¡Buenas! Vengo con un nuevo fic que ha sido todo culpa de mis queridas amigas, que les dio por pensar y maquinar y me dejaron el marrón. Aunque en el fondo la idea me encantó tanto que acto seguido mi cerebro se puso a maquinar XD Así que nada, espero que os guste esta locura que tengo entre manos (que aún no está acabado). ¡Ah! Y sobre todo un GRACIAS enorme a mi amiga Sonia, por aguantarme, por ser mi editora, por darme tantísimas ideas. ¡GRACIAS!

¡Ah! Y me haríais inmensamente feliz si me dejáis algún comentarios sobre qué os está pareciendo, que ya sabéis que eso a los "escritores" (porque yo sólo soy una amateur) nos encanta y nos anima muchísimo a seguir con ello.

Después de todo lo que había ocurrido, Daisy necesitaba un descanso. Empezar de nuevo, alejarse de su equipo y de todo lo que ello conllevaba. Había pasado un mes desde que todo el asunto de Hive hubiese acabado, pero ella lo recordaba como si fuese ayer. Era imposible sacárselo de la cabeza.

Estar bajo la influencia de Hive había sido una de las peores cosas que le habían ocurrido, y eso que la lista no era para nada corta. Había utilizado sus poderes para hacer daño a las personas que más quería pese a que tiempo atrás se prometió a sí misma que únicamente los usaría para hacer nada más que el bien, para proteger a la gente.

Pero lo peor de todo es que por su culpa Lincoln había muerto. Su amigo, su novio, su mentor cuando estuvo en Afterlife. Había muerto intentando protegerla de sí misma, intentando salvarla de las garras de Hive y ella no le había dejado. Por ello se sentía la peor persona del mundo. Bien era cierto que ella no tuvo nada que ver directamente con su muerte, pero eso le daba igual. Él ya no estaba y no podía más que culparse.

Si no hubiese caído en el engaño de Hive, si hubiese escuchado a sus amigos en lugar de seguir con aquel monstruo que sólo quería el fin de la humanidad, si no fuese una inhumana... Si... Pero ya no había nada que hacer, simplemente empezar de nuevo o al menos estar lejos de todo y de todos el tiempo suficiente como para recuperarse y volver a ser la que era.

Por eso mismo se había mudado a una ciudad llamada Star City, no por nada en concreto, simplemente había cogido un mapa, cerrado los ojos y señalado ese preciso lugar.

Ya llevaba allí una semana y la verdad es que ese sitio no estaba mal. Todos los días se levantaba pronto, se vestía, salía a correr y después se tomaba un café frente al hotel donde se hospedaba. Se había convertido en una rutina.

Un día iba por la calle tan absorta en su teléfono móvil mirando alquileres de piso cuando se chocó con alguien, notando cómo un líquido caliente empapaba su ropa.

- ¡Ay, dios! ¡Lo siento!

Al levantar la vista, sobresaltada, vio que se había topado con una chica rubia, a la cual le había tirado todo el café por encima, manchándole el abrigo y el vestido que llevaba debajo.

- ¡Dios mío qué desastre! ¡De verdad que lo siento mucho! - Se disculpó Daisy.

- Tranquila, no pasa nada. - Dijo la rubia mientras se sacudía las manos, mojadas por aquel líquido marrón. - Yo tampoco iba mirando por donde iba.

- Espera... - Metió la mano en el bolso y sacó un pañuelo de papel, para ayudarle a secarse la prenda de abrigo.

- No te preocupes, de verdad. No es como si fuese a una reunión importante. - Se rió.

- Oh, por dios, dime que estás bromeando y que de verdad no tienes una reunión.

- En realidad sí la tengo, pero no pasa nada. - Le sonrió y tiró lo que quedaba de café a la papelera que tenía más próxima.

- Déjame al menos que te invite a otro café. - Le pidió - Es lo mínimo que puedo hacer después de ser la causante de semejante desastre. - Señaló el abrigo de la chica.

- Nunca le diré que no a un café. - Rió - Soy Felicity. - Le tendió la mano.

- Skye. - Le sonrió.

- Encantada. - Se puso a su lado y comenzaron a andar. - Bueno, ¿y qué es lo que te tenía tan interesada? - Señaló el móvil.

