Capítulo 8 Desconfiaban del otro

Ninguno de los personajes me pertenecen, sólo la historia que vengo a compartirles sin fines de lucro.


POV Emma

Daba vueltas en aquel pequeño diván, tratando de conciliar el sueño, intentos completamente en vano.

No paraba de pensar en todo lo que había dicho Garfio. Era extraño darse cuenta de lo pequeño que era aquel mundo, a tal punto que el hombre que había dejado a su propio hijo solo en otro mundo había pasado años encerrado en las mazmorras del castillo, y que el culpable de que la madre del niño se fuera de su lado se encontraba afuera dirigiendo el barco, y resultaba ser el único que podría ayudarle a recuperar su collar. ¿Qué otras sorpresas le traería el destino?

La habitación se encontraba iluminada con la pequeña llama de una vela de aceite, y mientras la noche pasaba el frío comenzaba a calarle hasta los huesos, desafortunadamente, le había devuelto su saco a Garfio, y ahora se arrepentía un poco de ello.

Pasó toda la tarde explorando el barco, encontrando cosas extrañas y curiosas en las muchas cajas del cargamento, pero decidió detenerse cuando encontró varios cadáveres de ratas.

Después, simplemente se encerró en el camarote del capitán para recostarse.

Aunque allí había una cama, prefirió quedarse en el diván de terciopelo que estaba a los pies de esta.

Aún se encontraba bastante cansada y débil por la gran cantidad de magia que utilizó en el muelle, luego de unos minutos, Morfeo acudió al fin a su llamado, y permitió a Emma caer en sus brazos.

Soñó con sirenas de cabellos y colas de múltiples colores, con personas que podían volar y cuevas ocultas en la profundidad de la selva.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-..-

Un fuerte movimiento provocó que Emma cayese al suelo, donde fue recibida por agua fría. Se levantó al instante, asustada, pero un fuerte balanceo la envió de nuevo al piso, y con el agua, está caía del techo y entraba por debajo de la puerta, la llama de la vela se había extinguido ya, por lo que estaba en completa oscuridad.

-¡Emma!.- escuchó el distante grito de Garfio, que se distorsiona con el sonido de truenos, el viento y las olas que golpeaban el barco

.

Por segunda vez se incorporó con cuidado, apoyándose a tientas en el sofá, se pasó a la pared y avanzó hacia la puerta.

Afuera llovía a cántaros y el cielo nocturno estaba lleno de nubes y era únicamente iluminado por los rayos. Vió a Killian aferrándose al timón, tratando de mantener el curso.

Corrió hacia él, intentando mantener el equilibrio mientras que el mar golpeaba el barco, amenazando con hundirlo.

-Parece que el océano está un poco enojado.- le comentó Garfio en cuanto la vio sosteniéndose de la barandilla para subir las escaleras frente a él.- ¿No te parece, Swan?

-¿Swan?

-Todos me llaman Garfio por… pues… por mi garfio, y ahora que tú eres algo parecido a un pirata he considerado bautizarse así, por tu collar al que tanto te aferras, pero creo que este no es el momento para hablar de cosas tan triviales.- señaló.

-¿Qué haremos?.- gritó Emma antes de que una ola impactara en el costado del barco y los empapara más que antes.

-Estamos casi en el ojo de este huracán, y este navío no va a soportar mucho, lo mejor será dejarlo.

-¿Como?

-Hay un bote en estribor asegurado con cuerdas.- sacó una daga de su cinturón y se lo tendió a Emma.- quita las cuerdas mientras voy por algunas provisiones, lo arrojaremos al mar y luego abandonaremos este barco.

Emma asintió y se dirigió hasta donde se encontraba el bote, este estaba bajo una lona atado con varias cuerdas y nudos, agradeciendo que no tenía un estorboso vestido, se agachó y comenzó a cortar las ataduras lo más rápido que pudo.

El agua se metía en los ojos, provocando que su vista estuviera borrosa, su cabello, que en ese punto se había soltado, se le pegaba a la cara, y sentía que su ropa le pesaba más del doble.

