Naruto y sus personajes son obra de Masashi Kishimoto. Lo único que me pertenece es la idea y la historia, las cuales hago sin ánimo de lucro, con el fin de entretenerme y entretener a quien quiera leerla.


¡Hola ShikaTemas! Espero que los que estáis en el mismo hemisferio que yo estéis disfrutando del verano, del Sol, de las piscinas, de los amigos... ¿Del Pokemon Go? Jajaja. Y los que no, pues el invierno es una época maravillosa, mi estación preferida, así que os envidio. ;)

Me encanta que el ShikaTema venga a mi mente, pero esta vez he sacado la idea de un increíble doujinshi NaruHina: "Uzumaki Hinata No Monologue Tokidoki, Anata" ¡Y es maravilloso! Si os gusta esta dulce pareja, recomiendo totalmente que lo leáis, porque pasaréis un buen rato y entraréis en calor ¡Prometido! Jajajaja.

Sin más, ya avisando de que este fic va a tener alto contenido sexual y está inspirado en un doujinshi ¡Espero que os guste!

Especiales agradecimientos a mi grupo ShikaTema de siempre, os adoro locas.

Por cierto... WhiteTigerKiara está pasando por un largo bloqueo mental, lo deja todo explicado en su vídeo que podréis encontrarlo buscando en su propio canal de Youtube. Y si aún no la seguís en Facebook ¡Ya es hora! Las escritoras que estamos frustradas necesitamos mucho amor de nuestros lectores, saber que estáis ahí, que nos esperaréis y apoyaréis.

Porque nosotros os queremos mucho.

Sin más;

disfrutad de mis locuras.


Capítulo I

El murmullo de los ciervos

Lujuria no es debilidad

.

POV Temari.

Desde que Shikamaru, mi esposo, fue nombrado la mano derecha del Séptimo Hokage, Naruto Uzumaki, el volver a casa temprano para disfrutar de su familia se hacía cada vez más duro, como un recuerdo lejano.

Los Domingos, para mí y para Shikadai, nuestro hijo de 13 años, eran los mejores días de la semana. Shikamaru disponía del día libre y salíamos a comer barbacoa con la familia Yamanaka y los Akimichi; incluso algunas noches nos íbamos al bosque y mirábamos las estrellas hasta que Shikadai se quedaba dormido.

Sí, los Domingos eran maravillosos.

Pero hoy es Miércoles, el día de la semana que Shikamaru siempre tardaba más en llegar.

Como de costumbre, preparé la cena para Shikadai y para mí, comimos viendo la televisión y después nos quedamos un rato hablando.

—Hoy entrené con Mirai otra vez ¿Sabes mamá? Menos mal que la llamó Kurenai, sino aún estaríamos ahí...- Mi pequeño hablaba algo desganado y con un tono cansado en la voz.

Estábamos recostados en el sofá de la sala de estar haciendo zapping en la televisión; él tenía apoyadas sus piernas en las mías y yo le hacía pequeñas caricias en éstas.

—Bueno, Mirai tuvo un maestro excelente, quizás por eso tiene tanta resistencia. Aunque no lo parezca, papá es un ninja muy fuerte.- Presumí de mi marido, y sin querer se me vinieron a la mente el asombroso cambio de Shikamaru; de ser un pequeño vago harto de la vida, a ser un padre de familia atareado.

Muy atareado.

—Sé que papá es fuerte...- Mi hijo desvaneció mis pensamientos. —Debe ser muy difícil estar siempre trabajando.- Shikadai chasqueó la lengua y me miró. —Tú también eres muy fuerte.- Me regaló una sonrisa, de esas que solo él y yo sabemos poner y se levantó. —Voy a lavarme los dientes y a dormir.- Se dirigió al cuarto de baño y escuché la puerta cerrarse.

Shikadai me dejó mirando la televisión sin prestar atención a nada. Mi hijo tenía la madurez prematura de su padre, no había duda. Sus palabras me hicieron pensar en que tenía razón aunque yo quisiera restarle importancia; día tras día Shikamaru y yo habíamos dejado de pasar tanto tiempo juntos por culpa de su trabajo, incluso habíamos dejado de tener nuestros momentos íntimos.

Bajé la mirada hacia el mando a distancia que tenía entre las manos y presioné el botón para apagar la televisión. Resoplé y me puse una mano en la pierna, acariciándome a mí misma.

Echaba de menos que él me acariciara.

Cerré los ojos y me levanté. Había escuchado a Shikadai abrir de nuevo la puerta y me acerqué a su habitación para darle el beso de buenas noches.

—Descansa hijo.- Posé mis labios en su frente y él sonrió. Su madurez prematura me gustaba, pero quería seguir pensando que era mi pequeño e iba a seguir siéndolo siempre.

