Notas:

Lo sé, lo sé, me odian por demorar tanto en actualizar.

He de admitir que este es el capítulo más difícil que he hecho. Tanto así que necesite de otra beta que fuera imparcial para que me ayudara a que todo fuera coherente.

Por más que escribía, algo no cuadraba en mi mente, sentía que estaba mal y me hacía difícil el progresar el escrito. Ya cuando lean este capítulo comprenderán porque se me dificulto tanto.

No los retengo más.

Chau y espero no quieran matarme por lo que pasara en esta capitulo.

Beta: Enki

Beta y correcciones: Thomary221B


Sing of the times

Me encontraba rodeado de policías, que habían cercado la zona del parque donde había hallado el trozo de carne y ahora estaban peinando toda la sección en busca de más partes corporales. Mientras yo estaba sentado esperando a que me dejaran ir. Estaba cansado, con frío, con hambre y fastidiado.

Hacía casi una hora que habían terminado de tomar mi testimonio tratando de discernir si yo había visto algo que les fuera útil en su investigación. Pero por la expresión de fastidio de la sargento que me había entrevistado, al parecer yo no les era útil. Por lo que me preguntaba por qué demonios no me dejaban ya irme a casa.

—Lamento haber tomado tanto de su tiempo. —Me sobresalte ligeramente al escuchar que me hablaban, me giré para ver al locutor de esa voz, encontrándome con un hombre de cabello completamente plateado y una barbilla ligeramente partida que provocaba que luciera más joven. Era una extraña combinación de rasgos, pero en él encajaban correctamente.

—Lo entiendo, no se preocupe, sólo hacían su trabajo —respondo mientras sigo recorriéndolo sutilmente con la mirada, al parecer era un policía de mayor rango que la mujer que me había interrogado.

—Detective Inspector Greg Lestrade, un placer —su mano me tendió un vaso desechable con café. El aroma que emanaba de su piel entremezclado con una colonia cítrica, cafeína y algo de pólvora, dejaba muy en claro que era un alfa, uno muy atento al parecer.

—Doctor John Watson, el gusto es mío—respondí mientras tomaba el vaso entre mis dedos. No me había percatado de lo frías que estaban mis manos, hasta que el calor del vaso empezó a entibiármelas.

—Espero su esposa no se moleste por que llegue tarde —señaló hacia las bolsas con víveres que traía conmigo.

—¡Oh! Se equivoca, no tengo esposa —comente, mientras tomaba un pequeño sorbo de la bebida caliente, restándole importancia.

—¿Esposo, entonces? —había una chispa de curiosidad en sus ojos. Sonreí. Hacía muchos años que ningún alfa masculino se interesaba en mí como una posible pareja y no un acostón cualquiera, no es que me importara mucho que no me desearan, siempre fui más de mujeres.

Pero desde lo de Sherlock…

El deseo de tener una familia me carcomía. Por las noches cerraba los ojos y recordaba la fantasía que yo mismo me había creado sobre cómo se vería un cachorro mío y de él. Reavivando el anhelo de tener algo hecho con mi carne y sangre.

Observé detalladamente al alfa y no encontré motivos para no aceptar sus avances.

—Soltero —contesté sonriéndole. Una inmensa sonrisa cruzó su rostro.

—¿Entonces no hay problema si le invito a cenar y después lo llevo a casa?

—Para nada, será un placer.

—¡Muy bien! Dejaré a alguien a cargo y regreso para irnos

Asentí mientras lo veía marcharse emocionado. Saqué mi celular y le mandé un mensaje a la Sra. Hudson para que no me esperara.

Al poco tiempo Greg regresó y se ofreció a ayudarme a cargar mis bolsas hacia su coche. Una vez que acomodamos todo en la cajuela, me abrió la puerta del copiloto ocasionando que yo me burlara sobre que me estaba tratando como a una mujer y él se sonrojara hasta las orejas disculpándose.

Greg condujo por las calles concurridas de Londres hasta estacionarnos frente a un restaurant-bar deportivo al que yo solía frecuentar de vez en cuando.

