Disclaimer: Bleach y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Tite Kubo


«La sombra que me pisa los talones,

la sombra que no me permite avanzar.

¿Qué significa? ¿Quién es?

Diviso entre los bordes y sólo

veo calamidades, muerte... y me quedo

en la incertidumbre, atiborrada de lo ignoto.

¿Cuán espantoso puede ser el desequilibrio, el descontrol?»

Gene


Encuentros

Ғue como si algo me desprendiese de mí misma; pero sin dolor. Una fuerza mayor me alejó... y ahí estaba yo. parada, al lado de mi protector. Pero, ¿por qué me veo?, ¿por qué él sigue su mirada hasta donde...?

—Hisana. Mírate, a ti misma; no a lo que fue un molde donde tuviste que estar por hostigamiento —me dice Unohana.

Volteé hacia ella al tiempo en que lo dijo, fue entonces cuando caí en cuenta, de que yo, estoy aquí, a su lado.

Primero me miro, luego con detenimiento, volteo mis manos, miro mis brazos, el resto de mi cuerpo, no sé, pero me siento con un poco de plenitud. Mi ropa, la que hace un momento me puse, ya no está, ahora estoy portando una indumentaria completamente diferente; Falda blanca a la altura de los muslos, medias negras que enfundan mis piernas, camisa blanca, un abrigo abierto, completamente negro, al igual que las botas de combate que cubren mis pies y llegan hasta debajo de las rodillas.

Encuentro la mirada de Byakuya; intensa y sin dudas ante mí.

¿Es de esta forma a la que está acostumbrado a verme? Porque es lo que parece.

—Tu cuerpo, el real, en forma de alma —me dice Byakuya al tiempo en que mi cuerpo se aleja y asiente—. Este cuerpo lo dejaremos aquí, no sabemos si volveremos a necesitarlo pronto —explica breve.

Yo asiento sin saber del todo a qué se refiere.

Se coloca ante mí mientras Unohana sale de la habitación.

Cuando ella ha salido toma mi mano y vuelve a darme la Zanpakutō.

Esta vez es distinto, siento como algo fluye entre ella y yo. Y de pronto una imagen se hace presente en mi cabeza, y empieza a correr como una película en mi mente.


Estoy en entrenando con Yasashii... Yasashii... Yasashii...

Recuerdo cuando era sólo una Asauchi, y luego, cuando pude saber su nombre.

Sonrío ante esto.

Hisana. —Alguien me llama, es él. Ha venido a mostrarme cómo un shinigami hace una liberación perfecta.

Apareciendo de la nada, como suele hacer siempre.

Byakuya-sama, ha venido. Muchísimas gracias por tomarse el tiempo. —Digo con respeto.


Él estaba al tanto de que lo buscaban, hacía tiempo que los esperaba, al parecer al fin se habían decidido en ir por él, ¿qué es lo que había pasado para que lo buscaran ahora? Pudieron haberlo ido a buscar antes, oportunidades las hubo, sin embargo, tal parece que para ellos, éste, era el momento.

—Al menos hubiesen enviado a Zaraki. —Murmuró para sí mismo.

¿Cuál era el propósito de enviar cuatro tenientes y un solo capitán, cuando sabían perfectamente que él podía acabar con todos en un abrir y cerrar de ojos?

Se quedó parado en el mismo sitio donde estaba desde que los percibió; a la espera de lo que iban a hacer los Shinigamis.

El haberse fugado del Muken fue algo difícil, no imposible. Por razones desconocidas, él, de alguna u otra forma; nunca fue acechado para devolverlo a su aprisionamiento, al parecer había una razón importante para que dieran paso firme en ello.

Su enorme Energía Espiritual estaba contenida, y sabía que no necesitaba sacarlo a relucir con tan débiles sujetos.


Hitsugaya oteó el perímetro al momento de haberse detenido a una distancia considerable entre a quien buscaba y la suya misma. Detrás suyo le seguía su fiel y alocada teniente, quien portaba una ademán serio en su rostro; rasgo característico de ella cuando estaba concentrada o ocurría algo muy importante.

Tan distante como se podían interpretar sus distancias a nivel ocular humano; era algo entre lo metafórico y lo literal. Renji a la izquierda, Hisagi en la derecha y ellos al centro, ¿y el solicitado?; Escueto y tranquilo.

—Soy el Capitán Hitsugaya Tōshirō, he venido a... —Pero éste fue interrumpido con tan sólo empezar.