- Oh - miró su teléfono y luego lo guardó en uno de los bolsillos de su chaqueta de cuero - estaba buscando un piso. Acabo de mudarme a la ciudad.

- ¿Así que eres nueva? - Levantó las cejas - ¿Y qué te trae por aquí?

- Espero que un nuevo comienzo.

Ambas chicas entraron en la cafetería que tenían a su izquierda. Se pusieron a la cola para pedir las bebidas.

- ¿Una mala experiencia?

- Pésima. - Se limitó a contestar.

- ¿Un chico? O una chica. Que no quiero presuponer nada porque seas una mujer. Que ahora mismo no es nada raro que haya parejas de chicos o de chicas. - se puso a gesticular con las manos - De hecho uno de mis amigos está casado con un hombre y otra de mis amigas estuvo saliendo con una mujer y... - Vio la cara de sorpresa que tenía Skye - y será mejor que me calle.

- Eres muy adorable - Se rió. - Y sí, en parte tiene que ver con un chico, pero es mucho más complicado que eso y... - Pero Felicity la cortó.

- Y no quieres hablar de ello y mucho menos con una desconocida a la que, literalmente, has conocido hace unos quince minutos. - Dijo de manera comprensiva.

Daisy le sonrió tímidamente a modo de respuesta. Antes de que pudiese añadir algo más les tocó pedir sus cafés. Como Daisy había sido la culpable de que Felicity no se tomase su café mañanero, insistió en invitarla. Ambas mujeres cogieron sus respectivos vasos de cartón y se fueron a sentar en una de las mesas.

- ¿Seguro que no tienes prisa? - Preguntó Daisy, algo agobiada.

- Tranquila, he salido con tiempo y además pueden empezar sin mí. - Le dio un sorbo al café. - Es lo que tiene ser tu propia jefa, que no te pueden despedir... - Se quedó un instante pensativa - Más o menos...

- ¿Tienes una empresa, o algo? - Agarró el vaso con ambas manos, sintiendo el calor que emanaba de él.

- Algo así - sonrió de medio lado - soy la CEO de Palmer Tech.

- ¿Palmer Tech? - Frunció el ceño - ¿Te refieres a ese edificio enorme con unas letras tan grandes que podrían verse desde el espacio? ¿ESE Palmer Tech?

- Cuando lo dices así suena mucho más importante de lo que en realidad es. - Se mordió el labio inferior.

- Es que por lo que he podido oír en el tiempo que llevo aquí ES realmente importante. - Dijo evidente. - ¿Has montado la empresa con tu marido?

- ¿Mi marido? ¿Ray? Oh, no, no - negó con la cabeza. - Sólo somos amigos. Quiero decir, estuvimos saliendo y eso antes de que muriese en aquella explosión - Daisy abrió mucho los ojos - pero cuando volvió de entre los muertos acordamos que seríamos amigos.

- ¿Volver de entre los muertos?

- Es una larga historia - hizo un gesto con la mano - La versión corta es que en realidad consiguió sobrevivir a la explosión y todo eso y... - Se pensó dos veces antes de hablar demasiado - Bueno...

- Y que no es una historia como para contarle a una desconocida - le dijo lo mismo que Felicity le había dicho antes - lo entiendo.

- A todo esto, ¿mi marido? ¿Por qué has pensado que estaba casada? - Preguntó con curiosidad.

- Bueno, lo he supuesto por el pedazo pedrusco que tienes en el dedo. - Le señaló el anillo que tenía en su dedo anular.

- Oh, sí, claro - se rió - ¡Qué tonta! - Instintivamente tocó su anillo. - Pero no, de momento no estoy casada. - sonrió. - Bueno ¿y tú a qué te dedicas? - Se llevó el vaso de papel a los labios.

- ¿Yo? Eh...

Evidentemente no podía decirle la verdad. ¿Qué iba a contarle? ¿Que era una inhumana que estaba en una organización secreta del gobierno y que además antes de eso era una hacker?

- Ordenadores. Se me dan bastante bien los ordenadores. - Respondió, implorando porque no le preguntase mucho más por ello.

- ¿Fuiste al MIT?

