Notas:

Segunda y última actualización del día celebrando mi cumpleaños, ya tenía muy abandonado este fic, lo lamento, Inspiración-chan me había abandonado. Estaré poniéndome al corriente con mis otros fics pronto.

Espero lo disfruten

P.d. Cuando Jim habla es en su idioma, nadie sabe que dice, por lo que lo puse en cursivas para diferenciarlo y no confundirlos.


Poiquilotermo.

El rubio miraba todo con mucha curiosidad, mientras se apegaba mas a la fuente de calor que era el cuerpo del ser que lo había rescatado. Levantó la cara para ver parte de su rostro, antes no había podido verlo con claridad a causa de la cosa que estaba vistiendo, pero ahora podía contemplarlo a sus anchas.

No era humano. De eso estaba seguro. Los humanos no tienen la piel verdosa, cejas así de inclinadas, ni orejas puntiagudas. Era la primera vez que veía a un ser como él. No parecía muy emotivo, pero su cara dejaba entrever muy ligeramente que estaba incómodo, o eso sospechaba por el color verde en las puntas de sus orejas y los labios fruncidos.

Tal vez no le agradaba cargarlo. No podía culparlo, su piel era ligeramente viscosa y algunos seres parecía causarles asco tocarla. Si no tuviera su cola lesionada podría moverse por su propia cuenta, o por lo menos intentarlo.

Dejó de mirarlo y observó los luminosos corredores, la mayoría de seres con los que se cruzaron eran humanos. Todos vestían ropas similares, pero de colores diferentes. ¿Sería alguna clase de uniforme?

Había visto a otros seres uniformados antes, y nunca había sido algo bueno.

Aunque agradecía que estos humanos no parecieran ser iguales a esos seres, ni a su anterior dueño, que lo trataban como a un animal, o un ser inferior. Estas personas le sonreían al pasar y uno que otro hicieron un sonido agudo con su boca.

Le gustaban estos individuos. Jamás pensó que su suerte cambiaría tanto.

Hacía tiempo que se había resignado a que alguien lo rescataría. Habían pasado muchos años desde que lo habían secuestrado. Ni siquiera estaba seguro cuál era su lugar de origen ni dónde estaba ahora.

Recuerda que alguien lo arrastró y escondió en un arrecife cuando algo extraño entró al agua y como gritos de alarma comenzaron a escucharse. Desde su escondite vio como capturaban a conocidos y amigos, mientras otros escapaban. Unos cuantos comenzaron a pelear contra la cosa que los atacaba, pero fracasaron.

Se quedó inmóvil en su pequeño escondite con la esperanza de que fuera lo que fuera eso, se marchara sin notarlo. Pero fue inútil, fue capturado.

Lo inmovilizaron y arrojaron con los demás en un estrecho recinto. Era el más joven de todos. Tenía memorias de una mujer que lo consoló mientras los trasportaban y le aseguraba que todo estaría bien. No pudo creerle.

Los más grandes trataron de soltarse, pero fue un fracaso. Estaban agotados y deshidratados, el lugar era demasiado cálido para ellos.

No supo cuánto tiempo estuvieron ahí, hasta que uno de sus captores se presentó ante ellos. Parecía un reptil. Su rostro tenía pequeñas protuberancias en su mentón y bajo su nariz. Sus orejas, ojos y hombros tenían extrañas crestas arqueadas. Su piel era de color grisáceo, su pelo café oscuro, al igual que sus ojos. Mismos que los miraban con asco.

Un estremecimiento había recorrido su cuerpo.

Empezó a hablarles, mas ellos no entendían lo que él les decía. Lo que pareció enfurecerlo. Sacó un instrumento que ninguno de ellos conocía y apunto con ella a uno de los hombres, una intensa luz roja emano de esa cosa, y el hombre cayó inmóvil al suelo. Todos se quedaron quietos ante ello.

El ser los miró detenidamente a cada uno de ellos, hasta que sus ojos se posaron en el rubio y avanzó en su dirección. De inmediato los adultos se pusieron delante del pequeño, tratando de protegerle. Pero fueron derribados a bases de golpes.

Le tomó la cara y recorrió su mentón. Dijo algo en su peculiar lengua y se marchó.

Ahora que piensa en ello, posiblemente ese fue el momento en el que su destino fue escrito.

