Una carta inesperada

Nota: para esta historia decidí que no tendría en cuenta el episodio trece de la tercera temporada, ni las otras dos ni las películas, porque he preferido dejar a Twilight en su forma más humilde, es decir, unicornio. Originalmente iba a dejarla como estaba hasta la quinta temporada, pero me di cuenta de que ese simple par de alas rompería un eje especial en el argumento de esta historia… en fin, es más que una cuestión de gusto personal. En cuanto a la línea temporal, es un tiempo estimativo, ya que en la serie no se nos deja muy exactamente en claro cuánto lleva Twilight viviendo en Ponyville. En cuanto a su edad, detalle fundamental para la historia, está situada más o menos entre los veinte o veintidós años, sabrán por qué si leen la historia.

Esto es un two-shot, una historia de dos partes, por lo que, cuando publique el segundo capítulo, el fic cerrará allí.

Por el momento, disfruten.

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Ella siempre había sido la genio, la cerebrito, la que llevaba la voz cantante. Siempre a su disposición estuvo una familia amorosa, padres que la apoyaban en todo y un hermano de quien no podía pedir más, su único verdadero amigo durante la infancia. Pero, ¿realmente había sido su "único" amigo después de la infancia? Mirando la vitrina que contenía los elementos que la representaban a ella y a cada una de sus amigas, Twilight se puso a desenterrar de su memoria cosas que jamás había dicho a nadie, una historia perdida en el olvido, de algo que ella ignoraba pero los demás no, de reglas tácitas que rompía sin querer, ella con un master en todo lo referente a reglas.

Impensables fueron sus progresos desde aquel día que un desborde de magia le aseguró la entrada a la Academia de Unicornios Superdotados y un inmediato lugar al lado de la princesa Celestia, su más grande mentora. Twilight jamás sería capaz de pensar que ella no le había enseñado todo lo que sabía, que estuviera fuera de los libros. Tal era el respeto que le tenía a la más brillante alicornio en Equestria. Pero sin embargo, ahora, justo ahora después de tres, casi cuatro años de residir en Ponyville y descubrir todo aquello de lo que se había privado en su infancia por entregarse a sus estudios; a punto de cumplirse otro aniversario desde que leyera la historia de la Mare en la Luna y que la princesa Celestia la mandase a aquel pequeño y sencillo pueblo con algo más que el encargo de organizar la Celebración del sol de verano, pensaba que había algo sobre la amistad, o si se quiere, sobre las relaciones entre los ponis, que ni Celestia ni su hermano… ni siquiera sus amigas, le habían enseñado. Decir que ella no tuvo amigos en su adolescencia no es algo errado, sólo que depende de nuestra concepción sobre los amigos de a quién le damos ese calificativo.

Sentada con los ojos fijos en un punto ahora indeterminado, concluyó que allí faltaba algo más. Algo se quedó zumbando en su mente luego de que leyera junto a su cuñada ese polvoriento diario escrito por el rey Sombra mil años atrás. Algo en esa historia coincidía con una anécdota personal. No había conocido a Radiant Hope, pero no necesitaba conocerla para saber la importancia que había tenido en los primeros años de vida del hijo de las sombras. Alguien alguna vez le había hablado de su futuro, de su destino, así como lo vieron Sombra y Hope al contemplar el Corazón de Cristal, con sus antagónicas visiones. Le impactó eso: que a Hope se le revelara que por sus estudios en magia, sería convertida en una princesa, una princesa que jamás recibió su trono, mientras que a su amigo le esperaba un destino más oscuro. Era triste, muy triste, y pensar que ella había vivido algo parecido, e igualmente sin saber realmente lo que su compañero había visto en su propio futuro.

Desde los incidentes de ese mes de noviembre, Twilight lo había echado al olvido, para no vivir con la carga de una vergüenza incomprendida. Pareciera que la historia en sus devenires tendía a repetir esos esquemas: Shining la liberó supuestamente de un poni peligroso, años después Twilight le devolvería el favor al darse cuenta de que aquella con la que se casaría su hermano mayor no era la verdadera Cadence que ella había conocido. Recordó cuando, en la boda, había oído a Cadence nombrarle ese asunto a Shining, y cómo a éste le cambiaba la cara, como si se diera cuenta de que no por nada había ocurrido eso, que fuera Twilight con su terquedad y persistencia la que lograra traer a la verdadera princesa del amor a la superficie.

Twilight se movió para caminar a su cuarto. Salió al balcón para admirar el paisaje. Cuanto más lo pensaba, más parecía un error, una locura que todo eso le sucediera a ella: que rescatara los Elementos de la Armonía y los usara para defender Equestria dos veces, que tuviera el valor de dejar su orgullo a un lado y sacrificarse por el bienestar de un imperio, sin hablar de todas las otras pequeñas aventuras diarias. ¡Cuántas cosas locas le habían sucedido! ¿Alguna vez se habría imaginado tal cantidad de aventuras, si alguien se las hubiera enumerado hacía por lo menos cinco años? Se habría reído con ganas, ella era una ermitaña que calificaba como una nerd total.

Pero hubo una vez alguien, fuera del círculo de confianza de su familia, que fue capaz de hacerla sentir otra cosa, no una nerd, sino algo más profundo, mucho antes de conocer a las ponis que ahora habitaban su corazón…

-¡Twilight, correo!

La alicornio lavanda levantó la cabeza y se volteó para ver a su primer e inseparable amigo, fuera de su BBFF. Lo consideraba un hermano menor, no como un hijo porque la verdad, no se sentía lo mismo. Twilight no lo había criado como para pensar realmente que se forjara entre los dos tal tipo de relación. Pero allí estaba, siempre para ella, incondicionalmente… y aunque era algo sabido claramente entre los dos, nadie más que uno se lo había jurado solemnemente.

-Dime, ¿qué necesita la princesa Celestia, o sólo ha escrito para saludar? – la pregunta de Twilight no traía ninguna connotación negativa. La correspondencia entre ellas había cesado su flujo, por razones más que obvias, a pesar de que Twilight extrañaba en cierto modo esa dulce espera por la próxima carta o la emoción de escribirle algo nuevo sobre la amistad.

-De hecho… ésta no es de la princesa Celestia. Ni de la princesa Cadence, ni de la princesa Luna. – respondió Spike, en sus garras no traía el clásico pergamino enrollado con el sello solar. – Un halcón la trajo, estaba delicadamente envuelta en plástico, y podría jurar que por su presentación es un papel muy caro y resinoso, que casi no se consigue en Equestria.

-¿Qué? Bueno… a lo mejor es de algún diplomático o algo así.

-Pero si fuera eso, ¿por qué enviaría una pluma de pavo real junto con el sobre?

Los ojos de la princesa de la amistad se abrieron de sorpresa. La situación estaba tomando un toque inverosímil, por lo general ella no recibía una abundantemente variada correspondencia, por más que su título diera a entender lo contrario. Avanzaba de a poco, eso sí. Cada día Spike le traía un manojo de cartas, y se había vuelto costumbre para ella revolverlas buscando alguna en especial. ¿Por qué? El recuerdo fue bloqueado por su mente, pero en realidad, esa carta especial respondía a una misiva que Twilight envió una vez, una madrugada en la que sus ánimos habían caído abruptamente, y que las dosis de cafeína no habían ayudado a remediar. Era increíble que tuviera episodios depresivos justo en ese momento de su vida, cuando todo brillaba a su alrededor. ¿Sería la culpa inconsciente? Debía serlo.

-Déjame ver. – dijo Twilight, tomando el sobre con su magia y mirándolo detenidamente antes de abrirlo, como si no quisiera, como si hubiera un caro cómic de edición limitada, y no se atreviese a retirarlo de su envase original para mantenerlo intacto. Reconoció la caligrafía del remitente, esa particular forma de escribir su nombre, y sintió que las fuerzas le fallaban. Se esforzó por mantenerse regia, para no demostrarle a Spike lo que sentía realmente.

Le había respondido…

-¿Y, qué pasa con la carta, Twilight? ¿Está todo bien? – inquirió el bebé dragón. Todo lo que envolvía a esa carta era puro misterio, él que siempre se había encargado de la correspondencia, conocía a fondo la que recibía Twilight, ya fuera por la vía convencional de su fuego mágico o el correo postal. Esa carta traía algo importante, cuya magnitud no alcanzaba a definir, porque el rostro de su amiga y hermana no expresaba nada claro en particular.

