Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a JK Rowling, la trama a la genia de Bex-Chan.

Este capítulo fue revisado por Nanaa04(Nat)


HUNTED

Capítulo XXVI:

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Hermione le ofreció una sonrisa educada pero frunció el ceño cuando escuchó que Ron murmuró algo derogatorio en voz baja.

—Blaise, —ella saludó, pero su expresión inquieta se endureció cuando sintió que su amigo la tiraba del brazo. Ella lo miró confundida y se dio cuenta que él estaba intentando protegerla, evaluando al otro mago. Con una mirada de advertencia a su ex novio pelirrojo, ella apartó la mano de su puño y le ofreció a Blaise una mirada de disculpa.

—Granger —él asintió, disparando una mirada sospechosa a sus dos acompañantes. —¿Estás bien?

—Estamos bien —dijo ella, pero era poco convincente cuando ella tuvo que darle a Ron otro empujón por intentar protegerla. —Creo que Draco está en la cocina.

—Está bien—él contestó, mirando a los dos hombres inseguro antes de dirigirse a la otra sala.

—Entonces qué ¿ahora tienes a todos los Slytherins jugando a ser tus guardaespaldas? —Blaise escuchó que Weasley murmuraba.

Él contempló la idea de girarse para decirle al pelirrojo unas cuantas cosas, pero pudo escuchar la rápida réplica de Granger y decidió marcharse. Caminando hacia la cocina, encontró a Draco tirado sobre lo que él solo podía asumir era trabajo del Ministerio, golpeando con los dedos un vaso de whisky de fuego.

—¿Sabías que hay una reunión de Gryffindors en tu sala principal? —él remarcó, ganando la atención del rubio.

—Blaise —Draco lo saludó, bajando la pluma. —Sí, me di cuenta.

—¿Qué están haciendo exactamente aquí?

—Bueno, seguramente es bastante obvio por qué Granger está aquí —él se encogió de hombros, haciéndole un gesto a su amigo para que tomara asiento.

—Sí —Blaise rodó los ojos —Escuché que se estaba mudando refiero a Potter y a Weasley.

—Ella está intentando convencerlo de que no soy un imbécil así pueden volver a ser todos muy amigos otra vez —él contestó indiferente. —No me preguntes por qué. No estoy del todo seguro cómo Potter y Weasley pueden ser valiosos para la vida de alguien.

—¿Y tú dejas que tengan esta pequeña reunión en tu casa? —él preguntó escéptico, dándose cuenta que su viejo amigo lucía suficientemente agotado.

—La alternativa era menos atractiva —dijo él, sirviendo un segundo vaso de Ogden para Blaise. —¿Las cosas se veían bien, o tendré que intervenir?

—Bien, supongo —él murmuró, llevándose el vaso a los labios. —Weasley lucía un poco agitado y estaba intentando manejarla pero ella lo tenía bajo control…

—Define "manejar" —Draco exigió, arqueando una de sus cejas.

—Nada en realidad—él dijo, analizando el rostro de su amigo con atención. —Él solo intentó alejarla de mí cuando entré.

—Qué idiota —él exhaló el insulto con facilidad. —¿Parecían que iban a estar a punto de terminar?

—No tengo idea.

—Por todos los cielos —él gruñó, tomando un trago de su bebida. —Si siguen aquí a las diez los voy a echar. Necesito irme a dormir temprano.

—¿Te vas a ir a la cama a las diez? —Blaise sonaba divertido, mirando el reloj. —¿Vives la vida al máximo, Malfoy?

—Estoy jodidamente destruido —él confesó, frotándose los ojos. —Los últimos días han sido una mierda y mañana el trabajo va a ser duro.

—Leí lo de Clearwater —él murmuró, dándole a su amigo una mirada penetrante. —De hecho, Granger parece estar bien a pesar de todo.

—Bueno, ella ha estado hecha un maldito desastre con lo que sucedió —contestó siendo honesto, meneando la cabeza mientras recordaba su reacción inicial. —Pero va a estar bien. Estoy seguro que ha visto cosas peores.

—Seguro —Blaise casi lucía preocupado.