Un suave toque lo sacó de sus recuerdos. Parpadeó confundido, no se estaban moviendo, ¿entonces que había sido eso? Miró alrededor hasta que ubicó la fuente que lo había apartado de su ensoñación.

Una mano de color arena estaba tocando su cola. Frunció el ceño, esa era demasiada confianza. Siguió la extensión de piel hasta ver a la dueña de esta. Una hermosa mujer de cabellera oscura le sonreía. Lo observó durante un tiempo y luego empezó a hablar con el hombre que lo cargaba.

El hombre gruñón les dijo algo y se marchó.

Él solo refunfuño. Era frustrante no entender lo que decían. Conocía una que otra palabra que ellos decían más era insuficiente. Esperó pacientemente a que terminaran de hablar, pero ellos seguían y seguían. Se estaba aburriendo y tenía hambre.

Separó una de sus manos del cuello del hombre y le dio golpecitos en la mejilla. Los marrones ojos se posaron en él y una de sus cejas se elevó ligeramente. El rubio reconoció la mirada como interrogante. Satisfecho por tener de nuevo su atención, con su mano imitó el movimiento de llevarse algo a la boca.

Un destello de compresión cruzó el agraciado rostro de su salvador. Habló brevemente con la mujer y comenzaron a moverse otra vez.

Pronto estaban en un corredor en el que a lo lejos vio de nuevo al hombre gruñón. Esperaba no tuviera más de esas cosas que pinchaban su cuello, ya había tenido suficiente de ellas. Muchas gracias.

—Ya comenzaba a pensar que habías diseccionado a Jim, Spock —dijo el huraño humano.

Se concentró en el hombre. Jim era ahora su nombre, estaba hablando de él, ¿no? ¿Debería responder? ¿O le hablaba a quién lo cargaba? ¿Valía la pena que intentara hablarle aunque no le entendería?

Debió hacer una cara extraña o algo, ya que de improviso una mano empezó a removerle el cabello mientras escuchaba que el azabache se reía. Cuando dejó de reír, señaló con su brazo a su alrededor. Jim observó el nuevo recinto al cual habían entrado.

Había una fuente de agua en el centro, si no mal recordaba a eso le decían piscina o algo así. Era mucho más grande que todos los contenedores y acuarios en los que antes había estado y a diferencia de los otros esta estaba a nivel del suelo, no montada en alguna pared o sitio para que la gente lo viera como una atracción.

¡Podría entrar y salir de ella cuando quisiera! Y no solo eso, el clima era húmedo y agradable.

Jim se sentía emocionado. ¿Eso era para él?

Los hombres volvieron a comenzar a hablar, decidió ignorarlos, no es como si se perdiera algo de lo que dijeran. Se removió inquieto. Ya quería remojar sus escamas en el agua limpia y cristalina. Había pasado mucho tiempo desde la última vez en la que pudo nadar un poco.

El hombre de lindas orejas puntiagudas parecía comprender su emoción y lo bajó cerca de la orilla de la piscina. Se incorporó y comenzó a arrastrase con sus manos hasta estar al filo de la misma, cuando llegó al borde bajó tentativamente una mano para tocar el agua.

La sacó de golpe.

Todo había sido tan bueno para ser verdad. Jim gruñó maldiciones. Por qué las criaturas terrestres creían que todas las criaturas marinas amaban el agua fría, era algo que no comprendía. Pero el lugar era bastante lindo como para despreciarlo por una nimiedad como esa, y no es como si no hubiera estado en agua congelada antes.

Estaba por sumergir su cola en el agua, cuando una mano cálida se posó en su hombro. Alzó la vista topándose con los marrones ojos del hombre con cerquillo. Mismo que introdujo una mano al agua y al igual que él, la quitó con rapidez.

Jim sonrió, al parecer no era el único que pensaba que esa agua era un jodido témpano. El azabache se giró y comenzó a hablar con el hombre gruñón.

Tal vez debería prestar más atención a como se hablan entre si para saber cómo se llaman. Eso de andarles poniendo motes por sus cualidades y características era algo confuso.

