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Nekomatosos

Disclaimer: personajes no son míos

XIV. Un nuevo gato


Kuroo esperaba a Kenma con una sonrisa en la boca. Los rumores vuelan rápido, pensó Kenma, intentando mantener la compostura. No tenía que ser un genio matemático para deducir que su madre le había hablado a la madre de Kuroo respecto al citatorio con el profesor encargado de su salón, y todos los malentendidos que conllevó aquello.

—Así que te matricularán en un instituto femenino si te expulsan, ¿eh, Kenma-chan?

—No vuelvas a llamarme así en la vida.

—¿Todavía llevas las uñas de violeta?

—No sabes nada de colores. Esto no es violeta, es rosa pastel, y es mi color del mes.

—¿Color del mes?

—El horóscopo, ¿tampoco lo has leído? Quizá por eso no he podido removerlo, porque debo permanecer con este color todo el mes. Por cierto, tu color es el negro.

Kuroo se llegó a caer de la risa. Kenma sabía que, de ponerse a la defensiva, las burlas de Kuroo no terminarían nunca. En cambio, si le seguía la corriente, Kuroo sacaría toda su maldad a carcajadas, y una vez recuperado el aire, cambiaría de tema y seguirían adelante.

La práctica de vóleibol de la mañana no le pareció tan extenuante como en otras ocasiones. Aunque el beso marcado había desaparecido de la mejilla de Tora, era evidente que el chico no se había lavado la cara aquella mañana. Más que asquearlo, aquello conmovió a Kenma. Quizá los tóxicos de la manicura le habían afectado el área del cerebro conectada a la empatía… o quizá era enternecedor constatar que incluso Tora podía triunfar en el amor. Tora, quien no sabía nada de chicas, había recibido un beso del que presumir, y en parte gracias a Kenma. Se merecía una estrella por ello.

Al llegar a su salón, la chica Rizos ya no estaba allí. En honor a su memoria, siguió rasgando sus cuadernos para hacer pequeñas pelotitas que lanzó hacia su figura imaginaria. Mientras lo hacía, recordó aquella vez llegó a pensar que un monstruo habitaba en el interior de sus intrincados rizos, y que aquello le había asustado. Al finalizar de la mañana, los encargados de la limpieza de turno miraron con muy malos ojos a Kenma por el desastre que había dejado. Kenma decidió que tenía que conseguirse un nuevo pasatiempo o se llenaría de enemigos.

A la hora del almuerzo abordó a Tora, de camino a la cafeta. Kenma había traído comida preparada de casa, no así Tora. No porque no su madre no hubiese hecho, sino que el episodio del beso le había dejado tan distraído que olvidó su comida, su mochila de hecho, y solo había llegado con el bolso deportivo. Tampoco traía dinero para comprar algo, así que Kenma le entregó su propio bento y él en cambio se compró un sándwich de doble queso y anchoas.

—Es realmente tu favorito, ¿cierto?

—Es que el doble queso es el doble queso.

—¿Es la comida que más te gusta en el mundo?

Kenma lo pensó un momento.

—No… Aunque el doble queso es doble queso… el postre es el postre. Me gusta la tarta de manzana.

—Tienes razón, el postre es el postre. Pero yo prefiero el yakisoba-pan.

—¡Pero eso no lleva queso!

—¡El que hace mi mamá sí! ¡Y doble queso!

Fukunaga entró en el comedor en ese momento. Tora y Kenma intercambiaron una mirada.

—Deberíamos invitarlo a comer con nosotros —dijo Tora.

Deberíamos, dijo Tora. Por primera vez en mucho tiempo Kenma no alegó por el uso del plural apropiado. Agitó los brazos en el aire, intentando capturar la atención de Fukunaga.

—Vamos a tener que aprender a hablar lenguaje de señas. —Vamos. Esta vez fue Kenma quien se apropió de los plurales, y no se detuvo allí—: Kuroo puede enseñarnos. —Enseñarnos—. Así será más fácil cuando juguemos —JUGUEMOS— vóleibol.

—¡Juguemos! —gritó Tora—. ¿Pero entonces? ¿Se retiró de la música definitivamente?

—No sé, supongo… en realidad me refería…

Estaba pensando en partidos amistosos, pero no alcanzó a acabar la frase. Tora también agitó sus brazos al aire y Fukunaga, cuando reparó en ellos, llevó su bandeja hasta la mesa, y lo primero que hizo, fue estirar un dedo hasta la región amoratada en el rostro de Tora.

—¿Duele?

Tora negó con la cabeza, de pronto rabioso. ¡El desgraciado le había puesto los dedos justo donde, horas atrás, Rizos depositó sus labios!

Kenma, igual que Kuroo esa mañana, se cayó de su asiento de la risa cuando Tora puso aquel rostro de depresión. Fukunaga siguió pinchando la mejilla de Tora, ajeno al desastre. Kenma tuvo que reconocer que lo pasaba bien con ese par de idiotas. Y cuando finalmente encontró aire, intentó decir con mímicas:

—Vóleibol. Tú. Tora. Yo. Nosotros. Después de clases. ¿Vienes?

Fukunaga asintió con la cabeza, sin dejar en ningún momento de pinchar a Tora.

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Y los días continuaron en Nekoma.

Fukunaga se incorporó al equipo, en parte por curiosidad, en parte por los amigos, pero sea cual fuese su verdadera motivación, nuevamente decidió no escribirla en su papeleta de inscripción.

—Ustedes las nuevas generaciones son muy aprotocolares —gruñó Kuroo algo disconforme.