Nunca me esperé que él decidiera traerme a este restaurante. Los alfas suelen querer impresionar a los omegas y demostrarles su buena posición económica, por lo que un lugar así era inesperado.

—¿Mala idea? —Me pregunta mientras mira hacia el restaurant y luego a mi —puedo llevarte a algo más elegante si quieres y-

—No, está bien, es el mejor lugar al que he ido en una cita. Odio los restaurantes elegantes y sus comidas de muestra —Greg se ríe a causa de lo que dije.

—Yo igual, ¿quién en su sano juicio gasta treinta libras en un filete?

Entre risas y quejas sobre los restaurantes finos entramos al local y buscamos la mesa con mejores vistas a la televisión que trasmitía un partido de soccer. A medio tiempo del partido, después de acabarnos dos órdenes de alitas picantes, quejarnos de lo mal que estaba jugando el equipo local en el juego y algunas cervezas, ambos estábamos sumamente cómodos entre nosotros y charlando sobre nuestros gustos y hobbies.

Descubrí que Greg no era como esos alfas de la vieja escuela que creían que por serlo, un omega debía besar el suelo que caminaban y abrirse de piernas a ellos. Él ni siquiera actuaba como un alfa, era más como un beta, aunque no dudaba que si la situación lo ameritara el alfa dentro de él actuaría.

Por nuestra charla supe que estuvo casado con una beta, pero se divorció de ella a causa de la infidelidad de la mujer. Debía admitir que era una mujer muy estúpida, no todos los días te encuentras a un alfa protector y cariñoso.

A pesar de ser la primera vez que salía con un hombre en plan "romance", no lo sentía extraño, por lo que no tuve ningún inconveniente en aceptar volver a salir con Greg.

Poco a poco nuestra relación fue creciendo. Comíamos juntos con frecuencia, charlábamos por horas conociéndonos, nos quejábamos sobre algo que nos pasara en el trabajo, reíamos con nuestras anécdotas de cuando jugábamos rugby.

Todo iba a pedir de boca. Por lo que decidimos dar el siguiente paso y salir como dios manda.

Lo que explica el por qué justo ahora Greg tiene su lengua en lo más profundo de mi boca. Mientras yo batallo con la llave de la puerta de mi departamento para conseguir abrir a la desgraciada.

Agradecía que la señora Hudson hubiera decidido salir a jugar canasta con la vecina de enfrente, no quería darle explicaciones por los ruidos que seguramente pronto escucharía.

Varios toqueteos, besos húmedos y uno que otro mordisco después, del cual me siento particularmente orgulloso de haber hecho, la puerta cedió. Entramos como estampida a mi departamento y Greg azotó la puerta para después volverme a apresar entre sus brazos, mientras yo trataba de dirigirnos a la habitación. Cosa que no era fácil con las manos de Greg masajeando mi trasero.

De alguna forma logramos llegar a mi cuarto, aunque en el proceso el abrigo de Greg y su corbata, junto con mi chamarra y suéter se perdieron, cosa que a ninguno de los dos le molestaba en lo más mínimo.

Greg me colocó suavemente sobre la cama mientras comenzaba a desnudarse. Yo decidí imitarlo, mientras mi corazón martilleaba ruidosamente en mi pecho. Una vez que ambos estábamos desnudos, él comenzó a esparcir ligeros besos sobre mi piel, ocasionando que pequeños escalofríos recorrieran mi cuerpo.

Miré al hombre sobre mí, quedando mi vista atrapada en su cabello plateado, que justo ahora poseía un aire misterioso a causa de la escasa luz del cuarto. Mis dedos hormiguearon ansiosos por tocarlo. Por lo que sin poder, ni querer contenerme, pasé mis manos por esas plateadas hebras. Era demasiado corto para mi gusto, adoraba enredar mis dedos en los rizos de Sherlock y jalarlos… «¡Mierda! ¡Deja de pensar en eso John! ¡No estás con Sherlock! Pareces una adolecente encaprichada del tío popular» Me reñí a mí mismo.

Debía cambiar la situación, ¡carajo que estaba con Greg!

