DECLAIMER: Como saben ninguno de los personajes de el magnífico anime y manga Soredemo sekai wa utsukushi, me pertenece, pero la historia es totalmente mía, y cualquier tipo de plagio está prohibido.

********AMANE2306********

UN SUSPIRO DE LIBERTAD

CAPITULO 44

Camine por la acera de una de las calles de Ginza, normalmente estaría rebozando de gente, y más un sábado por la tarde. Pero al parecer el fuerte frio con lluvias logro espantar de las calles niponas a las personas que prefirieron pasar el fin de semana en familia. Aferre mi paraguas rojo y me reajuste la bufanda rosa mientras intentaba soplar aire cálido en mis manos cubiertas por impolutos guantes blancos. Gruñí al ver mi labial rosa tatuado en la límpida prenda y tuve que dejar de intentar entrar en calor. Llevaba una fina capa de maquillaje que me puse con algo de desgana intentando cubrir las ojeras por la falta de sueño. No había dormido bien desde que él se había ido, y de eso hacía ya casi un mes.

Mire los escaparates casi por reflejo, los colores y las luces llamaban a cualquiera que pasara por ahí a mirar lo que ofertaban. Apenas y le di una repasada a los productos y apure el paso mirando rápidamente mi reloj, llevaba diez minutos de retraso, y todo porque Neil había considerado necesario ir en velocidad "tortuga" para prevenir cualquier accidente a causa de la lluvia. No es que lo culpara o me importara poco su preocupación, es más, no diría nada si no fuera porque él se había estado preocupando demasiado "exageradamente" cuidadoso y protector con ella, como si Livi hubiera tomado posesión del alma de Neil.

Aun recordaba a Neil tocando la puerta del baño cada tres minutos preguntándome si estaba bien, si no me había resbalado en la ducha, si no estaba muy caliente el agua, o si me sentía débil y necesitaba ayuda. Era realmente una preocupación muy paternal, pero tuve que gritarle "pervertido" un par de veces para que me deje en paz, y Neil se limito a tocar la puerta solo cada cinco minutos.

Pase delante de algunos restaurantes conocidos y vi como supuse pocos comensales que mas que parecer encantados con reunirse allí, parecían haber entrado solo para resguardarse del frio. "¿También que personas saldrían en ese clima?" por supuesto yo era una de ellas, si no fuera así, quien sabe cuándo podría salir de aquella casa que solo me recuerda a él.

Detuve mi andar cuando al fin pude reconocer la linda cafetería, mire el ambiente interno desde afuera y sonreí al ver a algunas personas bebiendo sus bebidas en un ambiente acogedor y relajado, cerré el paraguas rojo y sacudí unas cuantas gotitas rebeldes que se habían empeñado en caerme en la punta de los cabellos, vi casi de perfil a Neil mirarme desde una cuadra atrás, vestido completamente de negro, mas parecía un acosador que una persona normal, incluso algunos transeúntes lo miraban raro y se alejaban de él murmurando entre ellos.

Sonreí con gracia y me adentre en el lugar.

Mire sobre todas las mesas y encontré una cabellera parecida a la mía con unas orejeras peludas de animal print, me daba la espalda, pero al instante se volteo a mirarme y me sonrió, era como si tuviéramos una especia de conexión telepática, ambas siempre sabíamos cuando la una miraba a la otra. Sonreí a modo de saludo y desvié mi mirada al cabello azabache con rayitos verdes que tenia sobre la cabeza un llamativo sombrero que se veía peludo y realmente blando, parecía el típico sombrero ruso. Ella también me sonrió y yo me encamine a aquella mesa.

-Dime quien asesino tu guardarropa y yo personalmente me hare cargo de que no vea la luz del día. –Comento mirándome de arriba abajo.

