decirle adiós.

Ahora, mientras observo la fotografía, me sorprende recordar la delicadeza de su mano al acariciar mi cuello; el calor de su frente apoyada en la mía; lo mucho que adoraba las líneas que adornaban sus ojos cuando sonreía; y la irónica picardía de su voz al decirme las últimas palabras que me dirigió: «ven a mí y entrarás en un mundo de mi entera creación. Lo que verás y encontrarás será fruto de nuestra más pura imaginación. Estando aquí, junto a mí, descubrirás quién realmente quieres ser».


Hola, hola. Esta es una nueva historia que he tenido dando vueltas en la cabeza por un par de meses. Debo decir que hasta el momento he escrito muy pocos capítulos, pero me decidí a publicarla porque confío en que ustedes podrán ponerle un poco de presión a mi musa y así, las palabras se escribirán solas.

Es un Albertfic que se aleja un poco de la historia original de CC (como tienden a hacerlo algunas de las cosas que escribo), pero que retoma las partes que considero más importantes de aquel bello relato de la huerfanita que conoció a un príncipe en una colina.

Intentaré publicar un capítulo por semana y pus nada. Disfruten la lectura, y como solía decir una muy querida amiga mía: sus comentarios son mi pago. Lindo día.