—Que pases una buena noche mamá.- Me dijo con sus preciosos ojos cerrados.

Apagué la luz y me fui a lavar los platos.

Seguía dándole vueltas a las caricias de Shikamaru, a sus ojos, a su cabello suelto, a mis manos resbalando por su espalda sudada...

—¡Auch!- Un plato cayó al suelo de pleno, por suerte no me hice ningún corte. —Maldito idiota, ahora tenemos un plato menos por tu culpa.- Maldije a Shikamaru en el viento algo enfadada.

Resoplé y recogí los trozos grandes, después barrí todo bien; Shikadai solía levantarse y caminar descalzo, así que me percaté de que no hubiera ningún trozo que pudiera dañarle.

Tomé aire y continué mi labor intentando no pensar en mi marido, y aunque fue costoso, lo conseguí sin romper un solo plato más.

Al ir a mi habitación, noté que era una noche bastante cálida, por lo que el pijama, aunque fuera de verano, me daría demasiado calor. Fui al cajón de mi armario y me puse el camisón que hacía unos días me había regalado Ino como regalo de... "eterna amistad".

—Qué tonta...- Sonreí y me miré al espejo.

El camisón tapaba lo justo y necesario. Era de seda blanca, le habría costado un dineral, pero a ningún regalo hay que hacerle feos.

Me llegaba por arriba de las rodillas, mucho más arriba... Solo tapaba el trasero; insinuante, por desgracia no había tenido la ocasión de enseñárselo a Shikamaru, hubiera querido que fuera algo especial; pero no.

De todas maneras, me lo estaba poniendo porque estaba fresca, no por él, me lo estaba poniendo por mí. ¿Verdad?

Resoplé y cerré el cajón.

Me senté en la cama con la luz de la mesa de noche encendida y miré la foto nuestra que tenía ahí. Sonreí con añoranza y de nuevo pensamientos que me hacían tener la carne de gallina inundaron mi mente.

En esa época estábamos todos los días haciendo el amor, todo el día, todos los días.

Junté mis piernas, rozando mi propia intimidad. De verdad necesitaba una noche a solas con él, necesitaba, por decirlo de alguna manera, tenerlo entre mis piernas.

Me tumbé en la cama hacia el lado opuesto donde él dormía y... descansé.

Antes de llegar a dormirme, escuché la puerta de la calle cerrarse con cautelosa lentitud. Shikamaru había llegado.

Como era su costumbre, pude escuchar sus pasos de pluma dirigirse hacia la cocina, donde le había dejado un poco de cena. Al poco rato, escuché cómo fregaba los platos.

Siempre le decía que no era necesario, pero él lo hacía porque no quería darme trabajo, mi corazón empezó a latir más deprisa sin razón aparente. Shikamaru era considerado, mucho.

Agarré la almohada fuerte y me hice la dormida cuando entró a la habitación.

Escuché cómo se desabrochaba su onesie y tuve la extraña curiosidad de darme la vuelta haciéndome la dormida para espiarle mientras se desvestía.

Tantos años casados y aún me gustaba hacer este tipo de juegos.

Tragué saliva y puse uno de mis brazos entre mis piernas; mala idea. El roce de mi brazo contra mi entrepierna quiso hacer que me levantara, tumbara a Shikamaru en la cama y me sentara encima de él toda la noche, hasta que se fuera a trabajar.

Pero no lo hice.

Me quedé esperando, haciéndome la dormida hasta que entró al baño que teníamos en nuestro cuarto y se lavó los dientes para después tumbarse a mi lado.

Me relajé cuando se metió en la cama, lo normal de todos los días era un pequeño beso en mi mejilla y después a dormir.

El beso no llegó a mi mejilla, pero noté su aliento en mi nuca.

—Hoy te has puesto un camisón muy bonito, Temari.- Su voz ronca con una mezcla entre cansancio y ganas.

Su mano se deslizó hacia la que tenía yo entre mis piernas.

—¿Estás dormida, Temari?- Me susurró, acto seguido su lengua recorrió mi cuello de arriba hacia abajo, besando mi hombro, bajando el tirante del camisón lo suficiente como para que el escote dejara a la vista casi todo mi pecho.

Sus caderas se acercaron a mi trasero y noté su erección chocar contra mí. Pero no hice nada, quería ver hasta dónde era capaz de llegar creyendo que estaba dormida.

Su mano se deslizó al pecho que tenía semi-descubierto y lo sacó del camisón comenzando a masajearlo.