—Aunque estuvo realmente jodido —Draco dijo lentamente, encogiéndose mientras se acordaba de las imágenes. —Clearwater parecía como si alguien le hubiera literalmente extraído toda la sangre y luego desparramado a su alrededor…

—¿La viste?

—Regresé para ver si podía encontrar cualquier cosa inusual —contestó. —Pero no había nada.

—Mierda —el mago murmuró, tomando un sorbo largo de su whisky de fuego.

—Y ayer recibí una carta —reveló Draco, mirando cómo las cejas de Blaise se agrandaban. —La misma invitación que todos los demás recibieron.

—No pareces muy molesto al respecto —Blaise comentó después de una pequeña pausa.

—No lo estoy —él se encogió de hombros, aunque su tono de voz sonaba más convincente de lo que realmente estaba. —De todas maneras, no puedo hacer mucho, Granger se va a encontrar con la prensa…

—¿Qué demonios? —Blaise exclamó de repente, mirando perplejo a sus pies. Draco bajó la mirada y se rió cuando notó que Crookshanks estaba tocando la pierna de su acompañante. —¿Qué mierda es esto? —Blaise dijo bruscamente, intentando apartar las patas del gato con poco éxito.

—La mascota de Granger —contestó Draco, chasqueando los dedos distraído y sintiéndose un poco sorprendido cuando, de hecho, la criatura desaliñada soltó la pierna del otro hombre y se hizo camino hacia él. Su expresión de desconcierto se endureció cuando el mitad kneazle saltó a su regazo con un ronroneo leal y acarició su brazo con el hocico.

Blaise miró fríamente al animal. —Estúpido…

Pero dejó de hablar cuando Hermione entró a la cocina y le dio a Draco una mirada escéptica cuando ella se dio cuenta que su querida mascota estaba acurrucada sobre su regazo. —¿No me digas que en verdad te está comenzando a agradar Crookshanks?

—Difícilmente —su amante frunció el ceño, negándose a poner las manos en cualquier lugar cerca del gato a propósito. —Estaba rasguñando a Blaise.

—Oh, lo siento —ella se disculpó, encogiéndose cuando ella notó los pequeños desgarros en sus pantalones. —Él no es muy bueno con extraños.

—No te preocupes —él le aseguró, sacando su varita y lanzando un silencioso Reparo. —Ves, no pasó nada.

—¿Puedes sacar el saco de pulgas de mi regazo? —Draco pidió con un tono irritado.

—Bien —ella rodó los ojos, tomando a la mascota en sus brazos e intentando ponerlo en la sala de estar. Frunció el ceño cuando el gato le siseó fuerte a Blaise mientras ella pasaba junto a él. —¡Crookshanks! —lo regañó, bajando al gato fuera de la puerta de la cocina. —Lo siento, Blaise. Debe estar de mal humor.

—No, el gato es simplemente psicótico —Draco murmuró, ignorando la mirada ofendida de Hermione. —Y ¿Cómo te fue con Potter y Weasley?

—Creo que bien —ella contestó con una inseguridad evidente. —Te siguen odiando, pero les agrado otra vez.

—Eso suena bien —él supuso, mirando a su bruja con atención mientras ella llenaba su copa de vino. —Y con eso tendrá que bastar porque no van a regresar aquí. Jodidos Gryffindors…

—¡Oye! —ella interrumpió, poniendo una mano sobre su cadera. —Soy Gryiffindor, imbécil.

—Es una pena —Blaise comentó con una sonrisa llena de confianza. —Y luces tan bien en verde.

Draco sintió un tirón en su labio, y entrecerró los ojos. Ahora era un instinto; lanzar una mirada fría cada vez que un hombre le ofrecía a su novia un cumplido demasiado encantador. Sus ojos cenizas se pusieron automáticamente fríos y crueles, pero fue el agarre contundente sobre su varita que hizo que él vacilara.

A pesar de la frase Muggle de Hermione; las miradas ciertamente no matan.

Pero las varitas y las palabras sí, y él tenía una comezón en la punta de su lengua.

Como ya lo había establecido; era instinto. Algo primitivo y territorial que se agitaba sin advertencia.

