Dos nacimientos

Dragon Ball y los personajes que aparecen en esta historia no me pertenecen, son creaciones de Akira Toriyama.


Summary. Bulma y Vegeta comparten dos hijos, pero sus nacimientos se dieron en situaciones completamente distintas.


Capítulo I : Primer nacimiento, Trunks.

Año 766

No podía ser. No, no, no. Ella había tomado precauciones, todos los días tomaba la píldora y durante un tiempo –corto, pero al fin y al cabo- usaron preservativo.

Bulma tomó otro sorbo de su café sentada en la mesa de la cocina. Hoy no podía concentrarse en su trabajo. Vegeta la había pedido más robots de entrenamiento y algún que otro arreglo en su cámara de gravedad, pero su preocupación no la dejaba trabajar. Hacía un mes y medio que su menstruación parecía haber cogido unas vacaciones, cosa que no la preocupó hasta entonces, cualquiera podría tener un retraso, ¿verdad?

Su estómago dio un vuelco y su rostro palideció. Corrió hacia el fregadero que tenía al lado y vomitó. Pero esto ya no era normal. No había comido nada en mal estado, no se había excedido con el alcohol... Excepto aquella noche, hacía dos meses.

Flashback

La peliazul había decidido ir de compras al centro comercial más grande de la Capital del Oeste, para despejarse un poco de su trabajo en el laboratorio, y también de su invitado. Era agotador convivir con él, en todos los sentidos. Si se encontraban, por una cosa u otra, terminaban discutiendo –porque él parecía disfrutar viéndola molesta-, conversar con él normalmente era muy complicado. Así que cuando esta situación se daba, prácticamente todos los días, ambos permanecían unas horas sin hablarse ni dirigirse la mirada para que, al caer la noche, ella o él fuesen a buscarse a sus respectivas habitaciones y se reconciliaran. Porque así eran ellos, no había disculpas cuando todo podía solucionarse con pasión. Era su tratado de paz.

Cuando la mujer realizó todas sus compras y se cansó, ya era tarde. Salió del gran edificio, sacó una cápsula que explotó y dejó aparecer tras el humo su aeronave de lujo. Entonces lo vio. Vio a su novio, de nuevo, con una mujer, con su brazo alrededor de los hombros de esa tipa. Parecía andar con torpeza, probablemente debido a las copas de más. Apretó los puños y tiró las bolsas de mala manera dentro de la nave, no quería ver más. Maldición, era su novio, con el que tantos años había estado y él no era capaz de vislumbrar lo afortunado que era teniendo a una mujer como ella. Furiosa, arrancó y a toda velocidad pasó al lado de la pareja, haciendo que ellos tuvieran que apartarse para no ser atropellados, pero Yamcha no pareció darse cuenta de quien era el piloto.

Era cierto. Ella estaba acostándose con Vegeta. No podía negarlo. Pero tenía una razón de peso para hacerlo. Estaba harta de tener que ver tantas veces lo que había visto esa tarde, desde hacía años. Ella ya no tenía dieciséis años. No era esa chica inocente y soñadora, y él ya no era ese joven tímido y acobardado por las mujeres. Todo lo contrario. Y a Bulma Briefs nadie se atrevía a humillarla y engañarla de esa forma, así que si él se tomaba la libertad de ver a otras mujeres, ella no se preocuparía si su invitado, el cual era condenadamente atractivo, se fijaba en su evidente belleza. No iba a culparle por apreciar lo que su novio no era capaz de ver, y ella no pensaría en lo que pasase entre ellos.

Mañana llamaría a Yamcha y cortaría definitivamente con él. Pero hoy iba a pasarlo bien con ese extraterrestre que se hospedaba en su casa y que justamente entraba en la cocina. El guerrero entró vistiendo sus shorts ajustados de entrenamiento, sudando con una toalla colgando de su cuello. Parecía haber tenido una intensa sesión de entrenamiento, y a juzgar por su semblante, no le había ido mal.

Miró de reojo a la mujer, rodeada de latas de cerveza, que estaba apoyada sobre la mesa de la cocina. El hombre abrió el frigorífico y sacó de él una botella de agua, que bebió de un trago. Se quedó observándola durante unos segundos sin mediar palabra, hasta que decidió burlarse de su deplorable estado. Hoy se encontraba de buen humor.