Sujeté al susodicho por los hombros y cambié de posiciones. El alfa estaba atónito por mi acción pero me dejó proseguir mirándome con curiosidad. Y ahora era el momento en que yo hiciera mi primer movimiento, pero… me quedé en blanco. ¿Qué debía hacer?

Era como si fuera la primera vez que tocaba a un hombre, sexualmente hablando. Sin la bruma del celo y la desesperación de ser anudado, no tenía la más mínima idea de cómo proceder con un hombre, o si me gustaría hacerlo con uno. Carajo que nunca me lo había montado con un tío antes de Sherlock y creo eso no cuenta mucho a causa de que andaba medio incapacitado mentalmente.

Muy bien John, no te llaman Tres Continentes Watson por nada, debes tomar el toro por los cuernos. Después de un momento decidí hacer lo mismo que solía hacer con una mujer, por lo que pasé mis manos por su pecho, encontrándome con unos pectorales sólidos y cubiertos de vello.

Bien, es muy diferente al pecho suave de una mujer, más no es desagradable. Juguetee con su vello jalándolo suavemente con mis dedos y después enredando la punta de ellos en el. Hasta que sin premeditarlo uno de mis dedos rozó uno de sus pezones. Sostuve la pequeña protuberancia entre mis dedos y comencé a frotarlo suavemente, observando atentamente sus reacciones.

Cuando lo escuche jadear, sonreí. No dejé de frotarlo, hasta que lo sentí completamente rígido contra la yema de mis dedos. Para después realizar lo mismo con el otro pezón.

Apenas termine mi auto impuesta encomienda, acerqué nuevamente mi rostro al suyo en busca de un beso. Mismo que no me fue negado. Durante el, fui sintiendo como mi mandíbula era acariciada por la sombra de su barba, dejándome un ligero hormigueo por la piel frotada. Eso era nuevo. Pero al igual que tocar su pecho, no me incomodó.

Cuando nos quedamos sin aire. Fui bajando una de mis manos lentamente por su piel, acariciando su duro abdomen. Corretear a los malhechores de Londres era un ejercicio muy efectivo al parecer. Bajé un poco más, hasta sostener la enhiesta hombría de Greg, se sentía sumamente cálida y dura contra mi palma.

Pensé que tal vez masturbar a otro hombre en mis cinco sentidos me causaría repulsión, pero ver a este alfa gimoteando y alzando las caderas por más contacto, valía completamente la pena. Di un apretón sobre la tensa piel de su nudo. Ocasionando gruñidos del peliplateado. Puede que esta no se hinchara sin el aroma de un omega en celo, pero seguía siendo una zona muy erógena para los alfas.

Con timidez acerqué mi rostro hasta la punta de su erección, tal como mis ex novias habían hecho conmigo, y pose suavemente mis labios sobre ella, saboreando un poco el líquido pre seminal que brotaba de la uretra, tenía un sabor extraño, más no del todo asqueroso. Abrí un poco más la boca para permitir adentrar un poco de esa ardiente carne en mi paladar. Se sentía extraña sobre mi lengua.

Greg gimió al sentirse dentro de mi boca, alzando las caderas introduciéndose más en ella. Abrí más la quijada para permitirle el acceso. Sus manos bajaron y me sujetaron suavemente de la cabeza para empujarme arriba y abajo sobre su pene. Acaricié sus muslos mientras probaba a succionar ligeramente.

Para ser la primer mamada que daba en mi vida, parecía que lo estaba haciendo bien. Solo bastaba observar a Greg lleno de sudor, gimoteando y arremetiendo contra mi boca. Una sensación de orgullo me llenó por completo.

Después de varios minutos, mi quijada empezó a molestarme, no estaba acostumbrado a tenerla tanto tiempo abierta, por lo que comencé a intercalar lamidas y succiones, con acariciar suavemente sus testículos.

—John… es suficiente. Ahora déjame a mí —dijo de pronto Greg con voz ronca. Dejé resbalar la humedecida hombría entre mis labios, para después ser arrastrado por Greg en un apasionado beso, que me dejó ido por varios minutos.