-Debe ser de un admirador – mintió Twilight, deseaba quedarse a solas con su secreto. No porque desconfiara de Spike, sino porque si quería decir la verdad se veía obligada a atravesar un proceso mental para el que no estaba preparada. Trató de pensar en alguna tarea para encomendarle, que le diera la seguridad de que no sería molestada mientras desentrañaba el mensaje de ese blanco papel resinoso. – Necesitaría que te hagas cargo de algo, ¿sí?

Una sonrisa afloró en el rostro escamoso, al tiempo que una mirada confidente se insinuaba en los ojos rasgados de Spike.

-Vamos, ya no soy un niño para que me mandes quehaceres cuando en realidad quieres quedarte sola y que yo no te moleste. Creo estar listo para que seas más directa y me digas: "Spike, déjame sola, voy a tratar un asunto personal". – dijo con cierto tono en la voz, que desagradó un poco a Twilight pero que ella no le discutió, por tratarse de un atisbo de madurez en su querido amiguito.

-Gracias, Spike. – dijo, y dejando de momento el sobre su escritorio, se acercó para abrazarlo.

-Por cierto, ¿a quién conocemos que tenga un halcón? Eso me tiene en Babia…

-Como tú dijiste Spike, es asunto personal.

-Ya veo. No te has olvidado totalmente de ese tipo, ¿no?

-¿A qué te refieres? – inquirió Twilight, cortante.

-No tengo muchos recuerdos, lo que sé es por medio de tus padres y Shining, que no es mucho.

Twilight suspiró.

-Escucha: cuando llegue el momento, te lo contaré con más detalles. Por ahora no puedo decirte nada, ¿entiendes? Sólo… necesito tiempo para acomodar mi cabeza.

-Por lo menos dime si fue realmente tan terrible como nuestra familia lo hacía parecer. ¿Te hizo algún daño?

-No, Spike, no lo creo.

-De acuerdo. Les diré a las chicas si vienen que estás tomando una siesta reparadora. Pero yo te recomendaría cerrar el balcón.

Una vez que Spike salió y que Twilight hiciera caso a su consejo, la poni color lavanda se dirigió a un estante específico en su mueble, para sacar un tubo de madera finamente labrado que contenía unas inscripciones en glifos, las cuales eran su nombre en otra lengua y una dedicatoria especial. Era un criptex, y Twilight hizo memoria para mover los engranajes correctos que formaban la contraseña para abrirlo. Era una palabra muy simple, amicus, cuyo significado comprendió ese mismo día. De adentro del tubo, extrajo un amarillento rollo, que ella denominaba el Papiro Interminable, aunque no estaba confeccionado con papiro ni con pergamino, sino un papel cuya fórmula asiática era fácil de aprender. Originalmente no era así de extenso, sino que lo constituían varios fragmentos pegados con una goma especial que no corroía tanto el papel.

El Papiro Interminable era un recopilatorio de cartas, mensajes sobre horarios y cosas por el estilo, que Twilight había mantenido con uno de los pasantes de la Biblioteca Central de la Academia para Unicornios Superdotados, Hendrix Frobisher. Generalmente, tenían que ver con comunicados que le mandaba en relación a asuntos de la biblioteca o de clases de apoyo en algunas materias, lo que lo hacía un maestro más a los ojos de ella. Ahora le costaba creer que ese mismo nombre apareciera en un sobre membretado, que no traía el mismo mensaje que los compuestos en el Papiro Interminable.

Hacía seis años que no tenía noticias de Frobisher. ¿Qué habría sido de él, después de marcharse de Canterlot? ¿Habría logrado seguir con su vida y dejar atrás todo lo ocurrido? ¿Estaría haciendo de guarda en alguna antigua y vasta biblioteca de alguna ciudad o comunidad lejana? ¿Habría sucumbido a la decadencia y la locura, tornándose en un poni ermitaño y totalmente fuera de la sociedad? Tomando el sobre con sus cascos, lo sostuvo para mirarlo con detenimiento. Su pulcro aspecto daba cuenta de que se le había puesto mucha atención, al igual que la caligrafía. Retiró el plástico, separando así el sobre y la pluma de pavo real. Observó el diseño de la pluma, era similar al de aquella que le había regalado Hendrix en sus primeros años, y recordó que la usaba de marcapáginas en todos los libros que leyó, inclusive después del incidente de noviembre. Sin embargo, ya no la tenía cuando se mudó a Ponyville, de eso podía estar segura. Trató una y otra vez de recordar dónde podía haberla dejado, pero no le fue posible. ¿Qué significaba esa pluma de pavo real allí? ¿Habría pensado Hendrix que ella ya no la guardaría? Decidió dejarla en su mesita de noche.

Twilight se acomodó en su cama. Se le antojaba un té de margaritas, pero no quería bajar a la cocina, y aunque pensó en llamar a Spike para que le trajera uno, desistió. Había un paquete de masitas de coco olvidado en su escritorio, de modo que encendiendo su magia lo trajo hasta la cama. Las masitas no se habían humedecido del todo aún, aunque de todas maneras ella no se dio cuenta de que las fue devorando una por una.

Tardó unos minutos en abrir el sobre, romper la unión del pegamento entre las dos láminas de papel para descubrir la hoja contenida adentro. Se lo acercó a la nariz y pudo sentir un reconfortante aroma, mezcla de celulosa de eucalipto con canela y un perfume que se le hizo familiar. Suspiró. Alguna vez le había dicho a Hendrix que recordaría siempre la fragancia de su chaqueta, y hasta ese día no había creído posible que sería capaz de recordarla. Después de todo, ella no era un perro como para conservar en su memoria las características de una determinada percepción olfativa.

Hasta que finalmente retiró la hoja, más bien las hojas, finas como hilo de seda pero resistentes como pergamino, escritas en doble faz y con una tinta de calidad incuestionable. Tomó aire y lo dejó salir lenta y serenamente. Le daba algo de miedo leerla, sinceramente. No porque estuviera cargada de improperios ni amenazas ni nada por el estilo, sólo porque había en ese temor un sentido más emocional. ¿Qué había sentido y pensado ella con respecto a esa tarde de noviembre, en que Hendrix le había confesado lo que había guardado por años hacia ella? Su razón se había nublado desde el beso, técnicamente estaba desvinculada de la realidad cuando llegaron los guardias y su hermano. Durante meses, sólo había oído cosas malas sobre lo que fue o pudo haber sido de su relación con Hendrix, hasta el punto de que creyó la opinión de sus padres y hermano, reprimiendo cualquier sentimiento amable hacia él y finalmente dando una vuelta de página para enfocarse otra vez en sus estudios.

Pero en ningún momento tuvo la oportunidad de sentarse a pensar en frío todo lo sucedido, ni si su corazón reclamaba algo en la misma cantidad que Hendrix. Sólo ahora, en esta tarde de verano agonizante, recostada en su cama y con una reveladora carta frente a ella, se había tomado esos minutos. No poseía absolutamente nada de experiencia en esas situaciones, nada sabía de los secretos de las pasiones de los ponis, y eso que su cuñada era la mismísima princesa del amor. En realidad, Twilight jamás había cuestionado o indagado sobre esos asuntos, había leído miles de obras dramáticas o narrativas de romances imposibles, había contemplado parejas de ponis sumidos en la más pura felicidad, se había alegrado por cada uno de sus familiares o conocidos que conocía a su poni especial. Lo tomaba como algo natural, abstracto, incluso… algo que se hallaba lejos de ella, totalmente en otra dimensión. Había visto películas en las que se narraban cartas de amantes apasionados, o escuchado anécdotas de sus compañeras de clase cuando recibían un pedazo de papel con tres líneas del poni que les gustaba, sin tomarse en serio la posibilidad de que le ocurriera lo mismo a ella. Twilight se enfocaba en sus libros, no existía en su vida romance más auténtico que el de su amor por la lectura y el conocimiento. En muy contadas e irrelevantes ocasiones, nacían en su pecho extrañas sensaciones, como necesidades de poder acercarse a un poni y buscar en sus ojos algo que no estaba. Alguna vez notó un brillo raro en los ojos de Hendrix, una tarde lluviosa en la que Twilight se había mojado la melena por correr a la biblioteca para terminar un trabajo de investigación, y ésta se hallaba más vacía que nunca. Lo había tomado desprevenido mirándola estudiar, y cuando levantó la mirada y le preguntó qué le pasaba, él negó con la cabeza y se fue.

