Obra ganadora del concurso: "Mi primer día en Hogwarts". Organizado por el grupo de Facebook "Gran grupo potterfics".

1_Perdidos en Hogwarts:

La alegría había acompañado a ambos chicos durante toda la semana, Lily y Severus al fin irían a Hogwarts. Los inseparables amigos de once años no habían hecho otra cosa que emocionantes planes para cuando comenzaran el colegio. Severus estaba eufórico por poder "escapar" de casa por primera vez y Lily, aunque tan feliz como él, su humor se iba aguando a medida que comprendía que no iba a ver a sus padres en mucho tiempo, al igual que a su hermana. Tuney les había hecho la vida imposible tratando de frustrar sus juegos, celosa del destino de su hermana y de su amigo. Pero esto no había contribuido en nada a aguar su felicidad.

Sin embargo esta alegría había durado el tiempo en que transcurrió la semana, ya que las cosas no habían salido según lo planeado, todo había salido mal para ambos niños. Como si el mundo conspirara para que sus destinos terminaran por separarse. En el andén sus familias habían permanecido separadas ya que la madre de Severus no podía ni mirar a los padres de Lily por el solo hecho de que eran muggles (algo raro ya que ella se había casado con uno de ellos), entonces el chico sólo había podido saludar a su amiga con un tímido movimiento de mano. Lily por su lado estaba triste porque iba a separarse de su familia por primera vez en su corta vida y, poco antes de subir al tren, se había peleado con su hermana. Tuney la había llamado "fenómeno" y ella pensaba que no era ningún fenómeno. Esa expresión le había dolido mucho a la niña y pronto sus ojos se llenaron de lágrimas que intentó ocultar de los demás corriendo hacia uno de los compartimientos del tren que estaban vacíos, lejos de sus nuevos compañeros.

A Severus le costó encontrarla cuando subió al tren y cuando al fin lo hizo la niña lo rechazó, avergonzada de sus lágrimas. Sin embargo el chico no se ofendió ya que comprendió su dolor y trató de consolarla. El encuentro en el tren con sus demás compañeros no había podido unirlos a ninguno de ellos, al contrario, apenas se habían hablado con unos chicos, gracias a la rivalidad entre las casas que existía en el colegio, se habían terminado peleando con ellos. Entonces se habían levantado para irse y atravesaron el tren hasta encontrar otro compartimiento vacío donde pudieran viajar en paz.

Ya en Hogwarts las cosas irían de mal en peor. El sombrero seleccionador los mandó a diferentes casas que para colmo eran rivales, Severus Snape fue a Slytherin y Lily Evans fue a Gryffindor. Así que su primera comida allí la habían pasado separados y lamentando aquella situación. Ambos pensaban con total desánimo que peor sus planes no podrían haber salido pero se equivocaban, su primer día en Hogwarts sería tan malo como aquellas horas, y aún peor.

Severus se levantó aquel primer día de clases con poco ánimo, pensando en Lily y en el maldito sombrero seleccionador que la había mandado al condenado Gryffindor. Mientras trataba de ponerse la túnica, iba metiendo dentro de la mochila los pergaminos que había comprado en el Callejón Diagon de cualquier manera, estaba apurado porque ya se le había hecho bastante tarde para ir al gran comedor a desayunar. Sus compañeros de habitación no estaban allí y pensó con profundo disgusto que al menos podrían haberlo despertado. Cuando terminó de cambiarse, corrió al baño y patinó un poco al detenerse frente al espejo. Se lavó la cara y se echó agua en el largo cabello para aplastarlo un poco, no tenía ganas de pasarse una media hora buscando el peine en el baúl. En casa no había tenido tiempo de ordenar mucho las cosas del colegio ya que había estado conversando con Lily hasta muy tarde. Así que su baúl se encontraba en total desorden.

Cuando bajó las cortas escaleras hasta la sala común de Slytherin se encontró con una sorpresa, todos sus compañeros de primer año estaban allí, con sus mochilas, discutiendo acaloradamente.

_ ¿Qué pasa?_ le preguntó al que estaba más cercano a él, era Nott, un chico con la cara llena de acné.

_ Estamos esperando al prefecto que nos iba a mostrar el camino para ir a desayunar y luego a las clases_ le respondió con el ceño fruncido.

_ Pero… ¡Si ya es muy tarde! ¿Dónde está?_ dijo sorprendido Severus, mientras miraba su reloj de pulsera.

