¡Hola! Soy la autora de este fic. El original es en ingles y se llama [A Link of Ivory], pero esta version ha sido traducido por mi y corregido por Livini, quien ha seguido el fic original casi desde el principio. Aunque el español es mi primer idioma, fui educada en ingles, así que aveces hago errores en el español. También perdónenme unas frases extrañas porque hablo con el dialecto de Guatemala. Estoy muy feliz de poder actualizar esta historia para ustedes quienes son tan apasionados para Soreseka. ¡Muchas gracias, y por favor desfruten!


Cincuenta pasos mas.

El ruido de la música y de las quinientas voces era increíblemente ruidoso. Alrededor, Nike podía oír a la gente gritando su nombre y una cascada de flores parecían caer a sus pies mientras tomaba cada cuidadoso paso adelante. Tenía la boca seca, y se le hacia difícil respirar a pesar de que estaban al aire libre y soplaba una brisa.

Cuidado con el paso aquí, se recordó, concentrada por completo en la alfombra roja que había sido preparada especialmente para esta ceremonia. Subio, dando las gracias a Neil por haber obligadla que practique caminar la ruta en tacones. Sería un desastre si se tropezara hoy, y Nike podía imaginar el regaño que le esperaba si ella se caía.

Treinta y cinco más.

Descubrió que era más fácil concentrarse si trataba de ahogar el ruido, pero eso la obligó a concentrarse en su ritmo cardíaco. Al instante sintió que sus manos se sudaban mientras una sensación terrible amenazo vaciarle el estómago.

Respira, Nike.

Nomas veintitrés mas.

Sintió un momento de puro pánico mientras recordaba el plan en su cabeza. Se suponía que debía llegar a la tarima, arrodillarse, y recitar su pieza. A continuación, tenia que esperar a que todos los trámites terminaran y, finalmente, dirigirse a la multitud.

Sólo once pasos.

El corazón le latía en sus oídos. Livius estaba parado justo adelante, esperando a que ella le tomara la mano. Parecía tan distinguido y guapo como siempre, con la ropa ajustada a la perfección, sus medallas de rango sobre el pecho, relucientes como estrellas de oro en la luz de la mañana. Una simple corona de oro descansaba sobre su sedoso cabello negro, pero incluso sin ella, su sangre real habría sido claro para cualquier persona que lo miraba. Tenia la postura recta como una vara, y sus ojos, de color gris azulado, tenían una calidad orgullosa. Estaba sonriendo, pero Nike podía ver cómo la boca se le retorcía un poco de los nervios. Le extendió su mano hacia ella, y ella la tomó.

Siete pasos. La mano le está temblando un poco.

Cinco pasos. Espero que no me vea tan nerviosa como me siento.

Dos pasos. ¡Oh dioses queridos, me olvidaré de todo! ¡Neil me matara!

Uno. ¡Enfócate, puedes hacer esto!

La pareja llegó a la tarima y se arrodillaron a los pies del sacerdote. Livi se había asegurado que la ceremonia fuera encargado por un miembro de los sacerdotes del sol que simpatizara con Nike. El resultado fue que el Rani era bastante joven, con su pelo recortado color de oro, y de cara redondeada. Al verlo, Nike se preguntó si no era la misma edad que ella, pero su pensamiento fue interrumpido y le ordenaron que bajara la cabeza.

-¡Miren! Aquí la encarnación del Dios del Sol se arrodilla ante ustedes, ¡ustedes quienes son la gente elegida de nuestro reino!

La voz del Rani sonó claramente por el auditorio, y su tono fue tan seguro que ayudó a calmar los nervios de Nike. Aquí esta un hombre quien cree en lo que predica, pensó ella.

-A través de Su recipiente mortal, el Dios del Sol siempre ha regido nuestra poderosa nación y nos ha llevado a la grandeza. En Su encarnación actual, ha trabajado sin descanso para unir a nuestro mundo bajo Su gobierno benevolente. Así hemos llegado a este día, donde nos encontramos en el centro del imperio más grande que nuestro mundo jamás ha conocido. Es el deseo de Dios que Su gente escogida prospere. ¡Es el destino del reino del sol, nuestro destino, que disfrutemos de la gloria, para siempre!

