La mentira

Su tez pálida contrastaba con la lúgubre oscuridad que emanaba de aquella tétrica habitación. Su respiración era entrecortada por los interminables sollozos de un dolor cercano. Sus carrillos hundidos mostraban largas líneas blancuzcas donde antes se había derramado ríos salados de amargura.

Un hermoso ángel junto a él lo observaba detenidamente hasta que, en un arrebato de crueldad pura preguntó con una voz dulce y tóxica:

- ¿Quieres que te mienta? -

El pobre hombre de cabellos azabaches y mirada cansina hizo un ligero movimiento con la cabeza en señal afirmativa. Ella sonrió, mientras decía casi en un susurro:

- ¡Te amo! -

Una mentira suele convertirse en una adicción fatal. Una mentira puede llenarnos de felicidad por un corto momento, hasta que la cruel y triste realidad de las cosas nos muestra su verdadera cara, dejando la sensación de dicha a un lado y convirtiéndola en largos y dolorosos "¿Por qué?" que nunca tendrán respuesta.