-Muy graciosa Cass, pero el pobre de Neil solo intentaba que no me hiciera frio. –Comente deslizándome en uno de los cómodos asientos, si es que a lo que hacia se le puede llamar "deslizar" por supuesto, puesto que casi me llevo la mesa conmigo en el intento, y no es que estuviera gorda, sino más bien que tenía tanta ropa encima que ya ni siquiera era consciente de donde empezaba mi cuerpo y donde terminaba.

-Pareces un muñeco de nieve. –Se burlo mi hermana y yo casi la aniquilo con la mirada.

-Perdóname si intento no resfriarme a costa de mi apariencia. –Conteste molesta.

-Pero que humorcito el que te traes, nunca me habías gritado. –Comento Kara hecha la ofendida.

-¡Yo no te grite! –Refute.

Kara poso su mano en el pecho dramáticamente. –Acabas de gritarme.

Suspire resignada, últimamente estaba de pésimo humor y a veces me ponía cascarrabias sin premeditación.

-Ahí van ustedes nuevamente ¿cómo es posible que dos hermanas se peleen más de cien veces en solo treinta días? –Se burlo Cass.

-Kara nee me provoca. –Dije mirando de reojo a mi hermana esperando un nuevo ataque de ella.

-Es que eres fácil de provocar –Contesto ella sonriéndome astuta. –Mira tú Nike… ¿comerte al hombre de las nieves no es suficiente? ¿También tuviste que adoptar su actitud gruñona?

Le sonreí de vuelta aceptando comedida lo que me tocaba, y casi y besaba a mi hermana cada vez que recordaba el porqué de su comportamiento frontal conmigo, gracias a sus constantes riñas me había olvidado de toda la tormenta de sentimientos negativos, gracias a ella y sus empujones de palabras toscas es que he empezado a caminar por mi cuenta.

-Pero Nike… realmente pareces un muñeco de nieve andante. –Comento Cassandra.

Tanto Kara y yo la miramos mordazmente, para luego reír rompiendo el tenso ambiente.

Antes de que terminara de reír la mesera del lugar se acerco y puso tres humeantes tasas frente a nosotras. Mire tanto a Kara como a Cassandra tomando entre sus manos el delicioso café y aspirarlo suavemente, mire mi propia tasa y chasquee la lengua. –¿Porque yo soy la única que tiene té y no café?

Las dos me miraron antes de darle un buen sorbo a su tasa. –Es porque somos brujas inhumanas que te invitamos para que nos veas beber de este maravilloso elixir y te entre la envidia. –Comento Kara con esa sonrisita petulante, mientras Cassandra se reía y de su bolso sacaba una pequeña botellita metálica y vaciaba un líquido ámbar en su café, y volvía a tomarlo esta vez con una sonrisa satisfecha. –Necesitaba un trago. –Nos explica encogiéndose de hombros, Kara vuelve a reírse entre dientes, y yo no puedo más que hacer lo mismo.

Después de la agradable risa recuerdo el motivo por el que vine. –Cassandra. –La llamo y ella deja su café y asiente sin necesidad de que le diga más.

Mete su mano a su bolso y saca de ella un frasquito y lo desliza por la mesita. Intento tomarlo pero su mano vuelve a detenerme. –¿Estás segura? –Me pregunta.

-Estoy completamente segura. –Le contesto.

-No es seguro que funcione. –Me advierte.

-No importa, al menos estaré consciente de que lo intenté. –Conteste tomando al fin el frasco entre mis manos y guardándolo rápidamente en mi bolso.

-Aquí están las instrucciones, pero si tienes dudas puedes llamarme en cualquier momento o al médico que te presente el otro día, él es el que mejor sabe sobre tu enfermedad y está dispuesto a ayudarte. –Comenta con una seriedad poco propia de ella. Asiento y tomo el papel que también guardo al instante.

-Gracias por presentármelo, y dile también a él que muchas gracias. –Ella baja su mirada hasta perderla en el café de forma pensativa, y después de algunos segundos parece recomponerse y asentir con una sonrisa.