—¿Acaso no has encontrado lo que buscabas? Estás patética.

—¿Y tú no te cansas de ser un maleducado? —respondió enfadada por su comentario, sí, estaba borracha, pero aún era consciente y comprendía sus palabras. Si quería jugar, jugaría. No iba a permitirle el lujo de verla cabreada esta noche.—Pareces contento, ¿vas avanzando en tus entrenamientos?

—Eso no te importa.— respondió seco, pero curiosamente no abandonó la cocina si no que se recostó sobre la encimera. Sí, debía estar de muy buen humor.

Bulma le ofreció una lata de cerveza de las que aún no había bebido y el hombre la aceptó, bebiéndosela igualmente de una vez.

—Ey, si bebes así se te subirá pronto el alcohol, y no querrás parecer tan patético como yo, ¿no? —Bulma sonrió y volvió a darle otra.

—La única que puede emborracharse con cinco líquidos de estos eres tú, mujer. —ahí estaba su sonrisa burlona de medio lado, esa que ponía cuando estaba disfrutando a su costa, pero que en ese instante, a ella le pareció jodidamente sexy. Tomó el primer sorbo pero Bulma se le acercó meneando sus caderas. Para estar ebria, la condenada terrícola sabía moverse bien. Ella le arrebató la lata de su mano y tomó, después besó sus labios con ardor mientras vertía el trago en la boca de él.

Eso había sido raro. Raro y excitante a partes iguales. Vegeta la tomó bruscamente de las caderas para pegarla a su cuerpo y Bulma dejó caer la lata al suelo cuando su trasero apoyó en la encimera de la cocina.

Fin del Flashback

Aquella noche, ella había perdido el sentido con el guerrero, y no recordaba nada la mañana siguiente. De hecho seguía sin recordar lo que había pasado, pero de lo que estaba segura era de que habían tenido sexo. Muchas veces.

Era estúpida. Estúpida por confiar en Vegeta. Quién en su sano juicio se fiaría de que este bestia iba a hacerla caso cuando ella le explicó que debían utilizar protección. Seguramente ni se le habría pasado por la cabeza, y ella en su estado, dudaba de sí misma. Hacía una semana que ella no tomaba la píldora porque su médico había recomendado que tomara un descanso, así que seriamente habló con el saiyan y le explicó que debían utilizar siempre preservativo, al menos durante el tiempo que ella no tomara las pastillas. Pero el desgraciado siempre hacía lo que le daba la gana.


Quería pensar que su malestar se debía a la pastilla del día después que tomó por precaución, pero estaba durando demasiado. Y de un momento a otro saldría de dudas. Sentada en la taza del wc, Bulma miraba fijamente el predictor. Estaban siendo los segundos más largos de su vida. Una marquita apareció, Bulma tembló y rezó porque la segunda no apareciese.

Pero no fue así. Allí estaban, dos putas marcas en el predictor que indicaban que estaba embarazada. Embarazada de Vegeta.


Un mes más pasó de aquello, y Bulma no se había atrevido a contarle nada. Pero tenía de hacerlo, una vida crecía en su interior y su vientre pronto empezaría a abultarse. Él no era idiota y se daría cuenta, entonces sería peor. Hoy iba a comunicarle que tendría un hijo con ella.

Bulma salió decidida a paso ligero al patio donde se encontraría Vegeta entrenando como de costumbre, pero de repente observó como él corría hacia su cámara y se encerraba en ella. Así que la peliazul fue hacia allí. Pero cuando dio unos pasos, de la nave comenzó a salir humo y a levitar. Ella tapó su cara con los brazos para protegerse del humo y del viento, y cuando la cámara escondió sus ruedas y salió disparada hacia el cielo, ella cayó al suelo.

Miró hacia arriba pero todo rastro de Vegeta y de la nave había desaparecido. Él se había ido, cuando iba a confesarlo por fin. Lágrimas resbalaron por su mejilla, no podía creerlo. La había abandonado.


