Disclaimer: ¡Nada me pertenece! Los personajes pertenecen a Marvel y la historia a MaverikFlame (esta es una traducción).

Y así llegamos, tras un año y dos días (jeezzz! ¿pueden creerlo?) al último capítulo de esta segunda parte. ¡Disfruten y perdón por la tardanza! Ya saben, shit happens :B!


Prioridades

El techo apenas era fascinante, incluso a la luz del día; pero Loki ahora lo observaba, como lo hacía tantas noches, mientras el resplandor de la ciudad proyectaba fuertes sombras sobre la superficie. Las sombras se movieron de un rincón del techo al otro mientras pensaba en cosas sombrías como el futuro.

Rodó sobre su costado para observar sombras diferentes.

Tony era peso muerto a su lado, la mitad de su rostro presionado contra su almohada, miembros arqueados y reclamando la mayor parte de la cama. Por primera vez dormía profundamente, ceño sin fruncir por el estrés de sus pesadillas, y aunque su aliento olía acre, era de sueño en lugar de alcohol.

Debería dejarlo tranquilo, debería estar agradecido de que Tony estuviera durmiendo bien por una vez, pero estaba cansado y aburrido. Se movió para golpear «accidentalmente» las costillas de Tony con su rodilla, golpeó nuevamente más fuerte cuando Tony simplemente resopló dormido.

El ojo marrón que no estaba presionado contra la almohada se abrió y parpadeó adormilado hacia Loki. Loki le sonrió dulcemente, disculpándose, como si no hubiese pretendido darle un rodillazo en las costillas.

Tony farfulló algo que podría haber sido:

—¿Por qué estás despierto?

Loki se encogió de hombros y murmuró:

—No puedo apagar mi cerebro.

Tony murmuró un «Mmm» y se volvió para encarar a Loki completamente, un brazo serpenteando por su cintura para acercarlo y abrazarlo como a un osito de peluche.

—Tu aliento apesta —gruñó Loki, y Tony rio y lo besó en respuesta (o en represalia), haciendo que el dios arrugara el rostro.

—Y ocupas la mitad de la cama.

Tony sonrió indulgentemente.

—Mhhmm.

—Y babeas mientras duermes.

Tony arqueó una ceja, aún sonriendo. Y luego la mano de Loki estuvo sobre su mejilla, palma suave contra barba áspera, y pensó en lo poco que todo esto realmente importaba porque un día ese lado de la cama estaría vacío y extrañaría todas las pequeñas cosas estúpidas que esta noche le sacaban de quicio.

—Deja de pensar —dijo Tony, acercando a Loki más a él. Y, mientras se encontraba rodeado por el aroma y el calor de Tony, decidió que este era el mejor consejo que había recibido en mucho tiempo. Cerró los ojos.


Loki pensó en aquella noche mientras miraba la pared, blanca y rígida y que no era más interesante que el techo cortado por sombras como las caras de un diamante. Deseaba poder recordar cómo olía Tony, pero el olor fuerte y estéril del hospital era en todo en lo que podía concentrarse.

«Un día» había llegado incluso antes de lo que un dios podía predecir, y Loki sintió un ligero temblor en sus dedos mientras golpeteaban contra su muslo.

—Te odio —le dijo a la otra persona en la habitación. Las palabras eran fuertes, escupidas como veneno.

Thor detuvo su caminar de un lado para otro, ojos abiertos y salvajes como un león enjaulado. Loki lo miró con hielo en sus ojos, tragando lo que se sentía como fragmentos de vidrio.

¿Cómo pudiste permitir que sucediera esto? —gritó Loki, y luego estaba golpeando a Thor —nudillos contra mandíbula, hueso contra hueso— en medio de lágrimas. Después sus brazos fueron sujetados en su pecho y costados, y la mancha musculosa delante de él olía a sudor y a cuero y a Thor, olía a casa y a familia. Luchó débilmente y maldijo mientras lágrimas resbalaban por sus mejillas, pero Thor lo sostuvo herméticamente, despiadadamente, y lo silenció, susurrando en asgardiano.

—Aún está vivo —le recordó Thor, una mano amplia acariciaba la parte trasera de su cabeza, la otra frotaba círculos por su espalda, y Loki golpeó su puño contra el pecho de Thor una vez más de puro rencor. Thor lo apretó más fuerte.