_ Duerme_ intervino otro niño, su nombre era Avery.

_ ¡¿Y a nadie se le ocurrió despertarlo?!_ exclamó Severus, de mala manera.

Una de las niñas que estaba allí lo escuchó y se molestó un poco con él. Era una pequeña de rizado cabello oscuro y ojos fríos.

_ ¡Por supuesto que sí! Pero no contesta las llamadas a su puerta y la prefecta nos dijo más temprano que él era el que tenía que llevarnos y que no iba a hacer ella su trabajo_ explicó la niña.

_ ¿Y qué vamos a hacer ahora?_ se quejó el chico de cabello largo.

La discusión siguió su curso hasta que Nott se ofreció para entrar a la habitación del prefecto y despertarlo. Luego el chico subió por la escalera solo, ya que nadie había querido acompañarlo… por las dudas.

_ De paso. ¿Quién es el prefecto?_ preguntó Severus.

Los chicos de primero se habían sentado en unos sillones a esperar a Nott y al prefecto.

_ Ese rubio alto de quinto que te saludó en la mesa anoche… Malfoy, se llama_ dijo Avery.

_ ¡Ah, sí!_ recordó Snape con aire distraído.

_ Es lindo_ le susurró una niña rubia a su amiga.

_ Cállate, Narcisa, no es lindo. ¡Es un idiota!_ le respondió la chica, haciendo que la rubia frunciera el ceño molesta. Malfoy no le caía para nada bien ya que ¡los había dejado plantados en su primer día de clases!

De pronto apareció Nott por las escaleras corriendo desesperado y sudando a mares. La mayoría de los chicos que estaban allí esperándolo, se paró.

_ ¡Corran! ¡Se enojó!_ dijo y pasó por el medio del grupo, empujándolos mientras se abría camino.

Todos se miraron entre sí, perplejos y luego comenzaron a correr detrás de él fuera de la sala común, asustados de que el rubio les lanzase un maleficio por despertarlo.

_ ¡Espera! ¡Espera! ¿Qué te dijo?_ lo detuvo una de las chicas cuando ya habían salido de la sala común de Slytherin y se encontraban en un pasillo cercano.

_ Que nos fuéramos al infierno. Que él no tenía la obligación de mostrarnos el camino_ se explicó Nott.

Todos los chicos lanzaron exclamaciones de molestia y comenzaron a caminar en grupo hasta la siguiente intersección de tres caminos. Allí comenzaron a discutir de nuevo por dónde les convenía seguir, pero Severus ya estaba lo suficientemente fastidiado como para prestarles atención así que decidió ir por el camino de la izquierda solo, ya que nadie quiso seguirlo.

Y así transcurrió una media hora, perdido totalmente en los corredores de las mazmorras que parecía un laberinto y sin poder creer en su mala suerte. Cuando al fin decidió retroceder por donde había venido ya era tarde, no tenía idea del camino que había seguido hasta allí. Estaba tan enojado consigo mismo que se paró para darle una patada a una estatua de una bruja. Lamentablemente la estatua le respondió.

_ ¿Qué haces, mocoso? ¡No ves que duele!_ dijo la bruja de mármol parlante.

_ ¡Di… disculpe, señora!_ tartamudeó el niño, abochornado, mientras su rostro se teñía de rojo.

_ ¿Qué haces rondando por estos lugares?_ le preguntó.

_ Me he perdido_ dijo Severus, con tanta tristeza que la expresión de la bruja cambió.

La estatua parlante se compadeció del niño y comenzó a explicarle cómo tenía que hacer para volver hasta la sala común de Slytherin. Descubrió que no estaba lejos de ésta y que se había confundido por la cantidad de pasadizos y puertas que había atravesado. Severus no estaba seguro de si era de fiar, primero que nada porque ¡era una estatua! Pero de todos modos decidió seguir su concejo y dirigió sus pasos por donde ella le había indicado. Atravesó un par de puertas y pasillos oscuros, hasta que en un recodo del camino casi choca de frente con un chico rubio alto.

_Hola, enano_ lo saludó mientras bostezaba. Era Lucius Malfoy_. ¿Te unes al club?