—Sé quién eres, al igual que los demás. Sé más de ustedes que ustedes sobre mí; para ser la primera vez que me ven —dijo el hombre de finos rasgos y mirada castaña totalmente serena.

—Cuando dices que sabes más sobre nosotros, ¿a qué te refieres? —Pregunta Hitsugaya.

—A su significado como tal, ¿acaso han venido y tengo que explicarles todo y cada cosa como a niños? Si esto es lo mejor que tiene el Seireitei, entonces han caído con gran velocidad cada peldaño.

Él no era de los que hablaba mucho, sin embargo ahora lo estaba haciendo.

—Un sujeto que traiciona y asesina a los suyos es una muestra del significado de la palabra bajeza, ¿no lo crees? —Lanza Hitsugaya y Matsumoto sigue la conversación como un partido de tenis.

El ex Capitán los mira a través de su rasgados ojos y en abrir cerrar de ojos hacer bajar a Hinamori y deshace con facilidad el kidō que empleaba; un juego de niños para él, para ellos un arte gracial que sólo Shinigamis con gran manejo de del arte como los integrantes de la División Kidō emplearían.

Una gota de sudor empezaba a formarse en la sien del Capitán de la Décima División, no obstante mantuvo la compostura al saber que la chica no estaba herida de gravedad.

—Ve y ayúdala, Matsumoto —ordenó.

Matsumoto asintió y fue hacer lo que su capitán le ordenó.

Hitsugaya notó que las vestiduras que llevaba eran similares a las de su gremio, pero que su abrigo en especie de gabardina y las otras prendas iban en opuestos de su color. Otra cosa que diferenciaba bastante eran las placas doradas bordadas en su cinturón, dejándoles claro su proveniencia noble.

Hisagi y Renji se habían acercado creyendo que al buscado se le había pasado por alto su presencia. Les demostró lo contrario.

—Antes que sigan con este acto tan absurdo, quiero saber el porqué de su repentina aparición ante mí. —Fue directo al tiempo en que paralizaba a ambos tenientes.

—Tú escapaste de tu celda, deberías estar en prisión...

—¿Pero?

—Necesitamos de tu ayuda —terminó Hitsugaya.

Quizá otro se hubiese carcajeado, pero no él, él no era de esos. Sin embargo le dio una mirada peculiar a Hitsugaya que sólo duró como de tres a cinco segundos.

Tan inteligente como fuerte y ágil es, teniendo en cuenta que es considerado un peligro a nivel extremadamente alto y era recluido en el Muken, éste dijo: —No tengo intención alguna de relacionarme nuevamente con ustedes, de hecho puedo volver por mí mismo si quiero a eso que ustedes llaman «Prisión de Alta Seguridad», así como también podría volver a enfrentarme a ustedes, pero no es lo que deseo sin embargo.

Tres nuevos reiatsus se hicieron notar, para así dejar ver tres ex líderes.

—Y supongo que ya sabes a qué tipo ayuda te pide la Sociedad de Almas —dice muy serio Urahara Kisuke caminando hasta colocarse frente a él.

Éste no responde o refleja ademán alguno por su llegada, y Urahara le da una mirada a Hitsugaya, quien se encuentra bastante descolocado ante su aparición.

—Tan sorprendente como parece, nosotros también tenemos razones para que —hace un gesto con su dedo índice y señala a todos en circulo hasta que llega a él mismo— esto se lleve a cabo.

—¿A qué te refieres exactamente? —Preguntó Hitsugaya.

Una mujer alta con rasgos felinos le respondió por Urahara: —A que a la Sociedad de Almas le conviene tenernos como aliados, así como a nosotros también, incluido a él. —Culmina haciendo gesto hacia el hombre de ojos rasgados.

—Entonces, ¿qué decides respecto a esto, Azashiro Kenpachi? —efectúa la Pregunta Urahara, directo.

—Sólo voy a hacerlo por mi propio beneficio. Y él pagará —dice éste en respuesta.

Todos y cada uno sabían el porqué la Sociedad de Almas necesitaba a Azashiro de su lado, así como también Urahara era imprescindible para librar aquella lucha, todos y cada uno tenían algo que aportar. Pero también, una razón por la cual aceptar; venganza es la palabra que claramente puede definir todo para el antiguo Kenpachi, pero para los tres que aparecieron significaba aclarar por completo hechos que los llevaron al exilio, y que el enemigo en común por fin pagase por sus crímenes: Justicia.