La última vez que Tony se había encontrado en una cama de hospital con un respirador metido por su nariz, Pepper había estado sentada a su lado, rostro pálido y rímel agrumado y corrido de tanto llorar. Casi lo había ahogado al abrazarlo cuando despertó, saludándolo con maldiciones y sollozos entrecortados.

Esta vez, Loki estaba sentado a su lado, y aunque su rostro estaba igualmente pálido y sus ojos igualmente ensombrecidos, no estaba llorando o arrojándose en sus brazos (se esforzó por desterrar de sus pensamientos la idea de Loki con rímel corrido). En lugar de ello el dios lo observaba fijamente, expresión hermética, con los brazos cruzados sobre su pecho.

Parecía molesto.

—Buenos días, cariño —dijo Tony, invocando su sonrisa más encantadora. Algo incierto destelló por los los ojos de Loki, pero sin duda aún seguía mirándolo ferozmente.

—Te daría una bofetada si no lucieras tan patético —contestó Loki, voz prosaica. Tony hizo todo lo posible por parecer avergonzado. Sabía que no debía tomárselo a pecho, ya que sabía que Loki debió haber estado sentado junto a su cama durante toda la noche.

El ritmo del monitor cardíaco era lento, mecánico y adusto. Las sábanas eran rígidas y ásperas bajo sus manos, arrugas austeras dividían la tela blanca en secciones rectangulares. Intentó suavizarlas con su mano, solo para mirar y parpadear ante las arrugas en su piel, que estaba manchada y –y arrugada.

Tony parpadeó y tragó saliva, pero Loki lo distrajo diciendo:

—Supongo que debería preguntarte cómo te sientes.

—Supongo que sí —dijo Tony con humor, uno que no estaba sintiendo. Su mente le daba vueltas mientras miraba su mano, tratando de recordar si algún episodio de House había tratado con casos extraños como este (esos eran todos sus conocimientos médicos). El ritmo del monitor cardíaco aumentó minuciosamente—. ¿Qué sucedió? —preguntó, apartando la mirada.

Loki estaba observándolo de una manera que hacía que Tony se sintiera desnudo, y no de la manera divertida. La mirada feroz fue sustituida por una más inquisitiva, casi preocupada.

—¿Qué recuerdas? —preguntó Loki suavemente.

—La tumba —respondió Tony, ceño frunciéndose—. Un montón de cosas antiguas, algunas trampas... Muy a lo Indiana Jones, por cierto.

Loki no sonrió, y la sonrisa forzada de Tony desapareció. Se aclaró la garganta torpemente.

—Activé una trampa accidentalmente. —Se encogió de hombros.

Loki apretó los labios.

—La trampa estaba maldita —dijo en voz baja.

Tony se encogió de hombros nuevamente, el gesto esta vez más exagerado.

—Sí, bueno, estoy bien, ¿cierto? ¿No pasó nada? —Determinadamente mantuvo su mirada fija en Loki para evitar mirar su mano nuevamente.

Tony sabía que eso era esperar demasiado, y su corazón se hundió ante la mueca en la que se torció el rostro de Loki. Pudo verlo tragar saliva y supo que esto no iba a gustarle.

—Tony —dijo Loki, inclinándose hacia adelante y sobre la cama. La silla crujió mientras se movía—. La maldición te envejeció cincuenta años.


Steve se acercó vacilante, manos en los bolsillos, mientras Loki salía hacia el pasillo, puerta cerrándose suavemente detrás de él. Los pómulos de Loki destacaban duramente contra sus mejillas y sus ojos hundidos.

—¿Cómo está? —preguntó Steve, voz y ojos llenos de simpatía. En realidad, todo esto era una extraña ironía —aquí estaba Steve, joven y vital cuando debía estar viejo o muerto, y ahí estaba Tony, que debería estar joven y lleno de vida pero— bueno.

La mirada penetrante en respuesta de parte de Loki no fue ninguna sorpresa.

—¿Cómo crees que está? —espetó el dios, pasándolo de largo.

—¡Oye, solo estoy tratando de ayudar! —respondió Steve, volviéndose para mirar la espalda alejándose de Loki.

