Disclaimer: Todo es obra de Sir Artur Conan Doyle y la versión mas reciente (y mas sexy) de la BBC; sigo tomándolos prestados por mi necesidad de Johnlock.

Este fanfic participa en el Rally "The game is on!" del foro I am Sherlocked, para el equipo "Criminal Husbands"

Palabras: 11,300 sin contar los títulos.

Advertencias: Esta situado en el universo de almas gemelas, pero Tumblr me ha ayudado a agregar más datos, datos realmente intensos. He mezclado varias características de este universo. Sufran (? Johnlock y leve Mystrade.


Reconociéndome

Sherlock Holmes jamás encontraría a su alma gemela.

Al nacer cada persona tiene el nombre de su alma gemela tatuado en el interior de su muñeca, pero él no lo tenía ahí ni en ninguna otra parte de su cuerpo. Sus padres pensaron que se mostraría cuando creciera, había casos documentados que registraban hechos insólitos de ese tipo. Sin embargo, eso no paso.

Cuando Sherlock cumplió 16, Marie y Sherrinford Holmes, tenían los nervios a flor de piel. Nunca antes se había presentado el caso de no tener alma gemela. ¿Estaría condenado a una vida eterna en soledad? No obstante, ese hecho no podía preocuparle menos al chico.

Él no quería un alma gemela.

Tener una pareja con ese grado de intimidad le resultaba chocante, no quería pasar el resto de su vida con un estúpido. Tuvo que charlar muy seriamente con sus padres para que dejaran de estar preocupados, hasta pidió ayuda a su hermano Mycroft para tal tarea.

Ambos jóvenes habían convencido a sus progenitores de que ese tipo de sentimentalismos no iban con ellos. Mycroft prometió cuidar de su pequeño hermano en cada aspecto que estuviera a su alcance, solo bajo ese juramento los señores Holmes pudieron respirar tranquilos.

Cuando los progenitores de los chicos partieron del mundo terrenal, ninguno de los chicos Holmes tenía a su lado a su alma gemela. Esas cosas tardaban, podías vivir 50 años sin que esta apareciera, pero jamás te quedabas sin encontrarla; las personas tenían un instinto, un sexto sentido que te guiaba hacia tu pareja ideal.

El intelecto de Sherlock y su hermano, los hacia ligeramente difíciles de tratar; debido a la rebeldía del más joven le era imposible encontrar un trabajo para ganarse la vida, sin embargo Mycroft era más prudente y aunque consideraba que era un tiburón nadando en una pecera de peces dorados; sabía que trabajar desde las sombras era más beneficioso. Debido a su habilidad para deducir cosas, predecir el comportamiento de la bolsa y manipular a gobernantes de poca moral; consiguió, lo que describía como, un puesto menor en el gobierno inglés.

Con ello mantenía a su adorable hermano. Que generalmente le acarreaba más problemas que beneficios; sabía que se debía a su juventud y rebeldía, aunque detrás de ellas había un acontecimiento aún más importante.

Mycroft era descrito por los demás como El hombre de hielo, ya que poco le importaban los demás, a menos de que le dieran un beneficio mayor. Muchos se preocupaban por el destino de quien fuera su alma gemela. Pero a este, le preocupaba más el beneficio que traería su pareja a su estilo de vida; aunque odiara admitirlo también le preocupaba su hermano. Tan solo, tan rebelde, desperdiciando su talento nato en adicciones y corredurías por Londres.

Por ello se dedicó a entrenarlo. Lo hacía de manera discreta, guiándolo por el camino que creía conveniente, haciendo que se interesara en utilizar su intelecto para resolver problemas de carácter mundial, como una cura contra el cáncer, restaurar la economía mundial o algún otro hecho que le beneficiara.

Pero Sherlock era necio, terco y aferrado a sus creencias. Apreciaba el hecho de que su hermano quisiera lo mejor para él, pero la visión de Mycroft no concordaba con la suya. ¿Cuál era el reto en encontrar una cura contra el cáncer? ¿Dónde estaba el desafío en la economía mundial?

Ese tipo de situaciones no desafiaban su intelecto. Como caído del cielo, encontró su vocación. Detective consultor. Se enteró de la noticia de que un antiguo compañero de la escuela, había muerto ahogado durante una competición de natación. Entre el dolor de la perdida y el descontrol del evento, nadie noto que su alma gemela seguía viva. Las almas gemelas mueren en pareja.

