¡Otra vez, muchas gracias a Livini, quien ha corregido la traducción del capitulo!

Me encantaría oír sus opiniones, así que por favor si tienen tiempo, dejen sus comentarios al final, y ¡muchisimas gracias por leer!


Un silencio ominoso cayó sobre la capital. Livius había quedado bajo el peso de Nike, y el miedo lo dejo mudo. Su corazón latía con fuerza en la garganta, y por un terrible momento, pensó que ella había recibido la bala en lugar de él.

-¡Nike!

El grito desesperado, y fue suficiente para desatar el pánico. Alrededor, la gente comenzó a gritar y correr, y en cuestión de segundos, su alrededor fue oscurecido por las formas altas de la Guardia Real.

-¡Sus Majestades!

Una mujer alta y de pelo color oscuro separó la Guardia mientras corría hacia el rey y la reina. Llevaba puesta lo que se consideraba ropa masculina, con su camisa de noble con mangas enrolladas y con un par de pantalones oscuros que acentuaban su figura galante. La vaina de una espada colgaba de su cintura y llevaba una capa corta, bordada con un sol rojo y el emblema de Livius, un león de oro, justo debajo.

-¡Violetta, rápido, ayúdame a ver si tiene pulso!

La mujer atractiva se arrodilló al lado de la reina y ayudó a mover el cuerpo de manera que Livius podría liberarse. Violetta presionó los dedos en la garganta de Nike.

-Está bien, Su Majestad, ella sólo se desmayó del susto. ¡Ahora démonos prisa, tenemos que salir de aquí!

Gracias a Dios, pensó, y el nudo que sentía en el estómago fue soltándose poco a poco.

-Yo la cargaré - le ofreció él, pero Violetta sacudió la cabeza y dio instrucciones a uno de los guardias para que lo ayudaran.

-Es necesario movernos ahora, Su Majestad. Voy a pedir a la Guardia Real que aseguren todo el perímetro. Mientras tanto, tienen que llegar al coche antes de que el asesino tenga otra oportunidad.- Antes de que él pudiera responder, ella corrió en dirección opuesta, dando órdenes a todos los soldados en su vecindad inmediata. El soldado que había sido asignado a Livius puso uno de los brazos de Nike sobre su hombro mientras Livi tomó el otro, y juntos la llevaron arrastrada sobre la alfombra lo más rápido que pudieron, la guardia armada los bloqueó de la mirada pública.

Estaban casi fuera del teatro ceremonial cuando Nike comenzó a moverse.

-Ugh- gimió ella, y Livi gritó que la Guardia debería parar.

-Nike, ¿puedes oírme?

-Mm, ¿Livi? ¿Qué pasó? ¿Estás bien? ¿D-dónde está el asesino?

-Estoy bien, pero no sabemos a donde se escapó el asesino. Tenemos que salir de aquí, Nike. Sólo pondremos a la gente y a nosotros mismos en peligro si nos quedamos. ¿Puedes caminar?

-Creo que sí- respondió ella, y quito su brazo del hombro del guardia. Dio un paso vacilante hacia adelante y frunció el ceño al ver que se tambaleó. Antes de que Livi pudiera sugerirle a alguien que la llevara, se quitó los zapatos de tacón y los tiró a un lado. -Bien, así es mejor para correr- dijo, satisfecha. Livi casi esperaba ver que ella también desgarrara su vestido de novia para facilitar el movimiento, pero ella simplemente le tomó la mano y ordenó a la Guardia Real que siguieran adelante.

-¿Dónde está Neil?- preguntó mientras corrían.

-No lo sé, no lo hemos visto.

-¿Bard?

-Estaba con Violetta, pero cuando sonó el disparo lo perdí de vista.

-¿Y Nee-san?- preguntó Nike, usando un viejo apodo para Violetta. No importaba cuántas veces Livi le recordaba que Violetta ahora era la capitán de la Guardia Real, y que llamarla por ese apodo no le daba el respeto a su posición. Pero a Nike siempre se le olvidaba.

-Volvió para buscar al asesino con el resto de la Guardia Real.

-Sus Majestades- el guardia de adelante los llamó mientras cruzaban el patio. -Su coche se encuentra aquí, ¡rápido!

En menos de un minuto habían sido prácticamente empujados hacia el coche, y uno de los guardias tomó las riendas. -¡Iya!- gritó, y los caballos comenzaron a galopar de nuevo hacia el palacio real.

Nike y Livi tentativamente miraron por la ventana y compartieron un suspiro de alivio.

