[Soulmate]

*SLASH*

*Johnlock - John Watson/Sherlock Holmes*

*Sheriarty - Sherlock Holmes/Jim Moriarty*


Disclaimer: ninguno de los personajes me pertenecen, escribí esto por pura diversión. :)


Wounds [Prologue]


John alternaba la vista entre la Dra. Thompson y el reloj encima de ella, realmente no estaba concentrado en ninguna de esas dos cosas, no en su terapeuta, no en cuántos minutos habían pasado sin responderle. A decir verdad, ya ni recordaba en qué estaba pensando en primer lugar.

–Lo-lo siento, ehm…– carraspeó, cerrando un puño sobre sus labios para disimularlo. –¿en qué estábamos?

Ella reprimió un suspiro evidente y dejó su libreta sobre la mesita junto a su sillón. John supo que algo iba mal cuando se inclinó hacia adelante con aire de sermón,

–John, no estamos progresando– dijo. Y él se limitó a contener la respiración y procesar todo ese discurso lo más rápido posible, asintiendo sin escuchar. –Me temo que ninguna de estas sesiones está resultando.

–Sí, entiendo, gracias– quizás sonó más molesto de lo que estaba, porque, si era sincero, nunca había depositado mucha fe en sus sesiones. –Gracias por su tiempo, Dra. Thompson.

Miró de izquierda a derecha en busca de su bastón, pero la mano de su terapeuta sobre su muñeca lo detuvo antes de que pudiera levantarse.

–Déjame terminar, John– dijo suavemente, arrodillándose a su lado, como las madres se arrodillaban a la altura de sus hijos para darles una mala noticia o para sanar sus heridas, de una u otra forma había dolor y consuelo. –Nadie… nadie debería pasar por lo que estás atravesando. No se lo desearía ni a mi peor amiga.

John asintió, sin interrumpirla.

–Haría todo lo posible por ayudarte, pero…– su sonrisa maternal y forzada se desvaneció por pura cortesía. –tú no quieres sanar, John. Sólo quieres una respuesta, y yo no puedo encontrarla, no puedo dártela y garantizarte que es definitiva.

El agarre sobre su muñeca se aflojó, pero ya no tenía intención de irse, las pocas fuerzas que le restaban las usaba para no romper a llorar en el momento. Sus ojos ardían, igual que su garganta, el pecho lo tenía aprisionado en una contracción errática tras otra.

Un vano intento de respuesta se ahogó en su estómago, mientras su vista caía sobre su pierna, o mejor dicho, sobre la prótesis que reemplazaba casi perfectamente su pierna.

–John– Ella trató de desviar su atención, antes de que se sumergiera de nuevo en el dolor y la angustia. –John, aún soy tu terapeuta si estás dispuesto a sanar.

Él hizo un ademán para que siguiera hablando, sentía que si lo hacía él, el nudo en su garganta se destensaría y liberaría un vergonzoso llanto que prefería guardarse para sí mismo.

–Mi consejo es que vivas una vida normal– dijo. –Puedes buscar un pasatiempo que te mantenga distraído, pero lo más importante es que… no temas enamorarte. No lo pienses demasiado, si es la indicada o no –sus ojos cayeron sobre su prótesis. John casi pudo escucharla completar esa oración… no lo pienses demasiado, si es la indicada o no, no puedes saberlo.

Y quizás eso era lindo de alguna forma. No saber quién sería el amor de su vida, su alma gemela, debía ser algo más que desesperante y angustiante. Debía ser lindo también, sólo que él no veía cómo.

Hacía tiempo que la sociedad había aceptado el amor como un hecho escrito, literalmente escrito cuando el nombre de 'esa persona especial' se manifestaba en el cuerpo de alguien a determinada edad. Quizás cuando la humanidad aprendió a leer había sido divertido, emocionante, mágico y casi sacado de un cuento de hadas, pero en la Era actual muchos aseguraban que se había perdido la gracia de enamorarse.

Aún era entretenido averiguar cuál 'John Watson', por ejemplo, era el verdadero amor de alguna afortunada mujer. Había nombres idénticos por todas partes, en realidad nadie estaba certeramente destinado a alguien, pero la ventaja de todos ellos –y lo que él envidiaba profundamente– era que tenían al menos una pista.

Él no tenía nada. O peor aún, había tenido algo y lo había perdido para siempre. Todo lo que tenía, todo su futuro, estaba escrito en la pierna que perdió. Y cada vez que trataba de recordar el nombre, era abrumado por los gritos, las explosiones, el trauma posguerra según la Dra. Thompson.

Ella estaba con las manos cruzadas sobre el regazo cuando él levantó la vista en su dirección, recordando su presencia.

–Lo siento– dijo. –Ehm, entonces… ¿vida normal? ¿Pasatiempo?