Loki se dio la vuelta y regresó sobre sus pasos para encararlo.

—¿Ayudar? —gruñó, dientes apretados y ojos increíblemente verdes así de cerca. Steve dio un paso cauteloso hacia atrás y Loki lo siguió—. Un poco de ayuda habría sido maravillosa mientras ustedes, neandertales, estaban en esa tumba. Un poco de ayuda habría sido espectacular si tú o Thor hubieran podido llevar la delantera en lugar del único mortal en tu pequeño trío. Pero ahora es un poco tarde, ¡así que puedes agarrar tu «ayuda» y metértela por tu virgen trasero!

Loki se volvió y regresó por el pasillo, visiblemente furioso, y Steve lo miró, demasiado sobresaltado como para registrar ira o humillación ante las palabras del dios.


Resultó que envejecer era aterrador. Más aún cuando sucedía de la noche a la mañana.

Tony no estaba seguro de si reír o llorar al ver por primera vez su reflejo (corrección: al ver su reflejo por primera vez y darse cuenta de que era, de hecho, su reflejo). Puesto que no estaba solo, se decidió por una broma: «Mira a ese galán».

Steve había suspirado pero no lo regañó. Una sorpresa tras otra.

Pepper —querida, dulce, santa Pepper— lo había instalado en casa, había suavizado sus almohadas y traído su comida como una buena enfermera. Pero sus ojos siempre estaban apretados, huecos, y demasiado, demasiado afligidos cuando lo miraba, como si él fuera un perro al que amaba, pero que sabía tendría que poner a dormir pronto.

O un gato, supuso.

Se había vuelto hacia Loki ante aquel pensamiento. El dios nunca parecía alejarse demasiado durante estos días.

—Extraño tener un gato que me grite en las mañanas, sabes —dijo él, con los labios curvados en una sonrisa nostálgica.

—Lo siento —había contestado Loki—, ¿no te grito lo suficiente? Me esforzaré por hacerlo mejor.

Por la cansada cualidad de sus palabras, Tony sospechaba que tal vez ya habían tenido esta conversación antes. No podía recordarlo.

Loki dijo algo más, pero Tony no pudo entenderlo.

Podía notar que Loki se frustraba más y más (ambos lo estaban) cada vez que él volvía su oído hacia el dios y decía, «¿eh?». Había momentos en los que simplemente asentía y fingía como si hubiera escuchado lo que Loki (o Steve, o Pepper, o Bruce, o Rhodey) habían dicho.

Al menos las palabras de Thor siempre eran fáciles de escuchar.


Sus ojos siguieron a Loki por la habitación, deteniéndose solo cuando Loki se acomodó, sentado en la cabecera de su cama con otro libro pesado sobre su rodilla.

—Loki —dijo. Aún detestaba cuan ronca sonaba su voz, lo exhausto que le ponía el solo hablar.

Loki apenas lo miró antes de regresar a su libro, frente arrugada de concentración, líneas grabándose más y más profundamente con el pasar de los días. Si no le conociera bien, pensaría que también había sido impactado con una maldición de envejecimiento.

—Come tu pudín antes de que yo lo haga —dijo Loki serenamente, con una pequeña sonrisa.

Los labios de Tony se levantaron en una esquina automáticamente, pero mantuvo sus ojos fijos en Loki.

—Loki —dijo nuevamente—. Sabes que esto puede ser permanente.

Los músculos de la mandíbula de Loki revolotearon bajo la piel y parpadeó, pero no miró a Tony.

—El hechizo funcionará —dijo Loki, y Tony estaba seguro de que al dios le estaba costando conservar la firmeza en su voz. Sus verdes ojos observaron el libro como si quisieran quemar un hoyo en él.

—Lo mismo dijiste del último hechizo.

Tony tragó con dificultad y apartó la mirada antes de que el ardor en sus ojos se convirtiera en lágrimas. No quería morir todavía y —peor aún— no quería vivir otros diez o veinte años así, arrugado y débil —inútil— y el solo pensar en este siendo su destino al final, de una u otra manera, le hacía querer saltar de un edificio sin su traje. Tony Stark era un hombre definido por su juventud, doblemente, gracias a su amante-quizá-novio-eternamente-joven.