Bulma acarició la pequeña cabeza del bebé que tenía en su regazo. Le puso para cubrirla un gorrito con dos orejas, que su abuela le regaló y que a ella le encantaba. Se parecía al gato de su padre con él puesto. Pero el pequeño no parecía estar muy de acuerdo y comenzó a gimotear, para después llorar ruidosamente.

—Cariño, ¿qué te ocurre? Nunca te ha molestado el gorro. — Bulma le meció y paseó por la habitación con él en brazos. Últimamente estaba desconsolado. Se pasaba los días llorando, y nada le calmaba, hasta que por agotamiento se quedaba dormido. Estaba asustada, pensaba que había caído enfermo, pero los médicos le dijeron que estaba extraordinariamente bien y era un niño sano y fuerte. Y era cierto, no había enfermado desde que nació.

Cuando consiguió calmarle, le depositó sobre su cuna y se recostó sobre los barrotes para mirarle. El pequeño mantuvo su mirada un segundo con su ceño fruncido, para después coger un peluche que tenía cerca y zarandearle, mientras movía felizmente su cola de un lado a otro y reía. Una sonrisa apareció en el rostro de la mujer, pero se borró cuando Trunks tiró con una fuerza anormal el peluche y fue a parar a la pared de en frente.

No podía evitarlo. Su ceño fruncido permanente a pesar de tener dos meses, su rabo de mono que siempre movía energéticamente y su fuerza sobrenatural, provocaban que Bulma siempre se acordase de él. No podía desentenderse. Era su padre, aquel que nunca había conocido. El cabrón no volvió desde que la dejó tirada en el césped del jardín, embarazada y rota. Ni una sola llamada o comunicación. Nada.

Pero ella era valiente y luchadora. Siempre lo había sido y todo salió bien. Su bebé era el más precioso y fuerte del planeta, de eso no cabía duda; y aunque no quería admitirlo, también era gracias a Vegeta.

Apagó la luz, dejando una vela encendida y marchó a su habitación a dormir. Había sido un día de duro trabajo, sus padres no se encontraban en casa para ayudarla con el pequeño granuja y lidiar con un semi-saiyajin era agotador. Se tumbó sobre su cama y se dio la vuelta mirando hacia los grandes ventanales. No quería reconocer que lo extrañaba, pero así era. Había podido conocerle durante el corto tiempo que estuvieron juntos, y aquello jamás lo olvidaría. Aunque ella ya se había acostumbrado a vivir sola con su retoño y era feliz con lo que tenía, ese capullo estaría ocupando parte de su corazón.


Las ruedas tocaron el cesped bañado por el rocío de la madrugada y dejó de echar humo. La rampilla se desplegó y unas botas salieron de su interior, seguidas de su propietario. El hombre pegó un salto para bajarse del todo y la rampa volvió a su sitio automáticamente.

Miró a su alrededor, casi un año había pasado, pero todo seguía tal y como cuando marchó en busca de Kakarotto. Se había enterado por los inútiles amigos de la científica que el idiota se encontraba en un planeta cercano entrenando, y no perdió ni un segundo más. Se apresuraría a encontrarle para darle su merecido.

Por más planetas que recorrió, no encontró a nadie, solo las pequeñas alimañas que habitaban en él y que nada le importaban. Así que frustrado decidió entrenar, si aquel chaval y Kakarotto fueron capaces de conseguir alcanzar el Legendario Super saiyajin, por qué él no podía lograrlo, ¿por qué? ¿Acaso él no era el Príncipe de los Saiyajin, el más temido y poderoso de los guerreros de su planeta y de la galaxia, al que todos reverenciaban a su paso?

Una lluvia de meteoritos de acercaba a toda velocidad; de rodillas acumuló su ki y lo hizo explotar, gritó furioso. Su pelo de punta se tornó de un tono brillante, dorado y su aura cambió de color. Miró sus manos temblorosas. Lo había logrado, esta vez sí, no era una quimera. Era un Super Saiyajin. Ese payaso de Kakarotto y ese niñato ya no serían rivales para él. Sonrió sádicamente y apretó sus manos con guantes destrozados y ensangrentados.

