Dos nacimientos


Dragon Ball y los personajes que aparecen en esta historia no me pertenecen, son creaciones de Akira Toriyama.


Capítulo II : Segundo nacimiento, Bra.

Año 778-780

—Ya es suficiente, Vegeta, no estoy inválida. ¿Por qué no vas con Trunks a entrenar un rato? — la mujer se encontraba subida en un pequeño taburete e intentaba alcanzar con dificultad un paquete de la estantería. Su pesada barriga de ocho meses la dificultaba ya ciertas cosas, pero no cejaría en el empeño.

—Está detrás de esa cría todo el día. En vez de estar fijándose en mujeres debería estar entrenando, va a volverse igual de débil que el hijo de Kakarotto. — él permanecía a su lado con los brazos estirados, preparado para sostenerla en cualquier momento –como si fuera posible caerse de un escalón de 20 centímetros–.

—Vaya, como si tú a su edad no te hubieras fijado en mujeres, ¿hm? —por fin pudo agarrar la caja que buscaba, y sin más, bajó del peldaño. —Cariño, no hace falta que estés rondándome todo el tiempo, sólo estoy embarazada, puedo hacer vida perfectamente normal. Me las apañé muy bien en el embarazo de Trunks mientras tú no estabas.

El hombre hizo una mueca, no le gustaba que le recordase ciertas cosas de su pasado de las que se arrepentía todavía. Y esta era una de las que no se perdonaría. Desvió la mirada.

—Pero ahora sí estoy aquí. No deberías hacer cosas peligrosas, para eso pídemelo a mí.

—¿Sí? Pues ya que te muestras tan servicial, podrías prepararme de esas bolitas de pulpo tan ricas, creo que tengo un antojo.

—Tch, no soy tu esclavo, descarada. —tras comprobar que Bulma se encontraba bien de un rápido vistazo, volteó y salió de la sala, no sin antes escuchar a su mujer reírse a carcajadas.


La peliazul se encontraba tumbada sobre una tumbona frente a la enorme piscina del jardín, descansando mientras bebía un zumo y hojeaba una revista. Estaba estrenando un precioso bikini que había comprado el otro día, de color coral con detalles celestes.

En ese momento alguien se lanzó de golpe a la piscina y la salpicó. Tras unos segundos, el saiyan pelinegro salió del agua totalmente empapado. Se revolvió el pelo enérgicamente y se acercó hacia la tumbona libre que estaba al lado de la mujer, recostándose.

—Ten más cuidado, me has mojado. —regañó Bulma, subiéndose las gafas de sol un momento para echarle una mirada a su hombre. No en vano le proporcionaba esos shorts tan ajustados y cortos si no era para deleitarse también con la vista de su esculpido y atractivo cuerpo.

—¿Entonces para qué te has puesto bañador? —él hizo lo propio con Bulma y se dio cuenta que nunca la había visto con esa ropa. Aunque era normal, porque ella casi nunca repetía vestuario. Pese a su gran tripa, lucía radiante.

—Mira Vegeta, esta ropita es preciosa, ¿no te parece?

Bulma le señaló la revista en la cual había fotos por todas partes de ropa de bebé. Pero al guerrero todas le parecían horrorosas e infantiloides, los humanos tenían mal gusto hasta para vestir a los críos. Ella le estaba indicando una prenda de una pieza color salmón y con estampado de flores.

—Nuestra niña estará divina con este vestido, como su madre.

Ignoró el comentario egocéntrico, y tomó del zumo de ella.

—No ha nacido y ya quieres llenarle de trapos. Lo más cómodo es que ande desnudo.

—¿Pero qué dices? ¿Acaso en vuestro planeta de simios retrogrados no vestían a los bebés? —por la cara que puso el hombre, era evidente que no. Bulma meneó la cabeza contrariada, y siguió pasando páginas emocionada.

—¿Cuánto falta para que nazca?

—Solo un mes más... —ella acarició su vientre y sonrió. Estaba convencida, y su intuición femenina no solía fallar, de que sería una hermosa niña. No quiso saber el sexo del pequeño, al igual que cuando nació Trunks, porque quería que fuera una sorpresa hasta el final.


Vegeta paró el golpe rápidamente de su oponente y le propinó una patada en el estómago. Goku se incorporó al instante y lanzó un puño que impactó de lleno en la cara del príncipe. Ambos jadearon agotados, llevaban una hora y media entrenando sin parar y el calor infernal de aquel planeta donde habitaban Wish y Bills no ayudaba.