Loki cerró de golpe el libro como un niño petulante y se volvió para mirar por la ventana. A la luz de la mañana, Tony pudo ver el débil destello de lágrimas agolpándose en sus ojos, pudo ver la tensión en su mandíbula.

Funcionará —dijo Loki con los dientes apretados, lanzando una mirada sobre su hombro. Las palabras: «tiene que funcionar» quedaron sin pronunciar, pero Tony las escuchó bastante bien.

—Loki —dijo Tony nuevamente, y Loki cerró los ojos como adolorido—. Sé lo que estás pensando. De una u otra forma, hoy o en treinta años, está sería nuestra realidad. Mírame, por favor. —Su voz era dulce, pero había fuerza en su orden. Loki se volvió, ojos verdes duros, amurallados. Tony le devolvió la mirada y sonrió suavemente, tristemente—. No íbamos a durar para siempre, y lo sabes.

Treinta años no eran nada para Loki. El hecho de que estuviera esforzándose tanto por mantenerlo joven le decía a Tony cuan poco Loki quería esto, y no lo culpaba, no realmente.

La mirada de Loki perforó la suya, ojos verdes brillantes y astutos y comunicándole absolutamente nada.

—Así que esto es todo, ¿eh? —dijo el dios suavemente, y con su terrible audición, Tony tuvo que inclinarse hacia él para comprender las palabras—. ¿Las cosas empiezan a ponerse un poco complicadas, y entonces te rindes?

Tony frunció el ceño.

—¿Qué?

Loki se inclinó hacia él, ojos entrecerrados amenazadoramente.

—No he terminado contigo, Tony Stark —casi gruñó—, así que puedes tragarte lo que sea que vayas a decir. Voy a encontrar una manera de arreglar esto. Tu vida ya es patéticamente corta, y treinta años más es mejor que nada hasta que pueda... —interrumpió lo que estaba a punto de decir y se lamió los labios, volteándose.

—No quiero que te ates a esto —dijo Tony suavemente, mirando tristemente a su cuerpo postrado en la cama.

—Ya lo estoy —espetó Loki, arrojando el libro a la pila en el suelo.

Tony lo observó en silencio durante un largo, largo momento. Finalmente rompió el silencio con una pregunta evaluadora.

—Digamos que es temporal —dijo—, o que lo solucionamos, y envejezco nuevamente naturalmente... ¿entonces qué harás cuando llegue a ese punto?

Loki cerró los ojos, se pasó una mano por el rostro. No dijo nada.

—Esperaría que me dejaras, ¿sabes? —dijo Tony cuando el silencio se prolongó por demasiado tiempo—. O al menos lo querría. Lo entendería. Quiero decir, eres un dios, y yo solo soy...

—Oh, cállate, imbécil.

Tony parpadeó hacia Loki, quien ahora miraba hacia abajo, a sus manos cruzadas, ojos abiertos pero desenfocados.

Lentamente, Tony dijo:

—Lo haré si respondes la pregunta.

Loki hizo una mueca, pero respondió:

—Tus años son más preciosos que los míos. No voy a perder ninguno de ellos.

Tony examinó aquello, más lentamente que de costumbre, y al final movió la cabeza, confundido.

—¿Qué estás diciendo? —preguntó.

—Estoy diciendo que no te voy a dejar, maldito tonto. —Loki le lanzó otra mirada feroz, aunque carecía de intensidad. Se inclinó sobre Tony y le pasó una mano por el rostro mientras decía—: No me importa si estás viejo y arrugado o si ni siquiera puedes recordar cómo atar tus zapatos. Siempre y cuando una parte de ti permanezca, es mía, ¿entiendes? —Había algo oscuro en los ojos de Loki, algo desequilibrado que hizo que Tony recobrara el aliento, y en ese mismo momento lo comprendió: había una amenaza allí, pero por encima y más allá de eso, había una promesa.

—Por supuesto —contestó Tony, sin aliento.

Loki asintió, evidentemente apaciguado, y se volvió a sentar.


Durante el primer contrahechizo que Loki había intentado, Tony lo había visto con ojos reumáticos, conteniendo su entrecortada respiración y esperanzado. No había funcionado, y Tony se había hundido contra las almohadas y trató de no parecer tan destrozado como se sentía. Loki había maldecido pero le aseguró que había otros hechizos que podría intentar.