Él negó con la cabeza un segundo y se regañó a sí mismo por estar tan tenso. La crisis de Hermione en las últimas semanas lo había hecho un poco demasiado consciente y enérgico para defenderla, y era claro que se había perdido por un momento. Era solo el condenado Blaise.

—¿Me diste una playera verde a propósito? —ella cuestionó, arqueando una ceja delgada y atrayendo su atención. —No puedo creer que no me di cuenta.

—Vamos, Granger —él esbozó una sonrisa maliciosa, sus previos pensamientos oscuros quedaron olvidados. —¿En verdad crees que soy tan manipulador?

—Sí —ella sonrió, terminando su vino. —Estuviste en Slytherin, Draco.

—No actúes tan inocente —él le debatió, su tono casi en broma. —Ambos sabemos que puedes ser una bruja astuta cuando te conviene.

—Ah, sí —ella suspiró con una risita. —¿Estás insinuando que hubiera sido una buena Slytherin, Draco? ¿Excepto por la mala sangre y todo el asunto molesto de la integridad?

Él le dio una risa ronca mientras la sonrisa de ella se ampliaba. Hace mucho se habían dado cuenta que podían hacer una broma inofensiva sobre los prejuicios de la sangre. Incluso ella había hecho un par de chistes antes de haber comenzado una relación, y si bien al principio él había sido reticente para responder a sus ocurrencias, ahora no tenía problema con eso. Una mirada a Blaise le dijo que su amigo lucía un poco incómodo al respecto pero se supuso que era normal.

Él se las arregló para resistir la mirada de ternura que casi robó su rostro cuando un encantador gemido acompañó su bostezo. Capturó la tristeza que teñía sus rasgos justo antes de que ella intentara ocultarlo frotándose los ojos.

—Entonces creo que me voy a la cama —ella murmuró, pasándose los dedos por el pelo. —Ha sido un día largo.

—Son apenas las nueve y media —Blaise comentó.

—Lo sé —ella suspiró, estirando los brazos por sobre su cabeza. —Pero estoy fusilada. De hecho creo que tal vez tome un baño.

—No tardaré mucho —Draco le dijo, silenciosamente agradecido de que ella no había sido demasiado cariñosa con él en presencia de Blaise. —Lo siento, Blaise. Ha sido una semana difícil y todo eso…

—No te apures —dijo ella, haciendo un gesto de despedida a su invitado. —Disfruten su charla de hombres y te veré en un rato. Buenas noches, Blaise.

—Buenas noches, Granger —contestó él, pero ella ya estaba fuera de la sala.

—¿Qué querías, Zabini? —preguntó el rubio, tal vez un poco inquieto. —No te ofendas, pero estoy destruido y probablemente caiga rendido en algunos minutos.

—Nada en particular —él se encogió de hombros, tomando un sorbo de su whisky de fuego. —Han pasado algunas semanas desde que estuve por aquí y desde entonces han sucedido algunas cosas.

—Ni sabes la mitad del asunto, amigo —él contestó, pero luego revisó su comentario cuando recordó que se suponía que no tenía que mencionar sobre las cartas de su novia a nadie. Ni siquiera le había dicho a su madre a pedido de Hermione.

—¿Como qué? —el mago de piel oscura preguntó.

—Bueno, el incidente Clearwater —afirmó en un tono que le recordaba a Blaise que era obvio. —Y han habido algunas cosas más con el caso. Creo que ahora Granger se está poniendo un poco impaciente porque va hablar con la prensa mañana.

—¿Sobre qué?

—Sobre las cartas que las victimas recibieron —explicó, frunciendo el ceño mientras pensaba en su propia carta. —Cuando ayer recibí la mía creo que la molestó un poco. De todas formas, ella espera que algunas personas podrían presentarse si ella lo hace más público.

—Tal vez —Blaise contestó con un tono dudoso. —Estoy seguro que ella sabe lo que hace. ¿Pensé que Pucey te había dicho que no ibas a recibir ninguna carta?

—Es evidente que Pucey no tiene ni puta idea —él gruñó, terminando su trago. —Debería haberme dado cuenta en vez de creer cualquier cosa que el imbécil dijo. Maldita sea, estoy destrozado.