Cuando logré reaccionar, él ya me había acomodado sobre la cama y ahora besaba con ternura una de mis rodillas, mientras sus dedos acariciaban suavemente mis muslos e iban ascendiendo lentamente hasta topar con mi entrada. Nunca apartó su mirada de mí, como si buscara mi consentimiento, mismo que le di asintiendo con la cabeza.

Me encontraba ansioso.

Delicadamente Greg comenzó a masajear los bordes de mi pequeño anillo de músculos, mandando espasmos placenteros por todo mi cuerpo. La sensación era abrumadora. Mis piernas comenzaron a temblar y sufrir espasmos al poco tiempo. Greg dejó de tocarme para llevarse los dedos a sus labios y comenzar a lamerlos.

Era de lo más erótico verlo lamer con parsimonia sus dedos, hasta dejarlos completamente llenos de saliva. Cada segundo que pasaba viendo su rosada lengua recorrer sus dedos, me sentía más y más caliente.

Cuando sus dedos estuvieron repletos de su saliva, volvió a tantear mi entrada. Mis piernas se abrieron para darle más espacio para darle a maniobrar. Era vergonzoso lo fácil que mi cuerpo estaba reaccionado a sus toques. Estaba por cerrarlas un poco, cuando toda mi mente quedó en blanco y cualquier ligero atisbo de duda que aún sobreviviera en ella murió al sentir como Greg incursionaba uno de sus dígitos dentro de mí.

Sentí una ligera sacudida, cada terminación nerviosa de mi cuerpo pareció despertar ante esa simple acción. Mi cuerpo estalló en llamas, no de la misma forma que con Sherlock, pero si de una manera agradablemente placentera.

¿Será porque soy un omega a punto de tener relaciones con un alfa? ¿Así se sienten todos los omegas al tener sexo con uno? ¿Por qué carajos no lo había hecho antes?

Mi cuerpo no estaba del todo preparado para recibir a un cuerpo externo como cuando estaba en celo, pero gracias a la saliva que Greg había puesto en su dedo, y a mi propia anatomía que me proporcionaba un poco de lubricación a causa de mi excitación, la incursión no era demasiado incómoda.

La ligera presión desapareció unos instantes, para regresar con un poco más de fuerza. Avanzando poco a poco en mi interior, hasta que los nudillos de Greg chocaron contra mis glúteos. Sentí como ese pequeño excursionista empezaba a girar suavemente, tratando de expandirme con cuidado. Hasta que de improviso rozó el nudo de nervios dentro de mi que me hizo ver estrellas. Solté un gemido que me dejó dolorida la garganta cuando Greg comenzó a flotar ese punto insistentemente.

—¡Más! Greg, por favor….

¿Cómo había vivido hasta ahora sin haberme tocado ahí?

—Como ordenes —me respondió, mientras mordisqueaba suavemente mi cadera, introduciendo con cuidado otro dedo. Cuando ambos se encontraban enterrados en mí, los dejó inmóviles por varios minutos, después los abrió poco a poco y comenzó a girarlos. Provocando que yo gimoteara y apresara con fuerza las sábanas entre mis manos.

Para cuando el tercer dedo se incorporó a los otros dos, yo ya estaba bastante lubricado. Estuvo jugueteando por unos instantes con ellos, hasta que todos fueron removidos.

Gruñí con disgusto por su ausencia.

Mas mi molestia no duró demasiado a causa de algo cálido y viscoso empezó a humedecer los bordes de mi entrada. Extrañado me incorporé sobre mis codos para poder ver que era eso, quedándome con la boca abierta al descubrirlo.

¡Greg estaba usando se jodida lengua en mi!

Temblé de pies a cabeza, cuando esa lengua logró penetrar el fruncido músculo.

¡Joder, eso se sentía tan bien!

Bajé las manos hasta atrapar su plateado cabello tratando de empujarlo más adentro. Un sonido amortiguado de lo que parecía su risa vibró por mis muslos.