Durante el segundo contrahechizo, Tony estaba esperanzado, sí, pero receloso. Estaba decepcionado, pero no se sorprendió cuando no funcionó. Loki había estado tranquilo, muy tranquilo, con la mandíbula apretada de una forma que Tony sabía significaba peligro. Loki se había excusado cortésmente, y más tarde, Tony se enteró que había arrasado una arboleda en Central Park para desahogarse.

Durante el tercer contrahechizo, Tony se sentó educadamente, esperando que fracasara.

Naturalmente, ese fue el hechizo que funcionó.

Tony no lo había esperado, el calor que inundó sus extremidades, que estremeció su espalda y hormigueó por su piel y se instaló en la punta de sus dedos. Levantó la mano, observó el resplandor dorado de la magia curativa haciendo visible su esqueleto a través de su piel. Sus huesos, músculos y piel parecían estirarse y saltar, y Tony gruñó no muy adolorido mientras el resplandor curativo latía, menguaba y se desvanecía en la nada. La mano de Tony, su cuerpo, era nuevamente el suyo.

Dejó escapar un suspiro estremecido, solo entonces fue consciente de las lágrimas agolpándose en sus ojos. Parpadeó y miró hacia Loki, que lo observaba con ojos brillantes y atentos, el tomo antiguo de hechizos aún acunado en sus delgados dedos.

—Gracias —suspiró Tony, en parte a Loki, en parte como una oración a un Dios en el que no estaba seguro que creyera.

Los labios de Loki se torcieron en lo que podría haber sido el comienzo de una sonrisa y después estuvo nuevamente ocupado, cerrando el libro de un fuerte golpe y poniéndolo a los pies de la cama de Tony antes de acercarse a él y examinar sus manos, su rostro, inclinando su mentón en todas las direcciones y mirando sus ojos oscuros.

—¿Cómo te sientes? —preguntó Loki, largos dedos deteniéndose, examinando su garganta.

—Como nuevo —respondió Tony con una sonrisa torcida.

Después enredó sus dedos en cabello largo y negro y acercó al dios hasta él en un beso victorioso. Loki emitió un pequeño sonido de protesta, pero se dejó atraer y le devolvió el beso. Sus largos dedos se deslizaron hasta acunar la parte de atrás de la cabeza de Tony.

—Ahora —murmuró Tony contra los labios de Loki—, de verdad necesito estirar mis piernas.

Le guiñó un ojo antes de deslizarse de la cama, brincando y saltando en dirección a la puerta. Le dio una sonrisa burlona a Loki antes de doblar la esquina y desaparecer de su vista.

Loki sacudió la cabeza, sonriendo suavemente, agotado por el peso de su alivio.


Aparentemente, Tony decidió que la mejor manera de celebrar su recién descubierta juventud era con extraños, música fuerte y cantidades copiosas de alcohol. Loki tenía poca experiencia con cualquiera de estos, incluso Pepper le había entregado un trago colorido que «pensó que podría gustarle», y estaba agradecido, solo porque le dio a sus manos algo con qué ocuparse.

Observó a Tony con ojos antiguos, le vio reír, beber y sonreír, y pensó en lo que era y, peor aún, en lo que casi había sido.

La desesperación que había sentido era como caer del Bifrost nuevamente.

Observó a Tony y pensó en Idun y en sus manzanas doradas de la eterna juventud. Pensó que, tal vez, el tiempo de cautela y espera había terminado.

Tony levantó la vista mientras Loki tomaba un sorbo discreto de su misterioso trago, y sus ojos se encontraron a través del mar de rostros. La sonrisa de Tony se tornó suave, y Loki la imitó, mil pensamientos se comunicaron a través de esa única mirada.

Tony observó hacia un costado significativamente, y Loki siguió su mirada hacia el balcón vacío, apartado del caos del salón. Miró nuevamente a Loki, quien asintió y luego ambos se dirigieron hacia la puerta al balcón, convergiendo finalmente en el aire libre. Con la puerta cerrada detrás de ellos, estaban en otro mundo, los sonidos de la música y las voces amortiguadas por la pared incluso mientras el ritmo de los bajos seguía golpeteando en sus pechos. En la noche, el resplandor dorado de las ventanas de la ciudad era como estrellas fugaces y Loki buscó formas entre aquellas constelaciones.

