DISCLAIMER: Uuuh aaaah las chicas son guerreras himaruuuuyaaaaa las chicas son guerreras.

España

Romanito carraspea y sonríe un poco sonrojadito, viendo la tele y mirando a España de reojo, que está sentada, en mallas con las piernas recogidas bajo el culo y una camiseta enorme... y como siempre NO SE CALLA de comentar todo lo que pasa en la tele.

La cosa es que Romanito considera que... lo que dice es más divertido que oír lo de la tele, lo cual, según él, habla bastante mal del programa de la tele... nada que ver con que realmente le guste escucharla hablar por horas y horas.

—¿Lo ves? Es que ya lo sabía, es un gilipollas. Una no puede fiarse de ningún hombre, mira como la trata a la pobre.

—Pero qué exagerada, no todos los hombres somos así —mira que... no te has mordido la lengua.

—¿Qué no? ¡HA! UNO. ¡Dime UNO sólo que no sea un completo canalla!

—Yo —se sonroja y se gira a mirar a la tele. Ella se gira a mirarlo unos instantes y luego se muere de la risa toda en burla así Pfffffff —. ¡Anda! ¿Ahora me llamas a mí canalla?

—¿En qué universo tú no eres un canalla? Pero si eres el peor de todos... aun me dijeras tu hermano...

El italiano abre la boca incrédulo por unos instantes y luego hace los ojos en blanco.

—MI fratello —repite.

—Sí, Veneciano.

—Sólo lo dices porque él te sonríe y hace como que te consiente y es bueno contigo... con que poco te conformas.

—¿Hace como que me consiente? —un poco desconsolada.

—¡Pues al menos eso te crees tú! Mira cómo trata al macho patatas... claro que él lo merece, pero...

—Lo que decía, todos sois unos canallas.

—Yo no soy NINGÚN canalla, no has podido decirme hasta ahora como es que lo soy.

—¿Tú? ¡El PEOR de todos, mira como me tratas!

—¿Cómo te trato? ¡Debería empezar a tratarte de verdad mal para que aprendieras lo que es de verdad estar con un canalla! —amenaza. La chica abre la boca, incrédula con eso.

—No sabrías ni por dónde empezar a ser peor.

Romano se ríe, haciendo los ojos en blanco.

—¡Pero qué morro el tuyo!

—¿Morro?

—Sí, con lo bueno que soy contigo, y amable... ¡podría ser muchísimo peor! Podría... ¡podría ser como Austria! —bonito ejemplo. Ella levanta una ceja —. Y tratarte como mi esclava. Yo no hago esas canalladas, soy... más... atento. Eso es.

—¿Qué harías si fuera tu esclava?

—¿Si fueras mi esclava de verdad? Te pondría a limpiar el suelo con la lengua —enseñándome el culo, mira que listo.

—¿Lo ves? —se acomoda y estira un poco las piernas, invadiéndole—. Un canalla.

Él le mira el pie de reojo y la toma del tobillo con una mano. Le pasa un dedo por la planta con la otra.

—Hay otro problema con ese asunto... —le mira ahora a ella. España sonríe y se mueve un poco porque le hace cosquillas —. A ti... me parece que te gustan demasiado los canallas —murmura sonrojándose un poquito.

—Ah, ¿sí? ¿Eso crees? —se echa adelante, acercándosele.

—No es cuestión de fe —se encoge de hombros mirando la tele, soltándole el tobillo.

La española recoge las piernas y se arrodilla más cerca suyo, apoyándose en el codo sobre el respaldo del sillón y con estudiada postura casi metiéndole los pechos en la cara.

—¿Y de qué es cuestión?

—E-Es... —baja la vista, mira los pechos de reojo. Se mueve un imperceptible milímetro para que los pechos se le peguen un poco más —. Cuestión de que te-te... gustan.

—Sigo sin estar segura de eso —le toma un mechoncito de pelo, jugando a enrollarlo en sus dedos.

—¡Ah, ahora no estás segura de que te gusten los canallas! —levanta las cejas y se gira a mirarla moviendo la cabeza para que le suelte el mechoncito de pelo, más por molestarla que porque a él le moleste.

