1996. Junio

Hogwarts

Harry parecía desesperado, la profesora Umbridge era un dolor en las pelotas, y era a él a quien recurría la bruja cuando quería hacer hablar a los niños.

Si no fuera porque era una fanática del Ministro y del Ministerio, Severus pensaba que sería una perfecta seguidora de Voldemort. Cruel y mezquina, detrás de todas aquellas capas de perfume aún podía oler la putrefacción de sus bajos instintos.

—Snape, por favor, trae el veritaserum. Una vez por todas vamos a hacer que este estúpido mentiroso confiese—decía apuntando a Potter con su varita.

—Directora, le di la última dosis que tenía para el último interrogatorio con Potter—dijo con la voz impasible. Gracias a Merlin la mujer era una completa necia en cuanto a pociones y no sabía que lo que había estado utilizando era una poción rebajadísima de su original que solo les hacía soltar un poco la lengua—. Le dije que con unas pocas gotas era suficiente.

—Oh, tan solo necesito un poco más, estaban hablando con alguien desde mi chimenea. Tengo que informar al Ministro de lo que estaban haciendo—dijo ella todo candor—. Seguro que puedes hacer más, ¿verdad?

—Puedo hacer más, no se preocupe, en cuanto esté lista se la daré. Dentro de un mes—dijo casi disfrutando de su cara de sapo si no fuera por los ojos desencajados de Potter que lo miraba con intensidad, como si quisiera atravesarlo con ellos.

—¿Un mes? No puedo esperar un mes, tenemos que aflojarle la lengua a este mentiroso—no había nada dulce en su voz ya.

—Con gusto le daría cualquier veneno que quiera usar con el muchacho, pero debo decirle que estos no dan el suficiente tiempo para hacer hablar a la víctima antes de que acabe con ella.

—Está usted en período de prueba—dijo ella perdiendo la paciencia—. Me ha decepcionado profundamente, Snape. A mí y al Ministerio. Váyase de aquí, tendrá noticias pronto.

El chico se revolvía bajo la varita que le apuntaba.

—¡Tiene a Canuto!—gritó—. ¡Tiene a Canuto en el sitio donde la guardan!

Con una mano en el picaporte Severus estaba procesando aquello que había dicho Potter desesperadamente.

¿Sirius?

Severus se volvió a mirarlo, sus ojos tremendamente abierto eran una súplica. Desde el incidente del pensadero ellos no habían vuelto a practicar Oclumancia. No había podido hablar de ello con Dumbledore, pero no solo era la intromisión del muchacho. Era imposible que Harry cerrara esa conexión, iba más allá de la Oclumancia. Solo era cuestión de tiempo que volviera a ocurrir. Y por la desesperación del chico había visto algo de nuevo.

Salió de la habitación con su característica indiferencia, pero dentro de su cabeza estaba armando el plan para comunicarse con la Orden.

Aquella mujer era temible, y no dudaba que usaría métodos totalmente ilegales en los niños. Pero tenía que trasmitir el mensaje a la Orden, la desesperación de Potter le dejó claro que aquello era realmente importante.

Las chimeneas del castillo habían sido inhabilitadas para su uso, siendo la única la de la nueva directora.

Pero todos los miembros de la Orden contaban con un hechizo que los comunicaba a todos en caso de emergencia.

Ya en su despacho activó el suyo, y llamó a Sirius.

—¿Snape?—dijo el moreno completamente sorprendido.

—¿Estás en Grimmauld Place?—dijo este sin dar más rodeos.

—Claro, ¿dónde más iba a estar?—le contestó este totalmente molesto. Pero algo cambió en su expresión—¿Qué pasa? ¿Es Harry?

—¿Estás con los demás?

—Sí, están Remus, Thonk, Kinsley y Moody.

Escuchó el coro de voces de los aludidos preguntar que ocurría.

—Bien.

—Severus, ¿qué pasa?

—Nada, me pondré en contacto con Dumbledore.

Por seguridad el anciano había decidido estar al margen de esa red de comunicación.