–Y citas–.

–Citas– añadió él con una sonrisa forzada, ya con una mano cerrándose sobre la cabeza de su bastón. –Vida normal, pasatiempo, citas. Anotado.

Se levantó con algo de esfuerzo y nerviosismo, dándole la espalda para recoger el abrigo que descansaba en la cabecera del sillón.

–Y John…– él volteó y Ella lo recibió con una sonrisa suave. –Haz algunos amigos.

–Amigos…– se limitó a asentir. –Amigos, claro, claro.

–Ya sabes, alguien que siempre esté ahí para ti–.

John por fin logró procesar qué trataba de decirle, y no podía culparla por preocuparse. Quería que tuviera a alguien cerca para que no cometiera ninguna estupidez y, siendo honesto consigo mismo, él también quería eso.

–Sí, estaba… estaba pensando en mudarme– pasó una mano detrás de su nuca y resopló. –Es difícil mantener una casa solo. –quizás debió pensar un poco más su elección de palabras. –Pero no me refiero a esto, no, es… es algo completamente diferente.

–Entiendo, John–.

–Quiero decir, es una casa muy grande, es un trabajo para dos personas. ¿Qué voy a hacer con tanto espacio?–.

–John–.

–La limpieza de primavera…–.

La Dra. Thompson puso una mano sobre su hombro y finalmente logró que dejara de hablar.

–Te creo, John–.

–Gracias– sonrió con algo de torpeza. –Yo… trataré de buscar algo más pequeño. Un departamento, tal vez.

–¿Compartido?–.

–Ehm… lo siento, ¿qué?–.

–Compartido– volvió a sugerir, sonriendo de lado. –Vivir con alguien podría ser lo más ideal, podrías hacer un amigo. –él asentía sin mirarla– Y así no tendrías que hacer solo la limpieza de primavera.

John sonrió y apretó brevemente los labios.

–Lo pensaré– extendió su mano hacia Ella. –¿Hasta nuestra próxima sesión?

–Hasta que te asientes– le confirmó, estrechando cortésmente su mano. –Vuelve con… historias nuevas para mí, John.

–Lo haré–.

Selló su promesa con otro cabeceo y una despedida, finalmente se atrevió a dar media vuelta y salir de la oficina de la terapeuta. Y una vez fuera, lo primero que hizo fue sacar su celular, mirándolo por largos segundos antes de marcar.

Un pitido tras otro sonó antes de que su viejo amigo contestara.

–¿John?– sonó del otro lado de la línea. Sorprendido, entusiasmado, contento, así como era Mike Stamford. –¿Cómo va todo? ¿Ya terminó tu sesión?

–Bien, bien, sí, yo… verás, necesito un poco de ayuda–.

Escuchó una silla reclinándose. Mike estaba dándole toda su atención.

–Bueno– carraspeó. –, necesito un departamento, la Dra. Thompson lo sugirió. Y estoy de acuerdo, sólo que no quiero compartirlo con alguien muy mayor o muy joven, tú sabes… alguien que no me vuelva loco.

–Espera, ¿quieres compartirlo?–.

–¿Por qué? ¿Vas a burlarte?–.

–No, no, no, es que… conozco a alguien que busca algo similar–.

–¿Similar?–.

–Sí, él necesita algo de ayuda para pagar el alquiler. Y al igual que tú, es muy exigente con sus compañeros–.

John tenía muchas preguntas rondándole en la cabeza.

¿Él? Bueno, no iba a dramatizar sobre eso, no era nada de otro mundo que dos hombres compartieran un piso, aunque la gente podría hablar…

¿Ayuda para pagar el alquiler? Le preocupaba que su compañero fuera una especie de vago desempleado o que estuviera involucrado en… cosas extrañas. Prefería no profundizar demasiado en eso.

¿Exigente? No podía ser tan malo…

Ahora sólo tenía una pregunta en mente.

–¿Mike?– por un segundo temió que le hubiera cortado, pero su voz le hizo saber que seguía ahí.

–Dime, John–.

–¿Crees que le agrade?–.

Mike debió tomar eso como una confirmación cuando le respondió algo nada relacionado a su pregunta.

–221 Baker Street, John–.

Anotó la dirección en su memoria, sin dejar de pensar en su pregunta.

–Mike… ¿crees que a mí me agrade él? Creo que eso es lo más importante–.

Su amigo respondió con una carcajada antes de cortar. John frunció el ceño y miró la pantalla que rezaba llamada terminada.Quizás eso era algo que debía averiguar por sí mismo.

Sería entretenido, o incluso lindo. Debía serlo de alguna forma. Tenía que tomarlo todo por ese lado cuando no sabía lo que le deparaba el futuro.