Notas del autor: ¡No me he olvidado! He estado un poco ocupado pero no iba a dejarlos sin un capitulo más y dejarles saber que el próximo, muy posiblemente, sea el final de este primer arco. Una ayuda inesperada, un poco de poder femenino que nos va llevando hacia el clímax de la historia. Si hay algo que quieran ver para el siguiente arco quedo a disposición para leer ideas que llevar a palabras ¡Gracias por seguirme!

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Stiles

Del debacle de la guerra y sus parecidos hay mucho escrito, historias que podrían llenar los anaqueles de todo Beacon Hills en una oda escrita a la discordia. La elección de levantar el arma, en cuyo caso era el bate, permanecía como brillante carta sobre la mesa hecha la opción más noble y heroica de todas. Stiles también sabía mucho del valor, quizás tanto más de la osadía, adicto a niveles enfermantes de la adrenalina. Tampoco era su culpa sino un evidente fenotipo de su condición adquirida, una teatralidad del tipo hereditaria. No le alcanzarían los dedos para enumerar la de veces que había recurrido a tal recurso por el bien de sus amigos y ahora que su -una palabra que ni en su mente animaba de pronunciar- encontraba el peligro de una amenaza contra su enorme figura ¿Qué había decidido? Cambiar rotundamente de planes. Lejos estaba de contar con lo premeditado, improvisar sobre la marcha podía ser tan aterrador como enfrentar a su enemiga a la cara. Entonces ¿Qué impulsos dominan el compás de pies inquietos que dejan el encuadre de una pesadilla atrás en busca de solución? La esperanza del iluso y la miríada de ejemplos que desembocaban en el desenlace que vivía con tanto fervor. Derek podía odiarlo, Scott ignorar su existencia pero no habría magia u hambre que borrara el candor de la determinación de ambos a la hora de cuidarlo. Stiles sabía que era hora de devolver el favor y que fuera la historia quien lo juzgase posiblemente muchos años después de muerto.

Por ello corría. Trastabillaba con pies ligeros uno delante del otro en una carrera que ni el campo de lacrosse le ha conocido. Era como vivir dentro de una burbuja, respirando aire saturado y embotado por su propia respiración, le palpita la cabeza cuando la exigencia es mayor que el ritmo que sus pulmones son capaces de mantener. Arde en el calor de ese infierno vacío, abandonado a la suerte de su velocidad y las miles de espinas clavadas por un exceso de ácido láctico en su sistema. Cae y rueda como un cilindro sin gracia, el asfalto es lo suficientemente verdadero para pelar la piel y exponer el rojo de finos capilares. Resultaría que esa copia de su pueblo natal estaba bien provista de sus leyes naturales, con la única excepción de la falta de su existencia, sustituido por nadie menos que un pelirrojo de cara bonita; y quien dice mejor jugador de lacrosse que el original a lunares. Aunque si lo pensaba un poco tenía mucho sentido, se dice que los pelirrojos carecen de alma y allí iba él, vagando por el espejismo de la realidad. Vivía una versión aún más retorcida de Alicia a través del espejo.

Reinicia con la repetición en bucle de un contador mental que avisa la cantidad de calles faltantes hasta la residencia Martin, implora por dentro la falta de error y su buen juicio. Al menos todo se veía normal, colores a la vida un tanto más grisáceos pero aquella naturaleza de arbustos, enredaderas, y flores perfectamente arregladas eran un hecho respecto a la casa de Lydia que se mantenía desde todo ángulo y percepción. Mano en puño golpea la puerta, no le importa repetir hasta que el brazo simplemente no le responde. Estaba exhausto, más de lo que jamás en su vida a pesar de sus tantos cruces con seres sobrenaturales. Aún le pensaba en la conciencia aquella huida, dejar solo a Derek en las garras de esa odiosa mujer. Atrás quedaba la verdad de que lo había abandonado, en vez de ser un héroe y quedarse a pelear había optado por el escape del cobarde. En su cabeza no hay perdón que valga, le carcome saber con certeza que de invertidos los roles, el lobo jamás hubiese flaqueado. Ignorante es que el zorro peca de astuto y no valiente. Casi cae de cara al suelo cuando la puerta se abre y ese rostro de porcelana le devuelve una mirada como quien mira un fantasma. Tal y como había pensado, Lydia Martin era capaz de verlo.

― ¿Stiles? ― Es ella quien rompe el silencio, lo arroja dentro de un tirón que manipula el peso pluma del hijo del Sheriff. Cierra y pasa la llave con una paranoia que poco a poco, con el pasar del tiempo, comienza a apoderarse de la banshee. Rememora el día a pesar de que el intento cobra partida en una jaqueca casi constante desde que había despertado.

― ¿Estas bien? ― devuelve el visitante con preocupación en su tono, su amiga parecía dar nueva definición a los tonos de blancos. No sabía cuánto de ello era culpa de la magia de Teles o de la propia naturaleza de tan brillante señorita.

― Creía que me estaba volviendo loca. Nadie sabe que existes Stiles ¡El Sheriff es un padre soltero con un hijo adoptado! ― exclama insultada por la idea cuando quien realmente debería sentirlo parpadeaba con dejes de incredulidad ― Tengo estas memorias… situaciones en paralelo de ti o este otro chico Hanks. Siento que la cabeza me va a estallar ― declara dejando mudo a Stiles.