Una ovación surgió de la multitud, y Nike estaba segura de que se oyó por toda la cuidad de Ginitarix. Ella cerró los ojos, no en reverencia al Dios del Sol que apenas conocía, si no para grabar las emociones de la gente en el hueco más profundo de su memoria.

-Con esta bendición, el Dios del Sol nos ha enviado una princesa desde el ducado de la lluvia. Aunque no es de Su carne y no de nuestra sangre, ella fue traída a nosotros por Su santa voluntad, para casarse con nuestro rey. Ella nos llama la lluvia para saciar nuestra sed y riega nuestros campos, criando y protegiendo al legado de Dios. Ordena a los vientos y a los relámpagos para destruir y defender nuestra gran nación de nuestros enemigos. Sus poderes están más allá de las capacidades de los humanos, y seguramente fueron conferidos por los dioses. No es casualidad que necesitamos agua para vivir, tanto como necesitamos el calor y la luz del sol. No es casualidad que nuestro rey, la encarnación de nuestro dios, se casara con esta princesa este día, antes de sus más queridos súbditos. Hijos del sol, ¡se los suplico! Hemos sido llamados a ser testigo de esta unión, ¡la unión del sol y de la lluvia!

El Rani terminó su discurso, y Nike podía oír su respiración, excitada y ruidosa. Tenia esperanza de que él había logrado convencer a algunos individuos en la multitud que todavía tenían dudas acerca de su raza. Habían quienes consideraban su capacidad para llamar la lluvia como herejía, y más de unos pocos que creían que las nubes que cubrían el sol eran una mala señal.

-Mi rey, encarnación mas bendita de Dios, si desea la lluvia, unge a la princesa Nike con sus propias manos. Una vez que lo ha hecho y ella recite el juramento de la realeza, al fin puede colocar la corona sobre su cabeza.

Ella sintió cuando Livi se levanto de su posición y fácilmente pudo imaginarlo aceptando el pequeño recipiente del Rani. Ella sabía que contenía aceite purificado por la luz del sol, mezclado con unas gotas de la sangre de Livi. Su corazón se aceleró una vez más.

Escucho cuando Livi se paro frente ella, y entonces levantó la cabeza para verlo. Sus manos se sumergieron en el recipiente, y Nike cerro los ojos mientras sintió sus dedos ungirle la frente, las mejillas y los labios.

-Con mis manos, yo te bendigo. Te doy mi divinidad, mi sangre, y te marco como mi única igual. Ofrezco mi protección, mi amor como un hombre, y a cambio pido que ames a mi gente. Con esta promesa te pido, Nike Remercier, cuarta princesa de la lluvia Ducado, que seas mi esposa.

Nike abrió los ojos. Livius había regresado el recipiente al Rani, y ahora sostenía una corona de plata fina en sus manos. Livi le había explicado cómo, tradicionalmente, la Reina del Sol llevaba una corona de oro para coincidir con la del rey, pero que para el caso de Nike, parecía más prudente asociarla con la lluvia tanto como fuera posible. Sus poderes eran demasiado evidentes para ignorarlos, así que la esperanza de Livi era acentuar su singularidad como lo opuesto del Sol, y ella podía considerarse como un agente de equilibrio. Esperaba aumentar la sensación de estabilidad y la mundanalidad del reino. Al menos, ese era el plan.

Tomando una respiración profunda para estabilizarse a sí misma, Nike comenzó a recitar de memoria.

-Por tus manos soy bendecida. Humildemente acepto en mi cuerpo y mi alma la sagrada sangre que fluye en tus venas. Ofrezco en cambio el amor infinito de una bendecida por los dioses, y prometo mi corazón a este reino. Con esta promesa, Livius Orvinus Ifriquiya, me convertiré en tu esposa.

-Mi rey, ya puede coronar a su reina.

