"Este fic participa en el minireto de abril para "La Copa de las Casas 2015-16" del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black."

Personaje: Nymphadora Tonks

Palabras: 400

Casa: Slytherin


Es bajito, tiene los ojos demasiado juntos y orejas de soplillo. Parece, a todos los efectos, un ratoncillo perdido. Una comedia con patas. Y aun así tiene la desfachatez de reírse de ella. DE ELLA.

Pequeña sabandija sin cerebro.

—¿Tus padres nunca te dijeron que no te querían y por eso te pusieron ese nombre? —sigue el mocoso, mofándose sin piedad. Nymphadora le mira de brazos cruzados, resistiendo los traqueteos del tren sin moverse ni un milímetro.

Sabe que su nombre no tiene nada de malo. Solo es un nombre más. Y, sin embargo, lo detesta. Le suena estrambótico incluso para ella. Le suena rimbombante. Le suena excesivo.

Le suena a realeza. Y no hay nada que Nymphadora Tonks odie más que los aires de aristocracia.

—¿Los tuyos nunca te comentaron que eran primos y por eso saliste feo y tonto? —replica, arrugando la nariz. Está molesta. MUY molesta. Quiere entrar en su maldito compartimento, pero ese renacuajo sigue en medio y no parece tener intención de marcharse. Sacude la cabeza y su pelo se vuelve rojo fuego. Los ojos del niño se iluminan de la admiración.

Ella le gusta. Eso está más que claro. Y lo único que se le ha ocurrido a ese pequeño Gryffindor para acercarse es… ¿meterse con su nombre?

Chicos. No hay quien les entienda.

Nymphadora bufa y le aparta de un empujón poco educado para descubrir a otro chico en la puerta del compartimento. Alto, delgado. Pelirrojo. De primer curso, casi seguro. Sonríe con picardía y sin vergüenza. Tiene una mirada inteligente y pecas cubriéndole la nariz.

—Tu pelo es impresionante —declara.

—Y eso que todavía no lo has visto de azul eléctrico —replica ella con rapidez. Peligrosa, burlona. Ignora al chico ratón que sigue apretando los labios detrás de ella. El color de sus cabellos se diluye y se vuelve castaño pajizo.

El niño de la puerta parece divertido.

—Eso tienes que enseñármelo… Por cierto, soy Robert Hilliard. Y tú te llamabas… ¿Nymphadora? —lo pregunta mirando al otro chico, que asiente en silencio con la esperanza de volver al juego. Pero el pelirrojo se gira de nuevo hacia ella y sonríe burlón (tiene el descaro de sonreír otra vez) antes de seguir—. Suena terriblemente cursi.

—Yo no me llamo así.

—¿Ah, no? —alza una ceja, escéptico—. ¿Cómo te llamas entonces?

Y ella apenas se lo piensa.

—Tonks —responde—. Llámame Tonks.