—Luces hecho mierda —dijo Blaise serio y con un pequeño asentimiento de cabeza.

—Entonces debería ir a descansar —el mago pálido decidió. —Lo siento, amigo. Deberías haber venido más temprano.

—Buen punto —él asintió, tomando el resto de su trago. —Si tienes una oportunidad visítame mañana. Te estás convirtiendo en un bastardo anti social, Malfoy.

—Apenas tengo tiempo para ser sociable —Draco entrecerró los ojos. —Pero sí, si puedo robar una hora o algo te enviaré una lechuza. ¿Hace falta que te acompañe?

—Siempre lo haces —él suspiró, levantándose. —Estoy intentando organizar otro partido de Quidditch con los compañeros de la oficina. ¿Estás interesado?

—Tal vez —él asintió mientras su amigo dejaba la sala. —Hazme saber cuándo.

—Lo haré —él asintió mientras se retiraba a la sala de estar. —Disfruta de tu baño con Granger.

Draco estuvo a punto de dejar escapar un comentario ingenioso pero el rugido habitual de la chimenea ahogó cualquier cosa que él hubiera dicho. Arqueó una ceja ante la abrupta salida de Blaise y el comentario de despedida pero se encogió de hombros, razonando que era típico de su comportamiento. Subiendo las escaleras a su dormitorio, sus ojos se dirigieron a la puerta cerrada de su baño y observó la pequeña nube de vapor filtrarse en la habitación.

No se molestó en golpear la puerta.

Con pasos silenciosos, se acercó a su bruja, cuyos ojos estaban cerrados en un relajamiento reflexivo. La ignorancia a su presencia la hizo verse mucho más atractiva, especialmente cuando el calor del agua había marcado un tinte rosa en su piel. Era similar a su rubor después de haber tenido sexo, pero era marcado con una sutil inocencia y vulnerabilidad que le dio un tirón en el estómago.

Él simplemente la estudió por un momento, hipnotizado por cómo su pecho se sumergía y emergía del líquido espumoso con su respiración acompasada. Decidió hacer notar su presencia y corrió distraídamente un mechón de pelo de su frente. Ella se sobresaltó pero sus ojos se calmaron de inmediato cuando lo vio y esbozó una sonrisa somnolienta.

—Eso fue rápido —ella exhaló, su voz ronca por el cansancio. —¿Todo bien?

—Acostarse temprano sonaba bien —respondió él, descansando su peso sobre la bañera y abriéndose los botones de su camisa. —Haz lugar.

Ella lo agració con una risita femenina y observó con esos ojos siempre curiosos y apreciativos mientras él se desnudaba. Se colocó detrás de ella y pasó los dedos por sus rizos mojados mientras ella se relajaba contra su pecho.

—¿Y qué quería Blaise?

—Solo charlar —contestó, ajustándola contra su cuerpo.

—Parecía un poco tenso esta noche —ella mencionó como una idea de último momento. —¿Todo bien?

—Se acerca Navidad —Draco murmuró, arrugando la nariz cuando supo que ella iba a querer más información. —Su madre murió hace tres años justo antes de Navidad.

—Eso es triste —dijo ella en voz baja, haciendo una pausa para preguntarse si su próxima pregunta era apropiada. —¿Los rumores en Hogwarts eran verdad? ¿Sobre los seis esposos?

—Siete —él corrigió.

—¿Cómo murió?

—Fue la misma persona que asesinó a mi padre —él reveló con un tono calmado, haciendo caso omiso a su sorpresa. —Está bien, Granger.

—No sabía…

—No hay manera de que lo hubieras podido saber —él la calló rápidamente, detestando el inevitable flujo de la conversación. Podía sentir su pulso ansioso vibrando contra él y su silencio vacilante era lo suficientemente revelador.

—¿Quieres hablar de eso? —preguntó ella finalmente.

—De ninguna manera —él resopló con una ligera risa, sintiendo cómo se relajó al instante. —Si hubiera querido un consejero, hubiera contratado a uno.

—Si tú lo dices —ella musitó, dándose vuelta para darle un beso a su clavícula.