Hitsugaya se quedó sorprendido, pues la llegada de el ex Capitán de la Doceava División había logrado hacer lo que él se le había ordenando, que desde un principio se veía que no lograría llevar a cabo. A veces la sorpresas unen los tres tiempos: pasado, presente, y sin poder evitarlo, también el futuro.


—¿Qué sucede? —me pregunta mi protector al tiempo en que me sostiene para que no caiga al suelo.

Recordé. Algo muy nimio, pero a la vez muy trascendente.

—Byakuya-sama... —repetí y saboreé las palabras aún con la imagen del momento en mi cabeza.

Él se sorprendió, pues sus ojos se abrieron más de lo normal, teniendo en cuenta que no es muy expresivo.

—Hisana —me meció para hacerme volver—. ¿Qué sucede? Mírame —obedecí en automático y con el recuerdo pegado a mi cabeza.

—Tú, estabas ahí... fue algo corto —me enderecé y me levanté por completo al tiempo en que estudiaba su rostro y le dejaba saber sobre el hecho—. Pero entre ese breve instante sentí una gran conexión con ella —alcé la Zanpakutō que nunca solté—. De todos modos, si es verdad lo que me dijiste sobre el sueño que tuve por años, éste, es el segundo recuerdo que logro, y de alguna u otra forma siento que algo, no sé cómo describirlo, pero es como si estuviese ahí a punto de estallar porque a permanecido demasiado tiempo encerrado.

Dicho eso, no nos dijimos nada más. Le di un vistazo a los libros que estaban sobre la mesita de noche mientras que el que había estado leyendo permanecía sobre la cama. Y sería para después la lectura, pues al parecer algo valioso estaba en Kagamino-shi.


Es sorprendente el cómo ellos pueden desplazarse. Al principio pensé que aunque fuera volando —y lo pensé por lógica debido que son realmente ángeles— tardaríamos en llegar. Veintidós kilómetros, se podría considerar lejos. En cambio, en dos pestañeos estuvimos en el sitio. Según lo que recuerdo haber leído, esto debe ser el shunpo.

Al llegar una chica de mirada amable y cabello corto nos esperaba.

—Capitana Unohana —dijo saludando primero a mi ex-madre. Luego hizo un asentimiento casi en reverenciador hacia... ¿cómo debería llamarlo después de mi último recuerdo? Por ahora no lo decido—. Capitán kuchiki —llegó hasta mí y me dejó en la misma oración que a él —, Kuchiki-sama.

¿Kuchiki-sama? ¿A qué se debe tanta formalidad? Definitivamente, esto de no tener memoria es demasiado frustrante.

—Isane, ¿dónde están los demás? —Le pregunta Unohana.

Automáticamente oteo a mi alrededor, sin embargo no hallo a nadie. Luego, de manera muy rápida empiezan a aparecer unos tipos vestidos por completo de negro, también una chica baja con una mirada... ¿agresiva, petulante? Lleva el mismo atuendo que Hisana y él, pero su abrigo no tiene mangas, por lo que sigue pareciendo una gabardina, pero sin duda es destacable ante las de ellos, además de que, lleva vendas en las muñecas por encima del suéter blanco que está ceñido a su delgado cuerpo, así mismo también lleva vendas en las piernas que llegan hasta debajo de sus rodillas, luego unos tres centímetros y medio por debajo están su botas; se ve imponente ciertamente.

—Ya veo que nos adelantamos —fue todo lo que dijo Unohana a la chica Isane antes que ella pudiese responder.

—Hemos barrido todo el perímetro, pero no hay nada que demuestre que este es el lugar —dice la chica que acaba de aparecer.

—Este es el sitio, según se nos informó directamente del Departamento de Investigación y Desarrollo —argumenta Unohana.

—Pues espero que Kurotsuchi no nos haya hecho venir a nada. —Réplica la chica.

Me volteo hacia mi protector, quien permanece tranquilo pero sin duda analizando algo. Observo a los hombre de negro y no me queda duda que son una especie de luchadores; pues sus ademanes son bastante ágiles, y algo calculadores. La chica que llegó con ellos gira su mirada hacia mí por primera vez, y de pronto está frente mío con algo de molestia en su cara.

—¿Realmente es ella? —Pregunta mirándome.

—Lo es —dice mi protector interponiéndose y dándole una mirada letal.

Ella hace un casi imperceptible gesto en su boca, algo como una media sonrisa, sin embargo tan rápido como apareció se desvaneció.

