A primera vista, Kozume Kenma podía parecer despreocupado, frío y apático. Hasta quienes le conocían podían creer que era alguna de esas cosas. Pero quienes realmente le conocían sabían que no era así. Se preocupaba mucho, quizá demasiado, y aquello le llevaba a prestar atención a su alrededor, a ser extremadamente observador. No era realmente frío, aunque le costaba ser expresivo con personas a las que no tenía confianza. Y cualquiera que le hubiera visto comprando un nuevo videojuego, o pasando en uno un nivel especialmente difícil, podía dar fe de que no era apático.

Pero en ese momento, en una situación como aquella, creía que esos tres adjetivos le describían perfectamente. Tenía una expresión completamente apática y su reacción parecía despreocupada y fría. Su constante observación no le había servido para prever aquello. Pero por dentro era la primera vez que sentía tantas ganas de gritar de frustración, de angustia.

—¿Entonces?

Kenma parpadeó un par de veces y le sostuvo la mirada. Kuroo esperaba una respuesta. Con su expresión ansiosa y postura tensa exigía una respuesta. Por desgracia, Kenma no podía darle ninguna.

—¿Estás seguro de que esto no es una broma? ¿No perdiste ninguna apuesta? —preguntó, intentando fingir tranquilidad con su tono de voz.

Kuroo realmente pareció ofendido, incluso más tenso.

—Sabes que no bromearía con algo así. No contigo.

Cierto, era poco probable, pero quería encontrar un modo de huir de aquella situación. Si fuera una broma, él podría enfadarse un rato con Kuroo y luego todo volvería a la normalidad. Si fuera una broma, él no sentiría tantas ganas de salir corriendo por el temor a las consecuencias. Si fuera una broma, su pecho no dolería tanto.

—Realmente no sé qué responder —admitió. Nunca antes se le habían declarado, y precisamente tenía que ser Kuroo el primero. Era su mejor amigo, siempre había estado ahí, y claro que le tenía aprecio—. ¿Qué se supone que responda en una situación así?

—Si sientes lo mismo. Si hay alguna posibilidad —respondió Kuroo con una leve irritación notoria en su voz.

¿Sentir lo mismo? Lo quería, pero Kuroo había dicho que él le gustaba. Eran distintos tipos de querer. Y a él nunca le había gustado nadie, sólo objetos, como las consolas y los videojuegos.

—Soy hombre, los dos lo somos —intentó huir nuevamente, mirando nerviosamente a su alrededor. ¿Por qué no llegaban los demás miembros?

—Lo sé. Pero a menos que me digas que te da asco, eso no es realmente un impedimento.

Kenma estuvo a punto de decirlo. Si no hubiesen sido los sentimientos de Kuroo los que estaban expuestos, lo habría dicho. Pero entonces Kenma lo miró y, a pesar de su altura, su amigo nunca antes había lucido tan frágil.

—Por favor, Kenma; no huyas. No de esto —insistió Kuroo.

Y con ello, él terminó por explotar un poco.

—No lo sé, Kuro. Nunca antes he pensado en el romance, ni con mujeres ni con hombres. No sé si alguna vez alguien me pueda gustar o si sabré darme cuenta cuando esto ocurra. No lo sé —repitió casi en un susurro.

La voz le había temblado casi desde el principio y las manos comenzaban a sudarle. Se las secó en el borde del suéter, pero no sirvió de mucho.

—Que no lo sepas no significa que no haya posibilidad, sólo que no has intentado. Si lo hicieras…podríamos tratar. Podrías darle una oportunidad a esto y sé que podría funcionar. Va a funcionar.

Kenma miró a Kuroo fijamente. Seguía tenso y algo serio, pero puedo percibir la esperanza. Y sólo por ello y su temor no se negó rotundamente.

—No quiero perder nuestra amistad ni…perderte a ti —murmuró.

Kuroo se acercó más a él y aunque Kenma ya no le estaba mirando la cara pudo notar que ya no estaba tan tenso por la caída más relajada de sus hombros. Su voz tampoco sonó tan molesta como antes.

—No me perderás, Kenma. Lo prometo. Yo tampoco quiero perderte a ti, pero…ya no podía guardármelo más. Me gustas tanto…—Kuroo exhaló y él sintió un escalofrío—. Pero prometo que me esforzaré en que no afecte negativamente nuestra amistad. Sólo déjame tratar. Y tú trata conmigo.

No, gritó una voz en su cabeza. Niégate. Huye. Es algo demasiado complicado y arriesgado. Sintió su cabeza doler y las ganas de gritar más a flor de piel.

Sin embargo, todo lo que pudo hacer fue desviar cobardemente la mirada y asentir, justo cuando Yaku y Kai entraban a la sala del club entre risas.

Kuroo se apartó y él por fin pudo respirar mejor, sintiendo el dolor en su cabeza y pecho disminuir. Esperó unos minutos, atento a la conversación de los de tercero a la que Kuroo se había unido con tono animado, y luego comenzó a cambiarse el uniforme por la ropa de práctica. Mientras lo hacía no pudo evitar mirar a Kuroo disimuladamente; se veía normal, como si nada hubiera pasado.

Pero algo en sus ojos, en su sonrisa, hizo que Kenma se preguntara si no acababa de cavar su propia tumba.