-Pensé que algo podría suceder, pero todavía me tomó por sorpresa- dijo Livio, con el ceño fruncido. -Fui descuidado, los disidentes han sido tan silenciosos que pensé que no se atreverían a mostrarse en un evento tan fuertemente custodiado. Que alivio que pensé en colocar un despliegue adicional de soldados al lado del teatro ceremonial, por si acaso.

-Si. Cuando vi el destello de la luz del sol reflejado en la pistola, sentí que se me hizo hielo la sangre- dijo ella, con voz ronca. Cerró los ojos con fuerza, como si quisiera quitarse la imagen de la pistola de plata, mantenida firmemente en un guante blanco, sin cuerpo... -Espero que nadie haya resultado herido.

Livi se inclinó hacia delante para tomarle las manos. Estaban húmedas y frías.

-No vi a nadie herido. No puedo estar seguro, pero creo que todos lograron salir a tiempo. Probablemente ya encontraron al culpable y lo han arrestado.

Nike se mordió el labio.

-Sin embargo, cuando pienso en lo cerca que estuve de perderte...

-Estoy aquí, querida, estoy bien- le dijo él con dulzura. Tomó una de las manos y le dio un beso en la palma. -¿Ves? Cálido y agradable.

-Livi...

-Sin embargo, estoy mucho más preocupado por ti. No puedo contar las veces que me has salvado la vida.- Suspiró y apoyó el codo en el alféizar de la ventana. Apoyando su mejilla en la palma de su mano, se fijó en Nike con una mirada pensativa. -Si yo te pidiera que no saltes al peligro, ¿me harías caso?

-No, si eso significa que estoy saltando para protegerte.

-Lo pensé- él suspiró, y golpeó el pie con molestia. -Bueno, supongo que si yo hubiera querido una esposa dócil y obediente, no me hubiera casado contigo.

-Te das cuenta de que al decirlo así, me estás dando un pase libre para ser exactamente lo contrario de dócil y obediente, en cualquier momento, ¿verdad?

-¿Desde cuándo necesitas un pase? Ya eres el epítome de la falta de cooperación y rebeldía- él levantó las manos en exasperación fingida. Nike se rió, pero todavía se notaba que seguía un poco pálida. Incluso en la oscuridad relativa del coche, Livi podía ver que sus ojos verdes tenían una expresión triste y preocupada.

¿Qué puedo decir para quitarle la preocupación?

Los dos sabían que el peligro físico era una parte normal de haber nacido en la realeza. Incluso Nike, en su país relativamente aislado y tranquilo, había sido enseñada en la práctica de precaución. Él no tenía ninguna duda de que ella tuvo que adaptarse al mayor grado de peligro con bastante rapidez desde que había viajado al Reino del Sol.

A pesar de la amenaza a sus vidas, no era algo que podían permitirse el lujo de detenerse. La vida continuaba, sobre todo cuando uno estaba encargó de un imperio.

Sólo desearía que no tuviéramos que preocuparnos sobre esto hoy, de todos los días.

Él movió las cortinas distraídamente, permitiendo unos pequeños rayos de luz brillarán a través de la ventana.

-Por lo menos es un hermoso día- dijo.

-Mm, y apenas empieza.

¡Ja! Me dio buena oportunidad.

-Que bueno, nuestro primer día como casados no debe terminar en una nota tan amarga, aunque en realidad no debe terminar para nada antes de la noche. ¿No te parece, querida esposa?- Sonrió, sabiendo que ella se ruborizaba con la implicación.

En un momento, vio que sus mejillas se quemaban al rojo y se tapó la cara con las manos.

-Dioses, ¿por que tienes que ser tan malcriado, Livi?

-¿Qué, te parecía que estar casada conmigo iba ser sólo de nombre?- bromeó, inclinándose hacia delante para quitarle las manos de la cara. -Me temo que estás equivocada. He estado esperando durante tres años para que me llames tu marido, y por lo tanto, todos los privilegios adjuntos.

-¡Eres in-incorregible!

-Culpable de todos cargos- se rió. Ah, esto es demasiado divertido.

-Idiota.

-Campesina.

-Sádico.

-Vieja.

En ese momento, Nike se echó a reír.

-¿Vieja?- casi se atragantó entre un ataque de risa. -Si ese es el mejor insulto que puedes dar, estoy bastante segura de que gano yo.

-¿Quién dijo que estábamos llevando una cuenta?- Livi dijo, incapaz de contener una sonrisa. La sonrisa de Nike siempre era contagiosa.

-¿No es así siempre?- dijo, levantando una ceja.

-Lo suficientemente justo.