—No llevas sujetador ¿Eh?- Un susurro aún más ronco se apoderó de mis oídos, haciéndome juntar las piernas más aún, pero si seguía tratándome así, diciéndome esas cosas... al final me correría con el simple roce de mi brazo contra mi intimidad y sus palabras tan insinuantes.

Mordí mi labio inferior, no podía aguantar más, quise darme la vuelta para continuar con el juego, pero...

—¿Shikamaru?- No podía creérmelo. —¿Te has dormido?- Pregunté con los ojos como platos.

Yacía tumbado boca arriba con la boca abierta, respirando lentamente y sus ojos cerrados. Pasé una mano por ellos y evidentemente estaba dormido.

Fruncí el ceño e iba a despertarlo para que acabara lo que había empezado, pero antes de hacerlo miré el reloj.

—Las cuatro y cuarto...- Resignada volví a mirar a mi marido, el cual tenía que levantarse dentro de tres horas y media para volver a la oficina. Sonreí y le di un pequeño beso en la frente. —Descansa.- Le susurré al oído.

Al incorporarme para volver a tumbarme vi que su erección aún no había bajado y se me cortó la respiración.

Shikamaru solía levantarse siempre así, pero no era común que se durmiera con una erección tan grande. Tragué saliva y posé una mano sobre ésta, él emitió un pequeño jadeo, sin llegar a despertarse.

—Oh no...- Mi mente estaba volando demasiado rápido y mi cuerpo no parecía querer hacer caso a mi sentido común.

Miré de nuevo a Shikamaru y sin ser casi consciente, mis piernas se pusieron a cada lado de su cuerpo; él seguía durmiendo.

—Shika...- Susurré mirando su rostro angelical, tan tranquilo y relajado.

Mordí de nuevo mi labio inferior y le fui dando leves besos en su pecho, el cual se movía con un ritmo lento y suave, al compás de su respiración. Seguí bajando hasta su abdomen, recorriendo con la punta de mi lengua todo este, hasta llegar al borde del pantalón que tenía como pijama.

—Mañana no vas a estar tan cansado.- Sonreí con pillería, sabiendo que él aún estaba dormido.

Bajé el pantalón lo suficiente para sacar su miembro de éste.

—No llevas ropa interior ¿Eh?- Miré su erección y me acerqué con lentitud.

Hacía demasiadas semanas que no notaba ese olor, el calor que emanaba, todo. Relamí mis labios y pasé la lengua por la longitud de su miembro hasta llegar al glande, donde succioné, saboreando el líquido pre-seminal que emanaba.

Me separé unos centímetros para comprobar que seguía dormido. Su expresión no había cambiado, sonreí y continué con mi trabajo.

De nuevo, abarqué con mis labios la punta de su erección bajando con costosa pero deliciosa lentitud hasta que mis labios tocaron los vellos púbicos de su bajo vientre. Cerré los ojos, notaba toda su intimidad dentro de mi garganta y también cómo mis braguitas empezaban a mojarse. Hice un suave movimiento de cabeza hacia arriba, aprisionando su erección con mis labios hasta que llegué de nuevo al glande y comencé a rodearlo con mi lengua, succionarlo y volver a meterme la plenitud de su intimidad hasta el fondo.

Lo estaba disfrutando tanto.

Mis ojos volvieron a mirarle. Su expresión había cambiado, tenía el ceño algo fruncido y ahora respiraba con más dificultad, una de sus manos había agarrado la sábana pero la soltaba al instante. Estaba claro que seguía dormido, y sin saber porqué eso me encantaba.

Mi cuerpo quería más, toqué mi intimidad tratando de calmarme pero no hice otra cosa que querer algo más que esto.

Dejé mi labor con su erección y volví a poner una pierna a cada lado de sus caderas.

—Shikamaru... No sabes cuánto necesito esto.- Me sentía mal ahora porque estaba a punto de auto-penetrarme sin su consentimiento. El corazón me latía deprisa pero no podía echarme atrás ahora, me arrepentiría más aún que si terminaba lo que había empezado.

Con cautela y lentitud rocé nuestras intimidades apoyando mis manos en el colchón, agarrando las sábanas.

—Eres tan...- No quería hablar más de la cuenta, mi propósito era que continuara dormido.

La luz de la Luna era suficiente para llenar la habitación con reflejos blancos, que hacían a Shikamaru aún más atractivo si se podía. Solté algunos gemidos cuando noté la punta de su erección en la entrada de mi intimidad, estaba a punto de meterla, la necesitaba.

Lo mojada que estaba ayudaba a que mi intimidad resbalara con facilidad. Mi aliento cálido salía de mis labios como susurros, trataba de ser lo más cautelosa que podía. Bajé mi vista hacia sus labios, los cuales estaban entreabiertos, soñaba que esos labios me devoraran en este momento.