—De hecho, no. Ya estoy segura que no me gustan —sonríe mirándole a los ojos.

—Pues... no sé si mi fratello te recibirá en casa con tanta basura que tienes —señala alrededor y se encoge de hombros, frunciendo un poco el ceño. Le sostiene igualmente la mirada, pero le pone una mano en la pierna —, pero puedes probar.

—¿Perdona? ¿Me estás echando? —pregunta en un completo tono de coqueteo. El chico se sonroja un poco más aún.

—Como si fuera posible echarte... de haber sabido ya lo hubiera hecho hace años —asegura teniendo que girar la cara para no mirarla.

—Si me hubiera ido, hubieras venido corriendo tras de mí como desesperado —se acerca a darle un beso en la mejilla.

—¡Ah pero qué sucia mentira es esa! —protesta dejando que le bese aunque quitando un poquito la cara para que parezca que no quiere el beso. Se cruza de brazos.

—Ninguna, sé que lo harías porque en el fondo me amas —lo abraza y apoya la cabeza en su hombro

—¡Qué mentira! Io non ti amo!

España se ríe.

—De hecho por mi parte puedes irte hoy mismo si te parece que los canallas no te van —protesta un poco con las risas moviéndose para alejarse un poquito, ahora sí...

—¡Oh! ¿Y por qué no pruebas mejor a ser menos canalla y me quedoooo? —lloriquea un poco. Romano le vueeeelve a mirar de reojito y sonríe.

—¿Cómo te gustaría entonces que fuera? ¿Un pan dulce, suavecito y amable?

—Sí.

—No estoy seguro.

—¿Por qué no?

—Porque si fuera así todo suavecito, dulce y amable contigo no sería yo... sería justamente mi fratello —le mira con intensidad. España le mira también y niega con la cabeza porque sabe que le dan celos.

—Qué mala excusa, como si eso fuera lo único que os diferencia.

—Vale, olvida a mi fratello. Si fuera amable y dulce... no sería yo. Y aun así querrías que fuera más amable y dulce.

—Sólo un poquitooooo —junta el dedo anular y el pulgar mientras que el italiano hace los ojos en blanco.

—¿Y qué vas a hacer a cambio?

—Mmmm... No quiero limpiar el suelo con la lengua...

El menor levanta una mano y con cierta suavidad le suelta el pelo del moño en el que lo tenía amarrado.

—Eres una pervertida.

—Eso fue lo que tú dijiste que querías que hiciera, Signiore Italia.

Él se sonroja con la forma de llamarle, pero sonríe un poco y se muerde levemente el labio.

—Si no quieres lamer el suelo seguramente es que prefieres lamer otra cosa...

—Ah, ¿sí...? ¿Cómo qué? —ojos a media asta, se le acerca. Romanito le pasa una mano por el pelo y se sonroja un poco más pero le deja hacer.

—Tú sabrás en qué guarradas estabas pensando, como siempre, pervertida.

—Claaaro, como soy la única a la que va el rollo amo esclava...

—¡A mí no me va NINGUN rollo de esos! —protesta abriendo los ojos desmesuradamente y mirándola.

La morena se ríe y el triste sonrojo del italiano le delata.

—Claro que sí, venga... ordénamelo —susurra en tono sugerente. Él se humedece los labios.

—De-Desnúdate.

España sonríe un poco, le toma de las manos para que se las ponga en la cintura, bajo la camiseta... y luego se saca esta por la cabeza, dejando los pechos al aire porque no lleva sujetador en casa. A lo cual Romano debería estar acostumbrado... se arrepiente de la orden ipso facto.

—M-Más, signiore Italia? —pregunta parpadeando un poco y fingiéndose avergonzada.

Se le vaaaan los oooooojos. "¡Ha! ¡Canalla!" piensa España.

—Eh... ¿q-qué te he... dicho de... e-el sujetador?

—¿Qué me has dicho? —parpadea.

—¡Que eres una pervertida por no traer como si quisieras, yo que sé, seducirme todo el rato!