—Vegeta, ¿un descanso? Me muero de hambre— las tripas del alto sonaron y su rival asintió. Sus cabellos azul brillante se apagaron al moreno característico.

Se dirigieron hacia una sombra de aquellos árboles de colores paradisiacos y tomaron algo de comer que Bulma siempre se encargaba de mandarles.

—Uff, estoy lleno, estaba delicioso, tienes mucha suerte de que en tu casa siempre sirvan comida así. Aunque no puedo quejarme, la comida que prepara Chichí también está riquísima.

Su acompañante estaba mostrando cero interés en la conversación aburrida de Goku, que siempre hablaba de comida.

—Dime, ¿cómo se encuentra Bulma con el embarazo? Chichí daba mucho miedo cuando estaba embarazada de Gohan.

—Bien, será un poderoso guerrero. Puedo sentir su ki.

—¿Por qué estás tan convencido de que será niño? Pan también es muy poderosa.

Vegeta dudó por un momento. A veces el payaso pensaba. Pero él estaba convencido de que su retoño sería otro varón, pelinegro como él. Y esta vez se encargaría de que Bulma no le malcriase como a Trunks.

—¿Qué pasaría si fuera niña?

—En ese caso, sería igualmente la guerrera más poderosa del planeta.—Vegeta sonrió con orgullo apretando el puño, y dio por finalizada la conversación.


—Mi amor, hoy estás luchadora, uff…— la científica estaba aprovechando a trabajar en el laboratorio mientras Vegeta había salido a entrenar con Goku. Nunca pensó que se volvería tan obsesivo con su salud al punto de no dejarla trabajar. Pero tuvo que parar porque el pequeño ser de su interior no paraba de darla patadas.

Se dirigió a la habitación compartida y se sentó en uno de los dos sillones que se encontraban en el centro de la sala junto a una mesa, rodeada de grandes ventanales que dejaban ver las impresionantes vistas de la Capital del Oeste. Programó un Homerobot, que en unos segundos le trajo a la mesa un vaso de agua. Acarició su barriga y bebió. No pudo evitar recordar con nostalgia el día en el cuál se enteró de que estaba embarazada y se lo comunicó al príncipe.

Flashback

La peliazul apartó su plato, el cuál había dejado medio lleno. No tenía nada de apetito últimamente.

—Hija, ¿te encuentras mal? Últimamente ni siquiera quieres probar mis nuevos pasteles con lo que te encantan… Deberías ir al médico. —su madre recogió su plato preocupada y la sirvió una infusión de manzanilla.

—Gracias, mamá. No te preocupes, ya se me pasará.

Todo lo acontecido con Black Goku y su hijo del futuro, la dejaron agotada. Pese a que finalmente todo salió victorioso, ella estuvo atenta y trabajando en todo momento para ayudar, y esto debía estar pasándola factura. De todas formas, haría caso a su madre y pasaría a visitar a su médico para una revisión rutinaria.

—Querida, lo que a usted la pasa es que está embarazada. ¡Enhorabuena!

No podía creerlo. Su médico acababa de confirmarla que estaba embarazada. De nuevo.

—Debido a que está en una edad más avanzada la tomaremos controles cada poco tiempo, pero todo debería ir a la perfección. Usted es un mujer saludable y…—

Las palabras de su doctor pasaron a un segundo plano. No tenía previsto tener otro bebé, por fin su vida ahora era estable y quería disfrutar de lo que tenía.

—Doctor, ¿cómo es esto posible si utilizo parche?

—Señorita Bulma, ningún método es eficaz al cien por cien, ya sabe.

Pasados los primeros momentos de preocupación, su semblante cambió. Esta era una nueva oportunidad para poder reafirmar su familia. Sonrió feliz.

Fin del flashback


Esa noche, ella estaba recostada en la barandilla del balcón de su habitación, fumando. Sabía que tenía prohibido hacerlo en su estado, pero este sería el último, se prometió. Estaba nerviosa por la reacción que pudiera tener Vegeta ante la noticia. No quería volver a pasar por esto sola como hacía años, y aunque esta vez tendría el apoyo de su hijo y su familia, para la peliazul la compañía de Vegeta era indispensable. Ya no se imaginaba una vida sin estar a su lado, junto con ella protegiéndola y cuidándola. Deseaba un padre que estuviese desde el primer momento con la criatura.

Oyó la puerta del baño abrirse y apagó el cigarro rápidamente con manos temblorosas, tirándole al jardín. Respiró hondamente. Vegeta se acercó a ella por detrás y posó las manos en su cadera, la besó detrás de su oreja y bajó por su cuello.