-¿Cassandra san? –La voz de una mujer interrumpió nuestra conversación, todas nos volteamos a mirar a la sonriente Luna que venía enfundada en un enorme abrigo café y una linda bufanda cereza.

-Oh… Luna ¿cómo te trata la vida? –Pregunta Cass con una sonrisa picara mirando detrás de Luna al hombre que la esperaba.

-Perfectamente. –Respondió Luna con una sonrisa ahora falsa.

-¿Luna nos vamos? –Pregunto el hombre que antes estaba lejos y ahora se había ido acercando hasta quedar casi al lado de Luna.

-¡Te dije que no te acercaras tanto a mí! –Respondió Luna mordazmente mirando al hombre de cabello negro y una ligera barba sonreírle como si la rubia no acabara de gritarle.

-Te espero afuera querida. –Le dijo dulcemente mientras en una ligera inclinación de despedida a nosotras se marchaba, mientras Luna refunfuñaba entre dientes algunas maldiciones.

-¿Quien es el galán? –Preguntaba Cassandra divertida, mientras Kara miraba a algún otro lugar distraída, Kara era experta en ser indiferente, y como no conocía bien a Luna seguramente le importaba poco toda la escena que se había producido.

-¡No es ningún galán! –Contradijo Luna alterada, y luego de un par de respiraciones volvió a sonreír nerviosa. –No es nadie importante. –Dijo ahora más calmada.

-Es bueno verte animada Luna. –Comente logrando que ella al fin me mire.

La pobre Luna no podía haberse puesto más sonrojada. –¡Mil disculpas Nike! Realmente no me di cuenta que era usted, es que… -Miro mis enormes ropas y la bufanda que casi me cubría medio rostro más la pequeña boinita blanca que cubría mi cabello. –Se parece a un muñeco de nueve. –Dijo sin pensarlo mucho y esta vez Kara sí que prestó atención y comenzó a reírse con ganas seguida de Cassandra que hasta casi se enjugaba una lagrima de la pura risa.

-¿Y dónde está Livius? –Pregunto Luna inquieta por cambiar la conversación. –Hace como un mes que no se pasa por la oficina y todo está hecho un caos…

Mire de soslayo a Cass negar hacia Luna y como esta detuvo su charla de Livi, mientras se despedía rápidamente y se iba del lugar.

Todo quedo en silencio, y supe que ya no podía huir de aquel tema.

-¿Sabes algo de él? –Me pregunto Cassandra.

-Nada en un mes. –Conteste secamente.

************…

FLASH BACK

El se había derrumbado, cayó sobre sus rodillas con toda la fuerza de su cuerpo, parecía derrotado, sus ojos no me miraban, me senté a su lado en la fría alfombra y apoye su cabeza en mi pecho, como si fuera un pequeño niño huérfano, aun mi mente me enviaba las imágenes del rostro de Livi cuando le dije sobre mi conocimiento de todo, se me partió el corazón.

El temblaba como si tuviera mucho frio y después de largos minutos en los que parecía un muñeco sin vida, se aferro a mí en un abrazo necesitado, como si recién se hubiera dado cuenta que yo estoy aquí.

-No me dejes. –Susurro desesperado.

-No iré a ningún lado. –Respondí con parsimonia, quería que él se relaje.

-No entiendes… tu puedes irte… lejos… muy, muy lejos. –Susurro como un niño que cuenta su mayor temor.

Comprendí entonces a lo que se refería.

-Prometo que no moriré Livi. –"No puedes asegurarlo" susurro mi subconsciente con los ojos fijos y serios, mientras detenía su escalada de la cuerda que no parecía llegar a ningún lugar.

-No trates de engañarme. –Me contesto separándose de mí y alejándome un poco para verme a la cara.

-En serio Livi prometo que no…

-¡NO! –Me corto con rabia. –¡Tú no sabes tú condición! ¡Tu verdadera condición! –Me reprocho.

-¿Una enfermedad rara, genética, que no tiene cura, pero si un tratamiento que me puede dar muchos años de vida? –Pregunte.