—Hoy pareces estar mejor —le dijo, aunque sabía que ella había llorado varias veces en privado durante el día. Algunas sonrisas habían bendecido su boca y aunque habían sido pocas veces y distantes entre sí, como los rayos de sol en una tormenta, su mente se había calmado por ello.

—Creo que la charla con Harry y Ron ayudó un poco —ella susurró, disfrutando de los calmados latidos de su corazón. —Tal vez es una señal de que las cosas van a mejorar.

—No te hagas ilusiones, Granger —él aconsejó, acariciando su estómago bajo el agua. —Pensé que no creías en todas esas tonterías de las "señales".

—No creo en eso —ella acordó con un suspiro abatido. —Pero toda la idea del destino simplemente parece como un buen concepto en momentos como estos.

Él odiaba esa palabra. Destino.

También conocida como la salvación del optimista. O el chiste del pesimista.

No se necesitaba de un vidente para establecer a qué grupo él pertenecía.

—Es un poco demasiado caprichoso para ti —él murmuró, descansando su mentón sobre la cabeza de ella.

—Quizás —dijo ella, pasando las uñas por sobre sus piernas. —Aunque me alegra que hablé de nosotros con ellos. Le dije a Harry sobre mi reunión con la prensa mañana…

—No les dijiste que había recibido una carta ¿cierto? —él la detuvo. Había algo bastante inquietante sobre el hecho de que el Imbécil Invencible supiera que él había recibido el ultimátum del asesino.

—No —ella le aseguró. —Solo le dije que les diría a los reporteros sobre las cartas que encontramos a las víctimas. Espero que eso sea suficiente.

—Blaise y yo estuvimos hablando sobre las cartas —dijo él, frunciendo el ceño cuando la sintió tensarse. —Y no, no le mencioné a nadie sobre tus cartas antes de que preguntes.

—¿Le contaste sobre la tuya?

—Sí —él murmuró contra su pelo. —¿Crees que alguien se presentará?

—Eso espero —ella confesó, ladeando la cabeza para darle un pequeño beso a su pecho. —Nos estamos quedando sin opciones. Le he pedido a Harry que continuara observando la lista que nos diste. A parte de eso no sé qué más podemos hacer.

—Tal vez vuelva a contactar a Warrington para ver si ha tenido algo de suerte.

—Esa es una buena idea —ella aprobó, dejando escapar un pequeño bostezo cuando los dedos de él rozaron sus partes sensibles. —Tengo que ir a la Oficina de Aurores después de hablar con la prensa mañana, pero no me tomará mucho tiempo.

—Está bien —dijo él, moviendo los labios a su hombro y dándole suaves besos sobre su piel. —¿Estás segura que quieres regresar a trabajar mañana?

—Creo que es bastante obvio que no podemos darnos el lujo de tomar un día libre —ella remarcó, moviéndose así lo podía ver a la cara. —Al menos ahora que estoy viviendo contigo no tenemos que arreglar horarios para trabajar extra en las noches y los fines de semana.

—Claro —él rodó los ojos sarcástico. —Esa es la principal ventaja de este arreglo.

—Solo estaba diciendo —ella esbozó una sonrisa débil, inclinándose para succionar lentamente su labio inferior. —Creo que ahora estoy lista para ir a la cama.

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Hermione hizo una declaración para la prensa el lunes y evitó por poco un duelo con Skeeter cuando la mujer entrometida había decidido sacarla de sus casillas. Draco había estado almorzando con Blaise cuando recibió una lechuza urgente de Tilly, advirtiéndole que su novia había hechizado varios objetos en su oficina.

Él extendió su almuerzo por treinta minutos y había regresado para encontrarla tímidamente reparando el daño y murmurando obscenidades en voz baja sobre la entrometida amiga de su madre. Era extraño, pero simplemente se sintió aliviado que ella estaba actuando más como su ser discutidor y fuerte temperamento acalorado.

Hoy era martes, y Draco estaba mirando a su amante con atención mientras ella examinaba los registros de Potter sobre las acciones de Peregrine Derrick en los últimos días.