Su lengua entro un poquito más, pero todavía no era suficiente. Necesitaba más. Más profundo. Más grande. Más ardiente…

Jalee sus plateadas hebras, provocando que su rostro se alzara de entre mis muslos. Lo arrastre hasta que estuvo sobre de mí e impacte con rudeza mis labios con los suyos. Bebí de su boca todo cuanto pude, incluido mi propio sabor.

Pasé mis brazos sobre sus hombros, mientras me incorporaba y lo empujaba en la dirección contraria, para que el quedara recostado sobre la cama. Dando su cabeza a los pies de la misma.

—Ahora es mi turno —susurre en su oído.

Me senté a horcajadas en el abdomen de Greg, metí las manos entre mis piernas abiertas y sujete su pene hasta ponerlo en la posición correcta. Respiré profundo para relajarme y me deje caer lentamente sobre su erección.

—Espera John, no me he puesto el-

Lo que sea que iba a decir Greg no me importó. Lo único que me importaba en este instante, era sentir cada centímetro de esa hinchada carne ir adentrándose poco a poco en mi interior. Llenándome de un extraño sentimiento de saciedad y confort.

Greg se aferró a mi cadera, ayudándome a ir bajando sobre él, soltando uno que otro gruñido satisfecho.

Cuando al fin mi trasero reposó sobre sus muslos, ronronee complacido. Él se incorporó ligeramente sobre la cama y me besó la nariz, mejillas y labios con inmensa ternura.

—Eres tan hermoso —dijo sobre mis labios.

—Me siento alagado —murmuré en respuesta. Esperé algunos minutos a que mi cuerpo se adaptara, antes de girar suavemente mis caderas, cosa que me provocó un espasmo placentero y que los dedos de Greg se aferraban con más fuerza en mí— Pero me sentiría mucho mejor si comenzaras a moverte…

No tuve que repetirlo. Greg comenzó un lento vaivén con su cadera, que hacía a mis rodillas temblar y que mis pulmones se esforzaran por suminístrame más aire para seguir jadeando.

En una de sus embestidas mi próstata al fin fue comprimida haciéndome llorar del placer.

—Ohhhhh, Greg. Otra vez… —dije sin aliento.

Me apoye en su pecho para alzar mis caderas y dejarme caer sobre él, tratando de que ese pequeño órgano fuera otra vez masajeado. Al mismo tiempo que la velocidad de las embestidas de Greg aumentaba.

Besé con desesperación a Greg, necesitaba más, mucho más. Ni yo sabía por qué estaba tan desesperado. Mordisquee con fuerza sus labios, hasta que pude probar el sabor metálico de su sangre contra mi lengua.

Unos dedos cálidos me tomaron por sorpresa al sujetar mi dura erección y comenzar a masturbarla con rapidez. El calor empezó a aglomerarse en mi bajo vientre, no duraría mucho.

El bombeo de Greg se volvió errático. Hasta que explotó en mi interior. Por extraño que suene, el calor de su semen apagó el infierno de mis entrañas, ocasionando que me liberara sobre Greg. Todo su duro abdomen quedó manchado con hilos de mi esperma, pasé mi mano sobre él, expandiendo mi simiente sobre esa tostada piel.

Era algo instintivo que no podía ni quería evitar. Simplemente deseaba marcarlo con mi aroma para que ningún otro omega se le acercara. Cuando me fue imposible expandirlo más, me dejé caer sobre él.

Cada músculo de mi cuerpo pedía a gritos descansar. Ya no estaba para estos trotes.

Greg besó suavemente mis sienes, y acarició mi espalda afectuosamente. Escondí el rostro en su cuello, dando besitos a su manzana de Adán e inhalando su reconfortante aroma.

Poco a poco fui adormeciéndome.

Cuando volví a abrir los ojos ya era de mañana y frente a mi había una charola con panqueques y una taza de café recién hecha. Sonreí. Greg no solo era amable y atento, también era detallista. Era afortunado de tenerlo como pareja.

—Buenos días —me saludó la ronca voz de Greg cuando se percató que ya estaba despierto y dejó un beso en mi frente.