Gemí más fuerte, sin llegar a despertarlo.

Sin poder aguantar más, metí la totalidad de su miembro dentro de mí, tapándome la boca ipso facto con una de mis manos.

Rodé los ojos y los puse en blanco, no podía describir mis emociones en este momento. Después de todas estas semanas de sequía por fin podía notar a mi marido dentro de mí, lo echaba tanto de menos...

Comencé a moverme encima de él y escuché sus jadeos. Paré de inmediato pensando que me había pillado, y con el corazón en la boca le miré, resoplé dando gracias que continuaba dormido, sonreí y volví a moverme un poco más deprisa.

—¿Te gusta Shikamaru?- Relamí mi labio inferior y agarré fuerte las sábanas.

Subía y bajaba por su erección con facilidad gracias a la lubricación que mi intimidad emanaba. Estaba tan excitada, pero necesitaba tocarle a él no las sábanas.

Entrecerré los ojos y posé mis manos sobre su pecho; musculoso, perfecto. Le admiraba desde arriba como si fuera mi Dios, como si tuviera que hacer esto para que él se sintiera mejor; pero en realidad solo quería hacerlo porque yo necesitaba tenerlo a él.

Recorrí su pecho con mis manos pasando mis uñas por este sin llegar a arañarle con fuerza; pero sí para hacer que su piel se erizara ante mi tacto.

Cerré los ojos, notando cómo me deslizaba por él de arriba hacia abajo, despacio, sensual. Aún llevaba el camisón puesto, pero tuve la necesidad de sacar mis pechos y comenzar a tocármelos yo sola, imaginándome que era él quien lo hacía; como minutos atrás.

Me acerqué a él dejando que mis pechos rozaran el suyo haciendo que se me erizaran los pezones aún más con el roce, jadeé en su oído su nombre y me mordí el labio inferior para después darle un leve beso en los labios y pasar mi lengua por la comisura de éstos mientras continuaba bajando y subiendo por su intimidad.

Mis jadeos se volvieron casi incontrolables, me volví a incorporar y pellizcando mis pezones, masajeando mis pechos, gimiendo su nombre... noté que mi final ya estaba a punto de llegar. Por fin podría desahogarme.

Me moví algo más deprisa notando dentro de mí cómo la erección de Shikamaru palpitaba, él también quería terminar ya y poder liberarse.

—Tem...- Al parecer estaba haciendo que mi marido soñara conmigo mientras le hacía el amor estando él dormido.

—¿Sueñas conmigo, Shika?- Dije entre gemidos, bajando mis manos a su pecho, acariciándolo y moviéndome más deprisa encima de él. —Sueñas conmigo m-mientras te hago est-ah...- A penas podía hablar, estaba a punto de terminar.

Shikamaru volvió a jadear y frunció el ceño. A los pocos segundos noté cómo un líquido a presión inundaba todo mi interior, brindándome calor y satisfacción; gracias a notarme llena por él pude acabar yo también.

—Me encanta que te c-corras dentro...- Apreté los dientes y arqueé mi espalda, dejándome ir.

Saqué su erección de mi interior y pude notar cómo el semen se escapaba por mi intimidad, me dio un escalofrío de placer.

Abrí los ojos de par en par y di una gran bocanada de aire al acabar. Respiré con dificultad durante unos segundos y le miré; su rostro ya estaba completamente calmado, podía apreciar una pequeña sonrisa en sus labios. Besé la comisura de estos.

Me bajé de él y con delicadeza le limpié con unos pañuelos que teníamos en la mesita de noche, también fui a asearme un poco y volví a la cama.

Me recosté en su pecho y con ayuda del murmullo de los ciervos que habían en nuestro jardín, concilié el sueño preguntándome cuáles fueron los sueños de Shikamaru aquella noche.


¿Qué tal? Es algo diferente y que de verdad me resulta muy sensual de escribir. Pensar que Temari estaba tan necesitada de sexo que hasta lo hace sin el permiso de su marido... ¡Ay pillina! Pero no podemos culparla, quién se podría resistir tanto tiempo a semejante cuerpo, semejante hombre, rawrrrrr. ¡Jajajaa!

Espero de verdad que os haya gustado, y no penséis que acaba aquí, en el segundo capítulo quizás descubrimos qué fue lo que Shikamaru había soñado, o quizás Temari sigue haciendo de las suyas para complacer a Shikamaru, o mejor dicho, auto-complacerse a causa de su marido.

No olvidéis poner en alerta este fic, porque si os ha gustado este capítulo, el siguiente os va a encantar. ;)

¡Besitos de chocolate con leche para todos!