—Bueno, si me quedaba alguna duda, con tus maneras territoriales ya me ha quedado claro que es ella —y claramente me di cuenta en que hizo ahínco en la parte final.

Quisiera saber de qué diantres hablan.

De pronto una gran energía se sintió.

—Al parecer empieza la actuación. —Dice la chica.

Se escucha algo como un rugido, y la energía se hace cada vez más fuerte, así mismo es como una presencia, y por primera vez desde que recuerdo no me siento indefensa.

De pronto el cielo empieza a agrietarse, se pone negro, es como si algo fuese a salir de ahí.

Sin que me lo espere, aparecen ocho personas en el lugar, reconozco a tres, los demás son completamente extraños para mí.

¿Qué hacen Urahara-san, Tsukabishi-san y Renji-kun juntos? ¿Desde cuándo se conocen? Y esas otras personas... ¿Quienes son?

Pero antes que pueda hacer voz alta alguna de esas preguntas, aparecen cinco enormes cosas que no sé ni siquiera cómo llamarlas. Salen de la ranura que se ha abierto en el cielo, ¿qué significa eso? El ambiente se siente pesado, aún así soy capaz de resistirlo. De pronto tengo destellos de varias luchas, a mi lado se encuentran varias personas, entre ellos mi protector, y de nuevo me escucho llamarlo Byakuya-sama. Definitivamente, el recuerdo se hace permanente, es así, yo lo llamo así.

—Bya. Ku. Ya. Sa. Ma —digo lentamente.

Él se voltea y me toma por la cintura, desaparecemos muy rápido, un flash que estoy segura que un ojo humano sería capaz de ver, justo en el momento en que desaparecimos una luz con poder se estrelló donde habíamos estado.

—¿Te encuentras bien? —Me pregunta.

Lo estoy, pues al menos tengo la certeza de que él jamás dejaría que me dañasen, es como si un hilo nos conectara, y no puedo negar el hecho en que cada segundo que pasa me hace sentir como si yo estuviera emergiendo, emergiendo de un sueño.

—Sí, ni siquiera nos tocó. —Digo, pero luego oteo al frente y hago un corto recorrido de derecha a izquierda.

Los demás también se encuentran bien, hay una cosa de esas evaporándose y las otras empiezan a retroceder por el agujero de donde salieron. Al parecer nadie desenfundó un arma, ¿entonces cómo es que una de esas cosas ya está vencido?

Esto es tan impresionante, no obstante no siento miedo.

Pero antes que pueda preguntarle a Byakuya-sama, qué acaba de ocurrir, una nueva grieta negra se abre en el cielo, sólo que esta vez no trae cosas gigantes consigo, sino personas, o al menos los más parecido.

Son cuatro, y reconozco de inmediato al que me atacó anteriormente en casa.

Aaroniero Arruruerie.

Sus acompañantes menos espeluznantes y más humanos físicamente, salen a su lado, en cuanto esto pasa me fijo en que los demás se han puesto en guardia. Byakuya-sama ha retirado su brazo de mí, pero si alguno intentaba hacer algo, quedó totalmente inmovilizado, pues una agresiva fuerza se hizo presente en el lugar, y para mayor impresión estaba justo en el grupo que llegó con Renji-kun y los demás. Cuando me fijé en el rostro de ese hombre no me cabía duda de su inminente poder, es como si brotaran por sus poros. Y empezó a temblar, como si fuera un terremoto, y se sentía tan aplastante.

Un grito de palabras resonó en el aire: —¡Basta, Azashiro, pones en riesgo el lugar y sus habitantes!


Él quería asesinar a esos bastardos, claro que quería, luego mataría al resto de ellos, pues faltaban varios, pero sobre todo, quería acabar con su líder. No le importaba lo que dijesen los Shinigamis, de todas formas él no tenía ninguna afiliación absoluta, si había aceptado ayudarlos era por conveniencia, jamás por respaldarlos en sí.

Continuará...


«Si no das un paso adelante, nunca se abrirá un camino.»

Satoru Fujinuma Erased


¡Hey! Cuánto tiempo, ¿eh?. Espero que les haya gustado y entretenido el capítulo, que su interés en este fanfic no haya disminuido ni un poquito, pues yo cada vez me siento más contenta de sacar un nuevo cap.

Hoy que estoy actualizando es el cumple de mi piña favorita, sin embargo acá le dieron un escarmiento xD, muchas gracias por sus reviews, amo cuando me dicen qué les pareció.

Hasta una nueva actualización.

Muchísimas gracias por leer.

Les saluda, Gene.