El parecía sorprendido de la información que tenía. –Sí, pero eso no es todo.

-¿Un embarazo es perjudicial para el tratamiento, y además es poco recomendable? –Volví a preguntar.

El asintió en silencio mirando mi vientre con cierto recelo.

-Entonces esperare a finalizar con mi embarazo y luego iniciare el tratamiento. –Explique.

El negó efusivamente, mientras dejaba caer sus hombros de tanta tensión, parecía resignado a hablar del tema.

-Existe una cura. –Oh benditas palabras… si Livi supiera que mi corazón martillea dentro de mí como una bomba de tiempo que espera el terrorífico "pero…"

-¿No hay cura con bebé cierto? –Sonreí quedamente, era obvio que por ese motivo Livi odiaba a nuestro hijo, o tal vez menos que eso, odiaba la idea de que viniera en este momento.

Asintió derrotado mientras tomaba una de mis manos ente las suyas. –Lo siento tanto Nike. –Susurro sin mirarme. Su incapacidad de no poder mirarme a los ojos solo me indicaba una gran y retorcida culpa.

-Explícame un poco más. –Le pedí apretando su mano con la mía, dándole valor para que hable sin preámbulos a pesar de que ahora no me sentía bien, dolía mi pecho y era seguro que era porque quería llorar a lagrima viva, pero no podía derrumbarme ahora, no frente a él que se veía tan abatido.

-Cassandra y yo… ella y yo iniciamos un proyecto nuevo ¿sabes a lo que ella se dedica cierto? –Me pregunto mirándome al fin por apenas unos pocos segundos.

-Lo sé. –Indique, aun recordaba como cuando estábamos ebrias había recitado toda la tabla periódica, su peso y la utilización de los mismos para formar ciertos componentes que pueden resolver enigmas médicos, para después gritar que era una maldita genio y una perra manipuladora pero con estilo.

-Ella lleva años trabajando en un medicamento que puede ser utilizado para ciertos tipos de enfermedades, aunque no todas están comprobadas, hay una de ellas que ha sido verificada, pero que aun no ha salido a los mercados mundiales, justo hoy por la mañana íbamos a presentar los resultados a la junta directiva para empezar la propagación de la droga en nuestros hospitales.

-Esa es la famosa cura. –Conteste, estaba segura de que así era, él no me hablaría tan detalladamente de aquel tema si así no fuera. Y pude comprobarlo cuando el asintió.

-Podrías curarte ángel, completamente sana. –Me miro a los ojos y esta vez me lo sostuvo, había petición y ruego en ellos. –Juntos para siempre. –Me dijo como si fuera una promesa que me veía obligada a cumplir.

-¿Y él? –Apunte a mi vientre, Livi frunció el ceño.

-El no puede estar en nuestras vidas en este momento, pero cuando tu tratamiento termine prometo que lo intentaremos de nuevo, de verdad ángel, tendremos los hijos que quieras… pero luego, si. –Me había tomado de los antebrazos y ahora me apretaba ligeramente, no conteste nada y el parecía ponerse ansioso mientras más tiempo me quedaba callada. –Vamos ángel, solo haz lo que te pido. –Me susurro mientras se acercaba y me abrazaba, sentía sus manos recorrerme por los brazos con delicadeza, aun sobre el ligero suéter blanco podía percibir el calor sobre mi piel fría, había extrañado sus caricias. Hundió su rostro en mi cuello y me hizo enervar ante sus besos, temblé como siempre ante su tacto y lo retuve.

-No lo hare. –Conteste firmemente, no caería en su red de seducción para aceptar algo tan serio como aquello.

Sentí que me apretaba las manos con menos delicadeza que antes y apenas y gemí un poco cuando él me soltó instantáneamente, estaba asustado.

-¿Te hice algo? ¿Estás bien? –Me pregunto mirando mis manos que estaban ocultas casi por completo debajo del suéter blanco que me quedaba un poco ancho.