-Idioooota- repitió ella, viéndose más satisfecha con ella misma. Que linda.

-Bueno, creo que este tipo de cosas entre parejas también es muy bueno- dijo él, apoyando la espalda en el asiento acolchado. -Es bueno saber que todavía podemos perder el tiempo de esta manera.

-Mm- dijo ella. Su peinado estaba deshaciéndose, con hilos de cabello sueltos curvando alrededor de su cara. Su corona estaba enredado en el cabello, y cuando su cabeza se volvió para mirar por la ventana, sus aretes tintinearon graciosamente. Tenía una mancha de suciedad en la mejilla, probablemente de cuando se cayó, y su vestido estaba arrugado por todo el ajetreo. Parecía más adecuada para atravesar un bosque que para estar sentada en un trono, y Livi pensó que nunca la había visto estar más hermosa.

-Nike.

-¿Hmm?- ella volvió a mirarlo, sus ojos brillando mientras el coche rebotó sobre la carretera de adoquines. Él se estiró para quitarle la suciedad de la mejilla. Su pulgar rozó contra su piel, pero una vez que lo hubo limpiado, no quitó su mano.

-¿Livi?

-¿Sabías que? A pesar de que en este momento te ves como un desastre total y no te pareces para nada a una reina... Ante mis ojos, estás increíblemente hermosa.

Su mejilla se acaloro bajo de su palma y ella trató de evitar su intensa mirada.

-No digas cosas así...- se removió y él sintió que su corazón latía por su gesto inocente.

-No mires hacia otro lado- dijo, levantándole suavemente la cara. -Realmente he estado esperando tres años para casarme contigo. ¿Todavía vas a hacerme esperar?

-Idiota, ¿cómo puedo hacerte esperar si ya te casaste conmigo?

Sus labios eran tan refrescantes como un trago de agua fría en un día caluroso.


-¡Talea!

Una chica bastante baja, se asustó al llamado de su nombre. Ella parpadeó sus ojos grandes y oscuros, y giró la cabeza, buscando el voz alta. Llevaba una manta vieja desigual sobre los hombros como todos los que estaban en el patio del teatro ceremonial. Hacia agudo contraste con su ropa fina, entallada y hecho de sedas y terciopelos caros. No cargaba zapatos, sin embargo, y a pesar de que su pelo negro había estado fijado elegantemente durante la ceremonia, ahora amenazaba con caer en cascada sobre los hombros en un lío inagotable.

-¡Laia, Papá!

Dos figuras se separaron de un nuevo grupo de llegados. La más baja de los dos, una mujer joven con un vestido de color verde oscuro, no perdió tiempo en abrazarla con fuerza.

-Oh, ¡gracias a Dios que estás bien! Estaba tan preocupada cuando te perdimos- dijo. Laia era tan dispar con Talea como fuera posible entre dos hermanas. Alta, de ojos verdes y pelo rojo, Laia de 23 era por siete años la mayor, y era casi tan testaruda como la madre a quien tanto se parecía. En cambio, la coloración oscura y actitud sombría de Talea venía de su padre, quien ahora tenía el ceño fruncido ante la apariencia de su hija menor.

-¿Qué diablos pasó con sus zapatos?- preguntó, aunque más que una cortesía fue un regaño.

-A, si... después de que todos comenzaron a correr, alguien me empujó por detrás y me caí ... El tacón se me rompió y no podía correr con los zapatos rotos, así que los tire. Lo siento, Papá- ella respondió rápidamente, inclinando la cabeza avergonzada. Ella sabía que correr por su vida no era excusa para mirarse de menos en su aspecto, no en su familia.

-Es absolutamente escandaloso- gruñó él, quitando la manta gastada de los hombros. -¡Una vergüenza! ¡¿Esa es la manera que la hija de un conde debe de comportarse?!- él señaló con el dedo a su propio pecho, donde la cresta de la familia Dainer, un zorro descansando sus patas delanteras sobre la empuñadura de una espada, fue grabado en un broche de oro. -Arréglese el cabello, niña, ahora.

-¡Papá! ¡Ella estaba sola y asustada! ¡Cualquier persona estaría asustada después de que una pistola disparó entre una multitud!- argumentó Laia, señalando a todas las personas del alrededor, acurrucados juntos con sus familias. La Guardia Real caminaba entre ellos para interrogarlos uno a la vez. -¡Lo que es peor, es que el asesino estaba justo detrás de nosotros! ¡Todos corrimos, tanto como los demás!

