Disclaimer: Todo es obra de Sir Artur Conan Doyle y la versión mas reciente (y mas sexy) de la BBC; sigo tomándolos prestados por mi necesidad de Johnlock.

Este fanfic participa en el Rally "The game is on!" del foro I am Sherlocked, para el equipo "Criminal Husbands"

Palabras: 11,300 sin contar los títulos.

Advertencias: Esta situado en el universo de almas gemelas, pero Tumblr me ha ayudado a agregar más datos, datos realmente intensos. He mezclado varias características de este universo. Sufran (? Johnlock y leve Mystrade.


Explorándote

Encontrar a tu alma gemela y vivir en pareja no era la cosa más sencilla del mundo. Tenían que lidiar con los dilemas sencillos de cada día, quien realiza las compras, quien hará el aseo, entre otras. A John le agradaba ese comportamiento cotidiano, ya que revelaba aspectos no tan comunes de las personas.

Sin embargo, no esperaba tener que lidiar con un aspecto tan común como las pesadillas y menos cuando se trataba de Sherlock Holmes. Entendió por fin su aversión hacia las actividades cotidianas.

La primera noche fue realmente difícil. John convenció a su marido de dormir juntos; aunque le costó bastante hacer que Sherlock diera su consentimiento.

– Vamos, Sherlock. En una semana nos iremos de luna de miel, tendrás que dormir conmigo tarde o temprano – el moreno pareció pensárselo y a regañadientes aceptó. No sin antes advertirle a John que se arrepentiría.

Cuando se metieron a la cama, Sherlock estaba algo tenso. John aún no había intentado ir más lejos de lo que su marido podía aceptar. Pero pensó que un paso de bebé sería adecuado; tomó a su esposo por los hombros mientras acercaba sus labios al cuello blanquecino. Subió por la mandíbula y terminó en sus labios, dulces y suaves; gracias al cielo no encontró resistencia por parte del otro. Sherlock aceptaba bastante bien las atenciones de John.

Extremadamente bien.

John sabía que si no paraba en ese momento, se dejaría llevar y podría terminar en una catástrofe. Se separó de su marido, obteniendo un quejido de molestia por parte de este.

– Pasos pequeños, amor – jadeo John – ¿Dormirás mejor ahora?

Las mejillas del moreno se tiñeron de rojo, mientras balbuceaba ininteligiblemente alguna afirmación. Se acostaron abrazados, o al menos John rodeo por la cintura.

Cerca de las tres de la mañana el cuerpo agitado del moreno despertó a John. Temblaba, murmuraba y lloraba; estaba al borde de una crisis, despertó gritando.

John lo tomo entre sus brazos evitando que se hiciera daño, ya que estaba tratando de arrancarse la piel del rostro con las uñas. Siguió abrazándolo y murmurándole palabras de consuelo mucho después de que se hubiera dormido. John no pudo volver a dormir, se pasó el resto de la madrugada pensando.

Dentro de su cabeza había tantas cosas. Estaba molesto con su marido; podía perdonarle el hecho de que no le dijera nada acerca de que eran almas gemelas, de que se escapara un mes de su lado, que no hubiera hecho un avance por su cuenta, que no le comentara nada acerca de sus pesadillas sobre Víctor Trevor –que si bien estaba algo celoso, no iba a reclamarle nada – pero lo que si no podía perdonarle, era la falta de confianza, que no se apoyara en él. Por un momento dudo del amor del moreno, ¿Se habría casado con el solo por el asunto de almas gemelas?

Cuando Sherlock se revolvió y murmuró su nombre, pensó que había despertado; pero no fue así, el moreno se apretujo más contra el abrazo que lo tenía preso. John se avergonzó de si mismo, su molestia cambio de objetivo.

Sherlock necesitaba apoyo y comprensión, no que John se cuestionara sus intenciones; todo lo que el moreno había sufrido no era para tomarse a la ligera.

Sherlock le mostró que lo necesitaba, que lo anhelaba y lo amaba. Que siguiera con el temor pegado a sus huesos era otra cosa.

No porque ahora estuvieran juntos significaba que su marido cambiara de comportamiento de un momento a otro. Si quería que Sherlock confiara en él, debía demostrarle su apoyo.

Notó que el cuerpo entre sus brazos se tensaba, aspiró levemente el olor de sus rizos.

– Tendremos que posponer la luna de miel – Sherlock pensó que todo estaba perdido – Lestrade, lamenta mucho todo pero requiere de tu ayuda con un caso. Homicidios en rituales. – John le sonrió a su esposo – No nos vamos a perder algo así.

El moreno sentía los ojos pesados, y los músculos agarrotados, pero poco le importó. John seguía ahí, a pesar de todo, a pesar de él.

Se revolvió para encararlo y beso al rubio, antes de bajar de la cama de un brinco, mientras iba a vestirse. John sonrió mientras hacía el mismo recorrido aunque con calma. Ese era su Sherlock.


Tardaron cerca de un mes atrapar al criminal ritualista, los recién casados a penas durmieron, comieron o pensaron. Todos sus sentidos estaban enfocados al caso.

John no podía olvidar esa noche, y sabía que Sherlock no es de los que hablan de sus sentimientos, ni de ninguna otra cosa. No sabía cómo afrontar la situación.

– Sherlock, necesito decirte algo – no tenían ni cinco minutos de pisar su departamento, el moreno volteo a verlo; John estaba en la cocina preparando té. El rubio sabía que tenía su atención – Tienes mi apoyo, se que tratas de hacerte el duro y esas cosas, pero aquí estaré para ti. No te voy a abandonar.

El moreno no dijo nada. Sólo lo miró intensamente, transmitiendo con la mirada sus emociones y sentires. John sonrió, había logrado su cometido.