Todo parecía igual excepto por una cosa. Un ki del que no tenía conocimiento estaba en la casa. Era prácticamente insignificante, pero más poderoso que cualquiera de los que allí habitaban. Frunció el ceño, extrañado. Tampoco parecía que nadie estuviese alertado por esa presencia en la casa. No es que le importara en absoluto la seguridad de aquella loca peliazul, pero él consideraba esta su casa y territorio, y nadie podía invadirlo así como así.

Voló directamente hacia la ventana del que procedía aquel ki y como imaginó, esta permanecía abierta; esta mujer no tenía remedio, siempre era así de descuidada. Sin más entró en su interior. Observó todo a su alrededor, jamás había entrado en esta habitación, estaba pintada en tonos apastelados llena de peluches por todas partes. En el centro había una especie de cama muy pequeña con barrotes. Enchinó sus ojos para fijarse más ya que él podía ver perfectamente en la oscuridad, pero no parecía haber peligro y el ki procedía de aquel cubículo. Dio unos pasos y se asomó. Enarcó una ceja cuando vio a un bebé durmiendo plácidamente. Pero pronto su expresión cambió y sus ojos se ensancharon todo lo que daban de sí. Este niño tenía un rabo que movía de un lado al otro, inconscientemente. Eso solo podía significar una cosa, era un saiyajin.

En ese momento el pequeño abrió los ojos y medio adormilado le miró. Se cogió con sus manos rechonchas su propia cola y la llevó a su boca para chuparla. Después frunció el ceño, tal y como el adulto que estaba mirándole hacía.

Su poco pelo era de un color parecido al de Bulma, pero sus inequívocos ojos aunque de un color azul celeste, eran como los suyos. Y ese rabo... Traería problemas. Vegeta levantó sin ninguna delicadeza al pequeño por el pie, manteniéndole cabeza abajo y este comenzó a llorar. Sin importarle su llanto, el guerrero le sostuvo la cola fuertemente y dio un tirón, arrancándola limpiamente. Él ya lo había hecho con la suya muchas veces.

El infante lloró aún más fuerte y cuando iba a arrojarle de nuevo a la cuna, Bulma apareció. Cuando la mujer presenció la escena su cara se desencajó, y sin embargo corrió como alma que lleva el diablo a arrebatarle de su mano al bebé. En ese momento no sabía por lo que estaba más preocupada: si de que su hijo sangraba por la espalda o de que Vegeta estuviese allí con la cola del niño en la mano. Su primera reacción fue alzar su palma para propinarle una bofetada en la cara que él ni se molestó en parar y ni si quiera movió su rostro.

—¡Hijo de puta! ¡¿Qué le has hecho a mi hijo?! Oh Dios mío, Trunks, estás sangrando, tu cola... — la mujer acunó a su hijo intentando consolarle sin éxito y le apretó contra su pecho fuertemente, intentando cubrir con sus manos su herida sangrante.

—Es tu hijo, y también el mío. Si no quieres que tu adorado planeta vuele por los aires cuando este mocoso se transforme en Ozaru debido a su cola, lo más normal es que se la hubierais arrancado al nacer, insensata. — la mujer le miró sin decir nada, tenía razón y ella lo sabía, pero no podía permitir que nadie hiciera daño a su pequeño.

—Se llama Trunks y ya veo que has descubierto que también es hijo tuyo. No esperaba menos de ti. — Bulma se dirigió hacia el baño apresuradamente y trajo un botiquín de primeros auxilios para curar la cicatriz.

—Eso no es necesario, sanará solo. — la mujer hizo caso omiso a sus palabras pero para su sorpresa había dejado de sangrar y parecía estar cicatrizando ante sus ojos, como él decía.

—¿Por qué has regresado? No quiero verte por aquí. Nos abandonaste. — alzó su mirada dolida y acusatoria, para encontrarse con los pozos negros del hombre, que destilaban furia.

—Esta es mi casa.

—¿Cómo dices? — era el colmo, bufó con sorna por no tirarle la caja que tenía a mano. Por suerte el pequeño ya no sangraba y se había quedado dormido en sus brazos. Ella salió de la habitación dejando a Trunks de nuevo en su cuna, seguida del saiyan.