"Debo hacerlo", se dijo Twilight. Cerró los ojos para reconstruir la imagen de Hendrix en su cabeza, recordar cómo era, a ver si se había perdido en el vasto infinito de su inconsciente, o si su memoria había retenido por lo menos un rasgo suyo. En efecto, lo recordaba tal y cual como hacía seis años: un pelaje ocre, como el color de las hojas del otoño, una crin parduzca, como de un rojo óxido apagado, con un par de rulos muy peculiares, uno que se enroscaba en su cuerno y otro que caía a un costado de su frente, sobre la oreja derecha, y finalmente otro más que se disimulaba entre su nuca y el cuello de su chaqueta. Con qué intensidad miraban sus ojos de color borgoña, precedidos por unos anteojos ovalados de tipo muy intelectual, lo que lo hacía parecer algo mayor, pero muy sofisticado y culto. Sonrojada, Twilight abrió los ojos, cegados enseguida por la claridad del sol que se colaba por la ventana. Se había dado cuenta de que, en lo más profundo de su ser, Hendrix le parecía muy atractivo.

Ya sin más dilación, haciendo acopio de un gran valor, la poni de crin púrpura desplegó la primera hoja. No podía permitir que sus nervios la dominasen, quería leer la carta, el impulso había cobrado una fuerza mayor que cualquier otra voluntad propia.

El primer dato que le llamó la atención fue el encabezado: "Islas Uránidas, 9 de julio…". De un salto, Twilight corrió a buscar un mapa de las zonas del Occidente de Equestria. Si mal no se equivocaba, las Islas Uránidas se ubicaban a ochenta kilómetros de la costa de Baltimare, pero no lo recordaba con exactitud. En efecto, el mapa le indicó que aquellas lejanas islas se hallaban en el sitio señalado. ¡Qué lejos se había ido! Después de todo, Hendrix siempre había dicho que le atraía conocer el mar, descender de la montaña donde se asentaba Canterlot y probar algún día el agua salada, charlar con marineros y oír sus historias de navíos naufragados o sobrevivientes de tormentas, compilar relatos de encuentros con colosales monstruos marinos o fenómenos inexplicables. En cuanto a la fecha, era notable que la carta fue escrita hacía unas tres semanas, puesto que ya estaban a fines de julio. Haciendo un cálculo de distancia de Ponyville hasta allá y tomando referencias de la duración de vuelo de un halcón, además de considerar todas las probabilidades posibles, Twilight concluyó que la carta no fue enviada el mismo día que se escribió. No era algo muy digno de analizar, pero daba la impresión de que su remitente se tardó un par de días en decidirse a enviarla.

Masitas de por medio, Twilight comenzó la lectura:

"Querida Twilight Sparkle,

Me gasté decenas de borradores, las palabras son traicioneras: tienen una cara cuando las escribes por primera vez, y luego otra cuando las lees atentamente. Generalmente es el miedo a la reacción del lector, de aquellos a quienes dirigimos esas palabras. Es un riesgo que te escriba, lo admito. También puede ser una irreparable pérdida de tiempo, si considero que en el transcurso de estos años has realizado tu vida, has encontrado quizá a un compañero incondicional, que cumpla las exigencias de la situación…"

"En eso te equivocas" pensó Twilight, adivinando un resentimiento sutil en la última frase.

"Sopesé una y mil veces los motivos que tendrías para enviarme unas líneas vagas, porque cuando parecía que yo no era más que un mal recuerdo, un fantasma del pasado, me sorprende encontrarme con un mensaje tuyo."

Una vez más, la alumna de Celestia forzó su mente para intentar acordarse cómo y con qué medios le había hecho llegar a Hendrix una carta, pero a lo mejor lo conseguía desentrañar a medida que leía.

"Si resulta que ya no tiene sentido que leas lo que aquí escribo, si esta carta por alguna razón pusiera en peligro la armonía en tu hogar, y si pudiera llegar a ser motivo de discusión con alguien que te importe mucho, rómpela. Enciende la chimenea, aún si es verano, y quema estas hojas, con todo lo que traen. Es lo más seguro. Por lo menos, si es que has abierto el sobre, si la curiosidad ha sido más fuerte. No quisiera saber que sigo trayéndote inconvenientes, aún si no estoy allí presente. Pero si tu situación fuese otra, si quizá en el mejor de los casos has estado esperando esta respuesta, si no eres capaz de contener el impulso de leer y revisar detenidamente cada línea, sé que nada va a detenerte. Nada ha conseguido, por lo menos en lo que pude apreciar, evitar que te apropiases de tal o cual material, de que prescindieras de una noche de sueño con el propósito de desglosar un libro al derecho y al revés. Me bastó una mañana en la que te encontré dormitando en una mesa y con un ejemplar de Haycartes de almohada. No me pareció gracioso en lo más mínimo, incluso me preocupé de que la jefa de bibliotecarios o cualquier otro usuario apareciera por el pasillo. Para tu suerte, la hora y la sección en la que te encontrabas favorecieron que nadie más que yo se topara contigo en ese instante.

Desconozco tu versión de los hechos, qué pensamiento tienes de mí ahora, qué posibilidades hay de que ignores o no esta respuesta. Ya no sé si tendrán valor mis palabras, mi testimonio, mi explicación sobre lo acontecido en el mirador de Canterlot. No puedo estar seguro de que creerás en todo lo que diga, sé que siempre pesa más el juicio de la familia, y que en ese momento quizá tu hermano tuvo motivos sinceros, preocupaciones válidas por tu seguridad, lo mismo que tus padres. Y puede que creas lo que ellos te han dicho, de modo que en tu corazón no haya siquiera un diminuto resquicio para oír mi defensa a través de estos papeles. Pero sinceramente, yo ya no puedo vivir con esto, y quiero entregártelo, dejar a tu criterio el destino de esta historia, y si yo me muriera mañana, sabría que por lo menos intenté confesarte lo que me pasa, aún si supiera que probablemente lo abandonarías en un cajón o en un cubo de basura.

Quisiera contarte el inicio de todo, es tanto lo que se me viene a la mente, que daría para confeccionar un libro. Mas a mí no me interesa hacerlo, no estoy escribiendo una obra de ficción para que una cierta cantidad de lectores anónimos lo adquieran, lo lean y se emocionen con las cosas allí expresadas. Todo esto es sólo para ti y no me interesa que nadie más lo conozca.

Tal vez debería comenzar pidiéndote disculpas. No sé si corresponde que lo haga, pero lo haré de todas formas. Las aceptes o no, quiero pedirte disculpas, que me perdones si es que alguna vez hice algo mal, si te ofendí o te incomodé, si te causé algún perjuicio por sentir algo que no debía, que no era correcto, pero que tampoco podía controlar. Jamás creí que me pasaría esto, en el principio no había ninguna posibilidad de que me atrapara este sentimiento, y menos con una potranca como tú. No te ofendas, es sólo que… que me sorprende. Todavía no consigo explicarlo del todo, pero ahora lo comprendo. Tuvo causales, tuvo implicaciones con la realidad que yo vivía, hasta el punto en que me cuestiono que fue todo una obsesión mía, y nada más.

Pero, ¡qué fuerza toman las obsesiones cuando uno no las controla ni las corta de raíz! He continuado estudiando, una vez que me asenté en estas islas húmedas y paradisíacas, pude relajarme y dedicarme a otras actividades. Lo intenté todo para quitarme de la cabeza tu recuerdo, y si bien lo conseguía durante el día, no así en las noches, cuando el insomnio me hacía levantar de la cama y dar una vuelta por la playa, contemplando el brillo de la luna entre las olas, y convenciéndome de que jamás abandonaría esta isla, de que no pisaría tierra firme, hasta que finalmente recobrara la objetividad en mi vida.

¿Te interesa realmente saber cómo fue que nació esta obsesión? Pues, aunque el corazón lo refute, lo considero una obsesión, pues no era un sentimiento recíproco, tú no me veías ni siquiera como un amigo. No tenías un margen de espacio para dedicarte a tener amigos…"

Twilight reprimió una lágrima. ¿Cómo enojarse con Hendrix por poner en palabras esa verdad tan arraigada en ella misma? Sería completamente inmaduro por parte de ella. Siguió leyendo, la compasión, la ternura y la curiosidad la animaban a continuar.

