Disclaimer applied.

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Capítulo veintitrés: El silencio antes de la tormenta.

Ino Yamanaka sabía que tarde o temprano, Sakura lo sabría todo. También tenía la certeza de que ella debía saberlo. Desde ese día, en el sombrío pasillo del hospital de Konoha, había tratado de evitarla dentro de lo humanamente posible porque no se sentía capaz de observarla a los ojos o tratar con ella sin que un impulso la hiciera revelar todo de golpe. No podía sólo llegar y decírselo sin más, aquella información era delicada y, muy seguramente, difícil de digerir. Más todavía, para ella, quién era la madre de Sarada y la mejor amiga de Naruto Uzumaki.

¿Qué es lo que estaba pensando Naruto al inmiscuirse en una situación así? Le repugnaba y horrorizaba el pensar que estaban juntos de esa forma. No podía hacer imaginado ni en un millón de años que Naruto veía a esa muchacha, la hija de su compañera de equipo, de una manera que no fuera meramente paternal.

La información que poseía, era poderosa y potencialmente destructiva para los involucrados, arrasaría con la la familia de entera de Naruto y la de Sarada. Pero por más consciente que fuera de ello, no podía dejarlo así. Necesitaba un consejo, una persona que le diera una idea mínima de como proceder ante ello y llevarlo lo mejor posible. Alguien reflexivo y directo, alguien cómo...

—Shikamaru—Saludó Ino en su puerta, con una sonrisa nerviosa y de impaciencia total. Shikamaru la observó unos segundos antes de abrir la puerta principal lo suficiente para que ella entrará a la residencia en la que vivía toda la familia Nara. La mujer Yamanaka entró apresurada y se detuvo cuando la cerró, Shikamaru se veía calmado pero con curiosidad ante la situación mientras que Ino se notaba ansiosa—... Hola.

Y sonrió una vez, incómoda. Sensación que se extendió hasta Shikamaru. La casa estaba vacía debido a que Temari y Shikadai estaban fuera de Konoha, en dirección a Suna, en un viaje para visitar a Gaara por su próximo cumpleaños. Es decir, se hallaba sólo y esa visita inesperada, sin motivo aparente le causaba algo de inquietud.

Si bien, Ino Yamanaka era muy cercana a él y a su familia. Ellos habían sido el unido equipo Ino-Shika-Cho, se seguían viendo con frecuencia y sus hijos estaban en el mismo equipo... Sin embargo, esa visita furtiva y la obvia alteración que exhibía Ino al estar ahí en su casa sin ser capaz de decir lo que sea que diera el motivo de todo aquello, era por lo menos extraño.

—Ino—La llamó, cómo manera de regresarla a la realidad.

—Necesito hablarte—Le dijo ella.

—¿Pasó algo?—Indagó Shikamaru pensando que podría estar en ese estamos debido a que algo le había sucedido a Inojin o a Sai.

—Sí... bueno, no exactamente a mí. Ni a Inojin o a Sai, quiero decir... sí. Pasa algo, y necesito un consejo—Comenzó, desviando la mirada mientras aclaraba su garganta con nerviosismo, luego sus ojos verdes volvieron a posarse en los marrones de él. ¿Cómo decirlo? Ino era plenamente consciente de que Shikamaru Nara jamás iría corriendo a decírselo a Sakura, era bastante discreto y no solía tener una participación muy activa en la vida de todos sus compañeros de generación.

Confiaba en que guardaría el secreto.

Lo vió recargarse en la pared lila de la casa y supo que el perdía la paciencia.

—Es un asunto delicado, Shikamaru. Muy delicado— E hizo énfasis en ello. Él la miró en silencio y se cruzó de brazos, incrédulo. No sabía que esperar de su compañera, pero no debía ser nada demasiado grave debido a que le aseguró que no se trataba ni de Inojin o Sai.

—¿Delicado?

—Sí, lo es.

Hubo un silencio que Ino interpretó como una invitación a decirle de una vez. Dudó pero necesitaba hacerlo. Y lo hizo;

—Sarada está con Naruto.