El círculo se ajusto perfectamente sobre su cabello, y cuando ella abrió los ojos una vez más, Nike dejo de ser una princesa.


Su alivio por haber realizado su parte sin mayores faltas era tan grande que apenas se dio cuenta cuando el Rani la proclamo oficialmente como reina. Livius le ofreció la mano para ayudarla levantarse, pero antes de que pudiera volver a ver la multitud, sus labios se encontraron con los de ella. Por un segundo se asustó y pensó que había olvidado esta parte de la ceremonia, pero entonces recordó que los ritos en realidad no implicaban un beso entre la novia y el novio.

Livi, ¡niño malcreado!

Antes de que pudiera responder, él se alegó, y Nike vio específicamente que él se lamo el aceite ensangrentado de sus labios. Le mostró una de sus sonrisas picarescas. La multitud estalló en gritos frenéticos, y Nike estaba dolorosamente consciente de que su cara estaba ruborizada.

¿Cuántos besos robados son ya?

Ella hubiera querido regañarlo, pero todavía había trabajo que hacer.

Armándose de valor, se voltio hacia el mar de gente, que ahora esperaba su palabra. Último tramo, vamos, terminemos esto.

-¡Hijos queridos del Dios del Sol! Vine a este país hace tres años para casarme con su rey. He visto su fuerza, su pasión y su valor con mis propios ojos. He llegado a querer a este país luminoso al igual como he llegado a quererlos a ustedes. Igual como son el orgullo de mi rey, también son el mío. Me siento honrada de ser elegida por ustedes, para ustedes. Con Livius el Primero a mi lado, ¡les prometo que la lluvia siempre caerá favorablemente sobre la gente elegida por el Dios del Sol!

Un aplauso estalló, y Nike voltio a ver a Livi. Él sonrió, mostrando su aprobación. Dio un paso adelante.

-¡Hijos míos! Les presento, al fin, mi amada esposa, ¡la reina Nike del Reino del Sol!

-"¡Que viva el Rey del Sol, Livius el Primero! ¡Que viva la Reina del Sol, Nike de la lluvia!"

-"¡Larga vida a la Reina de la Lluvia! ¡Viva el Reino del Sol!"

Estába hecho. Livius le ofreció la mano una vez más y juntos comenzaron la procesión de regreso. Ella sabía que todavía sus alturas todavía no eran coincidentes, con su cabeza unos buenos centímetros más alta que el, y tambien sabía que no debería pensar que todos los que se oponían al matrimonio habían desaparecido. Sabía que a pesar de que ella seguía siendo popular entre la gente, ella y Livi estaban constantemente en peligro de ser asesinados. Entendía que el plan de Livi, su lugar como un opuesto equilibrio al Sol, era más que nada propaganda.

Sin embargo, a pesar de que sabía todo esto, no pudo evitar el latido de su corazón al oír todos los simpatizantes gritando su nombre. Ella no pudo evitar sentir su mano ser apretada suavemente por Livi, ni pudo evitar darse cuenta de lo gentil que su expresión se había vuelto mientras él sonreía y saludaba a su gente.

Nuestra gente, pensó. La gente de mi país tanto como la de el. Si realmente hay un Dios del Sol, por favor, deme la fuerza para guiarlos.

El viento azoto su vestido blanco, el hilo de oro atrapando la luz. Sentía como si pudiera volar.

Abuela...

Ella parecía poder escuchar voces en el aire, cantando juntas y convocando la brisa para levantarle el ánimo. Su familia no había podido venir, pero cuando otro suave aire sopló en su rostro, estaba segura de que todos les estaban enviando sus bendiciones a través del mar.

Miró sobre la multitud, hacia el cielo del este. Si no lo hubiera hecho, quizás su esposo hubiera muerto.

-¡LIVI!

Su cuerpo reaccionó en una fracción de segundo, envolviendo sus brazos de manera protectora sobre el cuerpo pequeño mientras se lanzó sobre él. Cayeron juntos al suelo al mismo momento que un disparo resonó sobre Ginitarix.