"Yo no tenía derecho a interferir con tus estudios, pretender ocupar un lugar inmerecido en tu vida. Donde quiera que estés ahora, de seguro has alcanzado progresos increíbles, hasta aquí han llegado noticias de ello. Me alegra saber que has ido siempre hacia adelante, que no te has estancado, como, por lo contrario, me pasó a mí. También me trae un gran orgullo, pues sé que he contribuido a hacer de ti la estudiante que los académicos de Canterlot admiran y que la princesa Celestia tiene a su cargo. No es tanto como para vanagloriarme de ello, pues estaba obligado por mi trabajo, del mismo modo que debía dispensar ayuda en sus consultas a todos los usuarios de la biblioteca. Pero tú eras especial, pues a diferencia del resto, siempre pedías más. Llevabas un libro la tarde anterior y lo devolvías a la mañana siguiente, y así te veía todos los días, preguntando y consultando por libros que potrillos de tu edad ni siquiera tenían noción de lo que hablaban.

Ah, esa chispa joven con la que entrabas a la biblioteca, ese brillo que resplandecía en tus ojos cuando traía al mostrador justamente el libro que tú deseabas, feliz de que nadie más lo haya pedido. Aún eras una niña cuando te conocí, de hecho, había oído mucho sobre ti antes de que te viera por primera vez…

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Pequeña y tímida por todo ese mundo nuevo de conocimiento, la potrilla traspasó con esfuerzo una de las hojas de la pesada puerta de entrada a la biblioteca. Era la primera vez que ingresaba allí por su cuenta, y de inmediato quedó anonadada por su vastedad. Sabía qué libros debía pedir, y que primero debería hacerse socia para retirarlos. Twilight observaba minuciosamente cada detalle, mientras los ponis que la precedían en la fila del mostrador se iban desocupando. Un aire de concentración y silencio reinaba en el recinto, sólo se oían las vueltas de página, alguna que otra tos y murmullos de los demás usuarios o el personal bibliotecario.

Tan abstraída había estado que no notó cuando le tocaba su turno, sino hasta que oyó un chistido y un amable "Buenos días", de una voz que provenía por sobre el alto mueble de madera pulida.

-¿Eh?

Lo único que sus ojitos alcanzaron a ver fue un bucle rojo colgando de un cuerno, hasta que la cabeza del que lo portaba se adelantó para mirarla, cosa que la hizo sonrojar y retroceder.

-No temas. Los bibliotecarios no muerden. – le dijo con una seriedad suave el pasante - ¿Qué necesitas?

Un poco más animada, Twilight se paró en dos patas, apoyándose en el mostrador, que olía a madera fresca, y dijo:

-Disculpe, señor, vengo a… a solicitar mi carnet de socio…

-Ah, tú debes ser Twilight Sparkle, supongo. La nueva alumna de la princesa Celestia.

-S-sí, señor. ¿Eso tarda mucho en salir?

-No, de hecho, ya está listo. – dicho esto, el unicornio se alejó para buscar en un estante una caja con una inscripción en marcador negro.

-¿En serio? Pero me dijeron…

-Sí, por lo general ese trámite rige para todos. Pero se dispuso que el tuyo saliera automáticamente dado el privilegio que te otorgó la princesa.

-Oh, cielos. – atinó a decir Twilight, mientras veía al pasante sacar de adentro de la caja un reluciente y plastificado carnet de socio con su nombre, datos y una copia de la foto que le tomaron para su ingreso a la Academia. La examinó cuidadosamente mientras el pasante le explicaba brevemente el reglamento de la biblioteca en cuanto a servicios y normas de uso.

-¿Me oyes, niña? – le preguntó algo molesto, al notar que Twilight no lo miraba a los ojos mientras hablaba.

-Er, sí, lo siento… - respondió ella, enfrentando la mirada severa de esos ojos fijos y penetrantes.

-Repite lo último que he dicho.

Twilight se aclaró la garganta y respondió: - "Cualquier obra que sea devuelta manchada, rota, rayada, o en cualquier otra condición de maltrato, acarreará para el responsable una multa y suspensión de préstamos por dos semanas".

Esto sorprendió a su interlocutor, quien no esperaba que la potrilla repitiera sus palabras con tanta exactitud.

-Pues muy bien. Como iba diciendo…

Por una puerta salió la jefa de bibliotecarios, interrumpiendo nuevamente al potro.

-Joven Frobisher – la voz de la yegua sonaba severa – puede dejarme a mí la presentación con la señorita Sparkle. Necesito que vaya a colocar estos libros en sus respectivas secciones.

-¿Joven Frobisher? ¿Ése es tu nombre? – preguntó inocentemente la potrilla.

-Hendrix Frobisher. – aclaró el unicornio, aunque no parecía molesto. Se retiró levitando los libros, ignorando que los ojos de la pequeña lo seguían.

Twilight sabía que había metido la pata, se dio cuenta de que lo había tratado como un adulto cuando todavía era joven para alcanzar ese calificativo. Se sintió un poco tonta.

-Señorita Sparkle, yo soy la Jefa de Bibliotecarios. Cualquier consulta, estamos a su disposición. Si por alguna razón no encuentra a quién dirigirse, puede hacerlo con los pasantes, uno de ellos es el joven Frobisher, y el otro es…

-¿Qué es un "pasante"? Creí que era el bibliotecario.

-Un pasante no es un bibliotecario, señorita Sparkle, sino un alumno avanzado que a través de un programa de becas puede acceder a trabajar en la biblioteca de nuestra Academia. Es de suma utilidad para el currículum vitae, pero no cualquiera puede acceder a una pasantía, generalmente los cupos son limitados.

-¿Y qué hacen los pasantes en la biblioteca? – preguntó interesada Twilight.

-Bueno, se encargan de aquellas actividades que a los bibliotecarios se nos dificulta cumplir dado el tamaño y el volumen de la biblioteca y sus usuarios. No siempre están aquí en el mostrador, le aclaro.

-¿Yo puedo ser pasante algún día?

-Por supuesto, señorita Sparkle. Pero temo que es demasiado pronto para usted. Ahora, dígame qué libros solicitará hoy.

Por fuerza de la casualidad, uno de los ejemplares que Twilight le había nombrado a la pulcra yegua de crin recogida era uno de los que ésta le había enviado a guardar a Frobisher, quien de hecho nunca se había alejado de la zona de mesa de entradas. Una potranca lo retenía con una conversación que no tenía ningún tinte de consulta bibliográfica, más bien de coqueteo. Twilight vio a la jefa de bibliotecarios hacer una mueca de disgusto mientras la potranca se retiraba dando una excusa muy burda, mientras que Frobisher, de espaldas, no había sospechado de la rigurosa figura de su superior sino hasta que oyó su regaño.

-Más de una vez le he dicho ya, joven Frobisher, que la Biblioteca no es sitio de coqueterías con alumnas. Tiene suerte de que su retraso me haya favorecido encontrarle pronto. Uno de los libros que solicita la señorita Sparkle se lo he dejado a usted.

Twilight había contenido una risita, tapándose la boca con su casco para disimularla. Eso le hacía recordar a cuando iban de paseo con su mamá y Shining, y éste siempre se quedaba atrás por charlar con una "amiga". Eran situaciones muy cómicas, le encantaba ver ponerse rojas las mejillas de su hermano mientras inventaba tonterías para evadir las sospechas de su madre. Esperó la réplica de Hendrix, sorprendida de que no se ruborizara ni demostrara vergüenza alguna, pero éste mantuvo la seriedad y sólo repartió los libros que traía en una mesa para que ella los viera y eligiera el que quería.

Una vez que se acomodó en una de las mesas de la sala de lectura, Twilight esperó a que la jefa de bibliotecarios se retirara y desapareciera por una de las puertas detrás del mostrador, para tirar de la prolija manga de la chaqueta aguamarina del pasante. Éste la miró por sobre el hombro, sin voltearse. La potrilla de pronto quiso hablar pero las palabras no le salieron de los labios.

-¿Qué pasa?

-Es que… a mi hermano Shining también le pasa lo mismo.

-¿Qué cosa?

-Que cuando no lo vemos siempre está hablando con una potranca.

-Eso no es mi culpa. Tengo trabajo que hacer…

Dos segundos después, ya Twilight se había concentrado en su lectura. A veces tenía esos despliegues infantiles, pero muy contados.

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"simplemente, fue el crecer y acompañarte en la experiencia, un factor importante en el afloramiento de estos sentimientos.