Luego siguió de largo y Severus, aunque molesto por la expresión ya que distaba mucho de ser "enano", decidió seguirlo. En ese momento se dio cuenta de que tres chicas iban detrás de Malfoy. La rubia (que era nada menos que Narcisa Black) intentaba por todos los medios llamar la atención del prefecto que caminaba más dormido que despierto, mientras que sus dos amigas la miraban con el ceño fruncido y con una expresión de profundo fastidio en sus rostros. Eran las únicas del primer año, aparte de Snape, que habían logrado dar con el prefecto luego de dar vueltas en círculos por las mazmorras, tan perdidas como él. De los demás chicos de primero, no tenían ni noticias.

Cuando por fin llegaron al gran comedor donde se llevaba a cabo el desayuno, Severus se apuró en sentarse a la mesa de Slytherin pero, lamentablemente, cuando iba a tomar una tostada del plato, la comida desapareció. Había concluido la hora del desayuno. Ya de muy mal humor estuvo a punto de largarle unos buenos insultos a Malfoy, que se encogió de hombros como si nada pasara, y desapareció apurado al escuchar el sonido del timbre que daba inicio a las clases. Olvidándose por completo de los niños de primero.

El chico asustado, ya que no quería llegar tarde a su primera clase, se paró del asiento mientras miraba distraído el horario. Le tocaba Historia de la Magia, en el séptimo piso. No tenía idea en dónde quedaba el aula y miró nervioso el gran comedor que rápidamente se vaciaba de alumnos, pero no pudo encontrar a ninguno de sus compañeros de primer año. Su mirada se dirigió entonces a la mesa de Gryffindor, buscando a Lily, pero la niña no estaba allí.

Ya en el vestíbulo comenzó a subir la escalera de mármol casi corriendo. Debió haber mirado el horario otra vez ya que se había confundido de piso, allí no decía 7 piso, sino 1 piso. Pero por desgracia no lo hizo y subió escaleras, atravesó pasadizos, corrió por pasillos desiertos, hasta llegar al fin al séptimo piso. Allí fue cuando, al detenerse a recuperar el aliento, se dio cuenta de que algo andaba mal porque no encontró ningún aula ni a nadie a quien preguntar. El séptimo piso se encontraba desierto. Había comenzado a sudar por el miedo y el largo cabello se le pegaba a la frente, sin contar que el peso de la mochila le estaba haciendo daño en el hombro. Entonces decidió tomar medidas extremas y se paró frente a un cuadro de dos hombres que jugaban cartas. Había escuchado decir que no debía fiarse de los cuadros que estaban por todo el castillo, pero ya no le quedaba otra opción.

_ Disculpen… disculpen señores… ¿Podrían indicarme en dónde está el aula de Historia de la Magia?_ les dijo con cierta timidez, pero con perfecta educación.

_ ¿Historia de la Magia? Mmmmm, creo que está en el segundo piso_ dijo el hombre que era calvo, lucía un bigote con las puntas arqueadas.

_ No, no, hermano. Eso fue hace treinta años, ahora se encuentra en el cuarto piso_ replicó el otro hombre. Parecía mayor y tenía profundas arrugas alrededor de sus ojos.

_ ¡El cuarto piso! ¡Pero, no! Eso fue cuando enseñaba Doris. Ahora está en el sexto piso_ se contradijo el calvo bigotudo.

_ ¡No, no, no! Doris enseñaba hace más de un siglo. Que te digo que está en el tercer piso_ discutió su hermano.

_ ¿Tercer piso? ¡Tonterías! Niño… tienes que dirigirte al quinto, allí encontrarás tu aula_ dijo el calvo, ya enojado.

Luego comenzaron a discutir otra vez con total incoherencia, de todos modos ya habían mareado tanto a Severus que quedó más confundido aún que antes. Entonces se despidió de ellos de mal humor, sin embargo no lo escucharon ya que discutían acaloradamente y se lanzaban las cartas a la cara. El niño siguió por el corredor de largo, dobló por un pasillo lateral que antes no había visto y que desembocaba en una única puerta que daba a una estrecha escalera de espiral. Entonces esperanzado pensó que había encontrado el aula de Historia de la Magia. Sin embargo no estaba muy convencido y, descolgándose la mochila porque no aguantaba más su peso la dejó en el pasillo a un costado de la puerta, luego la abrió y subió por la escalerilla, ya más cómodo sin su pesada mochila al hombro.

