El gatito no se había golpeado la cabeza, antes de alegar que su Lady era una luciérnaga. Sin embargo, eso solo lo expreso en sus pensamientos, cuando se quedaba embelesado observándola en el momento en que luchaba con un Akuma o en el instante en el que le sonreía o reía.

Por supuesto, era una locura pensar de esa forma cuando el traje de Ladybug era una prueba irrefutable de que no era una luciérnaga, sino una mariquita, pero de igual manera, no importaba eso para el minino, ya que eso sería detalles menores.

Porque para Chat Noir, Ladybug era un bichito de luz.

Ese, el cual destella su luz. No uno que atrae la buena suerte, porque a pesar de que su traje rojo con lunares negros, lo simboliza. No indicaba que lo hacía, además de que para el felino la única suerte que había tenido, era haberla a conocido a ella. La que ahora se encargaba de iluminar su vida con su radiante presencia y su brillante sonrisa.

Como un bichito de luz. Como su bichito de luz.