Pero hay otra realidad que es obligatoria de mencionar. Alguna vez, en una breve charla informal, surgió el tema de la familia. Me contaste con pocas palabras que tus padres te apoyaban siempre en todo, que siempre te animaban a seguir y que procuraban que no te faltara nada para continuar… a pesar de todo esto, ellos no te presionaban. La primera en presionarse en exceso eras, en realidad, tú, tenías un compromiso con tus deberes bastante equiparable al mío. Ponías un esfuerzo estimable para cumplir, para estar siempre al día, para no reprobar nunca un examen. Tu pesadilla más grande era decepcionar a la princesa Celestia. Eso me hacía admirarte con sinceridad, pues con tan corta edad tranquilamente podrías haber optado por otras cosas, pero sin embargo no te molestaba sacrificar los placeres mundanos por estudiar. Por eso pienso que mereces todo lo que has ganado, y sé que eres capaz de dar mucho más.

En mi caso, no todo el esfuerzo, la dedicación o el interés en el estudio eran absolutamente genuinos. Ese espíritu voluntario que tú tenías, con el que parecías haber nacido directamente, a mí me lo inculcaron desde pequeño, fue algo impuesto, producto de las imposiciones que mi madre ejerció sobre mí todos esos años. Nací en una familia muy exigente, una familia con variados y numerosos miembros destacados a lo largo de la historia, cuyos nombres y biografías puedo recitar de memoria. Ni bien tuve raciocinio suficiente, mi madre me hizo estudiar nuestro intrincado árbol genealógico. En ese momento lo hice, me pareció emocionante, pero hoy no lo repetiría.

Así que, pasé una infancia similar a la tuya, pero mucho más cargada de restricciones, de lecciones de etiqueta y convencionalismos sociales, de todo lo que necesita un poni de Canterlot para destacar en la alta sociedad de Equestria, para dar ejemplo de su comportamiento recto e intachable. No pude hacer amigos jugando en el parque o haciendo cosas de potrillos. Los que tuve eran como monigotes refinados que nunca sabían hacer algo realmente divertido, siempre acababan aburriéndome y haciéndome perder tiempo. Hasta que resolví que era mejor perder esos amigos que conservarlos.

No quiero malgastar tinta, papel y palabras en los insulsos detalles de mi vida de potro ¿Para qué aburrirte con eso? No soy el poni más interesante del mundo porque todo mi proceso de crecimiento no fue más que un riguroso proceso de adoctrinamiento y adaptación a la más pura, frívola y seca vida refinada, carente de afecto, de distensión. Carente de todo aquello que hace de la vida de los ponis que están fuera de las altas esferas, una vida mucho más llevadera."

Un momento se detuvo Twilight a meditar en esto. Sus orejas bajaron mientras recordaba cómo había sido su infancia, cómo se había comportado ella de pequeña. No era muy diferente a la de Frobisher en algunos aspectos, aunque por lo menos ella contaba con su hermano y con Spike. La familia Sparkle no distaba demasiado de las características de las familias más acaudalas del reino, sin embargo ello no significaba que emplearan los mismos tratamientos de crianza que otras. Las orejas de la poni lavanda se levantaron cuando ella recordó todo el cariño que sus padres les dispensaron tanto a ella como a Shining.

"…Estudié con mucha atención todo lo referente a la psicología del sujeto, especialmente la corriente psicoanalítica, la cual considera al Sujeto como un ser incompleto, inacabado, que depende de Otro para completarse, para ser definido. El Sujeto se constituye en función del Otro, y el Otro a la vez es constituido por el Sujeto. Es decir, hay una cierta relación recíproca. Pero además, la corriente psicoanalítica explica que el Sujeto buscará ser objeto de amor del Otro, esto más que nada vinculado al desarrollo de potros y potrancas, en relación con sus padres.

A partir de estas reflexiones pude darme cuenta de que, por la edad que yo atravesaba cuando te conocí y por las circunstancias que vivía en mi entorno familiar, aquí estaba el origen de mis sentimientos. Como Sujeto, carecía del cariño maternal, de ese afecto que toda madre debería saber expresar a su hijo. Ese vacío, esa necesidad de llenar la carencia, al principio mi yo incompleto trató de resolverla con el conocimiento, con buscar el saber, para no sentirme más así. Pero ya ves, la satisfacción a la necesidad era otra. Gané una beca con esa búsqueda, y sin embargo no me sentía totalmente feliz. Me daba cuenta cuando llegaba a mi casa y allí estaba mi madre, siempre con su semblante rígido y helado. Nada de saludos efusivos ni abrazos, so pena de cometer un comportamiento inapropiado o ridículo.

La soledad era ese silencio incómodo, esa anomia que no encontraba límites, esa insatisfacción de nunca llegar al punto máximo de perfeccionamiento…"

Las emociones se acumulaban en el pecho de Twilight, porque al fin podía ver el alma sensible que había en esa mente tan analítica, lógica y estructurada. Al fin entendía aquellos extraños comportamientos del otrora pasante de la Biblioteca Central de la Academia de Unicornios Superdotados. Ella se dio cuenta que, por mucho que él se sirviera de teorías psicológicas y de explicaciones racionales para explicar y justificar sus sentimientos y las actitudes derivadas de éstos, se notaban los atisbos de la pasión pura escondida.

Pero a la vez era todo tan inverosímil… Twilight leyó con detenimiento cada una de las anécdotas que Frobisher refería como ejemplos de su tesis apasionada, y no podía creer que, siendo ella como era, desvinculada de la realidad emocional, apática y sistemática en su acción diaria, pudiera a pesar de toda esa fría razón poder captar el corazón de alguien. Aunque pasaban cierto tiempo juntos, ese tiempo se invertía en temas exclusivamente académicos y bibliográficos, apenas si conversaban del tiempo, de eventos ciudadanos o debatían conceptos y experimentos mágicos, pero ninguno mencionaba cosas de su esfera personal. ¿Qué podía haber visto Hendrix en ella para enamorarse de esa manera?

Twilight se detuvo un momento para meditar y descansar los ojos. Aún le sobraba tarde para seguir leyendo, y no había llegado a la mitad de la carta. Tal vez el análisis científico que desplegó el unicornio tuviera sentido, pero no siempre es tan exacto someter lo irracional a un examen racional. Corazón y Cerebro no tienen los mismos patrones y principios de funcionamiento. El supuesto de que Frobisher la amaba sólo porque su madre o el resto de su familia no le demostraban afecto era bastante fuerte. Uno suele buscar, o encontrar sin querer, aquello que no halla en su casa. Pero la fuerza de esa suposición tiembla cuando se tiene en cuenta el supuesto de que Twilight en realidad no podía darle tampoco el tan ansiado cariño. ¿Entonces qué hay en el medio, qué es lo que podría explicar el elemento faltante para despejar la x de la ecuación?

"las únicas dos citas que tuve con otras potrancas no salieron conforme a lo esperado, simplemente… sentí que la onda Casanova no era lo mío. Me empezaba a fastidiar que mi madre insistiera con el tema. Tal vez no fuera un potro feo ni mucho menos privilegiado, pero no tenía el tacto suficiente para tratar con ponis fuera del ámbito formal, especialmente del género femenino. Uno no puede dar lo que no tiene, lo que no ha recibido, y criarse en un ambiente social severamente restringido no ayudaba. Aquellas otras potrancas eran tan vacías e insulsas… comparadas contigo…

Aunque mi madre aprobaba la relación estrictamente académica que teníamos, ni por lejos estaba de aceptar dentro de dicha interacción una faceta romántica. La distancia entre nuestras edades era uno de los factores principales. No estoy seguro de si ella hubiera opinado lo mismo en el caso de que coincidieran nuestras edades. Quizá sí habría insistido en que te invitara a salir… me imagino que en su forma de pensamiento habría visto una gran oportunidad de ascenso en varios sentidos el que constituyera con la mejor estudiante de la princesa Celestia. Para ella no habrías sido más que la aparición de un potencial nuevo nodo para el prestigioso árbol genealógico de la familia…"

La realeza de Canterlot, ¿cuánto se puede renegar de ella y de su pensamiento elitista y utilitarista? Twilight meneó la cabeza.

Los siguientes párrafos ilustraron las dudas de Twilight acerca del elemento perdido X, en donde el autor hablaba de que fue la propia forma de comportarse de la potranca lo que le atraía. Era como casi lógico pensar que no podría enamorarse de una poni radicalmente distinta a él, por su modo de crianza y todo eso. Eso, combinado con el gusto que tenía Frobisher de enseñarle, de responder a sus dudas, de ser (momentáneamente) el mayor centro de atención de Twilight (su "objeto de amor"), y la suma de cuantos pequeños momentos informales habían tenido. Fue algo que creció gradualmente, no fue de la noche a la mañana. No fue un flechazo repentino, sino una expansión del alma en el devenir de múltiples interacciones y de variadas demostraciones de confianza.