—No me dijiste que estabas preñada de este crío, maldita sea, Bulma.

Era la primera vez que oía de su boca su nombre.

—Yo... Iba contártelo, pero tú tuviste la genial idea de irte y abandonarnos sin más. ¿Qué coño te importamos ahora? ¿Qué es lo que quieres de mí, eh? — Vegeta se acercó a ella y la cogió del brazo, pero lejos de asustarse, Bulma no se movió ni un ápice y enfrentó su mirada con igual ira.

—Es mi hijo y voy a criarlo como un saiyajin que es. No permitiré que lo conviertas en un humano débil, ¿me has entendido?

—Suéltame.— ella tiró y se liberó, pero el hombre la acorraló contra la pared, poniendo ambos brazos a los lados de su cabeza apoyando sus manos.

—He vuelto porque ya soy un Super Saiyajin. —declaró finalmente, con una sonrisa arrogante. Bulma quería insultarlo y mandarle fuera de su casa, pero se traicionó a sí misma y le devolvió la sonrisa. Mierda, no podía evitar sentirse orgullosa de él. Había luchado y se había esforzado tanto por lograrlo, en parte gracias a las tecnologías proporcionadas por ella, que sentía su éxito como propio.

Joder, no podía olvidar como si nada todo lo que habían pasado juntos, y ahora tenían un hijo en común.

—Vegeta, eso es... Te felicito.

Se miraron durante unos segundos eternos, a tan solo unos centímetros el uno del otro. Sin embargo sus miradas ya no estaban llenas de furia como hacía unos instantes, si no cargadas de orgullo y pasión compartidos. La complicidad entre ambos no se había perdido a pesar del tiempo, si no que estaba más viva que nunca. Bulma se sintió nuevamente derrotada por el extraterrestre y cerró el espacio que los distanciaba para atrapar los labios del guerrero. Este respondió a su beso y bajó por su cuello, la cargó por el trasero y se dirigió a la habitación de la mujer que estaba al lado.


—Vamos, Vegeta, solo será un segundo. — la pelizazul perseguía al padre del pequeño que cargaba, el cual parecía estar disfrutando de la situación y reía contento agitando sus brazos.

—Bulma, ¿es que no tienes otra cosa que hacer? Déjame en paz. — ella ya se había acostumbrado desde hacía poco tiempo a que la llamase por su nombre, pero a la científica la seguía pareciendo un cántico celestial oírlo de su boca. Y esto lo único que provocaba es que ella se pusiera aún más pesada.

—Estate quieto. — de improviso y sin previo aviso, colocó al bebé en la espalda ancha del guerrero y el pequeño se enganchó con sus manos al rostro de su padre. Como era costumbre cuando estaba cerca de él, comenzó a berrear y a llorar y estiró de sus mejillas, haciendo que la expresión de Vegeta fuese muy cómica.

Bulma rió a carcajadas ante la escenita.

—Menudo padrazo estás hecho. —el hombre gruñó y cogió al niño del pie, como siempre hacía, prácticamente tirándole con su madre por los aires.

—Como vuelvas a hacer eso, subiré al mocoso al techo de la casa. — amenazó, pero ella sonrió y le guiñó un ojo, ignorando su comentario que sabía perfectamente no haría nunca. No mientras ella estuviera vigilando a su hijo. El pelinegro soltó su característico "¡Hmp!" y se volteó dirigiéndose a la cámara de gravedad. En el momento que se alejó, Trunks dejó de llorar y volvió a reír alegre.


Estaba recostado sobre un gran árbol del jardín a la sombra. El calor de este planeta le hacía difícil el estar tantas horas entrenando con una gravedad de 500, así decidió salir a tomar un poco el aire aprovechando que su pesada anfitriona no estaba en casa. Con los ojos cerrados y de brazos cruzados meditaba, debía de controlar mejor su estado en Super saiyajin. Sintió un misero ki junto a otro más poderoso acercarse, era obvio de quién se trataba.

—Querido, siento molestarte, pero tengo que salir un momento. Te dejo con el pequeño Trunksi, seguro que lo cuidarás muy bien, ¿verdad? ¡Chaooo! —tiró un beso al aire y se fue.

