Título:Bonne Foi

Categoría: Drama, Romance

Clasificación: M

Resumen:AU. Edward Masen fue convertido en 1918 y abandonado por su creador. Se alimenta de sangre humana, ignorando que hubiera otra forma... hasta que se tropieza con la estudiante de primer año Bella Swan, en una noche que lo cambiará todo.

Renuncia (autor): Una escritora es una diosa en su universo... pero sólo una escritora está haciendo dinero con Crepúsculo, y esa es Stephenie Meyer. Estos son sus personajes, yo solamente me divierto con ellos.

Renuncia (Traductor Ana Fluttersby): Todo lo relacionado con Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer. Bonne Foi, pertenece a Amethyst Jackson. El enlace de su página es: www .fanfiction u / 252097/(Quitar los espacios)

Renuncia (Traductora alo-star):Esta historia pertenece a Amethyst Jackson, obtuve su permiso de continuar la traducción, los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, hasta el capítulo 26 la traducción pertenece a Ana Fluttersby que por causas del destino no la pudo continuar, me hizo el favor de permitirme el continuar donde ella se había quedado.

Nota del Traductor Ana Fluttersby : Bonne Foi es una de mis historias favoritas del fandom de crepúsculo y deseo que otros hispano-parlantes puedan disfrutar de ella tanto como lo he hecho yo.

Quiero Agradecer a Amethyst Jackson la confianza que ha depositado en mí al permitirme traducirla. Como le aseguré a ella, trabajaré arduamente para respetar su estilo y transmitir el mensaje de Bonne Foi lo más fielmente posible a la idea original de Amethyst.

Sin más retrasos...

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Observar a Bella despertar por las mañanas se estaba volviendo una de mis cosas favoritas. Era tan... divertida. Usualmente empezaba diciendo algo absurdo mientras dormía. Esta mañana fue la queja: "Los monos de mar se robaron mi dinero, Edward." Luego se volteaba al lado opuesto del que dormía, con frecuencia tirando su cuerpo sobre el mío en el proceso. Se me acurrucaba como si yo fuera un osito de peluche; era extraño. Hasta su subconsciente permanecía sin tenerme miedo. Aunque sus instintos volteados continuaban desconcertándome, me gustaba que fuera rara.

Con Bella extendida sobre mí, no podía resistir tocarla. Su espalda y sus muslos desnudos estaban a mi alcance. Acaricié su suave, tibia piel, tan perfecta... Tenía un pequeño lunar a la izquierda de su espalda baja que nunca había notado antes. Mientras trazada su contorno con mi dedo índice, se retorció y se dio vuelta sobre su espalda. Bueno, eso dejaba aún mejores cosas expuestas.

Moví mi mano para juguetear con su rosado pezón, disfrutando la manera en que se endurecía bajo mi tacto. Era tiempo de despertarla para jugar y sabía la forma perfecta de hacerlo. Con cuidado, para no despertarla demasiado pronto, me arrodillé entre sus rodillas y bajé mi boca a su sexo. La humedad brillaba en sus labios y se me hizo agua la boca. Amaba su sabor.

Saqué la lengua y lamí la ofrenda de su cuerpo, saboreando la dulce delicia. Llevé mi boca hacia arriba para chupar suavemente su clítoris. Gimió mi nombre. ¿Ya estaba despierta? No me arriesgué a levantar la mirada para confirmarlo.

De nuevo, con cuidado, inserté dos dedos dentro de ella y jadeó, sus manos agarraron mi cabello. Definitivamente despierta ahora. Lamí y chupé su clítoris al tiempo que movía mis dedos, llevándola ininterrumpidamente hacia su orgasmo. Sus gemidos se volvieron gritos mientras continuaba, luego sus caderas empezaron a batirse contra mí y después se contrajo alrededor de mis dedos y gritó al alcanzar su clímax.

Sólo me detuve cuando se calmó, y luego saqué mis dedos para chuparlos hasta que estuvieron limpios. Desvié la mirada hacia ella y la vi mirándome a través de párpados pesados.

— Buenos días —dije, sonriendo sin ninguna culpa.

Se rió sin aliento. —Esa es una forma de llamarle. ¿A ti... realmente te gusta hacer eso?

— ¿Hacer qué? —pregunté, detectando una oportunidad perfecta para molestarla.