– ¿Vienes a dormir? – preguntó John mientras le entregaba una tasa de té.

– Te alcanzo después – John no presionó más. Le dio un beso en los labios para después dejar la tasa vacía en el fregadero. Sherlock tenía que estar muerto de cansancio para no tener pesadillas.

Y si era eso lo que el moreno necesitaba, John estaba dispuesto a dárselo.

Al día siguiente sus maletas estaban hechas al pie de la cama. John se levantó preocupado, pensando que la técnica no había resultado conforme a lo previsto. Con el corazón en la mano, se levantó casi corriendo a buscar a su marido, lo encontró con las maletas en la puerta.

– ¿Qué pasa? ¿A dónde vas? – pregunto entre jadeos el rubio.

– Vamos de luna de miel – contesto Sherlock, la cara de confusión del rubio hizo sonreír al moreno – No la hemos tenido apropiadamente, y es una práctica tradicional en los matrimonios. ¿No te apetece? Porque todo indica que estas ansioso de un descanso.

John sonrió aliviado.

– ¿De verdad, Sherlock? ¿Ghana? – pregunto John viendo el destino de los boletos de avión.

– Creí que era un sitio romántico pasar unas vacaciones en el sitio en el cual nos conocimos – declaro Sherlock algo azorado – Aún estamos a tiempo de cambiar el destino – a John se le conmovieron hasta los cimientos.

– No, cariño. Es perfecto. Solo no vayamos a Kumasi…

– Iremos a Acra, disfrutaras de la playa. Las reservaciones están listas. Hay museos interesantes, solo espero que no sean tan mediocres como los que hay en… – no pudo terminar la frase, porque la boca de John había invadido la suya.

– No saldrás de la habitación, así se me vaya la vida en ello – prometió John, dejando las rodillas de su marido convertidas en gelatina.

Cuando llegaron al hotel, John se sorprendió de lo lujoso que era; teniendo en cuenta que había vivido en una zona donde las edificaciones eran sencillas y muchas veces precarias. Ese abismo entre dos regiones del mismo país le abrumo.

Al final resulto que no pudo tener a Sherlock encerrado en la habitación como tenía planeado, ya que el moreno había reservado un tour de cinco días, que incluía senderismo, escalada y recolección de plátanos, a pesar de que sabía que el moreno tenia buena condición física le sorprendió la resistencia que presento ante todas las actividades dentro del tour.

Que había sido una experiencia inigualable, John no lo iba a negar; que Sherlock se quejó bastante poco, era algo para agradecer; que los paisajes y escenarios favorecieron el romanticismo entre ambos, fue una bendición.

La mañana del sexto día, al despertar, John encontró una nota que decía que el moreno le esperaba en el baño. El rubio trago pesado mientras se dirigía al cuarto de aseo, con un montón de ideas que le revolucionaban las hormonas.

Lo encontró dándose una ducha, de espaldas a la puerta. A John se le seco la boca ante la visión de esa piel blanca, de ese redondeado…

– No pensé que lo tuyo fuera el voyerismo… – dijo Sherlock – Ven…

Esa invitación no la podía rechazar. Se desvistió lo más rápido que pudo para poder acompañarlo, dudo un poco antes de acercarse, no quería presionar la situación, no quería precipitarse.

Pero cuando lo encaro, distinguió que los ojos del moreno no eran totalmente azules, cuando las manos se posaron en su espalda introduciéndolo totalmente al agua todo a su alrededor dejo de tener sentido. En ese momento solo eran él y Sherlock. Él y su amor.


– No me estoy quejando, pero sigo preguntándome porque decidiste tomar tan precipitadamente las vacaciones – pregunto John acostado en la cama, acariciando la espalda del moreno.

– La curiosidad mató al gato – fue la excusa que recibió a cambio.

– ¿No me lo vas a decir? – volvió a preguntar mientras enterraba la mano en los rizos negros, acariciando el cuero cabelludo, donde con placer noto que era un punto sensible en el cuerpo de su marido. Obtuvo un ronroneo como respuesta. – Por favor – susurro a su oído.

Este solo alzo el brazo, exponiendo su muñeca.

– ¿Tu... lo hiciste… o…? – el corazón de John se había parado, mientras veía asombrado la piel blanca de su esposo.

– Estaba ahí cuando desperté, hace una semana. No sabía cómo decírtelo, Graham me consejo traerte de luna de miel… – al rubio no se le ocurrió corregir a su marido sobre el nombre de su cuñado, solo había una sola cosa que le interesaba. Los ojos se le llenaron de lágrimas. – ¿John?

– Te amo, Sherlock – dijo besándolo profundamente.

En la muñeca de Sherlock, donde siempre había faltado el nombre de su alma gemela, ahora estaba escrito con una hermosa caligrafía el nombre del hombre de su vida. Ahora estaba escrito el nombre de su más grande amor. Ahora tenía escrito: John.


Este mas que capitulo fue un epilogo. Siento que últimamente estoy escribiendo cosas demasiado empalagosas. ¿Sera el clima, la estación o el ambiente? XD

Si alguien ha llegado hasta aquí, felicidades. Este es otro de mis tantos desvarios, ¿Les impresiono? ¿Les dejo mal sabor de boca? Me encantaría que me lo dijeran, en verdad.

Bueno, por si no quedo claro, el país que me toco fue Ghana. Fue bastante difícil ponerlo en marcha porque ¡Google Maps no muestra vista panorámica del país! Así que una disculpa enorme si existen lagunas dentro del escrito con respecto a la geografía.

Como siempre, gracias por leer, comentar, agregar a favs y seguir esta historia. Un beso.