Y se notaba que ese amor seguía vivo e intenso, por cómo quedaba expresado en el transcurso de la carta, en toda su estructura y sus conexiones semánticas. Cada enunciado escrito allí, y que conformaba el triste discurso general, parecía reflejar seis años de profundas cavilaciones en solitario. Twilight trató de calcular cuánto tiempo pudo tomarle a Hendrix redactar todo eso, sin equivocarse, midiendo cada palabra, cada sílaba, cada letra, cada signo de puntuación. No podía negar la fruición con la que se había compuesto tan bella obra, era digna de considerarse entre los textos más bellos que había leído. Y lo más tierno era que estaba por entero dedicado a ella, una poni real y no imaginaria, una poni concreta y no ideal. ¿Cómo responder a toda esta belleza textual, cómo corresponder a los sentimientos y a las imploraciones que ponía a sus cascos? La destacada alumna de la Academia de Unicornios Superdotados no se sentía merecedora de tanta consideración, de tanto aprecio, de tanto amor, pero sin embargo allí estaba, venida de la pluma de alguien a quien había herido sin saber y sin querer, y a pesar de la terrible desgracia de ser rechazado, aún la quería.

Continuando con la lectura, la mirada de Twilight adquirió un aspecto afligido. Se sintió culpable por los hechos que relataban aquellos duros párrafos. Pero su culpa venía de la inacción, de la incomprensión, del dejarse llevar por el discurso de su familia, y del no darle una oportunidad siquiera a su corazón, para deliberar lo ocurrido. Frobisher relataba la experiencia de aquella tarde en el mirador de Canterlot de una forma tal que cualquiera podía sentirse compungido; de verdad tenía talento para escribir novelas dramáticas, por la forma en que era capaz de llegar a la más honda equinidad sensible de cualquier poni.

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Era un atardecer fresco y esperanzador en Canterlot, ciudad que tenía vista de lujo para apreciar los ocasos. Las calles se hallaban poco transitadas, y los edificios rezumaban en silencio el aire del día. Dos jóvenes ponis venían de la Academia de Celestia, desviados de su curso original. Venían comentando la ponencia dada por un importante catedrático unas horas atrás, acerca de la posibilidad de combinar la manipulación de la magia con artefactos más artificiales.

Hubo un instante de tímido silencio, cuando los dos transeúntes se detuvieron al contemplar el vacío y tranquilo espacio del mirador, diseñado para que los ponis pudieran disfrutar cómodamente allí de la mirada panorámica que ofrecía de las vastas tierras equestrianas. El pasante de la biblioteca se veía un poco más nervioso de lo normal, mientras que la estudiante más prominente revisaba sus alforjas, ante la sospecha de que hubiera olvidado algo. El sol iba descendiendo con seria lentitud, parecía hacerlo a propósito, esperando presenciar un suceso específico, una declaración pensada y calculada por el potro. Éste sentía como si el astro luminoso le diera ánimos para lo que quería hacer, como si el medio ambiente en sí le prestara fuerzas para concretar su plan.

Observó y examinó detenidamente los bancos, para elegir el que tuviera la mejor vista, más directa hacia el infinito horizonte y más alejada de las indiscretas miradas de la calle pública. Pensó cómo invitar a su compañera a sentarse, qué tipo de enunciado performativo seleccionaría para realizar su petición. Pero cuando quiso darse cuenta, sus cascos lo habían llevado al asiento elegido, saltándose de la forma más inconsciente la fase verbal.

-¿Estás cansado?

La pregunta de Twilight no se la vio venir. Ahora el asunto se volvía más complejo.

-Pues… no tanto – le salió decir – sólo quería… pararme a mirar un rato la grandeza de Equestria.

Esa respuesta le pareció un poco petulante y tonta, pero la potranca respondió con una frase de asentimiento y se sentó a su lado. Frobisher reprimió todo impulso corporal, de repente aquella suave presencia a su lado lo perturbaba, como si fuera la primera vez que ella se sentaba allí. ¿Por qué era tan diferente ahora, sería porque ella estaba más cerca suyo de lo convencional?

Otro pequeño silencio le dio a Frobisher una pausa para reflexionar su siguiente movida. No sabía muy claramente cómo actuar en momentos así, había leído algunos textos al respecto, pero no lo convencieron ni tampoco le parecieron muy útiles. Algo que no quería era ponerse en ridículo y arruinar el momento, eso estaba más que esclarecido. Tragó saliva, sopesando sus palabras. ¿Debía decirlo de un tirón o debía dar una explicación previa y concisa? ¿Debía ir directamente al grano o tantear la situación con un discurso que le permitiera evaluar las reacciones de Twilight? ¿Podría ser capaz de evitar cometer alguna estupidez?

"Ahí voy" pensó, y dio una espiración suave pero profunda.

Le temblaba un poco la quijada cuando comenzó por fin a hablar.

-Twilight, yo… yo quería decirte algo. Ha pasado mucho desde que entraste por primera vez a la biblioteca y eras pequeña… Ahora has crecido y alcanzado muchos logros, y bueno, yo estuve ahí para ayudarte, para enseñarte, todo eso. La verdad es que… no sé cuándo ni cómo pasó, sólo sé que es algo verdadero, y que no podía esperar más para decírtelo. Tú… me gustas, Twilight, y… bueno, perdóname si te incomodo, es que…

Mientras hablaba, el unicornio mantenía la cabeza gacha, como avergonzado, y frotaba sus cascos delanteros con inseguridad. Había practicado, en el secreto de su cuarto, algunas palabras, mirando un retrato de una dama antigua, pero ese entrenamiento no se comparaba ni por asomo a la situación real. Parecía en vano toda práctica discursiva, y aunque su declaración no había iniciado tan mal, pronto se estancó y le siguió un tartamudeo más típico de un potro de seis años. Frustrado por su propia incapacidad, finalizó bruscamente sin decir "Te amo", y sin animarse a enfrentar la mirada de Twilight, se apuró a darle un beso, tomándola por completo desprevenida.

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"Fue como si se detuviera el mundo, como si se me parara el corazón, fue como suspenderse en un limbo cálido e inmaterial. Me faltan y me sobran las palabras, pero no quiero extenderme mucho, para no avergonzarte ni incomodarte, y aún teniendo la precaución de que alguien más llegara a leer estas líneas.

Ahorra corresponde más disculparme. Fue algo apresurado, irracional, absurdo. Simplemente no era ni el tiempo ni el modo de hacerlo. No tenía derecho de turbar así a una potranca, no hay nada que justifique la premeditación y estupidez de ese acto.

Pero por mucho que escriba disculpas y desvalorice mi acto, mostrando mi arrepentimiento y culpa por lo hecho, el ser irracional y pasional dentro de mí se deleita y se demuestra satisfecho por aquello. Simplemente no es tan fácil hallar el equilibrio entre la razón y las pasiones, entre lo consciente y lo consciente, entre la esfera del pensamiento y la del sentimiento. Ah, otra vez con esta burda cháchara…"

"Quiere decirme que le gustó pero tiene miedo de decírmelo abiertamente" pensó Twilight, haciendo un resumen mental de todo el rodeo discursivo que hizo Frobisher al referirse al beso. Debía tener que ver con todos los principios y valores que le inculcaron, con todo lo que le fue impuesto tanto en la familia como en la academia: simplemente no podía ser él mismo porque todo ese sistema de parámetros sociales y cívicos lo reprimía. La forma en la que uno es educado influye mucho en estos casos, porque así se estructura desde la más tierna infancia.

Quisiera o no, le hubiera gustado o no, ése era su primer beso y Twilight no podía cambiarlo. No se lo había contado a nadie, incluso sus amigas desconocían que ella había tenido su primer beso, y más que nada en ese entorno tan romántico. Pues el mirador de Canterlot era considerado por lejos el lugar más romántico de la ciudad, y se llenaba de parejas durante los fines de semana o determinados estadios de la noche, según cómo se pudiera apreciar el paisaje.

Cerrando sus ojos y concentrándose en el recuerdo, Twilight intentó rescatar algo de lo que ella sintió en ese momento. No todos los días te besaban en una terraza desde la que se podía ver el crepúsculo más hermoso de Equestria. Pero sin embargo, no tuvo demasiado éxito en su recreación. Recordaba, sí, los párpados firmemente cerrados de Hendrix, como si no quisiera verla. Luego, todo fue oscuridad, confusión, una revuelta de escalofríos y sensaciones en el estómago que no creía correcto relacionar a mariposas volando allí.