Se sonrojó. —Tú sabes...

Alcé una ceja. — ¿Lamer tu coño? ¿Comer de tu jugosa concha? ¿Absorber tu azucarada almeja? Mmm, bonita aliteración, ¿no crees?

Bella volteó los ojos, ahora colorada como un camión de bomberos. — ¿De verdad te gusta?

— Sí, ¿por qué no iba a gustarme? —pregunté. No pude resistirme a dar otro lengüetazo para probar mi punto. Dio un gritito.

— Pero, ¿no es... no sabe asqueroso? —dijo, con su nariz fruncida.

— No—. Gateé hacia ella, poniendo nuestros rostros al mismo nivel. —Eres deliciosa. ¿Te gustaría ver por ti misma?

Su frente se arrugó. — ¿Quiere que yo...?

— Sólo bésame —sugerí, más que un poco excitado ante el prospecto de que se saboreara a ella misma en mis labios. Concedido, estaba un poco más que excitado desde antes.

Se mordió el labio en breve contemplación antes de arquearse un poco y presionar sus labios a los míos. Pasé rápidamente mi lengua por sus labios y me sorprendí de lo rápido que abrió su boca y enrolló su lengua con la mía. Un gruñido retumbó en mi garganta mientras ella succionada suavemente.

Bella se apartó y se chupó los labios. — Hmm. Sabemos bien juntos. Pero creo que tú sabes mejor.

— Cosita traviesa —sonreí—. ¿Hay algo que no probarías?

Lo pensó. — Bueno, hay cosas que no entiendo por qué alguien probaría, pero mientras tanto no vayamos a los extremos... no, casi probaría cualquier cosa.

— En ese caso, recuérdame conseguir unas esposas.

Dejó escapar una risa de sorpresa, la cual fue seguida de un infeliz gorjeo de su estómago. — Creo que es hora de desayunar—. Hizo una mueca.

Rodé para quitarme de encima de ella y me acosté de espalda sobre la cama con un suspiro. — Está bien, pero traes tu mono trasero de regreso acá tan pronto como termines.

Volteó los ojos y fue a mi cómoda para sacar una camiseta. A penas le cubría las nalgas, debería usar mi ropa más a menudo. — Mantén la cama tibia para mí —dijo, paseándose hasta la cocina. Me reí bajito para mis adentros. Mantener la cama tibia...

Escuché los sonidos de Bella comiendo un tazón de cereal, el tintineo de la cuchara, el crujido cuando masticaba. Pensé en unírmele, pero eso podría darle la idea de que estaba listo para salir de la cama, lo cual no era para nada el caso.

Pasó por el baño en su camino de regreso, pero eventualmente, entró y saltó de vuelta a la cama.— Y, ¿qué haremos hoy?

Levanté una ceja. — ¿Debes preguntar?

— No podemos hacer esotodo el día—. Mantuve la ceja levantada. —Okay, yo no puedo hacer eso todo el día —aclaró, con una carcajada.

— Podemos pensar en algo una vez que nos deshagamos de esto —dije, indicando el bulto entre mis piernas con un movimiento de mi cabeza. Había estado ahí desde las cuatro de la mañana—. Hasta entonces, no seré capaz de pensar en nada más. Especialmente cuando no estás usando bragas.

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Eventualmente, Bella logró sacarme de la cama, pero no llegamos muy lejos; terminamos en el sofá a leer. Fue su idea, pero estaba complacido con eso. Se enrolló con Emily Brontë mientras yo continué mis estudios de Sartre. Era cómodo. En algún momento se acostó con su cabeza en mi regazo con el libro sobre su cabeza y así permanecimos por varias horas.

Más tarde, Bella deambuló de regreso a la cocina para prepararse un sándwich de almuerzo, y yo rechacé su oferta de preparar uno para mí. Luego, quiso una lección de piano y pasé toda la tarde mostrándole la posición de las manos y la postura correctas, guiándola por la escala y por canciones simples. Con frecuencia se frustraba, pero estaba muy determinada, tanto que yo no podía más que encontrarlo divertido. Simplemente de negaba a fallar, como si esa era una elección que uno podía hacer.