—Vegeta, hay algo que quiero decirte.—él la miró, y se fijó en su voz temblorosa. Estaba nerviosa. Dejó de abrazarla y se puso a su lado, recostándose igual que ella mirando al horizonte de la ciudad.

—Qué ocurre, Bulma.

Le miró con inseguridad y el pelinegro sostuvo la mirada en silencio, esperando su respuesta.

—No tengo todo el día.

—¿Desearías tener otro hijo?— fue directa y sin contemplaciones. Sabía que a Vegeta no le gustaban los rodeos. La paciencia no era su virtud.

El hombre frunció el ceño y la miró a los ojos durante un minuto, que a ella la parecieron horas. Tenía el poder de decirlo todo sin palabras, con ese simple gesto. Así confirmó sus sospechas.

—Eso era el ki que sentía…

La mujer ensanchó sus ojos con sorpresa, él lo sabía y no se lo había dicho.

—¿Por qué no me lo habías dicho si lo sabías? Estaba muy preocupada, no sabía cómo ibas a reaccionar y…—

Él se mantuvo en silencio unos instantes con la mirada perdida, ella se preguntaba que estaría pasando por su cabeza y después se giró. La sostuvo del mentón delicadamente, obligándola a mirarle.

—Estaré contigo y con nuestros hijos. Sois mi familia y jamás dejaré que nadie os haga daño, ¿entiendes?

Bulma sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas. Asintió y le besó. No dudaba de él, había cambiado tanto estos años, que antes no hubiera apostado ni un zenie a que fuese capaz de decirla estas palabras. Era la mujer más orgullosa de tener al príncipe de los saiyajin.


Aquel día hacía ocho meses, cuando su mujer se atrevió finalmente a confesarle lo que le pasaba y confirmarle sus sospechas, se sintió molesto. Y a la vez orgulloso.

El príncipe de los guerreros del espacio se encontraba en aquel acantilado, de pie y mirando al cielo. Era una costumbre desde hacía muchos años, cuando necesitaba estar solo y pensar, siempre acudía a este lugar solitario y silencioso, a la vez que bello, y cerraba los ojos.

Molesto porque ella no había confiado en él. Y eso era por su propia culpa. Se portó como un auténtico capullo con ella en esa época y la dejó sola cuando más requería de él. Durante muchos años se engañó y se dijo que no sabía de su embarazo cuando Trunks yacía en su vientre. Pero sabía que en el fondo no era así. Y se arrepentía cada día de haberla abandonado, le jodía enormemente cuando ella se lo recordaba. Ciertos demonios de su pasado, aún se reían de él. Esta era la oportunidad de demostrarla que por muy fastidiosa que era, que le sacase de sus casillas día si y día también, que fuese vulgar y chillona… Nunca jamás volvería dejarla sola. Ella era el ser que le completaba y sin ella, él no era nada. Era plenamente consciente de ello. Nadie volvería a tocarla y pobre del que lo hiciera. Ni a ella ni a ninguno de sus hijos.

Abrió los ojos y miró al frente, la brisa del mar acariciaba sus facciones duras. Escuchaba el sonido de las olas estrellarse contra los peñascos.

Orgulloso porque tenía la oportunidad de redimirse y estar en paz consigo mismo. Permanecería junto a su nuevo retoño, todos los días hasta que viese la luz por primera vez y lo protegería como a nadie durante toda su vida. Y cuando el príncipe saiyajin se prometía algo lo cumplía hasta el final. Era una sensación extraña, que había empezado a experimentar por Bulma y Trunks tras convivir tantos años con ellos. Pero se sentía ligeramente distinta. No podía explicarlo, y tampoco lo comprendía. ¿Cómo podía sentir esta devoción por alguien que aún ni había nacido? Ya había conseguido volverse alguien especial para él, lo que nadie había conseguido hasta ahora.


Bulma descansaba recostada en el pecho musculoso de su hombre. Ella contrajo su rostro en una mueca de dolor, gesto que no pasó inadvertido para él. Puso su mano en su vientre y la masajeó.

—¿Lo has sentido?

Vegeta asintió. Ahí iba otra patada. Irradió calor con su mano unos minutos, mientras le acariciaba. Al cabo de unos segundos parecía haberse calmado.

—Gracias, mi amor. —atrapó sus labios en un suave beso. —Creo que está deseando salir y conocer a su papi. —Cerró los ojos relajada y se quedó dormida al poco rato.

Acarició su cabello azul celeste y cerró los ojos, pronto también se quedó dormido.