¿Le había gustado, al fin y al cabo? La triste conclusión fue que el conflicto posterior y todas las emociones desatadas de un solo tirón, opacaron inmediatamente la genuina reacción de la unicornio de cutie mark estrellada. Lo que verdaderamente debió haber sentido…

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Todo se fue al carajo desde el primer grito que resonó en la calle, dado por un unicornio de melena blanca y crin de rayas azules, quien iracundo embistió al pasante, lanzándolo lejos y provocando que se golpeara contra un árbol. Fue un tronco milagroso, ya que detuvo su camino hacia el precipicio.

-¡Aléjate de mi hermana! – le espetó, posicionándose delante de la asustada y confundida potranca, como si la protegiera de una bestia del Everfree y no de un poni.

Que conste que Frobisher intentó usar la diplomacia y ser cortés, pero la rabia por la interrupción y el ataque pudieron más, al ver que no habría forma de hacer razonar al agresor.

-Escucha, yo… - balbuceó el unicornio de crin de parda, tanteando con sus cascos el suelo para encontrar sus anteojos - …no le estaba haciendo ningún daño, sólo…

-¡Te estuve observando, y sospeché desde un principio tus intenciones! No creas que no me di cuenta. Además, eres demasiado mayor para Twilight…

Algo en la altanería y la prepotencia del que reconocía como hermano mayor de la potranca, despertó una furia salvaje en el pasante, caracterizado por su temperamento calmado. Ni bien pudo colocarse sobre la nariz sus anteojos, la fisura que había en el lente derecho no hizo más que avivar ese fuego violento. Sin razonar por la posibilidad de lastimar a algún poni al usar su magia precipitadamente, Frobisher se levantó y respondió con una ofensiva a las últimas palabras de Shining Armor, a pesar de saber que éste era cadete en el servicio militar. No le importaba salir herido, no le importaba causar daño a su alrededor, sólo quería descargar su rabiosa frustración porque todo le había salido mal.

Shining puso a resguardo a su hermana y procedió a defenderse.

La noche caía y se encendían las estrellas, desde el cielo la luna asistió al enfrentamiento entre los dos jóvenes, que habría tomado un cariz más peligroso si no se hubiera dado la intervención de un guardia real que andaba de patrulla cerca. No obstante, debió llamar a un refuerzo, otro guardia real, esta vez un pegaso, que patrullaba por aire y pudo ver y oír la batalla. Con la aplicación de la fuerza militar, la contienda acabó, pero no así la hostilidad entre los contendientes.

-¡Hijo de mula! ¡Hijo de mula! ¡HIJO DE MULA…! – le gritaba desenfrenadamente Hendrix a Shining, mientras se lo llevaba el primer soldado; el segundo se quedaría con los hermanos para acompañarlos a su casa y luego hacerles unas preguntas acerca de la situación previa a la pelea.

El instinto protector fraternal es algo casi tan natural como el instinto maternal. Padres, madres o hermanos generalmente saben reconocer los objetos y sujetos de riesgo que pueden afectar a sus seres queridos. Por eso sus actos, especialmente los que buscan un fin de protectorio a través del uso de la fuerza, suelen estar motivados por ese deseo de procurar el bien y la seguridad del otro. Aunque también ocurre con frecuencia que el móvil de esas acciones sean los celos, que pueden darse de distintas maneras.

Eso le había ocurrido a Shining. Por lo general no era un semental belicoso, pero en esa etapa, cuando Twilight había pasado la pubertad más o menos, al haber crecido tan pero tan cercanos, no podía evitar cierto celo de verla con otros ponis, especialmente del género masculino. Y mucho menos si la superaban en edad. No confiaba en Hendrix Frobisher, no le gustaba ver que acompañara a Twilight a casa o permaneciera muy cerca de ella. Se decía a sí mismo que le hacía un bien al protegerla, pues ella todavía no estaba apta para defenderse del todo… Deberes de Hermano Mayor.

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"No he vuelto a tener, por suerte, otro de esos brotes tan salvajes. Eso sin dudas no sumaba nada a mi perdida iniciativa. No juzgo a tu hermano, Twilight. Sé que yo no le caía bien del todo, y creo que si hubiera estado en su lugar, en el supuesto de que tuviera yo una hermana más joven e inocente, habría hecho lo mismo. Su instinto era protegerte, no se puede ir contra eso, pero aún es de extrañarse su comportamiento. El modo de proceder no era el correcto, sin dudas, pero a una edad como la que teníamos ambos, subyace el impulso más elemental de la violencia, y un motivo bien justificado es suficiente para soltarlo.

Mi actuación aquella noche es otra vergüenza que se me imputa, es otra mancha en mi alma alterada. A veces pienso si pudo haber sido de otra forma. Y no hallo una respuesta convincente."

¿Qué tan cruel podía llegar a ser el azar para poner al poni menos indicado en el lugar y momento menos indicados? La opinión de Twilight acababa inclinándose siempre a favor de Shining, pero todavía no dejaba de parecerle reprobable la forma en que había agredido al pasante. Los días que siguieron fueron un total desastre, tanto en su casa con sus padres, como en la Academia de Unicornios Superdotados. La polémica y el escándalo fueron tapados cuanto se pudo, hasta la misma princesa Celestia trabajó en ello.

Twilight reflexionó sobre aquellos acontecimientos. En su cabeza todo era caótico, no pudo ordenarse y volver a su vida y ritmo normales hasta unos meses después. Simplemente las consecuencias de aquel beso fueron mucho mayores de lo que se esperaba.

"Las repercusiones de mi osadía me costaron caro. Perdí toda oportunidad privilegio de continuar en la Academia de la princesa Celestia, a pesar de que el incidente perteneciera al orden privado y que en ningún fue agraviada la institución… o bien hizo suyo tu agravio, al ser la estudiante personal de Su Alteza.

Tuve mil y un problemas con mi madre. Esto la superó, sin dudas. Me convertí en la mancha de café del blanco investimento inmaculado de mi familia, y no era por menos. No quiero reproducir todas las discusiones y encuentros que tuvimos, prefiero dejarlas en el pasado porque aún respeto y aprecio a aquella que me dio el ser, pero estuve a punto de perder mi hogar, mi nombre y mi herencia. Fueron meses durísimos, en los que estuve privado de más de las que puedo nombrar, porque mis padres decidieron que necesitaba un tiempo a solas para la meditación y la reflexión sobre mis actos. Dictaminaron que permaneciera en mi cuarto hasta nuevo aviso, encerrado como un criminal, y sólo en muy contadas ocasiones se me permitió dejar mis aposentos. A mí no me importaba nada de eso, me estaba desangrando por dentro y me daba lo mismo pasar las veinticuatro horas del día entre cuatro paredes o bajo un puente en compañía de vagabundos.

Estuve muy triste, lo admito, muy triste y solo. Pasé algunos días tirado en mi cama, deprimido, deseando desaparecer con las sombras de la noche, pero esa quietud no duró mucho. Pronto, tomé pluma, tintero y papel, y comencé a escribir. Tracé un verso en la hoja, luego otro, y otro, hasta formar una estrofa, y así repetí el procedimiento hasta completar otra estrofa y al final todo un poema, basado en lo que reinaba en mi corazón en ese rato. Así continué con un segundo poema, y descubrí que me hacía sentir distinto esto de volcar en versos de rima fija y pulcra todas las penas que me aquejaban.

Se me volvió costumbre dedicarme a la lírica, a leer y componer poesía. Fue una valiosa distracción, hasta tal punto en que, cuando me llamaban para poder pasar un rato en la sala, yo me negaba. Ignoré el mundo exterior por casi dos años, y para ese entonces, tenía toda una pila de versos deprimentes acumulada en mi mueble.

La Noche de los Corazones Cálidos decidí pasarla en familia. Mi madre parecía seguir igual que siempre, pero sin embargo algo distinto había en ella, en su forma de mirarme y de tratarme. Supongo que ya no me consideraba digno de ser su hijo aunque no lo expresara verbalmente. Así continuamos hasta ahora, dirigiéndonos la palabra de forma mecánica y aparatosa, como si no fuéramos realmente madre e hijo. Con mi padre no hubo demasiado tiempo de desatar vínculos, pues una enfermedad se lo llevó de nuestro lado. A veces, me encuentro pensando en que extraño su presencia.