La escalerilla desembocaba en una pequeña habitación circular con ventanales. Estaba en una de las miles de torrecillas del castillo, era evidente que allí no era el aula, entonces bajó con el ánimo por el piso hasta que se dio cuenta de que la puerta que conducía al pasillo se había cerrado, ¡y no tenía perilla de ese lado! Su desánimo se convirtió en desesperación al notar que estaba encerrado.

_ ¡Auxiliooooooo! ¡Ayúdenmeeeee!_ gritaba el niño como loco, mientras golpeaba la puerta con los puños.

Su varita había quedado dentro de la mochila… Estaba atrapado.

Por otro lado, aquel día para Lily había comenzado de manera muy diferente. La noche anterior, apenas hubo entrado en su habitación, se había hecho amiga de dos chicas y habían pasado parte de la noche conversando divertidas. Así que a pesar de su somnolencia matutina estaba feliz ya que el colegio se le hizo menos extraño, gracias a sus nuevas amistades. Por suerte para Lily y sus amigas de primero, en Gryffindor los prefectos eran más responsables. Acompañaron a los nuevos chicos al desayuno con tiempo de sobra y, cuando sonó el timbre los condujeron a clases. A Lily le tocaba Herbología aquel día, en los invernaderos que estaban en los jardines, y pronto se puso en la cola de alumnos que esperaban a que apareciera la profesora.

_ ¡Oh! ¡Olvidé el libro de Herbología en la mesa del gran comedor!_ dijo Lily, luego de revisar sus útiles.

_ Pero, ya empieza la clase_ dijo Alice. Una chica de cabello corto y mirada amable.

_ Sí, si te devuelves al castillo llegarás tarde_ opinó Mary, otra de sus amigas.

_ No tengo otra opción… Necesito el libro para la clase_ dijo Lily preocupada.

_ Pero…_ comenzó discutiendo Mary.

_ Voy corriendo, si llega la profesora díganle que ya vuelvo_ dijo la chica interrumpiéndola.

_ ¡Te van a quitar puntos!_ le gritó Mary pero su amiga, sin embargo, no la oyó.

La niña corrió a toda velocidad por los jardines hasta entrar en el castillo. Allí en el vestíbulo no se topó con Severus por tan sólo un par de minutos pero por suerte encontró el libro de Herbología en la mesa de Gryffindor y volvió a clases. La profesora aceptó sus disculpas y sólo le quitó cinco puntos por llegar tarde a la clase. Sin embargo la chica tomó muy mal aquella pérdida y se esforzó tanto en la clase que en media hora ya los había recuperado.

La doble clase de Herbología de ese día fue tan interesante para ella que no pensó en su amigo ni una sola vez. Tenían que trasplantar bulbos de una extraña planta llamada Lysichiton chirriante, que eran muy frágiles y cuando los alumnos los tocaban chillaban como gato pero si no tenían cuidado se reventaban y uno quedaba cubierto de un fétido moco verde.

_ ¡Otra vez, Potter! ¡Quiere tener cuidado!_ lo reprendió la profesora al ver que por segunda vez al muchacho se le reventaba uno de esos bulbos.

Lily y sus amigas lo miraron con la nariz fruncida, James Potter y su amigo Sirius Black estaban casi al lado de ellas y el olor que despedía en ese momento James era repugnante. El chico lo advirtió y se puso tan colorado como un tomate, entonces cuando la profesora se dio vuelta le largó uno de los bulbos a su amigo ya que pensaba que había sido culpa de éste que se le reventara el suyo. Sirius recibió el suyo en el brazo que explotó en medio de un chillido felino, lamentablemente Lily estaba al lado de él y parte del moco apestoso se le adhirió a la túnica.

_ ¡No! ¡Mira lo que hiciste!_ le dijo enojada a James, mientras intentaba limpiarse.

_ ¡Le arruinaste la túnica!_ intervino Alice.

_ Fue él_ mintió el muchacho ya abochornado y con todo descaro, mientras señalaba a su amigo. No había tenido la intención de molestarla a ella. Lily le había gustado desde que la vio en el tren.

_ ¡Yo no fui!_ protestó Sirius perplejo.

Lily furiosa y respondiendo a un impulso le lanzó otro bulbo chirriantes que fue a dar contra el piso, al correrse James a un lado. Por desgracia la profesora estaba cerca y oyó toda la pelea.