Y eso aterraba a Sherlock.

Se enteró de ese hecho cuando su padre le comunico que estaban listos para partir. El no entendió el concepto en ese momento. Sabía que su padre anciano tenía una resistencia más débil, pero su madre estaba llena de vitalidad, aun con sus 93 años encima. Su madre, de manera dulce y comprensiva le explico ese proceso natural de la vida. Cuando una persona muere, la pareja de esta se va con ella.

En eso consistían las almas gemelas. En ser unidas, en estar una para la otra, en no soportar la existencia sin la presencia del otro. Presenciar la muerte de una pareja era algo casi divino. Sherlock sabía que las personas están compuesta de energía; al morir, esa energía se esparcía por el ambiente, al morir te convertías en uno con el universo, te hacías luz.

Claro, cuando morías por causas naturales; por vejez. No en un asesinato. En un asesinato, la causa de muerte de uno se reflejaba en el otro. En un asesinato, ambos corrían con la misma suerte. No te convertías en uno con el universo, no había desintegración en luz. Pasados unos días, los cadáveres se pudrían emitían gases tóxicos. Se convertían en enfermedad.

Sherlock se había convertido en detective consultor por esa misma razón, porque había presenciado un asesinato y había visto con sus propios ojos el destino del cadáver. No quería que esos cuerpos asesinados quedaran sin vengar y el trabajo de la policía dejaba mucho que desear. Al menos esa fue su motivación real, en vez de la que creían los demás, su debilidad por los acertijos. Muchos asesinos tenían suficiente ingenio para creer que habían cometido el asesinato perfecto.

Y todo eso lo descubrió con el asesinato de Carl Powers. Sabía que era un asesinato. Carl era muy buen nadador, ni un calambre hubiera logrado sacarlo de concentración. ¿Cómo había muerto? Alguien había puesto un paralizante en su botella de agua, uno de origen natural, casi imperceptible. Lo que intrigaba a Sherlock era la razón por la cual, la pareja de Carl seguía viva. Amanda Powers.

Pocos le prestaron atención, debido a su reputación de adicto. Decidió hacer caso a su hermano, limpiar su organismo e ir en busca de aquel que había dejado muerta en vida a Amanda Powers.

Porque la pobre mujer, ahora estaba sola. Sin su alma gemela. Sin una razón para vivir, sumida en la locura. Termino dándose un tiro en la cabeza.


John Watson vivía con una interrogante constante en su vida. La situación de las almas gemelas le encantaba, se sabía un romántico empedernido; le emocionaba el día en que encontrara a la suya pero también le carcomía el hecho de no hacerlo.

Estaba consciente de que las personas siempre encontraban a su otra mitad. Era una ley de la naturaleza, pero temía que no se aplicara a él. Había consultado con especialistas y eminencias que estudiaban la naturaleza de las almas gemelas, pero ninguno supo darle una buena explicación a su caso.

John Watson tenía tres nombres tatuados en el interior de su muñeca.

Le inquietaba no saber si tenía tres almas gemelas, lo cual sería sumamente extraño y un poco aterrador; o si por el contrario era el nombre de una sola persona, caso maravilloso porque ya que no podía ser más específico que eso. Pero eran nombres extraños, al menos para la región donde vivía. Sus padres eran ingleses, pero por cuestiones de trabajo y un poco de placer habían viajado para ir a residir a otro país.

Sin embargo dudaba que William, Sherlock y Scott, fueran nombres lo suficientemente comunes en alguna región del mundo, peor aún, que los tuviera una sola persona. ¿Qué pasaría con el si alguno de ellos muriera? Sabia de las conexiones de las almas gemelas, sabía que podían no nacer en la misma época, que podía tardar años en encontrarla, y no sentía ese sexto sentido que le guiara hasta ella.

Para ocupar su tiempo y para lograr que las personas emparejadas tuvieran la mejor existencia del mundo, decidió ser médico. Ayudar a las personas, mejorar su calidad de vida, presenciar la partida natural de las parejas.

Ese era su secreto mejor guardado. Cuando una pareja moría y se convertía en luz. Adoraba ver ese espectáculo, era romántico, era especial, era algo de lo cual le encantaría formar parte. Su hermana Harry, le comenzó a llamar sensiblero cuando se enteró. Pero a John no le importaba, le seguía pareciendo el acto de amor más profundo que podía ser presenciado, la compenetración de las parejas le parecía algo maravilloso.