Cerca de la hora de la cena, me di cuenta de que tenía que alimentar a Bella de nuevo. ¿No se cansaban los humanos de comer tan seguido? No estaba en posición de cocinar nada. Las dos opciones parecían ser pedir algo o salir a comer. Contemplé cual me facilitaría disimular lo poco que "comería".

— Bella, ¿te gustaría salir esta noche? —pregunté, aún sentado detrás de ella en la banca del piano. Estaba tratando de tocar Estrellita, ¿dónde estás? por enésima vez.

— Salir, ¿adónde? —preguntó, distraída.

— A cenar y quizá a algún otro lugar... nunca hemos tenido una cita de verdad, sabes.

Sonrió levemente. — ¿Una cita, huh? ¿Algo como una cena y el cine?

— Como eso. Tal vez podría llevarte a bailar.

— No bailo bien —dijo, incómoda—. Además, no traje nada bonito para ponerme.

— Quizá sólo ir al cine pues —acordé, pero mi mente se quedó atascada en la fantasía del cuerpo de Bella meciéndose a un suave ritmo—. Te llevaré a bailar un día, sí.

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Fuimos al único restaurante italiano del pueblo, a elección de Bella. Por una vez, nuestro mesero no era un idiota y nos ubicó en una tranquila cabina en una esquina. Bella pidió lasagna, yo opté por spaguetti. Sería fácil hacer ver como que comía más de lo que en realidad comería. Al menos la salsa tenía el color correcto, aunque no el sabor.

— Esto se siente demasiado normal para nosotros —Bella remarcó, mordisqueando un palitroque—. Digo, hemos estado haciendo todo al revés hasta ahora.

— Bueno, esto es bastante al revés —señalé—, salir en nuestra primera cita tres semanas después de iniciada la relación.

— Cierto —acordó—. Pero no estoy segura de que no debimos habernos escapado a las Vegas primero.

Forcé una risa. Desde luego que estaba bromeando, pero las bromas tendían a traicionar pensamientos más profundos. ¿Había estado Bella contemplando el matrimonio conmigo? ¿Tenía en la cabeza que nuestra relación se dirigía en esa dirección? Eso era imposible y era peligroso para ella que pensara en algo así.

— ¿Qué película quieres ver? —le pregunté, para cambiar el tema.

Empezó a hablar sobre un nuevo filme francés que estaban dando en una sala de cine independiente. Estaba extremadamente entusiasmada al respecto y yo estaba más que dispuesto a dejarla hablar. Eso la mantuvo distraída mucho después de que llegara nuestra comida y dudo que notara cuan poco ingerí. Lo que debí tragarme se asentó en mi estómago como plomo. Oh, las cosas que hacía por esta humana.

Después de cenar, fuimos al cine. Era cerca del restaurante así que caminamos. Bella puso su mano en la mía mientras caminábamos. Siempre había cuestionado esta extraña práctica humana; ¿Qué podría hacer por una persona estar tomado de la mano con alguien? Pero no podía negar mi deseo de estar tocando constantemente a Bella Swan y me pregunté si quizá ella sintiera lo mismo. Quizá ese era el propósito.

La película que Bella quería ver empezaría hasta dentro de cuarenta y cinco minutos, así que deambulamos por las calles cercanas. Esta parte del pueblo era la más... liberal y había una variedad de tiendas locales vendiendo todo tipo de cosas raras. Hippies, pensé. Bella parecía encontrar los escaparates fascinantes, atraída por los colores brillantes y las rarezas.

—Mira, Edward, hacen cajas de música personalizadas —exclamó atolondradamente, deteniéndose frente a otra ventana—. ¿No es fantástico?

— ¿Cajas de música? —Examiné la selección. La tienda, de acuerdo al rótulo, podía hacer que las cajas de música tocaran cualquier cosa y ofrecían una variedad de diseños. Una empresa muy creativa.

— Entremos —me pidió, jalando mi brazo.

— Muy bien —me reí de sus gracias. Seguí a Bella por ahí mientras curioseaba las cajitas de música de madera. Eran bastante caras, aparentemente hechas a mano y las personalizadas costaban aún más.

— Son adorables, ¿no crees? —Bella suspiró—. Siempre he amado las cajas de música. Tuve una cuando era niña que tocaba Una Vez en un Sueño de La Bella Durmiente y tenía al príncipe y a la princesa bailando... No tengo ni idea de que pasó con ella.