Snape no quería preocupar más al anciano y estuvo observando la escapada de Potter y Granger hacia el Bosque Prohibido al ver que los chicos no volvían empezó a preocuparse seriamente. Y se internó en él, debía decirle al chico que Sirius estaba sano y salvo y confirmar que era solo una visión lo que había visto. La trampa que tanto había temido Dumbledore.

Pero no llegó a tiempo cuando vio al grupo de Gryffindor volar lejos de Hogwarts.

Snape se temió lo peor, Harry estaba yendo a la trampa con los ojos cerrados.

El Departamento de Misterios y la profecía que tan desesperadamente ansiaba conseguir Voldemort.

Snape estaba deambulando por su despacho, gastando las losas centenarias.

Dumbledore apareció en el reflejo del cristal, lucía bastante desmejorado.

—Muchacho, ¿qué ocurre?—le preguntó rápidamente sabiendo que Snape no lo contactaría salvo caso de pura emergencia.

—Lo ha hecho, le ha tendido una trampa. Está de camino al Ministerio pensando que tiene a Sirius.

—Son verdaderamente malas noticias.

—Black, Lupin, Thonks, Kinsley y Moody están en Grimmauld Place me puse hace poco en contacto con ellos.

—Bien hecho, hijo—le dijo Dumbledore. —Espera ahí y avísame si Tom o los suyos se ponen en contacto contigo.

—Sí, señor.

El espejo volvía a reflejar tan solo su preocupado rostro.

No había sido informado de ese plan, lo que le hacía pensar que Voldemort no confiaba plenamente en él desde su regreso.

Cada paso que daba lo adentraba más y más en su propia trampa mortal. No dudaba que llegaría el día donde el precio a pagar fuera su vida. Era una verdad que iba destapándose cada vez más.

Llamaron a su puerta y Snape corrió esperando que fuera alguien de la Orden aunque cuando vio a Draco Malfoy en la puerta se dio cuenta de lo estúpido de su suposición.

—Señor, ¿puedo pasar?—preguntó el muchacho.

Le había tomado cariño desde pequeño pero reconocía que a veces podía ser un verdadero grano en el culo.

Lo hizo pasar perecía preocupado.

—Dime Draco, ¿qué sucede?

—Es Potter.

—¿Cómo no, cierto?—Severus sabía de la enemistad de los chicos, se dio cuenta desde el momento que un diminuto Potter rechazó la mano del pequeño Malfoy, este completamente aturdido porque alguien no quisiera ser su amigo lo comenzó a humillar. Pero bien sabía que detrás de aquello había algo más cuando el joven rubio fue llorando a preguntarle ¿por qué Potter había rechazado su amistad?

Él solo le aconsejó que se olvidara de él y que se enfocara en los que sí eran sus verdaderos amigos pero el niño siempre guardó ese dolor en él y se lo devolvía del único modo que sabía. Molestándolo constantemente.

No quiso ver un patrón en aquel comportamiento pues no quería imaginar la dimensión de los sentimientos que el muchacho podía estar creando sobre el niño que vivió.

Pero Severus era de las pocas personas que conocían verdaderamente al primogénito de los Malfoy. Exento de aquella máscara de arrogancia y racismo era un niño risueño, estudioso y realmente sensible. Su padre no alababa ese último rasgo de su personalidad pues no consideraba que le fuera a favorecer en su futuro. Aquel que cada vez se cernía más sobre su cuello.

El chico a pesar de sus 15 años se abrazó a él como hacía cuando estaba preocupado.

—Ella usó la maldición Cruciatus contra él—murmuró.

—¿Umbridge?

—Sí.

—Fue horrible y no pude hacer nada.

—Draco...

—Sufría y ella no dejaba de torturarlo. Granger confesó que tenían un arma y hace mucho rato que se fueron al Bosque Prohibido y no han regresado... temo...

—No te preocupes, ella no le ha hecho más daño.

—¿Cómo lo sabes?

—Confía en mí.

—Su rostro desencajado por el dolor no deja de atormentarme ... yo no

Severus lo separó de su cuerpo tomándolo de los hombros.

—Draco no puedes enamorarte de él, ¿lo sabes verdad?—Los ojos de Draco se abrieron asombrados y el rubor cubrió sus mejillas.

—No... no es eso... solo...