Acomodó su cola, y con ayuda de sus aletas pélvicas mantuvo una postura erguida mientras los veía hablar, tratando de entender algo de lo que decían o alguna cosa que se repitiera que pudiera tomar por nombre. Pero desgraciadamente la conversación fue muy corta y lo único que entendió de todo ello fue "comida" y su nombre. Esperaba que fueran a darle de comer y no fuera él la comida. Ojalá le dieran otra de esas cosas rojas que sabían tan bien que el tipo gruñón le había dado mientras le pinchaba el cuello.

Estiró los brazos cuando el de ojos marrones se agachó para volverlo a cargar. En esta ocasión una de sus manos se posó debajo de sus glúteos para mantenerlo recto y la otra a mediados de su cola, Jim pasó sus manos por su cuello para tener más estabilidad. En esta posición veía todo desde la misma altura que el chico de orejas puntiagudas.

Cuando el rubio estuvo bien afianzado, el azabache comenzó a caminar hacia la puerta.

Jim observó maravillado como éstas abrían automáticamente. En todos los lugares en los que antes había estado, las puertas no se abrían de esa manera. ¿Eso significaba que podía andar por donde él quisiera? ¿O solo en algunas zonas?

Sonrío travieso. Ya después lo descubriría. Siempre se le dio bien el intentar escapar antes, así que curiosear por los alrededores no sería muy difícil.

Otra vez se toparon con personas en los corredores, muchas lo saludaron, y él les regresó el saludo con gusto, obteniendo risitas y comentarios que no entendía, pero todos lucían contentos.

Sí. Efectivamente amará vivir aquí.

Mientras seguían avanzando, Jim vio una ventana o algo que se le asemejaba a una, a saber cómo se llamaba realmente, volvió a darle toques al hombre que lo cargaba en la cara y le señaló la ventana. Afortunadamente el hombre le entendió y se encaminó al lugar.

Jim apoyó una de sus manos en el frío cristal y observó la inmensidad que se reflejaba fuera de ella. Miles de estrellas salpicadas sobre el oscuro firmamento, escondiendo miles de secretos aguardando ser descubiertos.

Era tan hermoso.

Nunca antes había podido contemplarlo como ahora. Una mirada fugaz mientras lo encerraban o un pequeñísimo atisbo a través de una rendija de una puerta mal cerrada. Ninguna de esas breves vistas le hacía justicia a tal belleza.

Fue hasta en ese momento que Jim se dio cuenta que era libre. Libre de ver lo que quisiera, libre de hacer lo que quisiera.

Era simplemente libre.

Ya no era una mascota o cosa, ahora era un ser como todos ellos.

¿Cómo podría agradecer por ello? ¿Cómo darse a entender de lo profundamente agradecido que estaba?

Separó su mano del cristal y la dirigió hacia la mano del hombre que sostenía su cola, le sujetó por la muñeca para que lo soltara, cosa que el hombre hizo con un ligero fruncimiento de cejas. Apoyo su cola cuidadosamente en el suelo para no reabrir su herida y se sostuvo más firmemente a su cuello para evitar caer al suelo. Una vez que estaban más o menos en igualdad de condiciones en base a la altura, soltó su muñeca y agarró sus dedos para conducirlos hacia su rostro y depositar un suave beso en ellos.

Gracias —murmuró contra su cálida piel.

Alzó la mirada de los largos dedos y la enfocó en los marrones ojos de su acompañante. Mismo que ahora parecía no respirar.

¿Qué sucedió?

Había visto a otros seres hacer eso, por lo que creyó que era algo bueno, ¿se había equivocado?

Soltó sus dedos con rapidez. Sea lo que fuera, empezó por haberlos tocado. ¿Debía llevarlo con el tipo gruñón? Ese tipo parecía saber de estas cosas.

¿Estás bien? —se atrevió a preguntarle unos minutos después, pensando muy seriamente como llevárselo a rastras a ver al tipo gruñón si no reaccionaba pronto.

El de ojos marrones comenzó a parpadear con rapidez y recuperó su compostura. El de piel verde volvió a cargarlo como antes y retomó su camino. Jim observó su perfil en busca de alguna molestia pero la única diferencia que podía observarle era que la punta de sus orejas estaba más oscura que antes.

Jim suspiró aliviado. Lo que fuera que había pasado parecía que no fue grave. Su agradecimiento había sido un rotundo fracaso, luego vería como se agradecían entre ellos para hacerlo esta vez bien.