—Canalla, tú eres el que piensa en eso todo el tiempo, yo sólo voy cómoda.

—Eso no es ir cómoda, es... vas por ahí y se te campanea todo —y a mí me gusta y sólo busco pretextos para reñirte.

La chica da un saltito para que se le campaneen, sentándose sobre sus rodillas, sonriendo.

Spagnaaa! —las mira medio idiotizado por unos muy largos segundos y luego aprieta los ojos —. Vas a recibir un castigo por hacer eso.

—Ah, ¿sí? ¿Cuál?

—Acuéstate aquí en mis rodillas boca abajo, voy a darte unos cachetes.

—Mmmm... —no muy convencida, pero bueno. Romano inclina la cabeza porque bien que la conoce.

—Anda, ponte aquí —pide y la verdad suaviza un poquito el tono y se da unos golpecitos en las piernas.

Ella lo hace y el menor le pasa una mano suavemente por la espalda hasta la cabeza, acariciándole el pelo en la nuca. España le mira de reojo, haciendo al italiano sonrojar, bajando la mano hasta su culo que, desde luego, es un perfecto culo. Sonríe un poco humedeciéndose los labios.

Cuando nota que le mira piensa que podría bajarse las mallas y las bragas.

—¿Estás segura de que no te gustan los canallas...? —pregunta metiéndole la mano entre las mallas y el culo.

—¿Por? ¿Acaso planeas hacerme cambiar de idea?

—Me gustaría más hacerte confesar que sí que te gustan.

—¡No voy a confesar eso!

Romano se ríe y le baja un poco las mallas.

—¡No vas a confesarlo, eso quiere decir que si lo piensas y no quieres decirlo!

España... se ríe, qué más. El chico le mete bien la mano en el culo ya que está ahí y lo tiene tan a su disposición.

—¿Ya empiezas a estar de acuerdo y más dispuesta a confesar?

—No, vas a tener que insistir con eso —se le arquea la espalda porque bien que le gusta lo que hace —. De hecho, ni aunque sigas durante horas... una hora —aprieta las piernas y mueve los pies—. Tal vez c-cuarenta y cinco minutos... n-no voy a... confesar.

—Vale, vamos a ver entonces si aguantas diez minutos, no más... —le aprieta un poco el culo con una mano y decide que vale... le baja del todo las mallas.

—Desde luego que sí —carraspea intentando ponerse seria y hacer un esfuerzo con la tabla del veintitrés.

Repentinamente y sin que se lo pueda esperar, Romanito le da un cachetito suave en el culo. Aunque ya le debe estar arañando los tobillos a Romanito, así que puede que te entierre un poco más las uñas del susto.

—Auu! ¡Mira quién es la canalla ahora! —protesta un poquito.

—¡Me has asustado!

—Tú me has arañado...

—Ha sido del susto...

—Vale, vale... —otro cachetito.

Este la hace sonreír. Romano le acaricia un poco más el culo y le da otro, definitivamente más de juego que de otra cosa.

—Voy a hacerte una foto haciendo esto para que todos vean como me maltratas.

—Anda, ¿ese fetiche también? Vale, admito que soy un canalla —ojos en blanco, haciendo a la chica reír —. No te rías —se ríe dando otro cachetito y notando que se le pone algo rojita la zona.

—Pues no me hagas reír —se ríe igual.

—¡Como si fuera difícil hacerte reír, por dios!

—Romanitooooo —lloriquea.

—¡No me llames Romanito! —ahora uno un poco más fuertecito.

—¿Te pone más signiore Italia?

Él se queda un segundo callado y se sonroja porque sí le pone más signore Italia, sinceramente.

—Cállate tonta —protesta sin darle golpecito esta vez —. Anda, ya está el castigo, ahora vístete.

La morena se incorpora un poco y decide que no, no se vuelve a subir las mallas, en vez de eso, se desnuda del todo. Romano, que la mira de reojo, se sonroja más pero no la detiene, mirándola hacer... calladito. Mira que callar a un italiano es difícil, eh.