Su rostro era agridulce, nostálgico, y como si me hubiera lanzado un hechizo, me encontré intentando recordar mi niñez, buscando recuerdos. Podía escuchar la voz de mi madre en la cocina, regañándome por comer del pastel de manzana reservado para el postre...

La pequeña mano de Bella me encontró, y regresé al presente.

— Vamos. La película empezará pronto —me apresuró.

Nos sentamos en una esquina al fondo del cine por sugerencia mía, pero los ojos entornados de Bella me decían que sabía exactamente lo que estaba pensando.

— De veras quiero ver esta película —siseó, cuando estaban las escenas previas—. Si querías hacer eso, nos hubiéramos quedado en casa.

— Sí, sí, desde luego —me reí, levantando el apoyabrazos que había entre nosotros. Qué barrera más desagradable—. Pero si la película te aburre, ¿debo mantener mis manos lejos de ti?

Se sonrojó y frunció los labios. — Te digo algo... si la película me aburre, yo no mantendré mis manos lejos de ti.

Gemí un poco ante su tentativo descaro. — En ese caso, espero que sea la cosa más mortalmente aburrida que hayas visto.

Las luces se apagaron y la película comenzó. En la oscuridad, la luz del filme que iluminaba el rostro de Bella era una especie de corriente eléctrica que crepitaba entre nosotros, a la vez rogándome y prohibiéndome tocarla.

Bella vio la película con la mayor concentración. Aparentemente, no la encontró aburrida, aunque yo sí. Sólo otro drama con un diálogo críptico y una actuación vaga. No encontré nada particularmente intrigante sobre la trama.

Hasta que la escena sexual empezó. Una escena sexual bastante gráfica. Por muy interesante que eso fuera, la reacción de Bella fue mejor. Su corazón se aceleró, enviando oleadas de su aroma contra mí, y su rostro se ruborizó, y el olor de su excitación salía de ella en olas intoxicantes. Me incliné, acercándome, sintiendo el leve incremento de la temperatura de su cuerpo.

— Definitivamente nada aburrida —susurré en su oído, disfrutando de su lento estremecimiento cuando mi aliento enfrió su piel—. ¿Debo mantener mis manos lejos de ti?

Negó despacio con la cabeza, aunque sus ojos permanecieron en la pantalla. Lo consideré un reto. Con una mano desabroché sus pantalones y la deslicé dentro de su ropa interior. Mis dedos fueron recibidos por su lisa, caliente piel cuando avancé más.

Un fuerte jadeo dejó su garganta cuando separé sus pliegues. Se agarró del apoyabrazos y tensionó su quijada contra los otros sonidos que yo sabía que estaban luchando por escapar.

— ¿Te gusta?, ¿ver a dos personas haciéndolo mientras te toco?, ¿con toda esta gente, ignorante de lo que mi mano está haciendo? Mmm, sí, te gusta, niña traviesa — Ronrroneé, sabiendo lo terriblemente susceptible que era a que le hablara sucio.

Su suave gemido se mezclaba con los sonidos de la actriz en la pantalla. Di vueltas a su clítoris, despacio, con cuidado, prolongando las sensaciones. Bajó su mano para agarrar mi brazo.

— Más rápido —siseó. Moví mis dedos en rápidos círculos, en armonía con el vaivén de sus caderas. La escena de amor ya se había acabado, pero a ninguno de nosotros le importó. El rostro de Bella estaba contraído en concentración y era claro que necesitaría más. Moví mi mano, insertando dos dedos dentro de ella mientras presionaba la palma de la mano sobre su clítoris. Mecí mi mano con firmeza y en cuestión de segundos volteó su rostro contra mi hombro, ensordeciendo contra mi camisa los gritos que se escapaban de su boca cerrada.

¿Me cansaría alguna vez de ver a esta chica deshacerse por mí?

Pasó el resto de la película descansando sobre mi costado.

Bella estaba bostezando para cuando regresamos al carro. Me reí entre dientes, viéndola prácticamente debilitada en el asiento del pasajero. — ¿Te he agotado?

Bufó. —Bueno, he tenido... espera —se detuvo a contar con los dedos—, síp, cinco orgasmos hoy. Eso puede ser muy agotador. Además, el insaciable adicto sexual con quien salgo decidió despertarme temprano.