La científica estaba trabajando reparando uno de los robots del guerrero cuando una tuerca se cayó al suelo. Bulma se agachó para alcanzarlo, y sintió caer un líquido por su pierna. Miró al suelo, un charco se había formado. Mierda, había roto aguas.

—¡Vegeta! ¡Trunks! ¡Mamá, papá! ¡ALGUIEN!

—Mamá, ¿me has llamado? —Trunks fue el más rápido en llegar y se asomó. —Oh, oh, ¿mamá qué te ocurre? —corrió preocupado al lado de su madre cuando vio el charco a su alrededor.

—No te preocupes cariño, he roto aguas. Necesito que llames al doctor inmediatamente, voy a ponerme de parto, ¡ah! —Bulma se dobló por el dolor. Ya estaban las primeras contracciones. Si este pequeño nacía como Trunks, no tardaría mucho en salir al mundo. Maldito saiyajin hijo de su madre por embarazarla otra vez. Ya se la había olvidado este dolor.

Mientras pensaba en eso, apareció el autor de los hechos.

—¡Por fin! Corre, llévame a la habitación, ¡ya! ¡Ouch!

Vegeta obedeció automáticamente, la tomó en brazos y en menos de un segundo la depositó en la camilla de la habitación que ella había diseñado y creado especialmente para este momento. Bulma resoplaba de dolor y el hombre no sabía que hacer. Hizo caso omiso cuando le ofreció acudir con ella a las clases de preparación al parto, pero no había tenido en cuenta que era humana y no una saiyajin, que en menos de diez minutos podían parir y ponerse a pelear.

—Cabrón, te juro que no vas a volver tocarme en la vida, ¡ah! Te la voy cortar, ¡ay!

Hizo como que no escuchaba, pues en este estado daba más miedo que el mismísimo Freezer en última fase. Vegeta le arrancó los pantalones de un tirón y volvió hacer lo único que le había funcionado: emitió calor con las palmas de sus manos. Esto pareció aliviar a Bulma.

El doctor entró apresurado y dejó los bártulos en la mesa.

—Buenos días, señorita Bulma.

—¡Déjese de cordialidades y hágalo de una vez!

—Caballero, ¿seguro que quiere quedarse?

—Sácalo de una puta vez, viejo.

El doctor le miró con espanto y se puso manos a la obra. No sabría decir quién tenía peor genio de los dos. Indicó a Bulma que abriera las piernas lo máximo posible y que empujara a su señal. Vegeta en el tiempo que llevaba conviviendo con ella no la había oído dar esos gritos jamás, y eso que ella era chillona de por sí. Cinco empujones más bastaron para que un pequeño bultito con una mata de cabello celeste, conociera el nuevo mundo.

—¡Mi enhorabuena, señorita Briefs! Es una niña preciosa. —la secó con un paño y la dio un cachete en el trasero ignorando su cola –él mismo atendió el parto de Trunks y estaba al tanto de las "rarezas" de esta familia-, a lo que la pequeña respondió con su primer llanto. Vegeta le fulminó con la mirada y el doctor la deposito rápidamente con su madre. Les deseó buena suerte y les avisó de que tenía su primera revisión en dos días. Salió huyendo por la puerta, dejando a la pareja sola.

—¡Ves, mis sentidos no me engañaban, Vegeta! Oh, mi niña linda, ya pasó, ya pasó. —la madre la acunó para calmar su llanto. Bulma miró a Vegeta, que tenía la mirada clavada en la pequeña, parecía obnubilado.

Una niña. Nunca en su vida habría imaginado que tendría una hija. Y mucho menos con el cabello turquesa, idéntico al de su madre.

—Vegeta, su cola, deberías... —dejó a medias la frase porque era algo que no la gustaba, pero que debía pasar. El hombre pareció salir de su ensoñación. Su rabo, a diferencia del de Trunks, era del mismo color que su cabello. Su padre lo atrapó, mientras se movía de un lado al otro y pegó un rápido e indoloro tirón. La pequeña respondió subiendo el volumen. —¿Quieres sostenerla? —parecía una pregunta tonta, pero ella sabía que a hijo no le había querido sostener en brazos nunca, a lo sumo le agarraba por el pie, sin embargo, en los ojos de él podía leer perfectamente que lo estaba deseando.

Ella le colocó los brazos en la posición adecuada y con cuidado depositó a la bebé sobre ellos. Parecía aún más diminuta cuando era sujetada por él. Automáticamente dejó de llorar y abrió por primera vez los ojos, para mirar al dueño de esos brazos. Sus ojos eran de un azulón intenso. Sonrió y estiró sus bracitos hacia él. Era una copia exacta de su mujer. Quedó prendado de su pequeña durante unos segundos que le parecieron horas, hasta que Bulma interrumpió el silencio.