Cuando me recuperé para retornar a la escena pública, y en conocimiento de que la propiedad de las Islas Uránidas entraba en mi herencia, después de mucho razonar, resolví mudarme de Canterlot. Quería abandonar esta ciudad por todo el daño que había hecho, quería respirar otro aire, admirar otros paisajes, tratar con otros ponis, probar un ambiente nuevo. Siempre me agradaron el mar y sus deleites, y pasar la temporada de verano en aquella acogedora residencia era mi deleite y mi gran aventura. Por eso elegí asentarme aquí, tan lejos de la maldición canterlotiana, acogido por el sonido de las olas, el canto de las gaviotas y el gemir del viento. Aquí puedo trabajar tranquilo y no tengo mayores inconvenientes que los que son propios de los hechos del clima, el resto es paz y serenidad.

¿A qué me dedico actualmente? Verás, mis padres habían recibido la visita de un famoso editor de Manehattan. Yo había traído de mi cuarto la pila de poemas escritos, pensaba echarlos al fuego de la chimenea, en ese helado y blanco invierno, pero no contaba con la presencia del editor, que se percató de lo escrito en las hojas, y me solicitó amablemente si podía extenderle una, ya que tenía curiosidad de leerla. Al principio no quise. Había releído todos esos versos y quería destruirlos por todo el significado que encerraban, y porque no me servían allí, juntando polvo en mi cuarto.

Algo debió ver de especial ese editor en esos versos llenos de angustia, y no por nada era el editor más exitoso de Manehattan, pues tenía unas habilidades increíbles para animar a los escritores a publicar sus obras. Dijo que mi poesía era algo novedoso, no antes visto en Equestria por lo menos desde hacía unos siglos… adulaciones. Yo no estaba seguro de querer publicar todos mis poemas, no habían sido escritos con esa intención. Permitir que ese astuto poni de editorial los reprodujera en prolijos miles de ejemplares sería dejar que todo el reino se enterara de mi desgracia personal… pero tan impecable fue el discurso del editor, y tan irresistibles las opciones que me ofreció, que terminé aceptando. Eso sí: mi nombre original no aparecería en el libro, y me encargaría de hacer las modificaciones necesarias para que nadie jamás se diera cuenta de a quién iban dirigidos todos esos versos.

Así nació la ilusoria, artificial e irreal Aurora, la poni imaginaria basada en los colores del amanecer que ocupó tu lugar en cada descripción, en cada alusión, en cada referencia, de casi todas las composiciones líricas que fueron editadas y publicadas en el "Poemario", cuyo segundo tomo está en proceso, y la diferencia con el anterior es que estará dedicado a otros tópicos distintos al amor y a las pasiones."

¿Así que era nadie más y nadie menos que Hendrix el autor del "Poemario"? Era increíble, pues ese libro era uno de los más amados y vendidos libros de poesía de los últimos años. Pensar que todas esas hermosas rimas estaban dedicadas originalmente a ella, la hacía sonrojarse un poco, por lo profundas que eran. Otra razón más para agregar a la sensación de culpabilidad, pues ahora se sentía en parte responsable de lo que había pasado Frobisher, sólo por no haber sabido cómo corresponder a sus sentimientos.

Los últimos pasajes de la carta resumían la vida actual del escritor, cuyas costumbres diarias consistían en contemplar los ocasos y las auroras, en ocasiones el cielo estrellado en todo su esplendor, buscando inspiración y motivación, sentarse varias horas a bocetas nuevas composiciones, y pasarlas a máquina si las dejaba definitivas, leer y escribir artículos de arte, historia y literatura, salir a pasear a la playa o al pueblo, intercambiar algunos diálogos con sus vecinos, entre otras actividades.

"No quisiera robarte más tiempo con la lectura de esta carta, demasiado te he hecho perder ya. Por lo menos, suponiendo que quisieras leerla. Pero por lo menos ya lo escribí y lo expulsé de mi sistema, puedo sentirme seguro de que dije todo lo que debía decir, y que nada está más allá de la verdad, de la sincera verdad.

Por último, quiero extenderte mis mejores deseos, en cuanto a salud, amor y bienes. Además, de amistad. Hasta estas remotas islas han llegado las noticias de tus hazañas, y me enorgullece grandemente contemplar cuan grandes cosas has logrado con tu desempeño. Has salvado Equestria, y eso ya es mucho decir. Eres una heroína, Twilight Sparkle, perdón por lo tonto que pueda sonar esto. Pero se nota que fuiste fuerte, y continuaste adelante sin problemas, sin remordimientos, sin ataduras sentimentales que te frenen, cosa que sí me ha ocurrido a mí. Yo aún sigo atado a esta pasión imposible, que me daña y a la vez me da una motivación para existir.

Mis más cordiales saludos a aquellas potrancas con quienes compartes el honor de ser las salvadoras del reino. Estoy seguro que no podrían encontrar a una amiga mejor, porque algo me dice que aprenderán de ti tanto como tú aprenderás de ellas. Si la amistad ha logrado devolverle su poder a los legendarios Elementos de la Armonía, no dudo del poder que ha de alcanzar. Tal vez no merezca la consideración, pero al menos si puedo ser tu amigo, seré feliz. Me gustaría poder participar también de esa magia, aunque esté muy lejos, es decir… entiendo si ni siquiera quieres ofrecerme tu amistad, después de todo no hay nada que pueda fortalecer un vínculo amistoso. Ahora no somos más que desconocidos, una amistad no puede surgir de la nada, ¿o sí?

Aún cuando deba quedarme en la categoría de "amigo", mi ser seguirá amándote igual que siempre, eso no cambiará ni en un milenio. Desearía poder verte una vez más, pero sé que no será posible, pues debes tener muchas ocupaciones como para tomarte la molestia de venir hasta aquí. Yo mismo estoy bastante ocupado todo el tiempo, no hay forma de que pueda abandonar mis obligaciones sin que todo se atrase irremediablemente.

Ya debo finalizar esta epístola, no se me ocurre nada más que decir. Quizá fue un error escribirla, quizá no, quizá nunca lo sepa. Es fácil poner punto final a una carta, pero no a una historia. Sinceramente, te pido disculpas por todo el dolor que pueda causarte esta carta, en el caso de que hayas llegado hasta aquí, pero creo que necesitabas escuchar mi versión de los hechos. Nada de lo que pasó va a cambiar lo que siento por ti, y probablemente me lleve este amor a la tumba, siquiera si eso la muerte me deja llevarme.

Tuyo siempre,

H. Frobisher"

Ya declinaba el día, en un triste y naranja atardecer.

En la silenciosa biblioteca, una poni sollozaba con unos trozos de papel entre sus cascos. Ella ya no sabía qué sentir, pero más que nada la embargaban la culpa y la desazón. La responsabilidad por el sufrimiento de un poni era mucho para ella, aunque no fuera culpable intencional y directa de ese dolor. ¿Cómo arreglar un corazón roto? ¿Cómo ayudar a un poni a cumplir sus sueños si esos mismos sueños lo incluyen a uno, pero no se puede corresponder a ellos?

Twilight no tuvo más tiempo de pensar en esto y seguir lagrimeando. Al oír que Spike entraba por la puerta, se apresuró a secarse la cara, guardar la carta debajo de su colchón y recuperar la compostura. No quería que el pequeño dragoncito la viera, ni tampoco tenía ganas de responder las obvias preguntas que le haría. Su ánimo había decaído mucho, y esperaba poder ocultarlo de Spike y por ende también de sus amigas.

La unicornio bajó las escaleras con la expresión más normal del mundo, saludando a su escamoso ayudante como si nada, a pesar de que su interior ardiera y se retorciera.

-Hola Spike, ¿cómo te fue?

-Hola Twilight. Me ha ido muy bien, por suerte. Rarity tenía demasiados vestidos para hacer y… - de repente, Spike se quedó mirando fijo a la poni lavanda, la cual con obvio nerviosismo retrocedió y preguntó si algo andaba mal. – Parece que tú lo sabes mejor que yo, Twi… No intentes mentirme, has estado llorando…

El rostro de Twilight Sparkle se contrajo y reanudó el llanto pausado.

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Bueno, queridos lectores, hasta aquí llegamos, pero la historia aún no termina. Éste es un two-shot, por lo que todavía falta la segunda parte, que será la final. Como dije, conservé a Twilight como unicornio, y este fic está ubicado antes del episodio trece de la tercera temporada, por eso no voy a mencionar elementos actuales de la serie.

Quisiera leer sus opiniones, a ver qué les pareció la historia y qué críticas tienen para hacer. Cuéntenme cómo han atravesado este viaje de once mil palabras y media, yo se los agradecería mucho.

Nos leemos pronto.