—¿Supongo por esa mirada en tu rostro que Potter no ha visto nada útil? —preguntó él, dejando de lado los Registros de los Rastreadores por un momento.

—Nada —dijo ella, chasqueando la lengua, decepcionada. —¿Supongo que no sabes de nadie más?

—No, —él dijo frunciendo un poco el ceño. —Sabes que no son solo los Slytherins quienes tienen prejuicios de la sangre, Granger. Todos leímos sobre la participación de Stephen Cornfoot con un grupo anti Muggle.

—Touché —ella murmuró, estremeciéndose cuando recordó ese particular debacle. —Merlín, eso fue una sorpresa.

—Exacto —él se burló con una mirada cómplice. —Siempre todos son rápidos para suponer que es un Slytherin. ¿No crees que es un poco raro que las personas sean tan rápidos para juzgar la casa que se supone ser prejuiciosa? Odio a los hipócritas.

—Está bien —ella sonrió ante su diatriba en miniatura. —Deberíamos tomar un recreo para almorzar. ¿Te suena bien el Cambria?

—Bien —él asintió, levantándose de su asiento cuando fueron interrumpidos por un golpe en la puerta. —Adelante.

—Lo siento —Neville asomó la cabeza en el despacho. —Hermione, deberías venir a las Oficinas de los Aurores.

—¿Está todo bien? —ella preguntó, notando que su antiguo compañero de clase no lucía del todo preocupado. En todo caso, su compañero Auror lucía bastante animado.

—Noticias prometedoras, —le sonrió —un hombre acaba de llegar, dijo que ha estado recibiendo las cartas. Pensé que querías manejarlo…

—¡Sí! —ella sonrió, dando un pequeño aplauso triunfante. —Por supuesto, solo mantenlo allí y estaré lista en cinco minutos —Neville le sonrió y ella esperó hasta que se retirara antes de saltar literalmente sobre Draco y sofocar su boca con un beso lleno de éxito.

—¿Contenta? —él le sonrió cuando ella se apartó, sujetándole las piernas contra sus caderas.

—Estoy jodidamente eufórica —ella sonrió contra sus labios. —Tal vez las cosas están mejorando.

—Siempre la optimista —se burló, soltándole las piernas. —Entonces ¿quieres esperar para almorzar?

—No, ve tú —le dijo, juntando rápidamente algunas de sus pertenencias. —No tengo idea cuánto tiempo va a tomar esto.

—Entonces iré a la mansión —él decidió, atrapando su labio inferior entre sus dientes por un segundo antes de que ella se marchara. —Ponme al tanto cuando regreses.

—Lo haré —le dijo ella por sobre su hombro mientras salía apresurada de la sala.

Se permitió una sonrisa privada ante su conducta entusiasmada pero dejó de sonreír cuando decidió que estaba siendo posiblemente demasiado…observador. Se deshizo de un montón de pensamientos y expresiones poco a poco, y sabía que significaba que se había vuelto menos cauteloso alrededor de ella. Sea una relación o no, su cinismo y estoicismo Malfoy tenían que permanecer en su lugar. Tendría que estar muy atento a eso.

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El almuerzo con su madre había sido predeciblemente irritante cuando la mujer entrometida había insistido en interrogarlo, una vez más, sobre su relación con Granger. Cuando ella había finalmente recordado que era difícil que su hijo dijera con entusiasmo sonetos sentimentales, entonces divagó sobre su fiesta anual de Navidad y le insistió que llevara a Hermione.

Como si él fuera a llevar a otra persona. Mujer loca.

Se dirigió a su despacho, saludando a Tilly con un pequeño gesto. —¿Granger todavía no regresó del Departamento de Aurores? —le preguntó a la bruja mayor.

—No —ella negó con la cabeza. —Pero Mafalda dejó algunos Registros más de los Rastreadores para ti.

—Bueno —él musitó, observando su escritorio frunciendo el ceño cuando se dio cuenta de lo desorganizado que estaba. —¿Algún mensaje?

—Solo uno para Hermione —ella contestó, hurgando en el caos para encontrar la nota apropiada. —Vino un tipo y dejó sus datos para que ella se comunicara con él.