Fue sacado de sus pensamientos cuando su trago fue arrebatado de su mano, y se volvió para ver a Tony bebiendo un sorbo del pálido líquido verde antes de hacer una mueca y devolverle el vaso.

—Ugh —gruñó, aún haciendo muecas—, ¿qué es eso?

—No tengo idea —respondió Loki sinceramente, ojos sonrientes mientras tomaba un sorbo—. Pero me gusta.

—¿Pepper? —preguntó Tony arqueando una ceja.

—Pepper —convino Loki.

Tony se acercó a Loki, apoyó la cadera contra la pared y miró hacia la ciudad.

Loki le dejó disfrutar de su silencio durante un largo momento antes de suspirar y preguntar:

—¿Me querías aquí afuera solo para poder probar mi trago?

Tony rio tímidamente y se frotó la nuca.

—Oh, tengo muchas razones para quererte aquí solo —dijo con un movimiento sugestivo de sus cejas—, pero... bueno. Cuando estás muriendo o piensas que podrías estar muriendo, eso pone las cosas en perspectiva, ¿sabes?

—Supongo que sí —respondió Loki neutralmente. Observó a Tony de cerca, lo observó nervioso, gesticulando de manera expansiva, como lo hacía cuando estaba incómodo. Nada ponía a Tony más incómodo que hablar de sentimientos, por lo que Loki se tragó su sonrisa y esperó a que continuara.

—Lo que dijiste —continuó Tony— sobre quedarte conmigo... ¿lo dijiste en serio? —Su mirada inquieta finalmente aterrizó en Loki y se quedó allí, ojos oscuros e intensos, exigiendo la verdad.

Ahora era Loki quien se movía incómodamente.

—Por supuesto —contestó, dedos dando golpecitos de manera rítmica contra su vaso y sintió los ojos de Tony fijos en él. Se volvió para ver a Tony sonriéndole, luciendo un poco presumido—. No es educado mirar fijamente, sabes —se quejó Loki.

Tony siguió sonriendo y mirándolo fijamente, probablemente bastante consciente de que estaba haciendo que Loki se sintiera incómodo.

—Entonces —dijo.

—¿Entonces qué…? —respondió Loki en el pesado silencio.

—Entonces planeas quedarte conmigo hasta que me muera —dijo—. ¿Incluso cuando esté viejo y arrugado?

—Especialmente cuando estés viejo y arrugado —respondió Loki con una sonrisa forzada—. Serás demasiado senil para recordar todas las cosas sucias que te haré.

Tony rio dulcemente, bajando finalmente la mirada. Loki siguió su mirada para ver su mano extendiéndose y luego envolviéndose, oscura y callosa, contra sus largos dedos.

—«Hasta que la muerte nos separe» y todo eso, ¿eh? —dijo Tony, observando la forma en que sus dedos se entrelazaban.

Loki alzó los ojos, mirada recorriendo la curva de media luna de los párpados caídos de Tony.

—Entonces podríamos hacerlo oficial, ¿no crees? —Los ojos de Tony se encontraron con los suyos nuevamente, iluminados por una sonrisa, pero cautelosos, esperanzados y vacilantes.

Loki parpadeó, examinando aquellas insinuaciones a medias.

—Tony Stark —dijo por fin, ojos entrecerrados— ¿te me estás proponiendo?

Tony se encogió de hombros, y ahora había más incertidumbre que esperanza en sus ojos, aunque la sonrisa seguía allí, su armadura invisible.

—Pensé que podrías ser una buena esposa trofeo, ¿sabes? —dijo—. Siempre y cuando conserves tu figura, por supuesto.

Loki sonrió y rodó los ojos.

—Excepto que yo no sería la esposa.

—Oh, vamos. Estoy dispuesto a admitir que te ves mejor en un vestido.

—Tú te verías horroroso en un vestido —convino Loki—, pero eso únicamente te hace una mujer horrible.

—Ouch. Las palabras pueden lastimar, ¿sabes?