- Eh... No. - Negó con la cabeza - He ido aprendiendo yo sola. Supongo que es algo que llevaba en las venas. - Se encogió de hombros.

- Yo también. – Le sonrió. - Solía montar ordenadores con mi padre cuando era pequeña.

Antes de que ninguna pudiese añadir algo más, el móvil de Felicity comenzó a sonar. Ésta miró la pantalla y se apresuró a contestar.

- ¿Sí? - Dijo con su voz cantarina. - Sí, sí, estoy de camino. Es que el tráfico ahora mismo es una locura. Sí, ve preparando todo. - Se quedó un instante en silencio, escuchando a la persona que estaba al otro lado del teléfono. - Vale, sí. Estupendo. - Miró a Daisy y le sonrió. - Bueno pues si se están poniendo nerviosos que se relajen, que sólo llego tarde... - Miró el reloj del móvil. - media hora... Ajá. Sé muy bien qué nos estamos jugando. - Jugueteó con el vaso de cartón. - Sí, hasta ahora. - Colgó el teléfono.

- Tienes que irte, ¿verdad? - Le sonrió.

- Así es, al parecer no pueden empezar una reunión sin el CEO. - Dijo despreocupada mientras se levantaba y se ponía el abrigo.

- Siento haberte entretenido y... bueno, haberte manchado. - Le señaló la ropa.

- Nah - hizo un gesto con la mano de forma despreocupada - No te preocupes. Ha sido una mañana realmente interesante. - Sonrió de lado a lado. - Dame tú teléfono. - extendió la mano y Daisy se lo tendió. - Así si necesitas algo, un recorrido turístico por la ciudad, alguna pregunta sobre qué apartamento escoger o simplemente una amiga para hablar me tendrás al otro lado con una simple llamada.

Felicity le devolvió el teléfono y Daisy se lo guardó de nuevo en la chaqueta de cuero, mientras la rubia seguía adecentándose para irse.

- Ha sido un placer que me tirases el café encima - Bromeó.

- Lo mismo digo. - Se rió. - Creo que debería hacerlo más a menudo si es que todos son como tú.

Ambas se sonrieron y antes de que Felicity desapareciese por la puerta se despidieron con la mano.

Daisy se recostó en el asiento y agarró el vaso de cartón con ambas manos. La verdad es que esta era la primera vez, en todo lo que llevaba allí sola, que hablaba con alguien. Bueno, había hablado con gente, sí, pero hola y adiós con el personal del hotel o con algún camarero para pedirle un café.

En realidad era más bien la primera vez que hablaba o más bien conversaba con alguien que no tuviese nada que ver con su vida anterior, que no supiese todo lo que había hecho en el pasado o que tuviese que ver con toda aquella loca vida que es la de los espías.

Daisy volvió a coger su teléfono móvil y siguió repasando los apartamentos que había guardado en favoritos. Tenía dinero ahorrado pero si no quería gastarlo todo debería pensar en buscar también trabajo pero, ¿de qué? En realidad no tenía un currículo como todo el mundo. No podía probar sus habilidades, pero era muy buena con los ordenadores y además ahora tenía que añadir a la lista el combate cuerpo a cuerpo.

Quizá podría empezar en el sector de protección privada, aunque eso significaría volver a la tensión que tenía cuando trabajaba para Shield, así que igual eso lo dejaba como segunda, o mejor, como última opción.

Se incorporó un poco en el asiento, echándose hacia delante, y se quedó con la mirada perdida hacia el mostrador cuando algo llamó su atención. Un cartel, concretamente uno que ponía que se necesitaba camarero... ¿Y si probaba? No podría ser muy difícil, además antaño en el Bus se dedicaba a preparar café para su equipo, y además muchos adolescentes solían hacer ese trabajo como manera de sacarse un dinero extra. Daisy se llevó una mano a la barbilla, pensativa.

Sí, podría al menos intentarlo. El que no apuesta no gana, así que quizá, de momento, esta era una forma de ganarse la vida, una completamente distinta a sus otros dos trabajos como hacker y como espía. Así que se terminó su café, se pasó la mano por el pelo, se aclaró la garganta y fue derecha a buscar al encargado.

¡Muchas gracias por leer!