Draco alzó una ceja. —¿Dejó un nombre?

—Un segundo —ella murmuró, sonriendo cuando sus dedos buscaron alrededor de la pequeña pieza de pergamino. —Aquí está, sí, Graham Montague.

El rostro pálido del rubio se oscureció de inmediato, y sintió la vena de su cuello contraerse. Su labio se curvó en una mueca silenciosa cuando su nombre hizo que su cerebro se inflamara con una furia familiar, hasta el punto que le dolió físicamente. Su mandíbula estalló mientras apretaba los dientes y se obligó a sí mismo a respirar para calmarse.

Pero la calma lo evadió, envuelto bajo el peso de su poderoso enojo. Y en verdad se sentía poderoso; como si el líquido de cuarzo estuviera inundando sus poros. Todo en lo que pudo pensar era en el gran descaro de Montague, y la bilis se estaba incrementando como así también los pensamientos peligrosos.

—Señor Malfoy —la voz de Tilly lo arrebató a la realidad por un segundo. —¿Está bien? Se ve un poco mal…

—Sigue tomando mis mensajes —le dijo, marchándose con fuertes pasos. —Si Granger pregunta, salí.

No le dio un momento a su secretaria para contestar mientras se apresuró en cruzar el Ministerio con una expresión como lava. Recibió algunas miradas extrañas pero nadie lo cuestionó y ni siquiera se atrevían a mirarlo mientras él se dirigía a la Red Flu. Dijo casi en un rugido su destino con una voz que apenas reconoció; Mansión Montague.

Nunca antes había estado allí pero registró las habitaciones con un enfado que se sentía sorprendentemente familiar. El tiempo no había mermado la ira, pero fue la octava puerta la que probó ser la ganadora, y Graham Montague se sobresaltó cuando el rubio intruso irrumpió en su estudio. Draco despejó la sala en cuestión de un segundo y chocó su puño con el rostro del otro mago, disfrutando del crujido satisfactorio y el grito de dolor.

—¿A qué mierda crees que estás jugando? —él gritó, sacando su varita y apuntándolo al hombre caído.

—Malfoy —Graham murmuró en un tono calmado, limpiándose la sangre junto a su labio. —Asumo que interceptaste mi carta para Hermione…

—No digas su nombre —él siseó, de alguna manera manteniendo su varita aferrada firmemente como acero. —Nunca. No la mires, no hables con ella, y si alguna vez le vuelves a enviar una carta, me aseguraré de que tu estadía en San Mungo sea permanente.

—Vale ya —él contestó, sonando demasiado engreído, teniendo en cuenta su actual posición. —Sacas conclusiones precipitadas, Malfoy. Puedo asegurarte que mi carta era completamente inocente…

—¡Patrañas! —él espetó, levantando la pierna para darle una patada a las costillas de Montague. —No sé cuál es tu juego, pero tienes un deseo de muerte si intentas contactarla otra vez…

—Leí sobre las cartas en el periódico —Graham lo interrumpió, ni siquiera molestándose en tratar de levantarse del suelo. —Simplemente tenía algunas preguntas…

—¡Entonces déjame verlas! —él exigió, preparándose para disparar algunos hechizos cuando Graham arriesgó una sonrisa. —¡Borra esa maldita expresión de tu cara, Montague! Muéstrame las jodidas cartas…

—Nunca dije que tenía alguna —él debatió con un tono condescendiente que casihizo arder los restos de la paciencia de Draco. —Simplemente dije que tenía algunas preguntas…

—Entonces les puedes preguntar a otros de los malditos Aurores…

—Quería preguntarle a ella —él interrumpió encogiéndose de hombros despreocupado. —Pero está claro que su pequeño guardaespaldas no lo aprueba…

No —él gruñó, moviendo su varita para hacer énfasis. —Sabías exactamente lo que estabas haciendo…

—Siempre tuviste una imaginación hiperactiva, Malfoy…

Levicorpus—él dijo gruñendo, solo conteniendo el hechizo por un momento antes de permitir que el mago se tumbara torpemente de su cuello. Estaba seguro que había escuchado un chasquido significativo, quizás un hombro dislocándose, y disfrutó el estremecimiento de dolor que parecía teñir el rostro de Montague. —Aunque recibas unas condenadas cartas, no la vas a contactar. No me importas una mierda. De hecho daría la mitad de mi herencia por ver cómo alguien se encarga de ti.

