Cuando supe de este reto, me sentí muy emocionada *_* Sirius y Remus eran, son y serán mis baes forever, y la vida de los Merodeadores siempre me ha parecido un universo que no se desarrolló lo suficiente en los libros (¡exijo una saga SOLO para ellos!). Evidentemente, yo no soy J.K. así que no sé hasta qué punto habré conseguido plasmar la vida de estos cuatro locos, pero no soy yo quien debe juzgarlo ;)

DISCLAIMER: Todo lo reconocible pertenece a J.K. Rowling, el resto es mío.

AVISO: Este fic participa para el reto especial de aniversario "Lo bueno viene de a cuatro" del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.

Este fic va dedicado, como siempre a mis Dramioners & OYP's, y especialmente a mi beta Gizz Malfoy Granger.


TRAVESURAS FALLIDAS

· James Potter ·

James Potter levantó una mano temblorosa. La profesora McGonagall enarcó una ceja y miró al Gryffindor de séptimo curso por encima de las gafas.

—¿Sí, señor Potter?

James fingió un escalofrío.

—¿Podría… podría ir a la enfermería, por favor? —dijo con voz temblorosa—. No me siento muy bien.

Se oyeron algunas risas sofocadas en la clase. James miró a su derecha, donde Lily Evans se sentaba con otra chica de Ravenclaw. La pelirroja le lanzó una mirada de reojo y puso los ojos en blanco. Todo el mundo sabía que James Potter nunca tramaba nada bueno. Solo podían esperar para saber de qué se trataba aquella vez. Y los profesores también lo sabían.

Minerva McGonagall se cruzó de brazos y lo miró con escepticismo.

—¿Qué le pasa?

—¿No es evidente? —Sirius, que se sentaba a su lado, tocó la frente de su amigo con el dorso de la mano—. ¡Está ardiendo! —exclamó. Cuánto le gustaba a Sirius hacerse el dramático. James estuvo tentado de propinar un codazo a su amigo, sin embargo, se mantuvo fiel a su papel de enfermo terminal.

—Por favor, profesora McGonagall… —Se levantó con (aparente) dificultad—. Por favor… —Puso la carita de cachorro desvalido que había estado ensayando esa misma mañana delante del espejo.

La profesora seguía sin parecer convencida. Durante lo que pareció una eternidad, se quedó mirando a James con esos ojos verdes que parecían saberlo todo. Finalmente suspiró y James supo que había triunfado.

—Bien, pero lo quiero de vuelta en diez minutos. —Señaló a James con el dedo, dejando claro que hablaba muy en serio.

James se encaminó hacia la puerta con pesadez cuando la segunda parte de su plan se puso en marcha. Oyó una silla arrastrarse por el suelo.

—Será mejor que vaya con él…

—¡Ni se le ocurra, señor Black! —exclamó McGonagall.

‹‹Mierda››, pensó James. ‹‹¡Mira que se lo dije! Deberíamos haberlo intentado en la clase de Flitwick››. McGonagall era un hueso duro de roer.

—Vuelva a su sitio ahora mismo —profirió la mujer entre dientes.

—Pero… Pero… ¿Y si le pasa algo a James? —Sirius se llevó una mano al pecho. James puso los ojos en blanco. El moreno era el rey del drama—. ¿Y si se desmaya por el camino y se da un golpe en la cabeza? Pobre, mírelo —James volvió a su cara de enfermo desvalido—, ya tiene bastante siendo como es. ¿Se imagina a un James Potter aún más estúpido?

Si no fuera porque pondría en peligro su plan genial, ya hubiera tirado una silla a la cabeza a Sirius.

McGonagall se llevó dos dedos al puente de la nariz.

—Bien —accedió finalmente. Sirius esbozó su famosa sonrisa, esa que traía locas a todas las chicas del colegio (y seguro que también a unos cuantos chicos). Se acercó a los dos chicos con los ojos entrecerrados—. Pero como me entere de que han parado de camino a la enfermería, aunque sea para atarse los cordones de los zapatos, me encargaré personalmente de castigarlos tanto tiempo que sus hijos tendrán que acabar el castigo por ustedes, ¿Entendido?

—Entendido —afirmaron al unísono, completamente serios.

Sirius sujetó a James por los brazos y lo ayudó a salir de clase. En cuanto estuvieron en el pasillo, los dos amigos sonrieron y chocaron esos cinco.

—Por los pelos, ¿Eh? —James se pasó una mano por el pelo revuelto.

—Nah —desdeñó Sirius con un movimiento de mano—. Ya me había ganado a Minnie, pero se hacía de rogar.

James puso los ojos en blanco.

—Canuto, aunque parezca increíble —Cogió a su amigo por los hombros y lo miró fijamente a los ojos—, no todas las chicas del colegio se mueren por ti.

—Perdona. —Sirius lo miró con expresión dolida—. ¿Estoy yo aquí jugándome el cuello por ti y tú pones en duda mi sex appeal?

James soltó una carcajada.

—Venga, que no tenemos todo el día.

~~~ · · · ~~~

James dio un paso atrás y miró el resultado de su fantástica idea con gesto satisfecho. No podía haberles salido más perfecto ni estando el mismísimo Remus (que era quien lo había diseñado) allí.

Sirius apoyó un brazo en su hombro. Los dos amigos sonrieron.

—¿Sabes que van a castigarnos por esto, verdad?

James enarcó una ceja.

—¿Debo recordarte que eres un maldito sinvergüenza?

Sirius se encogió de hombros y esbozó una de sus sonrisas más rebeldes.

—Es verdad, pero mi belleza ultraterrena lo compensa todo.

—Tus gilipolleces tampoco son de este mundo —replicó James en tono mordaz. Miró su reloj—. Vámonos; no quiero cabrear a Minerva.

—¿Más de lo que debe estarlo ya? ¡Imposible!


Un review sería más que agradecido :)

MrsDarfoy