—Pertenecéis a bandos distintos, tu única prioridad ahora es sobrevivir, ya lo hablamos a principios de curso—Severus lo volvió a abrazar. Era la única persona por la que se dejaba arrastrar a esas muestras de cariño.

—Vete a tu sala común y descansa—le dijo intentándolo reconfortar.

Aquello se podía convertir en catástrofe para el niño si el Lord si quiera intuía esos sentimientos en él. Tanto Lucius como él estaban en el punto de mira y Draco pronto sería reclamado.

Pero no era solo su vida la que quería proteger, su corazón también le preocupaba. No había visto el más mínimo indicio de correspondencia en Potter.

Algunas horas después varios heridos llegaron al colegio, y pudo ver entre ellos a un desolado Potter tomado por los hombros por Albus Dumbledore. Hizo recuento, todos parecían ilesos pero aquella expresión es la de alguien que acaba de perder a un ser querido. Dirigió su mirada al lobo y sus ojos rojos y la ausencia del perro le hizo temer lo peor.

¿Sirius? ¿Dónde estaba Sirius?

En ese momento la marca comenzó a arderle y una última mirada al director le hizo temerse lo peor.

El Lord estaba verdaderamente enfadado, vencido por Potter de nuevo estaba fuera de sí.

Lucius había sido apresado por los aurores junto con otros mortífagos. Y la loca de Lestrange se jactaba de haber matado el traidor de su primo.

Severus recababa toda la información sin parecer sospechoso. Pero que aquella demente riera cuando contaba como había lanzado a Sirius contra el Velo de la Muerte le hacía querer vomitar.

Estaba deseando llegar al castillo y poder hablar sobre ello, quería saber todas las versiones de la historia.

Narcisa lo esperó y lo llevó aparte en lo que ahora era el cuartel de Voldemort, Malfoy Manor.

—Severus, Lucius está preso—le agarró del brazo.

—Eso han dicho.

—No vamos a fingir ser los mejores amigos ahora—dijo la rubia—. Sé perfectamente el tipo de relación que siempre deseó retomar contigo Lucius.

Severus siempre había sospechado que Narcisa lo sabía y ahora se lo decía bien claro.

—Pero quien me preocupa es Draco, Él lo va a reclamar,—ella temblaba—y no va a ser justo. Ayúdame a protegerlo.

Severus la miraba, su ruego era sincero, pero aún si ella no se lo hubiera pedido él velaría por Draco.

Asintió y sus hombros parecían haberse relajado.

Severus estaba en el despacho de Dumbledore, Harry acababa de irse, y el anciano director parecía abatido.

—Siento que no hago más que fallar a ese niño una y otra vez—dijo mesándose la barba.

—¿Qué pasó?—preguntó Severus.

—Fue la trampa que temíamos sucediera—dijo—. La profecía fue destruida sin que llegara a oídos de Tom. Pero Sirius cayó, es un duro golpe para todos pero especialmente para Harry.

—¿Cómo murió?—dijo ansioso.

—Hijo.

—¿Cómo murió?—gritó demandante.

—Un hechizo de Bellatrix lo dejó paralizado cayendo a plomo contra el velo de la muerte.

—Eso…

—No pudimos hacer nada...

Severus volvió a caminar de un lado a otro, ya no escuchaba lo que tenía que decir el viejo. Hacía cálculos ...

—No fue un Avada, ¿cierto?—interrumpió su caminar.

—No.

—Bien.

Y sin decir más salió del despacho del director.

No contaba con que Harry lo estuviera esperando en la puerta de su despacho, lucía furibundo y lo miraba lleno de rencor.

—Usted debió enseñarme a cerrar mi mente, usted tiene la culpa de que Sirius muriera...

Severus lo miró, no tenía tiempo de discutir con él ni de reconfortarlo.

—Lo traeré de vuelta—fue lo único que dijo antes de cerrarle la puerta en las narices.

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Después de tanto tiempo llegamos al punto que originó todo este fic, sé que ha sido largo y triste, quizás haya de todo eso aún en buenas dosis. Pero sé que a muchos os ha estado echando para atrás tanto drama.

Espero que os guste y me lo comentéis, que siempre me anima mucho.

Besos, Shimi.