-¡No es nada! –Intente arrebatarle mi mano, pero mi tono nervioso le debió advertir que si había algo, puesto que me retuvo con fuerza y me levanto la manga del suéter, en donde una venda improvisada envolvía parte de mi muñeca y mano.

-¿¡Que rayos es esto!? –Pregunto furioso mientras se deshacía de la venda mientras yo seguía intentando que no lo haga, era demasiado energúmeno para no enojarse por una simple quemadura.

Suspire resignada cuando la quemadura que me había hecho con el café en el departamento de Irada se evidencio al fin, mi piel estaba irritada y ardía. -¿¡Como te hiciste esto!? –Me pregunto mirando la quemadura como si fuera la cosa más horrorosa del mundo, a pesar de que no era tan grave.

-Derrame el café. –Explique encogiéndome de hombros. –Es una simple quemadura, ya sanara.

Casi lo vi temblar en su sitio, pero no de miedo, si no de rabia, me miro con unos ojos más oscuros que nunca como si me digiera "¡eres una inconsciente!"

-¿Hay alguna otra "simple" herida sobre tu cuerpo? –Pregunto con esa voz de ultratumba que pone cuando siente que las cosas no están yendo como quiere.

-Claro que no. –Respondo con una ligera sonrisa, la mejor sonrisa que pude hacer a pesar de no saber mentir.

No me da tiempo de parlotear y cambiar de tema cuando siento que casi me arranca el suéter. -¿¡Que estás haciendo!? –Me indigno por la sorpresa con la que lo hizo.

Me observa los brazos desnudos detalladamente y me inclina hasta que mi rostro toca su pecho para ver mi espalda, me vuelve a incorporar e intenta tomarme de los pies. "Va a ver los cortes" Susurro mi subconsciente.

-¡Livi basta! –Le impedí que me levantara la falda del vestido que me llegaba hasta los tobillos.

Él me miro como si me hubiera descubierto y casi me arranco también el vestido, por la fuerza que empleo mientras me sostenía me quede recostada sobre la alfombra mientras él levantaba mi ropa, en cualquier otra ocasión aquello podría considerarse terriblemente vergonzoso o incluso hasta algo erótico pero ahora no era la situación.

Sentí su tacto sobre las delgadas vendas, y como me las quitaba con delicadeza para luego escuchar un gemido rabioso, delineo mis rodillas amoratadas y bajó mi vestido. Meneo su cabeza frustrado. –¿Debo encerrarte en una caja de cristal reforzado? –Me pregunto tan seriamente que por un momento pensé que podría cumplir aquella barbaridad.

-Eres tan torpe Nike ¿cómo es posible que te hayas hecho todo esto? –Me pregunto ayudándome a incorporarme hasta quedar parada frente a él.

-Solo fue un accidente. –Trate de explicar pero él no me dejo continuar.

-Escúchame bien Nike, tu enfermedad es tan condenadamente molesta que no permitirá que tus heridas sanen, al menos no en mucho, mucho tiempo, por eso si por alguna tontería, que por supuesto no pasara, porque no lo voy a permitir, pero si por alguna razón te hieres de gravedad, no habrá nada que se pueda hacer, podrías morir desangrada, o de una infección, incluso un resfriado puede ser peligroso. –Casi me quede con la boca abierta, no sabía que tan intensa era aquella enfermedad, un flash back de mi madre recostada en cama por varios meses por un resfriado que no parecía acabar vino a mi mente.

-Un embarazo Nike es terriblemente peligroso en tu situación, imagínate que el día del parto algo salga mal, no saldrías de eso. –Con cada palabra que decía Livi cerraba los ojos como si temiera que se hicieran realidad, pero al mismo tiempo se obligaba a continuar, como si intentara imbuirme un terrible miedo, y no es como si no lo estuviera haciendo.

-Además, él… -Miro hacia mi vientre. –Tiene pocas posibilidades de vivir, y si es que llegara a nacer hay altas probabilidades de que no sea sano o que tenga problemas irreparables.