—Eso es un poco duro, Malfoy —él tartamudeó a través del dolor con un gemido en la voz. —Y justo cuando todos habían pensado que eras un hombre cambiado…

—¡Cállate! —Draco gritó, aferrando su agarre en su arma. —¡Sé que estás involucrado en esto Montague! Y en el segundo que sepa cómo, voy a arrastrar tu trasero a Azkaban…

—Ahí está esa imaginación otra vez…

¡Impedimenta! —Malfoy gritó, forzando lo suficiente de su magia en el hechizo para darle a Graham una onda sólida de choque a su estómago. —¡Deja de interrumpirme! Te lo advierto; no te acerques a ella, o regresaré con algunas maldiciones que te enviarán gateando a tu pequeña celda para trastornados mentalmente.

—Merlín sabrá lo que ella ve en ti, —Montague a penas logró decir ahogado por su abdomen lastimado.

Draco consideró dispararle otro hechizo al hombre herido, pero la parte sadística que aún tenía que borrar de su sangre decidió que él siempre había saboreado el sonido impecable de goma chocando contra la carne.

Le dio a Graham una suculenta y gratificante patada en el rostro que sacó un grito fuerte del otro mago. No pudo evitar la sonrisa que tiro de sus comisuras. Era lo que él quería; y ahora podía marcharse. Satisfecho.

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—¿Dónde has estado? —Hermione casi se abalanzó sobre él cuando regresó a la oficina. —Estaba comenzando a preocuparme.

—Es que solo tenía un par de cosas que resolver —le dijo, deteniéndose cuando ella lo tomó de la mano. —¿Qué?

—¿Estás bien? —preguntó mientras él se apoyaba en el escritorio. —Luces un poco…

—Estoy bien —él asintió, iniciando un rápido pero acalorado beso que parecía alejar su curiosidad. —Y —continuó mientras se apartaba para sentarse en su silla. —¿Qué pasó con la persona que vino por las cartas?

—Oh, sí —ella dijo con una sonrisa intelectual. —Nunca vas a saber quién era.

—¿Quieres jugar a las adivinanzas con un tipo que ha estado recibiendo amenazas de muerte? —le arqueó una ceja. —Eso es un poco siniestro de tu parte, Granger.

Él se dio cuenta que había una pizca de ironía allí, pero era bastante delicioso.

—Bueno, está bien —ella suspiró. —Era Terrence Higgs.

—¿En serio? —los ojos de Draco se agrandaron un poco. —De hecho él siempre fue un tipo decente. Estoy sorprendido que el asesino pensara que él se uniría a un grupo anti Muggle.

—Terrence también se sorprendió —ella reveló. —Regresará mañana con el resto de sus cartas pero por lo que veo son definitivamente de la misma persona. Ahora Neville está resolviendo algunos métodos de protección para él.

—¿Dijo algo útil?

—Nada que ya no sepamos —ella sonaba decepcionada, levantando su pluma para comenzar a trabajar. —Me olvidé preguntar,¿recibí algún mensaje mientras estuve fuera de la oficina?

La mentira salió tan fácil sin un atisbo de culpa.

—No —dijo él, robando un lento segundo solo para observarla. —No, tú estás bien.


NdT: ¡Hola! Ésta vez no nos quedamos con mucho suspenso, aunque ya Bex no estaba acostumbrando a eso, y se siente un poco extraño, pero no por eso deja de ser un capítulo más que interesante… nuevos movimientos, nuevas pistas, nuevos sospechosos… o no… ya veremos ;-)

Bien por las que acertaron que Blaise era el visitante, hay muchas de ustedes que pueden ser unas buenas detectives ;-P

Y por último ¡FELIZ DÍA DE LAS MADRES! Este es un capitulo de regalo para las muchas mamás Dramioneras, de corazón. Gracias por todo. Besos y buena semana.