El joven suscita como soltar toda la situación sin poner todo el peso sobre espaldas ajenas, si había algo tan grande como el malhumor de Hale eso era el sentido de responsabilidad de Lydia. La ansiedad lo obliga a mover los pies, dibuja arcos de un extremo lateral a otro hasta recibir una reprimenda sonora por parte de la pelirroja. Pronto recuerda que tiene a alguien a quien salvar.

― ¡Tenemos que hacer algo! ― Aquél súbito arranque la toma desprevenida, genera un sinfín de preguntas que se reflejan en el semblante de su rostro ― ¡Derek está en peligro! ―

Suenan las alarmas de su interior, y en un intento casi inútil Lydia cubre su boca haciendo uso de las dos manos. Había sido capaz de retener ese grito y sin embargo la sensación punza en la boca del estómago recordando su presencia. Era muy distinto al revoloteo típico de mariposas, más parecido al trago de ácido a punto de ebullición. Intenta ocultarlo pero la intensidad de la mirada que aporta su compañero da las pautas de que poco consigue y que al parecer tiene mucho que soltar.

― ¿Cómo se supone que vamos a vencerla? ― pregunta hacia el final de una larga explicación de Stiles. En su libro los cánidos eran cosa de casi todos los días pero ¿Una sirena? Estaban abriendo la puerta a todo un mundo nuevo, uno donde también existen las banshees.

― ¿Me has visto cara de Dean Winchester? ¿De tener una espada consagrada por tres monjas mudas con la sangre de un marinero virgen bajo el asiento del jeep? ― satiriza el joven en tonos exasperados ― ¡Esto es el mundo real Lydia, no tenga idea de cómo matar una sirena! Y no es como si pudiera usar google en este mundo de nadie ― la desesperación se filtra en su tono mientras tamborilea un móvil con señal muerta frente a la mirada de Martin. Cuanto minuto pasaba era otro que regalaba a la mujer para sazonar al lobo, quizás una salsa dulce para poder pasar el sabor de lo amargo y gruñón que era.

― Quizás deberíamos llamar a Scott ― ofrece la mujer el suyo, buscando velozmente entre una lista larga el apellido McCall.

― Negativo ― declara sorpresivamente Stiles ― Al parecer esa cosa puede hacerles ver o creer cualquier cosa a los hombres ― sanciona de brazos cruzados, entrecerrando la mirada en lo que pone a todo engranaje dentro de su cabeza a funcionar.

― Tú eres un chico ¡Oh! ― la realización de la joven golpea fuerte y veloz, siempre tan avispada.

― Ni-una-palabra ― el rojo de su piel podía usarse de adorno navideño. Stiles no diría nada más al respecto ¡El coraje de esa mujer de declarar y decirle lo que le gusta! Convergería en decir que nadie podía declarar que el lobo fuera mala vista pero… Nada, no iba ni a pensarlo, primero tenía que asegurar que no terminara siendo el plato principal de cualquier harpía, sirena, lo que fuera. ― ¿Así que somos tu y yo? ― pregunta viendo a Lydia ponderar ideas con seriedad para pronto dar media vuelta y marchar con marcialidad.― ¿Dónde vas? ―

Se escucha la fricción del desliz del metal, mantiene en vertical un bate con aspecto más reforzado que el típico ― Vamos a necesitar de esto, tu sabes… Y algo de ayuda extra ― la curvatura incrédula de la ceja del joven le resulta enormemente insultante ― Hombre tenías que ser para subestimar y andar pensando solo en Scott ―

― ¿Vas a decirme o…?―

― Si vamos a contra una criatura sobrenatural lo mejor es ir bien preparados ― teclea algo rápido, una habilidad innata de la pelirroja que sonríe tras el móvil, revelando un único mensaje con la dirección de Derek y la palabra sirena― Nos llevamos una cazadora ― quién lo recibía era Allison Argent.

El texto despertaba muchas preguntas pero existe un tipo de información que solo se da entre las líneas de un lenguaje femenino de acuerdo tácito. Tenía el objetivo y la localización, solo faltaba el arco y un buen par de flechas. No cualquier tipo, como todo cambiante una sirena comparte una debilidad con todos sus primos, la plata.

La motocicleta cubre rápido las distancias, de hecho es la primera en llegar, resguardándose del frío con ajustada chaqueta de cuero, armamento a espaldas. Estaba nerviosa, una sirena no es el típico ser mitológico que te cruzas en una mala semana, sino quizás una vida completa. Avisar a su padre hubiese sido un error que su viejo diario remarca en creces, sacando a ella, no había nadie más en las inmediaciones que pudiese cumplir los requisitos para la labor. Ve a Lydia llegar sola, mueve los labios soltando palabras a lo que en primera instancia considera que es el aire. Solo entonces se materializa, salido de la nada le reconoce con toda certeza ¿Cómo no había visto a Stiles antes? ― Hey ― le recibe con una sonrisa que lo deja atónito.

― ¿Puedes verme? ― pregunta él parpadeando como el aleteo de un colibrí.

― No te ves muy transparente Stiles ― agrega ella con una sonrisa divertida.

― Chicos… ― Lydia no lo contiene, el dolor le desgarra por dentro hasta arrancarle el grito. No cualquier grito.

―Esa es nuestra señal ― Allison prepara la flecha, es quién guía el camino hasta la puerta del loft. Ve a Stiles temblar con las manos en la manija de entrada, espera lo peor.

― Vamos a por esa serpiente ― Nada evita que la cazadora suelte una sonrisa de aliento, la suerte estaba echada.