¿Trunksi? ¿Cuidar? Vegeta abrió los ojos y vio al bebé en frente de él sentado, mirándole fijamente. Ni rastro de la madre de Bulma. Mierda. Maldita sea, esa mujer rubia estaba igual de loca que su hija, de lo contrario jamás se le hubiera ocurrido la idea de dejarle al crío con él.

Como de costumbre cuando estaba cerca de su padre, comenzó a hacer pucheros.

—Ni se te ocurra llorar o te dejaré con uno de esos dinosaurios para que te coma.

A pesar de que el pelilila no tenía ni idea de lo que le había dicho, curiosamente, surtió efecto y le miró frunciendo el ceño. Incluso parecía que había comprendido el tono de sus palabras. Eran dos gotas de agua, con distinto color en sus orbes.

—Qué estás mirando. Duérmete y no me molestes. —dicho esto volvió a cerrar los ojos.

El pequeño se balanceó hacia delante para quedarse tumbado boca abajo y gateó rápidamente hacia el adulto. Tiró de su traje elástico y soltó, haciendo efecto látigo. Vegeta abrió los ojos molesto encontrándose con los de su hijo a menos de quince centímetros. No sabía cómo se las había ingeniado para subirse encima de él.

—¡Pa! —balbuceó contento, y su mano rechoncha fue a parar contra el rostro de Vegeta. Este le apartó antes de que pudiera estirar de su mejilla y el pequeño le cogió de un dedo. Apretó demasiado fuerte para un niño de su edad, tanto que el pelinegro tuvo que tirar para soltarse. Sonrió de lado y el infante rió contento perdiendo la estabilidad y cayendo hacia atrás sobre las piernas de su padre.

—Ya es suficiente Trunks, estate quieto.

Lo elevó con los brazos en alto del cuerpo y lo colocó de nuevo en el césped. El pequeño se tiró de espaldas para quedarse tumbado y balbuceaba mientras atrapaba sus pies y se los llevaba a la boca. Vegeta miró este gesto con desagrado. Ese gorro que su madre se empeñaba en ponerle era ridículo, parecía el gato diminuto del viejo en vez de su hijo. Era un deshonor. Así que le agarró de una oreja y se le quitó. Trunks que hasta entonces parecía muy concentrado en babearse el pie entero, le miró enfadado y comenzó a gimotear.

—Los saiyajins no lloran, mocoso, si lo quieres cógelo tú mismo.

Como si hubiera entendido sus palabras, se incorporó de nuevo para sentarse y con una fuerza extraordinaria, apoyó sus manos, después sus piernas y se puso de pie. El pelinegro, divertido por la entereza de su retoño, mantuvo en alto por encima de su cabeza el gorro. Se estiro todo lo que pudo, incluso dando algunos pasos y saltitos, hasta que finalmente lo alcanzó y se le arrebató a su padre de la mano.

—¡Pa! ¡Ma! —Trunks agitaba la prenda hacia él, como pidiéndole que volviera a colocárselo.

—Eres igual de pesado que tu madre.

Trunks infló los mofletes y Vegeta soltó una carcajada. Este crío tenía carácter. Cogió el gorro de su manita y volvió a ponérselo de nuevo en su pequeña cabeza, intentando ser delicado. No entendía mucho de bebés, pero sabía que la cabeza era una parte frágil. Cuando se lo hubo puesto, regresó a tumbarse y continuó con lo que estaba haciendo antes, esta vez chupándose los puños.

Vegeta estuvo observándole un buen rato mientras jugueteaba consigo mismo; tiraba de la hierba: la arrancaba para tirarla por los aires y después reía. Era evidente que Bulma le estaba malcriando demasiado, pero a pesar de ello, su pequeño mostraba entereza como un buen saiyan. Pronto tendría la fuerza suficiente para comenzar a enseñarle técnicas básicas. Estaba seguro que sería más fuerte que el hijo de Kakarotto algún día. Sin darse cuenta, una sonrisa curvó sus labios.

Mientras pensaba aquello, la mujer rubia se acercó hacia ellos. Traía consigo una bandeja repleta de dulces caseros.