Poco tiempo duro en ese estilo de vida, recién cumplía 25 y ya estaba desesperado. Era obvio que en ese país no encontraría a su pareja predestinada. John era del lema, de que si quieres algo, tendrás que luchar por conseguirlo.

Un día se levantó, sintiendo por fin esa necesidad, ese deseo de encontrar a su alguien. Empaco su maleta, aviso a sus padres que se iría.

– Madre, padre… Por fin lo siento. Ya tengo ese presentimiento, voy a buscarlo. – La madre de John lloraba, emocionada de que su hijo por fin pudiera encontrar a su pareja – Lamento que sea tan repentino pero ustedes conocen esta sensación. Tengo mis ahorros, trabajare en el camino así que no se preocupen por mí… – dijo abrazando a su padre y besando a su madre – Los visitare en cuanto pueda.

– Miren al doctor sensiblero, al fin estará con su personita ideal. Que alegría – Harriet estaba un poco resentida con John, porque el siempre optimista muchacho, hacia el esfuerzo buscando a su alma gemela mientras que ella teniendo el nombre de Clara tatuado en la muñeca, había intentado con al menos cinco mujeres y todas resultaron ser la equivocada. Una de las tantas Clara que conoció llevaba su nombre tatuado y aun así no había funcionado. Harry Watson odiaba a las almas gemelas.

– ¿Qué tal si vienes conmigo? – Propuso John a su hermana – Podrías encontrar a Clara allá afuera, no puedes seguir esperando que caiga del cielo. Por un momento a Harry se le iluminaron los ojos, pero puso una cara hosca antes de responder.

– Si lo que quieres es que cuide de ti, solo debías decirlo. Te acompañare, solo para que no abusen de ti hermanito – aunque era claro que su deseo de encontrar a su pareja ideal era importante para ella. No tardo más que cinco minutos en empacar sus cosas.

Los señores Watson veían a sus hijos partir de su lado, rezando silenciosamente porque su viaje no fuera infructuoso, que les llevara por el mejor camino y más importante, que nada les pasara.

– ¿A dónde tienes pensado ir? – pregunto Harry. Ambos cargaban mochilas de explorador en la espalda, si lo requería la situación estaban preparados para sobrevivir a la intemperie. Su padre les había fomentado un entrenamiento físico bastante exigente, que los hizo resistentes y capaces de defenderse.

– Bueno, mi corazonada es ir hacia el sur. – Dijo mientras cerraba los ojos analizando ese vacío en el pecho que exigía ser llenado – Tal vez sea buena idea tomar el tren hacia el puerto más cercano…

– No tienes idea de a dónde ir. Magnifico. – y esta vez la voz de Harry no iba llena de sarcasmo ni resentimiento, esta vez la voz de su hermana dejaba ver entusiasmo y alegría por el viaje.

– Bien sabelotodo, ¿Qué propones? – replico con una sonrisa, contagiado de la buena vibra de su hermana.

– Recuerda el entrenamiento. Concéntrate, respira hondo y deja que el sentimiento te guíe – John hizo lo que su hermana aconsejaba. Despejo su mente, dejo que el sentimiento lo abarcara por completo, si lo hacía bien, podría localizar a su pareja. Tal vez no fuera un método tan eficaz, ya que solo te ayudaba a ver en qué país se encontraba pero era suficiente para John, que no sabía por dónde empezar. – Estas desconcentrándote. ¿No quieres hallarlo? – esa fue motivación suficiente para el rubio.

– Ghana – respondió el rubio en unos segundos

– ¿Es en serio, John?

– Tanto como que el cielo es azul – Harry resoplo. Gracias a que era al menos diez centímetros más alta que su hermano, pudo darle un golpe en la cabeza. – ¿Eso porque fue?

– Espero que a tu alma gemela también le haya dolido. ¿Cómo se le ocurre estar tan lejos? – Pregunto riendo – Bueno, en marcha. Y más le vale quedarse en ese maldito sitio o pateare el trasero de ambos.


Bueno, solo agregare notas en este y el ultimo capitulo. Dejare el enlace de Tumblr en mi perfil, por si alguien quiere saber de donde salio esta idea. Son cinco capítulos y todos serán subidos el día de hoy.

Espero que les guste, por que he dejado un pedacito de mi alma en este escrito. Sin la intencion de crear un horrocrux (?

Como siempre gracias por leer, comentar, agregar a favs y seguir esta historia. Un beso.