1971 Septiembre

Esperaba en el andén emocionado por poder conocer por fin aquella escuela de la que tanto le había hablado su madre. Se imaginaba un mundo en el que sería plenamente aceptado, dónde podría practicar su magia sin ser tratado como un bicho raro.

Estaba repleto de una una alegría que pocas veces había experimentado y ésta aumentó cuando vio una cara conocida. Lily Evans su compañera del colegio también estaba en el andén entre asombrada y deslumbrante como ella siempre había sido. Él siempre había sabido que ella era especial, y le alegraba tanto tenerla en esta escuela también.

Estaban saludándose cuando alguien le empujó, un chico de pelo negro y ojos grises. Le miró como si sólo estuviera viendo a un insecto que acababa de impactar contra el cristal de su coche.

Estaba acostumbrado a ese gesto en el mundo muggle, no esperaba recibirlo entre los compañeros de aquel nuevo mundo mágico que estaba por descubrir. Esa triste constatación le ensombreció parte de la alegría con la que estaba viviendo el día.

Obviamente, aquel muchacho no se disculpó lo más mínimo y siguió con su camino.

—Sirius, te esperamos esta noche en la sala común—oyó que le decía un chico rubio y mayor que ambos, que portaba la insignia de prefecto y los colores de Slytherin.

Su madre le había hablado de las casas, de las principales cualidades de los miembros que pertenecían a ellas. Esperaba que él y su amiga pertenecieran a la misma y poder estar juntos.

Intentaría que aquel gesto aislado no le estropeara aquel día tan feliz. Lily y él subieron al vagón y buscaron un compartimento, encontraron uno libre, y allí se sentaron. Lily le pudo relatar con calma cómo había sido la llegada de un extraño cartero vestido de mil colores a su casa. Sus padres habían pensado que todo era una broma, pero el funcionario les había demostrado la autenticidad de las habilidades de su pequeña.

El gesto de Lily, tan bonito como siempre había sido, se entristeció al contarle como su hermana Petunia se había encerrado en su habitación y no había querido hablar con ella salvo en contadas ocasiones que la obligaban sus padres. Sabía que ambas hermanas aunque opuestas siempre habían querido. Una extraña relación, incomprensiblemente Lily adoraba a su hermana cuando esta a su entender no se lo merecía en absoluto y no la trataba bien, sintió que alguien tan bueno como Lily sufriera esa pena.

Cuando comenzó el viaje, Lily agarró su mano con fuerza.

—Severus, esto es de verdad—dijo con un susurro y la sonrisa que tanto adoraba.

Él le apretó la mano como signo de reconocimiento, y miró por la ventana como iban alejándose de Londres.

No duró mucho su calma y soledad, apareció un joven con todo el pelo revuelto y un par de gafas redondas. Asomó su cabeza por allí preguntando si podía entrar.

Lily le dijo que sí, algo con lo que Severus no estaba conforme, el prefería estar solo.

—Hola—saludó el chico—. Soy James Potter, encantado—dijo extendiendo su mano a Lily.

Ésta, encantadora como siempre, le dedicó su mejor sonrisa.

—Lily Evans—respondió. Al darse cuenta de que su amigo se mantenía callado—. Y este es mi amigo, Severus Snape.

Éste sólo asintió con la cabeza, no le gustaba lo tonto que parecía aquel chico mirando embobado a "su amiga".

Potter se sentó y comenzó a charlar sobre en qué casa querían entrar, el dijo sin atisbo de duda, que él sería un Gryffindor. Lily sonreía y Severus, dijo un poco cortado que a él le gustaría pertenecer a Slytherin cuna de grandes y poderosos magos.

En ese momento, el chico moreno que antes le había empujado en el andén, metió su aristocrática cabeza por la puerta.

—¿Slytherin? —dijo con desprecio —. Espero entrar en Gryffindor, sólo por ver la cara que pone mi querida madre—dijo con una mueca mirando a James.

Éste comenzó a reír alegremente mientras el nuevo entraba y se sentaba a su lado.

—Este es Sirius Black, el primogénito de una de las más prestigiosas cunas de Slytherins.

Severus se quedó, sin querer, ridículamente fascinado con esa información. Quiso extender su mano para saludarle pero en ese mismo momento fue interrumpido por la llegada del carrito de las chucherías.