_ ¡Basta los tres! ¡Tienen una detención!_ los reprendió la profesora y esto hizo que la chica se enfureciera aún más con James.

Así que cuando terminó la clase, Lily se separó de sus amigas y se quedó demorada en el invernadero limpiando su túnica con agua y un líquido espeso color azul que guardaba la profesora para ese fin. Y a pesar de que el moco sí salió, el olor fétido de este no se iba con nada. Al salir del invernadero estaba tan molesta y fastidiada con los dos chicos, que ni siquiera se habían disculpado (encima Sirius se había burlado de ella), que pensó en Severus en el sentido de que él nunca le hubiera hecho algo así. Iba pensando en que ya era bastante tarde y que tendría que saltearse el almuerzo para poder ir a bañarse antes de la próxima clase, cuando una lechuza chilló encima de su cabeza y se le dio por mirar hacia arriba.

Lo que sucedió a continuación fue un milagro para el príncipe. Lily lo vio en la torrecilla más alta. Muy sorprendida observó a Severus estampado en uno de los vidrios que le hacía señas desesperado. Sin poder creerlo soltó la mochila que cayó al pasto y también le hizo señas, tratando de comunicarse con él. Por suerte no tardó en entender… Severus estaba atrapado allí. Entonces le comunicó por señas que ya iba a rescatarlo y, recogiendo su mochila, corrió hacia el castillo.

El vestíbulo estaba desierto lo cual le pareció algo extraño y cuando corrió al gran comedor donde todo el mundo debería haber estado almorzando y no encontró a nadie se dio cuenta de que se le había hecho más tarde de lo que había pensado en un principio. Ya desesperada corrió escaleras arriba, no sólo llegaría tarde otra vez a una clase, apestaba a moco fétido y ya cargaba con un castigo, y todo en su primer día de clases... bueno, en su primera mañana. Peor suerte no podría haber tenido, pensaba desanimada.

Estuvo a punto de avisarle a la profesora McGonagall de que Severus estaba encerrado en una torrecilla pero el aspecto severo y algo atemorizante de la mujer hizo que descartara casi de inmediato la idea. La noche anterior Mary les había contado a ella y a Alice un rumor que se había esparcido por los alumnos de primer año. La jefa de la casa Gryffindor era una bruja malvada. Cambiarían de opinión con el pasar de los días pero en ese momento Lily no la conocía y le tenía miedo.

Al llegar al tercer piso no se desvió hacia la clase de Encantamientos, que ya había comenzado, porque rescatar a su amigo le pareció más importante. No sabía exactamente en dónde estaba la torrecilla pero pensó que se ingresaba desde el séptimo piso. Lamentablemente al pasar por un largo pasadizo, que encontró detrás de un tapiz y que conducía al piso superior, se topó con Peeves. "El monstruo del castillo", como lo había llamado el prefecto de Gryffindor con una carcajada la noche anterior. Era tal cual.

_ ¡OOOOOhhhhhh, un alumno fuera de clase!_ exclamó feliz y dando tumbos por el techo.

_ No me delates… por favor_ le rogó la niña pero mejor hubiese sido que se quedara callada.

_ ¡Una alumna fuera de clase! ¡UNA ALUMNA FUERA DE CLASE!_ gritó el maldito ser a todo pulmón. Y luego comenzó a tirarle unas tizas que tenía en la mano y que acababa de robarse del aula de Transformaciones.

Lily comenzó a correr por el pasadizo hasta llegar al otro piso, abrió la puerta y dobló por un pasillo lateral, desesperada porque Peeves la seguía y no dejaba de gritar. Cuando volvió a doblar por otra esquina encontró la puerta de un baño y entró allí corriendo. Abrió unos de los cubículos y se encerró dentro. Por suerte Peeves que no la vio pasó de largo y no entró al baño.

La niña esperó cinco minutos más y como no oyó nada se propuso salir del baño, fue en ese momento en que se dio cuenta de que se había metido al baño de los varones. Un chico entró corriendo al baño en ese preciso momento, mientras refunfuñaba. Lily lo escuchó y se le paralizó el corazón. Era Lucius Malfoy, el prefecto de Slytherin. Ya en esa época tenía mala reputación y Lily lo sabía. Si la veía allí iba a tener muchos problemas. ¡Y ella no quería más castigos! Entonces le puso el cerrojo a la puerta y esperó. El chico algún día tendría que salir de allí…

Malfoy se metió en el cubículo de al lado del de ella… y estaba muy descompuesto. Las explosiones fecales eran ruidosas y el olor fétido pronto invadió el lugar, y la pobre Lily por poco no se asfixiaba al taparse con la túnica la nariz. Pensaba desanimada que esas cosas sólo le pasaban a ella. ¡No podía tener tanta mala suerte! Pero no podía escapar ya que al baño pronto ingresaron dos varones más. Se sentó en el inodoro y subió los pies para que nadie la descubriera.