— No te escuché quejarte —repliqué, disfrutando las bromas—, ninguna de las veces, si vamos a eso.

— No puede creer que te dejé toquetearme en un cine —se ruborizó.

— Yo, sí —sonreí de oreja a oreja.

Me dio una desganada palmada en el brazo. — Cállate. Aunque debo decir, esa fue la única parte de la película que realmente me gustó.

Nuestro domingo pasó muy parecido al sábado, aunque las actividades variaron un poco. Bella debía leer un poco para sus clases y yo jugueteé un poco con una composición. Al acercarse la noche, nos instalamos en el sofá, Bella se puso a ver algún programa de noticias en la televisión. De pronto, suspiró y apagó la TV.

— ¿Qué pasa? —le pregunté.

Giró su cuerpo hasta estar frente a mí, un poco inquieta. — Me siento... tan triste de pronto, pensando en que este fin de semana se acabe —dijo quedito, mirándome tentativamente a través de sus pestañas—. Mientras más tiempo paso contigo, es más difícil para mí estar lejos de ti. Edward, quiero que sepas que... te amo.

Me congelé. Me miró con tanta esperanza y ternura brillando en sus ojos y yo no tenía ni idea de qué hacer. Debí haber estado esperando esto por su creciente apego, me debí haber preparado para esto, pero había estado viviendo el momento, despreocupado. Y ahora estaba en una trampa hecha por mí mismo.

Tenía dos opciones: Podía mentir para conservarla, pero eso le podría dar todo tipo de ideas falsas sobre un futuro que no podía prometerle o... o podría terminar esto ahora. La idea hizo que mi pecho se contrajera con un pánico inexplicable, pero seguí su curso, de todos modos. Si terminaba esto, podría ser mejor para los dos. ¿Qué esperaba que pasara, después de todo? No podíamos seguir así para siempre, ella debía vivir su vida. Quizá era mejor que yo siguiera con la mía, también.

Bella bajó la mirada a sus manos. — No tienes que decirlo también. Digo, está bien si no sientes lo mismo. Sólo necesitaba decirlo.

— Bella... creo que quizá... estamos avanzando demasiado rápido —dije, cautelosamente, aunque mi garganta se tensó contra las palabras. Sus ojos, en un inicio tan confiados, se abrieron mostrando dolor y traición, lanzando silenciosas acusaciones. Desvié la mirada y continué—. Sólo ha pasado un mes, después de todo. Creo que necesitamos un poco de espacio.

La miré, sintiendo ya la pérdida. La... extrañaría. El prospecto de las semanas, meses, años por venir sin ella, era... sombrío. Pero esa era una mayor razón para hacer esto. No debería estar apegado a ella. Seguro que ella no era tan importante. Seguro que encontraría otras diversiones.

Me miró boquiabierta de la incredulidad por un largo tiempo antes de que su expresión se tornara súbitamente vacía. Fue como si alguien apagara la luz de sus ojos. Estaban simplemente... muertos.

— Creo que deberías llevarme a casa —dijo, con una vocecita, volteándose rápidamente. Voló hacia la habitación para recoger las cosas que había traído con ella. Me forcé a ponerme de pie, a buscar las llaves de mi carro. Esto era absurdo, estar tan paralizado por una pérdida que había estado esperando todo el tiempo. Ella era tan sólo una humana. ¿Por qué no podía verla como a las demás, prescindible?

Con el tiempo, me dije, cesaría de verla de este modo. Sabía que eso era mentira.

Bella regresó, aún tenía la expresión vacía. El camino hacia el carro fue silencioso, al igual que el viaje en carro en que se pasó viendo por la ventana. No podía saber lo que pasaba por su mente y me frustraba. Pensé haber detectado dolor en su postura, pero no podía estar seguro y no parecía poder evitar que me importara.

Cuando llegamos a su dormitorio salió sin decir una palabra, sin una sola mirada atrás.

Sin embargo, su aroma permanecía en el cuero de los asientos y sabía que permearía mi apartamento. Nublaba mi cabeza, impidiéndome pensar en algo más.

Tenía que escapar de su aroma, de este pueblo. Necesitaba obtener algún sentido de objetividad y necesitaba una distracción.

Arranqué y me dirigí hacia el occidente. Iba de regreso a Forks.

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