—Es una pregunta estúpida —terció Kenma—. Pongas lo que pongas, no interfiere en si eres aceptado o no en el club. Podríamos poner «porque soy un psicópata mata gatos», y seguirían aceptándonos.

—¿Podríamos? ¿Aceptándonos? Vaya, vaya, ¿desde cuándo eres tan fan de los plurales?

—Ya cállate.

El nuevo color del mes de los libras era el verde musgo, y si bien no se había vuelto a pintar las uñas, llevaba en la muñeca una cinta de ese color, un regalo de Tora. La de su amigo, quien era piscis, llevaba una cinta espliego; y Fukunaga, quien era libra, llevaba una cinta idéntica a la de Kenma.

Kuroo no quiso ninguna cinta, porque su color del mes era el fucsia y ese era un color demasiado brillante para él. Yaku (aries, color azul) no habría dejado de reír, y Kai (leo, color esmeralda) no habría dicho nada en su contra, pero tampoco lo habría apoyado. Definitivamente Kuroo no aceptaba la indiferencia.

Pensó que le causaría envidia el día en que Kenma, de hecho, depositara amistad en otras personas ajenas a él, pero no fue el caso. Debía de admitir que había hecho buenos amigos, y no tenía mucho sentido, pero se sentía orgulloso. Kenma interactuando con otras personas, buscando conversación por iniciativa propia, aceptando incluso cintas para su muñeca sin oponer resistencia, llenaba a Kuroo de ternura y alegría.

De todas maneras, no dejaba de llamarle la atención que aquellos amigos fuesen Tora y Fukunaga. Especialmente Tora, quien era bullicioso, muy espontáneo, y sacaba a Kenma de sus cabales a menudo. Fukunaga era un poco raro y creía que Los Sims Medieval era un buen juego, pero tenía olfato para el deporte y además sabía mucho de literatura rusa, lo que fue un inesperado descubrimiento para Kuroo quien no tenía a nadie con quien hablar de Dostoievski o Chejov o quienes fuesen sus favoritos.

Ni Kenma ni Tora lograban dominar el lenguaje a señas, pero conseguían tanto entender como entender a Fukunaga, y entre los tres terminaron creando una especie de idioma mixto, con mensajes de texto, mímicas, señas simples, y golpes ninjas por aquí y por allá.

—Al menos eviten de golpear a Tora en el ojo, o no se va a recuperar nunca de su lesión —Kuroo regañó un día a Kenma. El aludido le restó importancia.

Nah. Él piensa que funciona con las chicas, así que nos alienta para que lo hagamos.

—¿Y le funciona?

—No.

—Ustedes son unos idiotas. Eres consciente de ello, ¿cierto?

—No te oigo soy de palo tengo orejas de pescado.

Kuroo pudo replicar, pero prefirió no hacerlo. Le gustaba el nuevo Kenma.

—¿Y cómo van las cosas en tu casa? ¿Todavía te quieren matricular en una escuela femenina?

—Creo que lo olvidaron. Papá me compró una nueva consola portátil que es 3D, aunque subió el acuerdo de notas para el próximo año escolar. Mamá cambió el papel mural del salón por uno que al parecer se llama cerulean blue. Es un celeste. En realidad queda bastante bien.

—El próximo año escolar… ¿te imaginas cómo será eso? El, comillas "hermanito pequeño" de Alisa-chan aplicó a Nekoma, lo vi tomando la prueba, y al parecer fue admitido. Tendrás que ayudarme para reclutarlo al club de vóley.

Kuroo no se cansaba de reclutar jugadores para el equipo. Pero a Kenma le llamó la atención otra cosa.

—¿Quién es Alisa-chan?

—Ya te he hablado de ella antes. Una chica rusa. Iba en tercer año cuando yo entré a Nekoma, y tiene un hermano menor que mide casi dos metros.

—¿Entonces por ello aprendiste a hablar ruso? ¿No porque te gustara?

—¿Alguna vez me escuchas cuando hablo?

Aunque muchas cosas hubiesen cambiado en Kenma, otras tantas estaban destinadas a permanecer intactas. La amistad era una enfermedad, y todos ellos estaban nekomatosos.


Consejo final: admita los plurales en su vida.

Bien sea, esto ha sido todo. No es la historia de la vida, pero yo quería escribirla. Es cierto que pude haberme demorado mucho menos, y que si este iba a ser el objetivo, también pude sintetizar más. Fue una cosa espontánea y no lo pensé demasiado.

Algunos datos en plan Disco 2 de material inédito.

Rizos. En el colegio, una de mis amigas tenía una cabellera ridículamente crespa. Sentarse tras suyo en el aula era toda una experiencia, porque su cabello se desbordaba a tu mesa. Las clases más aburridas la pasábamos llenando su cabellera de papelitos. No me arrepiento de nada.

Kenma. En algunos aspectos me siento identificada con el Kenma del manga, aunque no en un 100% sin embargo, mientras escribía este fic, descubrí un viejo diario de cuando tenía máximo unos 16 años, y descubrí que, a esa edad, era idéntica al Kenma de este fic. Me dio vergüenza de mí misma.

Fukunaga. Es un personaje que llamó mi atención temprano, y me sentí identificada con él, por una cosa de presencia. A medida que se ampliaba su personaje fui ratificando esta idea. Pero cuando un personaje se parece a mí, en los fics siempre trato de alejarme, así que me fui por la vía extrema y lo dejé sordo. El canon finalmente se reveló en mi contra, y no me queda más que aceptar los hechos de que, aunque uno sea libra y el otro escorpio, nos parecemos.

Tora. Me cae bien también.

Ojalá nos volvamos a leer en el futuro. De momento, chao chao.

Japiera Clarividencia.