_ Aggg, ¡que olor!... Qué asco… _decía uno de ellos mientras abría el grifo para lavarse las manos.

_ ¿Quién habrá sido el inmundo…?_ dijo el otro chico pero fue interrumpido por un gruñido de perro molesto.

_ ¿Quién anda ahí?_ dijo de muy mal humor el prefecto Malfoy desde su cubículo y los dos chicos pegaron un respingo al oírlo.

_ ¡Oh, perdona, Lucius, perdona!_ balbuceó uno de ellos.

_ Nosotros ya nos íbamos_ dijo casi desesperado el otro chico.

Luego salieron del baño casi corriendo antes de que el rubio les lanzara un maleficio o les quitara 50 puntos, mientras que Malfoy susurraba: "mocosos irrespetuosos de mierda".

Fue entonces cuando Lily decidió salir, corrió el cerrojo sin hacer ruido y casi corrió fuera del baño pero en la puerta todavía estaban los dos chicos, dándole la espalda. Lily, antes que la vieran, volvió a meterse en el baño y fue en ese momento en que Lucius salió del cubículo. La chica se quedó de piedra en medio del baño mirándolo. Malfoy se llevó las manos al estómago de pronto y volvió a meterse en el cubículo… Ni siquiera vio a la chica, que al volver a escuchar ruido a sus espaldas volvió a encerrarse en donde había estado.

Aquella tortura duró bastante pero al fin Lucius salió del baño y Lily pudo abandonar su escondite. En el corredor se dejó caer al piso, exhausta y tratando de respirar aire puro. Luego de un rato recordó a Severus que la estaba esperando y decidió moverse. Con el espeso cabello rojizo ondeando tras ella subió unos pisos más sin ningún inconveniente pero con cautela, por las dudas. Si alguien la encontraba fuera de clases iba a ganarse otro castigo. Por desgracia en el séptimo piso encontró a la profesora McGonagall y no tropezó con ella de milagro, al verla se asustó mucho y se escondió tras una estatua.

La mujer iba por el corredor hablando sola despacio, parecía algo ausente, y de muy mal humor. Refunfuñaba algo sobre una serpiente que había aparecido entre sus cosas. Seguro, decía la mujer, alguna broma de un alumno. Y por lo que se podía adivinar iba a ganarse un feo castigo. Por un tapiz de pronto apareció el celador y al verla estuvieron discutiendo un rato, sobre la serpiente misteriosa, hasta que…

_ ¿Hay alguien allí, espiando?_ susurró el hombre mientras miraba hacia donde estaba la niña. La profesora se dio vuelta sorprendida.

_ ¿Dónde? ¿Detrás de la estatua?_ dijo la profesora McGonagall, luego se acercó a la estatua para examinarla.

Lily se dio cuenta de que la había visto y desesperada se agachó en el piso. ¡Estaba perdida! Pensó aterrada y al punto del desmayo. Pero de pronto una mano la agarró del brazo y la metió dentro de un pasadizo oculto que había justo detrás de la estatua.

_ ¿Quién…?_ balbuceó asustada.

_ ¡Cállate, Evans! Nos van a descubrir_ era Sirius que le tapó la boca. Lily lo miró sorprendida y se dio cuenta que lo acompañaba James.

Los adultos estuvieron discutiendo un largo rato mientras examinaban la estatua hasta que al fin, ya que no advirtieron que allí había un pasadizo, se fueron por donde habían venido. El celador creyendo que ya estaba viendo visiones y preocupado por tal motivo, bajó por unas escaleras hasta el piso inferior en donde se perdió, y la profesora McGonagall se dirigió al despacho del director para seguir discutiendo con él el asunto de la serpiente.

Los tres chicos al no sentir más ruido de conversaciones provenientes del corredor salieron de su escondite gateando.