Sentí que algo me jalaba hacia abajo, el piso tembló, las paredes comenzaron a moverse y mi cuerpo pesaba demasiado para lograr sostenerlo por mi cuenta. Livi se apresuro a cargarme y acomodarme en la cama mientras yo intentaba recuperar el color en mi rostro, me sentía más fría que antes y sin darme cuenta comencé a llorar. –Eres un mentiroso, me dices eso solo porque me quieres convencer, pero yo ya tome la decisión. –Dije limpiándome las lágrimas y sentándome de nuevo, ya no habría más dolor, tal vez el miedo aun persistiría, pero yo había tomado una decisión.

Nunca me había sentido más decidida en toda mi vida, era una simple y al mismo tiempo trágica batalla de miradas, sus ojos azul acero no parecían titubear, su entrecejo fruncido y la fuerte presión en su mandíbula no me harían quebrarme. Un minuto, dos minutos, tres minutos, y todo exploto. Sentí por reflejo cuando Livi embravecido apartaba una de las lámparas de cristal del velador y esta caía al piso quebrándose en decenas de fragmentos y desparramándose por el piso y parte de la alfombra. Sus cabellos oscuros cubrieron parte de su rostro que estaba casi agachado, como si su espalda cargara con varios kilos de más.

Me removí intentando tocarlo, y vi el brillo ligero de una lagrima asomarse por su mejilla y su rostro evadir mi tacto y ocultarse de mi mientras se levantaba y me daba la espalda enfocando su mirada en la puerta cerrada de nuestra habitación. –Es tu decisión. –Me dijo sin voltear, su voz salió quebrada y se me apretujo el corazón.

-No tienes que verlo así Livi, esto lo hago por…

-No digas más. –Me ordeno. –Sé muy bien porque lo haces, y sé muy bien a quien escogiste por sobre mí, pero déjame decirte esto solo una vez, si mueres y él vive lo odiare toda mi vida, incluso no querré verlo nuca. –Mi voz titubeo sin saber que decir, nunca pensé que él podría lastimarme tanto con unas pocas palabras, quise gritarle que era un desgraciado que solo intentaba martirizarme, pero antes de poder reaccionar lo vi salir y azotar la puerta tras de él.

No volvió esa noche, ni la siguiente, ni la siguiente a esa… simplemente me dejo.

FIN DE FLASH BACK

*************…

Subí las gradas con pasos cansados, recorrí los pasillos de la casa meditabunda y casi mecánicamente abrí la puerta de mi habitación e ingrese, me quite el bolso y lo deje caer sobre la alfombra, hice lo mismo con el abrigo largo, la gruesa bufanda, el enorme suéter rosa, el suéter perla un poco más ligero que el rosa, el cardigan blanco pegado, y la blusa manga larga, y al fin el enorme bulto de ropa se fue, dejándome solo con una blusita de maternidad color melón y de mangas tres cuartos y botones en la parte delantera.

Neil que siempre había estado detrás de mi comenzó a alzar la ropa y colgarla en el armario, y a tomar mi bolso y posarlo encima del velador, siempre que salía hacia la misma rutina, y eso es porque siempre se empeñaba en que fuera a donde fuera me mantuviera bastante abrigada.

-¿Desea que le suba la cena? –Me pregunto terminando de colgar mi saco.

-No tengo hambre. –Conteste yéndome a sentar en la esquina de la cama e intentando quitarme las botas bajas, siendo ayudada rápidamente por Neil.

-Le traeré la cena en cinco minutos. –Me dijo dejando mis botas aun lado de la cama.

-Neil ¿porque me preguntas si luego no me haces caso? –Le pregunto fingiendo estar ofendida.

El sonríe. –Es solo protocolo. –Contesta para luego perderse fuera de la habitación.