Las cuerdas al fin cedieron y dejaron al bote libre, pero en ese momento el barco se inclinó demasiado, provocando que el bote rodará hacia la borda, Emma logró hacerse a un lado antes de que la golpeara, intento detenerlo tomando las sogas, pero simplemente se le resbalaron como mantequilla de las manos y cayó al mar, sus manos le ardía, y la sangre comenzaba a brotar, pero lo ignoró y se acercó a la borda, alcanzó a ver el pequeño bote flotando entre las olas, alejándose del navío cada vez más para luego ser tragado por la oscuridad. Un rayo iluminó el cielo una vez más, pero esta vez impactó en la vela mayor, el fuego fue instantáneo, creciendo sin importar el agua, cegó a Emma por un momento, pero fue el tiempo suficiente para no ver el barril que se acercaba hacia ella por su espalda, golpeó sus pantorrillas, haciéndola caer inevitablemente.

Se incorporó con un quejido, y vio a su alrededor, todo era como una escena de los muchos libros que había leído, algo demasiado surrealista.

El fuego se extendía por el mástil, Emma lo observaba embelesada hasta que algo se movió hacia ella, sintió que su cuerpo dio un tirón, y cayó al océano.

Estuvo unos segundos desorientada, hasta que sus instintos despertaron y subió a la superficie para respirar, sus ojos aun le ardía, pero pudo ver el barco siendo consumido rápidamente por las llamas, a su lado, algo emergió, era Garfio, intentando, igual que ella, mantenerse a flote.

Escuchó que murmuraba algo, más no le entendía con exactitud.

-¿Qué?.- jadeó escupiendo agua.

-El barco, hay que alejarnos ¡En el cargamento hay pólvora!

Y, en una increíble coincidencia, apenas dijo "pólvora", hubo una gran explosión en la cubierta, seguida de otras más. No tuvieron tiempo de reaccionar, cuando una red de cadenas que colgaba en el costado del navío cayó sobre ellos seguido de uno de los mástiles. Fueron jalados hacia el fondo del océano lentamente.

Emma lograba ver muy nítidamente, la oscuridad del mar los absorbía poco a poco.

Killian estaba a su lado, le sentía tratando de buscar desesperadamente una abertura en la red de cadenas lo suficientemente grande como para poder salir de ahí, ella hizo lo mismo, pero era imposible. Las cadenas se sentían completamente frías y pesadas. Sus pulmones ardían pidiendo aire y ya no era capaz de mantener la respiración por más tiempo.

Los párpados comenzaron a cerrarse lentamente, se aferró más a las cadenas, sintiéndolas esta vez calientes.

Lo último que recuerda fue una luz brillante, y ser jalada por la cintura.

-.-.-.-.-.

-¡Swan!

Sentía una presión en su pecho.

-Vamos despierta.

Otra vez la misma presión.

-¡Swan, por favor!

La presión de nuevo, y algo cálido en sus labios, pero esta vez tosió involuntariamente y agua subió por su garganta. Se levanto de lado apoyándose en su codo y escupió el líquido, abrió los ojos y parpadeó tratando de adaptarse a la luz, cuando logro enfocar su vista, vio a Killian arrodillado a su lado, con el pequeño detalle de que su garfio no estaba.

Se hallaban en la cubierta de un barco, rodeados de algunos marineros que hacían sus tareas.

Regresó sus ojos a Garfio, que lucía cansado, trató de hablar, pero al instante sintió su garganta adolorida.

-Tranquila, está bien, logramos salir de la tormenta,y el capitán de este barco nos vio y sacó del mar.- explicó Killian percibiendo la pregunta silenciosa.-te desmayaste y tragaste agua.

Emma asintió procesando la información mientras que Garfio le ayudaba a levantarse.

En ese momento un hombre se les acercó, presentándose como el capitán.

-Me alegra que ambos se hayan salvado.- decía.- la de anoche fue una gran tormenta, muy pocos sobreviven a algo así, pero… ¿Qué hacían ahí?