Cuando acaba de quitárselas con los pies, le mira directamente. Romano traga saliva y se pasa una mano por el pelo.

—¿Qué? —pregunta algo agresivo por los nervios.

—"¿Qué?" ¿Eso vas a decirme? "¿Qué?"

—¿Qué quieres que te diga? ¿Que qué guapa estás? —pregunta sonriendo de lado con esa cara de "¡Ha! He recordado que debo molestarte".

—Sería todo un detalle —se acerca y vuelve a sentársele en las rodillas. Él se sonroja.

—Tampoco voy a decir mentiras... —puntualiza pensando que, no puede decir entonces lo que realmente quiere que es que claro, que no se ve bonita ni guapa, se ve horrible y es una tonta... pero eso sería mentira.

—¿Me lo prometes?

—Ehh... —vacila porque no crean que no le pone nerviosito que esté sentada ahí como dios la trajo al mundo —. Sí.

—Entonces cuéntame en lo que piensas —manos al pecho, empezando a acariciarle.

—De... ¿de qué?

—De mí.

—Pues pienso que... estás desnuda.

—¿Y te gusta?

Sonríe un poco porque sí que le gusta... y se le van los ojos hasta el punto que tiene que agitar la cabeza.

—No, no me gusta nada —asegura mintiendo, desde luego.

—¡Prometiste no mentir! —protesta sonriendo y le da un empujoncito en el pecho en protesta.

—¿Y? Soy un canalla igual, ¿no? Puedo saltarme mis promesas como quiero —levanta las manos y se las pone en la cintura.

—Debería castigarte sin sexo hasta que aprendas a respetar a las mujeres —suelta pensando que la castigada va a ser ella, como ahora que aun no la besa y que seguro se encuentra a otra en lo que chasquea los dedos.

Romano mueve las manos hacia su abdomen y luego las sube un poco poniéndoselas directamente en los pechos. La mira a la cara. Ella le mira angustiada con eso de irse con otra y se le echa encima a besarle.

La besa de vuelta abrazándola de la cintura y subiendo la otra mano del pecho hasta su mejilla, sosteniéndole de ahí y haciéndole un cariñito como sabe que le gusta. Ella se calma un poco con eso, sin dejar de besarle.

Le acaricia más poniéndole suavemente el pulgar en los labios, aún besándola. Y termina por separarse un poco un ratito después.

—¿Todo bien? —susurra mirándola a los ojos.

La española asiente y sonríe un poco. Romanito se sonroja levemente y se mueve para recostarla boca arriba en el sillón a su lado. Se quita la polo que lleva mientras se mueve para colocársele encima con seguridad, pero sin mirarla de nuevo hasta que está acostado intentando no aplastarla del todo.

Ella se mueve con él y le toca la cara porque quiere que la mire a los ojos. El italiano le acaricia de nuevo la cara y le acomoda un poco el pelo, pensando que la muy... Tonta... Se ve guapísima. ES la mujer más guapa del mundo. Sin duda alguna. Le cuesta sostenerle la mirada con esos pensamientos.

—¿Me quieres?

Al chico se le cierra un poco la garganta y traga saliva. Le cuesta mucho más aún sostenerle la mirada porque siempre le parece muy difícil decírselo y admitirlo en voz alta. Pero... Ella parecía tan frágil e insegura y no había dejado de llamarle canalla e incapaz de tratarla bien. Ella DEBÍA saberlo, todo el tiempo y sin dudar, que él no sólo la quería más que nada o a nadie, sino que era la persona más importante en el mundo para él, era SU MUNDO.

Asiente levemente.

España sonríe un poco sin necesitar más que eso. Él se acerca a besarla con intensidad, deseando dejarle muy claro lo que realmente siente por ella. Queriendo hacer lo que ella hace cuando él tiene dudas, que es pasarle por encima como un huracán de fuerza devastadora.

Seguro lo consigues, Romanito. Malditos latinos.


Como mil años del último spamano. ¿Qué demonios nos pasa? ¡No olvides agardecer a Josita su beteo y edición!