_ ¡Al fin se fueron! Ya estaba acalambrado_ exclamó Sirius al estirar sus piernas.

_ ¿Qué haces fuera de clases, Evans?_ dijo James que observaba a la chica, se había quedado muy sorprendido al verla allí.

_ No es de su incumbencia, Potter_ le largó Lily de mala manera pero luego agregó con curiosidad_ ¿Qué hacían ustedes allí dentro? ¿Cómo encontraron ese pasadizo?

_ Tampoco es de tu incumbencia, Evans_ le respondió Sirius molesto. Consideraba a la niña como una mocosa metida.

Entonces la niña se ofendió, les dio la espalda y con la nariz levantada se fue por una escalera que había cerca, la misma por donde había bajado el celador. Amagó bajar al otro piso pero se quedó allí oculta esperando que los otros se fueran. Tardaron bastante ya que discutían entre ellos pero cuando al fin se fueron (a la sala común de Gryffindor) Lily pudo correr con libertad hasta la torrecilla en donde estaba atrapado Snape. Le costó encontrarla pero por suerte no se topó con nadie más. Al doblar por un pasillo pequeño y algo oculto vio la mochila del muchacho y supo entonces que allí era. En ese momento se escuchó el timbre que daba por terminadas las clases de la tarde. Lily se sorprendió de que las horas hubieran transcurrido con tanta rapidez pero no le importó. Tenía que rescatar a Severus.

Fue lamentable entonces que toda su vida hubiera convivido con muggles, sin tener idea de que era bruja, ya que de hechizos no sabía nada. Había leído un montón de veces junto a Severus los libros del colegio pero no recordaba ni un solo hechizo que le sirviera para abrir una puerta.

_ ¡Sev! ¡Sev! ¿Estás ahí?_ dijo en voz baja para no ser escuchada por un profesor. Sin embargo dio tres golpecitos a la puerta.

Del otro lado se escucharon unos pasos que bajaban por la escalera.

_ ¡Lily! ¡Me encontraste!_ dijo emocionado el niño. Había pensado que Lily se había ido a clases o se había perdido o, peor, lo había abandonado a su suerte.

_ No sé cómo abrir la puerta, Sev. Está trabada_ le dijo la niña.

_ ¿Cómo? ¡Estaba abierta cuando yo entré aquí!_ se desesperó el chico.

Lily empezó a empujar con toda su fuerza mientras que su amigo lo hacía desde el otro lado pero fue en vano. Nada de lo que intentaron a continuación tuvo éxito.

_ ¡No se abre! ¡Tendré que ir en busca de ayuda!_ dijo al fin la chica, derrotada.

_ ¡No! ¡Nos ganaremos un castigo!_ se opuso Severus.

_ Pero… no sé qué hacer.

_ Lily no te vayas… No me dejes solo_ suplicó el niño, asustado de quedarse otra vez en compañía de su soledad.

_ Está bien, Sev, no te preocupes… yo…

Pero se detuvo en seco ya que descubrió la raíz del problema. Al cerrarse la puerta una de las correas de la mochila de Severus había quedado allí entre la puerta y su marco, y era eso lo que la trababa.

_ ¡Es la mochila, Sev! La mochila traba la puerta… Tengo que sacarla… de aquí_ dijo eufórica la niña y comenzó a tirar de ella.

_ ¡Oh, no puedo creerlo!_ exclamó el niño desde el otro lado.

La princesa del pelo color de fuego no era muy fuerte pero no se rendía con facilidad así que, luego de varios intentos más y una dolorosa raspadura en su mano derecha, logró retirar la correa de la mochila y abrir la puerta. Había rescatado al príncipe. Cuando Severus salió de allí la abrazó emocionado y ambos amigos se dejaron caer al piso, exhaustos por ese día que les había traído tanta mala suerte.

_ ¡Oh, gracias! ¡Gracias, gracias, Lily!_ le dijo el muchacho feliz mientras abrazaba a su amiga con cariño.

_ ¿Creíste que no iba a venir? ¡Nunca te haría algo así, Sev!_ protestó Lily pero le sonrió tan feliz como él.

Abrumados por tantas emociones encontradas, al escuchar ruido cerca de donde estaban se asustaron y levantándose del piso salieron de allí. Cada uno se fue a su sala común pensando que al día siguiente iban a tener que enfrentar los castigos por pasarse su primer día de clases perdidos en Hogwarts.