—Buenos días —respondí con voz pastosa, mientras lo veía acomodarse la corbata. Me senté en la cama sintiendo un pinchazo al hacerlo. Tomé la taza de café, necesitaba cafeína en mi sistema para comenzar a funcionar correctamente.

—¿Ya te vas? —pregunté mientras él se ataba los zapatos.

—Sí —Parecía incómodo por ello—, Sally me contactó hace un rato, al parecer algo sucedió que requiere de mi presencia, lamento no poder quedarme…

—Está bien. No te preocupes lo entiendo. Tu trabajo es importante, ¿nos vemos para cenar?

Una inmensa sonrisa cruzó su rostro.

—Claro, te llamo más tarde para elegir el lugar.

Greg me dio un suave beso y se marchó.

Terminé el desayuno que Greg me había preparado y decidí ducharme. Mi cadera se quejó apenas empecé a caminar, busqué en el buro junto a la cama por algún calmante. Encontrándome un frasco con ibuprofeno a punto de terminarse.

«Debo recordar comprar más»

Me tomé las pastillas con el sobrante del café y me encaminé a la ducha. Después de restregar mi piel para quitar los sobrantes de la noche anterior y dejar que el agua masajeara un poco mis cansados músculos, salí del baño.

Volví al cuarto solo con una toalla amarrada a la cintura. No tenía turno en la clínica por lo que podía descansar unas horas más. Quité las cobijas y sábanas manchadas de la cama y volví a recostarme. Hacia un poco de calor por lo que no me moleste en ponerme ropa.

Cuando estaba por volver a caer dormido, mi teléfono sonó. Me extrañó ver el nombre de Greg en la pantalla, por lo que contesté rápidamente.

—¿Greg?

—Hola John, —saludó el susodicho— Espero no llamarte en un mal momento.

—Para nada, ¿pasó algo?

—No. Parece que perdí una USB que traía en mi gabardina, ¿podrías ver si la dejé en tu piso?

—Claro.

Me levanté de la cama y cuidadosamente fui revisando el suelo. En vista de cómo nos quitamos la ropa ayer, la USB podría estar en cualquier parte. Con fortuna no tuve que buscar mucho, en medio de la sala estaba el pequeño objeto.

—Sí, aquí está —le respondí cuando tuve la memoria en la mano.

—Qué alivio, esa cosa tiene archivos sobre el caso en el que estoy trabajando —sonó aliviado.

—¿Lo vas a necesitar? ¿Quieres que te lo lleve?

—Si no es molestia.

—Claro que no, te veo en un rato.

—Gracias. Ven con cuidado.

Finalice la llamada y me apresuré a ponerme ropa. Una vez que ya estaba presentable, salí del edificio parando el primer taxi que vi. Afortunadamente aún no había tráfico, por lo que el viaje fue corto.

Mientras entraba a la estación vi a la sargento Donovan. Era una mujer que no me lograba caer del todo bien. Era demasiado superficial.

—Disculpa, ¿Greg está en su oficina? —le pregunté. Ya que por experiencias pasadas, Greg solía estar en todos lados menos ahí.

La mujer me barrió con la mirada, como siempre que voy a buscarlo, ¿qué esta mujer no tiene nada mejor que hacer?

—Sí, mejor apresúrate y sálvalo del friki.

Le agradecí y me di la vuelta. ¿Friki? ¿Dónde había escuchado eso antes?

Golpeé la puerta del despacho de Greg, pero nadie me respondió, solo podía escuchar voces amortiguadas al parecer discutiendo.

¿Estaría bien que entrara?

Empujé levemente la puerta para asomarme un poco.

—¿Greg?

El susodicho sonrió al verme. Pero yo fui incapaz de regresarle la sonrisa, mis ojos no dejaban de ver la espalda del otro hombre en el despacho. A pesar de no verlo de frente estaba cien por ciento seguro de quien era.

Esos rizos negros rebeldes en los que tantas veces mis dedos se enredaron. Esa ancha espalda en la que mis uñas se clavaron…, y el inconfundible aroma de químicos que emanaba de su piel.

El mundo era muy pequeño… O mi suerte era muy mala.

Ya que frente a mí, se encontraba Sherlock.