—Siento la ausencia, querido. Mira lo que te he traído para compensarte. ¡Pero mira el chiquitín, qué bien se lo está pasando! Tu papi te ha cuidado bien, ¿a que sí? — la señora Briefs dejó la bandeja a los pies del guerrero y tomó en brazos a la criatura, la besó en la mejilla y puso rumbo a casa. Trunks se asomaba por encima del hombro de su abuela, sonrió y agitó la mano a su padre bajo la atenta mirada de este.

Se metió dos pasteles en la boca y volvió a cerrar los ojos.


Vegeta miraba el trasero de Bulma, mientras ella estaba agachada bajo los mandos principales de la cámara. Había dejado de emitir gravedad, y seguramente se debiera a algún cable mal soldado. Ella trabajaba en silencio, tomaba las herramientas y la arreglaba, mientras el saiyajin la observaba trabajar. La científica sacó la cabeza y se incorporó para teclear algunos botones del panel.

—Cuando te marchaste a entrenar al espacio durante casi un año, Trunks no dejaba de llorar todos los días y era muy difícil calmarle. Cada vez que te acercas no deja de gimotear hasta que te vas. ¿Sabes a qué se debe? —era una cuestión que rondaba por la cabeza de la científica desde hacía tiempo, y por fin tenían un rato para conversar sobre ello.

—Él puede sentirlo.

—¿Puede sentir el qué? —siguió arreglando los cables, conocía de sobra a Vegeta como para saber que lo mejor para conversar con él era no mostrarse demasiado interesada, pues él huiría.

—Mi ki. Probablemente, mientras rondaba por los planetas cercanos, él pudiera percibirme. Aún es un crío para poder leerlo, pero la sensación se siente como punzadas en las sienes.

—Así que es eso. Pobre mi niño, debe de dolerle mucho. —Dijo apenada. El hombre chistó evidentemente molesto por su contestación. Él no la había contado nada acerca de ese momento en el que tuvo que hacerse cargo de él durante un rato.

—Ya te he dicho mil veces que no le trates como a un humano debilucho. Es mitad saiyajin y puede soportar esa sensación perfectamente. Si llora es porque lo tienes malcriado. En cuanto cumpla un año, comenzaré a entrenarle.

—¿Qué? Ni se te ocurra, no vas a entrenarlo tan pronto, es solo un bebé. —pero la dejó plantada con la palabra en la boca y se dirigió hacia la puerta de salida. La pareció oír una risa.

—Quiero la cámara arreglada para dentro de una hora. Bonito traje, por cierto.

Bulma se sonrojó y se miró, hoy tan solo llevaba puesto un top y unos shorts. Mono pervertido, esperaba que su retoño no sacase su mismo carácter insoportable.


¡Hola de nuevo, aquí Stitchita!

El oneshot "Protección" tuvo éxito, quería agradecer todos vuestros reviews, favs y follows, me hicieron muy feliz. A: Dev Fanfiction, PrincessBulma, rogue85, TefyHatake, Guest y Maiisa. Estoy teniendo problemas con mi cuenta para visualizar los reviews, ya que no salen en mi historia algunos de ellos y no se a qué se debe, así que he tenido que buscarlos en mi correo. Siento si alguno de vosotros no aparece escrito aquí pero gracias de veras.

Tal como prometí, me animé a escribir otro fic y aquí está.

Este ya es muy distinto y es que me encanta cuando se trata de una historia familiar. Constará de dos capítulos, así que el siguiente será el segundo y último.

Confesaré algo: lo que más me cuesta a la hora de escribir a estos dos son los diálogos. Me preocupa inmensamente sacarlos de su personalidad así que intento hacerlo lo mejor que puedo, sobre todo en cuanto a Bulma que es a la que peor manejo. Espero haberlos mantenido In Character durante toda esta historia, ya que se sitúa en una época algo complicada. Pienso que son personajes que evolucionan mucho a medida que pasa el tiempo y sobre todo Vegeta, así que este capítulo será bastante diferente al siguiente.

Agradecería todos vuestros reviews para hacerme saber qué les gustó o mejorar.

¡Nos vemos en el siguiente, pronto!

Stitchita.