Loki lo silenció con un beso. Incluso con un poco de lengua. Tiró su trago a un lado, despreocupado mientras el vidrio se hacía añicos contra el cemento, y la mano no entrelazada con la de Tony se enredó en su cabello.

—Está bien —respondió Loki—, pero no usaré ningún vestido.


Tony insistió en decirle a todo el mundo en ese mismo instante. Loki insistió en que esperara hasta que estuviera sobrio.

—Entonces estaremos esperando por siempre —contestó Tony, agarre aún hermético en la mano de Loki, más fuerte incluso mientras usaba ese punto de contacto para arrastrar a Loki detrás de él, de vuelta por la puerta hacia el ruido y la fiesta y a los cuerpos apretujados.

«Comprometidos» fue la palabra que Tony usó. Se sentía extraña en los labios de Loki mientras la repetía para sí, pero eso ya ni siquiera le importaba. Lo que importaba era Tony a su lado y cómo planeaba conservarlo allí. Lo que importaba era la gran sonrisa en el rostro de Tony y la forma en que se ampliaba y se iluminaba cada vez que se volvía hacia Loki.

«Ridículo» pensó Loki con afecto.

Ante la nueva de Tony, la masa de extraños ebrios emitió un grito de celebración, y los Vengadores presentes se quedaron boquiabiertos ante la pareja en lo que podría haber sido sorpresa u horror. Tony sonrió borracho hacia la muchedumbre reunida y dijo:

—¡Ahora pueden empezar la fiesta!


Mientras la música volvía a retumbar, Steve, Natasha y Clint se arremolinaron en un rincón aislado, manos y brazos extendidos en un gesto general de «¿qué carajo?».

—¿Estoy loco o esto hará que Loki herede todo lo que Tony posee cuando muera? —preguntó Clint, ojos todavía desorbitados—, ¿verdad? Por Dios, ¡sobrevivirá a Tony y se quedará con todo! ¡Estamos jodidos!

—Esto es solo el Tony ebrio hablando, ¿no? —preguntó Steve—. Despertará mañana y dirá que estaba bromeando ¿cierto?

—¿Deberíamos decirle a Fury? —preguntó Natasha.

—No le voy a decir a Fury —se quejó Clint.

El trío se quedó en silencio cuando Loki se acercó a ellos, llevando una bandeja con copas de champán. Le entregó las copas, y los Vengadores tomaron los tragos automáticamente, entumecidos.

—Beban —dijo con una dulce y enfermiza sonrisa—. Sospecho que lo necesitan. —Les dio una sonrisa más, una que decía que sabía algo que ellos no, y luego desapareció entre la multitud.

Los tres lo observaron durante un largo momento. Natasha miró su trago desconfiada, Clint se bebió el suyo de un trago, y Steve ni siquiera se mosqueó.

—Por lo menos, Bruce no está aquí para transformarse —señaló Clint con un encogimiento de hombros. Natasha sacudió la cabeza y también bebió su trago.

Pero entonces Steve volvió a observar a Loki más allá de la presión de la multitud. El dios estaba al lado de Tony, de espaldas a todo el ruido y la conmoción, sus ojos y su sonrisa suaves de una manera que Steve nunca antes había visto.

Steve todavía odiaba y desconfiaba de Loki hasta las entrañas, seguro, pero esa mirada...

Tal vez Thor tenía razón; tal vez Tony sacaba algo —si no bueno— por lo menos humano en Loki. Tal vez había algo allí que Steve no podía ver.

Tal vez…

Tal vez había cosas peores, decidió mientras los miraba a los dos. Brindó por ellos.


¡Y eso ha sido todo! —por ahora—.

A quienes me acompañaron en este nuevo viaje, a quienes soportaron pacientemente mis extensos periodos de tiempo sin compartir nada, a quienes siempre dejaron sus comentarios, a quienes agregaron la historia a favoritos... Muchísimas gracias. Disfruté un montón al traducir y compartir con todos ustedes esta segunda parte, espero que ustedes igualmente hayan disfrutado cada actualización. Por ahora esto será todo, nos leemos pronto —muy pronto, ya verán ;)— en la siguiente entrega.

¡Cuídense mucho y un abrazo!