—¿Qué tenemos aquí? ¡Pero si es una niña de papá! Aw, pagaría un millón de zenies por inmortalizar este momento.

El pelinegro la devolvió con su madre y se dirigió a la puerta para salir por ella. Al momento pasaron Trunks seguido de sus padres. La científica sonrió, comprendió que él quería intimidad para estar a solas con su niña.


El guerrero entró por la puerta de su habitación y la cerró tras de sí, se dirigió al sillón libre y se sentó, contemplando la escena. Bulma estaba amamantando al bebé entre sus brazos.

—Menudo apetito tiene para tener solo una semana, se nota que es hija tuya.

Él no dijo nada, simplemente siguió observando. No recordaba haber visto a una mujer saiyajin dando de mamar a sus retoños. Cuando estuvo saciada, la mujer la ayudó a echar los gases y preguntó:

—¿Nunca habías visto a una mujer dar el pecho? Parece que has visto un fantasma. —rió y bajó la vista hacia la niña, que no le quitaba los ojos de encima a su padre.

—En mi planeta, las mujeres estaban más ocupadas en ejercitar sus cuerpos para la batalla. Los recién nacidos eran cuidados por esclavas dedicadas a ello, hasta que cumplían el año de edad. Entonces, la madre comenzaba a instruirle en sus primeros entrenamientos. A los tres años, se les mandaba a la primera misión con su padre, si este no hubiera muerto, o de lo contrario con un guerrero tutor.

Bulma escuchó atentamente su historia. Pocas veces se daba el caso en el que hablaba de su planeta y habitantes, pero a la científica la fascinaba oír todo aquello, aunque no estuviera para nada de acuerdo con su brutalidad.

—¿Y si eran niñas?

—Si eran débiles o con escaso poder de pelea, pasaban a ser sirvientas de los altos cargos o prostitutas una vez alcanzaran la edad suficiente.

La peliazul arrugó el gesto totalmente asqueada.

—No me esperaba menos de una raza de bárbaros...

—Si eran fuertes, combatían junto a los demás guerreros en batalla y acudían a las guerras. Pero en ningún caso tenían el apego como tenéis las humanas con los críos.

—Y si yo hubiera estado en Vegetasei, ¿hubiera sido princesa? —cambió de tema.

—Reina.

Ella sonrió orgullosa y él le devolvió igualmente otra. La bebé empezó a agitarse inquieta en sus brazos y a gimotear, incómoda. Sabía qué hacer para solucionar el problema, así que se levantó y se la entregó a su padre. Dicho y hecho: la peliazul en miniatura dejó de hacer pucheros y comenzó a balbucear contenta.

—Mira, Vegeta, es como yo. Cuando su príncipe la abraza se la acaban todos los males.

El susodicho hizo oídos sordos a su comentario visiblemente incómodo. Su mujer rió divirtiéndose a su costa, le encantaba cuando le decía cosas cursis y él no sabía cómo reaccionar.

Éste acercó su mano enguantada y la pequeña cogió uno de sus dedos con sus manos rechonchas. Lo agarró tan fuerte y tiró, que consiguió quitarle el guante. Rió feliz por su logro y lo zarandeó de un lado a otro. Su madre no salía de su asombro.

—¿Has visto eso?

Esta niña será una guerrera excepcional. Pero obviamente esos pensamientos no salieron de su boca y simplemente afirmó con la cabeza.

—Se llamará Bulla. —anunció. Así era como se llamaba su madre, la cual fue la luchadora más fuerte que jamás conoció.

—Me gusta.


Y por fin, aquí está el segundo y último capítulo de esta corta historia.

Como habéis podido comprobar es bastante diferente al primer capítulo, menos melodramática. Al fin y al cabo, son otros tiempos de paz, y los personajes han cambiado y evolucionado. Estoy deseosa de ver a la pequeña Bra en Super, ¿¡hasta cuándo nos harán sufrir con la espera?!

Muchas gracias por todos los reviews que recibí en el primero a: annabelgonzalez92, Kathleen Kurayami, Guhxjspasalasdhdhdjs254, maryamaya1976, carols2497, LUNA VEGETA-RIANA, sky d, dayana (Guest), Jenny Nara1. Me animáis mucho a seguir escribiendo, de verdad, por tomaros un momento. Igualmente agradecer los favs y follows.

Ha tenido una muy buena aceptación y estoy encantada. Tanto que tengo algo más entre manos. Espero que podáis verlo pronto.

¡Nos leemos...!

Stitchita.