Shikamaru enarcó una ceja, confuso. Pero no se vió alterado ni perturbado, quizás por su carácter tranquilo o por la ambigüedad de su declaración.

—Ellos están juntos. Como una pareja.

¿Qué?

Ino asintió sin decir una sola palabra.

—Y-y... creo que debería decírselo a Sakura, es su hija...—Se detuvo un instante, él no necesitaba oír todo aquello. Sólo había ido hasta ahí con el propósito de hacerle una simple pregunta y nada más que eso. Respiró hondo para buscar un poco de paz interior—; ¿Crees que deba decírselo a Sakura?

—¿Estás segura de que es así? De que Naruto está con Sarada. —Cuestionó él. No era su problema en lo más mínimo, pero sabía que Ino compartía una especie de amistad con Sakura y, naturalmente, ella le importaba.

Nuevamente, ella asintió.

—Inojin me lo ha dicho todo después de que viera un dibujo de ellos dos... Él los vió besándose en su oficina—Informó Ino.

Esa revelación le hizo perder todo el respeto que tenía por Naruto Uzumaki. La situación le parecía enfermiza y ruin, ¿Cómo podía mirar a Sakura a los ojos mientras estaba en una relación con su hija? De pronto, muchas cosas que había visto y en su momento catalogó como «nimiedades», cobraban cierto sentido. Sarada Uchiha solía frecuentar la oficina del Hokage sin compañía y siempre con motivos poco claros.

Además, recordaba ver a Naruto sumamente preocupado tras una visita de Inojin Yamanaka por un reporte de misión. Notó el miedo en sus ojos y cómo trataba de contener sus nervios frente a él. Su sonrisa forzada le había parecido un producto del estrés constante que acarreaba ser el máximo mandatario de una aldea.

—Sólo has venido a pedir una confirmación—Respondió tajante y sin rodeos. Ciertamente, se sentía extraño con esa información. Estaba mal, muy mal... y eso lo confundía. Porque no podía comprenderlo en lo absoluto— Tú ya sabes que hacer al respecto, Ino.

—Gracias —Musitó Ino, mirándolo a los ojos. Agradecida por el solo hecho de oír y recibirla en su hogar sin previo aviso—Yo también estaba mejor sin saberlo.

Shikamaru asintió dándole toda la razón en ello.

E Ino se marchó.

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Bolt cerró la revista de jardinería de los Yamanaka que había tomado de la sala de su propia casa, en definitiva, ese artículo acerca de «Cómo cuidar rosas...» le importaba poco y le aburría mucho. No tenía nada que hacer, Konohamaru les había dicho que tendrían unos días libres justo cuando lo único que deseaba era estar lejos de su hogar para distraerse.

Esa mañana había vuelto a su casa, porque si se quedaba más tiempo en el clan Hyuūga, entonces, habría preguntas y tendría que dar explicaciones. No estaba listo del todo para regresar, pero debía para no tener que poner al tanto del todo a los Hyuūga que por lo visto no sospechaban siquiera la situación de el matrimonio de su madre con el Séptimo. Seguramente, ella se los diría en algún punto pero Bolt prefería no orillarla a hacerlo en un momento en el cuál no estuviera preparada para enfrentar las críticas u opiniones externas.

No quería ver a su padre aún. Probablemente, jamás. A sus ojos, era el máximo culpable de la destrucción de su familia, Naruto Uzumaki no era objeto de su devoción pero tal vez con el tiempo podría aceptarlo.

Pero aún faltaba para eso.

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Chochō Akimichi llegó a la casa de los Yamanaka a la once en punto, hacía calor y llevaba una bolsa de papas con sabor a especias que pensaba compartir con Inojin. El nuevo equipo Ino-Shika-Cho no tenía ninguna misión agendada para ese día, pero de todas formas, Inojin y Chochō habían quedado de verse. Pues a diferencia del equipo Konohamaru, eran más unidos.