-Transportábamos mercancía a otro reino, más me temo que el clima nos tomó por sorpresa, casi no salimos con vida, sin embargo, creo que la suerte estuvo de nuestro lado.- contesto Garfio mirando de reojo a Emma al final.

-¿A dónde se dirigían?

-Arendelle.- Emma volvió su cabeza rápidamente hacia Killian, con todo lo que había pasado, había olvidado preguntarle a qué rumbo iban.

-Son realmente afortunados.- sonrió el hombre sin notar la sorpresa en la cara de la chica.- Estamos llevando a unos príncipes a aquel reino, ahora mismo ellos están en uno de los dos barcos que nos acompañan, pero se unirán a nosotros más entrado el crepúsculo.

Emma vio mas allá del barco y notó las otras dos naves que les seguían de cerca.

-Por el momento.- continuó.- pueden usar uno de los camarotes vacíos para que se aseen y descansen.

Una mujer castaña de aspecto amable, esposa del capitán, les llevó al camarote y les dio ropa y toallas a cada uno para así poder dejar secar las prendas aún empapadas.

Aquel cuarto no era muy grande, tenía una cama, una mesa, un armario pequeño, un tocador y en una de las paredes había un ventanal que daba vista al mar.

La mujer, de nombre Elizabeth, les indicó que en el cuarto de baño habían dos baldes de agua para cada uno.

-¿Segura que no necesitas mi ayuda?.- preguntaba a Emma, pero al ver que ella negó se retiró.

-Entra tú primero.- le dijo Garfio acercándose al ventanal, Emma asintió y se encerró en el baño.

Este era bastante pequeños, con solo una tina y en el suelo estaban los dos baldes, se quitó su pesada ropa y se metió a la tina.

No tardó demasiado, solo se sacó el agua salada y las pequeñas astillas de madera del cabello.

Por un momento se lamentó no tener ninguna de sus sales aromáticas y aceites corporales, más se obligó a olvidarlo rápidamente.

Su magia aún no estaba controlada, recordaba que de pequeña, cuando pensaba en algún objeto con intensidad, era capaz de hacerlo aparecer.

Salió de la tina, se secó lo más rápido que pudo con su toalla y se puso la ropa que Elizabeth le había prestado, era un vestido color coral, simple, con escote cuadrado, se ajustaba ligeramente en su cintura y cadera y luego caía en una falda con algo de revuelo, las mangas le llegaban hasta los codos, y al ser ella algo más alta que Elizabeth, el vestido terminaba por sus tobillos, había tenido la amabilidad también de prestarle unos zapatos lisos que le quedaban perfectos.

Tomó su ropa entre sus brazos, tratando de no humedecer la prenda prestada. Abrió la puerta y se quedó paralizada en el marco de está.

Killian seguía parado frente al ventanal, pero se había quitado ya su chaqueta, y justo estaba terminando de sacarse su camisa, quedando sólo en pantalón y botas, se dió cuenta de su presencia y la vió, Emma se sonrojó tanto como un tomate y bajó su mirada al suelo, avergonzada escuchó cómo él rió ante esto.

-Es la primera vez que a una mujer le parece más interesante el piso que yo.-comentó cuando ella se hizo a un lado para que él entrase al baño.

-Hay muchas cosas que son más interesantes que usted, Capitán.- contestó Emma antes de que la puerta se cerrara.

Soltó el aire que sin darse cuenta había retenido y se regañó mentalmente . Ella no era ninguna niña como para quedarse atontada ante un pecho desnudo , era una adulta y debía comportarse como tal, mantener su compostura y dignidad.

Se sentó frente al tocador, mirándose al espejo, mientras se desenredaba el cabello humedecido con los dedos, tratando de hacerse una trenza.

No se sentía ella misma, era como si viese a otra persona con una vida completamente distinta a la de la princesa.

¿Era eso lo que sintió su madre cuando se convirtió en una bandida? ¿O su padre cuando dejó su vida de pastor por la de un príncipe? ¿Como si salieran de una burbuja?