Baje mi mano a mi vientre, desde que había decidido irme a encontrar con las chicas en la cafetería no había podido sentirlo por las enormes capas de ropa, pero ahora con la ligera blusa sentía la ligera curva, era pequeña y no me hacía falta usar ropa de maternidad, pero Neil insistía en que era necesario para que nada me apretara o incomodara, yo le decía dramático, pero tampoco es que hubiera puesto mucha resistencia, no tenía fuerza anímica para ello.

Acerque mi mano al velador y tome mi bolso, lo coloque en mi regazo y rebusque aquello que me había dado Cassandra, cuando sentí el repiqueteo de lo que contenía el frasco lo saque con cuidado. Mire el frasco amarillo que me dejaba ver unas pequeñísimas pastillas, hurgue nuevamente en la cartera y tome la hoja en donde la fina letra de Cassandra se apreciaba.

"No más de una tableta al día, sentirás algunos malestares pero no será nada extremo, y si así fuera llámame al mínimo dolor.

Lo normal sería: Nauseas, tal vez un poco de dolor abdominal, cansancio y pesar en el cuerpo, y mucho y constante sueño, intenta siempre estar en lugares planos o con personas que puedan ayudarte, los lapsus de sueño pueden ser incluso tan espontáneos que caerías dormida en cualquier lugar (Prácticamente sería casi como si cayeras inconsciente, así que no te entretengas cerca de escaleras, o lugares alejados de la civilización… como acostumbras a hacer)

Suerte"

Releí la pequeña hoja tal vez unas cinco veces, para que no se me olvidara nada, abrí el frasco y tome una pequeña pastillita blanca, decidí no analizarlo demasiado y la metí a mi boca, la trague con pesar, tome un poco de agua del vaso que siempre descansaba en el mueble de al lado de la cama y me lo bebí casi todo, la pastilla me había dejado una fuerte sequedad áspera que no me gusto.

Me levante con mucho cuidado acordándome de las recomendaciones de Cassandra y tome el libro que estaba leyendo antes de ir a la cafetería, lo abrace a mi pecho y me dirigí a mi asiento favorito junto a la ventana que daba al bosquecillo de atrás.

Mire las gotitas repiquetear en el cristal y me puse a admirarlo unos segundos, allí afuera todo se veía tan libre. No sé cómo mi vista logro ir justo a la difusa figura de una persona mirándome de entre los árboles. Apreté el libro entre mis manos y me acerque con mas ahincó, deje caer el libro cuando pude reconocer esa silueta, como no podría darme cuenta, lo conocía perfectamente, mi corazón se agito y sin detenerme a pensar salí corriendo, iba descalza, y solo con mi ligera blusa de maternidad, corrí como si en cualquier momento aquella figura fuera a esfumarse, baje las gradas con destreza "¡Nos mataras!" se quejo mi subconsciente desde aquella habitación gris de miles de puertas en donde ahora exploraba sin hallar una salida.

Me negué a ponerme a pensar en mi forma de correr y en las advertencias que había releído cinco veces.

-¡NIKE SAMA! –La voz de Neil desde la isla de la cocina me puso los pelos de punta, pero no quise mirarlo, me acerque a la puerta y coloque el código que había forzado a Neil a decirme.

El timbre que me indicaba que estaba abierta sonó y salí tan rápido que deje atrás los pasos rápidos de Neil. Rodee la casa ya agitada por la emoción de verlo y por mi rápida carrera; el suelo de tablas de madera rechino y algunas ondas se crearon en la pequeña laguna artificial, el frio aire invernal meció mi holgada ropa, pero yo solo podía correr.

Pise la tierra húmeda y el pasto fresco se sintió en mis pies y tobillos, sentí hundirse mis pies en el barro, pero aun así corrí por el jardín trasero y me quede mirando hacia el bosque… no había nadie.

Lo busque, mire como desesperada entre el follaje, pero no había ninguna figura, no estaba. Sentí una gruesa manta protegerme del frio y a Neil tomándome de los hombros mientras me cubría. –Realmente Nike sama no aprende. –Me riño mientras intentaba darme la vuelta para que volvamos adentro, pero mis pies no se movían, mi vista aun seguía clavada en el follaje verde.