Talea reprimió un escalofrío al recordar la repentina grieta salvaje de una pistola al ser disparada a tan sólo unos metros de donde ella estaba parada. Estaba tan cerca de la princesa Nike que en cualquier circunstancia normal primero hubiera verificado la seguridad de su dama. Estaba avergonzada de recordar el miedo que se apoderó de ella cuando vio al rey y a la reina ir de caída, y nada menos que horrorizada por su propia cobardía cuando corrió lo más rápido que pudo, lejos del asesino, y lejos de su señor y dama.

Que buena cortesana soy, pensó con amargura. La voz de su padre cortó su recuerdo como un látigo.

-Silencio, no voy a dejar que me hable así. Talea es una mujer noble y es su deber parecer como tal. Igual que usted, Laia. Puede ser una mujer casada, pero sigue siendo una Dainer y mi hija, sin importar el ridículo nombre que su marido del Océano le ha dado. Compórtese.

Talea vio que Laia apretó los puños por la ira, pero incluso su hermana tormentosa sabía que no debía empujar la cuestión. Ella simplemente miró a su padre con los labios apretados.

-¡¿No me oye, Talea?! Le dije que arregle su cabello, ahora.- Talea rápidamente sacó el broche de su pelo para no provocar la furia de su padre.

Un soldado llamó a la familia junto a ellos. La capitán Violetta había establecido una serie de mesas en el borde del patio, cerca de los bosques del norte. Uno por uno, estaba interrogando a cada grupo, sus cuentas escritas en su totalidad por un grupo de escribientes. Los soldados patrullaban la zona, haciendo imposible que alguien pudiera volver a la ciudad o entrar al teatro ceremonial.

-Que buen lío, todo esto- dijo el Señor Dainer, en tono pesado y con desdén. -¿Cómo se atreven a mantener a la nobleza junto con la multitud?

Talea y Laia se quedaron calladas. Ambas habían experimentado latigazos bastante severos por interrumpirlo cuando estaba de mal humor.

-Es una burla a nuestra herencia, ¡un insulto!- Las chicas se dieron una mirada una a la otra, sabiendo que su padre estaba teniendo uno de sus arrebatos. No era ningún secreto en el hogar Dainer que el Señor Dainer tenía puntos de vista muy concretos sobre la política del rey, y sobre la abolición del sistema de castas.

-¡Y tener tan poca seguridad en la boda real! Todo esto es por culpa de la reina, estoy seguro.- Era incluso menos que un secreto que él despreciaba a la princesa Nike.

-¡Es una advenediza! ¡¿Cómo se atreve el Ducado de la Lluvia a enviar a su cuarta princesa?! Y una tan común, ¡casi ni se le nota la realeza!- era una de sus líneas favoritas cuando el tema de la princesa salia a relucir durante la cena.

-Es un escándalo, la forma en que se comporta- aportaba la Señora Dainer, lloriqueando como si la princesa le hubiera hecho un gran mal personal.

-Como si no fuera lo suficientemente malo que el rey hace lo que le da la gana, ¡ahora tenemos que sufrir a esta niña ridícula!- continuaba.

-Dicen que la sangre se nota, amor- insinuaba la Señora Dainer. Su marido entonces empezaba con el tema igualmente perturbador de la madre plebeya del rey, y el hecho de que los hermanos de Livius habían sido ignorados en su favor, a pesar de ser el más joven y de la de natalidad más baja.

Talea nunca dijo nada durante estas discusiones acaloradas, pero le gustaba pensar que si ella fuera un poco más valiente, podría decirles a sus padres sobre las muchas veces que la princesa Nike había sido amable y simpática con ella en la corte. Ella podría haber siquiera intentado explicar que aunque el rey podría ser implacable cuando se trataba de sus leyes, el siempre utilizó el tiempo y esfuerzo para asegurar que todo fuera justo. Ella hubiera dicho todas las cosas buenas que el rey y la princesa habían logrado juntos durante los últimos tres años, pero por desgracia, Talea no tenía el valor para decir nada de eso. En cambio, ella tomaba su sopa en silencio, recordando a sí misma sobre las magulladuras y cicatrices que su padre había dejado en su espalda en los últimos años.

Por suerte, el Señor Dainer tenía suficiente sentido común para evitar reprender al rey en público, por lo que Talea y su hermana respiraron de alivio cuando él decidió quejarse de la Guardia Real y la falta de orden en la crisis.

-Estos tontos incompetentes- gruñó, en suficiente voz alta que cualquiera podía oír. -¡Usted pensaría que ya hubieran encontrado el maldito culpable!

Talea se sintió aliviada cuando un soldado llegó para escoltarlos hasta donde estaba la capitán Violetta.