Tocó la puerta y casi al instante, Inojin fue a su encuentro para abrirle. Ella entró tras un breve intercambio y cerró nuevamente, Chochō ingresó con confianza y tomó asiento en el comedor de la cocina mientrad abría la bolsa de papas fritas.

Chochō podía parecer una chica ingenua y hasta ajena a lo que sucedía a su alrededor, pero no era así. Era una ninja al igual que Inojin y que no señalara en voz alta nada de lo que estaba viendo pasar no era sinónimo de que no lo notara... Sarada Uchiha tenía un secreto. Ella suponía que se debía a un secreto de verdad, de esos que podrían arruinar vidas. Y tenía la certeza de que Inojin Yamanaka lo sabía, normalmente no le importaría pero Sarada había sido su mejor amiga por años hasta que lentamente empezó a alejarse de ella sin explicación. No tenía ni una sola pista de que podría ser... Sarada siempre fué muy discreta respecto a su vida y también muy cuidadosa en cuanto a contar su situación personal con cualquiera.

La había visto intentar ocultar la obvia ausencia de Sasuke Uchiha y fingir que le mandaba obsequios por su cumpleaños cuando todos sabían qur no era así. Nunca la vió llorar por él ni le contó como se sentía en verdad por el abandono, a pesar de que ella era su mejor amiga en aquel momento. Si ella estaba en problemas jamás se lo diría, si Chochō quería apoyarla o brindarle su ayuda tendría que averiguar de que se trataba por sí misma.

—¿Qué es? —Dijo Chochō a Inojin que vertía otra bolsa de papas fritas en un bowl sobre la mesa.

Los ojos verdes de Inojin brillaron con nerviosismo y supo al instante de que hablaba. Ella quería saberlo y él se preguntó cuánto tiempo pasaría antes de que alguien lo supiera sin que tuviera que decirlo.

Sin que saliera de sus labios.

Inojin se preguntó si alguna vez el mundo lo sabría.

—Hablas de Sarada—Afirmó Inojin. Chochō asintió silenciosa tomando una papa frita. La tensión era obvia y ella se percató de que sí quería que Inojin le dijera tendría que insistir—¿Por qué te interesa?

—Ella es mi amiga. Me preocupa.

—Realmente no quieres saberlo... Nunca podrías verla igual de nuevo —Le advirtió él con la mirada perdida. Aquella imagen de Sarada y el Séptimo besándose con pasión en la oficina lo hacía estremecerse y sentir asco. Nunca podría borrarla de su mente, pero el simple hecho de conocer la verdad suponía algo bastante fuerte e impactante en sí mismo.

Sentía rechazo por el Séptimo y la brillante imagen heroica que poseía de él como un salvador se difuminaba hasta desvanecerse como una tímido garabato con acuarelas.

—Se lo he dicho a mi madre—Le reveló, a lo que Chochō enarcó una ceja mientras comía papas. Luego pareció curiosa de saber el desenlace de esa historía— No se lo tomó nada bien. Estaba mejor sin saberlo...

—Al igual que tú—Agregó Chochō.

Asintió confiriéndole la razón. Claro que lo estaba, y si Chochō Akimichi hubiera ido en su lugar ese día a la oficina, entonces ella lo sabría. Probablemente las cosas serían distintas si así hubiese sido.

—No puede ser tan malo—Replicó ella, calmada y un poco desconcertada por la incomodidad que exhibía au compañero. Se veía muy tenso y casi deseoso de pasar del tema, ¿En verdad era algo tan grave como para adoptar esa actitud?

—Lo es... —Insistió en voz baja. Miró a los alrededores y suspiró buscando las palabras adecuadas para proceder con ello— No puedes decírselo a nadie. A nadie, Chochō.

Cuando Chochō volvió a casa, ya lo sabía todo.

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Notas finales: Mil años han pasado...

¡¡¡Gracias por leer!!!

Y también por dejar sus sugerencias acerca del bebé, los tomaré en cuenta.

Un agradecimiento especial a todasesas personas que dejaron un bello review en el capítulo pasado, así como sus follow y favs.

«Martes 20 de Febrero del 2018»