-Discúlpeme. –Me dijo y sentí como me levanto con delicadeza. No dije nada ni siquiera tuve la intención de evitarlo, solo mire al bosquecillo. "Ah sido una ilusión" me dije a mi misma cuando cruzamos el umbral de la puerta de mi habitación y volví a sentir el piso y el ambiente cálido que nos regalaba la calefacción.

Escuche los pasos de Neil dirigirse al baño y el agua caer sobre la tina. –Tome un baño caliente, enseguida subo la cena. –Me dijo, era obvio que su tono era de resentimiento.

-Lo lamento Neil… es que creí ver a Livi afuera. –Dije algo apenada.

Neil esta vez me miro con lastima y asintió. –No se preocupe. –Me dijo antes de salir.

…**************…..

Ingrese a la enorme casona que ya para entonces estaba en penumbra, casi no se veía nada, apenas y el perfil oscurecido de algunos muebles, no me interesaba iluminar aquel salón, camine a tientas, con las memorias de antiguos años en donde había pasado mis veranos en aquella estancia con Sheyla.

Llegue hasta el sillón largo de un color verde espantoso que a Sheyla por supuesto le encantaba, no era por ser malvado, pero madre tenía pésimos gustos para la decoración, tanto como para combinar el horripilante sillón con cortinas rosas.

Me quite los mojados zapatos y prácticamente me deje caer sobre el sillón, mi cabello aun goteaba por haber estado parado tantas horas bajo la insistente llovizna. Descanse la parte posterior de mi cuello en el respaldar y me perdí en las formas del techo blanco.

Escuche el vibrar de mi celular y lo saque de la chaqueta solo un poco sorprendido de que aun funcionara después del aguacero. Vi un número conocido.

-¿Qué ocurre? –Pregunte preocupado, sabía que Neil me llamaba dos veces al día para darme informe de ella, y esta sería su tercera vez, para alguien tan metódico como Neil eso era más que raro.

-¿Livius sama estuvo hoy en la casa? –Pregunto Neil.

-¿Como sabes eso? –Pregunté dejando de apoyarme en el respaldar y sentándome firmemente.

-Nike sama al parecer lo vio desde su ventana y fue a buscarlo.

-¿¡Que!? –Inferí molesto.

-Que Nike sama…

-Sí, lo sé, entendí ¡Pero no sé porque aun me sorprendo de lo imprudente que puede resultar ella! ¡Y en este clima! –Masculle irritado. –¿Ella está bien? ¿No se habrá resfriado verdad?

-La cubrí rápidamente y la lleve adentro, no creo que pase nada, pero le estaré informando. –Contesto él.

-Bien. –Dije y colgué rápidamente, nuevamente mi espalda cayo contra el respaldar y cerré los ojos pensando en el momento en el que la vi asomarse a la ventana y sentí que nuestras miradas se conectaron, no había sido solo mi impresión.

El celular volvió a vibrar y sin ni siquiera mirarlo conteste.

-¿Ahora qué ocurre? Ya me dijiste que Nike estaba bien y segura, solo faltaría que me dijeras que no es así, si hace menos de un minuto me confirmaste que así era. –Apreté el celular furioso por la falta de respuesta.

-Demonios Neil ¡dime si mi esposa está bien o no de una vez por toda! –Gruñí impaciente.

-¿Te casaste? ¡Imposible! –Me detuve al instante, aquella voz la conocía perfectamente, y aun más que eso, nunca me olvidaría de aquella voz en toda mi vida.

-¿Qué tal te trata el manicomio? –Pregunte con acidez.

Ella se rio y supe que ahora era peor que años atrás. –Te extrañe Livius.

CONTINUARA…

Pronto, pronto, tendremos un final… incluso yo me muero de la impaciencia.