Dejó su ropa tendida junto a la de Killian, él salió minutos después, ya vestido, con ropa que bien podía hacerlo pasarlo pasar por un marinero común.

-¿Qué fue lo que pasó?.-preguntó la chica con voz algo rasposa.

-Ya te lo dije.- contestó pasando su toalla por su cabello.- salimos de la torm...

-No.- interrumpió rodando los ojos.- ¿Qué pasó cuando las cadenas nos hundieron?

-Realmente no estoy seguro.- suspiró.- tú estabas a punto de desmayarte, y no sé que hiciste, pero las cadenas se reventaron en un halo de luz, nos hice subir a la superficie, y lo demás ya lo dije.

-Pero… ¿Cómo fue que….

-Ni idea.- esta vez fue Garfio quien la interrumpió.- pero.. Gracias, si no lo hubieras hecho, ambos estaríamos muertos.

Emma asintió, quedándose callada, aún con muchas preguntas sin respuestas.

Durante las siguientes horas estuvo sentada en banco acolchado del alféizar de la ventana observando el mar. Elizabeth les llevó un poco de comida y agua que aceptaron con gusto y comieron en silencio, luego, Killian fue a hablar con el capitán, dejando a Emma sola, ella se acostó en la cama cansada, quedándose dormida al instante.

Esta vez soñó con algo diferente.

Estaba en una hermosa fiesta, giraba en el salón de baile al son de la música, haciendo que la falda de su vestido rojo se extendiera a su alrededor, luego regresó a los brazos de un hombre, su pareja. No lograba ver su cara, pero si pudo distinguir algo, en lugar de una mano izquierda, sostenía un garfio.

-Swan.-susurró una voz profunda.- yo…

Miró a su pareja a los ojos, unos profundos ojos azules.

-Swan.-alguien le llamaba a la distancia.

-te…

-Es hora de despertar.-otra vez la voz, pero sonaba más cerca .

Vió los labios del hombre moverse, e intentó aferrarse a eso, pero ningún sonido salió, la música también desapareció y sintió que la sacudían. El escenario comenzó a desvanecerse y finalmente abrió los ojos.

Garfio estaba ahí con una sonrisa ladeada, notó, echándole un vistazo fugaz a la ventana, que ya estaba atardeciendo.

-Disculpa que te saque de tu agradable sueño, Amor.- le dijo.- pero los príncipes ya están en el barco y desean conocerte.

Emma asintió aun desorientada y confundida por el sueño. Se sentó en la orilla de la cama un momento para dejar pasar el mareo y luego se dirigió a la puerta, con Garfio detrás, la abrió para salir, sin embargo, apenas enfocó su vista en uno de los hombres de un grupo en la cubierta, la cerró rápidamente, sintiendo cómo el color escapaba de su rostro y su corazón caía hasta su estómago.

-¿Amor?.- preguntaba Killian tras suyo.- ¿Pasa algo?

-¿Por qué él?.- se lamentó Emma ignorándolo, quiso abrir la puerta al menos sólo un centímetro para ver de nuevo, tal vez se había equivocado, pero ella sabía que no era así, le reconoció inmediatamente, era imposible no hacerlo.

Ahí afuera, con cabello rojizo, ojos verdes y una nariz ligeramente torcida por un golpe dado semanas atrás, se encontraba Hans Westergaard de las islas del sur.

Y eso sólo podía significar una cosa: problemas.


Hola, ya ha pasado tiempo desde que actualice, lo siento, pero entre a la escuela, y me pusieron demasiada presión apenas la primera semana (malditos), aparte, sólo tenía este capítulo escrito, y no me gusta publicar cuando no tengo al menos el siguiente.

¿Les gustó el capítulo? ¿Qué les parece esta introducción del odiado principe Hans?

Lo de Swan, bueno, esto quedaría mejor si la historia fuera escrita en ingles, pero… ¿Qué le vamos a hacer? mi ingles es terrible.

Gracias por los reviews, aunque creo que no les gustó mucho el capitulo de Bella.

Ciao